Disclaimer: los Juegos del Hambre no me pertenecen.

Regalo para Giselle Jay. Nos leemos abajo.


.XXXV.

Katniss no fue a trabajar el lunes. Tampoco lo hizo el martes. Prim tuvo el buen tino de llevarse con ella al perro, que probablemente habría muerto de inanición si de Katniss hubiera dependido.

El miércoles, ante la insistencia con que seguía timbrando su teléfono, aún pegado a su cargador, se levantó de la cama y deslizó el dedo por la pantalla para contestar la llamada sin molestarse en ver quién la llamaba:

—¿Qué? —prácticamente ladró, a sabiendas de que sería alguien del restaurante.

—Buenas tardes a ti también, Preciosa— Katniss reprimió una mueca cuando reconoció a Haymitch Abernathy al otro lado de la línea—. ¿Planeas honrarnos hoy con tu presencia?

—No. Estoy enferma— mintió.

—Pues bueno, siento que es mi obligación, como tu jefe de cocina, notificarte que desde hace dos días estamos sin jefe pastelero.

—¿Qué?

—Bueno, técnicamente solo desde ayer. El chico Mellark trabajó el lunes, pero presentó su renuncia en cuanto acabó su turno.

Katniss sujetó su teléfono con más fuerza contra su oreja.

—¿Dijo algo? Sobre por qué estaba renunciando, quiero decir— Katniss no quería sonar ansiosa, pero sabía que estaba fracasando en el proceso.

—Noooop— Haymitch extendió la "o" en su negativa y luego agregó una "p" al final—. Una carta de renuncia bastante estándar.

Katniss se sintió decepcionada.

—Oh… Vale.

—¿Vale?

Ella se enderezó un poco y vio su propio rostro reflejado en la superficie cromada de su microondas. Estaba hecha un desastre: cabello revuelto, ojeras pronunciadas y una mueca en la boca. La resaca había resultado brutal, pero Katniss sabía que no eran solo los efectos físicos del fin de semana los que la tenían destrozada.

—Eso he dicho ¿no?

Haymich rio por lo bajo.

—¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que publique un anuncio?

—¿Para qué?

—Para conseguirte una cita— bromeó Haymitch y Katniss se tensó—. Para reemplazar al chico, obviamente —dijo él y Katniss lo imaginó rodando los ojos.

—Eh… —dudó ella. Reemplazar a Peeta. Sonaba tan definitivo que ella se estremeció en respuesta a sus palabras—. Ya me encargaré de eso la próxima semana. Dile a Cashmere que, por ahora, la responsabilidad recae sobre ella y que ni piense que le estoy dando un ascenso, aunque mientras esté haciendo el reemplazo se le pagará como corresponde.

—Un arreglo provisional entonces. No es tu estilo, jefa.

"Hay muchas cosas malas en mi estilo usual", pensó Katniss con amargura.

—¿Eso es todo?

—¿Cuándo planeas venir? No es que te extrañe ni nada y todo ha ido la mar de bien, pero a menos que estés pensando en inaugurar un nuevo restaurante y no me lo hayas dicho, me parece raro.

—Adiós, Haymitch— dijo ella antes de colgarle.

Primero, respondió uno de los cuarenta y seis mensajes que tenía de su hermana. Gale, por su parte, había sido mucho más comedido y solo tenía cinco mensajes de él. Intentó tranquilizarlos a ambos, aunque no contaba con hacer un buen trabajo. Se sentía mal y no había forma de que ambos, conociéndola como lo hacían, se tragaran ningún cuento.

Rechazó la llamada de Prim y le envió un segundo mensaje diciéndole que no estaba bien, pero que lo estaría pronto y que, de momento, solo quería estar a solas para reflexionar.

Lo segundo en su lista era mejorar un poco ese aspecto de casi indigente que estaba mostrando. Pensó en remojarse en su bañera, pero los recuerdos que le traía eran tan dolorosos que, al final, se decantó por una ducha. Se frotó, utilizando una esponja, casi con violencia. Se lavó el cabello hasta que sintió como sus uñas rompían un poco el cuero cabelludo y, cuando se acabó el agua caliente, se quedó ahí, tiritando, hasta que reunió el valor para envolverse en una toalla y ponerse algo de ropa.

Se secó el cabello con secadora, cosa que nunca hacía, porque necesitaba tener las manos ocupadas. Además, el sonido atronador en sus oídos silenciaba, al menos en parte, el estruendo que llevaba dentro de su cabeza.

Aún no podía creer que lo hubiera arruinado. También le estaba costando aceptar que Peeta estaba tan increíblemente molesto con ella como para renunciar al que, según le había dicho una vez, era el empleo de sus sueños.

No podía culparlo. La culpa había sido de ella. Ella había sido quien había prestado sus oídos a lo que Cato tenía para decir y ella había sido, también, quien no se había preocupado lo suficiente por solucionarlo. Había sido una tonta.

Sin embargo ¿merecía perder a Peeta para siempre por eso? ¿Habían sido tan enormes sus errores como para condenarla a una vida entera sin volverlo a ver?

Apagó el secador y se quedó con la cabeza ligeramente húmeda. Parada frente al espejo. Viéndose a sí misma con aquellas ondas salvajes convertidas en un halo, sus ojos grises muy abiertos y las pupilas dilatadas por el pánico que sentía.

No podía. No podía ni quería perderlo. No así, no por eso.

Caminó, descalza, hasta su cocina y marcó el número de memoria. Le sorprendió darse cuenta de que se lo había aprendido. Nunca hacía ese tipo de cosas.

El teléfono timbró una, dos, tres veces y luego la envió al buzón. Con una punzada dolorosa en su pecho, comprendió que él había elegido desviarla hacia ahí. Sentía el corazón latiéndole desaforado en el pecho.

Contuvo el aliento y, cuando escuchó el bip que anunciaba que podía empezar a grabar el mensaje, las palabras empezaron a salir a borbotones:

—Hola… soy yo, soy… Katniss— le pareció algo tonto tener que decir quien era, como si él, siendo como era, no fuera a saberlo—. Escucha, sé que no quieres hablarme ni mucho menos verme, pero yo si quiero verte y hay un montón de cosas que tengo que decirte. Cosas que debí haber dicho antes y… y… —suspiró—. No importa.

Se sintió como una idiota cuando, en lugar de esperar a las opciones para borrar su mensaje, presionó el botón de colgar.

Se sentó en el suelo, contemplando la pantalla, ahora apagada, de su teléfono y, cuando no se iluminó de inmediato con una llamada entrante, se dio cuenta de que, hasta ese momento, había albergado la esperanza de que Peeta le devolviera la llamada en cuanto ella colgara.

No sucedió.

Se hizo un ovillo en el suelo y se quedó dormida.


Las amo a todas por su ronda intensa de amorsh para que actualizara hoy. Y, como lo prometido es deuda, aquí traigo el siguiente capítulo con algo de autocompasión de Katniss. En el siguiente (ya escrito) un personaje especial aparecerá para meterle algo de sentido común a esa cabeza. ¿Apuestas sobre quién puede ser?

La actualización de hoy se la debemos a Claudia Hernández, Nai1987, Guest, X, 96Ale-G, Guest, L, Mildred, Igora Mellark, zellideth76, Bea, Paola Ozuna, Giselle Jay, SunJoshifer, SempiternalGhost y Ady Mellark por sus maravillosos reviews.

Un abrazo y (espero) nos leemos pronto.

Saludos, E.