En un hospital alejado de la ciudad, cruzando el bosque, se encontraba internada, en una de las habitaciones de la primera planta, la pequeña niña de largo cabello azul y de mirada tierna, Kiku. La pequeña hermana de Koei estaba sentada en la camilla, jugando con un trozo de hilo entre sus dedos, el clásico juego de las cuerdas con un millón de figuras extrañas. Sin embargo, al no tener con quien jugar, desarmó la figura que había hecho, muriendo de aburrimiento.
Una pequeña brisa alborotó sus cabellos, y sólo eso le quitó su mirada de pena. Sonrió con alegría y miró hacia la pared. A los ojos de cualquiera, sólo era un muro pintado de gris perla algo sucio, sin un adorno y no tenía nada de especial, pero ella veía más que eso.
-¿Hermano? -habló.
-Te dije que no me llamaras -reprochó alguien, y el tono duro hizo que se diera cuenta de su error. El tapizado gris desapareció, y Koei estaba detrás del trozo de papel, a modo de camuflaje-. Si alguien se entera de que eres mi hermana, el Equipo X podría secuestrarte, tal como ocurrió con Gabu.
Kiku se arrepintió y se disculpó, desviando la vista. El peligris sonrió dulcemente y caminó hacia ella.
-¿Cómo te sientes? -preguntó.
-Creo que nunca lograré recuperarme -admitió la niña, deprimida.
-Vamos, Kiku, no seas tan negativa -la reprendió Koei-. Que estés prácticamente sola en el hospital no quiere decir que estés luchando sola en esto.
Un golpe en la puerta interrumpió el momento, por lo que el peligris saltó y se afirmó al techo. Entraron dos médicos y una enfermera. El más anciano se dedicó a revisar su estado con ayuda de la enfermera, mientras que el restante se quedaba observando hasta que fijó la vista en un plato con agua que reflejaba la figura de Koei en el techo. El sujeto ocupaba unas gafas oscuras que cubrían las marcas oscuras de sus ojos, detalle característico de un miembro del Equipo X.
Luego de un rato, los tres se marcharon y Koei bajó del techo, para avisarle a su hermana que tuviera cuidado con ellos antes de desaparecer, haciendo un simple gesto.
Por otro lado, los niños se detuvieron cerca de un bosque y Ayumu fue el primero en bajarse, quedando maravillado con la vista del lugar. Cuánto deseaba practicar ahí con Imperial Dragón. Los niños también estuvieron estirándose un rato por las horas de viaje, mientras que Hitomi tenía la vista clavada en el sobre que tenía en sus manos, el mensaje de la señorita Yuki del que Taiga fue mensajero.
El terceto se acercó a ella al momento en que abría el sobre. Sacó el papel doblado en varios cuadros, y cuando lo desdobló, descubrieron que era un mapa de la Isla Imperial, con toda la información que Arthur había recolectado.
Decidieron continuar con el viaje, pero Ayumu arruinó sus planes cuando vieron que se montaba a su bicicleta, con la excusa de querer recolectar información. Claro, era el hermano pequeño de Sho, y éste sabía que estaba mintiendo, pero el pequeño no quiso escucharlo y simplemente corrió sin control por el bosque.
-¿No sería mejor encadenar la bicicleta? -preguntó Hitomi. Los niños la miraron extrañados-. Sólo digo, así no se sube y tú no gastas saliva.
-Hitomi, es raro escucharte decir eso -dijo Sho.
-Ya sabes -dijo Makoto-. Es otra de las locas ideas que siempre se le ocurren -se encogió de hombros.
Y claro, Ayumu había tropezado con una piedra y perdió el equilibrio, dando mil volteretas hasta detenerse en medio del bosque. Perdido, levantó su bicicleta y comenzó a caminar, buscando el camino de regreso, pero no tenía idea de dónde estaba y su locura por las MTBs no lo dejaron memorizar el camino. En eso, vio a una niña caminando. Le llamó la atención, ya que pensó que era un sitio solitario y que no había ni un alma ahí, además de él y sus amigos. Sí, era un sitio solitario, pero nunca al punto de ver a alguien más, por lo que la siguió.
Kiku había decidido salir a pasear a escondidas de los médicos y de Koei, ni siquiera había notado la presencia del castaño.
A la orilla de una pendiente, detrás de un árbol, vio unas flores violetas, con las que se quedó maravillada, así que no dudó en ir a arrancarlas del césped, sujetándose del árbol, pero al lograrlo, se soltó y habría caído de no ser porque alguien la había agarrado justo a tiempo. Tiempo después, ambos estaban en el mismo lugar donde Ayumu había caído de su bicicleta. Se sentaron en una piedra y comenzaron a platicar.
