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*RIIIIIIIIIIIIIIING* … *RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING* … *RIIIIIIIIIIIIIIIIIIING*
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*RIIIIIIIIIIIIIIING* … *RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING* … *RIIIIIIIIIIIIIIIIIIING*
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*RIIIIIIIIIIIIIIING* … *RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING* … *RIIIIIIIIIII…*
*Crack*
-Uuuuuugh…Buenos días Osito-. Tenía que haber algo importante que hacer si había puesto mi último despertador en riesgo para despertarme pronto. No dormía tan bien desde que se empezaron a salir, otra vez, los muelles de mi colchón. Necesitaba ir a buscar más cojines o colchones a Xor. Aun así es más cómodo que el suelo. -Creo…Creo que lo he roto-. Al abrir los ojos y salir del capillo que envolvía mi cuerpo humano, vi por desgracia lo que era mi despertador en el suelo, con el cristal roto y sin hacer el ruidito que siempre hacia cuando afuera amanecía. -No me quedaban más…Supongo que este ha sido el último día en el que nos despertamos al amanecer-.
Con un suspiro lo lancé al montón de cosas rotas que tenía a un lado en mi caverna, junto con todo aquello que ya no podía utilizar ni reparar por desgracia. El montón había crecido bastante últimamente, pero al menos lo importante lo seguía teniendo de una pieza, como Osito, la máquina de coser que use para remendarle o los libros. -Bueno Osito, ¿qué toca hacer hoy? Creo que era un día importante pero no recuerdo…Creo que me deje una nota por algún lado-.
Mi cuarto es relativamente pequeño, para alguien como yo, y mayormente ocupado por trastos que espero ser capaz de reparar algún día, pero eso no me impedía moverme mucho por el cuándo buscaba algo, especialmente porque tenía la costumbre de no encontrarlo fácilmente. Al final me di cuenta de que lo había apuntado en un papel dentro del libro de "Buenas noches granja", el mismo librito parcialmente quemado que había usado para medio aprender a empezar a leer y que casi me había acabado. Al ver lo que tenía apuntado, me quede blanca al recordarlo, regañándome mentalmente por haber necesitado de una nota para recordar. -Oh, así que es hoy…Osito, ¿por qué no me lo recordaste? Eso significa que hay mucho que hacer antes de la noche-.
Me quede mirando un rato a su ojo restante, el otro lo había perdido hace semanas y lo cubría con un pequeño parche que le había tejido, esperando una respuesta que nunca llegaba. -Sí, tienes razón, ¡quizás hoy tengamos suerte! Tenemos que tenerla…Oye, ya sé que no te gusta mucho salir, que la arena se te pega por todas partes y que en tu último baño antes de que te remendara perdiste una oreja…¿Pero te importaría acompañarme a revisar las trampas y a Xor? Son muchas horas de viaje en medio de un mar de arena y rocas y siempre que no te llevo me siento bastante sol…¡Gracias! Te prometo que esta vez no dejare que te manches-.
Era una buena noticia que Osito se decidiera a acompañarme, casi nunca lo hacía pero mejoraba mucho el viaje. Podía mantenerlo abrazado con mi parte humana, protegido dentro de mi capullo mientras me movía serpenteando bajo la arena o sobre las rocas, ayudaba en las horas que tardaba de ir de un sitio a otro. Mis trampas eran poco menos que agujeros en el suelo, cubiertos por una frágil cubierta hecha con mi saliva, que se endurece al poco y se queda en su sitio, es lo mismo que use para mantener estable el túnel que lleva hasta mi casa. A pesar de ser un desierto, sigue habiendo vida, alguna bastante grande, pero es raro que caigan. Por eso los tengo distribuidos y separados por todo mi territorio. Casi todos los días están vacíos y tengo que rondar por cerca del clan de las wyverns o alguna aldea humana apartada por si cae alguna sobra a la arena o puedo robarles alguna presa, pero eso no me impide tener que visitarlas de vez en cuando, tampoco tengo mucho más que hacer en el día a día.
