Disclaimer: No me pertenece ningún personaje de Naruto.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo sorprendida de haber llegado ya a los 150 reviews, ¡gracias por hacerlo posible! ¡Gracias por leer siempre mi humilde historia y gracias por hacerme saber su opinión! Les estoy eternamente agradecida y espero que no dejen de hacerlo. Sin más que decir, no quiero aburrirlos. Ojalá el capítulo les guste. ¡¡Nos vemos y besitos!!


Grietas

XXXVI

"Cicatrices"

(Significado de un instante)

Hacía aproximadamente dos horas y media desde que habían abandonado la aldea y de momento se encontraban viajando hacia el norte atravesando el país de fuego, cruzando los primeros tramos del boscoso camino, saltando de rama en rama, de árbol en árbol con absoluta ligereza, evitando tocar el suelo innecesariamente, trasladándose con sigilo y discreción, viajando como sombras a través de aquel frondoso panorama. En perfecta formación triangular, siendo Chouji quien marchaba al frente y Shikamaru e Ino unos metros más atrás. Uno al lado del otro.

Todo está demasiado calmo aún, pensó el Nara pasa sí. Examinando los alrededores y agudizando el oído intentando captar algún sonido fuera de lo normal. Nada se oía en los alrededores, ni el leve crujir de una rama. Sólo el suave gorgojear de algunas aves pequeñas sobre sus cabezas, el casi imperceptible mecer de las hojas de los árboles con la suave brisa, el ligero repiqueteo prácticamente inaudible de sus propios pasos contra la corteza de las ramas y la respiración algo agitada de Chouji delante de él y el acompasado hálito de Ino a su lado, constante y persistente. Así como también la respiración de él, algo agitada pero no lo suficiente para necesitar descansar. Aunque sabía que, tarde o temprano deberían parar, pues Chouji comenzaba a exhaustarse y necesitaban evitar aquello a toda costa.

—Todo en orden —susurró una vez seguro de que nadie los seguía ni podía oírlos, Chouji delante de él movió la cabeza en señal de asentimiento e Ino lo miró de reojo, también asintiendo levemente. Así continuaron otra media hora viajando. Acababan de dejar atrás el primer punto estratégico que Shikamaru había señalado con éxito y ningún inconveniente de por medio, el pequeño poblado a un lado del camino –el cual ellos evitaban siquiera rozar.

Otra hora y media pasó con ellos viajando de la misma forma, el sol se había trasladado desde una posición de 45º tendiendo hacia el este hasta encontrarse exactamente encima de sus cabezas lo cual indicaba indudablemente la llegada del mediodía. Pequeñas gotas de sudor comenzaban a formarse en la nuca del moreno así como en la frente de Ino, quien bufaba fastidiada cada vez que su largo flequillo se pegaba a su rostro, intentando despegarlo asqueada de su delicada piel sin éxito alguno. Realmente odiaba aquello, el sentir su siempre lacio y sedoso cabello rubio empaparse lentamente con la detestable transpiración de su cuerpo. Lo detestaba, pero nada podía hacer. Era parte del trabajo, parte de su vida, la vida que ella había elegido como kunoichi de su aldea. Y no lo cambiaría por nada. A pesar de que su cabello se arruinara con el viento y la transpiración, de que su piel se raspara y se rasgara, a pesar de que sus uñas se quebraran y la tierra se filtrara debajo de ellas, a pesar inclusive del riesgo de que su rostro se dañara permanentemente, o de perder la vida. No importaba. Seguro, Ino dedicaba una exagerada y ridícula cantidad de tiempo a su apariencia física, si, adoraba ver su cabello resplandecer con el sol y su piel lucir completamente libre de defectos, como pulida, y sí, arreglaba sus uñas prolijamente y con dedicación la mayor parte de las veces pues amaba verse bien. Y disfrutaba del tipo de atención que eso atraía. Pero ella no era superficial. Probablemente pecara de vanidosa, eso ni ella misma lo dudaba, pero no se consideraba frívola. Sabía que no lo era porque en tal caso ¿qué persona superficial, devota de su apariencia física y aspecto, se dedicaría a una vida de shinobi? No tenía sentido, si ese fuera el caso, si ella considerara más importante su belleza que las demás cosas en la vida, entonces no sería kunoichi. No arriesgaría su vida cada día por las demás personas, algunas que ni siquiera conocía. No expondría su belleza a semejante riesgo. Y aún así lo hacía. Porque para ella más importante que ser bella era ser fuerte, más importante que deslumbrar era proteger, para poder salvaguardar la vida de aquellos que amaba, para poder cuidar todo aquello que atesoraba, para poder sentirse orgullosa de sí misma. Y que los demás sintieran ese mismo orgullo por ella, aún si eso significaba tener marcas en su rostro. Como las tenía, por ejemplo, el padre de Shikamaru. Aunque claro, ser shinobi no implicaba necesariamente abandonar su arreglo personal. No, ella sería bella siempre que la vida se lo permitiera. Y continuaría dedicando el tiempo necesario a su apariencia hasta que ya no lo pudiera hacer más.

