Bueno, aquí está otro capítulo...uno más y uno menos...Lamento la tardanza, pero he estado muy agobiado con el trabajo
Espero que os guste.
Los personajes no son míos
Haciendo balance
Quince de noviembre de 2002
En cuanto escuchó como se cerraba la puerta Draco abrió los ojos. Le había costado mucho fingir ante Harry que seguía durmiendo...aunque la verdad era que no había pegado ojo en toda la noche. Aquella misma mañana, dentro de unas horas, se celebraba su juicio, y aunque pensaba que sería ridículo que le condenasen (no tenía crímenes de sangre ni había sido marcado), no se sentía del todo tranquilo. Por eso se había hecho el dormido cuando Harry había tratado de despertarle: necesitaba estar un poco a solas, hacer balance.
Haciendo recuento de los últimos cuatro años, tenía que reconocer que habían sido los mejores de su vida. No es que lo anteriores hubiesen sido malos, o que no tuviesen sus cosas buenas, pero observándolos desde la distancia le parecían vacíos, tenía la sensación de que durante todos esos años había sido un ser incompleto. Y que al estar con Harry ese ser se había completado de una forma que nunca habría creído posible.
El juicio...por fortuna tenían a la opinión pública de su parte, aunque Draco no había ahorrado esfuerzos para que así fuese. Ni él ni Harry negaron nunca su relación, y debido a que en el colegio no la escondieron a partir de la Navidad del séptimo año (aunque tampoco se dedicaban a ir de la mano por los pasillos), muchos de los familiares de sus compañeros de Hogwarts estaban ya al tanto de todo y tuvieron el tiempo suficiente para asimilarlo. En cuanto al resto del mundo mágico, y sobre todo a la gente de más edad, Draco no dudó en echar mano de aquello que tenía más cerca...
La idea le vino a la cabeza un par de años antes. Hacía uno que habían salido del colegio y de vez en cuando seguían recibiendo vociferadores, maldiciones por correspondencia, y algún alma caritativa enviaba a Draco todos los artículos que salían en el Profeta o en cualquier otro periódico sobre los juicios de los mortífagos con un encantador pie de página: "Tú serás el siguiente". Esto a Draco le traía sin cuidado y con un sencillo movimiento de varita los reducía a cenizas, aunque sí llegaron a molestarle los vociferadores: le producían un espantoso dolor de cabeza. No decían (o más bien gritaban) más que tonterías, pero se dio cuenta de que a Harry le afectaban más que a él. No es que se replantease su relación con Draco, algo de lo que éste se sentía aliviado y orgulloso a un tiempo, pero se le veía alterado, muy nervioso: tanto que un día casi lanza una maldición a Cootes cuando éste se le acercó por la espalda en el callejón Diagon y le dio una palmada en el hombro sin previo aviso. Bien, había llegado la hora de tomar cartas en el asunto y un día en la Mansión Malfoy, viendo como Harry intentaba enseñar a Lorian a montar en su escoba de juguete, la solución le pareció tan sencilla que le dieron ganas de darse un cabezazo contra el banco de mármol en el que estaba sentado...
- No Lorian, tienes que agarrarla fuertemente con las dos manos, ¿ves? –Harry se sentó en su escoba e intentó que el niño le hiciese caso -. Mira, mira como sujeto la escoba.
- ¿Choba...? –balbuceó el pequeño Lorian, señalando a Harry y sonriendo -. Choba Oian.
- Sí nene, si. Lo que tu digas –frustrado se giró hacia Draco y le hizo un gesto de resignación -. Lo siento, no lo entiendo. No sé que me trata de decir.
Draco sonrió: con lo cariñoso que era Harry y lo mal que se le daban los niños, aunque estos parecían estar encantados con él.
- Dice que es la escoba de Lorian. Pero no te molestes, apenas está empezando a andar. Creo que es un poco pronto para enseñarle a montar en escoba.
Pero Draco sabía porque hacía Harry todo esto. Al haberse criado con sus tíos ( Draco aun se la tenía guardada) no había podido disfrutar de una educación normal, ya fuese mágica o muggle, y por eso trataba que Lorian no echase nada en falta, y mucho menos a un padre. Pero en ese aspecto Harry podía estar tranquilo porque no conocía un niño tan mimado como su hermano pequeño. Muchas eran las personas que acudían de visita a la mansión Malfoy y todas esas visitas traían regalos y atenciones para Lorian: desde los habituales como Harry o Andrómeda, que siempre venía con Teddy y los dos niños parecían llevarse bien, hasta los que pasaban de tarde en tarde como Hermione y Weasley, Pansy y Adrian, o Nott, que invariablemente venía solo.