La peliazul se entusiasmó al saber que el castaño era un biker de MTB.
-Bueno, en realidad, me falta mucha experiencia -admitió Ayumu, sonrojándose y con una sonrisa nerviosa.
-Ojalá yo pudiera -dijo Kiku.
-¿Por qué no lo intentas? Tengo a mi Imperial Dragón.
-Mi condición es delicada, además, no debería estar aquí, pero me escapé porque quería dar un paseo.
-¿Alguien te tiene atrapada? -Kiku sonrió por la ingenuidad del pequeño.
-Más que estar atrapada, estoy internada en una clínica.
-¡¿Qué haces aquí?! -habló un tercero, y seguido, un fuerte viento los alarmó.
Ambos voltearon y vieron a Koei sobre la pendiente, con la vista clavada en Kiku. El peligris, al posar la mirada en Ayumu, se tensó y saltó para cargar a su hermana al estilo nupcial, desapareciendo al lanzar una bomba de humo.
Luego de eso, Ayumu agarró su bicicleta y corrió en busca de su hermano y sus amigos. Al encontrarlos, les contó lo sucedido. Al cuarteto le pareció extraño el que Koei capturara a una niña, por lo que pensaron que quizás lo confundió con alguien o que de nuevo había sido poseído por un emblema oscuro, pero descartaron ésta última ya que Koei no era tan idiota para caer en la misma trampa.
Molesto, se montó en Imperial Dragón y buscó el sitio que Kiku había mencionado donde estaba "atrapada". Claro, no lo iba a encontrar enseguida ya que no sabía ni dónde estaba.
-¿Koei secuestró a una niña? -preguntó Kakeru, extrañado.
-¿No es algo absurdo? -opinó Makoto.
-Sobre todo viniendo de él.
-Chicos, voy a buscarlo -avisó Hitomi-. Conociéndolo, seguro que no sabrá cómo volver.
-Buen punto -habló el terceto.
La platinada volteó y se adentró al bosque. En el césped, habían rastros de los neumáticos de Ayumu, pero a mitad del camino iban desapareciendo. Suspiró y simplemente tomó un camino cualquiera. Ni siquiera en medio de todo el silencio hubo algún ruido que la llevara a donde se encontraba el mini Sho (?). Siguió caminando hasta salir del bosque; tampoco habían rastros del pequeño. Sin embargo, a unos metros vio un edificio, y ella pensaba que era la única que pisaba ese lugar junto a los niños.
-Con que Koei capturó a una niña -murmuró, tras soltar un suspiro-. Como cuando confundes la clínica con la cárcel -rodó los ojos y caminó hacia aquel lugar.
Vio gente a través de las ventanas, algunas ancianas, pero todas tenían el mismo aspecto de enfermedad. Rodeó la clínica y a través de una ventana pudo ver una larga y alborotada cabellera gris atada en una coleta, dándole la espalda, pero podía reconocer esa cabellera donde fuera. Se acercó y logró ver también a la niña peliazul, hasta llegar ahí y apoyarse en el marco de la ventana, llamando la atención de los hermanos ninja.
-Escuché por ahí que eres un secuestador de niñas inocentes -ironizó. Al recibir la mirada extrañada de Koei, sonrió y miró a Kiku-. ¿Cómo estás, pequeña? -la peliazul sonrió.
-¿Qué haces aquí? -preguntó el peligris, con un leve deje de molestia-. Arriesgarás tu vida y la de tus amigos si te descubre alguien del Equipo X.
-Estaba buscando a Ayumu, pero veo que no está aquí, porque dijo que iba a rescatar a una niña -se encogió de hombros-. Además, me he topado con miembros del Equipo X y estoy intacta; de todas formas, tengo cómo defenderme.
Koei sonrió. Le recordó a la vez en que la encontró junto a Kiku cuando trabajaba con Shark Tooth. A simple vista, la chica se veía dulce e inofensiva, pero cuando tenía que atacar, lo hacía. Sin duda, era una caja de Pandora.
Un grito a lo lejos los distrajo y todos miraron en esa dirección para ver al menor de los Yamato en su faceta demoníaca, acercándose a toda velocidad y descontrolada al lugar.
-Ahí está otra vez -dijo Koei. Kiku miraba al niño con preocupación.
-¡Ahí está Kiku! -gritaba el niño.
-Ni siquiera tiene control sobre su bicicleta -dijo Koei.
Hitomi miraba al niño con una gota en su nuca y una expresión de que no tenía remedio, sobre todo al ver a Ayumu rodar por el suelo hasta parar en el hospital.
