Me encantan tanto los comentarios concisos como los no breves (¡que vengan, que vengan!). Sobre todo si están tan bien elaborados.
Y no os desesperéis, pues aún hay mucho por odiar. Espero que no sólo los antagonistas les hayan provocado esas emociones. A ver que otras experimentarán con este:
CAPÍTULO 29. El último infierno sobre la tierra.
Figura 1. Montículo de cráneos construido por el clan conocido como "El Ojo Lacerado", supuesto grupo con el mayor dominio en la tierra salvaje de Valkia. Estas señales macabras marcan una ruptura del tiempo entre la civilización moderna y la era primitiva donde la supervivencia del más fuerte es la única ley existente.
Por Jessica Paquet.
El ruido del motor siendo forzando al máximo por la limitada capacidad de carga de nuestro único transporte a la mitad de nuestro camino, no es solo sino la primera señal de alarma ante el peligroso sendero que nos hemos propuesto recorrer para saber la verdad del enigmático y, de acuerdo a las anécdotas recabadas en viejos registros (muchas veces exageradas y poco confiables) y de la boca de los habitantes cercanos a este desdichado páramo, último bastión de los instintos más primitivos y salvajes que seres humanos y Pokémon emplean para defender con la celosa agresividad de no ser molestados por entrometidos extranjeros. Y, a pesar de contar con nuestros compañeros para defendernos en caso de que quedemos a merced de bárbaros que posiblemente atacarán con la menor provocación, no tememos admitir sentir una mezcla de exaltación y miedo ante la persecución de una leyenda a punto de ser olvidada por los avances del mundo moderno.
Pero, ¿qué hace de la aparentemente insignificante, pero supuestamente peligrosa Valkia en la región más desolada del medio oriente, un destino que nuestro grupo haya elegido como reportaje especial de nuestro número de aniversario? La misión de saber de una vez por todas lo que se esconde ahí. "Que vivamos en la aldea más cercana a ellos, no quiere decir que los veamos con regularidad. Cualquiera que nazca ahí tiene prohibido escapar", cuenta Amina, una de las habitantes del pequeño pueblo de Arad: uno de los últimos refugios de la civilización moderna cuyas murallas de cientos de años protegen la pacífica villa de cualquier posible incursión de personas no deseadas. Aunque, según ella y todos los habitantes de ese refugio, no ha habido ataque alguno desde hace décadas.
Para la mayoría de nuestros lectores jóvenes (y otros no tanto), el nombre de Valkia resultará desconocido, o en el mejor de los casos, una colección de historias contadas para asustar a los niños alrededor de una fogata a la luz de la luna, relatando algunas de las más horripilantes historias de miedo que ahora se considerarían poco creíbles, pero en gran parte ciertas y poco adecuadas para una audiencia tan joven. Antes de convertirse en la tierra olvidada que es ahora, Valkia (nombre recibido de una antigua deidad de la guerra) poseía ricos yacimientos de metales preciosos que hicieron de este lugar un sitio codiciado por numerosas dinastías de reyes y naciones que se disputaban ese territorio árido de casi 300 kilómetros cuadrados de extensión. Pero hasta hace medio siglo, después del acuerdo para el desarme internacional de nuestro armamento nuclear que prometía traer una nueva era de paz, esta tierra árida tomó un papel protagónico como escenario de la más sangrienta, despiadada y banal batalla que se recuerde en la era moderna.
"Después de huir por más de tres horas, encontré un refugio en una de las numerosas cuevas subterráneas formadas gracias a la historia geológica del lugar. Sin provisiones o municiones para defenderme en caso de que ellos me encontraran, me aferré a mi arma con las pocas fuerzas que me quedaban mientras quedaba a merced del destino. Ya sea que encontraran mi escondite y me convirtieran en otro trofeo más para apilarlo junto al montículo de cráneos de mis hombres, o que por gracia divina y un poco de suerte, el mensaje de auxilio llegaría a tiempo para librarme de este espectáculo de muerte perpetuado por enloquecidos y despiadados monstruos", continúa. "Pues ellos se abalanzaban con una ferocidad similar a la de enloquecidas jaurías de Houndooms poseídos por un irracional y sanguinario instinto de matar. Cargaron contra nuestros sencillos puestos de avanzada, alzando sus lanzas, hachas, armas improvisadas con herramientas domésticas y estandartes con un símbolo que jamás pude reconocer. Una vez derribada nuestra única defensa, estos monstruos disfrazados de hombres no perdieron tiempo para despedazar los miembros de sus víctimas mientras vociferaban espeluznantes aullidos y gritos de batalla con cada cabeza que lograban cercenar. Nunca supe, ni quiero saber qué planes tenían para los incontables cráneos que en su orgía de sangre habían acumulado con la vida de mis hombres y amigos".
