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El joven rubio seguía caminando en círculos alrededor de la pequeña cabaña abandonada, con su entrecejo fruncido. Dándole vueltas a la conversación mantenida horas antes con Irina tras la intervención de Amun y su gran repertorio de métodos persuasorios.

-Bien, tú decides: O por las buenas o, por las malas.- le sonrió con tono inflexible, el de la coleta, sin apartar su fría mirada de la asustada mujer. La cual se encontraba adormecida, a causa de los somníferos, que estaban diluidos en la sopa. La señora Denali seguía maniatada en su posición original.

El hombre de negro continuaba impasible a su lado y entre sus manos sostenía en uno de sus brazos enguantados un hierro candente.

-¿Qué deseas de mí, James? No sé nada- repitió por enésima vez con voz temblorosa.

-No me mientas, Irina. No me hagas enfadar o permitiré que Amun haga contigo lo que deseé- le volvió a advertir-. ¿Por qué la familia Cullen ha viajado a Forks?

La rubia comenzó a temblar. En su faz lívida como la de un fantasma surgió un inquietante sudor frío, que bajaba hasta su escote. El hombre de rostro deforme llegó de dos pasos hasta su posición, y sin perder un segundo, la despojó de su ropa, convirtiéndola en harapos; los cuales cayeron a un polvoriento rincón; y a continuación, le insertó sobre su pecho derecho la plancha.

Irina aullaba de dolor; pero en el rostro de Amun podía vislumbrarse con facilidad que estaba en su salsa, disfrutaba aplicando dolor sobre su blanca y suave piel.

Continuó con su extraño ritual por tiempo indefinido. La señora Denali se sentía desfallecer y casi con su último aliento antes de caer en la inconsciencia contestó:

-Los Cullen tenían previsto un viaje a Forks para pasar sus vacaciones en casa de los Black...-.

-¿Por qué?- inquirió James con presteza.

-Según creo, decidieron aceptar la invitación que Jacob, el presidente de la Fundación Swan, les había hecho la noche de la fiesta de disfraces…

Esas fueron sus últimas palabras antes de caer en la inconsciencia.

Pero algo le decía al señor Cam que ésa no era toda la verdad.

« ¿Por qué regresarían después de tanto tiempo? ¿Sólo para saludar a los viejos amigos? Ésa no le parecía una razón de peso suficiente para un viaje tan largo».

Según sus informes, el doctor Cullen y su familia no viajaban al pueblo desde el sepelio de los señores Swan. Todos seguían con sus vidas ajetreadas lejos del pequeño municipio. Todos excepto, Isabella Mary Swan. Ella solía venir varias veces al año acompañada siempre por el maldito de Edward Cullen, quien se había convertido en su sombra después de su último encuentro días antes de haber logrado su expulsión definitiva del instituto.

Los recuerdos tomaron forma en su mente evocando aquel desafortunado día y con él todo lo acaecido desde que se topó con su obsesión: Bella Swan…

Marzo de 2005

James había estado informándose de todos los pasos de la nueva alumna del colegio mayor, la introvertida e ingenua Bella Swan. En un primer momento le llamó la atención sus ojos profundos y achocolatados que contrastaban con el candor de su piel y sus apetitosos labios carmesíes. Pero una vez supo de quién se trataba sus planes se transfiguraron.

Pretendía engatusarla, conquistarla y así apoderarse de sus bienes para disfrutar de su posición social y económica; ya que sus padres le habían dejado una gran fortuna. Una vez logrado su objetivo, la abandonaría a su suerte. Por lo que decidió invitarla al baile de primavera. Ésa sería la escusa perfecta para acercarse a ella. La joven era una recién llegada y supuso que se sentiría alagada si le ofrecía el ir con él al baile; pues, era uno de los chicos más populares y carismáticos del último año.

