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Boron había salido disparado cual saeta de la lechucería de Hogwarts como si entendiera que las líneas que transportaba en el pergamino amarrado a su pata debían ser entregadas inmediatamente al doctor Snape.

La lechuza de las nieves voló como nunca dejando muy atrás los terrenos del colegio Hogwarts…

Mientras los alumnos se preparaban para ir al Gran Comedor a comer, en la enfermería, madame Pomfrey comenzaba a ponerse sumamente nerviosa, ya habían pasado horas desde que Basil el medimago se había ido y la profesora McCutchen tampoco había regresado de San Mungo.

Estaba a punto de contactar al hospital de magos por la chimenea cuando ésta se iluminó con la aparición de las tan esperadas llamaras verdes en su interior.

La primera en salir fue la profesora de defensa contra las artes oscuras seguida de Basil, el viejo medimago y otros dos sanadores de San Mungo.

Lamento la tardanza, Poppy- le sonrió Basil- pero teníamos mucho que preparar para nuestro pequeño paciente.

Madame Pomfrey asintió, mientras los sanadores y Basil se acercaban a la cama ocupada por Sev. Al momento el viejo medimago comenzó a revisar a Sev poniendo especial atención en el ópalo sobre el pecho del niño.

Aumenta de tamaño muy rápido, esto no es nada bueno para su corazón- comentó negando con la cabeza- espero que Svetlana nos dé un pronóstico más esperanzador…

¿Svetlana?- repitió madame Pomfrey parpadeando por la sorpresa- ¿Será acaso la medimaga Svetlava Vorobiov?

Sí, esa misma- comentó Basil mientras usaba su varita para escuchar el latido del corazón de Sev- le mandé una lechuza justo después de dejarlos explicándole la condición de nuestro joven paciente, estaba algo ocupada hace un rato, pero dijo que en cuanto estuviera lista vendría a San Mungo…

Svetlava Vorobiov era una eminencia de la medicina en el mundo de los magos, madame Pomfrey estaba impresionada, el joven Snape tendría la mejor atención que San Mungo ó cualquier otro hospital mágico pudiera ofrecerle y estaba segura, cualquier hospital de los muggles.

Señores- Basil se dirigió a los sanadores- estamos listos, no tenemos tiempo que perder.

Ambos sanadores asintieron, uno hizo una floritura con su varita e hizo aparecer una camilla suspendida en el aire, la profesora McCutchen retiró las sábanas que cubrían hasta la cintura a Sev para que el otro sanador que acompañaba a Basil con otro movimiento de su varita hiciera que el cuerpo desvanecido del niño se elevará de la cama evitándole cualquier movimiento brusco. Basil estaba muy atento al desplazamiento del niño de la cama a la camilla ya que solo hacer ese leve trayecto había hecho que la mancha negra en el ópalo de cerezo se agitara en el centro del cristal.

Un momento, por favor, un momento- ordenó Basil deteniendo a todos.

Ahora Sev reposaba sobre la camilla y Basil volvió a revisar la condición del niño.

Podemos continuar- comunicó Basil después de revisar a Sev- Madame Pomfrey, estamos listos.

La enfermera asintió, el momento de llevar a Sev a San Mungo había llegado.

Madame Pomfrey – le llamó la profesora McCutchen- yo creo que lo mejor es que usted vaya con ellos a San Mungo, no veo por aquí a la directora McGonagall así que le informaré que ya se encuentran en el hospital para que les alcancé a la brevedad.

Veré que el señor Snape llegue sin inconvenientes y regresaré- informó la enfermera- no me gusta dejar Hogwarts solo, no quiero ni pensar que alguno de los niños me necesite y yo no esté.

Excelente- se mostró de acuerdo Basil- por favor, debemos irnos.

La profesora McCutchen se acercó a la camilla y le dio un beso en la frente a Sev.

No tenga miedo, señor Snape- le susurró- todos le estarán cuidando.

Adecuamos para este traslado la red de polvos Flu- explicó el medimago a madame Pomfrey- no estábamos seguros que una aparición fuera el mejor método, además de que tendríamos que hacer el trámite para permitir una aparición dentro de Hogwarts. Y podemos controlar la red de polvos Flu para este caso de emergencias para no perjudicar de ninguna manera a nuestros pacientes. Ahora, estamos listos…

A una señal del medimago Basil, los sanadores se colocaron cada uno a un extremo de la camilla y comenzaron a caminar con ésta flotando a su ritmo, Basil encabezaba la marcha a la chimenea y madame Pomfrey iba al lado de Sev revisando tanto la burbuja de aire como el ópalo sobre su corazón.