Viendo como Harry se desvivía por cuidar de Lorian como si fuese su propio hermano o incluso su hijo, se dijo que esa era una faceta suya que sorprendería al mundo mágico si se conociese. Esa idea le llevó a otra, y esta a otra...y cuando su plan estuvo maduro (al cabo de quince minutos) decidió que esa noche durante la cena se lo expondría con toda su crudeza, aunque sabía desde un principio que le iba a poner pegas a su ingenioso plan.
Estaban acabando de cenar (esa noche la pasaba Draco en Grimauld Place) y Draco sirvió como postre dos grandes helados de chocolate con avellanas, el favorito de Harry. Cuando iban por la mitad, Draco dijo como si se le hubiese acabado de ocurrir:
- Oye Harry, ¿qué te parece si el sábado llevamos a Lorian de paseo por el callejón Diagon?
Harry, con la cuchara a medio camino entre la copa y su boca, le miró como si acabase de anunciar que quería atracar Gringotts con una pistola de agua.
- ¿Qué pasa? ¿No te parece buena idea? –Draco intentó parecer lo más inocente posible, pero sabía que no había colado.
Harry tragó lo que tenía en la boca y dejó la cuchara despacio sobre el mantel, sin dejar de mirarle de hito en hito.
- Sí. Pero ahora me vas a explicar por qué a ti te parece buena idea. Y lo vas a hacer muy despacio, como si yo fuese el propio Lorian.
- No sé a donde quieres ir a parar –Draco se concentró en su helado, como si fuese lo más importante del mundo.
- Vamos Draco –le increpó Harry, aunque con una media sonrisa que venía a decir que no se iba a dejar engañar tan fácilmente -. Aun recuerdo cuando hace unos meses llevaste a Lorian al médico y casi lanzas una imperdonable a un fotógrafo que trataba de hacerle una foto. Si no llega a ser por Padma Patil le hubieses cruciado la cabeza y ahora estarías en Azkabán.
- Lo recuerdo –y añadió con un deje de rabia -. Malditos sanadores en prácticas... Pero creo que deberíamos presentar a Lorian en sociedad.
- Claro. En sociedad. Porque el bautizo mágico, al que tu madre invitó a más de cien personas, no cuenta, ¿verdad?
- Aun no sé como fue tanta gente –comentó Draco para sí mismo.
- Yo sí lo sé –aseguró Harry -. Puede que el apellido Malfoy no sea tan respetado como antes, pero Narcissa es una de esas personas que si dicen rana, lo único que puede hacer uno es saltar. Ahora en serio Draco, explícame porque quieres que llevemos a Lorian de paseo al callejón Diagon, donde todo el mundo puede verle y....
En ese momento la luz del entendimiento apareció en los ojos de Harry, y tras balbucear unas cuantas incoherencias, por fin pudo arrancar.
- ¡¡No!! ¡¡No me lo puedo creer!! ¿Piensas utilizar a Lorian para que el mundo mágico tenga mejor concepto de ti? –parecía entre escandalizado y divertido a partes iguales -. Creo que no puedes caer más bajo, Draco Lucius Malfoy.
- Oh, vamos, no es para tanto –hizo un gesto con la mano para quitar importancia al asunto -. Además, no pienso utilizar solo a Lorian: también a te pienso utilizar a ti. Por Merlín, ya me parece estar viendo los titulares del Profeta y Corazón de Bruja...
Y con una pícara sonrisa, le lanzó un beso desde el otro lado de la mesa mientras le guiñaba un ojo. Se notaba que Harry trataba de mostrarse indignado por su comportamiento, pero sabía que en el fondo estaba haciendo un gran esfuerzo por no comenzar a reír.
- Joder Draco....es que no sé –comenzó a decir algo más serio -. Es como si estuviésemos engañando a la gente, ¿no? Haciendo el papel de familia feliz y todo eso.
- Yo no lo veo así: simplemente mostramos a la gente lo que hacemos en la intimidad –al darse cuenta del doble sentido de sus palabras y ver como Harry subía las cejas hasta el nacimiento del cabello se corrigió en el acto -. Bueno, no todo: simplemente es dejarnos ver con Lorian, de paseo, los dos de la manita. Vamos, Harry, la gente difícilmente se puede resistir a un niño: y un niño que desciende de los Malfoy y de los Black, mucho menos.
- Dímelo a mí –comentó en voz baja -. Pero aun así, ¿no crees que les estamos manipulando?
- Por favor Harry –levantó la nariz hacia el techo y recuperó algo de su antigua arrogancia -. No sé como puedes dudarlo: se trata simple y llanamente de manipularles... Aunque más bien diría que se trata de presentar la verdad de otra forma.
