Quisiera expresar mi más profunda e inmensa gratitud a todos aquellos que me ayudaron con este capítulo: Valtameri-kuolema, Roni de Andrew, Sam y Charmichan, gracias por sus conocimientos e invaluables sugerencias. Estoy especialmente agradecida con Charmi, por su increíble paciencia y haber pasado literalmente horas conmigo en una lluvia de ideas.
CAPÍTULO TREINTA Y SEIS: UN NUEVO COMIENZO
Patty estaba feliz.
Por primera vez en muchos años, sentía que su vida simplemente no estaba simplemente transcurriendo. De hecho tenía sentido. Finalmente algo estaba sucediendo, algo significativo. Por fin estaba haciendo algo para sí misma, algo con lo que siempre había soñado.
Estaba estudiando en la universidad.
Eso era algo que le hacía sentir mariposas en el estómago.
Por supuesto que su aventura no era fácil; eso habría sido demasiado hermoso.
Para principiar, estaba en un ambiente completamente ajeno a ella. Inconscientemente, había esperado que la universidad fuera un lugar tan estricto como las escuelas británicas – pero aquí, se encontraba entre jóvenes alegres que estaban muy lejos de tomarse con completa seriedad sus calificaciones. Para muchos de ellos, la universidad era un lugar para divertirse sin restricción alguna, no para aprender. Ella, con su firme enfoque en los estudios, sobresalía como lo hace un pulgar hinchado en una mano.
Y la otra cosa, fue la no exactamente amigable bienvenida que había recibido en su edificio de estudios. Su objetivo final, una vez que alcanzara su título, era la Facultad de Derecho y desde ya se estaba preparando para eso. El problema era que ese campo, hasta ahora, había estado reservado exclusivamente para los hombres y las mujeres eran consideradas unas intrusas. Nadie podía impedirle asistir a clases pero tampoco le habían dado una agradable bienvenida.
Pero sorprendentemente, mientras más obstáculos aparecían en su camino, más determinada estaba en superarlos. Profesores mal intencionados, compañeros de estudio nada amigables, bromas humillantes respecto a ella, las molestas burlas y especialmente los libros en la biblioteca para estudiantes, que solamente estaban disponibles para los hombres – nada de eso había podido quebrantar su espíritu. Tenía una meta y era una meta que para ella brillaba como si fuera el faro más luminoso, como la estrella más brillante en el horizonte. En lo profundo de su ser, sabía que haría casi todo por alcanzarla. Mientras tanto cualquier malicia que tuviera que enfrentar era insignificante, como un rasguño superficial. Incluso si ésta le doliera – ella era la mejor en no demostrarlo.
Y lo que realmente la hacía mantener la cabeza en alto, era que no estaba sola en esta lucha.
¡Mucha gente apoyaba lo que hacía!
Su prima, Marge, por ejemplo. Fue tan grande la entusiasta alegría de la misma persona que la había puesto en ese camino a la independencia ante la sola mención del proyecto 'Universidad de Chicago', que había causado estática en la línea telefónica entre Chicago y Nueva York. Sus porras nunca cesaban, la había estado llamando por teléfono regularmente desde entonces solo para que le diera su 'informe de actualización semanal'.
Su abuela. Su encantadora abuela Martha, quien junto a Marge, era la única persona de su familia a quien le había confiado el secreto de que era exactamente lo que deseaba estudiar después. Fue una seguidora instantánea de la idea y era la persona a quien agradecía el haberse podido matricular. Ella fue quien hizo el milagro de domar a su hijo y despótico padre de Patty, después que este estallara por su decisión. Para él, un inflexible Conde inglés que seguía amando obstinadamente las obsoletas normas de la inclemente era Victoriana, la sola idea que su hija procurara una educación superior, había ido más allá de la indignación. Pero no le gritó. No, él nunca gritaba. Tal cosa sería algo indigno de él.
Lo que había hecho fue peor que gritar.
"¿Qué? ¿La Universidad? ¡Disculpa!" dijo mientras siseaba desde atrás de su antiguo escritorio de caoba, su voz estaba llena de un frío desdén que hizo que ella se sintiera como un pedazo de… nada. "¡Esa escuela en Londres fue más que suficiente! ¡Toda la educación que las mujeres necesitan únicamente implica modales, conversación, francés y piano!"
