Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.
Parte 2
"Reencuentro"
Capítulo 19 (34)
Tea poco a poco fue percibiendo un cambio drástico en su corazón y en su sentir. El pasar de los días y las semanas le hicieron ver que Kaiba no era la persona que siempre creyó que era. No era un hombre malvado, sino alguien que se veía sufría bastante. Todavía no lograba descubrir qué causaba el sufrimiento de Seto, pero estaba dispuesta a ayudarlo y apoyarlo en lo que fuera. Especialmente porque ya no lo veía sólo como su jefe. Durante los últimos días estuvo analizando profundamente lo que realmente sentía por el CEO de KC: amor. Se había enamorado de Seto Kaiba.
Por el momento era muy pronto para que se supiera que guardaba esa clase de sentimientos por él. Ni Martha, ni los niños, ni el mismo Kaiba podían saberlo aún.
Deseaba que Kaiba le correspondiera. Quería darle ese amor más que nada en el mundo; hacerlo feliz y estar a su lado por el resto de sus días, si él se lo permitía.
Ya era costumbre de ella ir directo a la mansión Kaiba en cuanto terminaba su trabajo en la oficina del CEO. Así que ese día no sería la excepción. En cuanto pisó el suelo de la enorme casa de Kaiba inició sus labores de limpieza.
Igual que en otras ocasiones, Kaiba no se dejaba ver, por lo que supuso que estaba en alguna parte de la casa o todavía no llegaba del trabajo.
Suspiró resignada.
-Increíble que antes lo detestaba y ahora lo extraño cuando no está.
Un vacío espiritual se apoderó de ella, pero eso no impidió que trabajara como siempre en su rutina de aseo.
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Eran las 10:00 de la noche cuando la puerta de entrada se abrió dando paso a Seto Kaiba con una expresión de agotamiento en la cara. Grande fue su sorpresa al ver a Tea descansando en el sofá de la sala.
-¿Qué haces, Tea?
Ella se sobresaltó al escuchar su nombre proviniendo de los labios de Seto. Como un resorte, Tea se levantó rápidamente de su lugar.
-Lo siento, Seto. Es que me cansé un poco y quería reposar.
Kaiba sonrió con ternura. Sabía que era mentira: ella lo estaba esperando.
-Lamento si te dejé sola. Estuve muy ocupado en la compañía.-dijo Kaiba tomando camino a la cocina.
-Lo deduje. Soy tu secretaria.-respondió Tea guiñándole un ojo de forma amistosa.
La relación de ambos había mejorado notablemente, pero aún no pasaba de jefe y secretaria. Aunque ninguno de los dos se consideraba sólo como compañeros de trabajo; algo mucho más profundo los unía ahora.
-¿Ya cenaste?-preguntó Seto después de dedicarle una sonrisa con un dejo de dulzura.
Ni siquiera Ishizu conocía ese lado noble y tierno de Kaiba; sólo Tea sabía que Kaiba podía ser hermoso por dentro y por fuera.
-Aún no.-respondió Tea con una sonrisa amplia y un tono de voz que marcaba lo feliz que estaba.
Se dirigió a la cocina y vio como Kaiba observaba el lugar sin moverse de su sitio.
-Ahora que lo pienso, no sé cocinar nada.
Tea se rió haciendo que Seto la mirara con reproche.
-No te burles.
-No te enojes. No me estoy burlando.-dijo Tea deteniendo su risa.-Es sólo que me sorprende que pienses en algo así.
Kaiba le lanzó una mirada enojada y fría.
-Ya que una chica independiente como tú está en mi casa, debería yo también aprender de ti ¿no?
-¿Quieres ser como yo?-sonrió orgullosa.
-Siempre que comemos juntos nos vamos a un restaurante, así que creo que sería mejor que ahora probemos otra cosa.
-¿Cómo qué?
Para Tea seguía siendo una sorpresa el cambio de actitud de Kaiba para con ella.
-Que yo mismo te atienda como una invitada en mi hogar.
La gota que derramó el vaso. Tea abrió la boca de par en par y sacudió la cabeza repetidas veces creyendo que estaba oyendo mal.
-¿Perdón?
-Lo que oíste. No me hagas repetirlo.
Kaiba se giró para no verla a los ojos. Tea se quedó paralizada mientras Kaiba buscaba en el refrigerador algo sencillo para comer. Su búsqueda no tuvo éxito y Tea volvió a sacudir la cabeza para reaccionar.
-Déjame que yo te ayude.
Corrió junto a él y comenzó a hurgar dentro del refrigerador.
-Yo quiero hacerlo.
-Entonces permite que te ayude.
Kaiba no pudo resistirse a la sonrisa que ella le plantó en ese instante. Hacía tiempo que sentía que la belleza de la chica lo hechizaba.
-Haz lo que quieras.
Con paso apresurado, Kaiba salió de la cocina seguido por la mirada de Tea. Una vez estuvo lejos de allí, Tea suspiró y se llevó una mano al pecho sonriendo gozosa.