- Edward Abbot, líder del grupo de paz de la expedición Kalosiense a Valkia.
Edward Abbot, fue uno de los pocos sobrevivientes que lograron narrar la matanza del regimiento de paz enviado por la hoy región unificada de Kalos para la recuperación estratégica del territorio que estaba en disputa por dos naciones con un largo historial de enemistades y desacuerdos; entre ellos, la soberanía sobre la rica región en la que estaban a punto de combatir con armas si era necesario para arreglar sus absurdos rencores. Al ser un regimiento poco numeroso y apenas armado, no tenían oportunidad alguna contra las hordas salvajes que, para sorpresa de todos, más tarde se descubrió que eran descendientes de los pueblos originales decididos a recuperar sus tierras después de tantos siglos de vivir errando en las orillas de lo que alguna vez fue suyo.
La conmoción internacional fue de tal magnitud, que numerosos refuerzos fueron desplegados en el lugar para controlar a los salvajes pobladores que ahora eran calificados como auténticos "terroristas", los cuales no tuvieron la menor oportunidad una vez enfrentados con armas modernas y Pokémon altamente entrenados. Dos semanas después, esa congregación había sido aplastada, y los pocos sobrevivientes optaron por quitarse la vida antes de ser capturados por el enemigo. Desafortunadamente, y para desgracia tanto económica como moral de aquellos que dieron su vida para recuperar el territorio perdido, las minas se habían agotado desde hacía años atrás, dejando al pobre y desolado páramo en una tierra deshabitada cuando el ejército se retiró, no sin antes al menos buscar los restos de sus hombres caídos para darles una sepultura digna. Sólo algunos fueron recuperados y muy pocos lograron ser identificados. Los cráneos jamás fueron encontrados.
"Y después de los horrores que suscitaron aquí y que me atormentarán mientras viva, sólo me queda preguntarme si estos monstruos en verdad defendían su hogar y riquezas despojadas. Pues para mí, sólo se trató de un festival sangriento celebrado con el único fin de tomar vidas en la forma más sádica y despiadada que cualquier humano o Pokémon podría confabular contra sus semejantes ".
Con esa última nota, todo registro oficial y accesible al público fue cerrado por diez años, con la esperanza de que la tragedia ocurrida fuese borrada de la memoria colectiva; cosa que fue demasiado complicada gracias a la prensa sensacionalista que, aprovechándose de la negativa de los gobiernos a aclarar lo sucedido ahí, comenzó a confabular historias fantasiosas y ridículas conspiraciones que dieron vuelco a la imaginación de sagaces aventureros e interesados en estos misterios modernos. La más famosa de ellas, sin duda, fue la del "Tesoro de sangre", una crónica supuestamente obtenida de uno de los salvajes que aseguraba que las últimas riquezas de Valkia habían sido explotadas previo a la intervención extranjera, pero que este acto de codicia había desatado una terrible maldición sobre sus pobladores, convirtiéndolos en despiadadas criaturas sedientas de sangre. El creador de esta fantasía: Charley Tang, un embaucador que frecuentaba las tabernas de ciudad Castelia en Unova, ignoraba que los "salvajes" habían muerto antes de ser capturados e interrogados.