—Alto... —ordenó Shikamaru en un casi susurro, agudizando nuevamente su oído en un intento de oír a su alrededor. Chouji e Ino se detuvieron al instante. El moreno oyó cuidadosamente. Nada se movía, nada alteraba la paz del ambiente. Nadie se encontraba cerca, no había ningún peligro inminente. Estamos seguros, pensó—. Nos detendremos aquí, a almorzar —la expresión de Chouji se iluminó.

—Si —exclamó sonriendo, Ino negó con la cabeza. ¿Cómo podía su amigo emocionarse tanto por algo tan trivial como la comida?. Puso los ojos en blanco, pensando lo obvio: Se trata de Chouji.

Los tres descendieron hábilmente por el tronco del grueso árbol en el que se encontraban, aterrizando suavemente sobre las grandes raíces que emergían desde debajo de la tierra. Shikamaru cayó primero sobre una cercana a la base del tronco, Ino le siguió cayendo ligeramente a su lado y Chouji un poco más alejado del árbol pero en la misma ancha raíz que Shikamaru, aún sonriendo.

—¿Qué comeremos? —Shikamaru abrió su mochila y extrajo de ésta una lata.

Mostrándosela a su amigo replicó vergonzosamente —Algo ligero, fácil de preparar y no perecedero —Chouji miró con decepción la lata, si había algo que odiaba de las misiones era la comida. Escasa y asquerosa.

—Mmm... suena delicioso —exclamó el Akimichi con sarcasmo, dejándose caer rendido contra el suelo. Ino rió.

—No te preocupes Chouji —palmeó ligeramente la espalda del chico— cuando regresemos podrás usar los cupones que te di para comer gratis en Ichiraku y Barbacoa Q —el castaño asintió. El comentario pareció animarlo levemente.

Ino caminó y arrebató la sopa de las manos de su amigo, contemplo el objeto —¿Sopa de pollo? —Shikamaru asintió—. Bien, yo la prepararé. Chouji pásame la olla y una cuchara —el chico abrió su mochila y del interior sacó ambos objetos.

—Toma —se los entregó a Ino y esta descendió de un corto salto de la raíz al suelo firme, en el cual se dispuso a encender el fuego una vez ya alejada del árbol. Shikamaru la siguió mientras que Chouji permaneció sentado lamentando su suerte. Removiendo la tierra debajo suyo con sus pies, una y otra vez. ¡Dios como odiaba esa comida enlatada asquerosa!.

La joven, mientras tanto, sacó un kunai y comenzó deslizar el filo de éste por el borde de la lata, intentando abrirla. Shikamaru la observó hacerlo una y otra vez, ejerciendo más fuerza algunas veces que otras, sin lograr siquiera hacer un pequeño tajo al metal.

El moreno extendió la mano, aburrido —¿Quieres que la abra?

Ino apartó la lata de la mano de su amigo —¡No! Yo puedo hacerlo.

Shikamaru dejó escapar un bostezo, sentándose en el suelo junto al fuego y la olla —Como quieras.

Por cinco minutos más Ino continuó golpeando la punta del kunai contra la tapa de la lata sin lograr resultado alguno —¡Estúpida lata! ¡A quien se le ocurre hacerla tan dura!

—Es para que se conserve —masculló el moreno distraído contemplando las nubes, cruzando las piernas contra su cuerpo y apoyando sus manos contra el suelo para reclinar la cabeza hacia atrás y poder así ver con mejor claridad el firmamento, y la expresión de Ino quien continuaba de pié a su lado.

—¡¿Para que se conserve?! ¡¿Hasta cuando?! ¡¿El fin del mundo?! —exclamó destilando sarcasmo en sus palabras. Shikamaru rió ante sus tonterías de siempre.

—No, lo estás intentando mal —Ino frustrada dejó caer la lata, la cual aterrizó en el espacio que se formaba entre las piernas cruzadas de él. Shikamaru la tomó perezosamente y sacando un kunai de los suyos la abrió en una suave tajada. La rubia lo miró indignada, arrebatando el objeto de sus manos y vertiendo el contenido en el agua de la olla sobre el fuego.

