Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen al gran Masashi Kishimoto-San, la historia descrita a continuación es producto de mi loca imaginación. Un día me dio por escribirla, y aquí está, "Entre el amor y la venganza".
Hola meus amores, otra vez yo, un capítulo corto, pero un tanto interesante. Espero que les guste. Nos leemos al final. Disfruten de la lectura.
CAMBIO
—No sé cómo sucedió, por un instante Madara se apoderaba de mi cuello cortando mi suministro de aire, y luego simplemente sentí como soltaba su agarre. —Cubrió su rostro lleno de lágrimas con ambas manos. —Luego sangre salía de su boca y caía en mi rostro y cabello.
—Es muy difícil para ella, por favor no la atormentes más. —Itachi la estaba abrazando. Se veía tan convincente que hasta ella misma se sorprendía de sus habilidades actorales.
—Tu versión concuerda con lo que dices, las marcas de tu cuello son evidencia que estabas neutralizada bajo la víctima. —Dijo Kakashi aun con escepticismo.
— ¿Aun no me crees verdad? —Preguntó con un deje de tristeza en la voz. —Todo fue en defensa propia, o era Madara o yo. Pude haber muerto. —Esta vez la conversación tomaba un rumbo más personal.
—Sakura... —La voz de Kakashi era fría, sin ningún ápice de sentimiento. —Esta es una investigación en la que llevo años y se le han sumado más víctimas, no puedo tomar tu versión como verdad absoluta. —Le tendió el documento de la declaración para que lo firmara. —Necesito escuchar a Hyuga y crear una teoría imparcial y equilibrada. Dejando de lado la relación que mantenemos. Aún debemos averiguar de dónde salió ese abrecartas.
La Haruno intentó decir algo, pero Itachi la detuvo. El plateado tenía razón, debía escuchar ambas versiones y hasta que Hinata no apareciera y declarara no podían procesar la afirmación de Sakura.
Salieron del lugar rumbo a la casa de ambos, Kakashi se comportó frío con ella, eso no estaba en los planes de la de ojos verdes.
Al llegar al lugar una Samara un tanto aturdida los esperaba en la sala. El maquillaje de ésta estaba corrido de las lágrimas que derramaba. Ambos imaginaron a qué se debía el sufrimiento de la Uchiha. Itachi abrazó con fuerza a su hermana que lloraba desconsoladamente por la pérdida de Madara. Otro golpe para la familia, se había ido por el dolor que sentía al haber perdido a su padre. Ahora le quitaban a su tío.
— ¿Cuándo llegaste? —Preguntó el mayor.
—Hoy, Sasuke me avisó de la muerte de... —Madara no era un buen hombre, siempre lo supo, pero aun así le dolía la muerte de su tío.
—Entiendo tu dolor, aunque no lo digas en voz alta, sabemos lo que sientes al perder a alguien tan cercano a ti. —La rosada no terminaba de comprender por qué hablaban como si lo hicieran en clave u ocultando algo de ella. ¿Qué sucedía con su cuñada? ¿Por qué sufría tanto la muerte de su amante? Esas eran las preguntas que rondaban la mente de Sakura.
Samara se abrazó a Itachi, necesitaba el consuelo de su adorado hermano mayor, el mismo que le brindó un amor incondicional apenas llegó a la familia.
La mujer de ojos verdes se retiró dejando en la intimidad a los dos hermanos, o eso les hizo creer. La verdad ese sufrimiento de la Uchiha por su tío rozaba lo absurdo, ni por su padre lloró tanto así. Abrió los ojos, acaso ella... No podía ser cierto lo que llegó a pensar. Pero no perdió detalles a la conversación de los Uchiha.
—Sabes que puedes hablar conmigo de eso ¿Verdad? —Itachi secó una lágrima en la mejilla de Samara.
—Es que es tan difícil, es como si un día pierdes a tu padre y al siguiente al hombre que te dio la vida. —Dijo sorbiendo por la nariz.
—Es duro, lo sé, pero debemos ver que él mismo buscó de una forma u otra su final. Todo indica que fue quien secuestró a Sarada.
