Just On The Same Path


Notas de la Autora: Y resulta que hoy hace 20 años que salió este maravilloso juego! Así pues (y realmente por casualidad), me complace traeros este nuevo capítulo. Espero que lo disfrutéis, y a los que aún no lo sepan, hay algunas cositas y dibujos que voy subiendo aquí y allí. Fans de Thyamant! En Facebook, y thyamanttattoo en Instagram y Twitter.

: La intención del capítulo anterior no era que fuese relleno, si no que sirviera de introducción a este, en el que se desvelan cositas medio importantes para la trama principal. Si parte de la culpa de que tarde tanto en suir cosas es precisamente que no me gusta meter relleno, si no iría subiendo cualquier cosa cada X y listo!

Rinoa Haatirii: Bueno, solo cuatro meses entre el capitulo anterior y este, si estabas taquicárdica por saber qué pasaba, al menos te habrá dado tiempo a tranquilizarte, algo es algo! Además, sé que tú vas a disfrutar este capi como una loca, así que dale duro!

Lina-san: Muchísimas gracias por el review! La verdad es que no me suelen decir que el ritmo al que avanzan las relaciones en mis fics es adecuado, más bien me dicen que va muy lento y que quieren que pasen cosas YA! Pero no sé, yo creo que si las cosas han de quedar creíbles, ha de ser así. En cualquier caso, gracias por los ánimos y no te preocupes, que estas historias son mi gran pasión y dudo mucho que deje de escribirlas nunca jamás!

Camilo navas: Muchas gracias por el review! Espero que este también esté a la altura, es un poquito más emocionante que el anterior... creo!


CAPÍTULO XXXVI: PERO PASARÁ...


Había recorrido los pasillos de la fortaleza de Deling casi al trote, obligando a Cid a caminar un poco más deprisa que de costumbre. Apenas podía controlar su respiración, y sentía que el corazón se le iba a salir por la boca. Estaba frenético, y se sentía estúpido por ello. La reina había enviado a Kiros a buscarlo porque quería hablar con él, y a eso había venido. En cuanto aquello acabase, volvería a Winhill, a cumplir todas las promesas que había dejado allí.

Rinoa sintió el retumbar de los pies de Laguna recorriendo aquellos pasillos que tan bien conocía, e intentó no prestar atención a lo que la rodeaba. Iba a ver a la reina, a su madre... Tan solo pensar en ello hacía que se le revolviese el estómago de impaciencia y nervios, pero sabía que no era su estómago el que se retorcería, si no el de aquel pobre muchacho, así que procuraba calmarse con todas sus fuerzas.

En cuanto llegaron a las cocinas se quedó parado justo en la entrada, y la buscó con impaciencia hasta que vio a tres mujeres de espaldas a ellos, al fondo. Entre ellas una figura destacaba por sus ropajes, algo más coloridos y de mejor calidad, y Cid comenzó a caminar ante él aclarándose la voz antes de hablar.

- Majestad, el señor Loire ya está aquí – dijo alzando la voz.

Las dos mujeres que había junto a ella se giraron antes, y se apartaron un poco, y Julia se movió lentamente para darles la cara. Cuando sus ojos encontraron los de Laguna, una sonrisa sincera y cálida se posó en sus labios, y él sintió que se mareaba aún más.

Rinoa no pudo evitar ver el parecido que ambas guardaban. Tenía los ojos un poco más oscuros, el pelo más corto, y no tenía los finos mechones casi dorados que había a ambos lados de su cara, pero por lo demás eran prácticamente idénticas. La forma de los ojos, de la cara, su sonrisa...

Había crecido oyendo siempre cuánto se parecía a su madre, pero nunca pensó que aquellas palabras tuviesen un significado tan exacto.

- Y me llamaron loca cuando les dije que seguías vivo – dijo Julia cuando Laguna se cuadró ante ella -. ¿Cuánto hace? ¿Dos años?

Laguna rió agachando la cabeza, sonrojándose un poco, y después se rascó la nuca agradeciendo la excusa para dejar de mirarla.

- Acabé en un lugar donde me ayudaron, y debía devolverles el favor... - dijo, encogiéndose de hombros - Al final se me fue de las manos...