"Si, en la Inglaterra del siglo pasado," la abuela replicó abruptamente. "Y aquí, donde nosotros vivimos, es Estados Unidos, en tiempos modernos. Aquí los modales, el francés y el piano no son suficientes, hijo. ¿En verdad quieres que digan que la única hija de un Conde inglés tenga menor educación que cualquier ciudadano estadunidense promedio, incluso de aquellos que provienen de la clase trabajadora?"
Y ese había sido el tono certero, tocado en la cuerda correcta. Él no haría un cálculo de las necesidades personales de Patty, pero su propia reputación, eso era algo de lo que se preocupaba. "Nadie dirá que mi hija es menos que el hijo de algún sastre," había anunciado. Y en cuestión de días, las cuotas relativas al primer semestre habían sido canceladas.
Si, la querida abuela conocía muy bien a su arrogante hijo y su orgullo nobiliario.
Los otros que habían estado a su lado eran por supuesto, cuatro de sus mejores amigos. Un muy estrecho pero fuerte círculo de personas quienes, una vez más, probaron que en su caso, la amistad era algo más que solo pasar un buen rato juntos. Positivamente sorprendidos cuando ella se los hizo saber por primera vez, estupefactos cuando les reveló sus planes universitarios, rápidamente se recuperaron y la felicitaron con sinceridad.
Y su apoyo no terminó con una simple plática cordial y con un brindis en la cena. También tuvieron una larga y seria conversación sobre sus opciones.
"Estoy un poco preocupado de cómo lograrás manejar todo, Patty," Albert le había dicho con cierta preocupación. "Estás llevando demasiados cursos adicionales… Si en realidad quieres estudiar Derecho, por qué no te concentras en eso desde ya, llevando, digamos, ¿Ciencias Políticas? ¿Por qué estudiar Literatura?"
"Porque la necesito, como pantalla," había explicado. "La Literatura o las Artes son las únicas disciplinas que mi padre encontró como 'algo femenino'. Elegí Literatura ya que se me facilita, lo que me deja suficiente tiempo para concentrarme en mis cursos especiales. Sé que no es justo mantener a mi padre en la ignorancia pero no había otra manera… Él nunca habría aceptado si supiera mis verdaderos planes."
"¿Y si se entera de alguna manera?" Candy nunca había sido una persona que se anduviera con rodeos y con esa pregunta, fue directamente al grano. "Tienes que considerarlo. ¿Qué haría él entonces? ¿Dejaría de pagarte los estudios?"
"Sin duda alguna. Pero incluso si lo hace, no voy a dejar de estudiar." había declarado con firmeza. "Tengo algunos ahorros y casi cada centavo de mi mesada va a dar ahí. Si eso no es suficiente, conseguiré un trabajo, venderé mi auto o hasta la última joya que poseo, pediré limosna, lo que sea – ¡Pero no dejaré de estudiar!"
Incluso ahora recordaba el rostro de todos mientras la observaron. Parecían como si estuvieran mirando a una persona que conocían, sin embargo, no la reconocían.
"Me gusta ese espíritu, Patty," Albert había sido el primero en hacer un comentario al respecto. "Pero por favor, no pienses en medidas tan drásticas por el momento. Si alguna vez tienes algún problema con pagar las cuotas, sabe que siempre puedes acudir a nosotros."
Ella había protestado que nunca aceptaría tanto dinero de alguien que no fuera de su familia pero su voz rápidamente quedó ahogada por las protestas incluso más fuertes de los demás. Ellos ya lo habían decidido, así de simple. Para ellos, ella era parte de la familia – y no había nada más que decir al respecto, ellos no le hubieran prestado atención a cualquier argumento que ella les diera. Tenía que olvidarse de sus tontos escrúpulos y simplemente acudir a ellos, si eso llegara a pasar, sin ninguna vacilación.
Incluso el recuerdo de sus palabras hicieron que una sonrisa de gratitud apareciera en su rostro. Y también lágrimas – siendo solamente sus amigos, eran mejores familiares que muchos de aquellos a los que estaba unida por sangre.
