Un poquito más… espero que os guste. Y dadle al botón del RW!

SOMOS ADULTOS

Pocos días después, el grupo al completo se trasladó a Malfoy Manor. Se había decidido tras mucha charla entre los adultos, que era el momento de presentar formalmente en sociedad a los chicos. Hermione tenía la edad en que usualmente se produce la introducción de las jovencitas en la sociedad, y puesto que Draco había sido solicitado en cortejo oficial, no podía mantener su actual estatus y al tiempo ser cortejado. Y por extensión, Harry sería presentado con él. A Hermione le había parecido bien, pero Harry había fruncido el ceño y permanecido taciturno el resto del día cuando se lo dijeron. Representaba que las familias interesadas podían hacer sus ofertas en relación a un posible matrimonio, y a Harry eso no le hacía ninguna gracia. Por mucho que sus padres aseguraran que nunca le impondrían una pareja que no fuese de su agrado. Pero antes de Navidad y de la presentación formal, prevista para la fiesta de la noche de Fin de Año, los Malfoy recibieron un nuevo grupo de invitados. Andrómeda y Ted Tonks, acompañados de su hija, la Auror novel Nymphadora Tonks.

Desde el incidente de King Cross, las hermanas habían cruzado cartas, tentativas y tímidas al principio, y finalmente, Narcisa había decidido que su hermana merecía una oportunidad. Después de todo, el tema de la limpieza de sangre no era realmente tan importante. Y Ted había hecho algo por ellos, algo que demostraba que estaban al menos en terreno neutral. Tras una mañana de charlas entre las hermanas, y cuidadoso intercambio de opiniones políticas entre sus esposos, todos se reunieron con el resto de sus invitados para el almuerzo. Remus y Severus se habían unido a los Tonks en el salón azul, tras las primeras formalidades y los más jóvenes estaban montando a caballo por las amplias extensiones de la finca, vigilados por Elwyn desde su ejemplar de slenepir, un fuerte caballo de guerra, carnívoro y emparentado con los Tresthal, y Sirius, en su forma de Tizón.

Tras desmontar, los chicos habían ido a asearse, y se reunieron con los adultos en el comedor designado, y Harry, con Azra enroscada en torno a su cuello y con Yin y Yang correteando de sus hombros a los de Draco e incluso los de Hermione, hicieron su entrada en el lugar. Inclinado respetuosamente la cabeza ante su abuelo en un pequeña reverencia, igualmente ante su Maestro y dedicando un saludo apropiado para un pariente próximo a Lucius, Harry se aproximó a Remus y se situó junto a él. Draco saludó educadamente y se sentó junto a su padre. Y Hermione ocupó el lugar libre a la izquierda de Harry. Lord Tyrone Michael Ryan había sido introducido como amigo de la familia y aunque se ganó un par de miradas curiosas de los Tonks, todos le saludaron cortésmente, aunque con cierta torpeza por parte de Dora. Lord Ryan era conocido sobre todo por sus importaciones de productos exóticos, un negocio que había creado mucho tiempo atrás…aunque muy pocos eran los que podían decir que conocían al propietario. Sobre el papel, su disfraz tenía consistencia legal, y el hombre pasaba por ser descendiente de magos ingleses, exiliados en el extranjero. La cobertura era legal y perfecta. Lord Guevadain era un mago de reputación conocida, con firmes negocios en varios sectores, incluidos el de la crianza de animales mágicos de raza, sobre todo varias razas de caballos mágicos, crups y sus híbridos, y la producción de lana merina de la más fina calidad. En sus fincas de Francia, más templadas, se criaban diversas especies de arañas para la producción de seda, mas fuerte y resistente que la de los gusanos de seda ordinarios, dando origen a telas de calidad extraordinaria.

Finalizado el almuerzo, entre charla relajada, y mientras disfrutaban de un café o un té, Ted Tonks había carraspeado y sacado de su bolsillo un sobre de grueso pergamino, abultado con el contenido de su interior. Con una pequeña sonrisa, el hombre murmuró, tendiéndolo al ojiverde:

-Supongo que podrás hacerlo llegar a su destinario, Harry…de todas maneras saldrá en las noticias de mañana, mágicas y muggles.