Esta y muchas historias más provocaron una inesperada llegada de decenas de aventureros de todo el mundo dispuestos a descubrir la verdad de lo sucedido ahí, desatando una nueva ola de publicidad que puso la mira en las huellas de sangrientas batallas, ahora borradas por las tormentas de arena. Pero la novedad duró poco. Semanas de búsqueda infructuosa entre rocas aburridas y campamentos ya tragados por la arena habían hecho desistir a la mayoría, y el interés por la tierra de Valkia fue rápidamente borrado hasta formar parte de la antología de mitos y leyendas que cautivan la imaginación y divierten a las generaciones venideras con un buen escarmiento antes de dormir. Pero todo eso cambió ocho años después en una tarde del ocho de agosto.
"Vigilaba la torre norte que daba al rojizo páramo de lo que alguna vez fue la frontera con Valkia. Una tarea bastante tediosa e inútil, pero que procurábamos mantener por precaución y recelo hacia la historia de la masacre que nos había sido contada. Pasaron dos, luego tres horas sin que ocurriera nada, como de costumbre. De pronto, a lo lejos y en los pies de la roca de Arbaal, alcancé a distinguir decenas de figuras humanas y alguno que otro Pokémon marchando directamente hacia nuestro pueblo. Toqué la alarma y mandé a mi Sigilyph a convocar el resto de nuestros Pokémon para tomar la primera línea de defensa. Mujeres y niños fueron llevados a los refugios como lo dictaba el protocolo y nosotros los varones nos preparamos para defendernos de estos "demonios que habían regresado para cobrar venganza", tal como lo gritaban algunas personas al unísono mientras corrían alarmadas.
Fue entonces cuando llegaron a nuestras puertas como el embiste de un Tauros cegado por la ira. Luchamos para rechazar el ataque enemigo con ayuda de nuestros compañeros Pokémon, pero los agresores peleaban con ferocidad para poder entrar y así saquear nuestra ciudad. O, al menos eso creíamos, pues al poder vislumbrar los primeros esfuerzos de nuestra defensa, nos dimos cuenta que un pequeño grupo de ellos se había infiltrado para forzar los cerrojos de los refugios y así raptar a nuestras mujeres y niños. Rápidamente enfocamos nuestra atención en ellos, pero el ataque en la puerta principal era tan agresivo que solo unos cuantos pudimos acudir en auxilio de los refugiados. Tan pronto como el ataque había sido rechazado, ellos ya habían logrado hacerse de al menos veinte de nuestras esposas, hermanas, hijos y nietos. Al día siguiente, algunos lo suficientemente sanos para emprender el viaje, salieron en busca de ellos. Dos semanas después, encontramos sus cadáveres a las puertas de nuestra ciudad".
A pesar de que actos como este fueron repetidos en tres ocasiones más en diferentes villas fronterizas, la noticia fracasó en revivir el interés internacional, el cual ya estaba hastiado de aquellas viejas historias de guerra y prefería enfocar su atención en el júbilo que traía el atestiguamiento de los últimos pasos para el desarme global. De hecho, cuando se cumplieron diez años de la masacre de Valkia y los archivos fueron de acceso público, muy pocos los tomaron en cuenta. No obstante, los gobiernos a cargo tomaron cartas en el asunto y enviaron nuevamente patrullas de apoyo para reforzar las fronteras y descubrir de dónde habían salido estos nuevos agresores; pero de acuerdo a reportes oficiales, ninguno de ellos se aventuró al desierto y las expediciones regresaron apenas dos semanas después de haber sido desplegadas. El caso fue cerrado y los habitantes de las aldeas cercanas recibieron una compensación monetaria incapaz de aliviar el sufrimiento de perder a sus seres queridos.
Y después de cincuenta años de aquella última intervención gubernamental, lo que queda actualmente y que puede llegar a nuestros oídos, son las simples anécdotas e información de boca en boca poco confiable de aquellos que aseguran haber encontrado e incluso comunicado con estos "nuevos" habitantes de Valkia. "Eran gente de varias regiones y diferentes lenguas", comenta Aamira, mujer de la aldea de Aasia y que dice haber estado presente en uno de los ataques donde su pequeña hermana fue raptada por estas personas. "Uno de ellos era blanco, otro de tez morena y ambos hablaban en un idioma sajón hasta que uno tercero pelirrojo llegó y les dio órdenes en español". Esta anécdota refuerza una hipótesis que han propuesto los pocos antropólogos que han estudiado este fenómeno: que algunos de aquellos aventureros que se adentraron en la tierra de Valkia jamás regresaron y, de alguna manera; quizá por la falta de recursos y situaciones desesperadas que los orillaron a adoptar cualquier medida para sobrevivir, progresaron y se organizaron en un grupo hasta ser lo suficientemente fuertes como para atacar villas cercanas y raptar a las mujeres y niños necesarios para aumentar su población. Sin embargo, ningún registro oficial de los gobiernos ha confirmado que alguno de sus habitantes haya sido reportado como extraviado en la región, y los permisos para entrar son tan raros y perfectamente archivados desde la masacre de Valkia, que muy difícilmente se les escaparía un dato como este.