Llenó los pulmones de aire antes de volver a mirarla, sintiéndose un poco más tranquilo.

- Sigues siendo igual de despreocupado que siempre – le dijo Julia, sonriendo - ¿Qué tal está?

Laguna la miró confuso, y titubeó un poco antes de contestar.

- ¿Quién? - dijo, y la sonrisa de Julia se ensanchó un poco más.

- Ella – contestó simplemente.

Laguna sintió un pinchazo extraño en el estómago, entre emocionado y nervioso, y de nuevo bajó la mirada hacia sus pies, sonrojándose un poco más.

¿Ella? ¿Raine? - pensó - ¿Cómo sabe...?

- Bien... - dijo finalmente, sintiéndose aún más incómodo.

Raine está bien, está lejos – pensó justo después -... Xian, ¡qué ganas tengo de volver con ella!

Algo se agitó en lo más profundo de su mente, ajeno a él, y el nombre de su mujer se repitió en su cabeza pero con una voz que jamás antes había oído. Se giró y miró sobre su hombro, como si buscase de dónde provenía aquella voz, y Rinoa guardó silencio de nuevo, intentando no pensar en aquel nombre.

Oyó a Julia dejar escapar una risa suave y entretenida, y después ella dio un paso hacia adelante y le puso una mano en el pecho. Laguna miró de su mano a sus ojos, después se fijó en su estómago. Era perfectamente redondo bajo la gruesa capa de color granate que la envolvía. Ya había oído los rumores hacía un par de meses de que aquella primavera el Reino de Galbadia tendría por fin un heredero al trono.

- Enhorabuena – le dijo, haciendo un gesto hacia su tripa.

Julia miró también hacia abajo, y sonrió mientras se ponía la otra mano sobre el ombligo.

- Gracias – contestó -. Perdón por recibirte aquí, últimamente me veo obligada a pasar más tiempo en las cocinas que en ninguna otra parte.

Después miró hacia Cid, y les hizo un gesto a ambos señalando hacia la salida.

- Venid, acompañadme – les pidió -. Quería hablar con los dos.

Cuando pasó entre ambos, Laguna miró a Cid, y este le devolvió la mirada con cierta extrañeza. Parecía un poco confuso, y el muchacho le puso una mano sobre el hombro antes de obedecer y seguir a la reina.

- ¿Te encuentras bien, amigo? - le preguntó.

Los ojos de aquel hombre se movieron indecisos sobre el rostro de Laguna, y después asintió un par de veces, aunque no muy convencido.

- Sí, es solo... - balbuceó. Después sacudió levemente la cabeza y le sonrió – Tranquilo, estoy bien.

Le puso la palma de la mano sobre la espalda, y ambos siguieron a Julia hasta llegar al patio interior de la fortaleza. Había algunos árboles que se mantenían fuertes e imperturbables entre aquellos muros, rodeados de algunos arbustos perfectamente cuidados. En aquella época del año apenas podían verse flores, y el sol se colaba a ratos entre las espesas nubes, haciendo que las hojas y la hierba mojada por la lluvia de aquella noche brillasen aún húmedas.

- ¿No estaríais mejor en alguno de los salones? - preguntó Cid cuando Julia se sentó sobre la superficie de piedra de la balaustrada que rodeaba aquel pequeño jardín.

Al hablar se formaban algunas nubecillas de vaho ante su cara, y Julia negó mientras sonreía, apretando la gruesa capa alrededor de su cuerpo.

- Aquí estaremos más tranquilos – les aseguró -, con este frío ni siquiera el servicio se atreve a alejarse demasiado de las chimeneas de palacio.

Ambos se quedaron de pie, ante ella, esperando a que hablase, y Rinoa podía sentir que Laguna se moría de ganas de preguntarle qué ocurría.

- Probablemente no os creeréis una sola palabra de las que os diré, pero dejadme acabar, y después esperad unas semanas, no os pediré nada más – les dijo.

La curiosidad fue tiñéndose de un nerviosismo tenso e incómodo, y Cid habló antes de que ella pudiese continuar haciéndolo.

- Alteza, lleváis días sin ser vos misma – le dijo - si os preocupa algo solo tenéis que decirlo, sabéis que haremos todo lo que esté en nuestra mano por asegurar Deling. Calway no permitirá que la guerra sobrepase estos muros, y menos con el príncipe a punto de llegar.