Las llamas verdes crepitaron cuando los adultos y el niño desaparecieron en la chimenea.

La directora McGonagall había dicho que después hablaría muy seriamente con Adam y Albert sobre lo que habían hecho, y Albert ya daba por seguro que terminarían siendo expulsados por la directora, o en el mejor de los casos solo les quitaría algo así como quinientos puntos a cada uno, el joven Slytherin no sabía que sería más peor si ser expulsado o que les quitaran tantos puntos.

Y todavía peor, ¡Cuándo Adam se enterara! Sí, ese sería el final de Adam, bueno, al menos ya no quedaba sobre su conciencia el haberse quedado callado y que eso hubiera sido todavía peor para Snape.

Mientras Adam guardaba silencio pensando en todo lo que le deparaba el futuro con el inminente regaño de la directora McGonagall, Teddy había logrado que el profesor Wallace aceptara que le permitieran ver a Sev en la enfermería aunque la directora no se veía muy contenta con el permiso que el profesor de pociones había dado.

Las campanadas del reloj de Hogwarts hicieron que todos dieran un salto al ser tomados por sorpresa, el tiempo se había pasado volando, ya era hora de comer…

Señor Parkinson, hablaré con usted y con su hermano posteriormente- comunicó la directora McGonagall muy seria- puede retirarse.

Adam asintió y después de dirigirle una rápida mirada que Teddy entendió como un "lo siento" salió de la oficina de la directora.

Una vez que el joven Slytherin se retiró, la directora McGonagall indicó que fueran a la enfermería al profesor Wallace y al joven Lupin cuando Dilys Derwent entró corriendo a su retrato.

Ya están en San Mungo- informó la antigua directora del colegio.

Señor Lupin, será mejor que vaya al Gran Comedor con el resto de sus compañeros- pidió la directora McGonagall.

Teddy solo asintió "Ni siquiera me pude despedir" se dijo así mismo, pero al momento se reprendió mentalmente, el cuadro de la bruja había dicho "San Mungo" entonces Sev no estaba en la enfermería sino que lo habían llevado al hospital San Mungo. ¡Los medimagos lo curarían, estaba seguro! "Las trillizas Zenner se equivocaron, estoy seguro" se repetía sin parar una y otra vez mientras salía de la oficina de la directora.

Después de haber ido al centro comercial y encontrar los libros que necesitaban para tener ideas que pudieran servirles para el disfraz de bruja de Sam, Mathew había pedido pizzas para todos.

Ahora en casa Samantha estaba sentadita sobre la alfombra de la sala entre el sillón y la mesa de centro comiendo un pedazo de pizza mientras veía la película de Mago de Oz que habían alquilado después de comprar los libros sobre brujas y hadas en la librería del centro comercial.

Math y tía Adeline también estaban sentados en los sillones comiendo sus rebanadas de pizza mientras veían la película, bueno, realmente la única que veía las aventuras de Dorothy era Sam, ya que Mathew estaba más interesado en comer su pizza mientras que Adeline aun sentía esa extraña sensación de que algo no estaba de todo bien que había sentido en la librería, la doctora Moore quería creer con todas sus fuerzas que solo había sido una alucinación suya, pero cada vez que trataba de negarlo, volvía a pensar en Sev ¿Qué estaría haciendo el pequeño en ese momento? Seguramente comiendo en Hogwarts, al parecer cada comida era un gran banquete para los niños.

¿Adeline?- le llamó Math sacándola de sus pensamientos.

Su cuñada parpadeó levemente cuando Mathew la regresó a la realidad.

¿Estás bien?- volvió a preguntarle Math desde el sillón que ocupaba.

Sí, claro- le sonrió ella, aunque la sonrisa de sus labios no alcanzó a llegar hasta sus ojos preocupados.

No, no es cierto. Siempre has sido mala mintiendo- Math dejó su plato aun con la orilla de la pizza sobre la mesilla de centro- ¿Sigues pensando en Sev?

Adeline asintió en silencio.

No dejo de pensar en él, tengo… miedo…- susurró Adeline- no estoy segura, es extraño y…

Adeline se mordió el labio.

¿Y?- le invitó a continuar el papá de Sam.

Adeline dio un largo suspiro antes de contestarle.

Mathew… yo… ya había sentido antes esto…- la tía de Sam bajó la vista hacia su plato como si no pudiera aguantar la mirada del doctor Snape- al principio no me di cuenta, pero… sentí este mismo… miedo, cuando Adele…

La doctora Moore no pudo continuar, pero Mathew entendió a qué se refería.

