Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Bien, hemos al final del fics. Bien para empezar quisiera darles las gracias por haberme acompañado en ésta historia. Sé que les ha gustado, o al menos eso me han dicho ustedes y por eso les estaré eternamente agradecida. No he respondido comentarios, pero aún así quiero agradecerles a todos por todo. Estoy segura de que si Dios lo quiere nos veremos, eso espero.
Voluntad sobre Hielo
Epilogo
POV Anna
Cuando era niña siempre me había imaginado que la vida de una estudiante universitaria iba a ser lo mejor del mundo. ¿No te parece irónico que no fuera así? Es decir, te lo digo de ante mano, lo que vemos en películas y leemos e libros no es la realidad. La verdadera realidad es que la universidad es difícil, no se vale estudiar de un día para otro o con unos minutos de anticipación porque de todos modos te irá mal. Hay que hacerse un horario completo y respetarlo, tener horas de descanso y de almuerzo.
Durante mi primer año de universidad las cosas comenzaron siendo complicadas. Yo amo el arte como todo el mundo, pero yo realmente lo amo, me apasiona dibujar y crear estilos nuevos. Pintar con las más frescas pinturas en un lienzo de tela suave los preciosos paisajes, a las personas allí y sobre todo a mi bella reina.
Pensé que el arte solo sería pintar y ya, pero la cosa es que la carrera que había elegido sobre arte venía con su historia incluida. Como no era buena para leer, fue cansador. Mi primer mes fue algo cansador, estresante, pero los siguientes cuatro fue peor. Prácticamente vivía en la biblioteca estudiando, yo era un desastre. Mi prima y yo estudiábamos lo mismo por lo tanto ella y yo constantemente estábamos ayudándonos a estudiar.
Ser universitaria no es sencillo.
Por otro lado, no puedo quejarme tanto. Mis padres han dado todo por mí para que logre esto, solo tengo que esforzarme no solo para que ellos se sientan orgullosos sino para que yo también me sienta orgullosa de mí misma y de mi esfuerzo.
Yo estaba terminando unos apuntes que estaban en la pizarra cuando tuve escuche el timbre. Al fin se había acabado el día y eso que termino temprano, ¿por qué? ¡Es navidad!
Lo sé, es cruel que me hayan hecho ir a estudiar en navidad, pero bueno, así es la vida. Comencé a guardar mis cosas rápidamente manteniendo cuidado con el paquete envuelto en papel navideño dentro de mi bolso.
– Hasta luego Anna. Feliz navidad – Escuche que un nuevo amigo me decía mientras salía de la sala. Su nombre era Naveen. A simple vista daba la impresión de que era un chico algo pretencioso y egocéntrico, pero cuando le conocías de verdad sabías que no era así sino que el tenía mucho que ofrecer… aunque sí, a veces solo para molestar le gustaba ser pretencioso y egocéntrico, también aunque no lo creías era un poquito narcisista. De todos modos era un chico fantástico.
– Hasta luego. Feliz navidad a ti también – Me despedí.
Tras guardar las cosas salí del lugar. Mi prima no se hallaba a la vista y comencé a preocuparme un poco, pero no importaba de hecho, ya la vería. Sobre todo porque nos reuniríamos en mi departamento para pasar navidad en familia.
Yo me acerque a un hermoso ferrari california celeste que alguien me dio una vez en mi cumpleaños. Era perfectos ante los ojos de la envidia. Si rayones, sin suciedad, sin feos tatuajes. Apenas estuve dentro sentí un calor que tanto quería, sobre todo porque afuera estaba nevando. La navidad perfecta en todo el mundo.
Yo estaba rumbo a mi nuevo apartamento, o al menos era nuevo hace un año. Logre llegar a un edificio grande, estacione y entre. El botones me saludo con cortesía. Subí en el ascensor hasta el piso 6 y cuando las grandes puertas se abrieron camine hasta la puerta que marcaba 601. Introduje mi llave con un bonito llavero de un muñeco de nieve y luego entre.
Un delicioso aroma a pavo horneándose estaba deslizándose por cada rincón de mi departamento, claro que también había aroma a quemado. Me pregunté que sería.