La lista de personas que la habían ayudado no terminaba tampoco con sus mejores amigos. Habían otras personas que también la habían ayudado, aunque fue un tipo diferente de ayuda…
Evelyn era una estudiante como ella, que siendo mayor, iba unos años arriba. Se habían conocido en la biblioteca. Fue gracias a sus indicaciones, que los vastos edificios universitarios habían dejado de ser una enorme jungla de pilares góticos. Una vez éstos habían sido un laberinto de incontables pasillos con puertas idénticas en ambos lados que aparentemente alcanzaban el infinito y más allá. Ahora, eso ya no sucedía. También fue gracias a ella que las reglas escritas y no escritas de la sociedad estudiantil, ya no seguían siendo un misterio aterrador. Contando ya con tres años de vida universitaria, Evelyn era una excelente guía. Pero había algo más que la hacía una compañera invaluable. Evelyn estudiaba Física, queriendo ser en un futuro una Científica, lo que la convertía también en una mujer, al igual que Patty, abriéndose camino en el mundo de los hombres. Esto fue lo que las había llevado a que fueran más unidas. En lo personal, no tenían muchas cosas en común – solo su lucha por hacer una carrera en las facultades que hasta ahora se habían reservado exclusivamente para los hombres, creando un instinto de unión entre ellas. Las dos eran pioneras; eso era suficiente. Evelyn la había tomado bajo su protección y ella estaba muy agradecida por este amable gesto. Gracias a esta joven, se había ajustado bastante rápido a las actividades de la vida universitaria.
Y era una vida muy exigente. Absorbía su vida con voracidad, consumiendo casi todo su tiempo. Yéndose temprano por las mañanas, regresaba a casa cuando empezaba a anochecer y algunas veces incluso cuando ya era de noche, cenaba con su abuela y después de eso en su cuarto de estudio, se volvía a sumergir en una pila de libros. Habría parecido que con esa estirada y apretada agenda, su único entretenimiento podía venir únicamente en la forma esporádicos encuentros en la universidad y aparte de eso, podía olvidarse de tener una vida propia, cualquiera que esta fuera.
Pero sorprendentemente, todavía la tenía. Era solamente una sombra de lo que una vez fue pero todavía la tenía. Estaba excusada de la mayor parte de eventos a los que la familia O'Brien era invitada – quedaba a discreción de ella decidir a cuales quería asistir. En algunas ocasiones, de hecho lo hacía. Aunque, lo más importante para ella era seguir en contacto con sus mejores amigos. Y ellos, siendo quienes eran, hacían todo lo posible por ayudarla. Ni Annie ni Archie se quejaron que no pudiera visitarlos más en su casa. Ellos vivían en los suburbios lejanos de Chicago, donde incluso el llegar ahí, le tomaba bastante tiempo y a donde ella simplemente no podía ir en su receso entre clases para tomar el almuerzo. Y para reuniones más largas, era mucho más conveniente para todos organizarlas en la mansión de los Andrew. Lo cual por supuesto, tampoco quería decir que fuera 'fácil' o 'a menudo'. Con las diferentes agendas de Candy, Albert y Archie, lo más que ellos podían darse el lujo para reunirse era una vez cada dos semanas, en una dominical cena familiar. Esas preciosas y pocas horas era todo lo que ellos tenían para ponerse al día de todo lo que había sucedido en el ínterin y nunca parecían ser suficientes. Simplemente ella nunca podría tener suficiente tiempo para estar con sus amigos. Algunas veces se preguntaba cómo era posible que hubiera sobrevivido sin ellos por más de año y medio, durante su estancia fuera de Chicago.
Habían otras cosas de las que desearía tener más.
Sus reuniones con George.
No fue lo que en un inicio se había temido, que él no contara con tiempo para ella o peor – que después de todo él cambiara de parecer respecto a enseñarle. No. Todo lo contrario; después de haber salido en agosto, un resultado directo del desafortunado incidente con el detestable Maxi y el policía, volvieron a reunirse muy pronto. De hecho, casi enseguida. Casi dos días después, él la había sorprendido al telefonearle y le había propuesto concertar su primera lección cuando ella lo encontrara conveniente. Cuando ella le preguntó qué había sucedido con su plan original, él le había explicado que durante el tiempo que Albert estuviera ausente, también contaba con tiempo libre y podía usarlo para algo más útil que re-leer todos sus libros. Él y ella – si ella todavía lo deseaba – podían tratar de hacerle espacio a tantas lecciones como fueran posibles antes que Albert regresara y luego – bueno, 'ya verían'.
Y ella, en cuanto escuchó esto, le había confirmado tranquilamente que sí, que por supuesto todavía estaba interesada y sucedió que no contaba con planes para esa tarde. Luego habían acordado reunirse a las cinco en la casa de ella y colgaron.