Con un soplido y la inestimable ayuda de mi Osito moví la gran roca que tapaba la entrada a mi casa y salí afuera, al desolado mundo en el que vivía. -Hoy va a ser un buen día-, me dije a mi misma en voz alta, esperando que fuera verdad. -Con un poco de suerte tendré cena, quizás pueda incluso ver a mi hermanita una vez más y me deje ha…Hablarle-. Por desgracia, recordarla…Erin, hermanita. Habías sido mi única compañía real, no tenía que fingir que me hablabas de vuelta, incluso aunque lo hicieras con odio. Desde que te vi marcharte con Geber no has vuelto…Sé que soy una estúpida por siquiera pensar que volverías a verme si no fuera para acabar de matarme o para que os devolviera las presas, pero te echo de menos. No es fácil no haber escuchado otra voz más que la tuya por meses, y no funciona que yo intente poner otras voces, no se me da muy bien.
Pero a pesar y con todo, hay que seguir adelante, ¿no? No rendirse, pasar día tras día hasta que las cosas mejoren de alguna forma…Si, supongo que eso es lo que hay que hacer.
El repaso de las trampas, fue aburrido y lento, como esperaba. Aunque la historia de Osito de esa vez que le deje solo en casa y una lagartija de arena vino a hacerle compañía hizo más ameno el viaje. Nunca me gusta el final sin embargo, intente acercarme con cuidado, no tenía por qué salir corriendo al verme…
Como era costumbre, casi todo está igual que como lo había dejado. Desde las que cabe en la arena pura hasta las que hice con más esfuerzo sobre el pavimento desértico o las zonas de gravas o tierras más duras. Vi algún escarabajo ocasional entrar o salir, pero nada más. Ni siquiera marcas de otras como yo, que a veces se adentraban en mi territorio para intentar robarme algo. Hasta el momento no lo habían conseguido, sus esfuerzos por derrotarme y apoderarse de mi área siempre resultaba tan fútil como mis esfuerzos por hacerlas razonar o invitarlas a tomar un té imaginario o ser mis amigas.
Mis ánimos sin embargo no estaban con la mayoría de las trampas, sino con una en concreto localizada en el fondo de una pequeña grieta en la roca ya existente. Hacía semanas que una pareja de unos pájaros grandes, no tengo ni idea de sus nombres ya que no salen en mis libros ni había oído a nadie nombrarlos antes, habían anidado en esa grieta, a salvo de la mayoría de peligros del desierto, pero permitiéndome alcanzar su nido por debajo.
Esperaba que ese día hubieran puesto ya un par de huevos aunque fuera, y quizás poder coger alguno de los del borde, los que parecía que nunca tenían pollito dentro. Como descubrí que los huevos tienen pollitos dentro es una historia que no me gusta mucho recordar, en parte porque no fui la mejor madre para el…Pero supongo que los de los bordes los ponen para despistar a seres como yo que buscan comida, si están para eso, creo que no hago mal en coger uno.
Tuve suerte, ya que solo estaba la madre en el nido, el padre se había mostrado más atento a mi presencia y más agresivo desde siempre, y cuando pase la mano desde abajo, por las aberturas en la estructura que había construido para servir de trampa y que ahora servía de nido, pude notar que si había puesto varios huevos grandes y alargados. Hice mi mejor esfuerzo para sobrellevar los picotazos y coger solo un par de los que no darían a luz a otra ave, no quería pasar por un evento así otra vez.
-¡Yay!- Tenía el brazo lleno de picotazos que estaban empezando a sangrar, pero no me importaba. Aquel pequeño "regalo" me había alegrado el día, no pudo evitar reírme y abrazar a Osito al volver bajo tierra, mientras me lamia el brazo. -¿Ves Osito? ¡El viaje ha merecido la pena!- Tras mirarlos un rato y pegarles el oído para asegurarme que no escuchaba ningún pollito moviéndose dentro, los pegue con cuidado a mi cintura con algo de la saliva pegajosa que podía producir, antes de volver a girarme a Osito. -Creo que es hora de ir a Xor, a ver si encontramos algo útil-.
