ke tal stan? espero ke biien
recuerden de ke nada me pertenece
Capítulo 35
Entonces, Alice irrumpió en el claro del boque atropelladamente. Jasper sólo pudo verla un instante: un rostro pálido, muy pálido, los ojos negros, brillantes como ascuas, antes de que se sumergiera en el fuego.
—¡No!
Jasper dio un salto hacia atrás con la imagen de Alice quemándose.
—¡Apártate! —le ordenó Rosalie bruscamente al tiempo que se arrodillaba junto a Alice.
—¡Maldita sea! Está herida. —Jasper levantó una mano temblorosa como queriendo empujar una barrera invisible, que chisporroteaba y siseaba, pero que impedía el paso. Nada que él hubiera visto, nada que hubiera hecho antes le había preparado para permanecer impotente ante la magia, para ser incapaz de llegar hasta la mujer que amaba.
—Rompan el círculo —rogó—, dejenme entrar.
—No es para ti.
—Ella sí lo es. —Dirigió los puños contra el escudo de fuego olvidando el calor que despedía.
—Bella... —dijo Edward crispado, al borde mismo del fuego. Sintió su poder abrasador y un escalofrío de miedo por primera vez.
—No pasa nada. Alice se encuentra aquí a salvo. Lo prometo. —Bella acunó la cabeza de su hermana, mirando a su esposo—. Por favor.
—Y tú lo sabes. —La voz de Rosalie dirigiéndose a Alice era firme, incluso mientras apartaba el cabello del rostro. Incluso al ver cómo los ojos de la joven se despejaban y cómo latía su corazón con un ruido sordo—. Yo no estaba preparada para ti, ni tú para esto.
—No la regañes. Está temblando. ¿Qué ocurre Alice? —preguntó Bella—. ¿Qué ha pasado?
Agitando la cabeza, Alice intentó ponerse de rodillas.
—No puedo controlarlo. No lo puedo detener. No sé qué hacer.
—Cuéntamelo y deprisa —insistió Rosalie mientras lanzaba una mirada de preocupación en dirección a los dos hombres. Ni su voluntad ni el muro conseguirían mantenerlos fuera mucho más. No existen defensas que puedan resistir al amor.
—Tuve una visión, que me golpeó como un puño, por lo que era, por lo que podría llegar a ser. Es algo malo. Soy yo. —Alice gimió y se enroscó como un ovillo—. Me hace daño.
—Sabes lo que hay que hacer.
—No.
—Lo sabes —repitió Rosalie y prosiguió despiadadamente—: has venido, estás aquí y sabes lo que debes hacer aquí y ahora. El resto llegará cuando llegue.
A Alice se le encogió el estómago.
—No quiero esto.
—Y a pesar de todo has venido. ¿A salvarnos? Bien sálvate tú primero. Hazlo. Ya —continuó Rosalie.
Alice sintió que recuperaba el aliento, aunque de forma entrecortada; la mirada que lanzó a Rosalie no era en absoluto amigable, pero aún así levantó una mano.
—Está bien. ¡Maldita sea! Ayúdame a levantarme. No lo haré de rodillas.
Bella le agarró de una mano y Rosalie de la otra. Cuando Alice estuvo de pie la soltaron.
—No recuerdo las palabras.
—Sí, sí las recuerdas. Déjate de evasivas —prosiguió Rosalie implacable.
Alice exhaló un suspiro. Tenía la garganta tan seca que le picaba y notaba calambres en el estómago.
—Invoco a la Tierra, profunda y generosa, en ella sembramos lo que cosecharemos... —Sintió cómo crecían sus poderes y se tambaleó—. Rose...
—Termina.
—Danos tu conjuro y no traigas daño. Yo soy Tierra y ella soy yo. Hágase mi voluntad.
El poder la inundó expulsando el dolor. La tierra que estaba a sus pies se llenó de flores.
—Y ahora el final. —Rosalie asió su mano con firmeza y tomó la de Bella. Quedaron ligadas forman do un círculo dentro de otro círculo—. Somos las Tres. Invocamos al Agua, a las corrientes y al mar.
—Dentro de su gran corazón la vida llegará —continuó Bella.
—Con tu lluvia suave no traigas pena, ni dolor —Alice levantó el rostro y se unió a sus hermanas en la última parte del cántico.
