El tigre por la cola II – Costos del servicio
Capítulo 12 – Pociones con Cho Chang
—Todo está en orden. —le dijo madame Pomfrey cuando terminaba de vestirse— Si llegara a notar algo irregular venga a verme inmediatamente.
—Sí. —contestó Draco. Se había preparado esa mañana para desayunar apaciblemente antes del esperado debut de Chang. Iba a ser interesante ver como se desenvolvía al frente de la clase.
Cuando había subido al Gran Salón se había encontrado con una lechuza de la escuela que estaba esperándolo. Portaba una simple nota de la sanadora diciéndole que fuera a verla apenas terminara de desayunar. Esperaba que no fuera nada serio… ¿acaso Potter estaba enfermo? No lo había visto desde el miércoles anterior y por orgullo no les había preguntado a Granger o al Weasel.
No que lo preocupara el Gryffindor imbécil, pero el Gryffindor era proclive a meterse en problemas y además tenía a un poderoso y desequilibrado Señor Oscuro que lo perseguía desde hacía años para matarlo. El viernes ni siquiera se había presentado a la práctica, el Weasel lo había reemplazado… algo debía de estar mal y había estado a punto de preguntar… pero sus amigos no parecían preocupados, no debía de ser para tanto…
Igual debería haber averiguado, si el amor de la vida de uno está enfermo… pero Potter no era el amor de su vida.
Cuando había llegado al área hospitalaria se había llevado una sorpresa, la sanadora quería revisarlo para constatar que no hubiera efectos secundarios tardíos indeseables tras el aborto… y para asegurarse de que estuviera practicando sexo seguro.
—Y no se olvide de hacerle llegar mi mensaje a la señorita Granger. —le recordó la sanadora cuando ya salía. Draco se limitó a asentir brevemente. Al menos eso le iba a dar una excusa para hablar con Granger… y de paso podía consultarla sobre el paradero de Potter.
El examen médico había sido relativamente rápido, todavía no eran las nueve. Enfiló directo a los subsuelos para la clase de Pociones.
Entró en el laboratorio y se chocó de lleno contra la espalda de… Potter. Que lucía perfectamente saludable. —Oh… —dijo Potter sorprendido, se dio vuelta y al reconocerlo le regaló una de esas sonrisas que le hacían derretir las rodillas.
—Draco… —lo saludó jovial— Buenos días.
—Har… Potter…
Claro… había vuelto. ¡Cómo se iba a perder la primera clase de su ex novia! Estuvo a punto de preguntarle dónde había estado todos esos días, pero una vez más el orgullo fue más fuerte. Se volvió hacia Hermione. —Granger, madame Pomfrey quiere hablar con vos, sin urgencia, dijo que podía ser más tarde cuando tuvieras tiempo.
—¿Mencionó el motivo? —preguntó ella intrigada.
—Dijo algo sobre una investigación. —respondió Draco lacónico— Weasley, —saludó con un breve gesto y retomó la marcha para ir a sentarse, quería agenciarse un lugar lo más lejos posible de Nott.
—Draco… —dijo Harry antes de que se alejara— Yo… —empezó a decir, pero al parecer lo pensó mejor puesto que agregó: —No importa… después te digo.
—¿De qué se trata, Potter? —preguntó Draco contrariado, Potter parecía muy contento… y no correspondía que estuviera contento, debería haber estado apesadumbrado suspirando por él. —Ahora que empezaste más vale que lo digas.
—Es que… —dijo Harry titubeante— Hablé con Snape… me dijo que necesitabas dinero.
—¡¿Cómo?! —reaccionó Draco espantado. No podía creerlo, Snape le había revelado su secreto como si nada. ¿Cómo se había atrevido a cometer una indiscreción tal! ¿Y por qué Potter se había puesto en contacto con Snape? —Estuviste con Snape durante el fin de semana. —dijo con tono acusador— ¿Qué estuviste haciendo con él?
