Cinco años después

Quinn entraba sigilosamente en aquel apartamento que compartía con la mujer que ocupaba todos y cada uno de sus pensamientos desde el momento en que apareció pidiéndole ayuda en la puerta de su casa.

Cuando cerró la puerta se dio cuenta de que todo estaba demasiado silencioso. Por la hora que era pensó que tal vez ella aún estaba durmiendo. Tratando de no hacer mucho ruido, atravesó el largo pasillo que separaba el comedor de las habitaciones para dirigirse a la suya.

Abrió la puerta de la gran habitación despacio, esperando encontrar a la morena dormida y ocupando toda la cama, como solía hacer siempre que ella no estaba en casa. Pero la imagen que encontró le hizo sentir que su corazón se inflaba de puro amor.

Llevaba tres semanas fuera del país en una misión especial. Había estado pensando mucho durante ese tiempo lejos de su hogar, pero fue en ese momento, después de ver aquella tierna imagen, cuando decidió que esa sería su última misión lejos de casa.

Ahí, una junto a la otra en la gran cama del cuarto que compartía con su esposa, Quinn encontró dormidas a Rachel y a su hija, Belle, con uno de sus brazos sobre el abdomen de su madre. Belle era una niña físicamente igual que Rachel pero con los ojos y el mismo carácter que Quinn. La pequeña había llegado a sus vidas hacía dos años para darle a la pareja lo único que les faltaba para sentirse como una familia completa.

Amaron a Belle desde el día en que el doctor confirmó el embarazo de Rachel, y tanto sus tíos, Logan y Hunter, como su abuelo y su tía Santana estaban más que encantados con la llegada de la pequeña morena. De hecho, Quinn, bromeando, siempre se quejaba de que todos la consentían demasiado.

Cuando se casó con Rachel, Quinn pensó que nada igualaría al sentimiento tan grande que experimentó al ver a la morena caminar hacia el altar del brazo de su padre para dar el "sí" definitivo que la convertiría en suya para siempre. Sin embargo, todo eso quedó en nada el día en que, junto a una exhausta Rachel tumbada en la camilla de aquel hospital, vio por primera vez la cara de su pequeña hija.

El embarazo de Rachel fue una sorpresa para las dos, pero a diferencia de aquel falso embarazo que las asustó años atrás, la noticia hizo a Quinn la mujer más feliz del mundo.

Fue una etapa complicada. Para Rachel porque durante gran parte del embarazo sufrió de malestares y raros antojos; y para Quinn porque tenía que soportar a una Rachel embarazada las veinticuatro horas del día.

Siendo sincera, Quinn debía admitir que le gustó cuidar de ella durante ese periodo, excepto aquellas veces en las que la morena le pedía que comprara el helado con el sabor más raro que pudiera imaginar y ella, como buena esposa, tenía que recorrer toda la ciudad en su búsqueda si no quería pasar la noche en el sofá. O cuando Rachel la despertaba de madrugada para tener sexo. En realidad no se quejaba. Solo por ver como la barriga de Rachel crecía poco a poco y experimentar aquel sentimiento el día en que vio a Belle por primera vez, Quinn supo que mereció la pena totalmente pasar por aquellos momentos.

Estaba tan metida en sus pensamientos, que no se percató de que Rachel empezaba a despertar. La morena, aún algo somnolienta, se asustó al ver una silueta apoyada en el marco de la puerta. Cuando distinguió que aquella silueta no era sino su mujer, no pudo evitar intentar saltar de la cama para saludarla como se merecía después de tres semanas. Pero unos pequeños brazos se lo impidieron.

—¡Cuidado, la vas a despertar! —exclamó Quinn entre susurros, acercándose a la cama al ver las intenciones de su mujer.

—¡Quinn! ¿Qué haces aquí? —susurró Rachel emocionada y abrazando a la rubia cuando ésta se sentó en la cama.

—Yo también me alegro de verte —dijo Quinn separándose un poco de ella y buscando los labios de la morena para besarla. Habían pasado tres semanas y Quinn no aguantaba un minuto más sin probar aquellos labios que la volvían loca.

Cuando se separaron, Rachel apartó con cuidado a Belle y la dejó descansar al otro lado de la cama.

—No te esperaba hasta dentro de tres días —dijo Rachel volviendo a posar sus labios sobre los de su mujer.