—Somos el Agua y ella es nosotras. Hágase nuestra voluntad.
Cayó la lluvia, suave como la seda y brillante como la plata.
—Somos las Tres —repitió Rosalie de nuevo, tan bajo que sólo Bella y Alice pudieron escucharlo.
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Como no tenía elección, Jasper esperó hasta que se completó el ritual y el círculo fue cerrado. En cuanto pudo se acercó y agarró a Alice por los brazos. Una corriente eléctrica atravesó sus manos, pero resistió.
—¿Estás bien?
—Sí, tengo que estarlo...
—No te apartes de mí —en la voz de Jasper había un tono cortante.
—No tiraría si no me tuvieras agarrada.
—Perdona —dijo él soltándola.
—Oye, ¡Maldita sea! —le dio un empujón en el brazo, cuando se alejaba—. En este momento estoy un poco agitada. Me recuperaré rápido.
—Tómate el tiempo que necesites. Yo tengo mucho que hacer —repuso Jasper volviéndose a buscar su cuaderno de notas y comprobar el equipo.
—Ha sido muy poco amable de tu parte —le reprochó Rosalie a Alice.
—No me fastidies.
—Como quieras. Vamos a ir a casa, por su puesto eres bienvenida, pero también te puedes ir al diablo, que también es cosa tuya.
Alzando la nariz en un gesto digno, Rosalie se volvió hacia Jasper.
—¡Oye! —Edward se acercó a Alice, pasó una mano por su pelo y después enmarcó su rostro con las manos—. He pasado miedo.
—Yo también.
—En vista de lo que ha sucedido, quizá quieras pincharle un poco. Yo ya había visto antes lo que podian lograr ustedes tres, pero él no, Alice. —La apretó hacia sí un momento—. Pasaste corriendo a través del fuego, es algo que puede afectar a un hombre.
—Sí, de acuerdo. —Pensó que no existía nada tan sólido y constante como su hermano—. Hablaré con él. ¿Por qué no acompañas a Rosalie y a Bella a la casa? Nosotros iremos enseguida.
—Eso está hecho —aseguró Edward. Alice se sobrepuso, tomó uno de los lápices que se le habían caído a Jasper y se lo llevó.
—Siento haberte hablado así.
—No tiene importancia.
—Oye, no te enfades conmigo. Tú no sabes lo que es...
—No, no lo sé —replicó él—. Y tú no sabes lo que estar ahí. ¡Maldita sea! Sin poder hacer nada, y sin saber si estás herida.
—De acuerdo, lo siento. Yo no podía... —con horror se dio cuenta de que se le quebraba la voz y de que se le nublaba la vista a causa de las lágrimas—... ¡Mierda! Ya te dije que estaba alterada.
—Bueno, está bien. —Jasper la tomó en sus brazos y le revolvió el pelo—. ¿Por qué no esperas aquí un momento?
—Llorar me cabrea.
—Me lo imagino. Date tiempo.
Ella cedió, se entregó, y le abrazó.
—Estaré bien dentro de un instante.
—Me alegro, porque a mí también me apetece esperar un rato. Pensé que estabas... —Jasper lo vio otra vez: su cara, tan blanca como el papel, cuando saltó sobre aquel muro de llamas dora das—. No sé qué pensé. Estoy preparado para muchas cosas de este tipo. He visto magia y creo en ella, pero nada de lo que he visto o imaginado se acerca a lo que han hecho ustedes tres esta noche.
—Yo no quería estar aquí.
—Entonces, ¿por qué has venido? ¿Qué es lo que te ha aterrorizado como para venir aquí? —preguntó Jasper.
Alice sacudió la cabeza.
—Sólo quiero contarlo una vez. Vamos a casa de Rosalie.
Jasper cargó el equipo a la espalda de nuevo.
—Sentías dolor, eso lo vi.
—El círculo no estaba preparado para mí y yo no estaba preparada para el círculo.
—No, antes de eso. Antes de que dieras ese salto desafiando a la muerte.
—Tú ves demasiado para ser alguien que continuamente pierde las gafas, ¿no?
—Sólo las llevo para ver de cerca y para leer. —Jasper quería acariciarla, cuidarla, abrazarla, pero temía que al hacerlo se desmoronaran los dos—. ¿Sientes dolor ahora?