Xor era lo que quedaba del nombre que había logrado leer con el tiempo en el gran cartel verde de metal de la entrada de mi pequeño paraiso. Era un sitio enorme, en un lugar apartado del desierto. Con el paso del tiempo había escuchado a otras personas hablar de él, la gente suele hablar muy tranquila mientras me esconda y no me vean, refiriéndose a ese lugar como un "vertedero" o algo así. Me gusta más Xor. Parece que se formó hace décadas, pero que hace tiempo ya que nadie tiene permitido echar sus cosas aquí, más que ocasionalmente las pocas aldeas que viven cerca. Sea cual sea su historia es un lugar maravilloso, es donde he encontrado mis libros y prácticamente todo lo que he usado de alguna forma, aunque hay muchas cosas afiladas y oxidadas y más de una vez enferme por cortarme con algo merece la pena venir, siempre acabo encontrando algo. Nunca pensé que aquellos que me dijeron hace tiempo, cuando aún intentaba hacerme amiga de los humanos, que era pura basura y que debería de ir al vertedero tenían tanta razón, casi me dan ganas de vivir aquí.
No tarde mucho tras llegar en empezar a rebuscar por todas partes, ¡era un pequeño paraíso! Si, había muchas cosas que no me eran de utilidad, como piezas de metal retorcidas o piedras brillantes encajadas en otros trozos de metal brillante, pero no era raro encontrar algunos pequeños tesoros. Solo necesite media hora de remover papeles mojados y maderas cubiertas de hongos para encontrar un cojín nuevo, claro que estaba abierto por un lado y tuve que quitarle muchos insectos de dentro y setitas por fuera, y en casa tendría que remendarlo, pero era justo lo que necesitaba.
Herramientas de cocina que, aunque deterioradas, seguían cumpliendo perfectamente su propósito, un nuevo sombrero para Osito, que le quedaba realmente bien y encima era a juego con el que me regalo él hace dos años por el solsticio, incluso un cartón de leche, con aún algo de leche dentro. Tenía muchos más grumos que la última vez que pude probarla, pero parecía aún lo bastante buena. Para cuando pude pararme en un rincón, tenía ya el capullo que rodeaba mi parte humana, lleno de cosas, haciéndome pensar que no había estado muy equivocada esta mañana cuando pensé en que sería un buen día.
Claro que eso fue antes de escuchar varias alas batiendo, relativamente cerca de mí.
Reconocía esos sonidos, ese movimiento de grandes alas que había escuchado hasta la saciedad. Eran wyverns. Mi hermanita no estaba entre ellas sin embargo, reconocería el sonido de su aleteo entre todos los demás en cualquier parte. Pocas veces en mi vida me he escondido más rápido bajo la arena, de entre todos los días del año, ese no era este el día en que me apetecía pelear o acabar herida.
-Ugh, el olor a podredumbre es casi insoportable. Se supone que todo esto lo tiraron los humanos de los países vecinos, ¿no se pueden encargar ellos de este desastre?- Incluso bajo la capa de arena y detritos sus voces se escuchaban claras, y está en concreto sonaba muy disgustada y asqueada, como a punto de vomitar.
-Deberían, pero considerando lo que están cediendo creo que es algo que podemos soportar-.
-Ceder ceder…Este desierto es nuestro territorio desde antes que se asentasen en los bordes. No es que nos estén dando nada, solo reconociéndolo-.
-Reconocerlo, cederlo…Los humanos pueden ser tan avaros como los dragones amiga, y han creído mucho tiempo que esto era suyo. Que ahora se estén reconfigurando tantos mapas y fronteras políticas es algo que me parece todo un logro para que todas las razas del planeta puedan vivir tranquilas. La mitad de Oriente y África norte, parte de los Alpes…Y eso es solo el terreno para nuestra civilización, creo que en América se está llevando a cabo algún tratado similar para las liminales que viven ahí-.