Harry aun permaneció pensativo unos minutos más mientras acababa su helado. Pero Draco ya sabía que acabaría por acceder y ahora su mente estaba ocupada en seguir los lentos movimientos de Harry mientras se llevaba la cuchara a la boca y lamía su contenido, ignorante de su propia sensualidad en un acto tan sencillo como ese.
- Está bien –acabó por acceder -. Pero nada de parecer dos hufflepuffs de cuarto. Como me llames "cari", "cuchi-cuchi" o algo así me voy antes de que te de tiempo a decir "snitch".
- Prometido. Una cosa es que quiera que me vean más humano y cariñoso, y otra que piensen que me han hecho una lobotomía. Ahora...-comenzó a decir arrastrando aun más las palabras, lo que era signo inequívoco de que tenía ganas de marcha -, ¿qué tal si nos vamos a la cama? Verte hacer guarradas con la cuchara del helado me ha dado un par de ideas.
Harry apoyó la cuchara en la copa vacía y le miró de forma insinuante.
- Muy bien Malfoy, te echo una carrera: el que llegue antes, gana.
- ¿Y que es lo que gana? –preguntó con una voz más parecida al ronroneo de una gato que otra cosa.
Pero Harry solo subió y bajó un par de veces las cejas y para cuando comprendió el mensaje implícito de ese gesto, Harry ya se había levantado y alcanzado la puerta de la cocina. Draco se levantó de un saltó, tirando la silla y casi el mantel en el proceso y salió corriendo detrás de él, gritando cosas como que el alumno nunca podrá superar al maestro y sobre gryffindors salidos con alma de slytherin, mientras Harry se partía de risa. Pero en realidad no le importaba llegar el último: con Harry, de una forma u otra, siempre ganaba.
Ni que decir tiene que el plan de Draco salió a la perfección. La solución había sido muy sencilla: en vez de esconderse, lo único que tenían que hacer era dejarse ver, que el resto de la comunidad mágica les viese como lo que eran: dos chicos normales de cerca de veinte años dando un paseo con el hermano pequeño de uno de ellos. Y aunque las primeras veces las conversaciones cesaban a su paso, cuando se acostumbraron a verles juntos con Lorian, las brujas de más edad comenzaron a acercarse y a preguntar por el nombre del niño (lo que sabían todas de sobra), sobre el tiempo que tenía o cosas así. Y esa era la oportunidad que Draco había esperado. Más de una se alejó con lágrimas en los ojos al escuchar a Draco relatar con la voz teñida de falsa lástima (Harry sabía muy bien distinguirla de la verdadera) los chantajes y las extorsiones a las que Voldemort le había sometido, a él y a su familia. Y aunque sabía que Lucius se merecía el castigo que tenía, no podía dejar de pensar que Lorian iba a crecer si un padre, y que él estaba tratando de ser un pobre sustituto del mismo.
Había que reconocer que sabía cómo dar pena, aunque solo la justa. Pero eso era lo suficiente para que todas las matronas del mundo mágico hablasen de la extraña y emotiva estampa que encontraban todos los sábados en el callejón Diagon. Y poco a poco sus maridos fueron cambiando de parecer y empezaron a pensar que quizás no estaban siendo del todo justos con los Malfoy que aun estaban en libertad.
Bien, aquello no era exactamente mentir, pero más de una vez Harry le dirigió miradas de advertencia porque poco a poco sus historias se iban alejando más de la realidad. Pero su plan había funcionado. En pocos meses dejaron de llegar cartas amenazantes, excepto el fan de los artículos sobre mortífagos: aunque estos se espaciaron ya que cada vez se hablaba menos sobre ellos en los periódicos. Pero el mérito final había que concedérselo a Harry, que al parecer de Draco estuvo espectacular en el juicio de su madre, apenas unos meses antes que el suyo, a finales de junio de 2002.
Harry, con la seriedad y la firmeza que le caracterizaba en las cosas que él creía justas, había relatado de forma sucinta pero eficaz, cómo Narcissa había puesto en peligro su vida al mentir a Voldemort diciendo que Harry estaba muerto. El Wizengamot, aunque ya conocía estos hechos de boca de la propia Narcissa, se quedó muy impresionado al escucharlos de primera mano. Y después el testimonio de su madre fue sencillamente colosal. Entrecortadamente, explicó que mintió a Voldemort (aunque al pronunciar su nombre se atragantó un poco, pero Harry le había dejado claro que era indispensable que dejase de llamarle el Señor Tenebroso) porqué quería darle a Potter otra oportunidad para acabar con él, porque sabía que era la única forma de terminar con esa locura en la que estaba inmersa. Harry frunció un poco el ceño ya que sabía que esa no era toda la verdad, pero no dijo nada. Y finalmente la absolvieron sin cargos.