—No —suspiró Alice, — no. Por medio del poder, invoqué mi elemento y formé el círculo de Tres. Ya no hay dolor.
—Pero no te sientes a gusto —continuó él.
Al igual que Bella, Alice conocía el camino del bosque, en medio de la oscuridad. Enseguida vieron el resplandor de la luz de las ventanas de Rosalie.
—A Bella le da alegría y a Rosalie, no sé, una especie de base. Para Bella es como una exploración; para Rosalie es como respirar.
—¿Y para ti?
—Para mí es una maldita huida.
—Por eso elegiste mantener encerrados tus poderes.
—Pero no con la fuerza suficiente —terminó ella con una cierta nota de amargura y agitó la cabeza para evitar más preguntas.
Jasper pensó que la comida y el vino eran otra especie de ritual, como un puente tendido entre lo fantástico y lo corriente. Estuvo realizando anotaciones en su cuaderno, mientras Rosalie actuaba como anfitriona, aunque dudaba que fuera a olvidar ni el más mínimo detalle de aquella noche.
—¿Se permite hacer preguntas? —inquirió Jasper.
Rosalie le sonrió.
—Por supuesto —replicó, mientras se enroscaba cómodamente en un sillón—. Pero pueden ser contestadas o no.
—Lo que han hecho esta noche... la preparación, las herramientas ceremoniales y rituales, los adornos..., era todo muy sencillo, muy básico para los extraordinarios resultados que han alcanzado —comentó.
—Demasiados adornos y una excesiva ceremonia normalmente son signo de falta de poder, o bien se utilizan para alimentar el ego, o tal vez para impresionar a la audiencia —aclaró Rosalie.
—¿Necesitáis todo eso de verdad?
—Qué pregunta tan interesante, Jasper. ¿Tú qué crees?
—Yo creo que no. —Antes de aquella noche, incluso él hubiera sido incapaz de creerlo—. Creo que el don de cada una de ustedes está más allá de todo esto. Creo que tú puedes encender el fuego de la chimenea sin moverte del sillón, sin formar un círculo, sin ritual alguno.
Ella se enderezó, mirándole. ¿Qué es lo que le sucedía con ese hombre?, se preguntó, era como si tirase de ella, como si quisiera compartir con él lo que no había compartido con nadie.
—Las tradiciones, las ceremonias, incluso la superstición, tienen una razón de ser. Ayudan a centrar el poder y a respetar su fuente. Pero, por supuesto... —tras ella, el fuego se avivó en la chimenea—, tienes bastante razón.
—¡Qué alarde! —murmuró Alice.
Rosalie rió y el fuego se calmó hasta reducirse a un suave y agradable resplandor.
—Tú también tienes razón —sorbió el vino y sus ojos se encontraron con los de Alice por encima del borde de la copa—, aunque antes tenías más sentido del humor.
—Y tú solías largarme sermones para que fuera más responsable
—Supongo que sí. Qué pesada, ¿verdad?
—No empiecen a pelearse —ordenó Bella—. Me agotan.
—Podíamos haber utilizado a Bella de mediadora hace años —Rosalie bebió vino de nuevo—. Somos las Tres. Esto no se puede ni cambiar, ni eludir ni ignorar. Tú conoces la leyenda —dijo dirigiéndose a Jasper.
—La conozco bien. La que fuera Aire abandonó el santuario de la isla. Se casó con un hombre que no podía aceptar lo que era, que no la apreciaba y que al final la destruyó.
—Se destruyó a sí misma al no creer en quien era, al no tener valor para hacerlo —le contradijo Bella.
—Tal vez —asintió Jasper—. La que fuera Tierra se negó a aceptar lo ocurrido y se obsesionó hasta que pudo utilizar su poder para vengar a su hermana.
—Quería hacer justicia, necesitaba hacerla —exclamó Alice levantándose de repente.
—Su necesidad provocó que se rompiera la confianza —Rosalie separó la mano un poco del sillón y después la dejó caer. No era el momento de alargar la mano—. Provocó que todo cambiara, lo que ella había sido y lo que se le había otorgado, y utilizó el poder para hacer daño.
—No lo pudo controlar —replicó Alice con voz temblorosa—. No lo pudo detener.
—Ni controló ni detuvo nada, y se condenó ella y aquello que amaba.
