Nota: aja! Pensaron que no se enterarían de nada sino hasta las navidades? :p jijijij. A leer! Besitos.
Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya que se utilizan en esta historia le pertenecen a Masami Kurumada
Crónica 33. Flor y Luna.
Mientras tanto, Zoe, quien ya podía usar sus alas y gran parte de sus poderes siguió al Shinigami, ambos abriéndose paso escaleras arriba hasta lo más alto y profundo del Santuario, antiguo refugio de Athena y sus Santos. El Olimpo entero sabía a lo que iban pero ningún Dios les haría frente. No a ellos, dos de los más poderosos guardianes del Equilibrio. Zoe tenía un solo objetivo y tan pronto como se acercaron lo ubicó.
-Cada vez es más fácil verlo.
-Estamos cerca entonces.
-¿No es un poco arriesgado dejar eso en medio de estas ruinas?
-Si te concentras notarás que no está en esta dimensión. Está en una a la que solo los Dioses pueden entrar, pero eso no es impedimento para nosotros. Sin embargo la entrada si está aquí y es la estatua de Athena.
-La que protege su armadura.
-No es lo único que protege. Solo su sangre puede despertar la armadura, pero no nos hace falta para lo que vamos a hacer.
-Repíteme por qué estamos haciendo esto. Sé dónde están los cuerpos de los chicos y ese era el plan inicial.
-Es la única manera de evitar un enfrentamiento entre los Santos y Athena. Además le estoy dando a ella una oportunidad de aclarar el porqué de sus acciones.
-Pensé que no te interesaba saberlo.
-A mí no. Ni Athena ni ningún otro de esos pequeños humanos llamados Dioses ocupa algún pensamiento en mi mente. Sin embargo ellos sí quieren saber y están en su derecho.
-Ah, entonces son ellos los que te importan.
-Supongo-el Ángel se encogió de hombros-he estado unido a Shun lo suficiente.
De pronto el Ángel se detuvo, forzándola a hacer lo mismo. Ella miró en la misma dirección, pero lo que él vía no tenía nada que ver con el ambiente alrededor. Lo vio suspirar, casi tenso y apretar los puños. Su parecido físico con Shun seguía perturbándola pero ahora lograba reconocer sus propios gestos, aparte de los del peliverde y como siempre, su característica voz doble lo distinguía por completo de éste.
-Cuando Shun despierte, asegúrate de que te vea a ti antes que a Ikki y los otros.
-¿A qué te refieres? ¿Por qué?-preguntó Zoe, preocupada.
-Hyoga ha tomado una decisión. Y yo sigo sin ver qué va a pasar después. ¿Por qué?
-¿Cuándo pasará?
-No lo sé, pero presiento que tu presencia será crítica. Solo haz lo que te digo, hablaré con Hyoga. Ahora debemos continuar.
-Está bien.
El Ángel con su poder tocó la base de la estatua, forzándola a abrir el portal que les permitiría llegar a su objetivo y tomarlo. En el Olimpo, El Rey de los Dioses observaba impasible, junto a su hermosa reina.
-Los Ángeles negro y blanco, el perfecto yin yan. Jamás pensé que los vería encarnados en humanos de nuevo, han pasado eones de tiempo-dijo Hera.
-Lo sé. Claro testamento de que la humanidad jamás había estado en tan graves condiciones-respondió Zeus.
-No son los únicos ¿No es verdad?
-No. Hay otros. Sin embargo es la presencia de estos dos las que más ayudan al sobrevivir de los humanos.
- ¿Y vas a dejarlo ir?
-Es asunto de Athena, no el mío. Ella despertó la furia de La Muerte, ella deberá encontrar la manera de apaciguarlo.
Athena quizá tendría la oportunidad, pero lo único que Hyoga sabia era que El Shinigami y Zoe estuvieron desparecidos durante los siguientes cuatro días y cuando regresaron, encontró a la pelinegra agotada.
-¿Por qué no regresas a Mithrandir? Necesitas descansar, Zoe.
-No-Zoe sonrió suavemente- gracias, pero debo estar aquí, ellos me necesitarán.
Hyoga levantó la mirada. Él, Zoe y los tres santos estaban reunidos dentro del templo de Athena. ¿Qué se suponía que estaban haciendo ahí? Él esperaba averiguarlo pronto, aquel lugar, con sus hermanos en esas condiciones y sin Shun se le antojaba demasiado incomodo, lo suficiente como para querer salir volando de ahí, literalmente. Sin embargo, justo en ese momento el Ángel Negro apareció detrás del trono del Patriarca seguido de lo que parecía un ataúd de marfil, una caja de piedra bastante pesadita cargada por quienes Hyoga supuso, eran entidades al servicio del Ángel Negro. En cuanto los cuatro espectros depositaron la caja suavemente en el suelo desaparecieron como la niebla.
-Ya era hora…
En ese momento un fuerte relámpago iluminó la sala, haciendo que los Santos y Zoe se voltearan. Había empezado a llover y el cielo se tiñó de un sólido negro, solo los truenos y relámpagos lo partían en dos al iluminarlo. Todos en el salón guardaron silencio cuando la presencia de Athena, su antigua líder, se impuso sobre ellos. Ella entró tranquilamente a la sala y Zoe contuvo la respiración. Sintió el enorme poder de la Diosa y le costó creer que aquella hermosa chica que no aparentaba más de 19 años, con su largo y brillante cabello lila, fuera la responsable de prácticamente todo por lo que estaban pasando los Santos, sus guerreros.
Athena estaba finalmente frente a ellos y parecía como un muy incómodo reencuentro familiar. Seiya seguía optimista, Shiryu conservaba su eterna calma, pero Hyoga e Ikki…a ellos dos, Athena no lograba descifrarlos. Aun así hizo el intento de acercarse al rubio quien era el que estaba más cerca cuando una pared invisible le cortó el paso. Al chocar con ella unas plumas negras volaron con el viento. Athena apretó los puños y fijó la mirada en el Ángel quien parecía distraído mientras miraba por la ventana la negrura de la noche y la tormenta que se cernía sobre ellos.
-La Muerte-dijo ella, finalmente.
Seiya apretó la mandíbula. Esa voz, era igual a la de Saori. Aunque él sabía que ella había muerto, Athena tenía exactamente la misma apariencia, hermosa y poderosa, que él recordaba.
-Eso es una ilusión-respondió el Ángel, leyendo directamente en el corazón del Pegaso-Quizá su cuerpo mortal tenga cierto parecido con su yo real, pero justo ahora, está usando la apariencia que ustedes conocen.
Entonces el Ángel la miró y el ambiente se tornó más oscuro, mucho más denso y asfixiante. De no ser porque los allí presentes eran increíblemente poderosos, quizá alguno se habría desmayado, incapaz de soportar presencias tan fuertes.
-Será más fácil para ellos de esta manera-dijo ella.
El Ángel no respondió. La total ausencia de expresión en su rostro solo le dejó claro que nada de lo que dijera era importante para él.
-Sabías que vendría. Por ellos, vendría.
-Evidentemente, pero no fue únicamente por ellos. Esto te llamó-respondió él, señalando levemente con la cabeza la caja que tenía detrás.
