Buenas tardes a todas!

Siento mucho el retraso de esta semana... como recompensa cuelgo ahora dos capis ;)

Muchas gracias a todos por leer y añadir a favoritos.

Y mil gracias más por sus reviews a DraBSwan, anouscha, Anaidam, Gatita Swan, Nurymisu, Cristal 82, Suiza19, anamart05, katyms13, BronceCeniza16649, Lilly Black Masen, Alysa Cullen y alexf1994. No sabéis la ilusión q me hace :_)

Los personajes pertenecen a la señora SM, la ida de olla es sólo mía...

Capítulo 36:

— Te juro que nunca había visto a tu chico tan avergonzado – se carcajeaba Emmet – medio en bolas en el pasillo de los vestuarios… Imagínate la cara de las chicas al verle así. – Lloraba de la risa.

— Esta me la guardas tío… te lo juro – contestó un mosqueado Edward.

— No, déjale que termine. – Rogó Bella.

— El final de la historia es que me cogí una pulmonía de narices y estuve en cama dos días. – Cruzó los brazos y miró fijamente a Emmet "como lo diga le mato".

— El final es que había un chico, que le tenía mucha manía….

— Em… para

— Garret creo que se llamaba.

— Emmet… no te lo vuelvo a decir.

— Pues el caso es que mientras todas las chicas admiraban a un sonrojado Edward en la puerta de los vestuarios, este chico llegó por detrás…

— ¡EMMET!

— … ¡y le quitó la toalla de un tirón! – se tronchaba de risa. – No sabía donde esconderse. – Siguió al ver a Bella totalmente pendiente de sus palabras.

Bella se giró riéndose de la situación hasta mirar a su chico a los ojos.

— ¿De verdad? – le preguntó Bella con los ojos como platos y las manos tapando su boca por la sorpresa.

— Si… esta me la pagas Emm… te lo juro. – Miró serio a su amigo.

— ¡Ey!, vamos colega. Si entre nosotros no hay secretos… Me parece normal que informemos a Bella de las anécdotas que no ha vivido con nosotros… y a Jasper igual. – Miró al rubio que estaba al otro lado de la mesa.

— ¿Ah sí? – tentó Edward…

— Claro… — Emmet se puso serio de repente pensando en algo que le hiciera a él quedar en ridículo.

— ¿De veras? – preguntó con una sonrisa cínica.

— No te atrevas – recordó Emmet.

— Pues claro que me atrevo Emm… tú has abierto la veda – puso las palmas hacia arriba intentando justificarse – y tenemos que compartir con estos chicos…

— No tío, no… juraste que no lo dirías nunca.

Bella no había parado de reírse en toda la tarde. Estaba segura de que podían ir a algún programa de nuevos cómicos o algo así. Emmet y Edward… vaya pareja.

Sus amigos, los cuatro, les habían ayudado con la mudanza; cogieron las pocas cajas y ropa de casa de Alice y todo lo que quedaba en la casa de su padre. Hicieron lo mismo con la casa de Edward. Compraron estanterías para el salón y un colchón de forma provisional; tanto Jasper como Emmet habían ayudado a montar los escasos muebles para poder colocar sus cosas. Ahora estaban los seis inaugurando su nuevo hogar con comida nada sana y unas cuantas cervezas.

— Chicos… siempre estáis igual. – Replicó Rose. – No les hagas ni caso… total, hace tanto tiempo, que quién sabe si es verdad. – Les sacó la lengua.

— Es verdad, doy fe. – Contestó Emmet.

Bella seguía sonriendo, imaginando a Edward en esa tesitura; pero le picaba más la curiosidad lo que pudiera decirle de Emmet.

A simple vista le había impresionado bastante la pareja de Rose y Emmet. Emmet era grande… muy grande. Y Rose… Rose parecía una muñeca. Al principio su aspecto la intimidó un poco; pero enseguida descubrió que Emmet era lo más parecido a un ganso y Rosalie era un verdadero dulce.