- Oh, pero los sobrepasará... - le contestó Julia con una sonrisa triste en el rostro.

Cid y Laguna se miraron extrañados, y la sonrisa de Julia se fue desvaneciendo.

- Sin embargo esa es otra historia, quiero contaros lo que le ocurrirá a ella... - les dijo, poniendo la palma de su mano sobre su vientre - Nacerá en menos de tres semanas, bastante antes de lo previsto, y la cosa no irá bien.

Cid emitió un bufido burlón, y movió la cabeza de lado a lado como si se negase a creerlo.

- No digáis tonterías, es normal que estéis nerviosa y preocupada, es vuestro primer hijo, pero no tiene por qué pasar nada... - comenzó a decirle.

- Pero pasará... - lo cortó Julia, sonriendo de nuevo.

Rinoa sintió un escalofrío recorriendo su espalda, y Laguna no supo si aquella sensación la había causado el frío o las palabras de aquella mujer.

- Hace tiempo que lo veo, Cid – le dijo, cogiéndolo de la mano y sosteniéndola ante ella - hace años que veo muchas cosas.

Seguía sonriendo, y por un momento Cid miró hacia la mano de la reina, que se aferraba a la de él de manera gentil y cálida, y la mirada de aquel hombre volvió a tener un reflejo confuso e intranquilo.

Aquella mujer era prácticamente igual que Rinoa, pero había un aire sereno y altivo en ella que desconcertaba a Squall. Estaba acostumbrado a ver cosas del pasado en el interior de otras personas, y había aprendido a mantenerse lo más tranquilo posible durante aquellas conexiones, pero sabía que Rinoa estaría allí también, seguramente dentro de Laguna, ya que Eleone nunca llegó a conocer a la reina, así que no podría ser dentro de ella. Eso y la manera en la que lo miraba aquella mujer mientras le sonreía lo ponían nervioso.

- Precisamente vos deberíais saber mejor que nadie lo que una mujer es capaz de hacer cuando su poder es mayor del que debería ser para cualquier ser humano – dijo en un tono de voz misterioso y tenso.

Cid sintió que se le erizaba la piel, y retiró la mano rápidamente.

- Vos no sois... - susurró, respirando algo más agitado.

- No, no soy una bruja, pero lo seré... - dijo ella, también en voz baja, sin dejar de sonreír.

Laguna la miró atónito, sentía que debía negar aquellas palabras, oponerse a lo que aquella mujer estaba diciéndoles y pedirle que dejase de tomarles el pelo, pero había algo en el tono de su voz y una sensación extraña en lo más profundo de él mismo que le decían que no había verdad más cierta que aquella.

- ¿De qué habláis? - les preguntó, confuso.

- ¿Cómo creéis que he encontrado a Laguna? - le preguntó ella - ¿Y lo de Edea? La gente comienza a hablar de ella... Cid, podéis confiar en el rey, él la protegerá...

Cid dio un par de pasos hacia atrás, hasta apoyarse en la pared de grandes ladrillos de piedra gris que había ante ellos, parecía mareado y asustado a la vez.

- ¿Cómo podéis saberlo? - le preguntó, tartamudeando.

- Hace mucho tiempo que puedo ver cosas que aún no han sucedido – le dijo -. A veces, algunas mujeres especialmente sensible son capaces de desarrollar habilidades sobrenaturales, aunque ninguna bruja haya vertido en ellas su fuerza. Laguna – dijo, dirigiéndose directamente a él – tú has viajado, querías conocer lugares e historias de todo el mundo... Sin duda habrás oído cosas así otras veces.

Laguna tragó saliva, pensando en las leyendas que había oído aquí y allí. Había conocido videntes antes, y curanderas capaces de sanar enfermedades incurables. Ninguna de ellas tenía poder alguno más allá de aquellos dones, pero aun así aquel tipo de mujeres rara vez mostraban y alardeaban de aquellas habilidades sin miedo a ser perseguidas por ellas.

Miró a Julia durante unos instantes, y simplemente asintió.