-¿Qué hay ahí dentro?-intervino Hyoga.
-Hay una razón por la cual ellos usan un cuerpo humano mortal cuando bajan a la tierra-dijo el Ángel-Es porque ni siquiera ellos son inmunes a La Muerte. Pueden morir aquí cientos de veces pero siempre regresarán al Olimpo. Sin embargo, sus cuerpos originales son inmunes a todo menos a mí.
-¿Eso es lo que…?
-Así es. El cuerpo original de Athena se encuentra aquí.
-¿Es una broma?
-Yo no bromeo, Hyoga. Y Athena sabe perfectamente lo que sucederá con su cuerpo si no habla ahora.
-Tú estás atado por tu misma regla del Equilibrio-refutó ella-No puedes quitar una vida si aún no le corresponde morir.
-Sin embargo, ustedes que se llaman "Dioses" no entran en esa categoría. Ustedes no tienen una fecha, por lo tanto soy libre de hacer lo que me plazca.
Cuando Hyoga se volteó hacia ella se dio cuenta que no contaba con aquello.
-Soy demasiado poderoso para ti y tu visión divina, niña. Nada de lo que yo haga, piense o imagine tú lo podrás ver jamás, ni lo encontrarás en ningún libro o pergamino. Bien sabes que no me interesan tus razones, rompiste las reglas, pero tienes algo que explicarles a los Santos.
-¿Esas son tus condiciones?
-A ellos puedes decirles lo que quieras y son libres de hacer lo que quieran, cuando y como lo deseen, pero primero tendrás que explicarles tus razones y entregar sus cuerpos o morirás en este momento e igualmente tomaré lo que les pertenece por derecho.
-El Olimpo…
-El Olimpo nos vio llegar y no movió un dedo ni lo harán jamás. Nunca contra mí-refutó el Ángel-Y tu tiempo se está acabando. Habla ahora y no me hagas cambiar de opinión.
Luego de unos segundos de silencio el Ángel caminó hacia una pared que se deshizo a su paso y salió de la sala, dejándolos solos mientras Zoe se quedaría ahí para asegurarse de que Athena cumpliera con lo establecido. Una vez que él se fue Athena recuperó la calma e incluso sonrió.
-Soy una Diosa, existo desde la era mitológica y aun así, jamás pensé que me encontraría con este ser. Es mucho más antiguo de lo que ustedes imaginan.
-Saori…
-Vaya-ella sonrió de nuevo-hace mucho que no me llaman de esa forma. Me alegro mucho de verlos finalmente.
Hyoga caminó hasta pararse al lado de Zoe, cruzó los brazos y se apoyó en el pilar detrás de él. Athena apretó la mandíbula, tensa pero también molesta.
-Tú no estás contento de verme, Hyoga. Lo entiendo, supongo.
El rubio no contestó por lo que ella continuó.
-Como el Ángel dijo, es demasiado poderoso para mí, para cualquier Dios. Ya era antiguo cuando mi padre y los otros Dioses vinieron al mundo. Yo…vi que la batalla estaba perdida, pero también lo vio mi padre, Zeus. Fui reclamada por el Olimpo.
-Así que te fuiste-espetó Hyoga.
-No tenía otra opción. Estaba falleciendo ahí de cualquier manera, mi cuerpo mortal lo hizo. Cuando la muerte rondó tan cerca de ustedes me fue demasiado difícil ver todos su futuros posibles. Mi visión estaba nublada. Por primera vez en toda mi existencia no sabía exactamente qué hacer. Podía ver que aquella no sería la última batalla que tendría la humanidad contra el Loto, que la verdadera guerra vendría demasiado pronto como para tener una oportunidad de reconstruir la Orden de Athena. Por eso hice el intento de llevármelos. Mi plan era refugiarlos en el Olimpo al que solo tienen acceso los Dioses, ahí el tiempo no pasaría para ustedes. Era la única manera de que la humanidad contara con los Santos de Athena.
-¿Cuál humanidad? Haku' dijo que las perdidas hubiesen sido muchísimo mayores si Shun y yo desaparecemos como ellos lo hicieron en aquel momento.
-Así es, pero aunque hubiese quedado una pequeña parte de la población la humanidad tendría esperanzas. Tú mismo lo has visto, apenas el 30% sobrevivió y así han logrado salir adelante. Esa es la gran fuerza de la humanidad y es lo que el Ángel no entiende, para él es blanco o negro, no hay más opciones.
-¿Realmente piensas que alguien tan antiguo como él no hubiese visto la capacidad de los humanos para sobrevivir a cualquier adversidad?-intervino Shiryu finalmente-Me parece que su poder enturbia algo más que tu visión.
-Aunque fuese capaz de verlo él…
-Él no estaba dispuesto a dejar perder tantas vidas si había otra opción desde un principio-cortó Hyoga-Una que tú le quitaste a la tierra cuando decidiste que nosotros éramos más importantes.
-Tienes razón, quizá él podía ver aquello que su misma presencia ocultaba a mis ojos. La verdad es que yo esperaba una reacción diferente por parte del Ángel. Según la leyenda solo una vez sucedió algo así y La Muerte atacó directamente al Dios, esa era la respuesta que yo asumí vendría de él pero hizo algo totalmente diferente: optó por protegerlos a ustedes y todo mi plan se vino abajo como un castillo de naipes; se convirtió en una batalla desesperada, en un muro que yo no pude superar. Jamás pretendí lastimarlos, pero lo hice pensando en un bien mayor.
Durante unos segundos nadie dijo nada. Zoe miró a Hyoga y éste suspiró.
-Espero que me crean cuando les digo que nunca quise que sufrieran por mis acciones, pero no podía permitirme el perderlos cuando la humanidad los necesitará más adelante.
-Así que, si entiendo bien, todo se reduce a dos caminos para ti-intervino Hyoga-Conservarnos a nosotros para salvar a puñado de personas dentro de Dios sabe cuántos años.
-Personas que reconstruirían la humanidad eventualmente.
- Eventualmente… a costa de vidas inocentes, miles de millones-Espetó Hyoga-O, por el otro lado: Dejarnos aquí, luchando para salvar a mayor cantidad posible de personas aun sabiendo que quizá, solo quizá, podríamos haber muerto en el intento.
-¿Y luego qué? ¿Dejar a la humanidad totalmente desamparada y a merced del Loto?-refutó Athena.
-Blanco o Negro, A o B, no hay tercer opción para ti-respondió Hyoga-Hablas del Shinigami pero fue a ti quien te falló la sabiduría.
-Y tú lo defiendes a él quien ha encerrado a tus hermanos en sus armaduras.
-Lo defiendo-exclamó Hyoga, acercándose a ella-porque yo hubiera hecho lo mismo de haber sabido lo que él y con su poder.
-¿Hubieras rechazado una vida inmortal en el Olimpo?
-Una y mil veces mientras sea mi decisión y de nadie más-respondió el rubio, con un tono que no dejó espacio a contraataques.
-No vi otra opción en ese momento, Hyoga. Solo escogí la estrategia que traería mejores resultados a largo plazo.
