When All is Lost, One is Found. En Español.

Autora: Rinoaebastel

Capítulo 33: El Duelo Tembloroso

Disclaimer: Harry Potter no es mío y no gano nada con esto, solo practicar en la escritura. Harry Potter es propiedad de JK Rowling.

AN: Esta historia puede contener escenas de los libros y de las películas de Harry Potter, pero no con el dialogo exacto, este ha sido reescrito u omitido. No está señalado.


Septiembre, 1996

Los primeros y los últimos días de la semana eran siempre los peores en el colegio. Hoy era viernes y los críos eran más ruidosos, además de que por alguna razón pensaban que podrían librarse de responsabilizarse ante sus actitudes. Quizás eran capaces de hacerlo con otros profesores, pero no con él. Él era el mismo sin importar que día de la semana fuera.

Granger se retiró de la mesa. Estaba sola de nuevo y se percató de que apenas había tocado la comida. Toda la semana había sido igual. La muchacha se sentaba en el rincón de la mesa, comía un poco mientras estaba centrada en uno de sus libros casi toda la comida, y entonces se marchaba sin nadie que la siguiera.

Buscó con los ojos por la mesa hasta que encontró a Weasley y a Potter juntos. Ambos parecían no tener ningún problema. Como sí la muchacha nunca hubiese existido en sus vidas.

Se levantó del asiento con una silenciosa elegancia y siguió a Granger. Tenía una clase que dar e iba a disfrutarla inmensamente.

Con pasos rápidos, la alcanzó en el pasillo que conducía a su clase. Sintió sus ojos en él, y en contra de su voluntad, sus pasos se volvieron más lentos, emulando la marcha de la muchacha. La mirada que ella le ofreció fue extraña. Llena de gratitud y respeto.

—Buenos días, profesor.

Él solo respondió con una inclinación y se obligó a acelerar el paso, rompiendo cualquier tipo de contacto. Tras una pequeña caminata, abrió la puerta de la clase.

Una sonrisa burlona cruzó sus labios cuando vio a algunos estudiantes sobresaltados y continuó caminando hasta llegar a la mesa del profesor. Granger entró un minuto después, tomando asiento en la última fila.

Otro comportamiento extraño que picaba su curiosidad.

La miró y vio una corta sonrisa mientras ella ponía el libro en la mesa.

En el nombre de Merlín ¿Que le pasaba? Se negó a aceptar más gratitud por parte de la muchacha.

Se dio la vuelta, sin querer lidiar con tal situación en aquellos momentos.

Por suerte, la clase comenzó a llenarse y las conversaciones se detuvieron. Hoy no tenía mucha paciencia. No cuando los grupos a los que tenía que enseñar eran los Slytherins y los Gryffindors juntos.

—Todas sus clases en esta materia han sido mediocres e impartidas por profesores no cualificados. Al realizar esta asignatura conmigo aprenderéis la realidad sobre la Defensa Contra las Artes Oscuras. —movió su mano, descubriendo los múltiples cuadros con imágenes grotescas en movimiento. —Esto son ciertas maldiciones con sus efectos. Deben apreciarlas para así aprender las consecuencias que conllevan usarlas. Os enseñará a respetar estas artes, y a temerlas. Os harán pensar dos veces antes de usarlas en situaciones injustificadas. Además, al conocer todo sobre ellas, tendréis la oportunidad de protegeros contra dichas maldiciones.

Pausó sus palabras un momento para estudiar a sus alumnos. Las reacciones que mostraban era lo que había buscado. Pocos mantenían la calma. Otros estaban horrorizados con las imágenes, mientras que otros parecían que iban a vomitar. Y Potter, para su irritación, estaba tranquilo. Ni si quiera se agazapaba con disgusto. El chico solo lo desafiaba con los ojos.

Con otro movimiento, su varita apareció en su mano.

—Mantened los libros en vuestras mochilas. Ya habéis perdido cinco años mirando la teoría. Empezaremos con la práctica y leeréis la teoría por vuestra cuenta. —un sonido llenó la clase. Cuando todo volvió a ser silencioso, cruzó sus brazos. —Empezaremos con los hechizos no verbales ¿Puede alguien decirme que son y porqué son importantes?

Nadie levantó la mano, ni si quiera Granger.

Sus labios se retorcieron ante la anomalía. Estaba seguro de que ella sabía la respuesta. Siempre la sabía. En vez de eso, ella se acobardó ante su mirada, escondiéndose de él, de llamar la atención. Respeto era una cosa, pero esconder el conocimiento y no participar era algo completamente distinto. Esto estaba fuera del carácter que ella tenía. La muchacha siempre había querido demostrar lo que sabía y levantaba la mano hasta el punto de ser irritante, pero ahora ella estaba, literalmente, escondiéndose.