También había que tener en cuenta la inestimable ayuda que recibieron de gente tan insospechada como Lavender Brown...aunque más bien debería decir Lavender Davies, ya que se había casado el año anterior con Roger Davies, un Ravenclaw muy inteligente que además era el abogado de Draco.
Al acabar el colegio Lavender había entrado a trabajar en el Profeta, y la redactora jefe de ecos de sociedad, Miranda Davies (su futura suegra) inmediatamente se había sentido cautivada por el agudo sentido del humor y la suspicacia de Lavender, por su intuición en saber cual sería el tema que daría que hablar en los próximos meses y explotarlo al máximo sin llegar a aburrir a los lectores. Poco después le ofreció una columna y una mañana a Draco casi se le atraganta el desayuno al leer un artículo, en el que hablaba sin tapujos de la relación de ambos y exhortaba a magos y brujas a ser más tolerantes y sobre todo a dejar de inmiscuirse en las vidas ajenas. También hablaba sobre los delitos de Lucius, pero especificaba que eran eso, delitos de Lucius, no de Draco, y que éste no debía pagar por los errores de su padre. En cuanto a Harry escribía que si bien era considerado como el salvador del mundo mágico, no por ellos tenía que seguir los dictámenes de los demás, que no era un ente, una mera idea, si no una persona de carne y hueso. Y sí era feliz al lado de Draco el resto no podía hacer otra cosa que aceptarlo. La segunda parte del artículo atacaba directamente a todos esos magos y brujas que no veían con buenos ojos su relación, tachándolos de hipócritas, intolerantes y considerándolos poco menos que mortífagos.
Después de leer tres veces el artículo, dobló el periódico y reflexionó. Lo que a él no se le había ocurrido, lo había hecho Lavender sin contar con nadie. Nunca había sentido gran simpatía por ella, pero a partir de ese momento tuvo que reconocer que por lo menos tenía las suficientes agallas para poner en su sitio a la opinión pública. Aquello le recordó a la primera de las discusiones que tuvo con Blaise en la que Nott había dejado claro que considerar a alguien inferior por su tipo de sangre era como cuando los muggles rechazan a alguien por el color de su piel. Bien, ella había cambiado a las personas de otra raza por los homosexuales y los familiares de mortífagos, pero la idea era la misma.
Tumbado en la cama y recordando esos momentos, se encontró pensando en que si tuviese un pensadero a mano, sabría perfectamente cuales serían los momentos que atesoraría para siempre.
Uno de ellos sería sin duda el día en el que Harry y él hicieron el amor por primera vez. Era una tarde de marzo en la que los dos se dirigían a la Sala de los Menesteres a estudiar Pociones, ya que en breve se tendrían que presentar a los EXTASIS y Harry aun tenía algunos problemas con la poción Felix Felicis. Entraron riéndose de cualquier tontería, pero al entrar la risa de los dos murió en el acto: la sala había vuelto a cambiar. De todo el mobiliario que había ido apareciendo solo quedaba la chimenea, el resto había desaparecido. Pero la sala no estaba totalmente vacía, si no que en medio había un único mueble: una cama...
Harry y Draco se miraron unos momentos. A esas alturas de su relación habían estado a punto de hacerlo en varias ocasiones, pero al final no habían llegado "hasta el final", aunque cada vez les era más difícil resistirse. A ninguno de los dos les parecía adecuado hacerlo de pie en un escobero, y sus dormitorios quedaban descartados: aunque todo el mundo estuviese al tanto de su relación por nada del mundo hubiese colado Draco a Harry en la sala común de Slytherin, y viceversa. Pero en los últimos días, semanas, habían notado que no iban a poder aguantar mucho tiempo.
Draco miró a Harry con los ojos entrecerrados y susurró:
- Esto es cosa tuya, ¿verdad?
- No, te juro que no tengo nada que ver –contestó con los ojos muy abiertos.
Y por su cara de susto, Draco supo en el acto que así era.
- Parece, no sé...-continuó Harry -. Es como si la sala quisiera que nos acostásemos.
Ante esas palabras la mente de Draco comenzó a trabajar a toda prisa, mientras en ella iban apareciendo un sinfín de imágenes. Imágenes en las que tomaba a Harry de la mano y le conducía lentamente hacia la cama, como le sentaba en ella y le empezaba a besar suavemente al principio, con más fiereza después, chupando, lamiendo todo lo que estuviese al alcance de su lengua, mientras sus manos se perdían debajo de su camiseta para descender con rapidez hasta sus pantalones.