-Si te soy sincera me resulta difícil de creer que todo esto se esté llevando a cabo tan pacificante. Tantas civilizaciones y razas nuevas saliendo de la nada, es como intentar coaligar dos mapas del mundo diferentes y que encajen. Y a pesar de todo casi vamos a estar todos los clanes conectados por tierra, desde el Atlántico hasta aquí y nuestras primas que viven en el pacífico-.
-A nadie le beneficia una guerra ahora, y menos la de una escala como la que se podría dar si no se llegan a acuerdos en estos temas. El consejo de la UCTW está sabiéndolo llevar muy bien. Por eso creo que encargarnos nosotras de limpiar un vertedero abandonado como parte del acuerdo territorial con los estados cercanos es algo más que aceptable en este contexto…Pero si, apesta. Acabemos rápido de tomar las medidas para que puedan retirar pronto toda la basura-.
-Tú…No deberías estar aquí-.
Me había centrado tanto en escucharlas, que sin querer emergí un poco del suelo, no me di cuenta de que se me acercaba nadie por detrás hasta que escuche esa voz. Esas últimas palabras no provenía de las wyverns que escuchaba hablar tras las sillas viejas y las bolsas de plástico. Aquellas palabras me provocaron un escalofrío y me obligaron a girarme al instante, para ver quien me estaba hablando.
Una wyvern bastante mayor, con una mirada severa que me paralizó en el sitio mientras se acercaba apoyándose en su bastón de hueso. No dijo nada más, ni yo pude abrir la boca. Aquella mirada era como la de Erin, casi tan molesta como el día que me lleve a Geber, pero diferente. ¿Serían familia? No me paré a preguntarlo, cuando pude reaccionar me metí bajo la arena y salí de allí todo lo rápido que pude. No me sentía capaz de luchar, menos con lo que sucedió hace unos meses, menos aún con una anciana que me miraba así.
Esos ojos dorados clavándose en los míos, mirándome tan fija y severamente, como si fuera a caer muerta por solo seguir en pie…Necesite alejarme bastante para calmarme, y para darme cuenta del significado de todo lo que había estado escuchando. ¡Se iban a llevar el vertedero!
Aquel lugar, ese rinconcito era el único donde podía conseguir cosas. Si, a veces tenía suerte y encontraba cajas o restos dispersos por las arenas o podía coger algo que tirasen las wyverns o las aldeas humanas, pero eran raras ocasiones. Casi todo lo que no podía obtener cazando a los animales del desierto no lo podía encontrar en ningún otro lugar, y ahora me lo iban a quitar.
Ya no tendría más hilo para remendar a Osito o tejer, ni más comida fuera de la poca carne y huevos que pudiera encontrar, ni…Realmente nada. Pensé en volver al día siguiente, cuando las wyverns se hubieran ido para intentar hacer una última visita con suerte y abastecerme para…Lo que me quedase de vida, a menos que se librasen de todo esa misma tarde. No fue la noticia que quería recibir ese día, no era lo que me esperaba, pero aun así me intente animar para seguir adelante. Tras tantos años ya debería de haber cogido casi todo lo útil que pudiera haber, no debería de quedar nada que llevarme…Había que seguir adelante.
A pesar de todo, el día había acabado para mí, a pesar de que el sol aún estaba en lo alto. Volví a casa y deje todo lo que me dio la que, suponía, podía haber sido mi última visita a Xor. Antes de remendar los cojines que había encontrado o ponerme con cualquier otra cosa, le puse a osito su gorro de chef, que justo hacia unos días había terminado de arreglar, y me puse a preparar la cena, que hoy sería especial.
Hoy, hace quince años que nací. Es mi cumpleaños. Durante los diez primeros años no tuve noción de que era eso, hasta que conversaciones con mi hermanita me dieron esa idea. El día en que eres especial, en que eres la reina…Tu día. No sabía cuál era el verdadero, de forma que elegí uno que me pareciera bonito en el calendario que recogí hace años del basurero, el único que tengo, y me propuse a celebrarlo, a hacer algo especial por estos días. Además ayudan a contar la edad, aunque no los cuente desde el día exacto de mi nacimiento, pero casi.