-Bien, no hará falta buscarte por el bosque porque, luego de esto, vendrás conmigo, saltamontes -dijo la platinada, sacando unas risitas a Koei y Kiku.
-Ayumu, ¿estás bien? -preguntó Kiku. Eso bastó para que Ayumu se levantara y corriera hacia la ventana.
Claro, Koei saltó por la ventana, obstruyéndole el paso.
-¿Qué se te ofrece? -inquirió Koei.
-He venido a rescatar a Kiku -dijo Ayumu.
-¿Rescatarla? -el peligris miró a la platinada, quien estaba apoyada contra la pared con los brazos cruzados. La chica alzó las cejas y se encogió de hombros.
-A eso me refería -dijo Hitomi.
-¡De nada sirve que finja, señor Koei! -exclamó Ayumu.
Hitomi se mordió el labio para no reír. Le causaba gracia que odiara a Koei por "capturar" a Kiku y lo tratara de una forma tan educada a la vez.
-¡Libere ahora mismo a Kiku! -exclamó el castaño.
-Ayumu, él sólo me quiere ayudar -dijo la susodicha, pero su hermano no la dejó continuar.
-¿Desayunar? -preguntó Ayumu, molesto-. ¡Eso no lo voy a permitir, es un horripilante monstruo que se quiere aprovechar de una inocente niña!
En ese punto, la platinada se retorcía de la risa en el suelo. Habría que tener un corazón muy frío para ser un caníbal, y Koei tenía demasiado buen corazón para serlo, incluso si se trataba de su propia hermana. Bueno, a pesar de que en algún momento lanzó a su novio a un río desde un precipicio, pero ésa era otra historia.
-¡Pero Ayumu...! -trató de decir la peliazul, pero Koei la interrumpió.
-Bien, quizás sea un horrible monstruo que no tiene compasión -le siguió el juego al niño-. Por lo mismo, intenta salvarla otra vez, por medio de una batalla Idaten.
-¿Una batalla Idaten? -repitió Ayumu, con una expresión de sorpresa.
Tanto Koei como Hitomi estaban riendo por la situación. Era una escena bastante bizarra a decir verdad.
-Aunque será imposible para ti, ni siquiera sabes utilizar los frenos -se burló el peligris. Ayumu apretó los puños.
-¡Acepto el reto! -lo encaró.
-¿Sí? Porque no tienes control sobre la bicicleta.
-¡No lo sabremos hasta no intentarlo! -exclamó-. ¡Y si gano, tendrá que dejar en libertad a Kiku!
-Bien, supongo que sabes que, si gano, me quedaré con tu emblema -recalcó Koei-. Mañana será la carrera, cerca del hospital -concluyó.
-Suficiente show por hoy -dijo Hitomi, agarrando la mano de Ayumu para volver con los demás-. Vamos, saltamontes.
-¡Hitomi! -replicó el niño, haciendo un puchero.
-Mañana verás de nuevo a tu amiga, lo prometo -suspiró, cargando a Ayumu para montarlo en su bicicleta, pero sin soltarlo. No quería que ocurriera otro accidente-. Además, le dije a tu hermano que volvería contigo y no quiero preocuparlo.
Agarró los manubrios de Imperial Dragón y comenzó a empujar, caminando por el bosque, rumbo de vuelta. Ninguno se dio cuenta que el médico de antes estaba detrás de un árbol, observando todo.
-Yo quiero -dijo el niño, a lo que Hitomi negó.
-Ya sabes cómo eres cuando te subes a una bicicleta, así que ni loca te dejo correr -lo reprendió. El puchero del pequeño le sacó una sonrisa.
Empujó con más fuerza y empezó a correr, sacándole carcajadas al niño. Por lo menos, así logró entretenerlo en el camino hasta que se cansó.
-No entiendo por qué dices que no eres buena con los niños -dijo el castaño-. Creo que serías una buena madre -sonrió.
-¿De qué hablas? Un bebé moriría en mis brazos -se sonrojó la chica, riendo.
-Yo no opino lo mismo -rió-. ¿El hermano de Makoto es tu novio? -Hitomi asintió-. ¿No has pensado en formar una familia con él?
-Hablas mucho para ser tan pequeño -rió Hitomi.
-¡No cambies el tema! -hizo un puchero, que le sacó otra risa a la chica.
-Ayumu, aún soy joven para pensar en formar una familia.