-Esas son las cosas que amo de ti.
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Al no haber servidumbre, Tea fue la encargada de preparar la comida. La cena fue ligera y ahora los dos jóvenes de cabellos castaños estaban en la parte trasera, mirando el cielo nocturno frente a la piscina. Sentados en sus sillas correspondientes y sumergidos en sus propios pensamientos.
-Para ser una secretaria, cocinas bastante bien.
Tea sonrió. Sabía que esa era su forma de elogiar su trabajo.
-Claro, yo le cocinaba a los niños todos los días.
Kaiba reaccionó sobre eso. Desde el día de su cita en el restaurante no habían hablado sobre el tema del orfanato. Para Kaiba resultaba dificultoso hablar sobre su adopción y lo terrible que fue su vida al estar bajo el cuidado de Gozaburo. También era consciente de que fue en esa piscina donde Tea descubrió su secreto: la cicatriz que ocultaba al mundo.
-Tea…
La chica lo miró atenta.
-¿Recuerdas lo que viste cuando estaba aquí mirando las estrellas?
La sangre se congeló en las venas de Tea. Ese asunto seguía siendo un tema tabú para ella. Tragó saliva.
-Sí, lo recuerdo perfectamente.
-¿Tienes curiosidad sobre él porque tengo esa cicatriz?
Volvió a tragar saliva.
-No puedo involucrarme en esos asuntos.
Tea se volteó para no mirarlo y enfocó su vista en el cielo estrellado.
-No seas mentirosa.
La chica abrió los ojos con una expresión llena de pesar y miedo. Kaiba hablaba severamente, como tiempo atrás.
-Es obvio que quieres saber qué causó que tenga esta marca en mi cuerpo.
Tea miró a Seto Kaiba que le sostuvo la mirada mientras los nervios de ella crecían. Su corazón latía descontrolado. ¿Qué podía responder a esa pregunta? La verdad.
-Sí.
Asintió con un movimiento de cabeza y temió lo peor. Kaiba no dejó de mirarla fijamente. En los ojos de Tea podía ver la confianza; esa confianza de la que Ishizu le había hablado comenzaba a nacer en Seto. Porque se daba cuenta que Tea era una chica digna de confiar; a la que podía decirle todo lo que deseaba, todo lo que sufría.
No solo eso. Su corazón le indicaba que ella era la persona que tanto buscaba su alma; porque desde que su relación se volvió más fuerte las pesadillas de ese fatídico día habían finalizado. Por fin descansaba en las noches.
-Te contaré todo.
Las manos de Tea sudaban. Finalmente sabría la verdad sobre Seto. El pasado del hombre al que amaba con todo su ser.
-Cuando era niño…
Unos ruidos de explosiones y luces sacaron de sus pensamientos a ambos. Miraron arriba y descubrieron fuegos artificiales adornando el cielo de la noche.
Quedaron sorprendidos con eso.
-¿Hay algún evento o algo?-preguntó Kaiba anonadado.
-Lo olvidé. Hoy hay un festival en el centro de la ciudad.
Seto contempló a Tea más que a los fuegos artificiales. Su rostro irradiaba felicidad y eso resaltaba aún más lo bella que era.
-¿Te gustan?
-Claro, me encantan.-afirmó Tea mirándolo y luego se concentró de nuevo en los fuegos artificiales.
Kaiba no podía despegar sus ojos de ella. Por ver esa sonrisa era capaz de hacer cualquier cosa. Lo que fuera con tal de verla feliz.
Sin escrúpulos, la tomó de la mano y la jaló guiándola a la parte de arriba de la casa.
-¿Qué haces?-pregunto confundida.
-En el balcón se ven mucho mejor.
Llegaron al segundo piso, Kaiba la condujo a una gran habitación donde había un balcón enorme adornado con macetas y flores. Tea estaba maravillada; conocía ese lugar puesto que limpiaba la mansión, pero nunca fue llevada por Kaiba allí personalmente. Se asomaron por el balcón y vieron los fuegos artificiales. Sonriendo abiertamente, Tea se recargó en el barandal contemplando las explosiones de colores en el cielo.
-¡Es hermoso! Gracias por permitirme verlo desde aquí.
El CEO no respondió. De nuevo se enfocó en mirarla sólo a ella. La admiraba, más de lo que nunca creyó que algún día admiraría a alguien. Había algo más; algo más profundo lo vinculaba a ella. Él mismo era consciente de que estaba enamorado de esa chica. De que había encontrado una persona que en verdad amaba. Convivir con ella fue lo que hizo que notara ese sentimiento, aunque tardó mucho en darse cuenta que se trataba de amor.
Apretó sus labios, volviendo a pensar en qué palabras usar para narrar su triste historia.
Los ojos de Tea brillaban mientras veía las luces de múltiples colores explotando.
-Mi padrastro fue el que me hizo esta cicatriz.