— Ali… ¿Te encuentras bien? – su hermana no había abierto apenas la boca y eso era muy raro en ella.

— No sé… me encuentro rara.

— No has probado bocado – certificó Rose.

— No me apetece mucho – arrugó la nariz en señal de asco.

— Lleva así toda la semana y no me hace caso – buscó apoyo de sus amigos ya a la desesperada. Desde el día del supuesto empacho, Alice no había probado apenas bocado y se sentía floja todo el día.

— Estoy bien…

— No lo estás; normalmente comes como una lima nena… y tienes el plato intacto. – Siguió Bella.

— ¿Por qué no vienes mañana al hospital? Te hago un análisis y ya…

— O deja que te vea papá

— Que pesaditos que sois, que estoy bien… — protestó levantándose de golpe.

Todo giró a su alrededor provocando que se volviera a sentar de inmediato. Bella corrió al ver a su amiga pálida y Edward se arrodilló a su lado. Jasper ya no se contuvo más.

— Hasta aquí llegue Alice. – Sacó el móvil. — Tu padre está de guardia… nos vamos para el hospital ya. Voy a llamarle.

— Jass por favor… no dramatices. Es un simple mareo. – Frunció el ceño.

— Como si se te ha roto una uña y te la tengo que arreglar de urgencia. – Ironizó — En serio cariño... eres peor que un niño pequeño. – Le desquiciaba la cabezonería de Alice en muchas ocasiones, pero él podía serlo aún más si se lo proponía.

— Está bien – bufó al ver la determinación en su mirada. – Llámale.

— Es por tu bien Ali… — le cogió Rose la mano izquierda. – Así, si no tienes nada le podrás decir "te lo dije" – se rió la rubia.

Edward se había ido con Jasper a la cocina, que aunque estaba comunicada con el salón, se oía menos ruido. Mientras él hablaba con su suegro, el hermano, preocupado, no perdía ripio de la conversación. La verdad que Jasper estaba tranquilo… incluso esperanzado; pero no quería decir nada. No sin unos análisis que certificaran lo que llevaba una semana sospechando; náuseas, asco a la comida, mareos… "no me hace falta la carrera para saberlo; es pura intuición". Sonrió.

— Tío… ¿te alegras de que mi hermana esté así? – preguntó Ed frunciendo el ceño.

— No queridísimo cuñado… no me río de eso. Ya lo sabrás… — y se dio la vuelta para llevarse ya a Alice de allí. – Vamos preciosa. Tu padre nos espera.

— No quiero que me hagan análisis… no soporto las agujas. – Puso su mirada intentando ablandar a Jasper.

— Me da igual lo que digas. Te pincharé yo mismo. O tu padre, lo que prefieras. – Colocó el abrigo sobre los hombros de Alice y la ayudó a levantarse.

Tras la marcha involuntaria de Alice, Emmet y Rosalie aprovecharon para irse también y dejar a los tórtolos a solas; algo que agradecieron los dos. Se miraron y sin decir nada se pusieron a recoger la cocina en silencio. Tiraron las sobras y fregaron los cuatro trastos que ensuciaron. Cada vez que se cruzaban se sonreían, sabían de qué iba este juego y les encantaba. Era su primer día, en su casa, sin pensar en que se tenían que separar… esa sensación de empezar una nueva vida con la persona a la que amas… eso no tiene precio.

Edward fue a bajar la basura, mientras Bella ponía sábanas limpias. Estaba nerviosa… "¿preparo el baño?…mmm un baño calentito en esa bañera… con burbujas… con Edward… definitivamente preparo el baño".

Al entrar de nuevo en casa oyó cómo tarareaba una canción. Sonrió. Estaba deseando quedarse en casa con ella, a solas. Llevaba reprimiéndose desde medio día… desde que la había visto agachada sacando las cosas de las cajas, colocando sus libros. Sonriendo a las chicas, compartiendo momentos con sus amigos… Su carita de ángel, esa risa.