—Bueno, digamos que después de tres semanas, no podía estar un día más sin ver a mis dos morenas favoritas —contestó sujetando a Rachel por las caderas y sentándola en su regazo a la vez que iba dejando suaves besos por su cuello y su mandíbula — ¿Qué hace Belle aquí?

—Anoche cuando terminó de hablar por teléfono contigo me preguntó por qué no estabas aquí, traté de explicarle que tenías que trabajar, pero no me quiso escuchar y estuvo llorando hasta que le dije que podía dormir conmigo, y que por la mañana idearíamos un plan para traerte antes a casa —le contó a su mujer mientras miraba a una dormida Belle, que se agarraba ahora a la almohada de su rubia madre.

—Rachel, siempre cedes a todo lo que Belle te pide —susurró sonriendo y rozando su nariz con la de su mujer.

—No es mi culpa que esa niña sea una cabezota como su madre —replicó mirando a Quinn divertida y dejándole un pequeño beso en los labios —¡Dios, no sabes lo mucho que te he echado de menos! —dijo pasando los brazos por el cuello de Quinn y abrazándola fuertemente mientras se le escapaban unas lágrimas.

Quinn, ante aquella reacción se preocupó y supo que algo no andaba bien. Separando a su mujer ligeramente del abrazo, la miró a los ojos mientras con los pulgares le limpiaba las lágrimas.

—Oye, tranquila, ya estoy en casa —dijo besándola— ¿Ha pasado algo más? —preguntó al ver que Rachel seguía llorando.

—Es… yo…

Quinn al ver que Rachel apenas podía articular palabra, la volvió a besar dulcemente y al separarse la instó a que bajara de su regazo.

—Ven, vamos al salón y hablamos allí mejor —dijo mientras tomaba la mano de su mujer y la guiaba hacia el gran salón, entornando la puerta de la habitación tras ella para poder escuchar a su hija en caso de que se despertara.

Una vez en el salón, Quinn se sentó en un extremo del sofá y observó cómo Rachel daba vueltas de un lado a otro frente a ella. Tomándola de la mano, la sentó en su regazo nuevamente.

—Hey, tranquila —dijo apartándole un mechón de pelo de la cara — Gatita ¿qué pasa? —preguntó intentando buscar su mirada, pero Rachel tenía los ojos clavados en sus manos, que se encontraban en su regazo y se movían nerviosamente.

—Estoy embarazada. —soltó sin más, mirando fijamente a Quinn.

Al ver que la rubia no reaccionaba siguió hablando.

—Quinn, lo siento. —Dijo mientras se le saltaban las lágrimas de nuevo—Te juro que no sé cómo ha pasado… es decir, sí sé cómo ha pasado...me refiero a que…no sé… yo… estoy tomando la píldora, no sé, supongo que se me debió olvidar tomarla algún día, ¡te juro que no lo he hecho a propósito! —Siguió contando entre sollozos— Ya sé que dijimos que esperaríamos a que Belle fuera un poco más mayor, y que no es un buen momento. Quiero decir… tú pasas la mayor parte del tiempo recorriendo el mundo y… yo… lo siento tanto…

Rachel se derrumbó sobre su pecho y siguió llorando. Cuando por fin pudo reaccionar, Quinn le sujetó la cara y le dio un profundo beso. Beso que Rachel no esperaba.

—¡Gatita eso es genial! ¡VAMOS A SER MADRES DE NUEVO! —Dijo entre lágrimas y sin poder quitar una enorme sonrisa de su cara. Volvió a besarla de nuevo y en un movimiento rápido, tumbó a Rachel sobre el sofá con cuidado y se colocó sobre ella. — Vamos a ser madres otra vez —repitió mirando a Rachel y sin poder creérselo.

—¿No estás enfadada? —preguntó Rachel con cautela.

—¿Por qué debería estar enfadada? —le respondió frunciendo el ceño, pero sin poder borrar la sonrisa de su rostro.

—Porque dijimos que íbamos a esperar. Prometí cuidarme para que tú no tuvieras que usar preservativos y mira…

—Rachel, ¿de verdad pensabas que me iba a enfadar por esa tontería?

—Bueno… no sé… estaba nerviosa y tú no estabas aquí… me pasaron tantas cosas por la cabeza —susurró apartando su mirada de Quinn.