—Y la tercera —dijo Alice a su vez—, la que fuera Fuego encontró un silkie en forma humana durmiendo en una cueva cerca de una ensenada. Fuego le quitó la piel de foca que le cubría, la escondió y quedaron atados el uno al otro.
—Eso no va contra las leyes de la magia —comentó Rosalie, quien haciendo un movimiento aparentemente natural, que le costó un enorme es fuerzo, se inclinó para tomar un taco de queso de la bandeja—. Le convirtió en su amante, su marido, criaron a los hijos que tuvieron y después a los hijos de la hermana que había perdido. —la comida le sabía a tiza, pero la mordisqueó de forma despreocupada para continuar su relato—. Le entregó su corazón, pero llegó el día en que ella se distrajo y él encontró su piel. Y aunque él la amaba, cuando un silkie encuentra su piel, el mar ejerce su atracción. Él la olvidó a ella, a su vida juntos, su amor, a sus hijos, como si nunca hubieran existido, y la abandonó por el mar. —Rosalie levantó un hombro—. Sin hermanas, sin amante, sin marido penó y se desesperó. Maldijo la magia que le había traído el amor, para después quitárselo, y renegando de ella, se arrojó por los acantilados al mar, donde su amor se había marchado.
—La muerte no es la solución —añadió Bella—. Yo lo sé.
—Para ella en aquel momento lo era —señaló Rosalie—. Por tanto, trescientos años después las descendientes de las hermanas, de las Tres, deben rescatar cada una de las claves y darles un nuevo sentido. Cada una de las tres, o de lo contrario la isla que habían creado se hundirá para siempre en el mar.
—Si tú crees eso ¿por qué vives aquí? —preguntó Alice—. ¿Por qué vives en esta casa, por qué tienes la librería? ¿Por qué todo lo demás?
—Este es mi lugar y mi tiempo. El mismo que el tuyo y que el de Bella. Si tú no crees en ello, ¿para qué has venido esta noche? —Rosalie notó que empezaba a enojarse y se contuvo. También vio el sufrimiento en el rostro de Alice. Después de tantos años, era duro tender la mano, pero se levantó y lo hizo—. Cuéntame. Déjame ayudarte.
—Lo que vi era terrible, era como si te abrieran desgarrándote en canal, y tan rápido que no había forma de reaccionar.
—Tú sabes que no tiene por qué ser así. Sabes que no se trata de causar daño ni dolor.
Una lágrima solitaria cayó por el rostro de Alice, antes de que pudiera detenerla.
—Tres veces, lo que tú provocas vuelve multiplicado por tres. Ella les destruyó.
—No fue ella sola. Cada uno tiene su responsabilidad. Cuéntame. —Rosalie secó la lágrima de Alice—. ¿Qué viste?
—Vi... —Alice rememoró la visión que había tenido y su voz se fue calmando a medida que hablaba—. No sé quién era él, o lo que representaba, pero apareció. Ninguna de ustedes pudo detenerme, yo tampoco pude. Rosalie, era mi espada, mi espada ritual. Con ella lo maté a él y a todos nosotros.
—No lo hiciste. No lo hiciste —repitió Rosalie antes de que Alice pudiera protestar—. Eres más fuerte que todo eso.
—Yo quería hacerle daño. Pude sentir la rabia. Nunca he podido controlar el poder cuando mis emociones se apoderan de mí. ¿Por qué demonios piensas que me detuve?
—¿Porque tenías miedo? —Rosalie sintió que perdía la calma otra vez, que la furia de una década bullía en su interior—. ¿Tú te apartaste de mí, de lo que eres, por miedo a lo que podías haber hecho? ¡No eres más que una estúpida!
Rosalie se apartó rápidamente. Gritó cuando Alice la agarró por el pelo y le dio un tirón.
—¿A quién demonios estás llamando estúpida tú, zorra, idiota, presumida, pagada de ti misma? —Los ojos de Alice se estrecharon cuando Rosalie le vantó el puño, y entonces soltó una carcajada—. Sí, eso me da miedo. Si me pegas un puñetazo te vas a hacer más daño a ti misma que a mí. Eres una mujer detestable, Rosalie.
—Es una afirmación interesante, teniendo en cuenta que eres tú la que me estás tirando del pelo.
Alice encogiéndose de hombros la soltó.