Avanzaba por el pequeño pasillo hacia su habitación; abrió la puerta con cuidado pensando que estaría allí… "en el baño…je"; intentaba no pensar en lo obvio para no delatarse antes de tiempo. Pero al abrir la puerta y ver a su chica, completamente desnuda, a cuatro patas comprobando la temperatura del agua… la contención se fue a la mierda. Jadeó.

Bella giró su cabeza al notar el ruido y lo vio allí, con la boca entre abierta, los puños apretados y los ojos cargados de deseo. No pudo evitarlo, su entrada se humedeció. Se relamió de anticipación antes de incorporarse y meterse lo más sensualmente que pudo en la bañera.

La espuma cubrió su cuerpo provocando que Edward volviera a jadear. Se fue desnudando ante la atenta mirada de su chica que se negaba a parpadear para no perderse ni un segundo de ese improvisado Streep tease… Mordió su labio inferior con fuerza mientras dejaba resbalar una de sus manos por sus pliegues. Él la observaba desde arriba, tremendamente provocativa. Sus pechos se adivinaban entre la espuma y eso le estaba volviendo loco. Se despojó de su camiseta y de sus pantalones sin mucho cuidado; presentía que se estaba masturbando y tenía la urgencia de ocupar el lugar de sus dedos.

Una vez estuvo completamente desnudo la que jadeó fue ella. Habían estado separados mucho tiempo, negándose, dando la espalda a sentimientos verdaderos. Notaba que habían perdido mucho tiempo… pero el que les quedara por delante lo aprovecharía al máximo. Gimió al introducir dos dedos en su interior.

— Shhhh, no me hagas eso. – Susurró Edward mientras se metía en la bañera.

— Si yo no hago nada – sonrió

— No, nunca… — una vez dentro se acercó hasta ella para cogerla.

— Ed… ¿y si nos dejamos ya de historias? – sugirió en su oído mientras le cogía la polla y empezaba un lento movimiento.

— Mmmm, creo que no. Me llevas ventaja. – Pasó la mano por su nuca y la agarró del pelo. – No te va a resultar tan fácil. – Susurró contra su boca, haciendo que el aliento le golpeara en la cara.

La besó con rudeza, ninguno de los dos estaba para andarse con tonterías. Ella seguía enganchada a su miembro y lo apretaba y pajeaba alternativamente; mientras sentía cómo él acariciaba la cara interna de sus muslos y rozaba el clítoris que, hinchado, asomaba por sus labios inferiores. A cada roce, ahogaba un jadeo en su boca.

Edward tenía toda la intención de prolongar ese primer momento en la bañera; quería que fuese especial. Necesitaba que fuese único y que quedara grabado en su mente para siempre… pero no fue así. La notaba excitada; ver su cara descompuesta por el placer, sus jadeos ahogándose en su boca, provocaba que él necesitara hacerla suya. Sin contemplaciones.

— Joder nena… vas a hacer que me corra sólo con oírte. – Susurró en su oído mientras la colocaba a horcajadas, provocando el roce de sus centros.

— Podría decir lo mismo… — sonrió – No hemos durado ni cinco minutos. Te deseo, dentro. Te necesito. – Suplicó.

— Ya te dije que no te negaría nada. – La cogió de las caderas y colocó su dureza en su entrada. Ella se dejó caer.

Ambos sintieron un pinchazo en el estómago mientras se acoplaban. Se besaron dulcemente mientras Bella subía y bajaba sobre su miembro. Edward la acompañaba apretando sus glúteos, empujando con su cadera. Estaba en la gloria y no quería irse de allí nunca. No fueron rápidos… ambos estaban tan excitados, tan desbordados por la situación que no hizo falta ningún movimientos de más. Sólo un poco, lo justo para provocar un leve oleaje en el Jacuzzi. En cuanto notó que sus paredes empezaban a estrangularle se dejó llevar, lento y duro; sintiendo cada roce interior. Llegando hasta el fondo. Provocando que ella arqueara la espalda. Atrapó uno de sus pechos con su boca, lo mordió, jugó con su lengua… consiguiendo que Bella volviera a restregarse contra él encadenando dos orgasmos. Este segundo a él le hizo daño… pero le dio igual.

