— ¿Kaicchi? ¿¡Cómo que no irás al campamento de entrenamiento!?
El chillido de Kise no se hizo esperar, incomodando a la morena y haciéndole ganarse un golpe de parte de Kasamatsu.
Estaban a punto de comenzar la práctica, y ya la gran mayoría de los jugadores estaban en el gimnasio, calentando. El trío estaba un poco apartado ya que la Shibata había llamado a Yukio antes de empezar, y cómo no, Ryota no tardó en acercarse.
—Lo siento mucho, Kasamatsu-senpai, pero no me lo han permitido —Kai dijo aquello y seguidamente se inclinó, una reverencia de disculpa—. Espero que les vaya muy bien, de cualquier manera.
El mayor suspiró y tomó el permiso que Kai le devolvía, mientras se rascaba la nuca con la mano libre. Lucía un poco desconcertado, pensativo.
—No hay problema.
No hubo más charla y el resto de la práctica se llevó a cabo sin mucho contratiempo. Esa vez, Kai estuvo sentada leyendo todo el rato, nadie se lesionó ni hizo siquiera el intento de ello. De vez en cuando se podían escuchar gritos de Kise demandando la atención de Shibata, o Moriyama con sus típicos "este tiro va por ti, Kai-chan" seguido de una mirada nada bonita del rubio, y golpes de Kasamatsu. Nada fuera de lo normal.
Lo que de seguro no fue tan normal fue que, al final del entrenamiento, los titulares del equipo se pusieron de acuerdo para ir juntos por una hamburguesa al magi burger.
— ¡Shibata! —fue Kobori el que se le acercó, secándose la frente con una toalla que estaba colgada alrededor de su cuello—. Iremos juntos a comer al salir de aquí, ¿te unes?
Ella lo pensó. Estuvo un par de segundos sin decir nada, simplemente analizando las opciones: ir directamente a su casa, donde le esperaba un libro nuevo recién retirado de la biblioteca, o desviarse antes, para pasar un rato agradable con los ruidosos, revoltosos, intranquilos, jugadores de kaijo...
—Te compraré una malteada de chocolate y papas fritas —terminó por decir, Koji, mientras alzaba una ceja, al ver que la morena estaba a punto de decir que no.
Era una de las cosas que tenía en común con Kurokocchi, como alguna vez Kise le dijo. Su rostro se iluminó, aunque no esbozó sonrisa alguna, y cuando el castaño vio el brillo en sus ojos, supo que la había comprado con eso.
—Puede que los acompañe...
—Fantástico, volvemos en un momento —sin dejarla siquiera terminar, se retiró.
Y así fue como Shibata terminó sentada en una mesa del magi burger, con una malteada de doble chocolate y una ración extra grande de papas fritas frente a ella. A su derecha estaba la ventana, y a la izquierda tenía a un muy contento Kise, que le pasaba un brazo por los hombros, ante lo cual Kai no rechistó porque estaba más concentrada en su comida y porque, extrañamente, no le molestaba demasiado. Frente a ambos, estaba Moriyama soltando lloriqueos y quejas sobre la situación.
— ¡No puede ser! ¡Kai-chan, me estás engañando con Kise!
— ¿Sabes siquiera lo que implica que te engañe? —fruncía el ceño con confusión, mientras se sentía empujada contra Kise.
— Ella no te está engañando porque desde el principio siempre fue mía, Moriyama-senpai —tras decir aquello, le sacó la lengua al shooting guard, quien dejó salir un franco jadeo de sorpresa e incredulidad. Kai enrojeció hasta las orejas, y al fondo se pudo escuchar una risa descarada de Kobori.
— ¡No «uedo» «relo»! ¡Kise y Kai «a» «on» «oiciaes»!
— ¿Q-qué?
— ¡Idiotas, dejen de hacer tanto escándalo! Estamos en medio de un lugar público —Kasamatsu saltó, cual santo salvador para Kai, regañando a todos, quienes quedaron religiosamente en silencio tras su argumento.
Pero era kaijo, y ellos no podían estar tranquilos o en silencio tanto tiempo seguido. No había pasado un minuto, cuando Koji habló de nuevo, interrumpiéndolos en medio de la comida.
—El lunes empieza la interhigh. ¿Iremos a ver el primer juego?
El agarre de Kise sobre Kai se apretó ligeramente, por lo cual ella sintió perfectamente la tensión en el cuerpo del jugador. Lo miró de reojo, sin dejar de sorber su malteada en ningún momento: justo ahora, le convenía más callar y escuchar.
—Desde luego —Yukio apoyó el codo sobre la mesa, seguidamente, la barbilla sobre la palma de su mano—; seirin no la tendrá fácil y quiero ver cómo se las van a arreglar contra too.
—No hay que olvidar que seirin tiene al sexto jugador fantasma y a Kagami, ese muchacho ha mostrado muy buenas habilidades, sobre todo desde el partido contra shuutoku —Moriyama alegó, y Kai tuvo ganas de interrumpir por un segundo.
Sigue lesionado.
Pero algo no le daba buena espina, de la charla, el lugar al que se estaba dirigiendo, y la tensión en Kise, que podía asegurar; tenía esa expresión desagradable en su rostro justo en ese momento.
—Sí, pero de todos modos, too tiene a un jugador demasiado fuerte —de repente el rubio habló, y su voz era casi lúgubre—; el monstruo de la generación de los milagros.
Ella también se tensó ante su mención. Si bien no era muy interesada en el tema, se tornaba casi –por no decir imposible- el no saber acerca de la generación de los milagros, y de su jugador estrella. Jamás lo había visto, pero no dejaba de escuchar sobre sus monstruosas habilidades, era tal, que las pocas, casi nulas, ocasiones en las que Kise lo mencionaba, pasaba lo mismo: se ponía tenso, su ceño se fruncía y su mirada se afilaba.
Si algo había aprendido de Ryota en todo ese tiempo, era que cuando veía ese tipo de reacciones, definitivamente se trataba de algo que no debía ser tomado a la ligera. Y más cuando hablabas del jugador estrella de la generación de los milagros.
Aomine Daiki.