—Clases de recuperación de Pociones. —respondió Potter con una vívida chispa en la mirada. Los otros dos soltaron sendas risitas por lo bajo, debía de tratarse de algún tipo de chiste privado. Potter estaba haciendo bromas. Al parecer había encontrado una buena razón para reír y su aspecto era mucho mejor que el que había tenido días antes. ¿Que acaso había encontrado el tesoro escondido de Merlín durante esos días de exilio? ¿O sería por el regreso de su ex novia Cho Chang?
—Ya es hora de empezar. —dijo Potter con una sonrisa alegre— Será mejor que vayamos a nuestros lugares. —Draco gruñó y fue a ubicarse al lado de la única Hufflepuff del grupo, no recordaba como se llamaba. Esperaba que no los hicieran trabajar de a dos.
Se sentó a esperar la llegada de la gran diva Ravenclaw… que al parecer desconocía el concepto de puntualidad.
Snape nunca llegaba tarde, pensó con lealtad… olvidándose por un momento de que Snape lo había traicionado contándole a Potter del dinero. Snape nunca llegaba tarde, repitió en su cabeza como una letanía.
—Buenos días a todos. —saludó una voz agitada, finalmente se dignaba a honrarlos con su presencia… la muy zorra de Cho Chang acababa de entrar por una puerta lateral.
Todos los ojos se fijaron en ella… todos excepto los de Draco que derivaron hacia Potter. Potter tenía una expresión de curioso interés y se había sonrojado ligeramente. Draco desvió la vista hacia la nueva profesora y gruñó por lo bajo. Vestido celeste y una toga con la insignia de Ravenclaw. Era una grosería y una vulgaridad. Se suponía que los profesores no debían llevar puesto nada que los identificara con alguna de las Casas. Draco notó que un sentimiento similar al de él se había despertado en los otros alumnos… hasta los Ravenclaws parecían estar mirándola con desconfianza.
Ella no pareció darse cuenta, quizá estaba demasiado nerviosa. Depositó los pergaminos y la cartera que traía sobre el escritorio con tal torpeza que varios rollos y folios cayeron al suelo.
—Oh… —gimió al ver el lío que había hecho, por un segundo pareció que iba a ponerse a llorar. Eso sería perfecto, pensó Draco malicioso. Sacó la varita y con disimulo lanzó un encantamiento para crear una suave brisa que desparramara aun más los papeles. El Weasel se dio cuenta, sin embargo. Se dio vuelta, lo miró… y sonrió enigmático… luego volvió a girar para mirar al frente. Y bien, parece que no soy el único que no la encuentra simpática.
Toda la clase la observó en silencio mientras se afanaba angustiada para recoger los apuntes regados por el suelo. Finalmente Granger se apiadó de ella y usó un encantamiento para ayudarla… bueno, mejor que haya sido Granger y no Potter.
Chang se incorporó, estaba muy ruborizada. Nott dejó oír una risita… Potter se dio vuelta y lo fusiló con la mirada.
—Hoy vamos a preparar… —dijo Chang, hizo una pausa y consultó sus notas—…una poción de las de sexto año, de las más avanzadas, que no habían alcanzado a ver… —consultó sus apuntes una vez más— …la poción… Animo Index. —completó finalmente. —Veamos… alguien me puede decir para que sirve esta poción. —había tratado de adoptar un tono profesoral pero le había salido muy mal. Draco dejó escapar un sonido burlón mezcla de graznido y risa. Chang se volvió hacia él y lo taladró con una mirada negra… iba a reconvenirlo pero se detuvo cuando notó la insignia de prefecto mayor… lo pensó mejor y lo dejó pasar.
Varias manos se habían alzado, la de Granger entre ellas… obviamente. Chang recorrió la clase con la vista, pasó por alto a Granger y finalmente se decidió por una Ravenclaw que contestó correctamente que se trataba de una poción para determinar el estado de ánimo… no era ninguna hazaña, el nombre de la poción era bastante explícito… igual la alumna se ganó cinco puntos para su Casa.