Ella no se movió; miraba directamente a los ojos del ser más extraordinario que había conocido en su vida. Jamás, nunca había sentido lo que sentía estando con él. La sensación de entrega total que sentía; esa impresión de reciprocidad estando con él, era algo único. Le miraba con devoción, besaba sus párpados, su nariz. Aún seguía con él en su interior… no pensaba moverse ni un milímetro. Él acariciaba su espalda, su trasero, sus costados. Se apretaban el uno contra el otro.

— Te quiero Ed… — le besó en los labios.

— Y yo a ti… pero eso ya lo sabías – sonrió. – Me duele en el alma cortar el rollo de este momento…. Pero el agua se está empezando a quedar fría y no quiero que cojas un resfriado.

— No podría coger frío teniéndote a ti entre mis piernas – contestó sensual contra su oreja.

— Provocadora…

Edward se levantó con cuidado de no resbalarse con Bella entre sus brazos. La puso de pie en el suelo y se colocó detrás de ella para taparla con la toalla. Aprovechó para abrazarla y apretarla de nuevo contra él; se miraron a través del espejo y la mirada de ella se tornó felina en cuanto sintió en su trasero cómo Edward despertaba de nuevo.

Cuando llegaron a urgencias Carlisle ya había movilizado a un par de enfermeras que les estaban esperando.

— Esto es trato preferente Jass… no es justo. – protestó Alice que intentaba alargar la espera lo más posible.

— Seguro que toda esta gente que está esperando en urgencias será atendida por un médico inmediatamente… En cuanto a ti… vas a ser atendida por mí, que estoy librando, así que – se encogió de hombros.

— Traidor…

— Hola Jane – saludó a una de las enfermeras.

— Hola Doctor ¿Hoy no libraba? – le miró de arriba abajo. Si el doctor ya estaba bueno con la bata; vestido de calle era para echarlo de comer a parte.

— Si, pero he tenido una emergencia familiar. – Empujó ligeramente a Alice, la cual estaba que echaba humo por las orejas. – Esta es MI mujer Alice. – Aclaro por fin. Estaba harto de las indirectas de esa rubia.

— Oh, ¿usted es la hija del doctor Cullen?

— ¿Eh?... sí, sí… claro. – Los celos desaparecieron igual de rápido que aparecieron cuando escuchó a Jasper cómo la presentaba. No le quitaba el ojo de encima; ahora mismo la podrían sacar litros de sangre… ella seguiría anclada en sus ojos.

— Disculpe doctor. – Dijo Jane bajando la cabeza. "La verdad que es preciosa, no me extraña que estén juntos", se decepcionó la rubia. – La sala de curas está preparada para la extracción… lo puedo hacer yo si desea…

— No Jane, yo lo hago. – Sonrió satisfecho. Le encantaba callar bocas; y más si pertenecían a víboras como Jane… "mañana tendrán comidilla a la hora del descanso".

Mientras se encaminaban a la sala, Alice estaba como en una nube. Estaba convencida de que era una indigestión o algo así. El día de las tortitas se puso fatal y llevaba una semana arrastrando el mal cuerpo… pero nada más. Le daba asco la comida pero por que se había puesto las botas comiendo.

— Creo que esto es un poco exagerado… ¡Me encuentro bien! En serio…

— Puede, pero así yo me quedo más tranquilo… y tus padres y los demás también. – Contestó mientras abría la puerta de la sala. – Siéntate en la camilla por si te desmayas.

— No me voy a desmayar… — rodó los ojos.