Este había sido su plan desde el principio y de esta manera, vengarse de los Swan; ya que, gracias a los tejemanejes del letrado Charles Swan, el fiscal en el caso contra su padre, su progenitor lo había perdido todo. Y a consecuencia de ello, él se vio forzado a subsistir, luchando por hacerse un hueco en el mundo de los suburbios y de la clandestinidad.

Pero no contó con la tozudez innata de la muchacha la cual no le prestaba atención alguna y despreciaba todas y cada una de sus muchas atenciones; pues estaba centrada en sus estudios y entre sus planes, a corto plazo, no estaba previsto el estar saliendo con nadie. Se lo dejó claro en incontables ocasiones, pero finalmente James se hartó de sus desplantes y negativas por lo que un día durante el último cambio de aula se dispuso a asaltarla sin miramientos.

Era la última hora y como cada miércoles, Bella tenía clase de gimnasia por lo que después de aquella hora se encontraría acalorada y sudada así que, el de ojos azul hielo estaba seguro de que la encontraría en las duchas asignadas para las féminas, en el lado derecho del gimnasio. Tras cerciorarse de que no quedaba ninguna compañera en las distintas puertas, se adentró cerrando el portón que comunicaba con el recinto deportivo para que nadie le interrumpiese.

Bella se encontraba en la última puerta de color marrón claro retirándose su pantalón corto de color azul y su camiseta de tirantes roja con el símbolo del centro en el lado derecho de su costado, quedándose en ropa interior. De pronto sintió cómo se abría la puerta de un modo brusco, y sin tiempo a reaccionar, se vio apresada por los fuertes y rápidos brazos de James. Quien la arrinconaba contra la pared de la ducha mientras el agua caliente seguía saliendo de la alcachofa.

La muchacha se resistía con ahínco, arañándole en sus antebrazos y dejando profundos surcos con sus uñas; las cuales se rompían debido a que Bella solía mordérselas cuando estaba nerviosa. Intentó gritar descorazonadamente esperando que alguien oyese su ruego desesperado.

-¡Socorro!- consiguió pronunciar la morena tras morder a James en la mano que intentaba acallar sus alaridos y antes de que él le golpease con rudeza en su labio en respuesta a su mordida.

-Nadie me muerde, zorra- pronunció terminantemente mientras comenzaba a bajarse con una mano, la cremallera y desabrocharse el pantalón para dejar libre su miembro erecto y preparado, mientras que con la otra mantenía sujetas las dos manos de la chica-.

-¡No!- gritó aterrada la muchacha sin ver salida a esta trampa intentando zafarse de su agarre.

Cuando ya todo estaba perdido, pues el rubio había conseguido despojarla de su ropa interior, que consistía en un sencillo conjunto de color blanco; rasgándolo en dos y lanzándolo con furia a los pies de la mampara, a ras del pequeño desagüe donde el agua seguía cayendo sin tregua. Y, su presa lloraba con su cuerpo convulsionando por los espasmos provocados por el terror al saberse sin escapatoria posible, la puerta se abrió haciendo un ensordecedor estruendo chocando contra la pared. Y tras ésta se vio a un rabioso Quill que había oído sus gritos y había ido en busca de la llave a conserjería.

La escena que se presentó ante él lo dejó sin habla por un par de segundos, pero con rapidez se lanzó contra James que no se había percatado de la intrusión del moreno absorto en satisfacer sus bajos instintos. Pues Bella, a pesar de su juventud, poseía unas curvas de infarto que le llamaban e invitaban a perderse en ellas.

Por lo que Quill le retiró de su cuerpo y comenzó a darle mamporros a diestro y siniestro sin pausa. Cerró los puños y el primer golpe atizó certero en el estómago de James, quien se contorsionó de dolor haciendo que cayese de rodillas con sus pantalones empapados que estaban bajados hasta los tobillos.

El siguiente impactó directo hasta su nariz, que chasqueó rota y comenzó a sangrar; mientras su cabeza chocaba contra la pared y el depravado de Cam quedaba tirado e inconsciente tendido en el suelo, siendo salpicado por las gotas que saltaban desde la regadera.