Chang se dio vuelta y empezó a escribir las instrucciones en el pizarrón.
oOo
El resto de la clase fue un desastre. Y no solo porque Chang era pésima enseñando… lo peor era que sólo parecía tener ojos para Potter.
La poción en sí no era difícil de preparar pero tenía muchos ingredientes que debían acondicionarse de manera muy precisa. Y requería mucha concentración y control de los tiempos para agregar los componentes en el momento indicado. Por suerte estaban trabajando individualmente. La novedad era que la profesora también se había puesto a preparar la poción, algo que Snape jamás hacía.
Ya cuando iban promediando, Draco se tomó unos minutos para observar, aprovechando uno de las obligados intervalos de espera entre la adición de un ingrediente y la del siguiente.
Potter estaba picando con ahínco unas raíces de hiedra venenosa, el cuchillo que estaba usando estaba bastante desafilado pero igual parecía estar arreglándoselas muy bien. Granger revolvía su poción en ese momento, cada tanto le lanzaba a Potter miradas de soslayo con una mueca de disgusto en los labios. A la profesora parecía no irle nada bien, tenía una expresión desolada, su poción no tenía el tono verde lima que correspondía a esa etapa… era mucho más oscura y densa que lo apropiado… muy parecida a la que estaba revolviendo el Weasel.
La de Potter, en cambio, tenía la tonalidad justa… todo indicaba que iba a resultar todo un éxito. Había adicionado las raíces, y tras mezclar le correspondía una pausa de espera. Levantó la vista y notó la desazón de Chang, se separó de su grupo y enfiló al frente. Se inclinó y le susurró algo al oído… ella hizo un breve gesto de asentimiento, sonrió con torpeza y se sonrojó.
Potter volvió a su lugar y Chang partió hacia el depósito. Volvió unos segundos más tarde trayendo un limón; lo cortó al medio y exprimió algunas gotas de jugo dentro del caldero… tras revolver durante un momento la poción fue virando de color y adquirió la consistencia requerida.
—Bueno… —declaró en voz alta, muy nerviosa— …aunque no lo menciona la receta del manual… parece ser que la adición de jugo de limón ajusta la acidez del medio y estabiliza la poción… —pausa—… diez puntos para Harry… quiero decir Potter… esto es, diez puntos para Gryffindor.
Draco miró a Potter que había bajado la vista y se estaba ruborizando, lucía adorable… no sabía si tenía más ganas de abrazarlo o de pegarle por la forma en que reaccionaba ante los halagos de la muy perra de Chang. Todos enfilaron hacia el depósito mascullando por lo bajo para hacerse con el cítrico ingrediente.
Hacia el final de la clase todos habían logrado un resultado aceptable.
Chang asignó la tarea. —Redacten un informe de dos carillas resaltando las virtudes del jugo de limón como estabilizante. —miró a Potter y le sonrió ampliamente— … si tienen cualquier duda le pueden pedir consejo a Har… Potter. —Potter se sonrojó aun más, si cabe.
Se oyó una risa que Nott no se había molestado en disimular. A esa altura eran muchos los que empezaban a mirar con malos ojos a la profesora… Granger incluida. Draco estaba que trinaba, era evidente que Potter seguía sintiendo algo por ésa… descerebrada que lo había hecho suspirar en cuarto año… y ni siquiera se podía decir que era bonita… y como buscadora dejaba mucho que desear… y era pésima para las pociones… lo único que sabía hacer era sonreír… y ni eso, mostraba demasiados dientes cuando lo hacía. Era inconcebible que una escuela como Hogwarts hubiera contratado a alguien tan incompetente.
La clase terminó.
Draco comenzó a guardar los útiles tomándose su tiempo. Mientras los otros iban saliendo observó al Trío Dorado, los tres se habían replegado a un rincón y parecían estar discutiendo algo en voz baja… pero poniendo en juego mucho lenguaje corporal… Potter agitaba los brazos y las manos con energía como cuando se alteraba por algo… Granger se mesaba los cabellos y parecía contrariada… el Weasel mostraba una expresión confundida y de tanto en tanto tartamudeaba algo.