— Eso dices siempre y acabas en el suelo. No te hagas la fuerte princesa, estamos solos.

— Odio las agujas. – Lloriqueó

— Pues entonces no mires.

Sonreía ante la actitud de Alice; siempre le había parecido enternecedora aquella manera aniñada de comportarse. Pero luego se transformaba en una mujer de armas tomar, sensual, sexy… muy caliente. Suspiró. Parecía adivinar lo que estaba pensando y le miró a sus ojos grises.

— ¿Te ponen las consultas? – provocó ella.

— Primero te voy a quitar sangre… y mientras se analizan los resultados y esperamos pacientemente… sí, me ponen las consultas. ¿Ya no estás mareada?

— No… ya he dicho que estoy bien – estiró el brazo y giró la cabeza al lado contrario.

— Esto… — sacó la jeringuilla en el momento en que ella ya no miraba y la acarició el revés del codo para buscarle la vena. – Quizá no sea el mejor momento… pero… — "la tengo, no quiero hacerla daño" — … lo de antes iba en serio. – mojó con el algodón.

— ¿El qué? – frunció el ceño.

— Pues lo de antes… — "seré gilipollas… ahora me tiembla el pulso." – Definitivamente no es el mejor momento.

— No te entiendo Jasper.

— Sólo piénsalo. – Pinchó y ella ni se inmutó.

— Sabes que odio que me tengas en vilo con algo… ¿Qué es? ¿Qué tengo que pensar? ¿Cuándo narices me vas a pinchar?

— Ya está

— ¿Ya está?

— Si, quejica

— ¿Y bien?

— Que qué iba en serio.

— Pues que… — se rascó la nuca – que quiero que seas mi mujer Alice.

— Estás de coña.

— No, en serio – la miró dudando mientras dejaba la muestra en la bandeja.

— No, estás de coña.

— ¿No quieres?

— Pues claro que quiero Jas… — los ojos se humedecieron sin poder evitarlo – pero hay veces que eres tan impulsivo… — puso un puchero. – Yo me imaginaba una pedida en condiciones, una cena, un anillo… — las lágrimas caían ya sin control. – Y me lo pides en una camilla de hospital, mientras me desangro. — Se miraba la minúscula herida que había dejado con el pinchazo – Joder, escuece.

— Exagerada… no escuece. – La cogió la cara entre sus manos. — No te estoy pidiendo matrimonio; estoy haciendo una declaración de intenciones. Quiero que seas mi mujer, te siento como mía Ali, no quiero tener que decir que eres mi chica, mi novia… No sé si me estoy explicando – acariciaba con los pulgares sus mejillas ahora húmedas. – Tendrás tu pedida, tu anillo y tu sorpresa; pero mientras tanto quiero que seas mi mujer.

— Ejem, ejem… — interrumpió Carlisle.

— Papá… — contestó Alice como en una nube.

— No quería interrumpir el momento… pero hay un hueco en el laboratorio y como estaban pendientes de ti hija…

— Perdona Carl… culpa mía – se disculpó Jasper. – Yo mismo llevaré la muestra. Esperarme aquí… volveré con el resultado.

Caminaba por los pasillos con el tubito entre sus manos. Llegó al laboratorio y llamó a la puerta.

— ¡Adelante!

— ¿Se puede? – preguntaba Jasper mientras abría.

— Pasa, pasa… creía que vendría el Doctor Cullen – sonrió George.

— Al final te tendrás que conformar conmigo… ¿lo analizas por favor? Es de Alice.

— Claro amigo.

Mientras esperaba sentía su presentimiento crecer en su interior. Estaba nervioso; fue la media hora más larga que había pasado en su vida.

George se levantó con el folio en la mano mientras miraba los resultados. Sonrió a su amigo para infundirle optimismo.

— ¡Enhorabuena Jass! – Y palmeó su espalda.


No me despido porque en breve cuelgo el siguiente capi ^_^