Cuando se quiso dar cuenta, los dos estaban desnudos en la cama, temblando de nerviosismo y excitación a partes iguales, tumbados unos frente a otro en una abigarrada figura de manos, piernas, brazos, bocas y lenguas, buscándose el uno al otro sin dar aliento al contrario. En un momento, nunca supo realmente como fue, se encontró encima de Harry mirándole seriamente a los ojos, dejándose llevar por la importancia de lo que estaban a punto de hacer. Fue a decir algo, pero Harry le colocó un dedo en los labios mientras decía:
- Shhhh...no digas nada. Solo hazlo.
Y subió un poco la cabeza para recibir de inmediato los labios de Draco., mientras sus brazos le abrazaban por la espalda atrayéndole hacia él. Y poniendo todo el cuidado que le permitía su excitación se introdujo dentro de Harry ganándose a pulso cada pulgada, sin apartar los ojos de su cara. Hubo un par de veces que estuvo a punto de desistir, ya que aquello parecía doler de verdad, pero ante sus intentos Harry le atraía más hacia él, hasta que al final le hizo suyo completamente. Poco a poco la cadencia de sus caderas fue siendo más rítmica hasta que los movimientos de ambos se acoplaron como si llevasen toda la vida haciendo el amor juntos y no fuese su primera vez. Hasta que la necesidad de Draco por acelerar el ritmo se hizo penosamente necesaria, tanto que incluso dolía, mientras escuchaba a Harry jadear junto a su oído, apremiándole a seguir, a no parar. Finalmente, Draco no pudo aguantar y dándole un furioso beso culminó aquello que había estado esperando durante meses, aunque en ese momento sintió que llevaba preparándose para ese momento toda la vida.
Exhausto, se dejó caer sobre el pecho de Harry y se quedó en esa postura unos minutos, disfrutando del contacto de la calida piel del que a partir de ese momento, aparte de su novio también era su amante. Harry le volvió a rodear con sus brazos mientras depositaba suaves besos en su hombro derecho. No notó que se estaba quedando dormido hasta que las palabras de Harry le sacaron de su estado de sopor.
- Podría quedarme así para siempre.
Draco levantó un poco la cabeza y se incorporó sobre el codo, tratando de aliviar un poco su peso.
- Yo también – le dio un dulce beso en los labios -. Sí me llegan a decir esto hace unos meses...
- Ya, sé lo que quieres decir. Pero el hecho es que aquí estamos los dos. Juntos. Por fin juntos.
Draco hundió la cara en su cuello, dándole más besos y aspirando en profundas bocanadas el aroma de Harry, un aroma que desde ese día le recordaría todo lo bueno que tiene la vida. Y mientras lo hacía pensaba que muy confundido tenía que estar para no darse cuenta de que estaba enamorado de Harry sin remedio.
Ahora, más de tres años y medio después, cada vez que hacían el amor ese momento pasaba por su cabeza, aunque fuese fugazmente. Y aunque amos habían perfeccionado su técnica y encontrado nuevas formas de amarse, siempre recordaría esa primera vez como la más tierna.
Claro que también guardaría otro momento, no tan tierno, pero sí divertido, en el que ambos estaban la puerta de la mansión Malfoy...
- ¿Quieres parar ya? –dijo Draco hastiado -. Por mucho que lo intentes, no vas a poder domar ese arbusto que tienes en la cabeza.
Harry le miró enfadado, pero dejó de intentar peinarse su rebelde cabello.
- Claro, como a ti no te van a presentar formalmente a tu suegra...o como se diga. Pero ya verás el día que tengas que ir a la Madriguera.
- ¿A dónde? –preguntó Draco espantado.
- A casa de los Weasley. Molly no deja de insistir en que haber si vamos un domingo a comer.
Draco le devolvió la mirada disgustada. Era cierto que con la chica Weasley no se llevaba del todo mal. Pero con Ron, aunque le trataba de forma cortés (pensaba, y acertadamente, que era por Harry) solo intercambiaba algunas frases de cortesía, siempre por pura necesidad de no pasar por el ser más maleducado de la tierra. Pero estar sentado en una mesa llena de pelirrojos no era lo que más le llamaba la atención. Vamos, que se le ocurrían cien mil sitios mejores en los que estar. Harry vio su expresión y se burló un poco de él.
- Oh, vamos Draco, no es para tanto. Intentaremos ir el día en que no sigan el programa "Siente un muggle en su mesa".