El muchacho tomó el sobre con aire curioso y expectante y lo abrió, ojeando su contenido, un largo pergamino oficial, con múltiples sellos ministeriales. Sus ojos se giraron hacia los azulones de Ted Tonks y el hombre sonrió bonachonamente:

-No todos estaban conformes con el tratamiento recibido por tu padre…y finalmente, se ha logrado que el Ministro entrara en razón y admitiera las pruebas y testimonios existentes para exculparle. Sirius Black es desde ayer oficialmente un hombre inocente, plenamente rehabilitado. La noticia se ha difundido hoy internamente en el Ministerio y se ha trasladado a los policías muggles. Mañana por la mañana será primera plana, con todo detalle en el Profeta y The Guardian, The Sun, The Times…Espero que las noticias le lleguen a tiempo para Navidad…

Harry esbozó una sonrisa lenta y suave, que creció hasta hacerse pronunciada y brillante. Entre los estridentes ladridos de Tizón, y con aire radiante, aunque sus ojos estaban húmedos, Harry se giró a su Maestro y susurró:

-¿Maestro? ¿Puedo salir un momento? Necesito refrescarme…

Severus asintió y Remus añadió con suavidad:

-Llévate a Tizón y sácale al jardín, creo que está cansado de estar aquí dentro y necesita salir…

Con una sonrisa, Harry abandonó la sala y apenas dobló la primera esquina del corredor, Sirius le abrazó vehementemente, dejando oír una profunda carcajada. El muchacho se abrazó a él como a un salvavidas y lloró suavemente, mientras su padre murmuraba:

-Sshh…ya esta, Cachorrillo…ya se acabó…Nadie va a separarnos nunca…te lo prometo, Harry.

La conmoción social por la exculpación de Sirius Black sacudió la sociedad mágica. El Ministerio recibió críticas y quejas…si un noble y relevante miembro de su sociedad podía ser acusado y encarcelado injusta y arbitrariamente…¿Qué no podría ocurrir con un mago de a pie? Sirius se dejó ver en Callejón Diagón, acompañado de los Tonks, y con Harry, en una fugaz visita a Gringotts. Innumerables fotos fueron tomadas de él, con la mano sobre los hombros de Harry, pero ninguno contestó a las preguntas de la prensa. Los rumores sociales se multiplicaron cuando Narcisa y Lucius contestaron múltiples preguntas de sus conocidos, confirmando que Sirius pasaría las Navidades con ellos en Malfoy Manor, mientras decidía que hacer ahora que era de nuevo un hombre libre.

El día de Navidad, Harry y Draco se levantaron muy muy temprano, se envolvieron en sus flamantes pijamas y batines – una vieja tradición recuperada de los Malfoy, de pequeño Draco siempre podía abrir un regalo la noche antes de Navidad , y siempre era un nuevo conjunto de pijama y su batín, con zapatillas a juego – y corrieron a despertar a los adultos. Harry vio desaparecer a Draco en dirección al pasillo que llevaba al dormitorio de sus padres y vaciló en la encrucijada del corredor. ¿A quién despertar primero?¿Sirius y Remus, su abuelo o Severus? Tras un momento de duda, encaminó sus pies envueltos en zapatillas de cuero blando hacia la puerta de su Maestro y entró sin llamar. Se aproximó al lecho y se sentó cautelosamente en el borde, contemplando al hombre dormido. Severus había dejado sin tocar el nuevo pijama en la banqueta y dormía tan solo en ropa interior, la ropa de cama revuelta a su alrededor. Harry contempló la pálida piel desnuda, las marcas y cicatrices que la adornaban y el bulto delator de una semierección bajo la mano del hombre. El muchacho tragó saliva, haciendo un esfuerzo para apartar los ojos de la tentación.