- Es complicado y a veces confuso, no es como si solo hubiese un camino y un destino – les explicó, entrelazando los dedos de ambas manos sobre sus rodillas y mirando de uno al otro - tan solo está el camino que nos marca el suelo que ahora mismo pisamos. Pero si de repente ese suelo se sacude y aparecen grietas... Si ese camino se abre en canal y no podemos recorrerlo, entonces aparecen otros caminos diferentes... - hizo una leve pausa, y bajó la mirada hacia sus propias manos - ver el futuro ha sido siempre ventajoso, y a la vez inútil...

Se hizo un silencio extraño, y Laguna esperó a que continuase mientras intentaba ordenar sus propios pensamientos.

Les estaba diciendo que podía ver el futuro, y que algo malo pasaría cuando diese a luz, pero entonces, ¿por qué lo había hecho llamar? ¿Qué podía hacer él?

- Vi el inicio de la guerra muchos años antes de que comenzase, cuando no era más que una niña – dijo un instante después, cogiendo aire y llenando los pulmones antes de hablar - Te vi a ti, Laguna... Te vi observándome en la distancia, oyéndome tocar.

El semblante algo sombrío volvió a iluminarse con una sonrisa nostálgica, y Laguna también recordó aquel día. La primera vez que la vio no era más que un joven cadete montando guardia junto a una puerta en el salón de bailes de palacio. Sujeto con una mano a su lanza, mientras la miraba embobado por debajo de la visera de su casco, oyendo aquella melodía hipnótica que ella tocaba en el clavecín.

- Pero el hombre que había más adelante, en otras visiones, era el rey... - dijo ella en un susurro.

Había un claro tono triste en aquella frase, y Cid la miró con los ojos muy abiertos, moviéndolos después con aire incrédulo hacia Laguna.

- El rey era mi destino, y es un buen hombre, no osaría jamás quejarme de mi suerte, Cid, no lo miréis así – le pidió.

Cid frunció un poco el ceño, y aguardó en silencio. Sabía que Laguna siempre había sentido algo por la reina, desde mucho antes de que se casase con Calway, pero de repente algo se había agitado en su interior al oírla a ella insinuar claramente que ella lo había llegado a corresponder.

- Después vi más cosas – continuó con aire misterioso -. Vi el final de esta guerra, y el inicio de otra muy distinta. Vi una pobre vieja asustada y acorralada, un encuentro fortuito y repentino... Una bruja a punto de morir, y después de esa visión el único camino que podía ver en mi propio futuro era siempre el mismo, rotundo e inamovible.

Hizo otra pausa, de nuevo miró hacia abajo, y acarició su abultado estómago antes de continuar.

- Esa mujer aparecerá en breve... - dijo - Heredaré su poder justo antes de que muera, y nadie debe hacer nada para evitarlo.

- ¡Pero! - exclamó Cid.

- Ni vosotros, ni yo misma – dijo ella en tono tajante.

El silencio que siguió fue un poco más extraño que los anteriores, y la expresión de la reina parecía más severa y llena de determinación.

- Esa visión nunca ha cambiado, porque yo la he escogido como la única posible – les dijo -. En 20 años, aparecerá algo mucho peor que esta guerra...

Laguna volvió a sentir otro escalofrío, y estaba seguro de que esta vez el frío no tenía nada que ver con aquella sensación.

- Una mujer aparecerá de la nada en Esthar, una bruja – continuó explicándoles -. Lo arrasará todo a su paso, y después de Esthar vendrá a por Galbadia... No se detendrá ante nada, y su poder será tal que ningún humano podrá hacerle frente.

Tragó saliva, y volvió a pasar la mano sobre su tripa.

- Tan solo yo podré... - susurró.

La siguiente vez que Julia hizo un pausa, Cid decidió que ya había oído suficiente.

- No ha existido nunca una bruja con tanto poder como para arrasar un país entero – dijo entre dientes -. Alteza, debemos hablar con Calway. Necesitáis descansar...

- Pero existirá - protestó ella -, y yo escogí aceptar el poder de esa vieja bruja moribunda, porque yo seré la única capaz de acabar con la que atormentará el mundo entero en dos décadas.

- Julia... esto no tiene sentido – dijo Laguna, dando un paso hacia ella.