-Sin embargo deberías saber porque tú misma lo dijiste, que la humanidad siempre saldrá adelante sin importar qué. Nosotros la hubiésemos encontrado, contigo o sin ti; como de hecho pasó. El Shinigami intervino para dejarnos aquí, perdimos a la mitad del grupo y aun así Hyoga y Shun salvaron millones de vidas inocentes-intervino Shiryu.
-Y ahora ese grupo está en las peores condiciones posibles: Uno estrechamente ligado a La Muerte, la oscuridad pura, el otro con sus poderes sellados y el resto desprovistos de una forma física que los deja más vulnerables que nunca.
-¿Y quién tiene la culpa?-siseó Hyoga.
Athena suspiró y calló durante unos segundos, quizá esperando que la furia de Hyoga se calmara de nuevo.
-Hyoga debes entender que no podía arriesgarme a perderlo todo.
-Y por eso nos quitaste a los cinco la libertad de tomar una decisión por nosotros mismos. ¿Acaso no te lo dimos todo, Athena? ¿No podías confiar en que encontraríamos la manera de salir adelante?
-¡¿Qué se suponía que haría si ustedes morían?!
-¡Seguir peleando justo como la humanidad lo hace ahora!
-Athena pelea con sus Santos, Hyoga.
-No. Los Santos pelean por ella, lo cual es muy diferente. ¿Acaso no te importa ver a Seiya, Shiryu e Ikki como están ahora? ¿O el rencor de Shun, lo traicionado que se siente?
-¡Por supuesto que me importa! ¿Es que nadie entiende?
-Yo entiendo-intervino Seiya y cuando habló lo hizo con el mismo cariño de siempre-a ambos, pero debiste darnos la oportunidad. Mientras nuestros cosmos ardan seguiremos peleando.
-Seiya, yo soy la Diosa de la Sabiduría…
-No era una cuestión de sabiduría sino de Fe, en nosotros. Entiendo lo que sientes, pero debes entendernos tú también. Jamás dejaremos de luchar, existimos por esa sola razón.
-Estar en el Olimpo les hubiera dado una época de paz que ustedes se merecían más que nadie-Athena suspiró-Increíble, los humanos nunca dejan de sorprenderme. Lo siento, caballeros, por todo lo que han sufrido todo este tiempo. Necesitan sus cuerpos, los tendrán por supuesto, pero deben recordar que esto no se ha terminado. El Loto volverá, quizá más fuerte que nunca. Ustedes están resguardados en una fortaleza del tamaño de un continente, sin embargo ellos tienen todo el mundo como su jardín. Eso prueba qué tanto temen Misha y los Senescales al verdadero poder del Loto Negro.
-¿A qué te refieres?-preguntó Zoe.
-Caronte. La hermana gemela de Misha y líder del Loto. La llaman la Reina Roja. Ella es el caos y la destrucción, su poder estaba siendo canalizado por Fallen, una pequeña parte, pero ella es el verdadero enemigo. El Shinigami la conoce mejor que nadie en este mundo.
Hyoga miró al Ángel en cuanto lo sintió a su lado.
-He oído de ella, pero no ha le visto jamás-dijo el rubio.
-Está dormida, por ahora-respondió el Ángel.
-Como les dije, no habrá tiempo suficiente para restablecer la Orden de Athena ni encontrar candidatos para llenar los 88 puestos, encontrar todas las armaduras. Los futuros Santos ni siquiera han nacido todavía.
-Tenemos las doce doradas, llamaron a los Ángeles-intervino Hyoga.
-Sí, pero cinco de ellas les corresponden a ustedes por derecho y sus armaduras de bronce siguen en su estado de Kamei, lo que significa que hay un peligro inminente, tan grande que ellas tienen que seguir así, alertas. Me confunde mucho, honestamente. Desconozco si esas cinco doradas aceptarán otros usuarios que no sean ustedes. Sería cuestión de intentarlo, supongo pero los Ángeles no son Santos, no tendrían por qué seguirme.
-Sin embargo, dos de esos Santos son sus líderes indiscutibles.-dijo Zoe-A ellos, Gabriel y los otros, los seguirían sin dudarlo.
-Entiendo-respondió Athena-Aun así, me gustaría ofrecerles algo.
-¿Qué cosa?-preguntó Seiya.
-Mi sangre, la de mi cuerpo original. Les dará una inmensa cantidad de poder, acelerará su recuperación física. Caronte es tan poderosa como el Shinigami o eso sospecho. Para derrotarla a ella, necesitarán incluso mi ayuda.
-¿La estás ofreciendo a los cinco de nosotros o a ellos tres?-preguntó Hyoga.
-A todos. Volverían a ser los Santos de Athena.
-Seiya y los otros pueden hacer lo que quieran, nadie los obligará de nuevo a hacer algo que no sea su decisión-continuó el rubio-Pero yo no tomaré nada de ti por ahora. No depende de mí y si hemos logrado proteger la humanidad sin las armaduras y sin ti, seguiré por ese camino.
-Sigues molesto conmigo.
-Desconfío de ti, como tú lo hiciste hace más de cinco años cuando te largaste con la mitad de mi familia.
-Entiendo. El cuerpo de Shun quizá no soporte un poder mayor del que ya tiene, le cuesta mucho controlar el del Shinigami ya. Supongo que a eso te refieres.
-Exactamente. Y yo personalmente, no necesito más tampoco. Es demasiado para un solo hombre.
-Tus poderes están sellados.
-Solo los del Ángel, parcialmente sellados y por decisión propia.
-Ya veo. De igual manera creo que Shun te seguiría a ti a donde fueras, Hyoga.
-Te equivocas-intervino Zoe-Shun es un líder, no un seguidor. Ya no, al menos.
-Y aunque lo fuera-continuó Hyoga-Yo lo seguiría a él primero. Y él es el único que no ha escuchado tus razones, siendo quien lo merece quizá más que ninguno de nosotros. Shun era el alma más pura que yo conocí y ser parte de la Orden lo transformó en alguien más, alguien que ni él mismo reconoce.
-Si lo sé. Su odio me perturba. ¿Crees que lo olvidará?
-Honestamente no tengo la menor idea, Shun ha cambiado muchísimo. Dentro, sigue siendo el chico dulce de siempre, pero ahora tiene otro combustible que lo lleva a pelear y estoy seguro que no entra dentro de la categoría de Santo ya. Por otro lado, la armadura de Andrómeda aun lo ve como el único que puede llevarla.
-Bueno-Athena suspiró-sigue siendo humano, eso me da esperanzas. ¿Tú qué piensas, Ikki?
El Fénix estaba de brazos cruzados, apoyado en la pared más apartada del grupo. Más de una vez se hundió en sus pensamientos perdiendo el hilo de la discusión pero más que sus razones, le importaba volver a su forma física. Odiaba sentirse débil, vulnerable, protegido, esas palabras no estaban en el vocabulario del poderoso Fénix. Cuando escuchó su nombre, levantó levemente la cabeza y abrió los ojos.