-¿Estás bien, Bella?- le preguntó quitándose su cazadora y cubriendo con ésta a la asustada chiquilla que asintió sin decir palabra y completamente abochornada, estaba en estado de shock tras lo sucedido.

¿Seguro?- volvió a insistir al ver como la muchacha seguía temblando como una hoja.

-Sí. Sólo quiero irme a casa.- respondió saliendo del baño sin mirar atrás.

-Debemos decírselo al director, Bella- le recordó Ateara con voz suave como si supiese que un tono más alto le haría desplomarse de un momento a otro.

-Quiero irme a casa, Quill, por favor.- le imploró con los ojos marrones cristalizados y enrojecidos por las lágrimas.

Justo en ese momento la señora Martínez, la secretaria, venía en busca de la llave.

-¿Pero qué ha sucedido aquí?- interrogó a ambos desconcertada al ver el modo en el que Bella se encontraba. Tenía todo el rostro amoratado y restos de sangre seca sobre su labio, sobre sus hombros la cazadora, que por suerte le tapaba hasta la pantorrilla, y acercándose al baño pudo ver a James que comenzaba a despertar.

-James intentó forzarla, Clara.- explicó Quill en un susurro-. Llegué justo a tiempo de evitarlo, él se había encerrado para que nadie entrase.

-Informaré al director- dijo antes de salir de ahí dejando tras de sí la escena dantesca del baño salpicado de sangre por todas partes.

-Señora Martínez, quisiera irme a casa- le suplicó con voz lastimera Bella.

-¿Te encuentras bien? ¿No te hizo nada?- se interesó con voz trémula. La aludida asintió casi imperceptiblemente-Está bien-. Aceptó- Pero mañana, hablaremos en dirección- le advirtió la de ojos negros mientras le tendía unos pantalones cortos que el moreno había sacado de su bolsa de deporte, que había sobre uno de los bancos repartidos por el gimnasio-. Esto no puedo volver a pasar.

Al día siguiente ambos se presentaron junto a sus familiares. James venía acompañado por su tutor legal, el señor Colunga. Quill con su padre y Edward venía en representación de la familia Cullen ya que Carlisle había salido de viaje dos días antes. Este último estaba realmente enfurecido tras conocer lo sucedido el día anterior, por lo que no desistió hasta que finalmente logró la expulsión del centro por varias semanas del rubio. El cual seguía algo adolorido de la golpiza recibida. James quedó amonestado de que tenía terminantemente prohibido acercarse Bella Swan o cualquier otra alumna en el futuro.

Las semanas fueron pasando lentamente y el día de la cita señalada en el calendario, la última semana de mayo, para el baile de primavera llegó. Bella había decidido asistir del brazo de Quill Ateara como muestra de gratitud por lo que había hecho aquél día.

Ambos venían en la moto del moreno cuando se disponían a entrar, por el arco de flores, el cual daba la bienvenida al recito donde se celebraría el baile. Una vez hubieron dejado colgados sus cascos sobre el manillar, James saliendo de entre los arbustos. Intentó golpear al de ojos negros, el cual venía engalanado con su esmoquin de color negro y su pajarita de color morado a juego con el vestido de palabra de honor de Bella. Pero Quill, gracias a su gran agilidad y rapidez de reflejos, le esquivó. El puño del rubio sólo rozó el aire donde segundos antes se encontraba el rostro de Ateara.

Los asistentes al evento, que salían con las bebidas en sus manos en busca de un poco de aire, ya que dentro hacía mucho calor, al ver todo se acercaron hasta el trío situado a medio camino de la entrada.

James volvió a intentar golpear a Quill, pero sin lograr su propósito; pues, éste seguía esquivándolo con acierto y soltura.