Con mucha suavidad, rozó el hombro de su Maestro y murmuró su nombre. Los parpados temblaron, y el pecho se alzó en un suspiro, y finalmente los ojos se abrieron muy despacio. Severus sonrió y se incorporó en el lecho, y recibió un beso en la mejilla y un abrazo mientras Harry murmuraba "Feliz Navidad Maestro". Revolviendo el pelo del muchacho, Severus se encaminó a su baño a refrescarse y Harry hizo la cama, cuidadosamente. El hombre dejó que Harry cepillase su pelo brevemente y le dio una palmada juguetona en el trasero, enviándole en busca de sus padres y su abuelo. Sonrojado, pero asintiendo, Harry se perdió por el corredor y los ojos oscuros de su Maestro le vieron desaparecer. Con un suspiro de resignación, el hombre puso fin al par de momentos de ensoñación y encaminó sus pies hacia el salón donde estaba instalado el árbol de Navidad. Cuando llegó a él, Elwyn estaba contemplando pensativo el fuego, mientras un par de elfos depositaban en la mesa tazas, teteras, cafeteras, zumos, fruta, pastas, cacao, leche y pasteles diversos. El sonido de voces y risas procedentes del corredor sacó al hombretón de su ensimismamiento y esbozó un saludo hacia Severus, que inclinó la cabeza y murmuró casi inaudiblemente "Feliz Navidad" Elwyn rehízo el lazo de su batín y se pasó las manos nerviosamente por el pelo, olfateando ansiosamente.

Draco entró charlando animadamente con sus padres, la risa cantarina de Narcisa resonando entre los muros de la mansión. Con ojos brillantes, Draco abrazó a Elwyn, y este le dio un suave beso en la mejilla murmurando en su oído "Feliz Navidad, mi querido Pequeño Dragón". Cualquiera que hubiese osado usar semejante apodo o cualquier otro diminutivo o motes, hubiera sufrido sin duda las iras de Draco, pero el muchacho encontraba tierno y afectuoso el uso de esos diminutivos por parte de su cortejador: Pequeño Dragón sonaba tan bien en su profunda voz masculina, sobre todo cuando lo susurraba en su oído como ahora…Las palabras parecían erizarle al piel y Draco depositó un beso a su vez en la mejilla del hombre, muy cerca de la comisura de su boca y se quedó quieto un instante más entre sus brazos.

Antes de que Narcisa o Lucius pudieran siquiera carraspear, Elwyn soltó a Draco, aunque realmente se hubiese quedado así toda la mañana, simplemente sujetándole entre sus brazos; y le condujo a uno de los cómodos sofás, deslizando una mano en su cintura, muy levemente. Mafalda estaba ya sentada en un rincón, en una baqueta baja cerca del fuego, tejiendo incansablemente. La voz de Harry se escuchó por el corredor, y pese a que Elwyn estaba distraído con Draco, notó un incremento del ritmo cardiaco de Severus. El muchacho entró acompañado de su abuelo y sus padres, el brazo de Sirius sobre sus hombros. Y Hermione con ellos, con aire tímido. Y todos saludaron y desearon felices fiestas a los demás, antes de sentarse repartidos por los amplios sofás. Con cierta vacilación, Harry ocupó un sitio junto a Sirius y Remus, mirando tímidamente a su Maestro, que compartía lugar con su abuelo.

Los elfos repartieron una taza de té, cacao o café, al gusto de cada uno e hicieron circular las bandejas de pastas y pasteles. Los chicos estaban ansiosos por abrir sus regalos, pero bebieron su té sin protestas, después de todo, tenían todo el día… En primer lugar, Dobby, Keracher y Winky entregaron gruesos calcetines tejidos a mano, bufandas de lana con borla y mitones, todo tejido por ellos mismos, en múltiples colores. Los restantes elfos de Malfoy Manor y Snape Manor habían colaborado para hacer para todos jerséis de lana con motivos de copos de nieve, snitchs, escobas y demás, en lanas de colores vivos y un representante de cada grupo entregó con aire solemne los alegres jerséis. Ellos no podían ser menos que los elfos de la casa Black. Durante un rato, todos se afanaron en colocarse los calcetines, ante las ansiosas miradas de los elfos, y Harry se quitó el batín y se colocó el sueter, mayoritariamente verde con renos en rojo y hojas de acebo en blanco, además de pequeñas cenefas en otros colores. Despues de agradecer a los elfos sus regalos, y cuando las criaturas se retiraron, Hermione recibió un conjunto de gala de parte de Remus, el que usaría en Fin de año, en preciosa seda color crema bordada con finísima pedrería. Y Sirius añadió una gargantilla y unos pendientes de oro rosado, con perlas y pequeños diamantes. Harry y Draco recibieron de su Maestro y sus padres ropas de gala para la ocasión, sus primeras y autenticas túnicas de gala de adulto, y complementos apropiados: gemelos, pisacorbatas, alfileres, cinturones y zapatos. Era lo tradicional, y los tres ya esperaban eso. Pero aun había más regalos. De alguna manera, Riddle se había hecho con el anillo familiar de los Potter, y se lo entregó junto con un pesado relicario de oro con ojos brillantes, murmurando:

-Desde hoy, eres el Jefe de la Casa Potter, Harry. Y mi Heredero.

El muchacho no dijo nada, pero deslizó el anillo en el dedo corazón su mano derecha, notando ajustarse el mismo a su mano. Heredero de la Casa Black y Cabeza de familia de la Casa Potter…además de Heredero de Slytherin a través de su abuelo. Era mucho peso para sus hombros, pero el ojiverde tomó el relicario de Slytherin y lo deslizó en su cuello, contemplando la única pertenencia que su abuelo había podido rescatar perteneciente a Merope, su madre. Sabía cuánto significaba para él, y aceptó el objeto… y las nuevas responsabilidades con él.

Draco también recibió el anillo proclamándole Heredero de los Malfoy de manos de su padre y sonrió suavemente, ante la mirada de orgullo de los ojos del brujo. Hermione sin embargo no esperaba recibir un colgante con un camafeo de manos de Remus y sus ojos castaños expresaron curiosidad. Sonriendo afablemente, el licántropo murmuró:

-Mione…quisiera hacerte parte de mi familia, y ofrecerte un puesto en la sociedad mágica que te sería muy difícil de alcanzar. No quiero que renuncies a quien eres, sino que seas aun más de lo eres.

Remus miró suavemente a Sirius, y después a Elwyn y añadió muy despacio:

-Recientemente he descubierto mi verdadera ascendencia…Elwyn es mi hermano mayor…y ahora tengo un puesto entre las filas de la casa de Guvedain. Deseo ofrecerte uno a ti también…como mi hija adoptiva…si estas dispuesta, claro…

Hermione se quedó helada un instante y después se abrazó a Remus, sollozando. Tras un rato de llantina, Hermione preguntó muy bajito y suavemente, mirando a los ojos dorados de Remus:

-¿Una adopción de sangre? ¿Seré…verdaderamente tu hija?

Remus asintió y murmuró:

-Solo si tú lo quieres…No desplazaré a tus verdaderos padres, Mione…será como con James, ganas un padre más…

Sirius murmuró calladamente, sus azules ojos mirando a la muchacha:

-Haría lo mismo si pudiera, Hermione, pero de momento, Remus y Severus deben seguir juntos de cara al mundo exterior…te prometo que en cuanto todo esto termine, estaré orgulloso de tenerte como hija, tan orgulloso como lo estoy de Harry.

Harry sonrió desde su rincón del asiento y murmuró risueño:

-Hey, Mione… siempre dijiste que querías hermanos o hermanas…ahora nos tenemos el uno al otro…y parece que no somos los únicos, verdad?

Esbozando una sonrisa y secando sus mejillas húmedas de lágrimas, Hermione se colocó el colgante y miró a Elwyn con curiosidad:

-Así que ahora es Ud…¿Mi tío?

Elwyn rió suavemente y afirmó con ojos chispeantes.

-Si pequeña princesa. Un tío gruñón. Remus es mi hermano. Y recuperarle me ha hecho muy feliz. Tanto como darte la bienvenida a la familia.