Ambos rieron y la platinada siguió empujando la bicicleta, pensando en lo que el pequeño había dicho. Era verdad que nunca había pensado en formar una familia, y las veces que lo había hecho le ponían nerviosa, y pensaba dejar ese tema para cuando fuera lo suficientemente madura. Además, con eso recordaba todas las veces que su padre le llamó prostituta, cuando nunca había llegado a otro nivel en su relación.
Al llegar con los otros, vieron que Sho no estaba. El loco de Ayumu quiso entrenar enseguida para la carrera del día siguiente, y los demás no se opusieron mientras no se subiera a la bicicleta.
-¿Y Sho? -preguntó la platinada, acercándose a Makoto y Kakeru.
-Fue a recorrer el lugar -respondió Makoto, mirando extrañada a Ayumu, que empezó a hacer abdominales.
-Hitomi, ¿qué acaba de pasar? -preguntó Kakeru, con la misma expresión que la pelinegra. Hitomi suspiró.
-En pocas palabras, Koei lo retó a una batalla Idaten -respondió.
-¡¿QUÉ?! -gritó el dúo.
-Lo sé, es algo extraño -fingía no conocer el propósito de la batalla.
Para cuando Sho regresó, Ayumu seguía entrenando. Esta vez hacía flexiones. Sho se encontró con tan extraña escena y sus amigos le explicaron lo que pasaba, cosa que lo alarmó.
-Hitomi, se suponía que debías vigilarlo -replicó el Castaño Senior (?).
-Exacto, volví con él y no dejé que corriera solo -la chica fingió no entender.
-¡Sabes que no me refiero a eso, debiste impedir que aceptara el reto!
-Oye, Sho, relájate -dijo Hitomi-. No podía entrometerme, además, es Koei, no es el fin del mundo.
Sho suspiró al no tener argumento contra eso. Por una parte, lo tranquilizaba, pero no dejaba de sentirse perturbado por la batalla de su hermanito.
El pequeño alzó el tronco de un árbol y le cayó encima, por lo que Kakeru y Makoto corrieron a ayudarlo, mientras que Sho caminaba hasta un árbol y se apoyaba en éste, acompañado de la platinada.
-Ayumu dijo que Koei tenía capturada a una niña -dijo Sho-. Seguramente se trata de Kiku.
-Pues... -empezó diciendo Hitomi, cuando algo golpeó su cabeza.
Ambos miraron qué había caído y resultó ser una bellota. Miraron hacia arriba y vieron a Koei sobre una rama. El ninja les hizo una seña para que guardaran silencio y los guió a un sitio apartado.
-Oye, Bernice Liu, no era necesario tirarme la bellota -Hitomi fingió molestarse-. Tengo oído lo suficientemente fino, ¿sabes?
El peligris le alborotó el cabello, sacándole una sonrisa. Claro que estaban ahí por otro asunto, y entre los dos le explicaron la situación a Sho; que la niña "secuestrada" era Kiku, que todo fue a causa de la ingenuidad de Ayumu y que la batalla era para mejorar las habilidades del mismo, ya que el ninja consideraba que aún estaba a tiempo de aprender habilidades y técnicas básicas sobre las MTBs.
-Entonces, ¿lo vas a ayudar a mejorar sus técnicas? -preguntó el castaño. Ahora que lo pensaba, nunca se le había ocurrido enseñarle a andar en bicicleta por el simple hecho de que lo tenía prohibido.
-Bueno, le debo un favor por ayudar a Kiku -dijo Koei-. Sho, sólo te pido que no intervengas.
-Claro, lo dejo en tus manos -Sho sonrió, contagiándolo.
-Por cierto, Hitomi -el peligris miró a la platinada-. ¿Por qué "Bernice Liu"?
-Porque me recuerdas a ella -se encogió de hombros. Esa respuesta no satisfizo del todo a Koei-. Ya no le des vueltas al tema, no tiene importancia -los tres rieron.
-Sin duda, Shido tiene buen gusto -Hitomi se sonrojó con el comentario de Koei, a pesar de que también sintió como si le apuñalaran el corazón, pero fingió que no le dolía.
Al día siguiente, ambos competidores se reunieron en la colina donde comenzaría la batalla, junto con los demás. Sho animaba a Ayumu, fingiendo que no sabía el propósito de la batalla.
Kiku también observaba, preocupada, escondida detrás de una roca.
Al inicio de la batalla, Ayumu obtuvo enseguida la delantera debido a su gran impulso, pero pese a eso, el chico estaba fuera de control gritando que era invencible y otro montón de tonterías que le hacía pensar la poca cordura que tenía. Bueno, si es que tenía.
Además, cada vez más incrementaba su velocidad, haciendo que Sho sufriera un ataque de nervios y corriera a buscar a su Flame Kaiser para seguirlos, pero no iba a interferir.