Adeline… tranquila…- Mathew se acercó a ella quitándole de entre las manos su plato para ponerlo en la mesilla de centro- No va a pasar nada malo, ya lo verás, todo está bien… - Math tomó las manos de su cuñada entre las suyas- si hubiera pasado algo malo, ya nos habrían avisado…

Mathew le sonreía intentando tranquilizarla y Adeline le regresó una tímida sonrisa, sí, eso era cierto, si hubiera pasado algo malo Boron ya hubiera llegado con alguna carta o algo y no habían recibido nada en todo el día y ella pedía al cielo, nunca les llegara un sobre con tan malas noticias como esas.

Tienes razón, Math- susurró Adeline- Gracias.

Sam ni siquiera se había percatado de todo lo que hablaban los adultos ya que estaba más ocupada viendo como Dorothy y sus amigos intentaban escapar de un peligroso bosque con árboles tenebrosos que estaban a punto de atraparlos…

Eh, ¿Quieres más pizza?- preguntó Math de pronto reparando en que seguía tomado de las manos de Adeline.

Ella se ruborizó un poco al momento que retiraba sus manos.

Eh, no, gracias… Estoy bien…- musitó mirando de nuevo a la pantalla donde Dorothy y sus amigos habían escapado de los peligrosos árboles.

La lechuza entró volando por la ventana abierta de la habitación donde Harry estaba jugando con Ginny y los niños.

Al momento la lechuza fue directamente hasta el hombro de Harry dejando caer su carta y salir volando una vez más directo a la ventana abierta.

Harry se sorprendió de ver el emblema de Hogwarts sobre la cera lacada, bajo la atenta mirada de Ginny, rompió el sello y comenzó a leer, conforme recorría las líneas escritas la gravedad de la situación en Hogwarts se revelaba.

Solo ver como el rostro de Harry iba cambiando a una expresión más seria conforme leía, Ginny se dio cuenta de que se trataba de algo realmente importante, así que cuando Harry se puso de pie y anunció que tenía que salir inmediatamente, Ginny solo comentó un "Ten cuidado y regresa pronto…"

Boron había hecho honor a su nombre durante ese viaje, había logrado salvar la distancia en menos tiempo del que le hubiera tomado a una lechuza común y corriente, bueno, tal vez la famosa Hedwig, lechuza del famoso Harry Potter lo hubiera logrado en menos tiempo pero ahora nadie lo sabría.

Los campos rurales habían quedado atrás hacia horas, y conforme avanzaba en su vuelo la grandiosa ciudad de Londres se dibujaba frente a sus ojos.

Muy pocas personas tuvieron la suerte de levantar la vista esa tarde de domingo y admirar al búho del ártico que pasó volando sobre sus cabezas mientras sorteaba magistralmente los obstáculos que representaba volar entre los vehículos y los edificios de las calles londinenses como si buscara una dirección en particular…

Las alas ya dolían pero no podía detenerse hasta entregar la carta amarrada a su pata al doctor Snape… Una vuelta más con peligro de romperse el pico contra el semáforo que se le apareció sin aviso esquivándolo por poco solo perdiendo unas cuantas plumas de su níveo cuerpo.

Sí después de librar el bullicio de las calles centrales dio un giro cerrado hacia la derecha en la última intersección de una larga avenida para entrar de lleno a la parte de los suburbios donde se encontraba sin error de equivocarse el padre de Sev.

Madame Pomfrey, el medimago Basil, los sanadores y Sev habían llegado a San Mungo apareciendo en una amplia chimenea de la tercera planta donde se podía leer la placa "Tercer planta. Envenamiento provocado por pociones o plantas"

¿El tercer piso?- preguntó madame Pomfrey solo leer la placa.

Sí- asintió Basil- pensamos que era la planta más conveniente para poder tratar al niño. Además –giro la vista alrededor- en este momento es la única planta sin ningún otro paciente y eso para nosotros es más que conveniente…

A una señal del medimago, los dos sanadores procedieron con ayuda de sus varitas a recostar a Sev en la cama de en medio de la hilera de camas de la derecha. Cuando el medimago volvió a revisar a Sev se dio cuenta que durante el trayecto a pesar de las precauciones tomadas, el ópalo de cerezo se había estrellado un poco en las orilla del cristal.

Revisen si ya llegó la medimaga Svetlava Vorobiov- indicó Basil al sanador que tenía a su derecha.

El sanador asintió y salió de la tercera planta.

