Muñequita

Capítulo 34

"El adiós"

Edward PoV.

Después de la declaración de Bella nuestro viaje siguió en silencio. Intenté por todos los medios entenderla pero no podía creer como es que alguien albergaba cualquier tipo de afecto por una persona como era Jacob Black. Para mi era incomprensible teniendo en cuenta como había sido con ella al final.

Por más que intenté no pude comprender su preocupación por él… ésta me era prácticamente imposible e inmerecida. Pero no fue hasta que la observé de refilón y vi como se secaba una lágrima furtiva, cuando me di cuenta de que no importaba que era lo que hubiese sido de su pasado ni de lo que sintiera por ese perro… ella estaba conmigo en esos momentos porque me amaba y quería estar ahí. Eso era lo más importante, yo construiría un futuro para ella, uno donde no tuviera que llorar más.

Observándola mientras trataba de hacerse la fuerte para no llorar más, me di cuenta de que mi único fin debía de ser amarla. Amarla con locura, amarla como nunca nadie la había amado nunca. Cuidarla y protegerla como la hermosa damisela que era, como el centro de mi universo –aunque en realidad ella lo era– Y sobre todo, hacerla olvidar todo lo que había vivido antes de que existiera un nosotros.

Al llegar al aeropuerto, ella descendió del vehículo sin siquiera mirarme. No negaré que me dolió, pero me lo merecía. Comenzó a caminar hacia las puertas de cristal del edificio y me acerqué casi corriendo a ella para poder alcanzarla. La tomé de la cintura y ella recargó la cabeza en mi hombro pero no se detuvo. Coloqué mi otra mano en su hombro y la giré hacia mi para que me mirase.

—Lo lamento, no sabes cuanto lo lamento —musité mientras ella me veía con los ojos llorosos—. Sé que es difícil, pero me es muy difícil comprender todo esto… hago un intento, de verdad trato de entenderte y casi lo hago pero… —dejé escapar un profundo suspiro y al final solo agregué—: no sé, es complicado.

Ella me observó por un largo tiempo sin separar los labios. Solo me veía con un millar de lágrimas retenidas y sentí como mi corazón se comprimía en angustia.

—Di algo. Lo que sea —rogué.

Pasó una eternidad hasta que ella deslindó la mirada de la mía y la fijó a mis espaldas. Soltó un suspiro en conjunto con un sollozo pero no volvió a mirarme.

—No planeo que lo entiendas… —susurró.

—Lo sé —respondí, acariciando su mejilla y limpiando una lágrima que había logrado escapársele.

—Él fue bueno —murmuró, más para si misma que para mí.

—Sé que debió de haberlo sido, sino tú no estarías tan afectada por todo esto.

Se apretó a mí. Hundió su rostro en mi pecho y sollozó una vez más… todo eso la lastimaba, y yo no sabía qué hacer.

—Sé cuan difícil es verme así por Jacob. No quiero lastimarte —murmuró. Su voz sonó ahogada pero la entendí perfectamente.

No pude responder, no sabía qué decir así que me limité a acariciar su cabello para intentar calmarla. Después de un rato sus sollozos disminuyeron y ella me estrechó fuerte antes de romper nuestro abrazo.

—Necesito hacer algo antes de partir.

— ¿Hacer qué?

—Sacar todos los recuerdos de mí. Enterrarlos en lo más profundo de mi ser y comenzar siendo una nueva Bella.

— ¿Cómo harás eso?

Ella negó con la cabeza y me dedicó una sonrisa torcida. Apretó mi mano entre las suyas y, poniéndose de puntillas, rozó sus labios con los míos.

—Entremos.

Dejé que me guiara dentro del aeropuerto. La guardia nos siguió de cerca mientras paseábamos por las tiendas adjuntas al lugar. Se detuvo de pronto en una tienda de regalos y sonrió como una niña de cinco años que esta frente a su regalo de navidad.

—Esto es lo que necesito —susurró.

Deshizo su agarre entorno a mi mano y entró a la tienda. Yo no comprendí que es lo que ella tenía en mente pero la seguí sin decir ni pío.

Dentro de la tienda había una mujer de cabellos blancos con unos anteojos colgando en la punta de su nariz. Estaba terminando un adorno para centro de mesa con globos, listones y un gran oso blanco en el centro de una castilla de madera.

—Buenos días, señora —saludó Bella.

La señora levantó la vista y le sonrió a Bella, luego fijó la vista en mí y su sonrisa decayó un poco pero no se borró del todo.

— ¿En que puedo ayudarles? —preguntó la señora, dándonos toda su atención.

—Me gustaría llevar un par de globos de helio.

—Claro, cariño —dijo la señora, volviéndose para traer un par de globos de colores.

Yo me quedé detrás y observé como Bella negó cuando la mujer le mostró los globos coloridos de feliz cumpleaños.

—Quiero dos globos blancos. Totalmente blancos —aclaró.

