Incienso y Jazmín

Imaginó que al pasarse la mano por los ojos la visión se iría tal como había llegado, de golpe y sin previo aviso. Pensó que cuando se quitase las manos de la cara estaría de nuevo donde se suponía que estaba: junto a Trunks, a punto de entrar en el salón de la corporación en medio de la celebración de cumpleaños de Bulma: pero no. Al abrir los ojos, todo seguía exactamente igual, la suave cortina de humo blanco casi transparente flotando juguetona en el aire, frente a sus ojos, metiéndose por sus fosas nasales, volviéndolo todo un poco menos visible.

Como visión o sueño, o lo que fuese, era curioso, él jamás soñaba con tanto detalle, con olores o texturas. Pero no podía negar la apremiante sensación del humillo blancuzco metiéndose en su nariz, nublándole la vista, con ese toque de inciensos o palo santo encendido en algún lugar. Un suave tamborileo de darbuka se oía por sobre el bullicio proveniente del interior del salón llevando el ritmo incesante de aquella música que en aquel momento se le hacía tan extrañamente familiar.

Todo le parecía tan natural que le extrañaba, algo le decía que debía entrar y disfrutar como siempre. Inseguro, dio algunos pasos hasta que metió la mano por la larga guirnalda de mostacillas que colgaba de la puerta de entrada y se metió en el salón casi sin darse la oportunidad de pensarlo mejor. De inmediato el olor a incienso le embargó, "huele a sensualidad" pensó, se llevó una mano al cinto y encontró una bolsita con monedas de oro para conseguir un trago y alguna buena compañía. Los llamativos dibujos de las alfombras y paños que cubrían el piso y colgaban de las paredes le transportaron a un estado de embobamiento exquisito, se sentía alerta y a la vez infinitamente en paz, entregado al placer de oír aquella música oriental, de estar rodeado de tanta belleza, de hombres y mujeres ataviados de sus trajes árabes tradicionales, enamorado del jolgorio que se vivía allí dentro. Se sentía feliz, no era extraño sentirse feliz en sus sueños. Lo que sí era extraño, eran los olores, las texturas, la escalofriante nitidez de los sonidos.

Abrió los ojos en medio de una penumbra infinita, exquisitamente tranquilizadora, envuelto en un familiar aroma a jazmín. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad pudo distinguir el techo de su habitación y palpó con la mano sobre su mesita de noche hasta encontrar el móvil, "3 am.", leyó y lo volvió a dejar donde estaba. Descartó la idea de volver a dormir pero a los pocos segundos sus pesados parpados cayeron sumiéndolo en una penumbra aun más espesa que la anterior.

-Hey Goten apresúrate- la voz de Trunks lo arrancó de su ensimismamiento. Miró alrededor y se encontró perdido entre extrañas personas que no conocía, parado en medio del salón buscando a sus amigos con la mirada.

Divisó a Trunks entre un grupo de hombres y caminó hacía él, pero al llegar le encontró abandonado en una especie de asiento forrado, admirando la belleza de una preciosa odalisca de cabellos rubios. Sacudió la cabeza con fuerza pero todo seguía allí, el incienso, el humo, las alfombras y el incesante sonido de la darbuka volvía a martillear con gracia en sus oídos confundidos. Goten tuvo que pestañear un par de veces para creer lo que veía, los risos largos y bien formados cayendo a cada lado del dulce rostro de la odalisca, reposando en sus hombros desnudos. Era ella sin duda, pero iba envuelta en una falda larga de tela lisa y un top lleno de cuentas brillantes que contrastaban con la palidez innata aunque bella de su piel. Pero sin duda era ella. La forma en que veía el piso y sonreía suavemente sumado a la forma en que Trunks la veía, perdido en el sutil movimiento de sus caderas, le confirmaban lo que su cerebro se negaba a aceptar. Era Marron.

Sorprendido por el rumbo que estaba tomando su fantasía se alejó andando descalzo sobre la suavidad de las alfombras. Sus pasos lo llevaron en dirección desconocida, sumido en la eterna y excitada contemplación de los hombres y mujeres que le rodeaban, de los vientres descubiertos, de las danzas exquisitamente ejecutadas, de la música del laúd, los crótalos y el tambor mezclándose en sus oídos, marcando el ritmo de los cuerpos, de las femeninas caderas que oscilaban envueltas en caderines, telas y mostacillas brillantes.