Se concentró para poder captar algo de lo que decían. —No, Harry… —decía Granger con el rostro encendido, Draco sólo alcanzaba a distinguir frases cortas aisladas— …es peligroso… una caída…
—Pero… —interrumpió el Weasel en voz alta y luego bajó la intensidad. Draco era el único que quedaba en el aula… y no tenía excusa para demorarse más, se colgó la mochila al hombro y enfiló hacia la puerta, quizá podría oír algo más cuando pasara cerca— …y el partido es la semana que viene, para entonces ya va a poder volar… —decía el Weasel.
¡Quidditch!, pensó Draco saliendo al pasillo. Estaban hablando de quidditch… del partido Ravenclaw-Gryffindor. Nada importante… pero ¿por qué Granger parecía tan fastidiada? Algo misterioso había… si Granger no entendía nada de quidditch.
Draco se dio cuenta de que se había quedado parado en medio del corredor pensando en el asunto cuando la puerta del aula volvió a abrirse y los tres Gryffindors emergieron a través de ella. Venían hablando de un deber de Encantamientos. Los tres se detuvieron cuando lo vieron. Potter le sonrió… adorable… ¡como un idiota!, se corrigió.
—Draco… —dijo Potter mordiéndose el labio inferior… tentador… nervioso—Todavía estabas acá…
—Tratando de escuchar. —dijo Granger con frialdad.
—No es cierto. —negó Draco con soltura mostrándose al mismo tiempo ofendido e indignado por la acusación.
—Bueno, no esperes que vayamos a creerte. —dijo Granger— ¿Vamos, Harry?
—Quiero hablar unos minutos con Draco… ustedes vayan nomás… después los alcanzo. —los instó Harry.
—Podemos esperar. —ofreció Granger.
—No es preciso que se queden haciendo guardia. —dijo Draco exasperado, ¿que se pensaban? ¿que se le iba a ir encima?... bueno, ganas no le faltaban… pero no para atacarlo.
—Ustedes vayan… y guárdenme un lugar en la mesa.
—¿Estás seguro? —porfió Granger.
—No me va pasar nada. —dijo Potter fastidiado— No hace falta que me traten como si fuera de cristal.
Granger asintió y con renuencia partió llevándose al Weasel de la mano.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué te tratan como si fueras frágil?
—Nada. —dijo Potter con brusquedad.
—¿De qué querías hablarme?
—De dinero.
—Lo lamento pero no dispongo ni un knut partido al medio. — dijo Draco con inocencia, aunque sabía perfectamente de qué quería hablarle. ¡Maldito Snape!
—Snape me dijo que necesitabas dinero.
—¿Y vos estás dispuesto a dármelo? —preguntó Draco provocador.
—Sí.
Draco retrocedió un paso. —¿Y qué querés a cambio? Espero que no pretendas que vuelva con vos. No soy una puta que se venda al mejor postor… si querés carne andá a buscarla a otro lado.
—Pero si yo no… —Potter se había puesto colorado como un tomate— Yo solo quería…
—Harry… —los interrumpió la voz de Chang que acababa de salir del aula. Se había quitado la toga, el vestido celeste que llevaba era de fina seda y algo translúcido… al punto que permitía adivinar debajo la ropa interior negra.
—Cho… —dijo Harry con tono ahogado.
—Profesora Chang. —dijo Draco con voz glacial.
—M…Malfoy… —pronunció ella insegura— Vos sos el prefecto mayor, ¿no?
—Sí, señora. — de alguna forma se las arregló para que el apelativo ultraformal sonara como una burla. E indirectamente era una manera de recordarle que siendo ella una profesora era condenable que tratara de clavarle garras y dientes a un estudiante.