Deje mi bolso sobre un mueble y el regalo que estaba dentro lo saque para ponerlo debajo del hermoso pino que estaba decorado con las luces y las pelotas más bellas de todas. La perfecta estrella que parecía esculpida en hielo y un bello pesebre.
– ¿Anna? – Escuche la voz más bella de todas. Me giré rápidamente y desde la cocina vi a una chica rubia platinada de hermosos ojos azules perfectos que parecían que el cielo mismo estaba allí. Ella vestía con un sueter celeste y unos jeans, delante un delantal que tenía un par de copos de nieve rodeando en un círculo a un muñeco de nieve. Éste alzaba tanto sus bracitos como rama y sus piernas rechonchas. Su cuerpo consistía en tres partes. La cabeza era ovalada con una gran nariz de zanahoria. Tenía tres ramitas en la cabeza como cabello y tres piedras en su estómago como botones. Parecía muy carismático. Amaba como su cabello estaba peinado como una perfecta trenza francesa que caía en su hombro izquierdo.
– Hey – Me acerque a ella rápidamente tomándola de la cintura. Ella en sus manos traía una cuchara de madera y un salero. Yo me reí ligeramente mientras ella rodeaba mi cuello con sus brazos y unía sus labios a los míos.
Como de costumbre, eran fríos, pero tenían una textura suave que eran cálidos por ello. Había un ligero sabor picante, y no lo digo porque estaba dándole el beso más apasionado y prendido del día, sino porque efectivamente estaba picante a causa de pimienta y tal vez algo caliente, casi quemando.
– Wow, ¿qué le pasa a tus labios? – Me reí. Ella se rió.
– Estaba cocinado – Sonrió con dulzura. Rodé los ojos.
– Eso explica el olor a quemado – Dije sin poder aguantar las ganas de causarle un puchero.
– Mala –
Ella hizo ese puchero. Se las presento: ella es Elsa Winter, el amor de mi vida y mi compañera de departamento. Mi novia. Elsa es la mejor patinadora de todas, pero eso es lo de menos porque lo importante es que es la persona que ha conquistado mi corazón sin siquiera intentarlo. Hey, al corazón no se le manda, ¿cierto?
Camine con ella hacia la cocina y pude notar el verdadero desastre detrás del delicioso aroma a pavo. Habían ollas con comida quemada, una fuente cuadrada con unas papas quemada y… ¡Incluso el agua tenía olor a quemada!
– Dios, Elsa – Me reí.
Ella se sonrojo apenada. Algo que debes saber sobre Elsa, es que además de verse completamente irresistible con esos sonrojos ella no es muy buena cocina, al menos, quiero decir, ella no es muy buena cocina cuando sigue recetas de un libro porque por lo general algo termina resultándole mal y todo quemado. Eso explicaría el desastre; sin embargo, el delicioso aroma del pavo era la ironía de que a pesar de no ser buena con un libro de recetas lo era improvisando. No me preguntes como algo improvisado puede quedarle delicioso y no algo en lo que le dan recetas de paso a paso. Ni ella misma lo sabe.
– Creo que limpiare en un rato – Movió un imaginario mechón por detrás de su oreja. Eso fue dulce. Yo la besé en los labios fugazmente.
– No me has explicado el sabor en tus labios – Susurré con suavidad.
– Son las especias – Murmuró.
Asentí con cariño. Quise preguntarle algo más, pero me interrumpió el timbre. Yo mire el reloj de muñeca de Elsa y noté que aún faltaban horas para la navidad. Mi familia y amigos, y la de Elsa, no deberían haber llegado tan temprano. Eso me hizo preguntarme quién era quien estaba en la puerta.
Al abrir me sorprendí de ver a Kristoff allí. Uno de mis mejores amigo, junto a Mérida quien sonreía con una bolsa llena de regalos. La pelirroja se rió dejando entrar a sus amigos. Ellos sintieron el aroma y supieron que había sucedido sin siquiera ver la cocina.
– No deberías regalarle un libro de cocina –
– Lo sé – Respondió Anna a Mérida.