A lo lejos divisó algunas caras conocidas, sus tíos perdidos en la contemplación de una odalisca que bailaba un ritmo un poco menos delicado aunque igual de sensual que Marron. Vio a Pan bailar y girar con un sable perfectamente equilibrado en la cabeza. Con el gesto parco y concentrado, con el cuerpo experto y los ojos fijos en un moreno de mohicano que le observaba desde el piso.

Dio unos cuantos pasos atrás y quiso volver a la realidad cuando entendió lo absurdo de la situación, cuando vio a algunos hombres fumando de un enorme hookah de color amarillo, riendo y echando humo como si se encontrasen en la tranquilidad de un harem. Y eso era precisamente lo que Goten sentía. Y eso era precisamente lo que no podía creer. Comenzó a restregarse los ojos con fuerza para despertar, necesitaba aire para poder pensar mejor y el dulzón del incienso que se le metía por los poros comenzaba a marearlo. Giró sobre sus talones decidido a abandonar aquella visión absurda que lo estaba abrumando con tanta estupidez, pero entonces la vio.

No tuvo ni siquiera que pensarlo cuando su cuerpo ya la había reconocido, se quedó pasmado, paralizado en mitad del salón, sudando desde la raíz misma del pelo, observando el brillo de su cabello celeste destellando bajo la oscilante luz de los centenares de candelabros dorados. De golpe, la música se tornó un tanto más agresiva, aunque el laúd continuó sonando de fondo con la cadencia y suavidad acostumbradas justo cuando vio sus anchas caderas moverse por primera vez. Le vio girar a un lado y a otro, haciendo sonar los crótalos con sus dedos, al ritmo del tambor, llamándolo hacia ella, invitándole a observarla. Su mano buscó nuevamente la bolsita de monedas y la arrancó de un tirón de su cinto de cuero negro, decidido a dárselas todas con tal de poder pagar aunque fuese un momento de verla bailar.

La odalisca que tanto le cautivaba, iba atrevidamente ataviada para la época, con un top escotado bordado con hilos dorados sobre tela roja, el caderín de monedillas amarrado sobre una falda larga, abierta en un tajo sobre la pierna izquierda. Marcaba con una mezcla imposiblemente rica de maestría, violencia y sensualidad el ritmo del movimiento con sus caderas expertas. Los pies descalzos de uñas perfectamente pintadas se movían sobre la tarima de incrustaciones brillantes como si conociese de memoria las dimensiones exactas del pequeño semicírculo. Su vientre cubierto solo de su increíble e hipnotizarte belleza, la maravilla de su piel cubierta de tatuajes en negro con la temática constante de la diosa Qadesh, una y otra vez, Qadesh, la diosa de la sexualidad, en patrones eternos que le daban el increíble aspecto de divinidad egipcia, como una increíblemente poderosa princesa de la sensualidad.

Observarle le producía amor y excitación en partes iguales, familiaridad y extrañeza mezcladas hasta hacerle perder la razón. Le vio bailar, como nunca antes había visto bailar a nadie en el mundo, admiró su belleza como probablemente nadie más lo podría llegar a hacer. Deseó vivir en aquella fantasía, deseó tocarla, y morir en aquella maravillosa ilusión. Sintió el peso de sus poderosos ojos celestes enmarcados de potente negro, clavarse con seguridad aplastante sobre él, dejándole desprovisto de pensamientos, a merced de su desconocida voluntad.

-Acércate- le oyó pedir con voz segura sin abandonar su sensual danza en ningún momento, le habló sin dejar de mover las caderas, sin perder ni un ápice de fluidez en sus exquisitos movimientos.

Contuvo el aliento hasta que estuvo a su lado, le envolvió aquel familiar aroma a jazmín que expelía su piel, el calor que irradiaba su cuerpo tatuado moviéndose contra el suyo. Le besó el cuello, le pasó las manos por la cadera, le susurró frases de admiración y amor sin poder siquiera ser consciente de lo que hacía. Se supo embrujado, hipnotizado, perdido… felizmente perdido en el juego de aquella increíble mujer. Asombrado, sin poder llegar a explicarse por que él, preguntándose una y otra vez porque él… porqué lo había escogido a él de entre todos quienes la observaban danzar, de entre todos aquellos hombres y mujeres que intentaban comérsela con la mirada. Él.