—No entiendo... ¿que hice mal? —refunfuñó observando la lata ahora vacía. Dándola vuelta en sus manos.

—Hay un borde frágil para cortar —señaló la ahora grieta—, por ahí es más fácil traspasar el metal. Es mas delgado.

Ino se dejó caer a su lado, rendida y arrojó la lata al suelo, comenzando a revolver la olla frente a ella, una y otra vez —No es justo, yo no sé todas esas cosas. ¿Cómo las sabes tú?

—No lo sé —murmuró no mirándola a ella sino a las nubes que vagaban lenta y suavemente sobre sus cabezas—, creo que mi papá me lo enseñó cuando era más chico.

Por un instante Ino contempló a Shikamaru en silencio, vestigios de un hilo anterior de pensamiento resurgió en su conciencia. La mención del padre de su amigo la había evocado, recordando lo que había estado pensando minutos antes preguntó:

—¿Cómo se hizo tu padre las cicatrices de su rostro? —el chico, quien había estado contemplando el cielo hasta el momento, desvió sus ojos caoba a ella.

—¿Por qué quieres saber? —Ino se encogió de hombros.

—Curiosidad.

—Oh. En una misión —la chica enarcó una ceja. Recurriendo nuevamente al sarcasmo para expresar su descontento con la poca elaboración de la respuesta de su amigo.

—¡¿En serio?! ¿Quién lo hubiera pensado? Y yo que creía que un gato lo había arañado... —aunque, por tonto que sonara, eso había creído de niña cuando había conocido a Shikaku por primera vez por medio de su padre.

Shikamaru bufó —Qué problemática eres...

—No, tú eres el idiota. Es obvio que fue en una misión que le sucedió eso.

—Bien, bien —masculló rendido—. Fue en una misión con tu padre y el de Chouji, eso me dijo a mí. Fueron emboscados, aparentemente, y los tomaron desprevenidos.

Ino oyó atenta—¿Y?

—Y tu padre había usado el Shintenshin no Jutsu en uno de los sujetos y Chouza y él estaban protegiendo su cuerpo mientras peleaban con los demás pero en un momento de distracción uno de los enemigos alcanzó el cuerpo de tu padre —los ojos de Ino se abrieron desmesuradamente—. Y mi padre y Choza acudieron lo más rápido posible a su lado y lograron apartarlo pero el sujeto alcanzó a mi padre con su espada dentada... Y bueno, te imaginas el resto.

Ino continuaba observándolo sorprendida, sin poder siquiera emitir palabra alguna. Shikaku le había salvado la vida a su padre, el rostro perfecto de su padre permanecía intacto a cambio de las heridas de Shikaku. Quizá ella no hubiera nacido si las cosas no hubieran resultado de esa forma, ahora mismo, ella no existiría. Y quien sabe cuantas ocasiones similares pudieron haber alterado la historia de sus vidas, la de ella y la de sus amigos. Quizá, ella, Chouji y Shikamaru no se hubieran encontrado si todo no hubiera ocurrido como ocurrió.

—Vaya... —exclamó estupefacta. Shikamaru la observó en silencio sabiendo que Ino había comprendido el significado de un instante, de un breve momento fugaz capaz de cambiarlo todo. Si Asuma no hubiera fallecido, si aquella vez Chouji no hubiera sobrevivido, si él mismo hubiera muerto en una misión o Ino, si no hubieran vencido a Hidan, o el hecho de que lo hubiera hecho, todo eso condicionaba su existencia, sus vidas. Sus pasados y su porvenir. No sólo los suyos sino el de las futuras generaciones también, el futuro de los clanes Akimichi, Yamanaka y Nara. Todo podría cambiar en un instante, más aún en su turbulento estilo de vida. Donde cualquier segundo podía ser crítico, el último.

Ino entonces volvió a dirigir la mirada a su amigo, quien le miraba nuevamente al cielo, distraído —Y dime, Shika ¿Tu mamá ya conocía a tu papá cuando eso sucedió?

El moreno, una vez más volvió a mirarla a ella —Si.

—¿Y no le importó? Digo, las cicatrices... —susurró, no había querido sonar superficial pero tenía la sensación de que esa había sido exactamente la impresión que le había dado a Shikamaru.

El moreno se encogió de hombros —Nah. Después de todo, están juntos y llevan ya 21 años de matrimonio. No se como hizo para soportar a mi problemática madre tantos años pero lo logra. Debo darle crédito por eso.