Y el hombre le tendió un par de cajas donde la castaña encontró unos preciosos zapatos, un prendedor de oro y perlas, alfileres de perlas para adornar el cabello, un delicado chal de seda bordada y guantes largos. Continuaron abriendo regalos durante toda la mañana. Se intercambiaron libros raros y pequeñas joyas de parte de los dos chicos para Lucius y Narcisa. Remus recibió la primera edición, tirada limitada, encuadernada en lujosa piel repujada, con estuches y cierres de oro y esmaltes, de sus libros de defensa, con una sentida dedicatoria de Harry, Draco y Hermione, animándole a continuar escribiendo. Y los demás, ejemplares de los mismos libros, en diferentes colores y terminaciones igualmente ricas, aunque no tan excepcionalmente lujosas. Los chicos habían encargado el trabajo a Xeno Lovegold, el padre de Luna, además de ejemplares compilados con todos los cursos de defensa en un único tomo, para regalar a sus amigos de Hogwarts. Sirius recibió un equipo completo de motorista en cuero negro, a la medida y con refuerzos de dragón. Su nueva motocicleta, una Ducati Sport 1000, conseguida por los adultos a través de los contactos de Lucius, esperaba en el garaje, encantada y mejorada por Remus y Severus. Su Maestro fue obsequiado con la 1º traducción del parsel del diario de pociones de Salazar Slytherin de parte de Harry y con una recolección de maldiciones, encantamientos y hechizos antiguos por parte de Draco, sacados de las librerías de los fundadores, Black y Malfoy. Severus había mirado con veneración los gruesos cuadernos recopilatorios escritos a mano, y abrazado fuertemente a los muchachos. A Riddle, su nieto le regaló una recopilación de hechizos en parsel, recopilados de la biblioteca de la sala de entrenamiento de Salazar y de la Cámara de los Secretos. Escribirlos de nuevo todos juntos, entresacándolos de otros materiales, le había costado mucho, porque aunque Harry hablaba y leía naturalmente en parsel, dominar la técnica de escritura casi caótica, le había llevado tiempo, pruebas y errores, hasta conseguir escribir fluidamente. Pero había valido la pena, a juzgar por la mirada de admiración y orgullo de su abuelo.

El rubito heredero de los Malfoy recibió de su pretendiente un cachorrito, un precioso cachorro cruce de crup y perro Spitz japonés. Una bolita blanca y peluda, adornada por un gran lazo plateado, con todo el aspecto elegante y distinguido del Spitz y el carácter fiero y la magia del crup. Una línea especialmente seleccionada para obtener las mejores cualidades de ambas razas. Draco jamás había tenido una mascota, no aparte de los búhos de su padre, y aun así, ninguno era verdaderamente suyo. Ying y Yang habían supuesto toda una novedad para él, incluso Azra, y aunque Draco nunca había expresado abiertamente deseos de tener un animal propio, sus ojos se iluminaron al sacar de la gran caja al suave y peludo cachorro, de enormes ojos negros. El animalito le olfateo suavemente, mirándole con curiosidad y ladró levemente, un ladridito casi demandante y se retorció entre sus manos, pugnando por ser dejado en el suelo. Draco le soltó y el cachorro le miró desde el suelo, con ojos extrañamente inteligentes. Con aire decidió, olfateo en dirección a los demás y movió la cola en salutación, para terminada su inspección olfativa y ocular, incluso de los demás animales familiares, saltar al regazo de su nuevo amo y lamerle gozosamente el rostro, entre las risas de sorpresa del muchacho. El cachorro ladró de nuevo, mirando fijamente a los ojos de Draco y Elwyn murmuró:

-Está esperando que le des un nombre… para ser tuyo por completo, Draco. No olvides que no es un perro común, sino una criatura mágica…

Draco contempló largamente al cachorro que movía la cola rítmicamente, sus orejas triangulares y erectas, su pelaje blanco y largo, esponjoso y sedoso. Con un susurro, Draco murmuró:

-Blizzard…(N.A. Viento blanco o ventisca de nieve. Un tipo de tormenta de nieve caracterizada por vientos fuertes o muy fuertes y visibilidad reducida o nula. Es una forma de Snowstorm)