—¿Podrías llevarle esto a la profesora McGonagall? —solicitó al tiempo que le tendía un pequeño rollo de pergamino. La muy yegua lo reducía así con toda efectividad de prefecto mayor a simple recadero.
Hizo un esfuerzo sobrehumano para contenerse y dejó caer una máscara servil sobre sus rasgos. —¿Se le ofrece alguna otra cosa, señora? —dijo apretando mentalmente los dientes.
—No, nada más… ¡Ah, sí! Deciles a los amigos de Harry… que se quedó a almorzar conmigo en mi oficina.
—¿A almorzar? —repitió Harry algo sobresaltado.
Draco reprimió el impulso de arrojársele al cuello para ahorcarla. Asintió, giró sobre sus talones y se retiró con la mayor elegancia que fue capaz de reunir.
oOo
Entró en el Gran Salón, le hizo un breve gesto alasentimiento al Weasel cuando pasó a su lado y enfiló directo a su lugar en la mesa de Slytherin.
—¿Dónde estabas? —inquirió Blaise.
—Tuve que ir a llevarle a McGonagall un mensaje de esa perra… Chang. —bramó con fastidio.
Desde atrás le llegó la voz del Weasel que lo había seguido. —¿Dónde está Harry?
—Ocupado con Chang. —gruñó en respuesta— Lo invitó para un almuerzo… íntimo. —apuñaló con el tenedor el trozo de carne que tenía servido, saltaron gotas de jugo que terminaron salpicando a Blaise.
—¿Ah sí? —dijo el Weasel, no había sonado precisamente complacido.
—Así es… y ahora que me acuerdo… creo que Chang tiene una hermana que trabaja en el Ministerio. —agregó Draco.
—¿Vos creés que pueda estar tratando de sacarle información? —preguntó el Weasel.
—Sí. —dijo Zabini antes de que Draco pudiera responder.
—Vos mejor no te metas, Zabini. —dijo Ron.
En ese momento entró Hagrid. Venía portando una caja no muy grande debajo de un brazo. Se les acercó.
—Ah… aquí están… —dijo Hagrid— Ron… y Malfoy.
—Hola. —saludó Ron algo nervioso. En los rasgos de Draco se había empezado a dibujar algo parecido al pánico.
—¿Harry no está? —preguntó Hagrid.
—No. —dijo el Weasel inseguro— Tuvo que… quedarse en el laboratorio para terminar una poción que está preparando.
—Bueno quizá sea mejor así. —dijo Hagrid— Le traje algo a Malfoy. —puso la caja sobre la mesa.
—No. —dijo Draco alejándose lo más posible.
—Sí. —ratificó Hagrid sonriendo complacido.
—Er… Hagrid… ¿qué hay adentro? —preguntó Weasley con cautela.
—Algo para Malfoy. —respondió con un guiño cómplice— Ya van a ver. —dijo bajando la voz. Volvió a agarrar la caja y se la depositó a Draco sobre la falda. La caja se sacudió.
—Quizá sería mejor que la abrieras. —sugirió Blaise.
—Bueno, quizá… —dijo Draco dubitativo. La caja se sacudió una vez más.
—Harry me había dicho que no te gustaban las flores y cosas así… se me ocurrió que quizá algo más personal… —volvió a guiñar conspirador.
—¿Harry ideó todo esto? —siseó Draco con enfado.
—No, Harry no sabe nada. Es una sorpresa para vos y para él… —acotó Hagrid— Cuando lo vi supe que era el regalo indicado para vos… te va a hacer acordar de Harry cada vez que lo mires. —la tapa de la caja se levantó en ese momento y un hurón de pelaje negro asomó la cabeza.
—¡Oh Merlín! —exclamó Weasley.
—¡Oh, mierda! —se lamentó Draco.
—Como te decía, tiene el pelo del mismo color que el Harry.
—¡Cómo es esto? —protestó Nott levantándose de su asiento— ¿Por qué le dan a Draco un proyecto especial para obtener créditos extra y a los demás no?
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