Me acerqué hasta donde él estaba. Por lo que había escuchado de la conversación sabía que lo que había hablado con quien estuviera del otro lado del teléfono había sido sobre mí.
¿Con quien estaría hablando de mí?
¿Acaso me lo diría si le preguntara?
—Disculpa, pero no pude evitar escuchar parte de la conversación. Si no es mucha indiscreción puedo saber con quién hablabas sobre lo sucedido ayer. —sabía que no me iba a contestar por la forma en que fruncía el seño.
—Hablaba con mi asesor de seguridad. —se giró hacia el fogón y continuó cocinando.
— ¿Asesor de seguridad?
—Si. Debo tener un guardaespaldas por el cargo que ocupo, pero como sabes, yo soy mi propio guardaespaldas. —dijo girándose brevemente y sonriéndome. —Así que debo mantenerlo informado con respecto a todo lo que me suceda. Y en este caso tú estás involucrada.
— ¿Y que te aconsejó?
—Nada que no supiera ya. —terminó lo que estaba haciendo y puso dos platos vacíos en la encimera. —Siéntate, vamos a desayunar.
Hice lo que me pidió.
—Espero no te moleste que me haya tomado libertades que no me corresponden en tu apartamento.
—En lo absoluto, tú también vives aquí por ahora, siéntete como en tu casa.
—Gracias. —dijo poniendo dos platos frente a mí.
— ¿Waffles y tostadas?
— ¿Te gustan?
—Me encantan, desde que hora estás despierto.
—Desde temprano. —se sentó a mi lado a desayunar después de poner dos vasos, un cartón de jugo y una barra de mantequilla en la encimera.
—Desde ayer hay algo dando vueltas en mi mente y necesito preguntártelo.
—Pregunta. —me dijo mientras comenzaba a untar mantequilla en una tostada.
—Por lo sucedido ayer, es obvio que alguien intenta matarme, no asustarme.
—Si. —contestó mientras mordía la tostada.
Vaya ni siquiera lo negó.
— ¿Y crees que lo intentaran nuevamente?—pregunté asustada.
—No lo sé, lo más probable. —contestó poniendo unos waffles en su plato.
¡Lo más probable! Y él lo decía con esa tranquilidad como si estuviese hablando del clima.
— ¿Y no crees que intentarán poner una bomba en tu auto?
—Pueden intentarlo si quieren pero no funcionará.
— ¿Porque estás tan seguro de eso?
—Porque mi auto es a prueba de bombas.
— ¿A prueba de bombas?—le pregunté incrédula.
¿Acaso existía tal cosa o era solo ciencia ficción?
—Si, fue fabricado especialmente para mí.
— ¿No crees que estas exagerando un poco?
—No, no lo estoy. Después de lo sucedido con Giselle decidí tomar precauciones.
Ryan me puso unos waffles en mi plato y les echó sirope.
—Come, no has probado nada. —me dijo mientras yo miraba mi plato. Comencé a desayunar y la verdad era que estaba delicioso. Pero nuevas preguntas comenzaban a dar vueltas en mi cabeza.
— ¿Cuánto cuesta un auto a prueba de bombas?—Ryan pensó por un momento antes de darme una respuesta.
—Casi 4 millones dólares.
Por poco me atraganto con el waffle. De qué forma alguien podía comprarse un auto de 4 millones de dólares.
¿Acaso Ryan era millonario y no lo sabía?
— ¿Ya terminaste? Me preocupa tu falta de apetito.
Ryan se quedó mirando mi plato a medio comer y yo miré el de él completamente vacío.
—No, no he terminado. —dije mientras continuaba desayunando.
Ryan se levantó en cuanto terminó y se dirigió a la habitación. En cuanto terminé limpié las cosas del desayuno y fui hacía la habitación en busca de mi teléfono.
Ryan terminaba de vestirse con una camisa blanca, americana negra y corbata negra. Busqué el teléfono sin apartar mi mirada de él. Se acomodó el nudo de la corbata y caminó en mi dirección abrochándose la americana.
Y como siempre que me pasaba cada vez que lo veía mi cuerpo convulsionó.
— ¿Nos vamos?—dijo tendiéndome el brazo cuando terminó de abrocharse la americana.
—Vamos. —tomé su brazo mientras nos dirigimos hacia el parqueo subterráneo.
Su auto era de color plateado y negro, lucía muy elegante. Demasiado elegante. Jamás había visto un auto así. Deberían estar prohibidos. Abrió las puertas y entré en el asiento del copiloto.
— ¿Que marca es?—le pregunté mientras me ponía el cinturón de seguridad.
—Un Koenigsegg Regera. —me dijo mientras presionaba el botón de encendido. — ¿Te molesta si pongo música?—me preguntó.
—No, me encanta escuchar música. —eso solo hacía recordarme de mi auto y mi Ipod que habían desaparecido.
Ryan encendió el auto y mientras salíamos del parqueo comenzó a sonar una canción que conocía bien, aunque no recordaba quien la cantaba.