Blizzard, pues a partir de ese momento no respondería a otro nombre, aulló suavemente y movió enérgicamente el rabo, como expresando su contento y se enroscó confortablemente con la cabeza sobre el muslo de su amito. Era demasiado grande para estar mucho rato en el regazo de nadie. Con un suspiro de satisfacción, el perro se acomodó entrecerrando los ojos, bajo la suave caricia de los dedos de Draco, que miraba intensamente a su pretendiente. Draco, por su parte, se había debatido mucho buscando un regalo apropiado para Elwyn, y al final se había decantado por algo sencillo, pero que esperaba agradase al hombre. Un marco de caoba con repujados de plata, y una foto. Una foto suya, vestido con pantalones de montar y una sencilla camisa blanca, el largo pelo suelto, ondeando levemente en la brisa, acariciando el cuello de su granian, mientras miraba distraídamente hacia los prados. Había pedido a Harry que tomara una foto de él, una que le representase y cuando menos lo esperaba, el moreno había sacado la instantánea. Era una foto muggle en blanco y negro, y nada en ella dejaba traslucir el verdadero estatus social del joven rubio platino. Draco podía ser simplemente un mozo de establo, pero la estampa era bella, sencilla y elegante. Elwyn sacó delicadamente de su caja el marco con la foto, y la contempló largamente, antes de sonreír y volver a guardarla como un tesoro en su caja de terciopelo.

Después de pasar buena parte de la mañana abriendo regalos, incluida una enorme caja de los productos experimentales de los gemelos Weasley, acompañada de una larga y divertida carta, unas raras plantas exóticas de parte de Neville, una edición especial del Quisquilloso, algunos libros y fruslerías de otros amigos del colegio, y picando chucherías navideñas, Harry propuso salir a los jardines, a disfrutar de la nieve caída por la noche. Draco miró con carita de cachorrito a su pretendiente, Hermione sonrió dulcemente a Remus…y hala! ¡Todos a la nieve! Vestidos con sus cálidos jerseys, mitones, calcetines, y bufandas, además de abrigos, botas y pantalones apropiados para la nieve y el frio reinante, salieron todos; menos Nagini y Azra, las dos serpientes no tenían la mas mínima intención de salir al gélido exterior y se enroscaron cerca del fuego; pero sus amos humanos descendieron hacia los nevados jardines. Los traviesos hurones montaban sobre los hombros de su amo, chirriando de contento, los bigotes temblorosos de excitación. Los cariñosos y simpáticos animalillos se escurrieron al suelo en las rosaledas, la única parte no nevada del jardín gracias a un hechizo protector y se dedicaron a husmear curiosamente cada hoja, roca y mata, en busca de posibles golosinas: algún ratoncillo, o una lagartija desafortunada. Harry sacó de sus bolsillos un puñado de galletitas para hurón y las convirtió en un surtido de bestezuelas animadas, que arrojó al césped entre chillidos de excitación de sus mascotas y la franca mirada de curiosidad de Blizard, que movía la cola animadamente. Con un gesto más, un par de las galletitas aumentaron de tamaño hasta ser como un conejo pequeño y saltaron de sus manos para escabullirse entre los rosales. Con un alegre ladrido, Blizard empezó la caza, husmeando y correteando por entre los rosales. Entretenidas las mascotas, la comitiva llegó a la zona nevada y comenzó la Gran Batalla de Bolas de Nieve. Nadie estaba a salvo, y las blancas esferas volaban por doquier. Al igual que las risas y carcajadas, y los gritos de indignación de los que eran alcanzados.