—Gatita es la mejor noticia que me podrías haber dado —dijo sonriendo y volviendo a besarla. Después de un rato se separaron y se quedaron en silencio, mirándose mientras Quinn le acariciaba el pelo.

—¿Cuándo te enteraste de que estabas embarazada? —Preguntó Quinn.

—Hace tres días. Tuve un retraso y ya sabes que yo nunca tengo retrasos, así que fui al médico y me lo confirmó. Perdón por no contártelo, pero no quería darte una noticia como esta por teléfono…

—Tranquila, no pasa nada— dijo dándole un beso casto— ¿Lo sabe alguien más?

—¡No Quinn, claro que no! —Exclamó indignada y dándole un pequeño golpe en el hombro a Quinn por semejante pregunta— Quería que tú fueras la primera en saberlo.

—¡Auuch… oye, eso ha dolido! —se quejó con una sonrisa e intentando hacerle cosquillas a su mujer.

—¡NO QUINN, PARA, PARA POR FAVOR! —gritó removiéndose debajo de ella y riendo a carcajadas.

—¡Shhh! Vas a despertar a Belle —dijo dejando de hacerle cosquillas y mirándola a los ojos intensamente.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Rachel

—¿Qué vamos a hacer de qué?

—Pues con todo. ¿Cómo se lo vamos a decir a Belle? ¿Qué vamos a hacer con mi trabajo? ¿Y con el tuyo? Ya sabes que no tengo nada en contra de él, pero no me gusta cuando te vas tan lejos y por tanto tiempo. Y ahora con el embarazo va a ser más difícil, no sé si voy a poder hacer esto sin ti a mi lado todo el tiempo… —Quinn la interrumpió con un beso.

—Gatita, tranquila —dijo riendo al ver el ceño fruncido de la morena— Belle aún es pequeña, pero estoy segura de que le va a encantar tener un nuevo hermanito.

—O hermanita —interrumpió a su mujer.

—O hermanita —repitió riendo— Así que por ella no te preocupes. Y en cuanto al trabajo, supongo que tú podrás pedir la baja por maternidad cuando no te veas capaz de seguir haciendo turnos tan largos en el hospital. Y… bueno, antes de que me dieras esta gran noticia —dijo llevando una de sus manos al vientre de Rachel y acariciándola— Venía con la intención de decirte que me han ofrecido un trabajo en la sede de las Fuerzas Especiales y no creo que tenga que viajar más. No he contestado aún, pero después de todos estos acontecimientos estoy segura de que no quiero pasar ni un minuto lejos de ti, de Belle y de este bebé —dijo bajando a la altura de su vientre y dejandole un suave beso.

—¡Quinn eso es genial! —dijo abrazándola cuando Quinn estuvo de nuevo a su altura —¿Entonces no más viajes?

—No más viajes

—¿Nunca más?

—Nunca más —dijo Quinn sonriendo y besando a su mujer.

Siguieron besándose durante un buen rato, hasta que escucharon una suave voz.

—¿Mami? —una medio dormida Belle, aparecía en el umbral de la puerta del salón restregándose los ojos y abrazada al conejito de peluche que su tía Santana le había regalado por navidad.

Quinn levantó la cabeza y sonrió al ver la cara de sorprendida de su hija al verla allí. Levantándose con cuidado de no hacer daño a Rachel fue hacia dónde estaba Belle y la tomó en sus brazos.

—¡Monito! —Exclamó dejando muchos besos por todo el rostro de su hija mientras esta se reía— ¿Me has echado de menos? —preguntó tratando de hacerle cosquillas.

—Siiiii —dijo la pequeña riendo y agarrándose fuerte al cuello de Quinn.

—Yo también monito —dijo Quinn besando a la pequeña en la cabeza y emocionada por ver el recibimiento de su hija— ¿Te has portado bien con mamá mientras yo estaba fuera?

—Siiiii —se apresuró a decir la niña mientras asentía con la cabeza.

—Bueno, entonces creo que el regalo que hay en esa bolsa —dijo señalando una de las tantas bolsas que había dejado junto al sofá al llegar —es para ti.

Rachel no pudo aguantar la risa al ver como su hija abría muchos los ojos mientras escuchaba a su madre.

—¿Regalo? —Preguntó la pequeña mientras Quinn tomaba una de sus manos y le daba un beso en la palma.

—Sí, un regalo para ti. Ve a ver qué es. —dijo dejándola en el suelo.