—Me encanta esa canción. —le dije mientras comenzaba a cantar la canción que sonaba en la radio.
Pero Ryan me miraba muy serio, no sonreía.
— ¿Te molesta que cante?
—No, es que a Giselle le gustaba mucho esa canción.
— ¡Oh!—exclamé mientras dejaba de cantar.
Ahora iba entendiendo algo. Entendía porque no se acostaba con la misma mujer dos veces. No era que no quisiera crear lazos, era que no había podido olvidar a su prometida.
Es muy difícil olvidar a alguien a quien amas. Lo sé por experiencia propia. A mí me pasaba lo mismo con él. Nunca iba a poder olvidarlo.
—Si te molesta puedes cambiar la canción si quieres. —le dije mientras él me miraba entrecerrando los ojos.
—No, continúa cantando, me gusta el sonido de tu voz. —me dijo sacándome de mis cavilaciones internas.
Así que le sonreí y comencé a cantar nuevamente. Al llegar a la empresa ya no estaban los restos de mi auto. En su lugar había una cinta amarilla de seguridad.
Ryan parqueó en el garaje subterráneo. Y tras salir del auto ambos nos dirigimos hacia el ascensor y hacia la oficina. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron en nuestro piso y Kate me vio, salió corriendo hacia mí y me abrazo fuertemente.
— ¿Estás bien? ¿No te sucedió nada?—dijo examinándome por todas partes.
—Buenos días para ti también Kate. No, no me sucedió nada, estoy bien.
—Me enteré de lo sucedido esta mañana cuando subía en el ascensor. ¿Qué fue lo que pasó?
Ryan y yo nos miramos. No podía contarle a Kate lo que Ryan me había dicho, así que le conté lo que me había informado la policía.
— ¿Un desperfecto? Ellos tienen idea de que tu auto era casi nuevo.
—Hay que esperar el informe de la investigación Kate, no sé nada más.
— ¿De acuerdo, me puedes mantener informada?
—Lo haré.
Kate se separó de mí y se quedó mirando a Ryan. Y entonces fue donde él estaba y lo envolvió en un efusivo abrazo que lo tomó por sorpresa.
—Gracias por cuidar de ella. —dijo mientras se separaba de él.
—No hay de qué.
Ambos se separaron y Ryan le sonrió, y después a mí.
—Será mejor que vayamos a trabajar dijo mientras pasaba un brazo por mi cintura y me conducía rumbo a la oficina.
Al llegar a mi oficina mi celular comenzó a sonar insistentemente. Al mirar la pantalla vi que era Grace. Mierda había olvidado contarle lo sucedido. Seguro que estaba muy preocupada por mí.
—Discúlpame, es mi madre, debo contestar, iré por el café. —dije mientras me separaba de él y caminaba en dirección al pantry mientras contestaba.
—Hola mamá.
— ¿Estás bien? ¿Te diste algún golpe? ¿Qué fue lo que sucedió?—me preguntó angustiada por teléfono.
—Estoy bien mamá, Ryan estaba allí para ayudarme, no me sucedió nada, solo fue mi auto.
— ¿Tu auto tenía problemas?
—No que yo supiera, están investigando lo sucedido.
— ¿Porque no me llamaste?
—Disculpa mamá, llegué agotada a casa, no tienes que preocuparte...
—Si me preocupo, como no lo voy a hacer, eres mi hija... —hizo una pausa en la conversación. —...si algo te sucediera...ya perdí a un hijo una vez, no creo poder resistir si te pierdo a ti… —me dijo sollozando, podía sentirla del otro lado del teléfono.
Hacía años que ella no mencionaba a su hijo. Y sabía lo que debía hacer en este momento para consolarla.
—Mamá, no llores, iré a verte enseguida así te quedas más tranquila y ves que estoy bien.
—De acuerdo, me lo prometes.
—Te lo prometo, iré lo más pronto que pueda.
—Entonces te espero. Te quiero hija.
—Yo también mamá, nos vemos en un rato.
Terminé de prepararle el café a Ryan y regresé con él hacia su oficina. Tenía que inventarle algún pretexto para ir a casa de mi madre y que él no se enterara. Abrí la puerta y entré en su oficina poniéndole el café en la mesa.
— ¿Todo bien con tu mamá?
—Si. ¿Porque preguntas?
—Porque te noto preocupada.
—Necesito ir a verla, no le conté lo del accidente del auto y llamó preocupada al enterarse, sé que no estará tranquila hasta que no me tenga entre sus brazos y me examine con sus propios ojos.
— ¿Porque no vas a verla?
Buena pregunta. Porque no quiero que la conozcas y veas quien es mi madre.
—Puedo pedirle a Sawyer que te lleve y te espere para traerte de regreso.
—De veras harías eso por mí.
—Sé lo angustiada que debe estar tu madre, y con tal de que cambies esa cara de preocupación haría cualquier cosa.