-¿James, no te advertí que no quería que te volvieses a acercar a mi hermana?- le preguntó Edward que instantes antes había llegado en su volvo.

-¡Cullen, me importa un bledo lo que tú quieras!- le gritó exasperado el aludido, volviéndose hacia el cobrizo y lanzándole su mirada de rencor profundo.

-Deberías hacerme caso, James- pronuncio impertérrito el de ojos verdes, casi sin pestañear.

-¿Sí o qué me harás?- inquirió en tono despectivo el de ojos azul hielo-.

-Tendré que enseñarte modales- sonrió- Nadie se mete con mi hermanita y mucho menos un canalla como tú.

-¡Oh, qué miedo!- se carcajeó- ¿Quién me lo va a impedir, tú, un enclenque y debilucho Cullen?

-Sí, yo.- anunció Edward levantándose las mangas de su camisa hacia atrás. Dejando sobre la superficie mullida el presente que traía entre sus manos.

-No me hagas reír, quiere…

Pero antes de poder terminar su frase socarrona, Edward se había puesto en guardia y se había lanzado contra él alejándole del dúo. James no podía percibir por dónde llegaban los golpes, pues Edward se movía de modo tan vertiginoso y dúctil, que el rubio era incapaz de tan siquiera rozarle.

Sólo hubo una oportunidad en la que Edward se distrajo al oír la llegada del señor Claps, el entrenador, a quien los chicos habían llamado alertándole de lo que sucedía en la salida. Éste había intentado detener la pugna interponiéndose entre ambos, por lo que Edward había perdido su campo de visión lo suficiente para que James le golpease a traición partiéndole una ceja. Por fortuna, el cobrizo reaccionó con rapidez; y poco después era James quien se encontraba en el piso, con la cara ensangrentada por la rotura del tabique nasal junto a varias costillas. Cam no osó volver a levantarse del suelo donde había quedado desmadejado; pues sentía un agudo dolor punzante en sus costillas, el cual le dificultaba el respirar. Pero a pesar del estado lamentable en el que había quedado, aún tuvo la desfachatez de lanzarle su mirada cargada de un hondo aborrecimiento y desprecio hacia aquél que se había interpuesto en su propósito.

Mientras el entrenador llamó a una ambulancia donde James sería trasladado de urgencia hacia el Cedars Sinaí Hospital. Pero no sin antes haber oído la nueva advertencia del joven Cullen:

-No intentes volver a tocarla, o la próxima vez te partiré el alma- le prometió Edward sin apartar su mirada que casi parecía roja ardiente con restos de la furia que seguía fluyendo por todo su cuerpo- Y volviéndose hacia la pareja, que seguía petrificada en su posición germinal, les preguntó- ¿Os encontráis bien?

-Sí, gracias- Contestaron al unísono.

-¿Tú estás bien, no te pasó nada? – se interesó una aturdida Bella.

-Sí, estoy bien, princesa. Disfrutad del baile- respondió- ¡Ah, lo olvidaba!- exclamó-. Yo venía por esto. Lo habías dejado olvidado en la cómoda de casa- explicó mientras colocaba el bello ramillete de flores en su temblorosa muñeca.

-Tu ceja, tus manos, Edward, estás herido!- exclamó Bella llevándose su mano hacia los labios para acallar un grito de horror.

-Princesa, estoy buen. Son simples raspaduras. No te preocupes, ahora disfruta de la fiesta.- le pidió besándola en la frente- Quill, cuídala. Nos veremos en casa.

Poco después como si hubiese recordado que no estaban solos se giró hacia el señor Claps y dijo:

-Siento todo esto, Matt. Yo no pretendía…

-Buenas noches, Edward, deberías mirarte esos nudillos, no tienen buena pinta. Me acompañarás hasta el hospital para que te revisen y así me quedaré más tranquilo.

-Gracias.