Incluso Riddle, el mago más temido de Inglaterra, se afanaba en lanzar bolas de nieve como un crio más, contagiado de la exuberante alegría que irradiaban los más jóvenes. La risa de Harry era infecciosa, alegre y bulliciosa, y su abuelo se alegró enormemente de verle feliz. Su nieto había estado algo callado y pensativo desde su llegada de la escuela y el hombre no quería pensar en la de conflictos que se plantearían si el cortejo de Draco le suponía un autentico problema. Pero los dos jóvenes parecían tan próximos como siempre, Harry había trabado una tentativa relación amistosa con Elwyn, y este no parecía resentir la estrecha proximidad de los dos muchachos, que continuaban compartiendo habitación…y cama. No, al parecer los tres estaban conformes con la situación, por extraña que pareciese. Esa noche, tras la cena y desde la balconada que dominaba una amplia vista sobre los jardines, disfrutaron de la primera exhibición de fuegos artificiales Weasley, que llenaron el cielo nocturno de bengalas, cometas, dragones y murciélagos humeantes, entre aplausos y exclamaciones de sorpresa de los adultos y de deleite de los más jóvenes, responsables de la ignición de la labor pirotecnia mágica. Durante los días siguientes, montaron a caballo, entrenaron y pasaron el tiempo de mil y una maneras. Riddle sabía que las cosas se habían "enfriado" considerablemente entre su nieto y Draco, podía olerlo en ellos, y también debía hacerlo Elwyn, quizás mejor que él, considerando que Draco era su compañero.

La noche de Navidad, tras el fin de la pirotecnia y el último vaso de poche, cuando preparó la cama para su Maestro, Harry recibió un paquete plano y rectangular de manos de Severus, con un murmullo ahogado del hombre sobre que no era realmente un regalo, sino algo que deseaba darle. Harry había abierto el paquete y contemplado el retrato empequeñecido de sus padres, boquiabierto, durante minutos. El muchacho dejó cuidadosamente el retrato sobre la cama y abrazó fuertemente a su Maestro, hundiendo la cara en su pecho, susurrando las gracias una y otra vez, mientras su Maestro le abrazaba suavemente. Sin deshacer el abrazo, Harry murmuró sin alzar el rostro del pecho del otro hombre:

-Maestro… te debo tanto…te lo debo todo a ti, Severus….te debo mi vida, mi libertad, mi magia… y mi familia…nunca podré devolverte todo lo que has hecho por mí…

Severus susurró suavemente, acariciando el largo cabello rizado, mientras Harry suspiraba suavemente, aun abrazado a su Maestro

-Ya lo haces, cada día Harry…tenerte en mi vida es recompensa suficiente. No podía dejarte abandonado a tu suerte, Harry.

Lentamente, el moreno muchacho se deshizo del abrazo de su Maestro y rebuscó con aire cohibido en sus bolsillos, hasta sacar dos pequeños trozos de asta, reducidos de tamaño. La cornamenta desmogada de un ciervo joven, con 8 puntas en cada trofeo. Balbuceando, Harry murmuró, alzando los ojos tímidos y llenos de emociones a los casi negros de su Maestro, tan profundos e intensos:

-Quería…darte esto…no es nada de valor, pero pensé…que te gustaría tenerlas…

Severus tomó las astas y las miró cuidadosamente, esbozando una sonrisa y murmuró con tono grave:

-Me complace enormemente que me las obsequies…es algo muy íntimo y personal.

Harry se sonrojó levemente y su Maestro añadió alzando una ceja:

-No me habías informado de este gran progreso en tus estudios, Harry…¿Estás guardando secretos?

El joven sonrió y denegó con presteza, su cara llena de emociones.

-No Severus, con todo el jaleó…se me pasó decírtelo. Fue muy raro, sobre todo porque las rosetas de los cuernos me picaban un montón. Y al volver a cambiar, se desprendieron en vez de desaparecer. Aun no he logrado cambiar por completo, pero esta vez en vez de llenarme de parches de pelaje por los brazos, mi cabeza cambió, me salieron orejas y… cornamenta. Incluso mi nariz se volvió húmeda y negra!

Severus le revolvió el negro pelo, cariñosamente, y murmuró, henchido visiblemente de orgullo:

-Tu padre y Sirius tardaron años en lograr adquirir sus formas, lo que has hecho es realmente notable. No dudo de que en breve habrás dominado tu primera forma, Harry. Después te será mucho más fácil.

Sonriendo radiantemente, Harry recibió su deseado beso de buenas noches, recogió el retrato y se retiró a su propio dormitorio, olvidado todo pensamiento de dormir. ¡Tenía tantas cosas que compartir y preguntar!