Después de eso, prontamente había puesto de cabeza toda su agenda, organizada previamente con cuidado, solo para poder atender su cita de las cinco de la tarde – que después de todo – era algo 'conveniente'.
Y después de esa primera lección, de manera similar, había tratado toda su agenda por el resto del mes – por las mismas razones. Después de esta única lección, estaba segura que lo que estaba haciendo valía la pena.
Una semanas después, estaba incluso más segura de eso.
¡El contacto con este hombre disparaba su mente de tantas maneras!
Gracias a sus mini lecciones en el cuarto de estudio, ahora ella sabía a ciencia cierta que podía aprender más del cuerpo humano de una persona que de las palabras que salían de éste. Lo que hasta ahora había estado haciendo solamente por instinto, sin siquiera ser consciente de ello, estaba convirtiéndose en algo que hacía a consciencia. Él le enseñaba continuamente, poco a poco, a qué prestar atención y lo que había sido algo confuso hasta el momento, ahora se estaba haciendo claro, definido y certero. Naturalmente sensible al lenguaje corporal de las personas, ahora encontraba que sus sentidos estaban en un estado de alerta constante, explorando curiosamente a las personas a su alrededor. Y no era como si ella se obligara a hacerlo. Se había convertido en algo muy natural y simplemente divertido. Por supuesto nadie más podía encontrar alguna diversión en eso – pero ella la encontraba. Se sentía un poco como si fuera un detective que observaba en secreto señales que pudieran ayudarle a resolver un rompecabezas.
¡Y esto solamente era la punta del iceberg!
Las interesantes explicaciones de George, hacían que ella quisiera más. Podía haber parecido que estuviera abrumada por la gran cantidad de constante conocimiento entrando a borbotones en su mente debido a la combinación de la universidad con sus lecciones, pero este no era el caso. En realidad estaba sorprendida por ello. Absorbía toda la teoría como si fuera una esponja seca, siempre queriendo más. Siempre tenía esa inquietante sensación que detrás de cada cosa que había aprendido, todavía había mucho más por descubrir. En sus notas personales, uno podía encontrar conceptos tales como 'el ABC de los movimientos subconscientes', complementándose con sus propias acotaciones tales como 'la anatomía del sonrojo', 'una mentira y un ojo seco', 'enrojecerse violentamente y rascarse la oreja' entre muchas otras más. Había descubierto un día que todo se reducía a la biología y ella se encontraba muy cerca de encaminarse hacia esa dirección. Solo el firme razonamiento de George le recordaba que 'aquel que persigue más de un conejo, al final no atrapa ninguno'.
"Siempre tenga en mente cuál es su principal objetivo. La sed de conocimiento es algo maravilloso pero recuerde que aquel que bebe mucho y demasiado rápido, corre el riesgo de atragantarse," le había dicho entonces, y ella, confiando en él, consintió.
Gracias a esas reuniones, había empezado a adquirir más conocimiento que simplemente teoría. La estaba entrenando en otras maneras. Al principio George sonreía por su entusiasmo en tomar notas, incluso había bromeado una vez que él no era un profesor de verdad que después la iba a evaluar. Pero ella tenía sus razones detrás de ese gesto. No solamente esas notas le garantizaban que no pasaría nada por alto – también eran una práctica adicional en la toma de notas claras y compactas de lecciones reales, en la universidad.
Por supuesto desde que el semestre empezó en el otoño, no pudieron reunirse todos los días. Las posibilidades incluso se limitaron más cuando George regresó a trabajar. A partir de entonces tuvieron una lección corta por semana, fijada cada sábado por la tarde. Y esas tardes eran algo que ella no se perdía por nada del mundo. Con gusto se levantaba al amanecer, renunciando a la oportunidad de dormir un poco más, solo para empezar su día más temprano y haber terminado con la planificación de lectura de sus clases, antes que George llegara. Esas reuniones significaban un entrenamiento para su mente, algo que disfrutaba en exceso – y además, significaban el placer de estar en la presencia de un hombre al que admiraba y que en verdad, le agradaba.