—Lo siento mucho... me siento culpable... —Itachi calló sus disculpas, ella no era culpable por haber nacido de alguien que siempre se caracterizó por ser vil. Por suerte sus padres la acogieron en su seno familiar cuando era apenas un bebé desprotegida.
Él tenía dos años cuando Mikoto y Fugaku adoptaron a la hija recién nacida que su tío quería abandonar a su suerte, luego al año y medio nació Sasuke. Muy pocos saben sobre la historia de su hermana, hasta ahora ella prefería que nadie supiera de sus verdaderos orígenes.
— ¿Crees que fue ella? —Preguntó con duda la morena, intentando recuperar la compostura. —Por lo poco que sé, no creo que sea capaz de algo así. —Se secó ambas mejillas con las manos. —Bueno, en lo que respecta a matar a alguien a sangre fría. Si lo hizo seguro fue en defensa propia.
Itachi apretó la mandíbula, qué más quisiera que Hinata no fuera tantas cosas, pero las pruebas y los hechos decían lo contrario.
—Según Sakura, la salvó de morir estrangulada a manos de mi tío. —Samara cerró los ojos, le dolía la muerte de su padre biológico, pero tampoco negaba la repulsión que sentía hacia su persona. ¿Cómo podía existir gente tan mala en el mundo? Y precisamente ella tuvo que ser procreada por una.
Odiaba la crueldad de su Madara, ¿Por qué razón secuestrar a dos niñas inocentes? ¿Qué ganaba con ello? Era simplemente absurdo. Aunque... Recordó algo, de hace muchos años, una situación incómoda entre él y Sakura. Siempre se refería en forma despectiva hacia Sarada, su sobrina. ¿Tendría algo que ver con eso la razón del secuestro?
Todos desayunaban en la comodidad del comedor de Karin. La pelirroja agasajaba a sus invitados con el mejor desayuno preparado por ella en mucho tiempo. Estaban los tres adultos reunidos, Keiko aún continuaba durmiendo. Hinata no quiso despertarla, pues aún necesitaba descansar, todavía convalecía por su accidente de días atrás.
En la habitación una somnolienta niña se despertaba luego que los rayos del sol se colaron por la ventana, cuyas cortinas estaban echadas a un lado. Con su mirada recorrió el lugar ¿Dónde estaba? No conocía aquel lugar se decía a sí misma. La cabeza le dolía y se sentía mareada.
Tomó un largo respiro y se llevó las manos a la cabeza, tenía una venda. Se impulsó con sus brazos hasta quedar sentada en la cama, dio un vistazo hacia el espejo de un tocador y pudo verse. Tanteó el dorso de su cráneo y sintió el área rapada de su cabello. Los recuerdos venían a ella como una ráfaga. Ella escuchando detrás de la puerta, luego corría desesperada sintiendo una opresión en su pecho. Y luego el vacío junto a la oscuridad. Ya comprendía la razón por la que llevaba en vendaje, pero qué era ese lugar. ¿Estaría ya junto a su abuela? No, sería improbable, no le había dado tiempo a contactar con ella y notificarle sobre su paradero.
Intentó ponerse de pie, se sintió desfallecer. ¡Oh Dios! El dolor era más fuerte de lo que imaginaba. Fue allí cuando comprendió dónde y con quién estaba, los recuerdos de los últimos días llegaron atropellados. El secuestro, sus gritos, su llanto... cuando la lanzaron con fuerza a la camioneta donde se las llevaron... Hinata Hyuga y Sasuke Uchiha, sus padres.
Caminó hacia afuera, los escuchó hablar sobre algo en concreto que no entendía muy bien. Su padre le decía algo de que era muy arriesgado en su estado y solo podría resultar lastimada. Hinata podía resultar ser muy cabezota, pues insistía en que no había salida. Todos guardaron silencio cuando notaron la presencia de la pequeña que los miraba con gesto interrogante.