—Señorita Granger, requiero de su memoria para enseñar a estos compañeros descerebrados suyos algo que ya deberían saber.

La muchacha se tensó. Definitivamente no quería llamar la atención.

—Sí señor. —ella estiró su postura ligeramente. No era una cobarde cuando la retaban, y él casi sonrío ante ello. —Esa clase de magia consiste en formar hechizos sin verbalizarlos. Además, le da al brujo que los realiza una ventaja si el oponente no sabe con lo que va a ser hechizado.

—Correcto, señorita Granger. Gracias por su intelecto superior, pero todavía está muy apegada a las palabras del libro. —escuchó a Malfoy reírse e intentó no rodar sus ojos. Pero ella tenía esa pequeña sonrisa. La muchacha sabía que acababa de concederle un elogio y una crítica constructiva. Por Merlín. Si solo ella se había percatado, los cerebros de sus estudiantes eran un caos total.

Este día, ella era un reflejo de lo que había sido él cuando se sentaba en esta clase, en el mismo sitio, y por un momento permitió emerger un sentimiento de compañerismo hacia ella.

—Formen parejas y comiencen a practicar encantamientos simples y maleficios sin hablar. —sabía que esto iba a llevar meses. Estaban demasiado rezagados.

Mientras veía a sus estudiantes moverse, la encontró de nuevo. La bruja estaba intentando encontrar un compañero, pero solo recibía rechazos hasta que encontró a Neville. El muchacho era un idiota para algunas cosas, pero al menos, a ella no le guardaba ningún rencor. Sin embargo, el por qué los estudiantes la trataban de aquella manera, era todavía un misterio.

Por mucho que no quisiera admitirlo, ella sería la primera en dominar esta forma de luchar.

Como él lo hizo en su juventud.

Con un movimiento de su varita, las mesas se movieron hasta que estuvieron situadas alrededor de las paredes junto con las sillas. Algunos de los estudiantes que seguían sentados se cayeron al suelo. Pasado un minuto, todos los estudiantes estaban en parejas y esperando sus instrucciones.

—Comenzad. —ordenó y las voces emergieron. Todos habían fallado al primer intento. —¡He dicho un hechizo no verbal, Potter!

El chico se detuvo para mirarlo con una mirada molesta.

—¿Qué? No he sido el único que…

—Silencio y diez puntos menos para Gryffindor. La próxima vez mantenga sus gritos más bajos que el resto. Puedo oírlo por encima del resto. O mejor, siga mis instrucciones y realice su hechizo sin usar la voz. Quizás de esa manera puede que las personas a las que quiera no acaben muertas.

Pudo ver al chico rechinando sus dientes y con un rápido movimiento lo vio alzar la varita contra él. Que fácil era irritarlo. Con el corto temperamento que tenía el chico, solo podría ponerse a sí mismo en peligro.

—¡No diga cosas que no sabe, maldito bastardo!

La clase se quedó en silencio.

Severus quería matarlo.

Adolescente hipócrita. Juzgándolo sin saber nada.

Miró al chico con ojos asesinos. Como deseaba poder castigarlo con algo más que quitarle su tiempo libre.

—Castigado, señor Potter. Durante un mes con el señor Filch. —dijo con dureza. —Continúen practicando.

Los estudiantes lo obedecieron como sí el miedo se hubiese rejuvenecido con el intercambio de palabras.

Se movió por alrededor, observando a sus estudiantes. Todos ellos fallaban al llamar la magia. Y fue a corregir a los que pudo. Entonces encontró a Neville y a Granger. Ella ni siquiera tenía su brazo levantado. No estaba haciendo ningún esfuerzo por defenderse. Por supuesto, él no podía culparla. Después de todo estaba emparejada con Neville.

—¡No baje la guardia incluso cuando su oponente sea un incompetente, Granger! —gruñó, y tras una breve mirada hacia él, ella asintió.

—Cierto, señor. Lo siento, señor. —respondió ella, esta vez centrándose en lo que debía hacer.

Pero en ese instante, pudo ver la mano de ella temblando de forma incontrolada. ¿Tenía miedo? Algo así no debería haberla asustado después de todo por lo que había pasado.

La miró de forma confusa, intentando ver el duelo desde las sombras desde el rincón en el que estaba. Ningún hechizo salió de la varita de ella y el temblor no se detuvo en toda la hora que quedaba. Incluso Neville logró desarmarla.