-Goten- le dijo tomándolo por los hombros –Goten- repitió la odalisca comenzado a zamarrearlo con cuidado- ¡Goten!

Pestañeó hasta volver a la oscuridad de su habitación, boqueó desesperado intentado quitarse el humillo de los pulmones y volvió a sentir el suave zamarreó sobre uno de sus brazos. Giró sobre su cuerpo hacia la derecha y halló a Bra frente a él, ya sin aquella suave capa de humo, sin la música ni el traje árabe encima. El sueño volvió a atacarle, era el trabajo que lo estaba volviendo loco, veía nuevamente las odaliscas y casi podía volver a oír el laúd tocar otra vez. Se concentró en Bra luchando para permanecer despierto, en ella, metida en su cama, llamándolo con el ceño fruncido y expresión somnolienta tiernamente preocupada.

-Amor- susurró, le vio sonreír con cariño y sintió la calidez de un dulce beso reposar sobre sus labios, el aroma a jazmín, el calor inconfundible de su cuerpo amado. Era ella… la odalisca más bella de su extraña visión, la mujer más hermosa e inteligente que habitaba la tierra.

Y lo había elegido a él.

-¿Estás bien?- oyó el murmullo quedo de la voz de Bra apagándose antes de caer dormida nuevamente. No alcanzó a responder.

Se giró a un lado y al otro intentando recuperar el sueño, intentando guardar en su mente las imágenes de Bra bailando, girando, seduciéndolo, deseando ver de nuevo ese cuerpo metido en un traje así, con el laúd sonando de fondo, con el olor a incienso y jazmín llenando sus pulmones. Se pegó a ella y la beso en el cuello y la frente, entonces, el pasar las manos por sobre la tierna piel de sus caderas, se le ocurrió una idea….

-Bra- le llamó golpeteando suavemente con un dedo sobre uno de sus hombros desnudos, ella se quejó sin molestarse en abrir los ojos, indicándole que le oía- ¿Sabes bailar árabe?


Nota.

Hola hola! siglos enteros sin actualizar, es terrible, ha sido muy terrible para mi. La universidad me tiene mal, duermo poco, trabajo mucho, y entre los libros y el pokemon go acaban con el resto de mi tiempo libre jajaja. Pero bueno porfin pude escribir, y aquí esta.

Esto nace de un sueño que tuve, en realidad fui a ver a una de mis mejores amigas bailar y luego soñe con eso, entonces se me ocurrió que Goten lo soñara tambien, lo pensé como algo extraño al principio pero Goten siempre tiene el efecto de dar vuelta las cosas y poder convertirlas con un toque de humor... lo amo :) Quiero contarles que no dejaré de escribir! pienso terminar todo lo que empecé, por lo tanto seguiré subiendo oneshot aquí... hasta que se aburran y porsuepuesto que terminaré A la Marron, es solo que con todo esto no he tenido tiempo de escribir, y el poquito tiempo que me queda profiero invertirlo escribiendo un one shot que se que podré terminar en un rato, aunque tenga que revisarlos unas cien veces y igual se me pasen errores estupidos que ya luego me dan ganas de sacarme los ojos...

En fin, eso con respecto a mis actualizaciones y desapariciones constantes. ¿Estan viendo DBS? yo si, y cada día me siento más y más profundamente enamorada de Trunks del futuro HERMOSO y MARAVILLOSO. Por su puesto Vegeta roba todos mis suspiros y sueños pero Trunks no se queda atras LO AMO. Sigo algo molesta por la poca participación de Goten... ya estoy harta de pilaf y su pandilla ES DEMASIADO PROTAGONISMO para personajes tan intrasendentales en mi opinion. Goten es muchisimo más importante y lo estan dejando de lado... Vamos que pasa con la dupla legendaria de Trunks y Goten yo quiero ver más de ellos!

Bien les dejo, espero la esten pasando de maravillas, y no esten tan estresados como yo, espero poder actualizar pronto con algo interesante y poder ponerme al día con A la Marron! Millones de besos a todos y todas SON LO MAXIMO, gracias por el apoyo y el amor.

cariños Atma :)