¿Cómo se encuentra?- preguntó Madame Pomfrey mientras arropaba hasta la cintura a Sev dejando que Basil siguiera revisando a Sev.

Los ópalos ya no pueden ayudarnos, es tanto el daño en el corazón del niño que el ópalo terminó por fracturarse- comenzó a explicar el viejo medimago mientras continuaba trabajando- espero que la medimaga Vorobiov ya se encuentre en San Mungo, mientras tanto, nosotros nos encargaremos de darle pociones fortalecedoras más fuertes, también- ahora se dirigió al otro sanador- quiero que se prepare una poción fortalecedora agregando el doble de sangre de salamandra y un ungüento de dragón inmediatamente.

El sanador asintió y también salió de la sala dejando solos a madame Pomfrey y al medimago Basil a la cabecera del niño enfermo.

¿No será un tratamiento muy agresivo para el niño?- preguntó preocupada madame Pomfrey.

Para eso necesito que la poción fortalecedora tenga el doble de sangre de salamandra para que el corazón del niño acepte el ungüento de dragón- explicó el medimago.

Madame Pomfrey asintió, el joven Snape estaría en buenas manos con el equipo medimagos y sanadores de San Mungo.

Minutos más tarde el primer sanador regresó informando que la medimaga Vorobiov todavía no había llegado todavía pero esperaban llegara en cualquier momento. Basil lo despidió no sin antes pedirle que le avisara inmediatamente cuando la medimaga llegara.

Madame Pomfrey ayudó a que Sev estuviera cómodo en la nueva cama que ocupaba cuando el sanador que había sido mandado por las pociones que Basil necesitaba regresó.

Perfecto- comentó el medimago al tomar la bandeja que el sanador le entregaba y la colocaba junto a la mesa de noche junto a la cama del niño- Poppy, necesitaré su ayuda.

Lo primero que hizo Basil fue mover su varita muy cerca del rostro de Sev y hacer que la burbuja de aire desapareciera para hacer beber al niño la poción fortalecedora con el doble de sangre salamandra. Madame Pomfrey le ayudó a inclinar un poco hacia atrás la cabeza de Sev y abrir su boca para que Basil le hiciera beber el preciado líquido.

Después de que hicieron beber toda la poción a Sev, madame Pomfrey volvió a acomodar con cuidado su cabecita sobre la almohada.

Acto seguido, el medimago procedió a retirar con sumo cuidado el ópalo de cerezo que había tenido todo ese tiempo Sev sobre su pecho, la mancha negra ya había consumido prácticamente todo el color rojo del cristal. Basil lo tomó intentando tocar lo menos posible del vidrio para dejarlo en la bandeja que contenía ahora el frasco vacío de la poción fortalecedora y tomar el recipiente de cerámica que tenía el ungüento de dragón que también había pedido.

Madame Pomfrey le ayudó a sujetar al recipiente mientras el medimago pasaba sus manos arrugadas sobre el pecho de Sev de ambos extremos del torso hacia el centro de su pecho donde difícilmente se podía sentir el latir de su corazón.

A un movimiento de cabeza, madame Pomfrey le acercó el recipiente y Basil tomó una buena porción de ungüento entre sus manos frotándolas un poco para calentar la viscosa mezcla de color naranja encendido y después de dibujar un curioso signo sobre el pecho desnudo del niño comenzó a extender la masa naranja con movimientos circulares sobre el corazón. El medimago repitió el procedimiento de dibujar un símbolo en cada aplicación de ungüento hasta que la sala se lleno de un leve toque de canela.

Listo- habló por fin el medimago cuando terminó de aplicar el ungüento- esto hará que su corazón no necesite esforzarse.

Madame Pomfrey se mostró de acuerdo mientras el medimago hacia aparecer una palangana con agua jabonosa para limpiar sus manos del ungüento que había quedado en su palma y entre sus dedos.

El ungüento de dragón debe aplicarse dos veces al día- explicó Basil- por la mañana y la tarde; pero en este caso aplicaremos en este momento que será la dosis de la tarde y la siguiente será al caer la noche.

Su piel se ve algo irritada- mencionó la enfermera de Hogwarts al notar que el pecho de Sev mostraba una notoria coloración roja en toda el área donde se había aplicado el ungüento.