Y las horas pasaron rápidamente. Mi familia había llegado antes de que lo pudiera notar y la de Elsa apenas había llegado desde Japon donde estaban haciendo algunos contratos o algo similar. Me había sentado junto a mi novia en el sofá, bebiendo un delicioso y caliente chocolate.
Hablabamos sobre ciento de cosas. Risas navideñas. Juegos. Chistes de mal gusto. No importaba nada. Pues pasábamos la víspera de navidad todos juntos como familia. Amigos y familia de sangre. Todos una gran familia. Vi a Elsa metida en su teléfono, me reí mirando la pantalla de éste y vi que ella leía un mensaje de Peter.
Peter. Recuerdo cuando vi al chico por primera vez en un vídeo hace ya dos años atrás. Yo estaba celosa pensando que era algún estúpido pretendiente de Elsa, ella y yo habíamos terminado en ese momento y solo hacía que tuviera más celos, más después cuando volvimos a ser pareja le pregunte en muchas ocasiones quién era y se negaba a decirme siempre riendo o cambiándome el tema. Finalmente, un día ella me lo presentó en persona; Peter Winter Pan. Sí… Primero pensé que era una broma de mal gusto, pero Elsa aseguro que no era broma. Peter es hijo de Wes, el tío de Elsa. Yo no podía creerlo, e incluso hicimos una vídeo llamada a Aurora que aseguro que Peter era su primo también.
Yo no sabía que Elsa tuviera un primo, pero si yo lo pienso bien vagamente recuerdo haberla escuchado decir al menos una vez que ella y su primo solían esquinar mucho porque a él le gustaba, luego conocí a Ariel que no me daba la impresión de eso pero pensaba que Elsa simplemente había cometido un erro, sin embargo el error fue mío porque no conocía al tercero de los Winter, la generación actual.
Él tenía la edad de Elsa, es sorprendente porque aparenta como si tuviera quince. Ahora mismo, Elsa tenía 19 años, estaba por cumplir 20 y yo los cumpliría meses después. El chico tenía un extraño caso de no querer crecer, eso es grandioso y él y Olaf se llevaron bien, bastante, incluso conmigo. Nos volvimos un trío de traviesos. No preguntes mucho por eso.
Los padres de Elsa habían sido claros con ella cuando le dijeron que aunque patinar iba a ser su vida, ella no podía hacerlo para siempre. La madre de Elsa y sus hermanos eran dueños de una gran cadena de hoteles, pero ellos no serían los dueños para siempre, por lo que eso dejaría que sus hijos, Elsa, Ariel y Peter, fueran los siguientes dueños. Eso es molesto porque dejo tres sueños atrás y en segundo lugar. Por desgracia para Elsa no pudo hacer mucho contra eso. Los tres Winters menores están de acuerdo con ser los dueños, pero por su puesto sus sueños iban a estar primero de una u otra forma.
La besé en la mejilla y ella se rió.
Eran las once de la noche cuando Elsa fue a la cocina para calentar la cena, yo estaba tranquila en el livin pensando en lo que significaba el día de navidad. Muchas cosas a decir verdad. Era nuestra segunda navidad juntas. Elsa y yo llevábamos dos años de pareja. Para esta navidad había comprado algo especial para ella, el hermoso regalo envuelto en papel azul con copos de nieve. Todo quien lo viera sabía que era para Elsa.
También, con sinceridad, podía decir que es mi Elsa era perfecta. En estos años solo me ha demostrado amor y yo a ella. El cariño incondicional de ambas era la perfección. También estaba el hecho de que ella había dejado tanto por mí. Bien, te lo contaré. Elsa había ingresado a la universidad más prestigiosa de todo Noruega. Una por la que ella misma lucho para entrar. Beca completa. Excelencia académica. Elsa fue la mejor estudiante de todo el primer año, también, digamos que era la mejor patinadora y sobre todo, ella estaba en esa universidad por esa razón. Sin embargo, éste año ella no quiso seguir yendo. No me preguntes por qué porque no lo sé, solo sé que ella se vino a vivir a New York y juntas vivimos en éste bello departamento con vista al parque, más especifico, al central park. Nos dividimos los gastos y Elsa en la universidad ésta estudiando administración de empresas. Cada vez que le preguntó qué pasa con su sueño de patinar ella me responde con un "puede esperar." No sé por qué. De todos modos ella siempre sale a patinar los fines de semana desde la cinco y está casi todo el día allí.