- En la mesa de los Malfoy los únicos muggles que han estado han sido los que nos comíamos los viernes por la noche con ensalada de col –apostilló Draco siguiéndole la broma. Y después añadió con nostalgia -. Eran buenos tiempos.
Pero Harry no tuvo tiempo de replicar porque en ese instante se abrió la puerta y Tipsy, la elfina doméstica de Narcissa les hizo entrar y les condujo hacia el salón en donde les esperaba su madre.
Si Narcissa quería causar impresión y que Harry se asustara lo había conseguido. Sentada en un recargado sillón en mitad del salón (que Draco sospechaba que había bajado del desván para la ocasión porque no le sonaba), vestida con una túnica plateada y engalanada con sus mejores joyas, parecía un ser que se acercaba más a lo divino que a lo humano. Miró a ambos con semblante adusto y posó sus ojos en Harry tres segundos exactos, los suficientes para que Harry volviese a tratar de peinarse.
- Y bien Draco, ¿no vas a presentarnos? –comentó su madre con displicencia -. Formalmente, quiero decir: todo el mundo conoce al gran héroe del mundo mágico.
Ante la fría acogida de su madre, que ni siquiera se había levantado de su poltrona, Harry parecía querer desaparecerse de inmediato. Pero Draco le tomó de la mano y juntos se acercaron hasta Narcissa.
- Por supuesto madre. Este es Harry, mi...
- Por favor, no pongamos etiquetas a las personas. No hay nada más vulgar –y ofreciendo su pálida mejilla dijo -. Encantada Potter, procura no estropearme el maquillaje.
Abochornado, Harry se inclinó y apenas la rozó con sus labios: casi parecía temeroso de que se rompiese si era demasiado brusco con ella. Draco estaba realmente disgustado: ya sabía que su madre no se iba a deshacer en halagos con él, pero esto era ir demasiado lejos. Cuando estaba preguntándose si los aurores habrían quitado el hechizo anti-desaparición para largarse con Harry de allí lo antes posible, sus ojos se toparon con los de su madre y vio en ellos una chispa de su viejo humor, comprendió lo que pasaba y respiró más aliviado. Su madre estaba poniendo a prueba a Harry, lo que significaba que por lo menos lo encontraba digno de él. Y a Draco, que aun le escocían algunas de las pullas que le había lanzado en el colegio, decidió que sería divertido (al menos durante un breve espacio de tiempo), ver como su madre hacia trizas la confianza y la valentía de ese gryffindor empedernido.
Sin cambiar un ápice su semblante Narcissa se levantó y le indicó con una mano que la siguieran hacia una puerta, la que daba al comedor. Draco sonrió para sus adentros: su madre no iba a perder el tiempo, siempre despellejaba a la gente durante el primer plato.
En el más absoluto silencio Tipsy sirvió la sopa y pudo ver como Harry intentaba fundirse con la silla mientras su madre le miraba de forma fría y calculadora, como evaluándole. Draco estaba empezando a sentir lástima por él, pero una leve toque de su madre con el pie por debajo de la mesa le indicó que le dejase un poco más. Cuando por fin Tipsy desapareció rumbo a la cocina, Narcissa, con las manos flexionadas debajo de la barbilla dijo en tono cortante:
- ¿Cuáles son tus intenciones con mi hijo Potter?
Aquello iba a ser más divertido de lo que pensaba.
- ¿Cómo...? –preguntó un anonadado Harry -. ¿Mis qué...?
Tus intenciones, Potter, no creo que sean tan difícil de entender. Ahora Draco es el hombre de la casa, y no voy a permitir que un cualquiera, por mucho que haya salvado al mundo mágico, venga y se quede con toda la fortuna de los Malfoy.
- Yo le aseguró que no, que yo...
- No me interrumpas Potter. Además, ¿cuándo tenéis pensado ir a San Mungo? -le atajó Narcissa cortante
Oh, por Merlín. A ver con qué salía ahora.
- ¿A San Mungo? ¿Para qué?
- Tengo que asegurarme de que estás sano...a saber lo que has hecho antes de estar con mi hijo. Y para ver cuando podemos hacer tu fecundación. Espero que sea cuanto antes, quiero que mi nieto crezca cerca de Lorian.
Harry escupió el trago de vino de elfo que tenía en la boca y miró a ambos como si estuviesen locos.
- ¿Mi qué...?
Draco pensó que era el momento de intervenir, así que dijo con indiferencia.
- Tu fecundación, claro, ¿no te lo había comentado? Tengo...tenemos -se corrigió - que tener un hijo.