Descuide, eso solo indica que el ungüento de dragón está funcionando- asintió el medimago- no debe presentar ninguna complicación…

Madame Pomfrey fue informada completamente por parte del medimago Basil sobre lo que harían el equipo de medimagos de San Mungo que estarían al tanto del niño, seguirían revisando que el ungüento de dragón siguiera trabajando y se le seguirían suministrando pociones fortalecedoras para hacer que el corazón estuviera lo más relajado posible hasta que llegara la medimaga Vorobiov, ya que querían su opinión antes de poder establecer un tratamiento más agresivo contra lo que Basil estaba seguro se trataba de una poderosa magia oscura que iba consumiendo la vida del niño cada vez con más fuerza.

Dejando al joven Snape en manos expertas, madame Pomfrey regresó a Hogwarts asegurando al medimago que al momento informaría a su vez a la directora McGonagall quien iría personalmente al momento ya que esperaban también la llegada de los padres del niño y como se trataban de muggles necesitarían también ser puestos al tanto con todos los detalles sobre el tratamiento que esperaban pudiera salvar al niño.

La tarde siguió avanzando con calma en la casa del doctor Snape, Sam había terminado de ver la película de El mago de Oz y ahora se encontraba viendo La Historia Sin Fin aunque se había quedado dormida antes de que Atreyu pudiera salvar a la Emperatriz niña.

Adeline había recogido los platos sucios de la pizza, y ahora las cajas vacías estaban en el bote de basura de la cocina.

Mathew había puesto pausa a la película y llevado a Sam a su cama para que no se fuera a torcer el cuello, después bajó a la cocina a acompañar a Adeline.

La Historia Sin Fin siempre fue una de mis películas favoritas- comentó la doctora Moore mientras servía un poco de jugo de manzana para su cuñado y ella- me gusta la parte donde sale Falkor, "el dragón de la suerte"

Mathew tomó el jugo que le ofrecía su cuñada.

Ese tipo de películas no me llamaban mucho la atención cuando era más joven- comentó Math- pero mi hermana las amaba…

Después dio un largo trago a su jugo y no dijo nada más al respecto. Adeline no tocó de nuevo el tema, Mathew siempre evitaba hablar de su familia.

Antes de que alguno de los dos adultos pudieran cambiar de tema para romper el incomodo silencio que se hizo de pronto entre ellos, se dejó escuchar un fuerte golpe contra la puerta de la cocina.

El primero en moverse fue Math porque Adeline solamente seguía de pie mirando con absoluto horror la puerta, una vez más ese horrible presentimiento que la había seguido desde la librería se hacía presente.

También Math tragó saliva nervioso antes de abrir la puerta pidiendo no encontrara nada frente a él, lamentablemente el destino no pareció escuchar su ruego porque al girar la perilla de la puerta y abrir se encontró con un desplumado y agotado Boron que llevaba una arrugada carta amarrada a su pata.

Madame Pomfrey regresó al colegio, en la enfermería ya le esperaban la directora McGonagall, el profesor Wallace y la profesora McCutchen.

Rápidamente informó a Minerva todo lo que había pasado en San Mungo, los profesores asentían a lo largo de su relato y la directora se veía satisfecha con el tratamiento que estaba recibiendo el joven Snape.

Cuando me fui aun no llegaba la medimaga Vorobiov, pero Basil me aseguró que estarían monitoreando la condición del niño en todo momento- finalizó madame Pomfrey.

Gracias Poppy, profesor Wallace, profesora McCutchen- intervino la directora de Hogwarts- necesitaré su ayuda, Cassandra quiero que informes a Pomona sobre todo lo que ha pasado con el joven Snape y le ayudes en lo que necesite mientras estoy fuera.

Sí, directora- asintió la profesora de defensa contra las artes oscuras retirándose al momento de la enfermería.

Silver, irá conmigo a San Mungo- continuó la directora- confió en que el señor Potter y usted me ayudarán a explicar la situación a los padres del joven Snape.

Como usted diga, directora- asintió el profesor de pociones.

Al momento, una vez más las llamas verdes de la chimenea se hicieron presente ahora llevando a la directora y al profesor Wallace a San Mungo.

¡Mathew, por amor de Dios, dime algo!- pidió presa del miedo la doctora Moore- ¿Qué tiene Sev? ¿Está bien, cierto? ¿Cierto?

Adeline se había sentado ó mejor dicho se había dejado caer en la silla del desayunador de la cocina, sentía que sus piernas no serían capaces de mantenerla en pie solo ver a Boron dar un par de aleteos más para posarse sobre la mesa de la cocina. Mathew había arrancado la carta de la pata de la lechuza de su hijo en cuanto el ave entró a la casa, sus ojos volaron por cada una de las líneas y aunque no había dicho ni una sola palabra su frente se había arrugado por la preocupación aterrando todavía más a su cuñada.