Dios.
Una tarde me aventuré a preguntarle a Jennifer, su entrenadora. Ella se rió en mi cara, pero no era burlándose sino con cariño, extraño. Jennifer me explico que Elsa había tenido unos días terrible en la universidad y patinando que se tomo un año. Fiu. Por un momento yo pensé que algo realmente malo le estaba sucediendo. El estrés hizo que ella misma se enojara y dejara de patinar por un tiempo en la universidad por un tiempo.
Ayude a poner la mesa para cena. Te sorprenderías lo grande que era nuestra familia. Siete adultos jóvenes. Cuatro adultos. La mesa era para seis personas pero de una u otra forma logramos que todos pudieran sentarse. Yo estaba sentada a la cabeza, al lado mío estaba el espacio de Elsa. Yo sonreí cuando la vi salir de la cocina con un pavo enorme, de hecho tenía dos pavos, pero uno de ellos era enorme. Me reí.
– Ujui, cena hecha por Elsa – Dijo Kristoff riendo.
– Espero que no venga desde la receta de un libro – Olaf se rió.
Elsa fingió una risa y luego rodó los ojos. Yo era buena cocina, tanto siguiendo recetas o no, pero Elsa no. Solo improvisando. Una vez que estábamos sentados todos, yo toque suavemente mi copa con mi cuchara. Mire la hora. Nos habíamos tardado tanto que en unos minutos sería navidad.
– Ejem, señores y señoras – Me reí ligeramente – Quisiera primero agradecer una deliciosa cena que mi novia hizo, gracias a Dios improvisando – Elsa gimió de mala gana, pero nos reímos y ella sonrió – Éste ha sido un año horrible de cansador, pero me he divertido. Aún no acaba. Solo quisiera decirles que navidad es una época para pasar en familia y en este momento no hay mejor familia que la que me rodea – Tome la mano de Elsa con una sonrisa, ella guiñó el ojo disimuladamente y volví mi atención a los demás – Primero, mis respetos a la familia Winter por haber donado una gran cantidad de regalos al orfanato y mis más sincera felices fiestas a todos
Dicho esto hubo un bridis en honor a la familia y comenzamos a comer. No puedo decir a ciencia cierta que estaba delicioso, pero estaba bastante bueno. Elsa recibió algunas burlas, sobre todo de Kristoff y Olaf.
Con el termino de la cena todos estábamos reunidos en algún lugar de la casa, personalmente yo estaba sentada en un sofá junto a Elsa. Ella estaba leyendo algún libro suyo y yo más bien jugaba con una consola junto con Olaf. Ese maldito castaño me estaba ganando.
– Y Olaf golpea a Anna una, dos, cinco veces y K.O. ¡Olaf Arendelle es el ganador! – El muchacho alzó los brazos emocionado.
Me reí rodando los ojos. Volteé a mirar a Elsa y le apunté la pantalla, me tomo un momento que ella quitará su vista del libro y me mirar,a luego a la pantalla y finalmente devuelta a mí.
– ¿Qué? –
– ¡Me ha ganado! Échalo de la casa –
Se rió – No creo que haya necesidad de tal extremo, Anna –
– Yo sí – Me crucé de brazos lanzando el control de jugos lejos. Rapunzel se rió tomándolo.
– Yo te vengaré –
Elsa cambió de páginas. Yo le sonreí ligeramente, no dejaba de mirarla y cuando ella comenzó a notar que no la dejaba tranquila suspiro cerrando el libro.
– ¿Qué? –
– ¿Quieres salir? –
Parecía sorprendida – ¿Qué? –
– ¡Sí! Vamos – La tome de la muñeca y la arrastré lejos de la casa. Yo sabía bien que en navidad las familias deberían estar juntas, pero el caso es que yo quería estar a solas con Elsa. No a solas en casa, sino a solas lejos de casa y la lleve al único lugar que realmente esperaba que le gustara: el parque.