"No son un grupo organizado. Tal como nosotros en épocas anteriores, son numerosas tribus que entran en conflicto constantemente por los pocos recursos disponibles y los miserables pedazos de tierra en las que apenas pueden ver crecer pequeñas raíces comestibles", narra Yessit, tendero de la ciudad de Arad y uno de los pocos que ha tenido contacto con una de las tribus que se disputan el dominio de Valkia. "Sólo el clan más fuerte puede colocar su montículo en los sitios fronterizos como señal de su poderío y advertencia para nosotros. Desde hace diez años ha sido 'El Ojo Lacerado', quien ha mantenido cierta discreción en sus actos desde su victoria sobre 'Los Consortes de la Muerte'. Pero sólo es cuestión de tiempo antes de ver otra señal diferente que nos haga revolver el estómago".
Esta "discreción" y relativa paz, ha logrado que incluso algunos mercaderes formen rutas comerciales (bastante protegidas y muy secretas) con los mismos bárbaros. "Llegamos a un acuerdo con ellos", comenta Abel, jefe del único gremio de comerciantes que negocia con el clan llamado 'Los Errantes del Despojo'. "No poseen mucho, y la mayoría de las veces sólo piden semillas. Su verdadera moneda aceptable es su capacidad como reguladores y consejeros entre los diferentes clanes, quienes comparten su conocimiento del desierto, atajos que nunca hubiéramos encontrado por nuestra cuenta y paso libre a sitios de importancia para nosotros. Al principio nos costó mucho trabajo confiar en ellos, pues creíamos que una emboscada estaba lista para atacar en el siguiente sitio de descanso. Afortunadamente esto nunca ocurrió y pudimos conservar nuestras cabezas y mercancías", concluye con una risa contagiosa. Pero a pesar de este inusual contacto amistoso (por así decirlo) que contradice la imagen salvaje de los habitantes de Valkia, hay una historia oculta y perversa detrás de los nuevos nacimientos y formas de reclutamiento que tira por la borda este hecho que en otra situación absolvería parte de la malicia de los clanes.
Abel nos guía hacia este misterio mientras nos lleva a un pequeño cuartito abandonado en la esquina más oscura de la ciudad para conocer a André, un médico anciano que asegura haber escapado de su secuestro después de ser hecho prisionero durante años por el clan conocido como "Los Proveedores de la Matriz", y quien parece tener la respuesta a esta pregunta: "Se acordó detener los ataques una vez obtenidas las mujeres. Pues seguir provocando a las aldeas cercanas, que ya estaban demasiado molestas, sólo traería más problemas", narra paras después detenerse y beber un vaso de agua para aclarar su garganta y continuar. "Al principio, cada clan criaba a sus nuevos adeptos en los caminos de su respectivo código, pero sin los recursos y cuidados necesarios para los partos, las mujeres y niños comenzaron a morir rápidamente, y aquellos sobrevivientes alcanzaban un desarrollo deficiente al llegar a la adolescencia. Es por eso que se acordó que sólo un grupo de ellos se encargaría de la cruza y crianza de los nuevos reclutas para luego ser elegidos, según sus aptitudes, por uno de los clanes a una edad aproximada de seis años, momento en que se les daría un nombre y se les haría dar juramento a su nuevo señor". Pero lo que sigue marca el límite entre la crueldad y el fanatismo por una práctica inhumana: "Se procuraba eliminar cualquier posible lazo entre padres e hijos: por un lado, los hombres más fuertes de los diferentes clanes eran invitados para enfrentarse entre sí en torneos anuales por el privilegio de reproducirse; jamás conocían a la mujer o mujeres con las que se apareaban. Y en el caso de las madres, estas eran despojadas de sus hijos tan pronto como concluía el parto para ser entregados a otras nodrizas que se encargaban de su posterior crianza. Todo este enfermizo ritual para destruir cualquier relación familiar o afectiva del nuevo individuo, constituía el único principio que todos los clanes en Valkia respetan: que los verdaderos vínculos que puede formar un futuro guerrero, son aquellos que forja al lado de sus hermanos en el calor de la batalla".