Llevaron a Sev al hospital San Mango- murmuró Math finalmente- dice que vendrán por nosotros para llevarnos con él.

¿Hospital? ¿Y Sev, cómo se encuentra? ¿Cómo está su corazón?- Adeline estaba aterrada, no podía pensar con claridad, en lo único en que pensaba era en Sev.

Mathew estaba muerto de la preocupación por su hijo, sabía que había sido mala idea dejarlo estar en Hogwarts después de que había sufrido esa decaída al inicio del curso escolar, no, no era momento para desmoronarse, Adeline estaba destrozada, si él no se mantenía firme ¿Quién lo haría?

Haciendo acopio de todo su aplomo se giró hacia el teléfono que había detrás de él en la pared a un lado del horno de microondas.

¿Kattie? Hola, ¿estás libre esta noche?- hablaba por el teléfono Math- sí, mira, tengo que salir en este momento, pero no puedo llevar a Sam, sí, sí, ya ves, el trabajo- se hizo una larga pausa al teléfono- perfecto, sí, por favor. Descuida, te pagaré el doble, y te dejaré dinero para la cena, sí, claro, como siempre, muchas gracias. Qué bueno que te hice una copia de la llave. Hasta luego.

Adeline seguía sin reaccionar en la mesa como si estuviera petrificada.

¿Anabelle?- hizo una segunda llamada Math- Se presentó una emergencia con Sev, sí, sí, me… ejem, me acaban de llamar del colegio, el niño se puso mal y está en el hospital. Adeline y yo vamos a salir para allá, pero desconozco que tan grave está la situación y cuanto tiempo estaremos con él, sí, ajá, ajá… sí, sí, llamé a la niñera para Sam pero también me gustaría que vinieras a ayudarme, sí, claro, muchísimas gracias, sí, sé que el niño también es importante para ti… Sí, sí en cuanto sepamos cómo se encuentra te avisare… Hasta luego.

Mathew dio un largo suspiro de precaución.

Adeline, voy a necesitar toda tu ayuda en este momento- la llamó sacándola de su ensimismamiento- ya avise a la niñera y a tu madre para que nos ayuden a cuidar a Sam- se acercó a ella sujetándola con firmeza por los hombros- Adeline, no voy a poder hacerlo solo, necesito que estés a mi lado, por favor…

La doctora Moore asintió, no podía seguir comportándose como una tonta en ese momento que el niño los necesitaba.

Lo sé, disculpa- Adeline se puso en pie- tomo mi bolso y nos vamos en mi auto.

Tenemos que esperar a esos magos, no tengo ni la menor idea de a dónde han llevado a Sev- Mathew agradeció en silencio que su cuñada reaccionara- nunca antes había escuchado sobre un hospital "San Mango"

Cuando la directora y el profesor Wallace llegaron a San Mungo, una sanadora muy joven de dos largas trenzas estaba haciendo beber al niño una nueva dosis de poción fortalecedora.

¿Cómo se encuentra?- preguntó la directora McGonagall.

No ha despertado, pero reacciona bien al tratamiento del medimago Basil- informó la joven.

¿Está segura?- preguntó el profesor Wallace- Me es muy difícil escuchar el latido de su corazón.

Es un efecto secundario del ungüento de dragón- informó el viejo medimago llegando en ese momento- el corazón se relaja lo suficiente para que el latido sea lento y facilite el paso de oxígeno. Entiendo su preocupación, pero el efecto es controlado por nosotros.

Basil, muchas gracias por ayudar al niño- agradeció la directora McGonagall.

Descuide, haremos todo lo que esté en nuestras manos para mantenerlo cómodo mientras esperamos la llegada de la medimaga Vorobiov- asintió el viejo Basil- aunque me preocupa que todavía no llegue y no nos haya mandado ni una sola lechuza aun.

Los profesores de Hogwarts siguieron cuestionando al medimago sobre la condición del niño pero Basil pidió fueran al corredor para dejar que el pequeño siguiera descansando.

La tarde siguió avanzando y ni la medimaga ni los padres de Sev llegaban. Los sanadores iban a revisar al pequeño en todo momento, en ocasiones una sanadora lo hacía beber una poción fortalecedora, en ocasiones otro tomaba extrañas mediciones médicas usando su varita y con una vuela pluma registraba todos los resultados que obtenía.

La directora McGonagall y el profesor Wallace esperaban en el corredor cada nuevo reporte de los medimagos y sanadores.