Mientras tanto, Koei iba detrás de Ayumu, y aunque trataba de darle indicaciones, el niño no lo escuchaba, por lo que aumentó la velocidad y saltó sobre él, rebasándolo y aterrizando en un río, salpicándole agua, y así logró que recuperara la cordura.
-Despeja tu mente y concéntrate -dijo Koei. Y el niño, por una vez, trató de no perder el control.
Subieron por una colina y en ese momento, una cortina de humo dificultó su visión y Ayumu comenzó a toser.
-¡Sal ahora, Sho Yamato! -ambos voltearon y sobre otra colina se encontraba el mismo médico que descubrió a Koei en la habitación de Kiku y que espió la discusión del mismo con Ayumu.
El sujeto se había presentado como Kuroda y cargaba con una bazuca, con la que apuntó a ambos competidores, amenazando con dispararles si no aparecía el chico al que llamó. Justo cuando lo iba a hacer, Sho apareció, alegando que no interfiriera en la batalla. Los otros dos decidieron seguir con su batalla, mientras que Kuroda desafiaba a Sho a otra batalla, a lo que el chico aceptó sin dudar.
Esa misma colina fue el punto de partida de la batalla entre el médico y Sho, el mismo camino de la batalla de Ayumu y Koei. A lo lejos, los niños observaban la escena y Kakeru sufrió otro ataque de nervios por lo mismo, mientras que las dos chicas estaban tranquilas. Makoto sólo sentía curiosidad por lo que fuera a suceder, y Hitomi estaba más pendiente de la batalla entre Ayumu y Koei.
De vuelta en la batalla de los aludidos, Ayumu trataba de tranquilizarse, pero su locura le ganó y volvió a incrementar su velocidad, tan así que no vio el precipicio por el que iba a caer, alarmando a los niños, pero Hitomi estaba tranquila ya que Koei iba detrás, y sabía que no lo dejaría caer.
El peligris saltó por el mismo precipicio y utilizó su famoso Torbellino, pero a diferencia del que utilizaba siempre en las batallas, éste se hacía llamar la Ilusión de Flores. El pequeño se vio rodeado en un tornado de pétalos de flores violetas, alzó sus manos y vio pétalos de las mismas, que le recordaron a Kiku, y sin darse cuenta, ya estaba en tierra firme, por lo que los demás suspiraron de alivio. Hitomi sonrió.
Sin más, continuaron con la batalla. Koei llevaba la delantera y Ayumu no perdió el control, preguntándose por qué lo había salvado si se suponía que era un monstruo. Sin duda, era muy ingenuo.
Como resultado, Koei fue el primero en cruzar la meta. Ahora quedaba la batalla entre Kuroda y Sho.
El médico llevaba la delantera y estaban cerca de la meta, pero Sho saltó desde un tronco y logró rebasarlo. Molesto, le lanzó una bomba con aspecto de cápsula, pero a medida que avanzaban, la píldora se iba alejando del castaño y terminó explotando en la cara del mismo dueño. Con esa desventaja, Sho ganó la batalla.
Ál atardecer, todos se reunieron en la clínica y los chicos le explicaron a Ayumu que Koei y Kiku eran hermanos y que el peligris internó a la peliazul en la clínica porque estaba preocupado por su salud y para no ser descubierta por el Equipo X, además del hecho de que la batalla fue para mejorar sus habilidades. El pobre e ingenuo niño se sintió avergonzado al pensar mal de Koei, todo fue causa de su imaginación.
El niño quiso entregarle su emblema, pero Koei lo rechazó, ya que la carrera no era válida cuando alguien interfería, además, no era necesario, sólo quería ayudarlo.
Luego de un rato, se subieron al remolque y Koei a su Aero Scissors, se despidió de su hermana y del resto con una sonrisa antes de marcharse.
Sin perder más tiempo, los niños reanudaron su viaje, mientras el médico y Kiku se despedían con la mano hasta que desaparecieron de su vista.
Morí de la risa con Ayumu xDDD
La reacción de Hitomi está basada en la mía cuando volví a ver el cap ajskjaksjaksj pobre chica, le hice pasar momentos incómodos con Ayumu xDDD
En fin... Akira, gracias de nuevo xD me alegra que te guste la idea de la nueva temporada ^^ y... Desconocido/a (?) Lo siento por el apodo, es que dice Guest :v leí la noticia en una página en idioma indonesio :P la pura imagen decía todo -.- ojalá que algún día reconsideren la idea :'v
Sin más... Chao Chao!