Y entonces cuando un sábado llegó, la inesperada y prolongada llamada de su madre le impidió ordenar sus libros a tiempo. Cuando finalmente colgó el teléfono y se apresuró hacia el estudio, George ya se encontraba ahí, habiendo sido invitado a pasar adelante por el ama de llaves. Lo encontró de pie al lado de la mesa, con la cabeza inclinada sobre sus notas de los cursos opcionales, que todavía seguían abiertas donde ella las había dejado antes que la llamada telefónica la interrumpiera. Él le preguntó respecto a algo, ella respondió – y antes que cualquiera de ellos lo notara, se encontraban en una apasionada conversación acerca de sus planes.
"¿Está completamente segura acerca de su elección, Señorita O'Brien?" le preguntó George en algún momento. "Por favor, no me mal interprete pero el derecho generalmente atrae a personas con personalidades… bueno, diferentes a la suya. Es un campo difícil."
¡Pero claro que estaba segura sobre su elección! Y ella estaría bien, de eso no tenía duda. Y se lo dijo.
"Gracias a mis encantadores compañeros, me he ido haciendo más insensible," añadió, ordenando de manera mecánica algo del desorden que había sobre la mesa. "Todas sus bromas machistas no son para mí más que el zumbido de un mosquito. Para el tiempo en que me gradúe, seré tan dura como una roca," le aseguró, indicándole que todo iba bien.
Pero George no aceptó su explicación. "No estoy hablando de estudiar derecho, estoy hablando de ejercerlo," señaló enfáticamente. "En el mundo real, una vez usted esté afuera, actuar con dureza no será suficiente. Uno tiene que ser duro. De lo contrario, se doblegará por el peso de alguna de las acciones para la que sea contratada. ¿No me cree? Puedo entenderlo. Yo también una vez fui un estudiante que estaba enamorado de la teoría y creía que ser abogado era una especie de una noble cruzada. He visto tantas cosas desde entonces. Y créame cuando le digo que este trabajo no se trata únicamente de hacer justicia. No se trata de hacer lo correcto – se trata de hacer lo que es legal. A menudo se trata de usar la ley para lo que más le convenga a los intereses del cliente. En este trabajo usted no puede solamente actuar con dureza. Usted tiene que ser dura. Dura, astuta, implacable, fría, incluso despiadada," le declaró. "Y eso es algo de lo que uno en realidad no puede ser recriminado."
"¿Algo de lo que uno no puede ser recriminado?" replicó inmediatamente. "Usted mismo es abogado y sin embargo, no veo a un despiadado monstruo desalmado frente a mí. Diría que todo lo contrario."
"No me conoce lo suficiente, Señorita O'Brien."
"¿Ah, sí? entonces por favor, permítame hacerlo," dejó los libros a un lado y se puso frente a él. "¿Duro? ¿Y qué hay de malo con ser duro? ¿Astuto? ¿Frío? Creo que las palabras 'cauto' y 'reservado' le quedan mejor. Pero muy dentro de esta persona reservada hay demasiada compasión para los demás. Usted rescataría damiselas en apuros así por así, simplemente porque pareciera ser lo correcto a hacerse. Los monstruos desalmados no hacen eso ya que nadie más no les importa. Tampoco disfrutan las noches estrelladas o acariciar al viejo gato de mi cocinera cuando nadie los mira. Y nunca antes en mi vida escuché de algún monstruo desalmado que fuera tan increíblemente fiel a sus amigos o generoso con los demás con su tiempo personal, como lo es usted."
"Sobreestima mi persona, Señorita O'Brien…"
"¿Ve?" lo interrumpió con fervor. "Otra prueba más: ningún monstruo permanecería humilde cuando se le halaga."
El rostro de George parecía no expresar nada pero ella lo conocía lo suficiente para saber a qué prestarle atención. No se le escapó como en el momento en que le hizo el comentario, la comisura izquierda de sus labios tembló ligeramente. Esto era exactamente en lo que él la había estado entrenando, buscar hasta la más mínima de las reacciones.
"Ah, y solo recuerde una cosa más. Usted no teme reírse de sí mismo," ella añadió rápidamente. "Y los monstruos son conocidos por tratarse a sí mismos con absoluta seriedad y tienden a tomar las bromas sobre ellos como una ofensa."
Después de eso, George ni siquiera trató de esconder su sonrisa.
"¡Ahí lo tiene! La única monstruosidad que encuentro en usted es su monstruosa tendencia a menospreciarse," continuó de manera bromista después de su diatriba. "Además de eso, no hay ningún monstruo en usted. Es un abogado eficaz sin dejar de ser un buen hombre. ¿Y bien? ¿He probado que lo conozco lo suficiente?"