Aunque el personal de San Mungo insistía en que el corazón de Sev reaccionaba como esperaban, el profesor Wallace expresó sus dudas al respecto pues sentía que el latir del corazón del niño era demasiado lento.

Mientras Basil explicaba a los profesores cómo funcionaba el ungüento de dragón, del otro lado de la puerta, Sev se encontraba solo inconsciente en la cama, su pecho estaba completamente enrojecido y presentaba una especie de sarpullido justo encima de donde su corazón latía con cansancio. Sus pálidas mejillas lentamente comenzaban a mostrar un rubor encendido.

Mathew caminaba de un lado para otro de la sala como un león enjaulado mientras Adeline solo podía pedir en silencio que el mago que mandaban de Hogwarts no tardara en llegar, el tiempo avanzaba con rapidez y cada segundo que perdían esperando sentían que podía ser el último para Sev.

Finalmente el timbre de la puerta principal sonó con insistencia, Mathew se abalanzó más que abrió la puerta y para su sorpresa se encontraron con un hombre joven de cabello negro revuelto que usaba gafas, Math estaba seguro de haber visto antes esos ojos esmeraldas aunque en ese momento no podía recordar de dónde lo había visto.

¿Doctor Snape?- habló el mago.

Mathew solo asintió.

No hay tiempo que perder, les llevaré a San Mungo- informó el recién llegado.

Y la tarde seguía avanzando, el frío aumentaba conforme la tarde declinaba y no había ni rastros de la llegada de la medimaga ó los Snape.

Un nuevo medimago había ido a revisar a Sev hacía unos instantes, el rubor de las mejillas del niño había desaparecido y una vez más mostraba una palidez alarmante, el sanador no había considerado necesario volver a usar la burbuja de aire que hasta esa revisión el niño había tenido sobre su rostro, pero ahora que el sanador había dejado al pequeño solo una vez más se veía que había sido un descuido que tendría consecuencias…

Los labios de Sev lentamente mostrando una preocupante coloración azulada en la que nadie había reparado en ese momento, un silbido escapaba de entre sus labios abiertos mientras cada vez más se esforzaba porque el oxígeno pudiera entrar a sus pulmones. El niño presentaba serias dificultades para respirar…

Adeline conducía como loca siguiendo las indicaciones de Harry Potter, Mathew ocupaba la plaza del copiloto y Harry estaba sentado atrás "derecha" "izquierda" señalaba por las calles en ese momento concurridas de Londres, parecía que ese domingo todos habían salido a dar una vuelta nocturna.

¡Ahí! ¡Aparque ahí!- se hizo escuchar de pronto el señor Potter.

Adeline dio un giro cerrado para estacionarse justo frente a unos almacenes viejísimos. "Purge y Dowse S.A." se leía en el anuncio.

Mathew se bajó al momento "Cerrados por remodelación"

¿Es una broma?- fue lo primero que dijo. Solo ver los viejos maniquíes en los aparadores.

No, no es ninguna broma. Es el hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas- explicó Harry Potter bajando a su vez del vehículo.

Tal vez el mago tenía razón y el hospital era como cuando ellos fueron al callejón Diagon.

¿Cómo vamos a entrar?- preguntó Adeline.

Harry Potter se acercó a la vitrina donde a uno de los maniquíes casi se le caían las pestañas postizas.

"Harry Potter y señores Snape, paciente de Hogwarts" – anunció Harry al maniquí- Listo- se dirigió a los padres de Sev- podemos pasar.

Mathew lo veía sin creer ni una sola palabra, pero Adeline lo tomó de la mano y lo guió hacia el señor Potter quien a su vez también la tomó de la mano y la hizo pasar por el cristal. ¡Atravesar el cristal! Y no solo eso ¡Se sentía como si hubieran pasado por la cortina helada del agua de una cascada!

Mathew no entendía que había sido eso pero todavía, si era posible, se sorprendió más al salir del otro lado de la vitrina completamente seco y estar en una sala de recepción caliente rodeado de personas con los más inverosímiles casos de hechizos fallidos y enfermedades extrañas que él hubiera visto en toda su vida.

Algo había salido mal, terriblemente mal. El corazón de Sev no había reaccionado como querían al tratamiento de ungüento de dragón que habían recetado los medimagos de San Mungo, tal vez había sido una sobredosis accidental de alguno de los componentes del ungüento lo que había provocado que el corazón del niño estuviera en shock.