- Pero lo cierto, es que eso tampoco será posible... - dijo después.

Sonrió una vez más, con más tristeza que nunca, y un nudo se formó en su garganta haciendo que se le quebrase la voz al hablar mientras continuaba acariciando la suave capa que cubría su estómago.

- De repente ella llegó, y lo cambió todo – dijo, después los miró con los ojos vidriosos – Ahora ya no puedo ver nada más. Mi camino termina donde comienza el suyo.

La mezcla de sensaciones que Laguna iba sintiendo a medida que oían lo que Julia les había ido contando, mitad suyas y mitad de Rinoa, se unieron en un mismo sentimiento de pena y entendimiento.

- Como os he dicho, el futuro está sujeto a las leyes físicas del presente – les explicó, pasándose una mano por la mejilla y reprimiendo el resto de lágrimas -. En el momento en que quedé embarazada esas leyes cambiaron, y también lo hizo lo que podía ver. En el momento en que esa vieja aparezca, aceptaré su poder de todos modos... En ese momento esta pequeña vendrá al mundo a la fuerza, y mi vida será el precio de su existencia.

- ¿Por qué? - preguntó Laguna.

Cid se cruzó de brazos y miró hacia sus propios pies, después miró hacia Laguna por debajo de su ceño fruncido, y dejó escapar un profundo suspiro.

- Las brujas no pueden tener descendencia – sentenció.

Julia sonrió con tristeza, y asintió lentamente.

- Daré lo que haga falta para que ella exista, pero a la vez le dejaré el legado más terrible que ninguna madre pudiese imaginar – les dijo -. Será ella quien herede finalmente el poder que haya en mi cuerpo, y será ella la única que pueda salvaros el día de mañana.

Laguna levantó ambas cejas y llenó los pulmones todo cuanto pudo. Se sentía abrumado, y se sentó también en la balaustrada buscando con las palmas de sus manos el contacto frío y apaciguador de la piedra. Todo era tan terrible como difícil de creer, así que no paraba de buscar alguna explicación y salida que no supusiese la muerte de aquella mujer. Pero aun así había algo en él que se retorcía en horror y remordimiento, y lo inundaba con la certeza más rotunda posible de que todo ocurría tal y como ella les había dicho.

Porque Rinoa sabía mejor que ninguno de ellos, que así sería. Porque así había sido.

- Solo puedo confiar en vosotros dos – dijo Julia, poniendo una mano sobre la de Laguna y mirándolo a los ojos - Si Calway supiese algo intentaría por todos los medios acabar con la bruja que he visto en mis visiones. Intentará impedir que yo herede poder alguno.

- ¿Qué nos estáis pidiendo? - le preguntó Laguna.

- El rey debe saber esto... - murmuraba Cid, comenzando a caminar ante ellos de un lado a otro - Es una locura... es imposible...

- Cuando todo ocurra, os pido que me ayudéis – le dijo -. Nadie más debe saber nada de esto, y cuando todo haya pasado, cuidad de ella.

Laguna podía sentir un nudo que se apretaba cada vez con más fuerza en su garganta, y que le hacía imposible contestar nada. Julia sujetó su mano, y la apoyó sobre su vientre, bajo la de ella.

- La protegeréis hasta el día en que sus poderes despierten, y después la ayudaréis a controlarlo para que pueda acabar con el monstruo que os amenazará a todos – le dijo, aún mirándolo a los ojos -. Prometédmelo.

Laguna continuaba sin ser capaz de decir nada, sentía que dándole una respuesta estaría aceptando que todo iba a ocurrir tal y como les había contado, y se negaba a pensar que algo así fuese posible.

- Julia... - murmuró, mirando la mano de aquella mujer sobre la de él.

- Si aún no me crees, quédate cinco días – le pidió.

- Majestad... - dijo Cid, llamando su atención.

Ella lo miró, y estiró la otra mano hacia él, como pidiéndole que se acercase.

- Por favor, Cid, tan solo esperad cinco días. – les suplicó.

- ¿Qué pasará entonces? - preguntó Laguna.

Julia volvió a mirarlo a los ojos, y cuando Cid se acercó a ella estiró la mano para coger la del consejero.