- Eso es imposible. Si tratáis de tomarme el pelo no lo vais a conseguir, os advierto –contestó con seguridad.
Pero al punto Narcissa dio un fuerte manotazo en la mesa haciendo que las copas y los platos saltasen.
- ¿Crees que jugaría con la descendencia de mi hijo? El lunes vamos los tres a ver al sanador Romulus Gifford, especialista en fecundación masculina: el te dará las pociones necesarias para quedarte embarazado.
Harry estaba cada vez más pálido. Incluso su revuelto pelo parecía haberse vuelto mustio. Miró a Draco en busca de ayuda, pero éste meneó la cabeza como excusándose por no haberle avisado (y haciendo terribles esfuerzos por no romper a reír a carcajadas)
- Lo siento Harry, pero es la tradición. Aunque la continuación del linaje ya no recaiga en mi, para los Malfoy es un honor tener descendencia –por la gran Morgana, aquello era demasiado.
Harry comenzó a balbucear incoherencias como que aquello iba contra natura, por muy magos que fuesen eso era imposible. Pero al ver la gélida mirada de Narcissa se calló de inmediato, sin duda pensando en como podría zafarse de un embarazo a los diecinueve años. Draco notaba como las carcajadas subían por su garganta y las comisuras de su labios comenzaban a estirarse demasiado, mientras que a Narcissa le había dado un ligero tic en el párpado derecho. Por eso cuando Harry le miró furioso y estaba punto de hablar, Draco no pudo más y rompió a reír de forma estrepitosa, mientras se daba puñetazos en las piernas para serenarse. Por su parte Narcissa no era menos y miraba a Harry de forma burlona, también riendo abiertamente. Harry les miraba entre enfadado, por haber sido victima de una broma tan pesada, y aliviado por no tener que cargar con el vástago de Draco durante nueve meses.
- Por Merlín Harry, ¿cómo puedes ser tan inocente? –preguntó Draco limpiándose las lágrimas con la servilleta -. Tenías que haber visto la cara que has puesto
- Ay, me encantan estos gryffindors, siempre tan confiados –Narcissa parecía un poco más entera que Draco, así que fue la primera en hablar con normalidad -. Perdona Harry, pero quería ver de que pasta estas hecho, y he de decir que estoy bastante satisfecha con el resultado. Cuando mis suegros le hicieron esto mismo al novio de Lucien, el hermano de Lucius, salió corriendo de su residencia de verano en Claye y no volvimos a verle.
- ¿En serio estabas dispuesto a tener un hijo mío?
Pero cuando fue a abrir la boca, Narcissa le interrumpió, poniéndose seria otra vez.
- Será mejor que no digas nada Potter. Ninguna de las dos respuestas sería la correcta...además, soy un experta en Pociones.
Harry cogió su copa de vino y se la bebió de un trago. Cuando por fin se le bajaron los colores y pudo hablar sin que le temblase demasiado la voz, dijo.
- Así que estas son las famosas veladas de la clase alta. Me pregunto como he podido estar tanto tiempo sin ellas.
Narcissa le miró un poco menos fría que de costumbre.
- Disculpa, pero siempre he tenido ganas de poner esta broma en práctica, aunque nunca se me pasó por la cabeza que llegaría a ser con mi propio hijo y el famoso Potter. Resumiendo, a pesar de lo...-parecía estar buscando la palabra exacta -, inesperado de la situación, si mi hijo es feliz no tengo nada que decir.
Harry la miró con gravedad y en sus ojos se podía leer que no había nada más importante para él que Draco. Pero Narcissa aun no había acabado.
- Aunque te advierto una cosa Potter. El día que me llames "mamá" o algo parecido conocerás la legendaria furia de los Black. El otro día encontré el diario de mi antepasada Lycoris Black y he encontrado un par de trucos muy interesantes.
Y continuó con la comida como si no hubiera pasado nada...
A día de hoy, Draco aun se partía de risa al recordar la primera comida de Harry con su madre, y Harry seguía queriendo que se lo tragase la tierra al recordar uno de los momentos más bochornosos de su vida. En realidad, la comida transcurrió con más normalidad de la esperada. Una vez que el color escarlata despareció de las mejillas de Harry y Narcissa a abandonó su pose de reina del hielo, todos parecieron relajarse algo y hablaron sobre cuestiones tan mundanas como la elección de Samuel Clearwater como ministro de magia, ante lo que Harry estaba indignado, o la subida del nivel informativo, sobre todo gracias a las incorporaciones de tres de sus compañeros: Lavender en sociedad, Dean Thomas en deportes y Anthony Goldstein en política interior. Los tres, que sabían de su época de estudiantes de las graves mentiras que había contado esta publicación en todos los campos, estaban intentando cambiar la imagen del periódico. Y aunque algunos de los artículos de Goldstein no gustaron, no se podía negar que estaban escritos desde la más estricta verdad.