Había un árbol gigante como de veinte metros. Era un hermoso pino frondoso repleto de luces, oropel, guirnaldas, pelotas navideñas y una muy preciosa estrella. A Elsa le había fascinado tanto como a mí.
Caminamos por las calles y yo como siempre muy alegre saludando y deseando una hermosa víspera a los desconocidos que me asentían con la cabeza devolviéndome el saludo. Cuando llegamos al árbol nos sentamos en una banca.
Todo a mi alrededor estaba cubierto de un manto precioso, blanco y reluciente. Las ganas de lanzarme a la nieve me invadieron, pero había tanta calma. No había casi nadie en el parque, solo unas pocas parejas o familias caminando cerca del gigantesco árbol. Realmente era algo relajante y hermoso.
No caían copos de nieve.
– ¿Recuerdas cómo nos conocimos? – Mire a Elsa con una sonrisa de oreja a oreja.
Ella pareció pensar un poco – Fue porque Olaf se había acercado a mí y ustedes pensaron que me estaba asustando, ¿no? –
– Sí… – Sonreí, baje la mirada sintiendo mis mejillas arder lentamente, la nieve bajo mis pies parecía un colchón – Tú no lo sabes, pero en ese momento, desde que entraste por la puerta yo no podía dejar de pensar en ti. Puede ser amor a primera vista, pero era… no lo sé, parecía irreal y a la vez perfecto
Elsa asintió.
– ¿Cuándo comencé a gustarte? – Pregunté suavemente. Miré a los ojos de Elsa. Ella me había cautivado desde el primer instante y yo sabía que para Elsa fue más complicado porque tenía otros problemas.
– ¿Realmente? No tengo idea – Ella sonrió sacudiendo la cabeza – Recuerdo que en un inicio te dije que sería tu novia aún sintiendo cosas por otra persona todavía, pero intentaba esforzarme por mantener la relación a floté y después de unos días, no lo sé – Me miró sonriendo como en un sueño – Simplemente de un momento a otro paso que tus gestos, esas muecas frustradas, infantiles y sonrientes terminaron enamorándome. Muchos habían insinuado sobre nosotras antes de ser pareja y siempre negué que fuera verdad tal vez más por pensar que tú también me verías como una amiga más que solo por concentrarme en el mundial o seguir llorando por Will – Sonreí ligeramente. No despegó su vista de mí – Te amo, Anna. Me encantas y yo no imagino un día sin ti
Me reí entre dientes – Eso supe. Te viniste a vivir aquí por mí y no por un descanso –
Ella se rió – Soy patinadora, puedo tener los descansos que quiera y si quiero estar con mi novia pues que así sea –
Me reí ligeramente. Mire en frente y sonreí. Las luces se volvían borrosas de vez en cuanto debido a la gran cantidad de iluminación. Nos sumamos en silencio.
– Els –
– Uhm –
– Dime algo que te guste de mí –
Ella me miró con una ceja levantada y luego se rió – ¿Qué me guste de ti? – Pensó – Me gusta tu sonrisa. Tus pucheros…
– Els, no me refería a eso –
Elsa sonrió divertida. Su mano acarició mi frente apenas con la punta de las yemas de los dedos y luego me besó en los labios. Yo sentí su tacto delicado pero lento. No fue mucho tiempo el que estuvimos besándonos, cuando rompió me miro sonriendo, su pulgar acarició mi mejilla – Me gusta la forma en como brillan tus ojos cuando algo te gusta. Me gusta esa mirada de concentración cuando estás dibujando. Me gustan tus dibujos. Pero más que todo eso Anna, me encanta tu forma de ser. Eres tan inocente y dulce que piensas siempre e los demás antes de pensar en ti misma y luego ves las cosas buenas de todas las personas aún si no existen. Eres como un ángel. Mi ángel y mi princesa –
Sonreí abiertamente. Doce campanadas. Elsa y yo nos mantuvimos en silencio escuchando el profundo sonido de las campanas, contándolas mentalmente para nosotras mientras nos mirábamos sin importar nada más. Solo, nosotras dos.