Fue bastante gracioso ver cómo la pequeña morena salía corriendo hacia la bolsa rosa que su madre le había indicado, una vez que la rubia la dejó en el suelo.

—¡Mamá! —Exclamó la pequeña emocionada, llamando a su morena madre cuando descubrió cuál era su regalo— ¡Monito! —corrió emocionada hacia Rachel con un mono de peluche en sus brazos. Era sabido por todos que Belle tenía especial debilidad por los animales de peluche.

—¡Belle, que mono más bonito! —dijo Rachel a la vez que tomaba a su hija en brazos.

—¿Te gusta? —Le preguntó Quinn a su hija mientras abrazaba a su mujer por la espalda y veía la emoción reflejada en la cara de la pequeña —Es un monito, como tú —añadió a la vez depositaba un beso en su cabeza.

—¡Mia mamá, um monito como yo! — la niña le enseñaba el peluche a su morena madre.

Rachel sonrió, dejando a la pequeña en el sofá y besando su cabeza también. Aprovechando que su hija estaba entretenida con el peluche, Quinn empezó a dejar besos en el cuello de su esposa.

—Quinn…

—Mmmm… —murmuró la rubia mientras sus besos iban subiendo por el cuello, hasta detrás de su oído y empezaba a juguetear con su lóbulo.

—¿Qué haces? —susurró Rachel mientras trataba de alejarse de Quinn, fracasando en el intento.

—Nada…

—Eso no es nada— volvió a susurrar la morena a la vez que tomaba las manos de Quinn que se encontraban en su vientre, para separarse de ella. Pero Quinn la agarró un poco más fuerte.

—Tres semanas lejos de ti es mucho tiempo, déjame disfrutarte un poco antes de que ese monito hiperactivo —dijo señalando con la cabeza a su hija— acabe con nuestra energía… — y siguió con los besos.

—Creo que deberíamos decírselo ya —susurró dándose la vuelta en los brazos de su mujer para estar frente a frente.

—¿Decirle el qué? —Preguntó la rubia mientras seguía dándole besos, esta vez por la mandíbula hasta llegar a sus labios. Pero Rachel se alejó un poco y la miró seria.

—¿Cómo que el qué? —dijo frunciendo el ceño a Quinn

—Gatita, relájate, lo he dicho de broma…—le dio otro suave beso en los labios y la miró mientras le acariciaba la mejilla— Mira, vamos a preparar el desayuno y después se lo decimos. Ahora está entretenida con ese peluche y no nos va a hacer ni caso— dijo sonriendo a la vez que miraba como la niña jugaba en el sofá.

—Está bien —susurró sobre los labios de su mujer antes de darle un beso y separarse para ir a la cocina a preparar el desayuno.

—Vamos a desayunar monito —dijo Quinn a la vez que tomaba a su hija por sorpresa y la llevaba cargada en su espalda hasta la cocina, con mono de peluche incluido.


Después de un rato, en la cocina, Quinn trataba de terminar de comer su desayuno mientras una Belle totalmente entregada, jugaba con su nuevo peluche sobre su regazo.

—Cariño— Rachel se sentó junto a Quinn y tomó una mano de Belle para que la pequeña le prestara atención— Mami y yo queremos decirte algo— siguió diciendo cuando obtuvo la atención de la pequeña. Acto seguido miró a su mujer para que esta prosiguiera.

—Monito, mamá y yo queremos decirte algo que seguro que te va a gustar.

—¿Vamos a ve al abelito? —Preguntó la pequeña emocionada mientras miraba a Quinn.

—No cariño, el abuelito está de viaje con tío Logan. Pero cuando vuelva iremos a visitarlo —contestó Rachel. Sabía que Belle estaba totalmente enamorada de su abuelo y le encantaba pasar mucho tiempo en la casa de su padre cuando éste estaba en la ciudad.

—¿Vene la tía Tana? —siguió preguntando la pequeña.

—No monito, tía Santana está visitando a su papás con tía Brittany —contestó esta vez la rubia mientras dejaba un beso en su cabeza.

—Lo que mami y yo queremos decirte es que…—Rachel no sabía cómo continuar. Nunca pensó que contarle algo así a una niña de dos años iba a ser tan difícil. ¿Y si no lo aceptaba?

—Cariño, lo que mamá quiere decir es que dentro de un tiempo… va a haber otra personita con nosotras

Belle interrumpió antes de que Quinn pudiera seguir hablando.