Ante esta espantosa práctica de claro abuso infantil que nos ha dejado asqueados por su crueldad, André menciona que algunos clanes no dudan en flagelar a sus nuevos reclutas para arrebatarles hasta el más mínimo vestigio de inocencia que les quede, y así prepararlos para el nuevo y cruel futuro que les aguarda como guerreros (ellos odian el término "soldado"). Ante este, y un sinnúmero de reportes que serían severamente castigados en cortes internacionales, la ORU no tiene una postura. Y esta actitud indiferente es la que permea en todos los asuntos concernientes a derechos humanos en Valkia y las aldeas aledañas, sitios que, a pesar de su violento y conflictivo historial, comparten en común el haber sido destinados al olvido por la civilización moderna. En los últimos años, de hecho, permisos para el acceso a Valkia han sido severamente restringidos, evitando que incluso grupos de ayuda incursionen y lleven a cabo investigaciones para confirmar estos terribles hechos. Peor aún: los medios de más audiencia y difusión, al parecer han conspirado con los gobiernos para minimizar cualquier información relevante de esta región. Este año, después de la reunión internacional para la empatía y el combate de la desigualdad en regiones aun en pobreza extrema, Valkia fue discretamente calificada como un: "Lugar extremadamente peligroso, en la que cualquier solicitud de refugio de parte de alguno de sus habitantes será considerada un acto de agresión contra la seguridad internacional, y cuya deportación inmediata podría ser la menor de las sanciones". O, dicho de otra forma, una nueva tortura para cualquiera que haya abandonado ese infierno y necesite ayuda desesperadamente para superar la pesadilla en un mundo presuntamente más avanzado y solidario.
Abel ahora se muestra profundamente reflexivo con la arriesgada petición que le hemos hecho: llevarnos a su próxima incursión en Valkia para el intercambio mensual de mercancías. Él comprende, y de hecho simpatiza con nuestra misión que considera noble, aunque ingenua. Nos dice que partiremos a la primera hora de la madrugada, pero al desconocer el cómo reaccionarían los habitantes ante nuestro equipo de filmación y fotografía, nos pide llevar solo lo necesario y permanecer ocultos en uno de los convoys. Ser en extremo discretos con la recolección de información es vital para nuestra supervivencia y la de nuestro valeroso amigo.
Y así, partimos con los primeros rayos del sol iluminando los montes del desierto. El ruido de los motores es insoportable, y nuestro escondite es tan estrecho e incómodo, que comenzamos a sentir el dolor de nuestras extremidades clamando piedad. Pero aún queda una hora de viaje para llegar, por lo que aguantamos y nos distraemos con chistes y anécdotas de viajes anteriores para hacer menos desagradable nuestro camino. De pronto, el vehículo se detiene, alertándonos por la súbita interrupción de nuestro viaje que Abel nos advirtió que sólo pararía hasta llegar a nuestro destino, o si algo malo sucediera. Tomamos las pokébolas para prepararnos en caso de una maniobra desesperada mientras hacemos lo mismo con las grabadoras y las cámaras ocultas que registrarán la evidencia visual gracias a los orificios del vehículo. El sonido del motor hace difícil grabar con fidelidad la conversación que se está llevando a cabo, pero mantenerlos encendidos es vital en caso de una huida desesperada.