Todos los signos vitales del niño estaban alterados. Había no menos de cinco medimagos incluido Basil rodeando la cama de Sev, una bruja había hecho aparecer una especie de pipa árabe en el momento en que el pequeño había dejado de respirar y ahora maniobraba para hacer que la boquilla de la pipa entrara un poco más a la garganta de Sev mientras en el cuerpo de la pipa una especie de humo de color verde claro se extendía y comprimía para introducir oxígeno puro a los pulmones vacíos de Sev.

Entre dos sanadores pasaban un grueso cuarzo rosa por todo el pecho desnudo de Sev para sentir el errático palpitar de su corazón que a cada segundo se iba apagando más rápidamente.

Los medimagos y sanadores hacían hasta lo imposible para que el corazón de Sev siguiera latiendo pero Basil había escuchado con su varita a modo de estetoscopio algo terrible, el sonido que le llegaba era el de un corazón roto, una parte del corazón de Sev no se movía en absoluto y la parte restante estaba demasiado atrofiada para continuar trabajando.

En ese instante el ritmo cardiaco se disparo peligrosamente, Basil, lo sabía, si querían salvar la vida del niño solo tenían una oportunidad; indicando que le dieran espacio el resto de los medimagos y sanadores se hicieron hacia atrás solo la bruja que tenía la pipa árabe flotando junto a ella siguió junto a Sev sujetando su cabeza para que se escapara la boquilla y con ella el precioso oxígeno.

Al tener espacio Basil agitó su varita sobre el pecho de Sev y enunciando un extraño conjuro apuntó directamente al corazón del niño liberando una descarga eléctrica que hizo que el cuerpo del niño se sacudiera momentáneamente para después volver a quedarse quieto.

Un medimago más uso su varita como estetoscopio como había hecho Basil, nada, el corazón de Sev continuaba latiendo sin control, debían regresar el corazón a su latir normal o de lo contrario perderían al niño…

La tarde estaba por terminar cuando Harry y los Snape por fin pudieron acercarse al mostrador para preguntar por el niño. "Tercera planta" indicó la bruja encargada de la recepción.

Corriendo Harry indicó por donde debían ir a los elevadores para llegar a la planta. Mathew y Adeline se veían desesperados, la tarde moría lentamente y ellos no sabían que tan mal estaba su hijo, finalmente la puerta del ascensor se abrió y los tres pudieron salir a la tercera planta pero solo salir vieron que la situación era todavía peor de lo que imaginaban.

Harry vio a la directora McGonagall y a otro maestro de Hogwarts que esperaban frente a la puerta de la que sería la sala donde se encontraba el niño. Math y Adeline no les dieron tiempo de hablar, al momento comenzaron a atiborrarlos de preguntas sobre su hijo.

McGonagall estaba a punto de hablar cuando la puerta de la sala se abrió y salió Basil.

La cara del medimago lo dijo todo…

Mathew empujó sin miramientos al anciano y entró volando a la sala seguido de Adeline pero ésta solo alcanzó a sujetarse al marco de la puerta y taparse la boca con su mano libre.

Un grupo de personas estaban rodeando la única cama ocupada de ese lugar, cuando Math llegó hasta ellos vio con terror una figura pequeña cubierta con una sábana.

No…- musitó temiendo lo peor.

La bruja que había tenido el instrumento parecido a una pipa árabe lloraba en silencio mientras algunos susurraban algo que sonaba a "Fue demasiado tarde…" "Lo siento…" pero Math no los escuchaba realmente, solo atinó a jalar con mano temblorosa la sábana descubriendo la pálida cabeza de su hijo.

No…- volvió a repetir con más fuerza.

Sin importarle que lo miraran Math comenzó a aplicar el procedimiento de RCP a Sev mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, cada vez que daba respiración de boca a boca al niño y comprimía su pecho sabía que era caso perdido, los pulmones no recibían el oxígeno, el corazón no latía.

Colleman y los otros médicos se lo habían dicho a él y a Adeline, si el corazón volvía a fallar no podrían hacer que latiera de nuevo.

Una y otra y otra vez, Mathew trató de restablecer la respiración del niño, hacer que el corazón volviera a bombear sangre pero cada vez que lo intentó fue inútil, solo se estaba torturando y no dejaba descansar al niño.

Finalmente se detuvo cuando sintió sobre su hombro la temblorosa mano de Adeline, Mathew se giro con los ojos llorosos para toparse con las lágrimas de Adeline.

Finalmente el corazón de Sev había dejado de pelear, había sido demasiado para el niño… La muerte había ganado…

La visión de las hermanas Zenner se había cumplido "Se irá esta noche" y la muerte solo había esperado a ver brillar las estrellas para ir por la vida de Sev…

Continuara…