"Hasta ahora, Señorita O'Brien, ha probado ser muy buena en esquivar el tema. No soy yo quien se supone deba ser el objeto de su análisis sino usted misma," respondió George, con los ojos brillándole por la diversión y ella casi puso los ojos en blanco cuando se dio cuenta con qué facilidad él miró a través de su truco. ¡Ni siquiera debería estar sorprendida! Él iba un paso adelante de ella, ¡Cómo siempre!
"Y hablo en serio," él continuó antes que ella pudiera salir con otra respuesta ingeniosa. "El Derecho no es solamente la memorización de teoría o de tecnicismos. Esa es la parte fácil. Es más importante aprender como pensar como abogado. Eso es algo que requerirá renunciar a cualquier simplicidad y acoger y aceptar la duplicidad. Y la parte más dura viene después, cuando en realidad tiene que ponerlo en práctica. El mundo del derecho es un campo de batalla, una batalla de la mente, una batalla en la cual usted tiene que dejar todos sus sentimientos a un lado solo para mantener su mente fría y aguda. Usted debe responderse esto a sí misma, si está apta para esto, usted, que es tan honesta, sensible, comprensiva y en el fondo, muy tímida."
Si alguien más le hubiera hablado sobre sí misma de manera tan abierta, habría provocado inmediatamente que se pusiera a la defensiva y actuara con indiferencia. En este caso, no era así, al menos ya no más. Él era una de esas pocas personas que se había ganado su confianza lo suficiente como para permitirle llevar a cabo tal 'análisis' personal, como él lo había llamado. Por supuesto que se sintió un poco avergonzada pero aun así, meditó cada una de sus palabras. Él tenía razón, claro que la tenía.
Sin embargo, por mucho que apreciara su advertencia, ella sabía lo que quería y estaba preparada a hacer muchas cosas para conseguirlo.
"La única cosa que sé a ciencia cierta es que por muchos años estudiar derecho ha sido mí sueño," replicó de manera decisiva. "Exactamente qué haré con este conocimiento, lo decidiré en el tiempo. Pero no renunciaré y si hay algo en mi carácter que se interponga en mi camino, entonces, bueno, haré todo lo pueda para trabajar en ello. Pero si usted ha logrado hacerlo, separar quién es en el trabajo de quien es un su vida personal, Profesor Johnson," lo retó de manera bromista para reducir la tensión, "entonces yo también puedo hacerlo. Afortunadamente para mí, estoy en las manos de un maestro."
Ella vio como George abrió la boca pero la respuesta nunca llegó. Nunca se enteró que era lo que él iba a decir.
Sin embargo, quizás, él respondió de otra manera. Desde ese momento en adelante, él siempre encontraba un momento para preguntarle sobre sus más recientes anotaciones de los cursos especiales, discutiéndolas y señalando cualquier pequeño detalle que ella hubiera pasado por alto.
Así fue como George también empezó a guiarla en sus estudios.
O O O
Las conferencias y los seminarios, los grupos de estudio y las interminables investigaciones en las bibliotecas, los sábados por la tarde para sus intereses personales, su abuela y sus mejores amigos – estas eran las principales cosas que llenaban por completo su vida y estaba firmemente decidida a continuar con este estilo de vida por mucho más tiempo. No sentía como si le faltara algo. No necesitaba nada más. Todo lo demás, a excepción de su familia y sus amigos más cercanos, solo parecía como si fuera una distracción para sus estudios.
Pero a la vida le gustan las sorpresas.
Su vida en la universidad no incluía únicamente el aprendizaje. Tenía que socializar, haciendo hincapié con fuerza en 'tenía que'. Su firme propósito por conseguir buenas calificaciones ya le estaba ganando el apodo de la 'rutinaria' [1] y eso incrementó las burlas de los otros estudiantes. A ella no le importaba – pero su amiga universitaria, Evelyn, le advirtió desde un principio que le pasaba a aquellos que se auto marginaban demasiado. Así que, queriéndolo o no, tenía que participar para evitar el absoluto ostracismo. Después de considerarlo, siguió el consejo de Archie de involucrarse de alguna manera en los deportes. Al principio le pareció que era una idea ridícula – nunca había sido del tipo deportista, ni físicamente capaz de serlo, ni siquiera estaba interesaba vagamente en los deportes. Pero no le costaba nada asistir a algunas actividades deportivas como espectadora, y con el tiempo, decidió que podía ofrecer su ayuda para organizar tales eventos. Y esa fue la decisión que iba a conducirla a algo totalmente inesperado.