Ino rió— Haces parecer como si tu madre fuera terrible.

—A veces lo es... sólo tienes que hacerla enfadar, lo cual no es difícil. Más o menos como tú —la joven muchacha fingió enfado y golpeó, no realmente fuerte, el hombro de su amigo a puño cerrado mientras que con la otra mano continuaba revolviendo la sopa. Shikamaru bufó pero no dijo nada.

—Pienso que es genial que tu mamá quiera a tu papá sin importar las cicatrices de su rostro —comentó la muchacha distraída revolviendo nuevamente la sopa y viendo el espeso líquido marrón arremolinarse en el interior de la olla. El chico posó sus profundos ojos color chocolate en ella, examinando la conducta de su amiga cuidadosamente—. Eso significa que le importa mucho.

—Supongo... —concedió Shikamaru, no sabía porque pero sentía que esta cuestión tenía un trasfondo, que Ino se reservaba algo que deseaba decir en voz alta.

Finalmente lo hizo —Si algo así me sucediera ¿qué sería de mi?

—Ino no le pasará nada a tu rostro —la rubia negó con la cabeza.

—¡Podría pasarle Shikamaru! ¡Podría arruinarse en cualquier misión, como sucedió con tu padre!! Y entonces nadie querría acercárseme porque ya no sería bonita y bella.

El moreno suspiró, desviando la mirada al cielo —Yo me acercaría... —dijo en un casi susurro. Ino se sorprendió ante la respuesta de él pero no respondió porque sabía que Shikamaru no había terminado—. Estoy seguro de que Chouji también se acercaría a ti. No todo tiene que ver con la apariencia, Ino, sólo que eres muy terca para aceptarlo.

La rubia sonrió pero no dijo nada, las palabras de Shikamaru habían sido lo que ella necesitaba. Lo que había querido oír, y sabía que su amigo no las había dicho por eso, lo cual la hacía más feliz, sino porque realmente creía en ellas. Porque era lo que sentía, la verdad, al menos su verdad.

En ese instante Chouji se acercó a ambos, sentándose junto a Shikamaru y observando no muy satisfecho la olla de sopa —¿Ya está la comida?

Ino lo miró y sonrió, sirviendo en un pequeño recipiente una cantidad considerablemente mayor a la que acababa de servirle a Shikamaru —Si, toma.

Chouji tomó el recipiente entre sus manos y observó, haciéndolo girar, con desconfianza su contenido . Realmente odiaba la sopa instantánea —Gracias.

Shikamaru palmeó su espalda —Es lo que hay, amigo. Lo siento.

El Akimichi asintió —Lo sé —y sin decir más comenzó a engullir el, en su opinión, mísero plato de sopa. Tanto Ino como Shikamaru lo imitaron, Ino leyendo la lata del piso de vez en cuando.

—¿Qué haces mujer? —la joven desvió la mirada a su amigo, apartándola del pequeño objeto de metal.

—Nada —el Nara arrebató tomó la lata y la metió vacía en su mochila. Ino lo miró desconcertada —¿Qué haces?

Él se encogió de hombros, bebiendo el último sorbo de su tazón —Evito que sigas leyendo la información nutricional. No sirve de nada que leas las calorías mientras comes, además, es estúpido.

Ino se cruzó de brazos —¿Qué tiene de malo querer cuidar mi figura?

Shikamaru imitó su conducta —Que no debes exagerar, tú le dices a Chouji que no coma demasiado porque le puede hacer mal y tu haces exactamente lo mismo, sólo que opuesto.

—¡No lo hago! —Chouji se puso de pie e inmediatamente lo hizo Shikamaru. Ambos sacudieron la tierra de sus pantalones.

—Si lo haces —replicó mirando hacia arriba, hacia la copa del árbol del que habían descendido—. Ahora debemos irnos...

Ino rápidamente se puso de pié, sin ánimos de seguir discutiendo con su amigo por un tema tan tonto y trivial. El que exagera es él, pensó indiferente. Y comenzó a recoger las cosas, colocándolas nuevamente en su mochila y la de Shikamaru y Chouji, respectivamente.

—¿Listo? —cuestionó el moreno, los dos asintieron. Y de un ágil salto aterrizaron en la rama más baja del árbol y comenzaron a ascender hasta alcanzar algunas ramas más altas. Los tres miraron hacia delante y retomaron su formación, quedando nuevamente Chouji al frente, y Shikamaru e Ino más atrás, lado a lado.

Y así, volvieron a encaminarse hacia el norte del país, de rama en rama, de árbol en árbol, cada vez más cerca.