-Por cierto, señor Cam- dijo el entrenador recordando al maltrecho muchacho- le espero en dos días en el despacho del director junto con su tutor. Debemos hablar sobre lo conveniente que es su permanencia en este centro educativo- y sin esperar respuesta cerró las puertas de la ambulancia donde había sido introducido por los paramédicos.

Una vez James llegó al hospital, donde fue atendido de sus heridas y contusiones, manifestó ante el médico de guardia que había sufrido una agresión. Por lo que éste dio parte a la policía; pero tras las pesquisas llevadas a cabo en la investigación, en la cual se entrevistó a los distintos testigos de la pelea, todo quedó en una simple advertencia de no meterse en más líos; además, de que Edward tuvo que pagar una pequeña cuantía económica, ya que éste no tenía antecedentes.

Dos días después, el señor Cam era expulsado del Instituto Gnóstico De Anthrplg. A partir de entonces a James le resultó imposible el acercase de nuevo a Bella Swan.

James se adentró en el interior de la devastada chozuela. Había olvidado el teléfono móvil sobre su camastro, el cual se encontraba en el piso más alto. Esperaba la llamada de su mano derecha, la exuberante Tanya, de un momento a otro.

Cuando de repente se escuchó de fondo los gritos desesperados de Irina en la sala que había sido asignada como su prisión. Sonrió para sus adentros al imaginar lo que le tendría preparado el de ojos dorados a su marioneta. Amun le había echado el ojo a la mujer desde el primer instante en la que la vio. James había visto el brillo en aquellos ojos fuego, y a pesar de haber recibido su negativa, sabía que aquel hombre no se rendiría. Amun no era de los que aceptaban un "no" por respuesta. También conocía su tendencia a jugar duro y no había estado con ninguna otra mujer después de la desaparición de su esposa, Victoria…

-Despierta, gatita, ¡Vamos a jugar!-. dijo Amun, James pudo imaginárselo sumergido en su salsa, haciendo una rara mueca parecida a una sonrisa.

-No, suéltame. ¡No me toques!

-Eso es. Sigue así- se oía la tosca voz del hombre de negro a través de la mohecida puerta.

¡No, por favor!- imploraba entre lágrimas la mujer víctima de su ultraje y retorciéndose de su agarre.

Mientras el señor Cam salió de nuevo para disfrutar del aíre puro y el aroma de los enormes árboles que rodeaban la caseta, con intención de fumar un cigarrillo y, llevándose la mano hacia el bolsillo, sacó un mechero.

De este modo, le dejaría vía libre para que su tercero al mando pudiese desfogarse a gusto. Al fin y al cabo, Irina ya no le serviría de nada; al menos, por el momento, pues no parecía saber mucho más.

Mientras veía como el humo hacía diferentes formas conforme la colilla se iba acotando entre sus dedos, se dejó envolver una vez más por sus recuerdos…

El inesperado reencuentro con la joven Swan se le presentó años después en marzo del 2009. James había ido a visitar a una amiga suya, Tanya Collins que estaba cursando 1º de enfermería cuando vio a Bella traspasar las puertas de la facultad. Venía con numerosos y gruesos volúmenes entre sus brazos e iba rápido hacia su siguiente clase, probablemente llegaba tarde; por lo que no se percató de la presencia del rubio, que estaba apoyado sobre el marco de la puerta, con sus brazos cruzados sobre el pecho, esperando que su novia terminase su última clase del día.

Sin creer aún su suerte, la cual le había dado la oportunidad de que nuevamente esa mujer se cruzara en su camino, James comenzó a seguirla durante varias semanas. Sin perder detalle de cada uno de sus pasos. Y pudo comprobar con sus propios ojos, siempre alejado para no ser reconocido por ninguno de los dos, cómo la complicidad de hermanos entre Edward y Bella se había convertido en algo mucho más profundo e inquebrantable.

En una de estas oportunidades, el señor Cam observó desde su escondite cómo la pareja se regalaba caricias y arrumacos mientras compartían un pequeño picnic en uno de los jardines interiores que se encontraban rodeando el campus de la facultad de medicina, disfrutando de su burbuja personal.