Podemos escuchar a nuestro protector hablar con un hombre de voz grave e intimidante. Al principio, Abel saluda con cordialidad y respeto, pero el otro hombre responde con un tono agresivo y sin duda, de advertencia; ni siquiera le da una oportunidad para responder su solicitud. La angustia crece conforme escuchamos varias voces igual de intimidantes gritando al unísono y las pisadas de varios hombres acercándose a nuestro vehículo. Retiramos las cámaras, guardamos el equipo y guardamos profundo silencio en un intento de parecer invisibles ante la posible adversidad. El estruendoso rugido de un Pokémon que no logramos reconocer, pero que suponemos puede ser un Arcanine u otra especie similar, nos hace helar la sangre y formular los pensamientos más oscuros de nuestro posible final. Pero tan pronto como el rugido se pierde con el eco de las montañas, sentimos como el camión da suavemente una media vuelta y se dirige, sin duda, al lugar de donde partimos. Con alivio, estiramos las piernas y damos un fuerte respiro mientras nos preguntamos qué había sido todo eso.
"Habrá un cambio de liderazgo", nos comenta Abel una vez que regresamos a nuestras habitaciones. "Nos cruzamos con el camino de un clan que estaba marchando para su enfrentamiento contra 'El Ojo Lacerado' por el dominio de Valkia". No podemos evitar sentir una enorme desilusión al haber perdido la oportunidad de atestiguar al menos un fragmento de lo que sin duda habría sido un increíble, pero violento escenario que nos proporcionaría la evidencia necesaria para la causa. Esto hasta que Abel comenta con cierta angustia el difícil trato que se vio obligado a hacer para mantenernos a salvo, y que sin duda afectará el pequeño gremio que ha construido con tanto esfuerzo. Desgarrados por su sacrificio desinteresado y al ser en parte culpables de su pérdida, tratamos de convencerlo de aceptar al menos una pequeña compensación por las molestias ocasionadas, pero él las rechaza con una afectuosa sonrisa y nos invita a su hogar para un bien merecido almuerzo que nos ayude a recuperarnos de esta experiencia. Además de último regalo de despedida antes de que nuestro regreso a casa mañana, en un mundo que ahora nos sorprende el cómo puede ser tan bello y utópico, pero a la vez ciego e indiferente.
Pero dos de las numerosas preguntas siguen atormentando nuestras mentes en un intento de formular una hipótesis de lo que dio origen a esta leyenda viviente: ¿de dónde salieron los primeros habitantes de humanos y Pokémon, y qué atractivo o ambición convencería a alguien tan demente como para permanecer en un lugar tan espantoso e inhóspito como este?
Esta y muchas preguntas más tendrán que esperar hasta la próxima oportunidad que se aparezca, quizá en meses, años o décadas. El gobierno de Kalos ha comentado a la ORU de nuestra osada incursión y hemos sido vetados de cualquier intento de otra expedición a Valkia de por vida, quizá menos tiempo si es que hay suficiente presión de la comunidad para resolver los conflictos que azotan esa región.
Es en parte esta necesidad de recabar evidencia concreta para enviar una llamada de atención a todas las personas y Pokémon de la tierra: desvíen su mirada de los emocionantes combates que alimentan nuestros sueños y fascinan nuestros sentidos. Sólo por un momento, observen que aún hay personas en el planeta cuyo único anhelo es el de poder dormir a salvo por una noche más, que la idea de realizar un viaje de autodescubrimiento al lado de fascinantes criaturas, es un sueño que no podría ocurrir ni en sus más salvajes fantasías, sobre todo si para ellos el día siguiente es una incertidumbre al no tener nada para comer. Seguramente nuevos reporteros e informadores comprometidos con la verdad y con un noble sentido por la justicia, continuarán con la labor que iniciamos en este incompleto y deficiente intento de narrar la salvaje y primitiva vida de Valkia en un mundo donde humanos y Pokémon vivimos en una sociedad avanzada y de relativa paz.
Una oportunidad perdida para convertirse en Dantes modernos; atestiguando, escribiendo y dejando a la posteridad el terror que guarda el último infierno sobre la tierra. ▪
Serena arrugó el ya de por sí maltratado artículo mientras releía una y otra vez los párrafos que más le habían desgarrado su corazón y hecho un nudo en su garganta por la crueldad descrita en ellos. Ash, por su parte, permanecía tan serio y callado como Clemont, a pesar de que Pikachu frotaba sus rojizas mejillas con las de su entrenador en un intento de provocar en él cualquier expresión como solía hacerlo antes de que su mente fuese infectada. En realidad, y a pesar de toda la locura que habían vivido en los últimos días, Ash era incapaz de proferir palabra alguna ante una vida de la que, tal como decía el artículo, no tenía la más mínima idea que pudiese existir en el mundo que conocía.