-Mientras haya alguien que amenace a la humanidad el Fénix siempre se levantará y peleará. Es lo único que importa. Lo demás me parecen tonterías de todos ustedes pobre ilusos.
Zoe arrugó el semblante, Hyoga puso los ojos en blanco y sonrió.
-¿Siempre es tan odioso?-preguntó Zoe, haciendo reír a Seiya.
-Si-respondieron los tres al unísono.
-Ustedes dos se parecen mucho en ese aspecto-comentó Hyoga a Zoe-Ikki tampoco tiene filtro.
Ikki enarcó una ceja y miró hacia otro lado.
-¿Cuál filtro?-preguntó Zoe, inocentemente.
Athena sonrió y con centellazo de su cosmos hizo aparecer tres cajas idénticas a la que tenía el Ángel.
-Solo tú puedes ayudarlos ¿Cierto, Zoe?-preguntó ella.
-Si-respondió ella, asintiendo emocionada.
Las cajas se abrieron por todos sus lados menos la base, estos se desplazaron hacia debajo de manera que se convirtieron en una plataforma igual a la que usara Athena para descansar detrás de la cámara del patriarca alguna vez. Los cuerpos de los chicos estaban ahí y Zoe era la única que podía ver la conexión entre estos y sus almas. La pelinegra sonrió.
-Muy bien, a trabajar.
Después de un par de horas, el salón quedó vacío a excepción de dos que se quedaron.
-¿Crees que alguna vez volverán a ser Santos?`-preguntó Athena.
-Yo creo que nunca dejaron de serlo-respondió Seiya-Yo no tengo el título de Ángel y Pegaso responde a mi llamado. Ellos tienen ambos nombres y las armaduras los escuchan de igual manera. ¿Qué son entonces, Ángel o Santo? No importa, pueden ser ambas o ninguna. Al final del día son guerreros, defensores.
-Tienes razón-dijo ella-Solo espero que regresen.
Seiya tomó su mano y depositó un pequeño beso en ella.
-Lo sé.
Zoe cayó rendida en su cama, aun triste pero también muy satisfecha con sus poderes y contenta de haber ayudado a los hermanos de Hyoga y Shun. Preguntándose cuando despertaría el susodicho se quedó profundamente dormida.
En la oficina de Hyoga, él miraba por la ventana a toda la extensión de Mithrandir. Pasaba de la medianoche y el peregrino se veía hermoso y poderoso con su manto de estrellas en el cielo, sus techos de azul brillante y las ventanas iluminadas, las risas de la gente, la tranquilidad. Aun se estaban recuperando de los daños causados por la invasión del Loto e iban a un paso muy lento para el gusto del rubio. Sin embargo, no podía dejar de pensar que todas esas personas confiaban en él y es quitaba el aliento; lo hacía sentir pequeño pero también le daba confianza para romper sus propios límites y reforzaba su determinación de mantener los poderes de su Ángel sellados, al menos la mayor parte, solo para evitar dañar una humanidad que todavía contaba con el amor de Shun: la única razón porque la él tomó esa decisión en aquel momento. El Shinigami e Ikki aparecieron tan sigilosamente como la neblina que se desliza por debajo de la puerta. Sin embargo Hyoga los notó inmediatamente.
- ¿Escuchaste todo, no es así? Y Tú podrías aprender a usar las puertas de nuevo.
-Como si me importara-respondió Ikki.
Hyoga se echó a reír mientras los encaraba. Él e Ikki se miraron por unos segundos, como reconociéndose de nuevo.
-Es bueno verte, hermano-dijo Hyoga-Bienvenido.
El moreno asintió, sonriéndole con esa calidez que mostraba solo en escasos momentos, pero que todos sabían que él tenía en su corazón.
-¿Y bien?-preguntó Hyoga al Ángel-¿Lo escuchaste?
-Está registrado en mi memoria, sí-respondió el Ángel mientras se sentaba en el sofá, gesto muy humano, notó Hyoga-No es que me importe.
-Sigues diciendo eso pero yo creo que sí te importa-Hyoga se apoyó en el marco de la ventana.
-Acepté escucharlo, pero solo lo hice por Shun. Él tendrá acceso a mis recuerdos sin tener que invocarla de nuevo, si así él lo decide.
-¿No quieres que la vea? ¿Le temes a algo?
-El único temor de La Muerte es que la vida se extinga, Hyoga.
-Buen punto-el rubio se encogió de hombros-Pensé que te veríamos "castigar a Athena"
-Mi naturaleza se basa en el equilibrio. No hay justicia en la muerte y eso es inevitable, pero tampoco es justo que Shun no tenga la misma oportunidad que ustedes y eso sí puedo cambiarlo.
-¿Así que estás esperando por Shun?
-Literalmente hablando.
-¿A qué te refieres?-preguntó Hyoga, frunciendo el ceño al notar que la respuesta del Ángel tenía más de un sentido.
-Se los explicaré de esta manera-respondió él después de unos segundos-Shun tiene dos armas que utiliza: Tamashihiigari, la guadaña negra que solo separa el cuerpo del alma para hacerla cruzar al otro lado y las katanas que destruyen todo a su paso. Ambas cumplen un propósito específico en el que no está involucrada la otra arma, ¿Correcto?
-Correcto.
-La Guadaña envía las almas del inframundo, ese es su único trabajo. Las katanas son un arma netamente destructiva, violenta. Es una manera fácil para ti de identificar cual de mis facetas Shun está utilizando en ese momento. Como ya habrás escuchado La Muerte no es un guerrero, yo no necesito pelear. Sin embargo, basándome en el hecho de que mi naturaleza viene del equilibrio, también tengo una faceta que sí pelea, un lado guerrero, por así decirlo.
-Que es el sujeto espeluznante que vimos en la dimensión oscura-dijo Hyoga.
-Correcto. Somos las dos caras de una misma moneda que es La Muerte que viene en una forma pasiva y otra activa. Shun utiliza mi poder y hace mi trabajo. Yo soy un mensajero, mientras que "el sujeto espeluznante" es un asesino, destructor.
-Creo que veo por donde vas y no me gusta.
El Ángel le respondió con una media sonrisa.
-Hacer pagar a Athena por violar las reglas-intervino Ikki-sería un acto de violencia. Ese no es el trabajo del "mensajero", sino del "destructor".
-Correcto. Es una venganza por una infracción. Solo una vez en toda mi existencia un "Dios" despertó mi furia y esa faceta de mí. En esta ocasión, como Athena dijo, eso no ocurrió.
-Esa faceta la levantó Shun y ha sido alimentada por él.
-Así es. Shun despertó al destructor, por lo tanto es él quien utiliza ese poder y siento que verla despertará toda su furia de nuevo. Si lo hace su venganza será terrible. No puedo ver su futuro hasta que despierte y sepa que tiene la oportunidad de saber por qué Athena los abandonó en la batalla, que es una de las razones principales de su rencor hacia ella, pero es probable que tengamos que intervenir.
-Eso es malo. Si Shun ataca a Athena eso podría llevarnos a una guerra con el Olimpo.
