Chapter 35:
Miró el sello rojo de cera: mostraba el escudo de armas de una familia sangre pura. Por lo que Severus sabía, sólo ellos tenían un sello con el escudo de armas. Pensativo, pasó las yemas de los dedos por el sobre poroso, antes de romper el sello con un movimiento brusco. Snape sacó la carta con cuidado, mirando en el interior del sobre, sin saber que esperar del auror. No había nada más.
El slytherin comenzó a desdoblar la carta lentamente y sus ojos negros pasaron por las letras con rapidez: el auror no se andaba por las ramas, simplemente le citaba en su mansión la noche siguiente. Severus se quedó de piedra, golpeando la carta contra a palma de su mano, pensativo. ¿Cómo era posible que ese hombre, al que no había visto en toda su vida, le citara? ¿Es que acaso Crowe le conocía a él?
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Severus pensó que su cabeza estallaba. Con la carta en el bolsillo, miró la imponente mansión que se alzaba frente a él: tan parecida a la de los Malfoy, y a la vez, tan diferente. Russell Crowe vivía allí. El Sol comenzaba a caer, y Severus seguía allí, frente a la Mansión Crowe, sin atreverse a entrar.
Había estado investigando al hombre, por supuesto. No le había gustado nada lo que había encontrado: había sido un Ravenclaw de brillantes calificaciones y varios premios tontos. Luego se había embarcado en la carrera de auror, escalando puestos rápidamente. Y, en esos momentos, era el segundo al mando, sólo por debajo de Barty Crouch, de la sección de los Ángeles de la Justicia del departamento de aurores.
Snape hizo una mueca de disgusto, acordándose de ello: todavía quedaban dos días para que el plazo que le había dado Lucius expirara, y los estaba gastando yendo a casa de un auror potencialmente peligroso. Sacó la carta del bolsillo y dejó que sus dedos se deslizaran por el borde, pensando.
¿Valía la pena arriesgarse a entrar en esa casa y no volver a salir sólo por su curiosidad? Severus no negó que tenía miedo, los ángeles de la Justicia eran conocidos por ser los únicos aurores con permiso para lanzar maldiciones imperdonables, y por lo que había investigado, Crowe llevaba bastante tiempo en ese equipo, por no decir que si Crouch fallaba, el próximo jefe de la sección sería él.
Finalmente se armó de valor y se acercó a la verja de metal, que se abrió hacia dentro por arte de magia. Severus caminó por el sendero de grava hasta la puerta de la casa y golpeó dos veces en la superficie de madera. Crowe apareció en el dintel de la puerta, y le invitó a entrar sin palabras.
La gran zarpa del auror se posó sobre su hombro izquierdo, guiándolo por los pasillos hasta la biblioteca. Severus se quedó callado, esperando que el auror dijera lo que fuera a decir, parado al lado de la puerta. Crowe caminó hasta la gran mesa que había en la sala y se sentó en una de las dos sillas que había. En el escritorio había un pergamino cuidadosamente sellado.
- Siéntate, Snape.- la voz gruesa de Crowe le sacó de su ensimismamiento. Severus se sentó en la silla, quedando frente al auror. El hombre puso los dedos índice y corazón de la mano derecha sobre el pergamino y lo empujó hacia Snape, mientras decía cuidadosamente.- Éste es el testamento de tus abuelos maternos.
- ¿Por qué lo tiene usted?- el ceño de Severus se frunció, sin comprender que pintaba un auror en cuestiones de herencia.
- Porque así me lo especificaron los señores Prince. Yo era un amigo de tu familia, y fui yo quien ayudó a tu madre a continuar con tu embarazo.-empezó a explicar el auror. Severus prestó atención inmediatamente.- Su embarazo fue muy arriesgado y yo me ofrecí a realizar el ritual de traspaso de magia, porque tu estúpido padre no tenía una gota de magia en su cuerpo.- Severus no replicó; algo tenía en común con el auror y era la mala opinión hacia su padre.
- ¿Entonces, usted sería… algo así como mi padre en cuanto a mi magia?- preguntó entre extrañado e incómodo.
- Algo así, sin lugar a dudas. Tus abuelos desheredaron a Eileen cuando se casó con ese muggle, pero antes de morir se arrepintieron. Me pidieron que buscara a su nieto, es decir, a ti, y leyéramos el testamento juntos. Así que, si haces los honores.- acercó un poco más el papel a Severus.
Los dedos largos de Severus se cerraron en torno al sello de cera roja, y estiró de éste. Al igual que la carta que le había dado Crowe el día anterior, tenía el sello de armas de una familia sangrepura: una gran águila con las alas abiertas, debajo de una corona puntiaguda, y con dos espadas cruzadas sobre el pecho del animal. El emblema de la casa de los Prince.
El sello se rompió y Severus abrió el pergamino. La letra era pequeña y estilizada. Comenzó a leer, al lado de Crowe: la tercera parte del pergamino estaba ocupada por un gran párrafo en el que mostraban su agradecimiento a Russell Crowe por cumplir su última voluntad, además de unas cuantas palabras de arrepentimiento por haber dejado de lado a su hija y a su nieto.
Severus leyó superficialmente aquel trozo de la lectura; realmente no sentía nada porque unos ancianos que él ni siquiera había conocido se disculparan. A la vez, llegaron a la parte del reparto de la herencia: Severus abrió los ojos, mirando la cantidad de posesiones que tenía su familia materna. Comenzó a leer, interesado, y cuando terminó, Crowe le quitó el pergamino de las manos:
- Deberíamos leerlo en voz alta, si te parece.- Crowe estrechó sus ojos hasta formar una rendija, mientras le miraba con molestia, antes de comenzar a leer.- Te han dejado la casa… La mitad de su dinero… Y la casa de campo.- le miró un momento, antes de volver su mirada al texto y decir con alegría.- Yo me llevo la otra mitad de su dinero.
- Deberíamos ir a Gringotts, a tramitar la transferencia y validar el testamento.- dijo Severus. En su mente, atontada por el momento, todavía resonaban las palabras del auror. De un momento al siguiente, tenía dos casas y un montón de dinero esperándole para ser gastado. Ni siquiera necesitaba trabajar- pensó estupefacto.
- Sí, será lo mejor. Si quieres voy yo, mañana tengo que ir a Gringotts de todas formas.
Severus asintió mudamente, mientras se levantaba. Rápidamente se colocó su capa de viaje, sin querer permanecer más tiempo del necesario en compañía del auror, que le miró penetrantemente, antes de espetarle con rudeza:
- Te voy a mantener vigilado, Snape. No pienso dejar que mancilles el apellido de los Prince más todavía lamiéndole las botas a Voldemort.- Severus frunció el ceño, mientras el auror colocaba su rostro a centímetros de la nariz ganchuda de Snape en una posición amenazante.- Sé que eres un mortífago de mierda, y voy a ser yo quien se lleve los honores de haberte cazado.
Severus se apartó rápidamente de su lado, mientras salía a velocidad vertiginosa de la casa de Crowe. En cuanto su pie dio con el suelo fuera de la mansión, Snape desapareció con una suave detonación. Definitivamente, necesitaba protección. Y sabía a quién acudir para obtenerla.