—Ven amor siéntate aquí junto a mamá. —La miró dubitativa. Pero aun así se acercó y tomó asiento a su lado. —Karin preparó un desayuno especial para nosotros. ¿Te gustan los panqueques? —Asintió un tanto confundida. Se sentía rara que se refiriera a ella como su hija. —Tu tía hizo unos en forma de corazones y estrellas para ti, también agregó beicon y huevo... Y de tomar hay jugo de naranja recién exprimida.
— ¿Por qué estamos aquí? —Preguntó sacando a Hinata de su explicación.
—Porque voy a hacer un viaje largo y esto es como una especie de desayuno de despedida. —Respondió con una sonrisa que a leguas se notaba era fingida.
La pequeña continuó pareciendo no tener memoria, ni saber quiénes eran realmente Sasuke y Hinata. Su mente estaba confundida, pero aun así comió en silencio, sabiendo que aquello que hablaban los adultos era algo importante que no querían que ella supiera. La dejaría de nuevo, otra vez la abandonaría a su suerte. Le dolió más de lo que pensó, al escuchar sobre el viaje.
—Y a ¿Dónde vas, mami? —A Hinata se le hizo un nudo en la garganta al escuchar la voz quebrada de Keiko.
—No lo puedes saber, pero solo voy a arreglar algunos asuntos, —La niña bajó la mirada para ocultar las lágrimas que descendieron por sus mejillas. —No llores pequeña... — La Hyuga tomó aquel tierno rostro entre sus manos. —Prometo que volveré por ti en cuanto arregle todo. Hasta entonces te tienes que quedar con papá. Él te va a cuidar hasta que yo pueda venir a buscarte.
— ¿Prometes que volverás? —Su madre asintió, a ella también le dolía dejarla, pero era lo mejor, junto a Sasuke no debería correr peligro como a su lado.
Era una prófuga de la justicia, quizás ya la estarían buscando organismos internacionales por si intentaba salir de Japón. No podía arriesgarse a que la atraparan y le quitaran a su hija. Por ello acordó con Sasuke que mientras ella buscaba algún indicio que incriminara a Sakura, él pelearía la paternidad de Keiko en la corte contra la supuesta madre, Guren. Harían un examen de ADN que avalara su demanda y conseguir la custodia de la niña. Ya cuando ella estuviera de vuelta y demostrara su inocencia. Juntos la reconocerían como su hija y compartirían sus derechos sobre ella. Era sensato.
Había dañado a Itachi y quizás nunca obtuviera su perdón, se lo merecía por ser tan cruel, ella tampoco se perdonaría el hecho de haberse acercado con el propósito de engañarlo. Solo tenía lo que había sembrado. Sasuke se ofreció a ser un padre para su nuevo bebé, a fin de cuentas era un Uchiha y merecía el apellido de su familia. Hinata no dijo nada al respecto, no quería involucrarlo en eso. Para ella ya estaba claro algo, su hijo sería un Hyuga, Sasuke no tenía por qué hacerse cargo de su bebé, su compromiso era con Keiko, era lo único que le importaba en ese momento.
...
No sabían qué hacer en ese momento. Esperaban a que Karin llegase con algunos suministros para comenzar a cambiar su apariencia y poder salir hasta Londres. Luego de una larga espera la pelirroja llegó con todo lo necesario.
— ¿Estás segura que quieres ser rubia? —Hinata asintió, debía parecer diferente a una Hyuga o Mishima. Su pelo era característico de su madre y sus ojos a los de su padre... Era fácil identificarla. Además si lograba hacer algo como cambiar el color de su cabello debía hacerlo por uno opuesto que la desligara por completo de los rasgos de su familia. —Me aseguré que no sea tóxico, ya sabes por el bebé.
—Gracias, es bueno que hayas pensado en todo. —Tomó un suspiro, se vio por última vez en el espejo como Hinata Hyuga, ahora sería una mujer distinta, con un nuevo nombre… y quizás con una nueva vida si no conseguía e un tiempo determinado lo que buscaba.
Dos horas después, Karin daba los últimos retoques a la nueva Hinata, o Ekaterina Vasiliev, una mujer rusa de origen japonés. Su cabello. La Uzumaki estaba muy concentrada en su labor, en ese momento la maquillaba de forma que se diferenciara de su verdadera identidad. Aplicó un poco de lápiz labial y terminó con su cometido.