-Pensé que sería buena idea invitarte a comer. Ya que no puedes salir; pues estás en época de exámenes, decidí traerte una variedad de viandas a elegir.- decía Edward con su sonrisa torcida- Ya sabes, si Mahoma no va la montaña….

-Gracias, Edward- le besó tiernamente en sus labios regalándole una sonrisa por tan hermoso detalle- Estaba hambrienta. No he probado bocado desde el desayuno.

-Lo sé- le correspondió con otro dulce roce- Por eso he traído de todo un poco: sándwich, zumo, paté…- enumeró- , fresas, nata y chocolate para el postre- La muchacha se relamió los labios y le miró con picardía.

Cuando Edward Cullen se interpuso en su camino, dando al traste con sus planes, tomó la determinación de que si Bella Swan no era para él, no lo sería para ningún otro; y mucho menos, para el pequeño de los Cullen. Sólo pensar en ellos juntos su sangre hervía de rabia…

Así que, cuando Tanya le habló sobre la posibilidad de trabajar en el Children´s Hospital Los Ángeles, no desaprovechó la ocasión y entró a formar parte de la inmensa plantilla del centro médico, bajo la identidad de Riley Birds. Así podría tener acceso a todos los movimientos de la futura doctora Swan.

Pocos meses después, la oportunidad se le presentó cuando en una de las muchas conferencias del doctor Cullen a Washington, Bella le acompañó junto con Edward y su madre. Por lo que lo dispuso todo para raptarla y obligarla a, esta vez sí, casarse con él y así adueñarse de sus bienes tal y como había planeado en principio. Pero no siempre se gana y… tras su intento fallido de rapto que desembarcó en tremendo fiasco, y la prematura muerte de Swan junto a la esposa de Amun, lo único que le quedaba a James era su acérrima enemistad hacia la familia Cullen. Más concretamente, hacia Edward Cullen, el hombre que embargó sus planes y haciendo que éstos no llegasen a buen puerto.

De pronto sintió vibrar el móvil que conservaba en uno de sus bolsillos de los vaqueros raídos que vestía. Lo abrió y comprobó que se trataba de Tanya. Ésta, siguiendo sus órdenes, había regresado a su puesto como secretaria personal y asistente del doctor Uley.

-James, amor…- le saludó la joven Collins-.

-Dime, ¿Hay novedades?

-Sí. Es raro, esta mañana cuando he vuelto a mi puesto el doctor Uley se encontraba reunido y, según me había dicho su hermana, Karen, no debía ser interrumpido- explicaba punto por punto la joven rubia con tono pensativo.

-¿Y, qué ocurre, Tanya? Ve al grano- le pidió con su tono más templado posible. El hombre había comenzado a tirarse de su coleta, haciendo que salieses algunos mechones de su larga cabellera dorada. Eso no le gustaba nada.

-Estaba con el doctor Cullen, y el señor Willow. Los tres salieron con gesto adusto y serio de su despacho. Poco después el doctor Uley me pidió que le cancelase sus citas para dentro de unos días, que sólo realizaría las operaciones urgentes, ya que le había surgido un problema personal y debía estar libre durante esta semana completa.

-¿Una semana completa, por problemas particulares? Eso no me da buena espina…- susurró para sí mismo-. No pierdas detalle a ver si averiguas a qué se refiere con problemas personales.- sin más cortó la comunicación y se introdujo en la cabaña. Debía charlar otra vez con su "invitada". Y con suerte, su compañero de cama estaría presentable. Esperaba que éste no se hubiese excedido en demasía en sus muestras de pasión.


Siento el retraso, pero la semana pasada me fue imposible actualizar. Espero que este capi compense la espera. Nos vemos la semana próxima. Gracias a todas por su reviews, sus favoritos… son muy especiales para mí.