—¿Vene tío Huner con Abby? —Preguntó aún más emocionada, refiriéndose a su tío y su primita de tres meses.

—No cariño, no vienen…. Escucha monito, ¿te acuerdas cuando te explicamos que el tío Hunter estaba muy feliz porque Abby iba a venir al mundo? —Belle asintió sin entender muy bien por qué su madre le hablaba de eso ahora —Bien, pues lo que mamá y yo queríamos decirte es que a nosotras nos va a pasar lo mismo. Dentro de unos meses va a haber otra personita con nosotras. Mamá está embarazada. ¡Monito vas a tener un hermanito o hermanita! —exclamó Quinn emocionada, tratando de contagiar ese optimismo a la niña, pero en su lugar Belle miraba desde el regazo de la rubia a Rachel con el ceño fruncido.

—¿Barazada? —preguntó sin dejar de mirar a su mamá.

—Sí cariño, ¿no te gustaría tener un hermanito o hermanita? —Dijo la morena. A estas alturas Rachel estaba bastante nerviosa y preocupada al ver la reacción de su hija. Pero de repente la niña se serenó y miró a Quinn.

—¿Puedo tener una hemanita? —Le preguntó a la rubia.

—Bueno monito, aún no sabemos si es niño o niña… ¿no te gustaría tener un hermanito?

La pequeña morenita puso su mano en la barbilla y meditó algo. Unos segundos después, cuando Rachel iba a volver a preguntarle qué opinaba sobre tener un hermanito, Belle miró a Rachel con una sonrisa y exclamó:

—¡Mamá quero un hemanito! —Dijo Belle emocionada, saltando del regazo de Quinn para subirse al de Rachel.

—¡Belle cuidado! —le riñó Quinn cuando vio como la pequeña se tiraba sobre su madre haciendo que ambas estuvieran a punto de caer al suelo —Ahora que mamá está embarazada tenemos que cuidarla. Y al bebé también —dijo poniendo una de sus manos sobre el vientre plano de Rachel.

Belle miró a su madre con la cabeza torcida y preguntó:

—¿El bebé etá ahí? —dijo señalando dónde Quinn tenía la mano.

—Sí —contestó Rachel mirando divertida la expresión en la cara de su hija.

—¿Puedo jugar con él?

—No monito, aún es muy pequeño. Hasta que no salga de ahí dentro y crezca un poco no podremos jugar con él. —le dijo Quinn tomándola en brazos y llevándola de nuevo a su regazo.

—¿Po que no sale ya?

—Porque tiene que hacerse un poco más grande. ¿Te acuerdas cuando tía Nicole estaba embarazada de Abby? —La pequeña asintió con entusiasmo.

—¿Mamá tamben se va a poner gorda?

Quinn no pudo aguantar la risa y Rachel le dio un suave golpe en el hombro.

—Cariño no me voy a poner gorda, lo que pasa es que el bebé se tiene que hacer grande dentro, por eso la barriga crece… Pero bueno, aún eres muy pequeña para entender todo esto. Ya te explicará mami dentro de unos años cómo se hacen los bebés, ¿verdad, mi amor? —Ahora fue el turno de Rachel para reírse de su mujer.

—Oye no…—Quinn vio cómo su hija la miraba, con ganas de saber más— Monito, aún eres pequeña para eso… ¿qué te parece si vas a tu habitación a jugar un momento mientras yo ayudo a mamá a limpiar todo esto?

La niña asintió, les dio un beso a sus madres y antes de irse, se volvió a acercar a Rachel y dijo:

—Adiós bebé —se besó la mano y la puso suavemente sobre el vientre de Rachel, para acto seguido salir corriendo hacia su habitación.

—Bueno, no ha sido para tanto ¿no? —Preguntó Quinn abrazando a su mujer por la cintura.

—Por un momento pensé que de verdad no le gustaba nada la idea —contestó pasando sus brazos también por la cintura de la rubia y dándole un dulce beso —Gracias por estar aquí —añadió descansando su cabeza en el pecho de Quinn.

—No me puedo creer que vayamos a tener otro bebé —dijo Quinn después de un rato, dejando un beso en la cabeza de la morena.

—Es alucinante. Mi padre se va a morir de alegría cuando sepa que estoy embarazada otra vez…

—Si ya tiene mimada a Belle, no quiero imaginar cómo será con el nuevo bebé —dijo riendo y besando a su mujer.