- Digan algo… – Suplicó Clemont después de algunos minutos en que sus amigos quedaran en absoluto silencio.
- Yo… no sé qué decir – Respondió Ash por fin – Jamás pensé que algo así existiera.
Serena, con la infinidad de pensamientos que cruzaban su mente y la angustia que lastimaba su garganta, hizo un enorme esfuerzo para participar en la conversación – ¿Ustedes…ustedes creen que aquí nació Clint?
- ¿Por qué otra razón Elesa nos daría este nombre? – Respondió Clemont haciendo uso de la lógica – Y esas cicatrices en su espalda.
Serena asintió con la respuesta que ya se había imaginado, pero que necesitaba de la confirmación de sus amigos para asegurarse.
De pronto, Ash mencionó un detalle que al menos él había pasado por alto – La fecha de este artículo… Fue escrito hace treinta años. Clint ni siquiera había nacido.
Serena jadeó ligeramente con inquietud ante ese dato que también había ignorado, pero que habría un nuevo y desgarrador panorama si lo que comenzaba a creer resultaba ser cierto – ¿Algo ha cambiado en ese lugar? – Preguntó.
Clemont miró cabizbajo – No… no hay mucha información al respecto. Sólo dice que la restricción a Valkia sigue vigente – Respondió – Este fue el último artículo publicado en una revista popular. El resto sólo son unos cuantos informes oficiales que no dicen gran cosa.
Ese fue el último pinchazo en su corazón que hizo desbordar las primeras lágrimas de compasión y tristeza ante la vida espantosa de alguien a quien estimaba tanto y que ahora podía comprender un poco mejor su impredecible actitud y petición por mantener su pasado en privado. Ni siquiera deseaba pensar en los contrastes tan aparentemente disgregados entre ambos: mientras que él había nacido con un destino cruel rodeado de personas despiadadas que seguramente extrajeron con violencia hasta el último llanto de dolor, ella había sido salvada por la intervención divina de una criatura legendaria. Ante este hecho, se preguntaba cómo es que Pokémon con semejante poder podrían ser tan indiferentes hacia aquellos que los necesitaban más que a ella.
- Serena, ¿estás bien? – Preguntó Ash un poco preocupado por la súbita, pero comprensible explosión sentimental de su amiga.
- A nadie le importó… – Sollozó mientras limpiaba las lágrimas con su palma – Clint y muchos más sufrieron… están sufriendo ahí y el mundo ni siquiera sabe que existen.
Viendo que Serena comenzaba a experimentar ligeros espasmos, Ash se acercó hacia ella para tratar de tranquilizarla con un reconfortante abrazo mientras Pikachu procedía a hacer lo mismo frotando sus mejillas en el rostro de ella. En ese momento, Ash experimentó un sentimiento de impotencia que acongojó su corazón. Desde el inicio de su viaje, había conocido a tantas personas y Pokémon con historias tristes y desgarradoras pero que siempre terminaban bien; él mismo había pasado por depresiones y frustraciones ante los obstáculos más difíciles que se pusieron en su camino, con la esperanza de que, en caso de fracasar, siempre existía una siguiente oportunidad para intentarlo de nuevo. ¿Cómo podrían servir esas mismas palabras de ánimo a alguien a quien ni siquiera se le da una identidad al nacer?
- Pero ¿cómo habrá escapado de ahí? – Preguntó Ash ante un muy importante fragmento del pasado de Clint que explicara el inicio y el porqué de su cruzada – ¿Y qué le sucedió después de llegar a Kanto?
Después de lo acontecido con Angron y haber ahondado en el pasado de Clint, era bastante claro que sus emociones estaban al máximo, y debían descansar lo mejor que pudiesen – Creo… que ya hemos tenido suficiente por hoy – Sugirió – Él nos contará cuando lo considere adecuado.
TO BE CONTINUED…