– Feliz navidad, Elsa –
– Feliz navidad, mi princesa –
Nos besamos. Ese beso de navidad, sobre nosotras un muérdago. Yo sé que estaba ahí porque lo había viso antes de sentarnos, de hecho esa fue la razón para mantenerme pegada a ese asiento junto a Elsa.
En casa nuevamente había abrazado a todos antes de saltar frente al árbol, recogí cada regalo de navidad y lo entregue a excepción de el de mi novia, que fue el último que entregue. Yo tragué saliva, conocía los gustos de Elsa bien, pero aún así era difícil escogerle un regalo y ese año tuve una pequeña ayudita de Kristoff y Olaf que la estuvieron espiando dos semanas para averiguar que podría querer.
Elal tomo el regalo en sus manos. Era un paquete envuelto en celeste con varios copos de nieve y antes de que lo abriera ella recogió otro paquete, uno rojo con algunos arbolitos de navidad y me lo entregó susurrando un "espero te guste."
Sacudí el paquete preguntándome si se trataba de algo frágil (de ser así estaría roto), también me preguntaba que podía ser hasta que finalmente me decidí a destrozar todo el papel y abrirlo hasta encontrarme con una caja. Levanté la tapa de la caja y me quede anonadada con lo que veía. Era precioso.
¡Elsa me había comprado un huevo!
…espera… eso no es un huevo.
Lo tomé en mis manos con cuidado. Pesaba más de lo que pensaba. El huevo estaba puesto en unas patitas de color doradas que eran como una especie de soporte para sostenerlo. Su color era de un verde jazmín con diseños de azafranes. Lo toque con suavidad, la textura parecía de cerámica, pero no tanto así sino más bien que era liviano así como…porcelana, no tampoco, era… wow… Me fije que en la mitad, parado verticalmente, tenía algo similar a un corte e intente levantarlo, pero no se abrió así que le di un giro a la parte superior y luego lo levante. La tapa de inmediato se movió hacia atrás revelando el interior dorado del huevo y en medio, sostenido por un pequeño circulo como piso había una princesa que daba vueltas como si estuviera bailando. Una suave y deliciosa música salía de allí. No podía identificarla, pero era preciosa.
La melodía me recordaba a una tarde relajante en la nieve, lanzando bolas de nieve y construyendo un muñeco de nieve, luego beber una taza de chocolate en compañía de mis seres amados y finalmente el calor de la chimenea. También, visto de otra forma, me recordó a una tarde con mis amigos. Sobre todo, lo que más me recordaba, un beso con mi novia.
Mire a Elsa sorprendida y ella me sonreía con dulzura. Todos parecían enfrascados en sus propios regalos intercambiando con otros, peleando o bromeando, nadie nos notaba. Elsa no se había atrevido a abrir su regalo aún y cuando notó que yo le estaba mirando sorprendida ella comenzó a abrir el papel lentamente.
Cuando lo miró se rió ligeramente, no de una forma mala, sino de una forma tierna que me decía que le encantaba.
– Me encantan – Me lo confirmo. Lo sacó para que yo lo pudiera ver. Le había comprado unos zapatos preciosos de un color celeste que te hacía pensar, ¿son de cristal? No lo eran, pero el material se parecía mucho al cristal. Elsa me sonrió. Eran preciosos y le fascinaban. No tenían correa y en el dorso de su pie solo cubrían los dedos y parte del talón dejando todo lo demás al descubierto. Había un tacón mediano.
Debo admitir que Kristoff y Olaf estuvieron espiando a Elsa para que yo supiera que regalarle, pero sus respuestas eran tontas: libros, comida, patines nuevos, etc. Cuando pensaba en comprarle u libro pase por una tienda de calzado, estos estaban en el aparador y enseguida me supe que tenía que dárselos a Elsa. El precio casi me da un infarto, pero no importaba.
El intercambio de regalos fue perfecto. Recibí cosas lindas que iba a atesorar y regale cosas significativas. Pasada la media noche, cerca de la una de la madrugada, escuchamos el timbre. Me dirigí a abrir la puerta y lo vi.