Leche, harina, huevos…Casi todo lo que tenía guardado desde el año pasado y lo que me empeñe en encontrar ese día. Cierto que aún no terminaba de saber leer, pero los dibujos del libro de cocina que tengo son muy explicativas, y Osito es un gran ayudante.
No puedo decir que fuera fácil resistirse mientras mezclaba todo, tenía hambre de no haber desayunado siquiera, pero siguiendo las imágenes impresas logre acabar de mezclarlo todo y crear esa pasta densa que tenía que cocer de alguna forma. No olía tan bien como me había imaginado, quizás porque la leche no era muy fresca, pero era mi primer pastel de cumpleaños en la vida, asique me seguía oliendo a rosas.
Arriba, subiendo recto desde el túnel a la salida de mi casa había una roca bastante grande y, lo importante, con varios agujeros grandes. Sabía por experiencia que tras todo el día bajo el sol la roca se pone muy caliente, como para freír un huevo. Esperaba que pudiera usarla para terminar mi pastel. Recogí mi equipo de tejer y el libro de buenas noches granja, para tener algo que hacer mientras esperaba, y junto a Osito Salí a la superficie.
Era algo pasado el mediodía, y como siempre en el desierto eso significa que hace mucho calor, aunque por fortuna la roca aportaba algo de sombra, si es que eso compensaba el calor que irradiaba tras estar horas bajo el sol del desierto. Metí la masa en las grietas de la roca y…Esperé.
Repare la vieja manopla que tenía, ya tuve suficiente con quemarme al meterlo en el horno improvisado, y termine de tejer una bufanda roja que había dejado a medio hace unos días, cuando me quedé sin hilo. Ahora era roja y verde a medias, pero debería servir igual para cuando lleguen las noches más frías del año. Y con el hilo que me sobró le hice un pequeño traje a Osito para que estuviera guapo en mi cumple. Modestia aparte, me quedo genial.
Tejer es algo que siempre me ha gustado. Desde que empecé a aprender por necesidad la primera vez que a Osito se le calló el brazo he mejorado bastante y he cosido o remendado de todo. Lo encuentro realmente relajante, solo centrándome en hilar una hebra tras otra, ni me acuerdo de mi nombre hasta que lo tengo todo terminado…Si solo fuera más sencillo conseguir algo de hilo.
-Bu…Buena-s noches…Ses…Sem…Señor Pato…Oye Osito, ¿no te parece que el Señor Pato se parece un poco a los animales de los que cogimos los huevos hace un rato? Si, tienes razón, se ve mucho más salvaje…- Cuando acabe el hilo que me había traído, me puse a leer. O más bien, a releer los diversos capítulos del libro para asegurarme de que sabía pronunciar más o menos bien las palabras. Desde la primera vez hace años cuando Erin me ayudo a entender que era eso de leer, he progresado bastante. Casi me siento orgullosa de mi misma, al menos sé que Osito sí que está orgulloso de mi.
Y así, entre leer y tejer se pasaron las horas. A menudo revisaba el pastel, que para alivio de mis ojos iba cogiendo textura y volumen a pesar de la precariedad de mis métodos. Puede que también acabase con algún mordisco de más a medio camino, pero no escuche a nadie quejarse sobre ello.
La noche ya casi había caído cuando pude ver mi obra finalmente completa. Tenía muchos grumos y el color gris oscuro no era el más apetecible del mundo, pero me sentí genial cuando lo saque de la roca. El primero que había cocinado nunca, la primera vez que podía tener algo así en mi día especial, ¡incluso olía bien! Para lo que podía haber esperado al menos.
Completamente nerviosa lo recogí todo casi de golpe, moviéndolo de un solo viaje hacia mi cuarto. Al llegar prepare la mesita del té, usualmente imaginario, me puse los cubiertos para mí y Osito, y le puse el traje antes de servir la tarta sobre la mesa.