—De acuerdo, ya estamos iguales —soltó un suspiro y parpadeó cuando se dio cuenta de que los demás las miraban estupefactos. Había olvidado que estaban ahí—. Lo siento.
Rosalie se sentó en el sillón de nuevo, después de colocarse el pelo.
—Te cabreaste cuando te llamé estúpida, ¿verdad?
—¡Maldita sea! Por supuesto, o sea que ten cuidado.
—Pero no utilizaste tu poder para golpearme cuando te di la espalda. —Rosalie levantó su copa otra vez—. Ni siquiera lo pensaste.
Bruja tramposa, pensó Alice, a su pesar, con admiración. Siempre había sido una tramposa.
—No estaba tan alterada, como para hacer eso —respondió Alice.
—Sí, sí lo estabas —comentó Edward, sentándose otra vez—. No soportas que te llamen cobarde o estúpida, y Rose te llamó ambas cosas. Y tu reacción fue tirarle del pelo.
—No es lo mismo —contestó Alice.
—Es casi igual. —Edward asió la mano de su es posa, mientras contemplaba a su hermana—. Hay dos cosas que tú no eres, Alice, ni cobarde ni estúpida. Todos los aquí presentes somos capaces de controlarnos. Yo de todo esto sé menos que ustedes, pero te conozco. Y ya es hora de que dejes de pensar que todo gira en torno a ti. Aquí nadie está solo.
—No puedo soportar herirte, ni ser responsable de causarte daño. No podría vivir con ello. Herir a papá, a mamá, a Bella. Contéstame a esto —preguntó dirigiéndose a Rosalie—. Y no quiero chorradas. ¿Qué ocurriría si me voy de la isla, hago las maletas, tomo el trasbordador y no vuelvo más? ¿Se rompería la cadena?
—Tú ya conoces la respuesta. Pero, ¿por qué no se lo preguntamos a Jasper? Este es su campo como estudioso, como observador, y ha realizado numerosas investigaciones sobre el tema. ¿Cuál es tu opinión objetiva, doctor Whitlock?
—La isla tiene poder por sí misma, una fuerza oculta hasta que sea aplicada o hasta que se la provoque.
—Entonces, si yo me marcho, ¿me llevaría mí... conexión con ella? ¿Puedo hacerlo? —insistió Alice.
—En cierta manera sí, pero en principio sólo disminuiría tu fuente personal de energía. No cambiaría nada. Lo siento. La cuestión sería lo que hicieras, no dónde fueras. —Él se dio cuenta de que ella no se quedaba satisfecha, por lo que extendió las manos e intentó explicar su teoría—. Está bien. Si aceptamos la leyenda como cierta, tú debes hacer una elección. Puedes hacer algo o no hacerlo. Tú estás aquí. —Utilizó una servilleta como si fuera la isla y colocó sobre ella tres aceitunas. Después quitó una de ellas y la dejó en una fuente.
—Si te marchas, lo único que consigues es cambiar el lugar de la elección, del acto, del control. Donde quiera que vayas, los cuatro elementos siguen existiendo. No puedes cambiar las leyes básicas de la naturaleza. No puedes cambiar lo que eres y lo que llevas contigo: tierra, fuego, aire y agua. —Clavó un dedo en la servilleta—. La vuelta a la fuente es inevitable. La decisión lógica es que te quedes. Aquí eres más fuerte, y que esten las tres juntas supone una gran diferencia.
—Tiene razón —intervino Bella, atrayendo la atención de Alice—. Ya hemos conseguido cambiar las pautas una vez. Somos tres, mientras que antes sólo quedaron dos. Sin ti y sin Rosalie, sin ti —dijo a Edward—, sólo serían dos ahora. El círculo anterior se rompió por eso, el nuestro no está roto.
—Sin embargo, te falta práctica —dijo Rosalie cogiendo otro taquito de queso—. Debes ponerte en forma, ayudante.
Alice cogió una aceituna y se la metió en la boca.
—¡Por supuesto que lo haré!
Hooola ke les ha parecido el capitulo? espero ke les haya gustado hehe
aki les dejo la explicacion de lo ke es un Silkie: Personaje mitológico de las islas Oreadas. Se cubre con una piel de foca que se quita para enamorar a las mujeres y adoptar forma humana.
bueeno ahora espero sus reviews..
byee