— ¡Guau! —Alcanzó a decir la pelirroja. Ni ella misma daba crédito al cambio radical.
— ¿Cómo me veo? ¿Quedé bien? —La ahora rubia observaba temerosa a su amiga, esperaba no impactarse tanto con el resultado.
La mujer tendió hacia ella un espejo en el que reflejaba a una mujer completamente diferente. No reconocía a aquella imagen que el espejo le devolvía, claro, a excepción de sus opalinos orbes, de resto, era otra. Ella pero una versión que sería imposible que la reconocieran. La forma de sus ojos no perdió aquellos rasgos felinos que lo caracterizaban, pero el maquillaje sí lograba disimular la pureza de su raza.
Karin tendió un estuche con lo que pensaba eran lentillas de colores. Eran azules como los de su madre, por un momento dudó, mas tuvo que acceder a intentarlo, sino habían unas negras esperando por ella, la cuestión estaba en que distaría con su aspecto de rusa con ascendencia oriental. Era muy común ver mujeres muy rubias con rasgos asiáticos y ojos muy azules o verdes.
Tenía un nombre eslavo, no era descendiente directa según sus nuevos documentos. Colocó las lentillas y el cambio resultó atractivo, de verdad a pesar de tener el color de iris como Hisui, ella no se asemejaba a ninguna de las familias. No era una Hyuga, tampoco una Mishima… ya no tenía familia, solo a sus pequeños, Keiko y al bebé que cargaba en el vientre, solo ellos tres.
—Promete que tendrás cuidado. —Dijo Karin, sacándola de lleno de sus pensamientos. La mujer no lo decía en voz alta pero Hinata sabía que le aterraba la idea de dejarla partir. —Haré lo posible por ir a Londres y ayudarte en lo que sea necesario.
— ¿Puedes hacer algo por mí? —Preguntó la Hyuga, despertando la curiosidad en la Uzumaki. Ésta asintió. —Quiero que trates de entrar en contacto con Hisame Takenaka. Es una chica que conocí en Las Vegas cuando me casé con Itachi. Cuéntale todo con lujo de detalles, ella vendrá a Japón dentro de dos semanas, se acerca navidad, ella y su familia han adoptado costumbres americanas así que pasarán todo el mes de diciembre y principios de enero en la ciudad de Naha con la familia de aquí. —Hinata respiró hondo, venía lo más importante de todo. —Si no logro conseguir nada, tendré que acudir a ella cuando esté casi finalizando mi embarazo, alrededor del séptimo mes más o menos. Voy a refugiarme en la Isla, ella me ayudará a buscar un lugar discreto, solo… sé que allí puedo comenzar una nueva vida con mi hijo, lejos de los Hyuga y los Uchiha. Solo tú puedes saber de esto. Ni una palabra a Sasuke, mucho menos a Itachi, ¿Entendido?
Karin cerró los ojos con fuerza como memorizando cada detalle de lo dicho por su amiga, una mueca de desagrado se hizo presente en su rostro, luego abrió un ojo y se la quedó viendo. No la convencía del todo ese plan que Hinata había maquinado desde el momento que aceptó que Sakura Haruno era una mujer peligrosa.
—Le prometiste a Keiko… —Hinata hizo un gesto para que callara. Sabía la promesa que le hizo a Keiko y le dolía dejarla, pero no tenía otra opción. También pensó en lo que sucedería con su hija, aunque le doliera, era lo mejor.
—Ella se quedará con Sasuke como acordamos, si no consigo nada, que seguro es lo más probable, trataré de protegerme a mí y al niño que llevo en mi vientre, por lo menos hasta que lo crea conveniente. —Lágrimas comenzaron a bordear sus ojos, le día tener que dejar a su hija. Pero no podía robarle su infancia, su vida. Era egoísta querer alejarla de una vida normal y obligarla a vivir como una fugitiva, ya era demasiado con que su otro hijo tuviera que nacer en aquella condición. —Cuando llegue ese tiempo, me pondré en contacto contigo mediante Hisame, tú y yo debemos cortar cualquier conexión, no quiero arriesgarme a que te descubran. —Karin asintió nuevamente, esta vez ya no podía reprimir sus lágrimas, aquello también la afectaba, quería a la Hyuga. —Al momento que te llegue mi mensaje, habla con Sasuke sobre todo esto. Voy a enviar indicaciones específicas que ya redactaré al momento de decidirme cuándo es el tiempo seguro. Tú, Sasuke y Keiko deberán viajar juntos, porque Karin, quiero que no te alejes de mi hija, le darás a Hisame todo lo referente a ella, quiero que seas como una madre para ella.