Las integrantes del grupo, además de asistir a las reuniones oficiales en el club deportivo, sencillamente socializaban las unas con las otras. Muy seguido salían juntas, ya fuera todo el grupo o solamente una parte de éste, escogiendo uno de los numerosos cafés o restaurantes de Chicago. Algunas veces ella salía demasiado, aunque lo hacía principalmente para mantener las apariencias de pertenecer al grupo.
Y en una de esas ocasiones, cuando entraron a un pequeño café, se topó con Connor Powell, el galante amigo de Albert. No lo había visto desde la recepción de la boda de Albert, ni siquiera había pensado en él. Ese inesperado encuentro fue una gran sorpresa para ella.
Pero fue algo más que solo una sorpresa; cambió el juego. Él la saludó frente a todas con su típica sonrisa seductora, y entonces, fácilmente esparció sus irresistibles encantos hacia sus acompañantes y se presentó y luego, permitió que las instantáneamente embelesadas chicas lo llevaran a empujones y lo sentaran en su mesa, donde él se había convertido en el rey de la reunión. Pero fue a la par de ella en donde se sentó y a quien le prestaba la mayor atención. Era ella en quien él posaba muy a menudo abiertamente su seductora mirada avellanada. Fue a ella a quien le pidió hablar a solas justo antes que tuviera que marcharse. Y finalmente, fue a ella a quien le dio un beso de despedida en la mejilla lo que sugería una gran familiaridad. Conociendo ella su forma de ser y su inconstancia, no le prestó mayor atención – pero sus hechizadas compañeras pensaron de otra manera. En el momento en que él ya no estuvo a la vista ni que podía escucharlas, éstas le arrojaron instantáneamente una avalancha de efusivas preguntas. ¿Cuándo era que había conocido a un chico tan increíble? ¿Quién era ese adonis de cabello oscuro? ¿Por qué no se había aparecido anteriormente con él? ¿Por qué no había dicho nada sobre estar saliendo con semejante monumento? ¿Era tan bueno besando como la forma de sus labios lo prometía? Y entre otras 'cosas', ¿Era rico? ¿Qué tan rico? ¿Podía algunas de ellas 'quedarse' con él en caso ella llegara a aburrirse? Si no era posible, ¿Tenía al menos un hermano gemelo?
Todas esas insistentes y casi irrespetuosas preguntas la abrumaron. Ninguna en verdad escuchaba sus sinceras explicaciones de que ellos no eran novios – al contrario, mientras ella más juraba y perjuraba que no lo eran, sus compañeras estaban más seguras que estaba tratando de ocultarles algo. Hasta el final de la reunión, no hablaron de otra cosa que no fuera su 'excitante romance' y, como iba a descubrirlo pronto, el motivo de interés de sus compañeras no murió de manera natural en el restaurante. Al día siguiente, ella y su 'sexy adonis' eran el tema número uno de todas las conversaciones femeninas en el club deportivo.
Y de repente, ¡Ya no era más una 'rutinaria'! Cuando el chisme se anunció y se propagó, el callado 'ratón de biblioteca' que era, 'tenía sus pequeños y dulces secretos, ocultándolos furtivamente detrás de su inocente aspecto'. Dejó de ser una aburrida don nadie – y de la noche a la mañana, se convirtió en una 'castaña-que-solo-Dios-sabe-como-atrapó-al-rico-y-encantador-Príncipe-Azul'. Antes de todo esto, apenas y era tolerada, raramente reconocida – ahora, le preguntaban abiertamente sus opiniones respecto al club, le asignaron tareas más importantes y – lo que ella consideraba incluso más importante – era invitada a las pequeñas fiestas privadas que se llevaban a cabo en la residencia estudiantil. Se estaba convirtiendo en alguien, sin ningún esfuerzo de su parte. Todo se debía a 'tener' un novio extremadamente atractivo.
Pero no era así como quería llegar a ser alguien.