-El Olimpo no tocará a Shun porque está unido a La Muerte. No tienen oportunidad contra mí y lo saben. Sin embargo si pueden atacar a la humanidad. A ustedes, los Santos. Extinguiendo todo rastro de vida en este planeta, es la única forma de debilitarme a tal punto que perdería mi conciencia, dormiría eternamente. Eso no puede pasar, por eso le estoy dando la oportunidad de escuchar primero antes de verla. Como viste en la dimensión oscura, El Shinigami, por llamarlo de una manera, es un depredador, es más instintivo que racional.
-Mierda-masculló Hyoga, Ikki asintió en apoyo-Espera, ¿Es así como está Caronte ahora, dormida? ¿Eso fue lo que pasó con ella?
-Muy listo, Hyoga. Así es, Caronte fue puesta a dormir. Fui yo quien lo hizo.
-Suena como una historia interesante-dijo Ikki
-Que les contaré en otra ocasión. Hay algo más importante ahora que Athena y Caronte. Lo que tienen planeado hacer con Shun cuando despierte. ¿Estas absolutamente seguro de que funcionará?
-No, no estoy absolutamente seguro, pero lo haremos de igual manera.
El Ángel sonrió levemente.
-La tercera opción. Pensabas en eso cuando discutías con Athena: Buscar otra opción a las que yo te di.
-Así es-Hyoga asintió-Creo en él más que nadie en el mundo.
-De acuerdo. Solo te pido que vea a Zoe primero, es muy importante.
-¿La Muerte pidiendo por algo?-preguntó Hyoga, enarcando una ceja.
-En una forma figurativa de hablar. Recuerda que aunque ahora pueda andar por mi cuenta, sigo estando dentro de él. Lo haré desaparecer en un chasquido si no haces "lo que pido".
Hyoga se echó a reír y negó con la cabeza.
-Caronte…Athena…Los Santos. ¿Dejaremos de pelear algún día?
-El futuro cambia a cada momento. No hay manera de saberlo.
-Claro-Hyoga suspiró de cansancio.
-Los motivos de Athena, ¿Estas satisfecho con su respuesta?
-No lo sé-respondió Hyoga luego de un par de minutos-Quiero decir, realmente entiendo sus razones pero no puedo apoyarlas. ¿"El fin justifica los medios", de eso se trata? Todas estas personas…podrían estar muertas ahora. Quizá incluso cualquiera de los Ángeles, no los hubiera conocido.
-Sin embargo, para un humano la posibilidad inminente de morir y saber que pasará en cualquier momento…
-Puede ser aterrador si no estás preparado para eso-dijo Ikki-Ir en contra del instinto de supervivencia, es realmente difícil, pero nosotros somos Santos, guerreros. Nosotros no peleamos para morir con honor o dignidad, peleamos para vivir otro día; para vivir al máximo.
-Así que un pase v.i.p* gratis al Olimpo…
-No va conmigo, gracias-dijo Hyoga, negando con la cabeza- Y estas hablando como Shun.
El Ángel sonrió y bajó la mirada al piso por unos instantes.
-Quizá se esté acercando el momento de su despertar. Debes estar preparado.
Hyoga asintió mientras este se desvanecía en la oscuridad, dejando a los dos Santos solos con sus pensamientos.
Y así, la siguiente vez que Selene vería a Ikki sería en uno de los pasillos de la ciudad imperial, caminando y finalmente en su forma física y pensando como cobrarse la broma de Gasparín de Gabriel. Cuando ella se lo encontró estaban solos y el calor dentro de ella se propagó como el fuego en el bosque. La diferencia fue que esta vez, él también lo sintió.
Emociones, dolor, hambre, sueño, aburrimiento…excitación. Demasiado tiempo sin sentir nada de aquello y el fénix aún tenía que acostumbrarse a no pasar las interminables horas entrenando su cosmos simplemente porque no había nada mejor que hacer y porque era la única manera de que regresar a sus cuerpos no los dejara tan debilitados. Y ahora estaba frente a aquella extraña chica de cabello y ojos plateados que llamó su atención desde que la vio sonrojándose frente a él y lo que sintió fue más fuerte de lo que él pensaba. Estaba claro que su belleza era imposible no contemplarla, pero esto era diferente. Había una evidente atracción e Ikki pensó que jamás volvería a sentirlo de nuevo.
Ella por su parte estaba en una posición parecida; excepto que ella nunca se había sentido atraída por una persona, nunca antes alguien provocó emociones tan fuertes, menos en tan poco tiempo. Seguía pensando en lo que Solange le dijo la noche siguiente a la primera vez que lo vio y ahora estaba segura: Sentía una fuerte atracción por Ikki, el poderoso Fénix del que todavía se hablaba como si fuera una leyenda cuando Shun no se encontraba ni remotamente cerca para escucharlo.
Ikki sonrió y ella bajó la mirada, avergonzada. Estaba convencida de que no era nada gracioso que se te quedaran mirando de esa manera.
-Veo que han recuperado sus cuerpos-susurró-Mis felicitaciones.
-Gracias.
Esa voz, ¿Era más ronca ahora o él lo hacía a propósito? Selene sintió que las manos le sudaban.
-¿Puedo…hacer algo por ti?-preguntó ella.
-Puedes mostrarme la salida de este laberinto, creo que estoy perdido. No le digas a nadie, lo negaré hasta la muerte.
Selene sonrió y bajó la mirada de nuevo mientras pensaba que quizá podrían tomar el camino largo fuera de la ciudad, quizá a él no le importaría.
En los días siguientes Gabriel, Adrián, Esmeralda y Solange tuvieron que trabajar en perfecta sincronía y ni aun así lograban avanzar en sus intentos de tumbar al Fénix. El trabajo de Selene era mantenerlos en tan buen estado físico que no sentían el cansancio, solo el dolor; lo cual la dejaba exhausta a ella. Sin embargo, Ikki seguía empujándolos, obligándolos a dar aún más.
-Joder-jadeó Gabriel, mientras se levantaba luego de haberse estrellado por enésima vez contra la pared-realmente es más fuerte ahora.
-Tus llamas no me hacen ni cosquillas, chico.
-No me llames así, tenemos casi la misma edad-respondió Gabriel, mientras se levantaba.
-Y aun así no me llegas ni a los talones, ninguno de ustedes-declaró Ikki.
-Tsk…ya veremos.
-Ya veo de dónde sacó Shun esa arrogancia de mierda que tiene-espetó Adrián.
-¿Y eso te molesta, niño?
Adrián gruñó de rabia y el grupo se lanzó de nuevo al ataque.
Durante horas los cuatro peleaban con él sin poder hacerle ningún rasguño. Solange tenía que superar las ilusiones de Ikki o abrumarlo con las suyas mientras los otros atacaban, Esmeralda lograba alimentar el fuego de Gabriel o desviar los ataques físicos de Ikki, mientras que el español y Adrián empleaban sus habilidades ofensivas. Y luego, cuando las dos parejas ya se habían retirado, Selene debía recuperarse de su cansancio utilizando sus propios poderes sobre ella misma y siempre se quedaban conversando hasta altas horas de la noche. Sin embargo ese día, Ikki los envió de regreso a Mithrandir sorpresivamente temprano. Apenas comenzaba a ocultarse el Sol cuando el Fénix se acercó a cierta peliplata que sonreía cada vez con más entusiasmo y ternura.