—Gracias, gracias, gracias. —le dije mientras iba donde él estaba y me colgaba de su cuello para después darle muchos beso por el rostro y al final uno en los labios.
—Anda vete tranquila, le diré a Sawyer que te lleve.
Le di otro beso en los labios y salí de la oficina rumbo al parqueo subterráneo. Sawyer me estaba esperando allí.
—Hola Ana. —me dijo abriéndome la puerta del auto.
—Hola Sawyer.
—Me enteré de lo sucedido ayer. ¿Estás bien?
—Sí, pero conoces a mi madre y no estará tranquila hasta que no me vea frente a ella.
—Entonces nos vamos. —dijo mientras arrancaba el auto y me llevaba hacia la casa de mi madre.
Cuando parqueó en el garaje de mi madre y me disponía a bajar me llamó.
—Tengo órdenes de esperarte.
—Vete, ya te llamaré yo.
—Pero el Sr. Chasting dijo…
—Déjame a mí al Sr. Chasting. —le contesté con una sonrisa.
En cuanto el auto de Sawyer desapareció de mi vista busqué el teléfono y le envié un mensaje a Ryan.
No sé cuánto tiempo estaré aquí, le dije a Sawyer que se marchara. Lo llamaré para que me recoja nuevamente. xoxo
Ana.
Entré a la casa y mi madre vino corriendo eufórica en mi dirección envolviéndome en un fuerte abrazo que me dejo sin respirar. Sentí como mi teléfono sonaba indicándome un mensaje. Más tarde lo revisaría.
—No sabes lo preocupada que estaba cuando me enteré de lo sucedido. —me dijo aún sin soltarme.
—Estoy bien mamá.
—Tuve tanto miedo de perderte. —me dijo sollozando en mi hombro.
—No me sucedió nada mamá, gracias a Ryan no me sucedió nada, estoy bien. —le dije tratando de consolarla.
— ¿Hasta qué hora estarás aquí conmigo? —me dijo limpiando las lágrimas que caían de sus ojos.
—Hasta que te encuentres mejor, Ryan me dio el día libre.
—Entonces le diré a Jones que prepare algo delicioso para almorzar. —me dijo mientras me conducía hacia la cocina.
Había extrañado la comida de Jones, y como siempre estaba deliciosa. Ya después de almorzar mi madre estaba más tranquila y la dejé en su estudio haciendo unas llamadas mientras yo iba a mi habitación. Busqué mi teléfono y recordé que me había entrado un mensaje. Con todo el ajetreo de mi madre lo había olvidado por completo. Al mirar la pantalla tuve que sonreír. Tenía dos mensajes de Ryan. El primero lo había enviado en la mañana justo después del mío.
No tienes porque regresar si no quieres, creo que me las puedo apañar solo. Gracias por los besos.
Ryan.
El otro mensaje era de hacía unos minutos.
Sawyer estará a tu disposición para cuando desees regresar, solo llámalo. No me esperes para cenar, tengo una cena de negocios y no sé a qué hora regrese.
Ryan.
Bueno, creo que me quedaría hasta después de la cena, no quería cenar sola o estar sola en el apartamento. Puse los espejuelos en la mesita y me acosté en la cama. Cerré mis ojos…
Alguien tocando a mi puerta hizo que abriera los ojos de repente. ¿Qué hora era? Busque los espejuelos y me los puse. Casi las 6:00 pm, me había quedado dormida.
— ¿Puedo entrar?—dijo Grace asomándose por la puerta.
—Entra. —le dije sentándome en la cama.
—Solo quería avisarte que tengo un invitado a cenar, te lo hubiera dicho más temprano pero supuse que estarías descansando.
Mi madre me conocía muy bien.
—De acuerdo. ¿A qué hora estará la cena?
—A las 7:00 pm.
—Entonces voy a bañarme y en un rato bajo.
Mi madre salió de la habitación y yo volví a recostarme en la cama. Aún tenía tiempo para prepararme. La última vez que había estado ahí también había tenido un invitado a cenar.
¿Quién sería esta vez?
No le había contado nada de mi relación con Ryan, pero tendría que hacerlo. Sabía que tarde o temprano ella se enteraría, y mejor si se enteraba por mí. Me levanté de la cama y fui en dirección al baño. Llené la tina y me sumergí en ella dejando que el agua relajara mi cuerpo. Cuando salí me vestí con unos jeans desgastados y una blusa de manga larga color azul. El pelo me lo rice y lo dejé suelto sobre mis hombros y mi espalda. Metí el teléfono en el bolsillo de los jeans y salí de mi habitación. Me encontré a Grace terminando de subir las escaleras.
—Iba a buscarte, ya llegó mi invitado.
—Pues no lo hagamos esperar. —le dije sonriendo mientras bajábamos juntas las escaleras. —No me has dicho quien es tu invitado. —le dije mientras llegábamos a la sala y se me borraba la sonrisa que llevaba en mi rostro.
Unos ojos azules me miraron fijamente con una expresión entre asombro e incredulidad.
¿Qué hacía el aquí?