Su cabello rojo cobrizo igual al mío, con patillas gruesas y ojos verdes. Yo tenía la mezcla de los ojos de mis dos padres, él solo tenía el de uno de nuestros progenitores. Me sonrió torcido.
– Hey, hermanita –
– Hans – Dije sin tanto ánimo.
Mi hermano mayor.
Hans había estado insinuándosele a Elsa en varias ocasiones, yo siempre estaba furiosa y celosa. En una ocasión cuando yo estaba en clases en la universidad él había venido a verla, recuerdo que Elsa estaba preocupada por lo que yo pudiera pensar. Me costó mucho que me dijera que Hans la había besado, en ese momento yo no tarde en ir a él y enfrentármele, hasta le di una cachetada.
Era mi hermano.
Sangre antes que amor.
Pero no le iba a permitir que besara a mi novia.
No se detuvo ahí porque siguió insinuando cosas, finalmente Elsa se cansó y cuando está enojada hay que temerle. Le gritó cosas, Hans dejo de seguirla, aunque seguía coqueteándole y eso me molestaba en ocasiones. Él tenía un buen trabajo y un montón de conquistas allí, por lo que solo era más desesperantes cuando se le acercaba a mi novia.
Entro tranquilamente en la casa, con su mano en su terno y una sonrisa en su rostro. La mirada que le lanzó a Elsa me decía claramente que ella era capas de tomar represalias si intentaba algo hoy y él no haría tal cosa.
Con el tiempo la noche llego. Yo estaba en mi habitación compartida con mi novia colocando la cajita musical en una repisa, junto a otros objetos, cuando unos brazos me rodearon por la cintura. Elsa me sonreía ligeramente besándome en el hombro.
– Me alegro que te haya gustado tanto –
Sonreí.
– Yo también – Ella me mordió el hombro, pero no de una forma placentera, de hecho sí me dolió – Ay, lo siento, estaba bromeando – Dejó de morderme y me miró con una ceja levantada y una sonrisa – Cualquier cosa que me hubieras regalo lo habría amado, incluso si no me hubieras dado nada porque ya te amo y nada puede cambiar eso
Ella parecía más complacida y luego me besó en los labios. Rodeé su cuello con una sonrisa, luego de la nada Elsa me mostró un boleto. Yo lo miré confundida por unos segundos hasta que al leerlo me sorprendí bastante retrocediendo un paso.
– Wow... ¿de dónde lo has sacado? – Lo tomé en mis manos. La escritura ponía: Museo del Arte, exposición.
– Tengo mis contactos – Se encogió de hombros.
Levanté una ceja y me reí. Ella sonrió y me besó en la frente – Espero que lo disfrutes –
– Sí, va a ser, ¿espera no vendrás? – Pregunté sorprendida. Elsa negó.
– No, tengo cosas que hacer. Entrevista de trabajo – Se sentó en la cama despreocupada. Volví a mirar el boleto en mis manos y luego a Elsa que estaba sentada despreocupada.
– Me hubiera gustado que vengas conmigo – Me senté a su lado.
– Lo sé – Su mano tomó la mía. Nos quedamos mirándonos por un instante. Yo sentía como a nuestro alrededor se mantenía en silencio, desaparecía de a poco y solo importaba mi mano entre la de Elsa. Una sonrisa en nuestros labios. Un corazón palpitante. Ella se puso en pie mirándome. Imagine que iba a besarme o lo que fuera pero solo sonrió y se fue.
Parpadeé confundida y luego la miré aturdida.
– ¡Oye! –
Elsa se rió. Se detuvo en el umbral de la puerta y me guiño el ojo.
– Vamos, Anna, aún tenemos que disfrutar de lo que queda de Navidad –
Dicho ésto se fue. Me quede ahí parada por unos instantes antes de captar bien que me estaba abandonando para ir con los demás. Corrí detrás de ella sonriente y la abracé por la espalda a mitad de camino. Ella rió. Sabía que Elsa tenía sus misterios, pero eso no me importaba porque estábamos juntas y mientras estuviéramos juntas... yo estaba dispuesta a todo por ella así como ella por mí.
FIN