Llegados a este punto Draco se dijo que un pensadero no valdría para guardar todos los momentos que había vivido en los últimos cuatro años. Momentos tan trascendentales en sus vidas como cuando Harry le propuso que se fuese a vivir con él a Grimauld Place, o algunos que a simple vista no parecían importantes, pero que por alguna extraña razón permanecieron grabados a fuego en su memoria, como un paseo que dieron por las afueras de Hogsmeade una calurosa mañana del verano pasado en la que ambos fueron a visitar a McGonagall. O él día en el que había recibido la lechuza con la carta del ministerio en la que se le comunicaba que su solicitud para entrar a Trabajar en el Departamento de Misterios como aprendiz había sido aceptada.
Pero no todos los momentos habían sido bueno. Una noche tuvo una monumental bronca con Harry porque éste no entendía que echase de menos a Blaise y a Goyle. El primero se había distanciado bastante de Draco en su último curso a raíz de su relación con Harry y actualmente debía estar en alguna de las casas que poseía en el continente. Y Goyle no había vuelto a dirigirle la palabra desde el final de la guerra debido a que su madre no había dejado de repetirle que el plan del Señor Tenebroso había caído por culpa de los Malfoy, y por ello su padre estaba en Azkabán. Sabía que Goyle era demasiado lento para según que cosas y que quizás no se había parado a pensar que su propio padre corría la misma suerte. Y Harry no entendía que los echase de menos. Goyle, a pesar de ser mentalmente retardado, era uno de los amigos más fieles que había tenido nunca. Y Blaise...bueno, era difícil definir su relación con él, pero echaba de menos sus bromas y sus aristocráticos modales: con los años le había cogido cariño. Para Harry solo eran un mortífago encubierto y un cabrón de mierda, pero para Draco eran algo más, eran lo más parecido a unos amigos que había tenido antes de conocer a Harry.
Aunque tenía que reconocer que los amigos de Harry no estaban nada mal (a regañadientes, eso sí) una vez que se les conocía. Por ejemplo con Seamus era con quien mejor se lo pasaban ya que siempre estaba dispuesto a que una salida tranquila un jueves a tomar un pinta degenerase en una juerga monumental. Y Hermione (ahora le sonaba incluso raro cuando alguien la nombraba por el apellido) parecía haberle tomado un cariño inusitado, ya que siempre se ponía de su parte cuando discutía con Harry. Esto a Harry le sacaba de quicio, pero Draco sabía que en el fondo se alegraba de que hubiesen limado asperezas después de tantos años. Y la chica Weasley, Ginny...bueno, había sido toda una sorpresa. Una noche tomando copas en un nuevo pub de Hogsmeade había descubierto que era una de las personas más graciosas y atrevidas que había conocido, mucho más que el sieso de su hermano. En eso incluso Harry le tuvo que dar la razón, ya que Ron se pasó la noche sentado bebiendo cerveza de mantequilla. Hasta Hermione acabó harta y terminó bailando con Neville durante más de dos horas ante las furiosas miradas de su novio.
La comadreja no tenía remedio.
Al hacer balance de todos los buenos momentos que había vivido junto a Harry se sintió con más fuerzas para afrontar el juicio que le esperaba en pocas horas. Aun temblaba al pensar que sería en esos momentos de su vida si no hubiese acompañado a su madre a Grimauld Place aquella mañana de julio de hacía ya algunos años. O sí Harry no se hubiese mostrado tan comprensivo con él. O si nunca le hubiera besado. O sí...pero había demasiados "o sí" negativos para responder, y todos llevaban a un mismo final: ahora mismo estaría en otra cama, en otra casa, quizás levantándose al lado de una hermosa mujer por la que no sentiría nada, preguntándose esta vez una sola cosa, preguntándose como sería su vida si en su último año en Hogwarts hubiese hecho caso a su corazón en lugar de a su cabeza.
Por suerte, esa pregunta tenía respuesta. Una respuesta que le encantaba y que llevaba viviendo día a día los últimos cuatro años.
No se podía pedir más.
Bueno, pues espero que os haya gustado...por cierto ya es oficial: es el primer y el último fic en el que meto lemmon (o algo parecido, porque eso que hay más arriba no sé muy bien lo que es)
Otra cosa: siento haber decepcionado los que han pensado que este sería un fic con mpreg, pero no: lo siento, pero no, me niego.
Hala, ya va quedando menos...
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