- En cinco días los soldados de Almasy llegarán a la ciudad y sitiarán la fortaleza – les dijo -, la guerra sobrepasará estos muros y quedaremos encerrados. Después aparecerá ella.

Cid llenó los pulmones con impaciencia, y se movió inquieto.

- Llegará volando, herida y agotada, y nosotros estaremos esperándola en la torre más alta de la fortaleza – les dijo.

- Si van a atacar el palacio, debemos... - comenzó a decir Cid, cada vez más nervioso.

- No podemos evitar que nos sitien, Cid – le dijo la reina mirándolo a los ojos -. Si algo me ha enseñado todos estos años es que conocer el futuro no significa que se pueda cambiar.

- ¿Qué... nos estáis pidiendo...? - le preguntó Laguna una vez más.

- Si decides no creer en mí y te vas ahora, escaparás del ataque a la fortaleza y podrás volver con Raine – le dijo, y Laguna sintió que el corazón le daba un vuelco en cuanto la oyó pronunciar su nombre -, pero si esperas cinco días, sabrás si estoy totalmente loca, o si te he dicho la verdad.

Miró a Cid y le apretó un poco más la mano, después volvió a mirar hacia Laguna.

- Pero si te quedas, estarás atrapado aquí durante meses – le aseguró.

Una frase resonó en la cabeza de Laguna, y casi pudo sentir el aliento de su esposa en su cuello cuando le susurró que volviese y la ayudase a proteger lo que habían construido juntos, y Laguna se puso de pie de golpe, apartándose de Julia, respirando con fuerza y apretando los párpados. Sin embargo algo en su interior lo obligaba a quedarse allí parado, sin alejarse de ella. Quería aferrarse con todas sus fuerzas a la esperanza de que nada ocurriese en cinco días, y que todo lo que Julia les había dicho no fuese más que un delirio o una broma de muy mal gusto.

- Laguna... - la oyó llamarlo, y sintió de nuevo sus dedos buscando los de él.

Cuando se giró hacia ellos, vio que Cid aún permitía que la reina sujetase su mano, pero mantenía la cabeza agachada y una expresión de derrota y obediencia había doblegado a su obstinación.

El nudo en la garganta se iba aflojando lentamente, alejándose de su cuerpo, a medida que también el cuerpo se alejaba. Podía oír aquel zumbido un poco más cercano e intenso cada vez, hasta que el zumbido se convirtió en una voz familiar y cálida. Una voz en la que confiaba plenamente.

'Rinoa...'

Abrió los ojos, aunque no lo hizo. Continuaba en la oscuridad más absoluta, y ya no había escribanos ni reinas ni consejeras por ninguna parte. No había nada.

Y aún así podía sentir a Squall.

'Fue ella...' - balbuceó.

Su voz sonó frágil y distante, como si estuviese a punto de echarse a llorar, y sintió la compasión de los demás moviéndose alrededor de ella y a través de su cuerpo, rodeándola y haciéndola más consciente aún de lo que todo aquello significaba.

'La reina hizo aquel sacrificio, porque tenía una voluntad capaz de dominar el poder que escogió aceptar,' – dijo Eleone, tal y como Laguna le había explicado antes de enseñarles aquello - 'y porque sabía que esa voluntad sería igual de fuerte en vos.'

'Pero esto...' - dijo Rinoa, perdida.

Intentaba encontrar algún sentido a lo que le habían mostrado, y ni siquiera era capaz de encajar todo aquello en lo que sabía de su propia situación.

'¿Por qué me enseñáis esto?' - le preguntó.

El silencio se espesó y alargó durante unos instantes, dándole tiempo para que se calmase un poco, y a las dudas de Rinoa se sumaban las de Squall, casi idénticas.

'Dominad vuestro poder, alteza.' – le dijo Eleone - 'Derrotad a Adel, y ganaos el perdón del rey. Solo así acabará vuestra huida.'

Una sensación eléctrica recorrió su cuerpo, o lo hubiera recorrido de haber sido posible, una mezcla de miedo e impaciencia, duda e ira.

'Yo... no puedo...' - susurró.

'Por supuesto que sí.' – dijo Squall, y Rinoa sintió que la ira y la impaciencia no eran de otro si no suyos - 'Podremos, juntos...'