Nadie escuchaba cuando ella trataba de aclarar el malentendido – así que solo dejó que este siguiera. Pero había una cosa que su consciencia la estaba obligando a hacer, es decir, al menos tenía que aclarar la situación en terrenos personales. Se reunió con Connor para ponerlo al tanto del chisme que se estaba dando y que no había nada que estuviera en su poder para detenerlo.
Pero él estaba muy lejos de estar enfadado. "Relájate, Patricia, te preocupas demasiado," se rió por su preocupación. "¿Por qué luchar contra un chisme? Eres tan excesivamente sensible, tan 'inglesa' cuando se trata de la reputación. ¡Esto es Estados Unidos, querida! No importa lo que la gente diga de ti; lo que en realidad importa es lo que hagan. ¿Por qué no ves esto como una oportunidad? Tal vez este sea el momento en que puedas establecerte de una vez por todas como algo más que otra estudiante promedio de Literatura. Yo diría que la aprovecharas, ¡Vive el momento antes que éste pase! Cuando una oportunidad llama a la puerta, debes agarrarla con ambas manos y no dejarla ir, porque nunca sabes cuándo volverás a tenerla. La popularidad es importante, confía en mí al menos en eso. En cuanto a mí, no te preocupes. No me importa que me consideren tu novio. Oh Dios, ¡De hecho podría ser divertido! Te diré que vamos a hacer, déjame pasar a recogerte alguna vez en mi auto deportivo y que tus amigas vean cuando lo haga," terminó de decir con un coqueto guiño.
Sus palabras sobre ser demasiado sensible le dieron algo en que pensar. ¿No era eso exactamente en lo que quería trabajar, para el bien de su futura carrera? ¿No se supone que tendría que ser menos emocional y más calculadora?
Es mejor empezar de una vez, había decidido finalmente – y aceptó su propuesta que él actuara como si fuera su 'novio'.
Así fue como ella tuvo que, en su ya ajetreada vida, encontrar también tiempo para él. Sería solamente de manera temporal, se había prometido a sí misma, hasta que esto sirviera para su propósito. Todo era fingido, solo una fachada, se seguía recordando cada vez que Connor la recogía después de las reuniones del Club, donde a propósito también recogía a dos o tres de sus compañeras, para que fueran con ellos en un breve paseo en su lujoso auto o a tomar un café, donde podían dejar a esas chicas para que regresaran con ojitos de cordero a medio morir, como si estuvieran ebrias. No era real, se seguía diciendo después de otra noche de pasarla a solas con él, durante la cual, él se había concentrado únicamente en ella y la había hecho sentir como si fuera su princesa especial.
No, claro que eso no era real.
Pero era agradable ser tratada de esa manera, eso no podía negarlo. La vida no había sido particularmente amable con ella en cuanto al amor se trataba y ahora, se encontraba disfrutando de ser colmada por las atenciones de un hombre y ser mimada con sus halagos. Y este no era cualquier hombre. Connor aparentemente era un hombre que había nacido para cautivar a las mujeres. Ese era simplemente su don. Podría jurar que él podía hacer que cualquier mujer se sintiera amada y se sintiera como si fuera la única mujer sobre la tierra. Eso la incluía a ella, admitió para sí con sinceridad – si ella solamente lo dejara. Lo cual, por supuesto, no iba a hacer. Ella tenía un objetivo y tenía la sensación que el amor únicamente sería otra distracción. Además, no iba a permitirse enamorarse de alguien que estaba obligado a romper su corazón. Lo había hecho antes y había aprendido muy bien la lección. Era mejor mantener todo como un simple coqueteo sin ningún compromiso. Y, por supuesto – solamente como un coqueteo temporal.
Aunque, era agradable y a eso se debía que gran parte de su nueva vida fuera verdaderamente satisfactoria. Estudios soñados, facilidad para aprenderlo todo, gente apoyándola a su alrededor, una agradable popularidad en el Club Deportivo, una vida social estudiantil muy ajetreada, y un amigo gallardamente atractivo que se complacía en tratarla como si fuera una preciada princesa cada vez que se veían.
Teniendo todo esto - ¿Cómo no iba a ser feliz?
Notas de pie de página
[1] Rutinaria: Aunque esa no es la palabra en español, no encontré como traducirlo más coherentemente. En inglés es una expresión que se refiere a un estudiante insignificante que es ridiculizado al ser molestado o por estudiar monótonamente. Hoy en día se le conoce simplemente como 'nerd'.