Los estudiantes salieron corriendo en el momento en que la clase terminó, pero él, aún tenía su espalda contra la pared, pensando en los eventos de hoy y enlazándolos con los otros que había presenciado. Su preocupación por la joven bruja estaba creciendo. Parecía estar deprimida la mayor parte del tiempo, pero hoy había estado asustada. Estaba traumatizada por algo en relación a los duelos. Ya lo había visto antes en otros magos experimentados.

En ese instante, sus oídos percibieron las voces de Weasley y Granger fuera de la clase y se acercó a la puerta.

—Ya sabes como es. Necesita tiempo para lidiar con lo que ha pasado, y tú no se lo estás poniendo fácil.

Severus era consciente de que la situación tenía que ver con Potter, pero era interesante escuchar la confirmación de sus sospechas.

—L-lo sé…pero…me he disculpado pero…me está evitando. Y tú también, Ron. —la voz de ella sonaba como si estuviera al borde de las lágrimas.

—Bueno, tú eres fuerte y él no. Él me necesita más. Lo siento pero él es mi mejor amigo.

Ese crío era estúpido. No necesitaba evitar a un amigo para ayudar a otro. Su mente volvió a Lily. Antes de estropearlo todo con su comentario, ella había sido amiga con él y con los Gryffindors al mismo tiempo.

—Eres… ¿Sabes qué? ¡Vale. Ve con él. No os necesito a ninguno! —escuchó un gruñido y algunos pasos. —Aun así dile que lo siento. —los pasos se desvanecieron y escuchó un pequeño sollozo.

Su cuerpo se tensó en respuesta. Algo dentro de él se revolvió hasta el punto de sentir repulsión por el chico y simpatía por la muchacha. Sabía lo que era el vivir el rechazo de una disculpa.

Sus emociones tomaron el control y salió fuera de la clase. La muchacha estaba apoyada con la espalda en la pared mientras lloraba silenciosamente.

—Lo siento, Harry. —apenas podía escucharse el murmullo de la muchacha, repitiendo su disculpa una vez, otra. Por Merlín, ese chico no se merecía ninguna de esas lágrimas después de a lo que la había arrastrado. Después de casi matarla con sus estupideces.

—Debería restarle puntos por humedecer mi pasillo. —replicó él, no por rabia hacia ella, sino hacia los dos chicos.

Ella alzó la vista, sorprendida y cuando se percató de su presencia, sus mejillas tomaron un ligero color rojo.

—L-lo siento, señor. Me iré. —ella intentó limpiarse las lágrimas del rostro con la palma de la mano.

Dejó escapar una larga exhalación de sus pulmones y su ira parecía disiparse con ello. No podía creerlo. Su estado de humor había cambiado tan fácilmente.

—Sí alguien debe disculparse, es él.

Los ojos de la muchacha se ensancharon.

—N-no lo creo, señor. Me odia. No sé si en algún momento podrá perdonarme.

Su miseria provocó que su ira creciera de nuevo. ¿De qué estaba hablando? Sí ella había cometido un error con Potter y se había disculpado, debería ser perdonada sin importar lo que hubiera hecho. O al menos, no ser tratada como una paria. Después de todo en lo que el chico la había arrastrado, no tenía ningún derecho a ser rencoroso con ella. Pero a pesar de que la curiosidad lo carcomía ante esta situación, no era de su incumbencia.

Pero, de nuevo, sí afectaba al rendimiento de la muchacha en sus clases, entonces no estaba fuera de lugar que se involucrara.

—Tiene alguien en su entorno que debe perdonarla. Esfuércese para conseguirlo. —los ojos de la muchacha lo miraron con asombro, olvidando las lágrimas. —Es usted una Gryffindor irritante. Estoy seguro de que puede lograrlo. —la mirada de ella se suavizó y una tímida sonrisa se formó en sus labios.

—Le agradezco sus palabras. —la muchacha se inclinó. Nadie le había dedicado tal cosa. —Lo intentaré lo mejor que pueda y seguiré su consejo.

Ella se enderezó y él la estudio. No había rastro de burla. Nunca lo había por parte de ella.

—De acuerdo, señorita Granger. No deseo que me inunde el pasillo otra vez. —se le escapó una simple broma.

—¿No va a restarme puntos, señor?

—Hoy no. —cruzó sus brazos. —Váyase. Tiene clases que atender y un tiempo para resolver su problema durante este fin de semana.

—Gracias, profesor Snape.

La muchacha se fue caminando y él se tensó.

Que le dieran las gracias de una forma tan sincera y tan frecuente, tendía a provocar que reaccionara de aquella forma.


AN: Bueno...pasitos, pasitos y misterios. Dejarme lo que pensáis en los comentarios y espero que os haya gustado. Nos vemos el 1