-No pareces cansarte nunca-dijo ella-¿Cómo lo haces?
-El entrenamiento que yo tuve fue bastante duro, en realidad, pero se basaba en el odio y el desapego a todo lo yo amaba.
Selene sentía curiosidad pero el repentino silencio de Ikki la convenció de que quizá se estaba acercando a algún tema delicado y debió recordarse a sí misma que todos aquellos hombres tenían pasados terribles de los que muy probablemente no querrían hablar, como sucedía siempre con el Shinigami. Y para Ikki sí que era delicado; tocar el tema de su entrenamiento y su tiempo en la Isla de la Reina Muerte era llegar al tema de Esmeralda: Su eterno y antiguo amor. Parecía haber pasado una vida desde aquello pero el recuerdo seguía vivo e Ikki no pudo evitar comparar a las dos mujeres. Sin embargo ¿Era justo hacerlo? Una por haberse clavado con fuerza en su corazón y la otra por tener una belleza y una personalidad casi fuera de este mundo, porque saltaba a la vista que Selene tenía poco de humana con su cabello de luna y sus ojos del mismo color. No era justo, las dos eran tremendamente diferentes y aunque la rubia siempre ocupara algún lugar especial en su vida, la peliplata poco a poco se ganaba su espacio, siendo tan increíblemente fuerte, bella y dulce, sabia para unas cosas y sin embargo tan ingenua para las otras.
-Estás herido ¿No duele?
-Lo sé-respondió Ikki y mientras notaba los cortes en sus manos se encogió de hombros-No me molesta el dolor, hacía mucho que no lo sentía. Están avanzando, al menos no estoy perdiendo el tiempo aquí.
-Déjame ayudarte.
La peliplata tomó su mano y la rodeó con las suyas y sin poder apartar la vista de sus profundos ojos azules encendió su cosmos y lentamente unos brillantes y muy finos hilillos se entrelazaron entre sus manos y se deslizaron por el brazo del moreno, estremeciéndolo levemente mientras cerraban los cortes y arañazos. Su corazón latió con fuerza dentro de su pecho, ella cerró los ojos cuando Ikki acortó la distancia y recorrió suavemente la línea de su mandíbula con la yema de los dedos, sintiendo su piel caliente, el rosado de sus mejillas hasta sus labios. Él colocó la mano libre en su nuca mientras ella se pegaba a su cuerpo cuando un despliegue de energía, lejos de ahí desvió completamente la atención del Fénix. Selene lo miró confundida, pensando que algo debía haber hecho mal pero Ikki miraba hacia la lejanía, escondiendo perfectamente el peso en su pecho.
-Está pasando-susurró él.
-¿Qué cosa?
Ikki no fue el único. Shiryu, quien estaba meditando en la sala de las Armaduras, Hyoga quien conversaba con Seiya y Gabriel, todos lo sintieron al mismo tiempo. El español notó como los otros se miraron con aprensión.
-¿Qué sucede?
-¿No lo sientes?
-No-Gabriel se encogió de hombros.
-Creo que solo somos nosotros-sugirió Seiya.
-Es Shun-respondió Hyoga-Está despertando.
En el ala privada, enfermeras y doctores corrían por el pasillo cuando se dio el aviso de un aumento de la actividad cerebral proveniente del Shinigami. La habitación no tardó en llenarse de personas que se preparaban para cualquier eventualidad.
-Gabriel ¿Tienes idea de donde está Zoe ahora?-preguntó Hyoga.
-En la plaza, junto a la fuente. Esmeralda me dijo que ella y las chicas tratarían de animarla a pasar el rato con ellas. Deben seguir ahí.
-Confírmalo, por favor. Asegúrate de que se quede dónde está.
-Entendido.
-Haku me dijo que en cuanto despierte sabrá de ustedes así que tengo que ir con él-dijo Hyoga.
-Ve-asintió Seiya-Yo me reuniré con Shiryu, esperaremos por ti. No tengo idea de donde está Ikki, como siempre.
-Yo me encargo.
Hyoga y Seiya se separaron y tan pronto como el rubio se encaminó hacia el auto escuchó la voz de Ikki dentro de su cabeza. Aun no se acostumbraba a los nuevos poderes del Fénix pero tenía que reconocer que eran de los más útiles en momentos así.
-¿Sentiste eso?
-Sí, Seiya también-respondió el rubio, mientras aceleraba-¿Dónde estás?
-En la Isla aún, Selene está conmigo.
-De acuerdo, ya sabes qué hacer.
Cuando el rubio llegó había gente reunida, enfermos, mujeres, niños ancianos, todos esperando que algún médico saliera y diera información sobre el Shinigami, pero estos tenian órdenes estrictas de no decir una palabra hasta que alguno de los Ángeles llegara. El gentío se apartó inmediatamente cuando Hyoga hizo notar su presencia y éste entró en la habitación sin notar como detrás de él la gente buscaba echar un vistazo adentro. El jefe del equipo médico se acercó en cuanto lo vio.
-¿Cómo está?-preguntó Hyoga.
-Físicamente está en perfecto estado aunque quiero practicarle más exámenes. Está confundido y aturdido pero nada más.
-Habla con la gente de afuera, me parece se levantaron de sus camas sin permiso. Que se vayan y necesito hablar con él, a solas.
-Entendido.
Finalmente cuando la habitación se despejó Hyoga pudo acercarse al borde de la cama, frente al peliverde, quien estaba sentado mirándose las palmas de las manos. Levantó la vista y tardó unos segundos en reconocer a Hyoga; su voz salió ronca y se sentía entumecido pero sobre todo estaba tratando de mantener la compostura y no entrar en pánico.
-¿D-dónde estoy?
-En una habitación privada en el hospital del ciudad imperial de Mithrandir. No tengo que decirte cuál es tu nombre… ¿cierto?-dudó Hyoga.
-…No, no creo que haya perdido la memoria, Hyoga-susurró, le ardía la garganta.
Hyoga sonrió y se acercó a él. De pronto Shun levantó la mirada, sus ojos vidriosos, como buscando algo en el aire, alertándolo.
-3.545 niños nacieron, 10.000 personas murieron…
-Justo como el Shinigami me dijo que quizá pasaría.
-Tres…
El rubio tomó el rostro de Shun entre sus manos rápidamente.
-Shun mírame-le ordenó.
Pero Shun no escuchaba. Los recuerdos se agolparon en su mente como si de pronto el dique se hubiera roto y estos salieron desbordados y sin poder controlarlos. Supo inmediatamente que el Shinigami no lo protegería de lo que estaba viendo y se sintió perdido, asustado. ¿Por qué estaba sintiendo esas tres presencias? ¿Qué estaba pasando, estaba él con ellos o ellos estaban con él, en el mismo sitio? ¿Significaba que había muerto y ahora se reunía con ellos o…? La mente de Shun no podía procesar tantos pensamientos, recuerdos y posibilidades al mismo, pero reprimió las oleadas de pánico gracias a Hyoga, quien estaba ahí hablándole. Levantó la mirada y logró enfocar al rubio que se esforzaba por captar su atención.