La mujer pareció un poco sorprendida pero asintió y sacó una caja con globos unicolor. Sacó uno blanco y Bella asintió, la señora sonrió y comenzó a llenar dos globos con helio, les puso listones blancos y churritos.

—Son tres dólares —dijo la mujer.

Fue ahí que me acerqué y dejé un billete de cinco dólares en el mostrador.

—Puede conservar el cambio —sonreí y la mujer me correspondió.

Bella se volvió hacia mí y sonrió.

— ¿Qué harás? —pregunté, curioso.

—Ya lo verás —susurró, encaminándose a la entrada.

Bella PoV.

Edward me siguió manteniendo una distancia entre nosotros; estaba dándome privacidad y se lo agradecía encarecidamente.

Continuamos hasta la explanada que había frente al aeropuerto. La gente iba y venía acarreando sus maletas, unos parecían cansados y otros más que nada malhumorados; yo me limité a ignorarlos y me detuve en el centro de la explanada.

Edward mantuvo su distancia y volví a agradecérselo. Levanté la mirada al cielo y sonreí. Eso sería simbólico y podría deslindarme de Jacob por completo.

—Esto es difícil, mi pequeño niño —susurré.

Apreté los globos contra mi pecho y suspiré.

—Espero que estés en el cielo. Eras un buen hombre, Jacob Black. Tu camino estaba torcido pero sé que eras bueno, me lo demostraste en el pasado… terminaste de una mala manera pero todo lo que hiciste por mi en el pasado no se me olvidará. Descansa en paz, mi niño perdido.

Volví la vista al cielo y sonreí. El un día se había vuelto nublado y grisáceo, como si el clima intentara reflejara mi interior. Levanté la mano con la que sostenía los globos y los solté sin dejar de sonreír.

—Adiós Jacob Black. Siempre estarás presente en mí porque sea lo que sea, tú hiciste lo que soy ahora y gracias a ti he conocido al amor de mi vida. Gracias. Te debo muchas cosas, contigo pasé horas felices y tristes, pero eran horas a tu lado… me retracto de mis antiguos sentimientos de odio y rencor. Estabas enfermo, amor mío… obsesionado por un amor imposible. Me lamento por ser la causante de la pérdida de tu cordura. Te amaré siempre por haber hecho tu labor de padre conmigo y por haberme sacado de ese asqueroso agujero donde mi padre me dejó.

Sentí una brisa de aire fresco acariciar mi rostro, fue como una mano acunando mi mejilla; le sonreí a la brisa y observé como los globos se perdían en su rápido asenso al cielo.

Me giré hacia Edward, quien me observaba con el dolor dibujado en el semblante. Mi corazón se abrumó pero caminé hacia él con seguridad y me abracé a sus caderas; él besó mis cabellos con ternura pero no dijo nada.

—Todo terminó, ¿cierto? —pregunté, separándome de él lo suficiente como para verlo a los ojos.

—Todo terminó —me aseguró, sonriente.

Le devolví la sonrisa y sentí como un cosquilleo atacaba mi estómago.

— ¿Iremos a Nueva York? —pregunté.

—Sólo por Leah.

— ¿Prometes que después de eso iremos a otro lugar? —inquirí, tratando de sonar tranquila.

—Lo haremos… —respondió, acomodando un mechón de cabello detrás de mi oreja.

—Gracias.

—Aunque me gustaría saber que es lo que hay ahí que no quieres toparte con ello —susurró, dedicándome una sonrisa torcida.

—Te lo contaré en el avión —suspiré—. Tienes que saberlo.

Él asintió.

—Y no te preocupes más por Jake —murmuré, tomándolo de la mano y mirando hacia el cielo donde los globos ya se habían perdido entre las gruesas nubes grises—. Su recuerdo se ha ido junto con él. Ahora en adelante seremos solo tú y yo.

Edward volvió a sonreír, se inclinó y me besó con ternura. Sentí un escalofrío subir por mi columna, mi cuerpo se irguió y se pegó al suyo como si el fuera la única fuente de oxígeno que tenía. A pesar que la pasión existente entre nosotros, nuestro beso fue puro y sin morbo. Un beso de dos personas enamoradas que lo único que querían era amarse hasta quedar extasiados del otro.

—Siempre hemos sido tú y yo… aunque me encantaría la idea de que pronto hubiera otra personita con nosotros.

Fruncí el ceño, confundida. Él tiró su cabeza hacia atrás y se carcajeó, eso hizo que mi corazón diera un vuelco y me encontré sonriéndole como una boba.


Demoré, lo siento... pero es que el fin de semana llegó toda mi familia y no pude escribir :/ eso me atrasó bastante.

Les aviso que ahora las actualizaciones serán el DOMINGO, ya que ni viernes ni sábado escribiré.

Estoy de pasadita porque ya es tarde en mi país así que les dejo un beso y espero sus RR's

¡Gracias por leer!