—Lo va a amar. Quién lo diría del gran coronel ¿no? —rió

—En el fondo no es tan duro como parece.

—Eso lo dices ahora. Pero cuando se enteró de que estaba embarazada de Belle casi te castra. No quiero ni imaginar qué hubiera hecho si no hubiéramos estado casadas —dijo riendo al ver la cara de angustia de Quinn al recordar aquel momento.

—Gatita, quiero que Santana sea la primera en enterarse. Sé que le va a hacer mucha ilusión tener otro sobrino.

—O sobrina— aclaró besando a Quinn.


Once meses después, Rachel estaba en la que mecedora que habían instalado en el cuarto del bebé, mientras lo amamantaba.

Dos meses atrás, Rachel había dado a luz a un pequeño niño rubio al que habían llamado Luca. Al contrario de su hermana Belle, físicamente, Luca era la viva imagen de Quinn. Aún era pronto para saber a quién se parecía en cuanto a carácter, aunque por los llantos que le daban cada vez que alguien no le prestaba atención, Rachel pudo deducir que en eso también se iba a parecer a su esposa.

Rachel miraba al pequeño mientras era amamantado, pensando en lo afortunada que había sido al encontrar a Quinn.

No podía imaginar cómo sería su vida si ella no hubiera aparecido aquel día en la puerta de su casa pidiéndole ayuda para aprender a satisfacer a otra persona. "Qué tontería" pensaba ahora Rachel.

La morena miraba embelesada a Luca, cuando escuchó unos suaves toques en la puerta y acto seguido vio aparecer a Quinn con una dormida Belle en brazos.

—Acabo de recogerla de casa de tu padre. Ese hombre cada vez la consiente más. ¿Te puedes creer que le ha comprado un castillo inflable y lo ha colocado en el jardín trasero de su casa? Tu padre me ha dicho que se ha pasado toda la tarde saltando en esa cosa —Le comentó Quinn, todavía sorprendida, a su mujer.

—Papá no tiene límite, creo que voy a tener que hablar con él seriamente —dijo sonriendo y volviendo a mirar a Luca.

—¿Cómo está mi hombrecito? —Dijo agachándose, con cuidado de no dejar caer a Belle, para darle un beso en la cabeza al pequeño rubio y otro a su mujer.

—Insaciable. Es un tragón. —le contestó sonriendo mientras el pequeño miraba a Quinn sin dejar su labor.

—Ya veo… —sonrió— Voy a dejar a Belle en su habitación y a darme una ducha. —dijo dándole otro beso a madre e hijo.

Después de alimentar al pequeño. Rachel estuvo un rato tratando de sacarle los gases y otro tanto más intentando que Luca se durmiera.

Cuando acabó sus tareas, encendió el monitor de bebés y se dirigió a su habitación, dispuesta a dormir al lado de la mujer que amaba después de un día agotador.

Al entrar al cuarto, Quinn tenía las luces apagadas y había algunas velas alrededor de la habitación.

—Ya sé que dijimos que con los niños y siendo día de semana no haríamos nada especial… pero no puedo dejar pasar mi cuarto aniversario de bodas con la mujer de mi vida así como así —le susurró Quinn apareciendo detrás de ella y rodeándola con sus brazos mientras dejaba tiernos besos en su cuello.

—¡Quinn! ¿Cuándo has preparado todo esto?

—Mientras te hacías cargo de Luca —dijo moviéndose para quedar delante de su esposa y dándole un profundo beso —Feliz aniversario gatita.

—Feliz aniversario mi amor —susurró Rachel volviendo a besar a Quinn

—Gracias por aguantarme todo este tiempo, por darme esta estupenda familia… gracias por quererme.

—Gracias a ti, por darme dos maravillosos hijos. Por quererme y no rendirte nunca conmigo.

—Te quiero Rachel. —dijo para acto seguido besarla con pasión.

—Yo también te quiero Quinn.

- FIN -


¡Sorpresa! :D

No podía dejar la historia así. ¡Necesitaba fababies! hahaha Este libro no tenía epílogo, así que he escrito este. Espero que os guste :)

Ahora sí, MUCHAS GRACIAS por todos los follows, favoritos y reviews. Nos seguimos leyendo en mi nueva historia ;)