— ¿Cómo puedes pedirme eso si la acabas de encontrar? —La Uzumaki lloraba, pero a la vez intentaba no hablar demasiado alto para que no escucharan su conversación.
—Por eso te lo pido a ti. El tiempo será alrededor de un año tal vez o dos, no lo sé. Pero también quiero que seas como una madre para ella porque Sakura estará cerca y esa mujer no me inspira confianza. Keiko es mayor que Sarada y al Sasuke reclamar sus derechos sobre ella y reconocerla pasará a ser la siguiente heredera, así sucede en el clan Uchiha, no es como los Hyuga que es la familia del hijo mayor quien pertenece a la familia principal. ¿Entiendes lo que digo verdad?
—Tu mente ha trabajado mucho estos últimos días…
—El viaje en tren, llegar aquí, la noche, mi conversación con Sasuke, todo ha servido para ponerla a funcionar.
—Eso explica tu éxito en lo que te propones. —Sonrió un poco para quitar tensión al ambiente.
—Sakura puede atentar contra Keiko, para eso quiero que estés junto a ella. —Hinata retomó con seriedad y preocupación la conversación. —Cuando pida que nos encontremos deben parecer unas vacaciones, esto debe ser muy importante, no levantar sospechas porque tal vez aún me estén buscando.
—Pero, si llegas a encontrar las pruebas contra Sakura, puedes regresar y demostrar tu inocencia en el caso Harper Smith.
—Pasé más de diez años de mi vida buscando a Keiko, esa mujer sabe hacer bien las cosas porque jamás encontré nada referente a ella cuando quise investigar por mi cuenta el asesinato de Harper.
—Ya entiendo, sabe cómo hacerse invisible. Pero jamás pensaste que podía existir alguien que las relacionara. Yo puedo ser tu testigo.
—Sería complicado, porque igual no probaría nada, solo que se conocían. Necesito algo más concreto, de la noche del asesinato.
—El arma homicida, dijiste que era un viejo abre cartas. Busca su origen. No podría relacionarte si llegas a su dueño. —Hinata meditó las palabras de su amiga, tenía razón, ese maldito objeto tenía mucho que ver en todo.
—Será difícil pero no imposible. No sé qué haría sin ti, me has dado un nuevo respiro.
—Ves, al final toda esta locura de irte a quién sabe dónde solo puede quedar en eso, una simple locura porque demostrarás tu inocencia y estarás con tus hijos. —Tomó el rostro de la Hyuga entre sus manos. —Y serás feliz con Itachi.
La Hyuga bajó la cabeza, eso era lo que más lamentaba, eso sí era un sueño imposible, él la odiaba y lo merecía. La pelirroja la abrazó y le susurró que todo estaría bien, solo tenía que darle tiempo al tiempo, él la perdonaría, tendrían a su hijo, y una familia con Keiko y Sarada. Porque según Karin, cuando lograran atrapar a Sakura, serían solo ellos cinco.
Las palabras sonaban tan bien, que pronto a Hinata los parpados comenzaron a pesarle. Era aún de día pero se quedó dormida con la cabeza en el regazo de Karin. Ésta acariciaba los rubios cabellos y seguía contando aquella felicidad que el destino, Kami, o lo que fuera en lo que creyera, le tenía preparado para recompensarla por tanto sufrimiento.
N/A: Aquí un capítulo, corto, pero es porque estoy haciendo un capítulo general con los últimos capítulos. En el próximo respondo a los reviews, lo subiré más tardar mañana o el viernes.