-Tres…-susurró.
-Lo sé, mírame…-Hyoga dudó por un segundo que lograra que el peliverde obedeciera pero se obligó, enviando al fondo de su corazón el miedo y la incertidumbre. Tenía que imponerse al repentino de Shun, de eso dependía todo lo demás.
-¿Qué….?
-Escúchame. Estoy aquí, contigo. Enfócate en mí, por favor.
-Puedo sentirlos, Hyoga…
-Lo sé…
-¿Cómo puedo...?
-Es una larga historia y te lo contaré todo, pero necesitas hacer algo por mi primero.
-¿Primero…qué…?
-Es importante, Shun, por favor.
-¿Están…?
-Ellos están bien, pero es complicado. Necesito que te enfoques y escuches bien lo que voy a decirte, ¿de acuerdo?
Shun asintió vagamente, pero empezando a sentir un molesto dolor dentro de él. Hyoga sintió de nuevo que su determinación flaqueaba pero se obligó a continuar.
-Están aquí…vivos. El Shinigami había estado protegiéndolos todos estos años, a ti también, del dolor, de los recuerdos. Sin embargo ahora han regresado.
-¿Los…tres?-preguntó Shun y Hyoga asintió en respuesta.
Entonces solo un pensamiento se instaló con toda la fuerza posible en su mente, pero el miedo también. Si estaban ahí, vivos, significaba verlos. Verlo a él. ¿Y dónde habían estado todo este tiempo, qué había pasado? ¿Todo el dolor había sido en vano? De pronto, sintió la rabia ardiendo poco a poco, elevándose desde el fondo de su corazón, la indignación mezclada con la confusión y la clara pregunta: ¿De qué los había estado protegiendo el Shinigami y quien se los llevó entonces?
Hyoga siguió hablándole hasta de pronto vio los ojos negro y amarillo del Shinigami y un gruñido animal surgió de lo profundo de su pecho
-Mierda.
Hyoga elevó su cosmos y tomando a Shun de la camisa lo sacó de la cama y lo estrelló contra la pared con tanta fuerza que le sacó todo el aire de los pulmones, extinguiendo su creciente furia. El peliverde tosió de dolor y cuando lo miró se quedó paralizado: Los ojos del rubio habían cambiado de color a un dorado brillante, indicándole que estaba empleando los poderes del Ángel. Rara vez Hyoga llegaba a esos extremos y su instinto de supervivencia se disparó indicándole que tenía que obedecer.
-Ahora, cálmate. Es una orden. Ya te dije que tienes que hacer algo primero. Hazlo por mí, pero sobre todo hazlo por ella.
-¿Ella?-preguntó Shun, frunciendo el ceño.
Hyoga lo mantuvo clavado a la pared, sin dejarlo moverse un centímetro hasta estar seguro de que Shun estaba bajo control.
-Hay una chica que ha estado llorando en su habitación por ti todas las noches, cuando pensó que nadie la escuchaba. Ha sido muy fuerte, pero está triste, ella te trajo de regreso, ella salvó tu vida. ¿Recuerdas algo de esto?
Shun bajó la mirada mientras esos recuerdos se imponían ante todo lo demás y no tardó en enrojecer violentamente. Hyoga se permitió sonreír levemente.
-Ella merece que la veas primero que a nadie. Es importante que confíes en mí y hagas lo que te pido porque después de eso vienen momentos duros, Shun y siento que vas a necesitarla. Además, vamos, tiene semanas esperando por ti.
-Lo sé-susurró Shun y después de unos minutos continuó-Lo vi muriendo, Hyoga… ¿Qué está pasando aquí?
-Te lo contaré todo, lo prometo. Solo confía en mi ¿Está bien?
-Fue mi culpa-dijo Shun, trayendo ahora a su mente los recuerdos del Shinigami que vio en la dimensión oscura.
-No te hagas eso, Shun. ¿No morirías tú por mí? ¿Incluso por cualquiera de los Ángeles?
-Sin dudarlo-dijo Shun, con los ojos brillantes por las lágrimas
-Él te ama y haría lo que fuera por ti, lo sabes y por eso bloqueaste todos sus recuerdos.
-Es demasiado doloroso.
-Lo sé-respondió Hyoga, suavemente- Nos dolía a ambos. Pero son esos lazos los que son más importantes para nosotros y ahora que están aquí no podemos perderlos por ningún motivo. Por eso tienes que ser fuerte ahora, más que nunca. Ahora voy a soltarte. Solo trata de no gruñirme otra vez ¿De acuerdo?-dijo Hyoga, medio bromeando, medio advirtiendo, ya que él supo inmediatamente de donde venía la rabia de Shun y todo lo que estaba en juego-No me gusta que me desafíen, Shun. No lo hagas tú.
El peliverde tragó saliva y asintió levemente.
-Bien-continuó Hyoga-Hay ropa limpia guardada en el armario. Necesitas una ducha.
-¿Te vas?
-No, me quedaré aquí, tomate tú tiempo.
Ya bajo el agua, Shun no sabía si tomar la ducha más rápida de su vida o quedarse ahí eternamente. Tenía las manos apoyadas en la pared, el agua caía libre sobre su cabeza y él miraba hacia el piso. El alud de recuerdos le estaba provocando un terrible dolor de cabeza y no se atrevió a pararse en ninguno. Demasiado tiempo lejos de todas esas memorias y por primera vez temió realmente por su vida.
-No había sentido eso en mucho tiempo. Así que la prueba del Shinigami…supongo que aprobé-pensó. Luego por cada persona que cruzó su mente, la mirada del peliverde cambió. Sintió dulzura…calidez…furia. Hizo una promesa internamente. Lo sabría todo. Aún tenía que ver a más de una persona, pero después de eso, recordaría a Hyoga su promesa o lo averiguaría él mismo-A como dé lugar.
Cerró los ojos mientras el frio intenso del agua calmó su cuerpo, el temblor de la rabia luego cambió a agua caliente para ayudar a sus músculos que, gracias a los poderes del Shinigami, recuperaron su elasticidad a una velocidad sobrehumana. Su voz aun salía un tanto ronca pero esa era la menor de sus preocupaciones. Ahora estaba de regreso él también y con un montón de cuentas pendientes. Poco a poco y mientras se bañaba los recuerdos de la batalla también regresaron a él, el dolor, la conciencia y sobre todo la fuerza. Había estado semanas en cama y evidentemente tenía mucho de que enterarse. Aunado a eso estaba un poco más que aterrado, pero solo Hyoga lo notó cuando forzó los poderes del Ángel a elevar sus sentidos hasta poder captar perfectamente los latidos del corazón del peliverde.
-Bueno, sigue vivo. Vamos bien-pensó.
Esmeralda, Solange, Hannabi, Adrián y a Gabriel seguían reunidos en la plaza de la ciudad imperial, extrañados de que el español los mantuviera ahí, como esperando algo. Ellos seguían tratando de subirle el ánimo a Zoe, quien estaba muy triste y empezaba a perder la calma de nuevo. No notaron a las dos personas que caminaban calmadamente hacia ellos. Uno se secaba el cabello mojado y algo alborotado y el otro se mantenía a su lado, conversando. Cuando vio al pequeño grupo reunido, sonrió.