Las pupilas de Tea se dilataron. Giró a él dejando de lado a los fuegos artificiales. Pasmada, miró atentamente a Seto Kaiba que se mostraba serio como era su costumbre. Miraba al cielo como si a este le hablara.
-El hombre que me adoptó siempre me trató como un animal y no como su hijo.
El pecho de Tea se comprimió mientras escuchaba al CEO. Continuó sin mirarla a ella directamente.
-Al igual que tú, viví en un orfanatorio de niño. Gozaburo Kaiba nos adoptó a mí y mi hermano Mokuba.
El cuerpo de Tea tembló al oír eso. No sabía sobre la existencia de Mokuba.
-Entonces, cuando estalló la guerra, él decidió deshacerse de nosotros.
Ruidos de disparos.
-KC terminó en bancarrota y él tomó la firme decisión de quitarse la vida llevándose a todos sus "familiares" con él.
Tea se llevó una mano a la boca.
-Primero disparó contra Mokuba.
El sonido atronador de un disparo se escucha en la oficina.
-Luego me disparó a mí.
Otro disparo. Sangre regada por el piso.
-Creyó que estaba muerto, así que se disparó a él mismo.
El tercer disparo. Silencio total.
-Busqué a mi hermano, pero no lo encontré.
Se arrastra por el suelo bañado en sangre.
-Después de eso quedé inconsciente y luego desperté en un hospital tras estar una semana en coma.
Abrió sus ojos. Distinguió que estaba en hospital. Nadie estaba allí.
-Me dijeron que Mokuba murió instantáneamente.
Lanzó un grito de dolor y rabia cuando los médicos le dijeron todo. Se lanzó contra el suelo tratando de huir, pero con su herida no le fue posible.
-Desde ese momento no he vuelto a ser el mismo. Me convertí en un hombre muy parecido a Gozaburo y todos me odian ahora.
-No es verdad.
Volteó a verla. Sus ojos se encontraron, ambos con un brillo único.
-Tú no harías esas cosas espantosas que hizo ese hombre. Jamás lastimarías a alguien de esa forma.
Guardó silencio. Tea casi gritaba; agachó la cabeza con tristeza.
-Yo también sufrí durante esa guerra.
Ahora fue Kaiba el que abrió los ojos, incrédulo.
-Yo…perdí la memoria en ese momento de mi vida.
Kaiba sintió un vuelco en su corazón.
-No recuerdo nada de mis primeros 7 años de vida. Desperté en un hospital sin memorias de mi niñez y por eso me mandaron al orfelinato de Martha. Lo único que sé es que soy extranjera, de Asía.
Los labios de Kaiba temblaron.
-Un golpe en la cabeza hizo que toda mi vida fuera borrada de mi mente. Me pusieron el nombre de Tea Gardner, pero en realidad ese no es mi nombre.
El corazón de Kaiba ardía por dentro. Eran iguales; le reveló su vida pasada a alguien como él.
-Seto…yo…
Tea levantó su rostro, pero no alcanzó a terminar la frase. Sus orbes azules se abrieron enormemente al sentir los labios de Kaiba sobre los suyos.
Otra vez. Un beso de Seto Kaiba. Pero en esta ocasión era distinto. Era un beso lleno de ternura, fragilidad y bondad. Sobre todo, estaba lleno de un sentimiento que ambos compartían desde el interior de sus corazones: amor.
Verdadero amor. Habían encontrado a la persona indicada el uno para el otro.
Tea cerró sus ojos y pasó sus brazos alrededor del cuello del CEO. Él, igualmente, la apretó contra su cuerpo aumentando la intensidad del ósculo. Pasando de tierno a apasionado.
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La noche era la única testigo. Los fuegos artificiales terminaron y el festival estaba finalizando en la lejanía. Más en la mansión Kaiba todo era mágico.
Con suavidad y delicadeza, cual si tuviera una flor entre sus manos, Kaiba depositó en la cama el cuerpo desnudo de Tea besándole el cuello y los pechos. Tea le acarició la espalda sintiendo la cicatriz bajo el roce de sus dedos.
Sonrió con ternura. Buscó los labios de Kaiba y los besó intensamente mientras gozaba de su primer contacto con el amor.
Hubo dolor en aquella primera vez, pero después el placer y el éxtasis se apoderaron de ella. Entregando su cuerpo, su alma y su corazón por primera vez al hombre que verdaderamente amaba.
Y para el empresario millonario, Seto Kaiba, también fue su primera vez. Porque lo vivido con Ishizu sólo fueron pasiones carnales, más ahora estaba haciendo el amor realmente.
Verdaderamente estaba viviendo lo que era estar con la persona amada por primera vez en toda su vida.
El hilo del amor y del destino los había unido.
Continuará...
¿Qué tal, mis amores? Ya surgió el Azureshipping. ¡Kyaaaaaaa! Con lo que adoro a esta pareja. La segunda parte terminará pronto y daré inicio a la tercera y última parte de la historia, donde viene el clímax incluído en todo su esplendor.