-Por cierto, eh decidido llamarlos tu club de fans. Pasaron todo el tiempo posible en tu habitación durante todos estos días.
-Adrián habrá querido tomar fotografías. Espero que no lo hayas dejado.
-No, por ahora solo yo sé que babeas cuando duermes-bromeó.
-¡Eso no es verdad!
Hyoga se echó a reír con ganas y las chicas, al escucharlo se dieron la vuelta, mientras Gabriel y Adrián sonreían.
-Bonitas vacaciones que te tomaste-bromeó Adrián.
Zoe fue la última en darse la vuelta, mas por educación que por otra cosa. Hyoga vio cómo su expresión cobraba vida nuevamente y las mejillas se le encendieron al ver a Shun levantado y parada a menos de cinco metros de ella. Luego, lo increíble pasó.
-Tú….
Llevaba semanas llorando, embargada por el dolor, luchando contra ella misma. Quería quedarse con él las 24 horas del día, pero sabía que ahora ella tenía responsabilidades también, tenía que seguir y sacó fuerzas de su propia debilidad. Tenía su distrito ahora del que se encargaba, pero también había tomado las riendas del distrito dos mientras Shun estaba en coma. Shane la ayudaba pero Zoe sola se había encargado de la gran mayoría. Luego cuando regresaba a su habitación a medianoche, exhausta lloraba de nuevo hasta quedarse dormida. Arroparse en el dolor y sintiendo lástima por su situación no era su forma de enfrentar los problemas, honestamente odiaba llorar como una niña pero durante ese tiempo sus sentimientos por él crecieron convirtiéndose tanto en su combustible como en la razón por la que caía en las garras del dolor cada noche. Crecieron tanto que cada día cuando despertaba sentía la opresión en el pecho y ahora, verlo ahí parado a unos metros de ella, recién bañado como si viniera de una sesión de entrenamiento, con su cara de poker. Oh, no, eso sí que no. Sí, su corazón se detuvo por unos instantes, quizá se saltó algunos latidos pero ahora, estaba muy molesta. Muy molesta.
Shun la miró y sintió como se le erizaba toda la piel espalda y los brazos, como todo lo que había guardado celosamente en su corazón se desbordaba y expandía fuera de su cuerpo, tratado de alcanzarla, desobedeciéndole, incapaz de controlarlos. Sintió como se entumecía de nuevo, abrumado por la fuerza de sus sentimientos hacia ella.
Debió ruborizarse violentamente porque Gabriel carraspeó, pero la ira de Zoe ocupó toda la atención. Hyoga tenía razón: tenía que verla, era una obligación pero también una fiera necesidad.
-¡¿Cómo…cómo pudiste?! ¡Ha pasado más de un mes!-gritó Zoe
Al principio la miraron confundidos, pero luego entendieron cuando empezó a llorar mientras gritaba. A Shun se le arrugó el corazón y supo exactamente lo que tenía que hacer. Bueno, no exactamente, más bien agarró valor de donde no lo había.
-¡Nos tenías tan preocupados a todos y vienes aquí…!
Shun caminó hacia ella y la chica retrocedió un paso sin dejar de hablar.
-¡Con esa cara tan tranquila como si no pasara nada! ¡Estúpido desagradecido!...
Él pronto recorrió los escasos metros que lo separaban de la joven y cuando ella lo iba a golpear en el pecho con las manos él la tomó de la cintura, la apretó contra él y sin pensarlo -no se le esfumara el coraje- la besó.
Ni siquiera notaron cuando se quedaron solos en la plaza.
Ella tembló al sentir de nuevo el contacto con el duro cuerpo del peliverde, se guindó de su cuello casi inmediatamente y él le apretó aún más, rodeó su cintura con sus brazos con fuerza y la alzó o ella dejó de sentir el piso, no lo sabía. Lo único que ella quería era sentirlo aún más, más cerca, mas contacto...
Lo que comenzó como un profundo beso pronto se transformó en una desesperada demostración de todo el tiempo que tenían deseando besarse, de su deseo, los sentimientos de cada uno. Sus bocas se abrieron, sus lenguas se encontraron y el fuego entre ellos se propagó. Era una prueba, una declaración a todo el universo que habían esperado demasiado tiempo para gritar lo unidos que se sentían y como el deseo y el amor crecieron tanto en solo unos meses. Shun sabía que ahora la opresión en su pecho no se debía solo al dolor sino a la fuerza de sus sentimientos hacia ella. Tomó su rostro entre sus manos y limpió las lágrimas de sus mejillas sin separarse de sus labios como así compensara aunque fuera un poco todo el tiempo que ella pasado llorando por él. Y lo mejor de todo: saber que era correspondido, que Zoe sentía lo mismo.
Sin embargo, después de un rato, Shun se detuvo lo más delicadamente que pudo sin hacer sentir a Zoe que estaba rechazando su entusiasmo; no quería asustarla con el suyo, lo que era muy diferente. Solo algunos segundos después la chica finalmente abrió los ojos y él sonrió con ternura mientras pasaba los dedos por sus mejillas encendidas.
-Te escuché. Fue tu voz y tu luz los que me alcanzaron cuando pensé que no podría escapar a esa oscuridad. Fuiste por mí.
Zoe sonrió mientras las lágrimas corrían por sus mejillas y Shun las limpió con delicadeza. Estaban tan cerca el uno del otro que sus labios se rozaban.
-No llores, no por mí-dijo él.
-Pensé que no volvería a verte. ¡No despertabas, pensé…! ¡Como vuelvas a dejarme…!
-Estoy aquí ahora-le dijo él, abrazándola-Gracias a ti.
-¡Estoy tan feliz!-respondió Zoe, llorando.
-Todos dicen que soy importante para ellos, para la humanidad-dijo Shun suavemente-Yo tengo años sintiéndome roto, vacío, arrastrándome, sobreviviendo sin vivir en realidad. Así que perdóname, Tsubaki, no sé qué estoy dándote, pero lo que quede de mi alma, es tuya ahora. Tuya y de nadie más, igual que el resto de mi ser.
La pelinegra lloró de nuevo y lo abrazó con tanta fuerza como le fue posible, ahora que lo tenía ahí, de vuelta con ella y supo el por qué de la insistencia del Ángel Negro en que se vieran primero. Ahora estaba absolutamente segura de que si bien ver a su hermano seria duro para Shun, su amor le daría fuerzas para afrontar lo que fuera. Ella cerró los ojos y escuchó a Shun reír levemente en su oído hasta que él buscó sus labios y volvió a besarla con pasión mientras Hyoga los observaba en la distancia y asentía.
-Sí, lo sé. Solo para estar seguro sigamos con el plan, pero esperemos unos minutos más.
Ikki no respondió, solo asintió y regresó con Selene. Podía esperar un poco más para poder a su hermanito pequeño, después de tanto tiempo. Solo unos minutos más.