-¡Osito, ya estoy en casa!- Solo salir y volver a entrar en mi cuarto, era todo lo que necesitaba para que todo cobrase vida propia, para que el día mereciera la pena. Solía ayudarme a que los días fueran más felices. -No te vas a creer el día que he tenido. No ha caído nada en las trampas, casi me salgo de mi territorio por accidente y entro en el de esa lunática sin nombre, ya sabes de la que te hablo, ¡y encima he escuchado que van a quitar…El…Xor…Oh, Osito-. Mis ojos se humedecieron al verlo, allí, sentado junto a un pastel recién horneado y una preciosa bufanda roja y verde, a medio envolver en viejos papeles, como si no hubiera podido contener los nervios y lo hubiera hecho a toda prisa.
-¡Gracias! ¡Gracias, gracias, gracias, gracias…Eres un gran amigo Osito, mira que prepararme todo esto…!-Tampoco es que yo me contuviera mucho los nervios, antes de lanzarme a abrazarle, incluso empecé a llorar como una tonta, sé que a Osito no le gusta mojarse, pero me lo pasa. Es un cacho de pan.
Y reí, y le abracé. La tarta estaba mucho mejor que la carne cruda o mis malos intentos de tortilla que siempre se llenan de arena, incluso a pesar del regusto rancio, Osito no comió nada, me lo dejo todo a mí. Le conté mi día, me regalo esa preciosa bufanda que parecía que la había tejido una profesional y bailamos juntos al son de una música que solo yo podía oír, mientras sabía que afuera el día daba paso a la noche, acabando pues el que suponía era el mejor día del año.
Y en ese momento lo mire todo, a mi amigo en su silla, lo que quedaba la tarta, el desastre de habitación que tenía…Y sentí un pequeño pinchazo en el pecho, demasiado incómodo para ser satisfacción por haber llegado tan lejos.
No tarde en darme cuenta de lo patético que era eso. Ahí, sola en medio de la nada como si mi vida importase algo a alguien, fingiendo que un trozo de trapo inerte se preocupa por mí y mi felicidad, entristeciéndome porque me quiten el lugar al que voy a robar basura y alegrándome por encontrar medio cartón de leche rancio. De pronto todo aquel cuarto era demasiado pequeño, demasiado claustrofóbico, tenía que salir de allí.
Como un resorte, me catapulte fuera de mi casa, fuera de mis túneles, fuera de la arena, emergiendo sobre las dunas bajo el cielo estrellado y la luna creciente.
El frio de la noche acaricio mi piel, era relajante, instándome a sacar todo mi largo cuerpo de las arenas. Mire a las estrellas, puntitos de luz en el cielo que me hacían sentir más insignificante de lo que ya me sentía tras percatarme de todo, y baje con ello la mirada de nuevo a la tierra, como queriendo esconderme de su mirada. Y vi las arenas y las grandes rocas que surgían como champiñones de algunas dunas. En ese momento, una en especial me llamo la atención, más alta que las otras se la veía muy…Desequilibrada, dispuesta a caer en cualquier momento si se le aplicaba suficiente fuerza.
Al verla, me hice una pregunta muy sencilla. ¿De verdad valía la pena seguir así? Estaba claro. Erin nunca me perdonaría por lo de Geber, y no me extrañaría que este me odiase también. Después de todo no creo que pueda ser una buena madre ni aun si lograse quedarme premiada. No había nadie en este mundo más que mi "hermanita", su madre y su novio que supieran mi nombre, y jamas se enteraría nadie si dejase de vivir. Al final estaba sola, y eso no iba a cambiar por muchos libros me animase a leer, ni por cuantas prendas tejiera o días pasasen. No merecía la pena, si morir era parecido al soñar, quizás fuera la mejor idea. Al menos en mis sueños no me siento sola.
Intente arrastrarme hasta la roca, solo un golpe y eso bastaría, lo sabía, pero sentí un leve peso al final de mi cola, que me hizo girarme.
-Osito…- No sé porque lo agarre, ni cuando lo hice, pero allí estaba, mirándome con sus ojos de trapo, rodeado por mi cola, con la misma sonrisa que había mantenido a pesar de todo tras años y años. -No sé qué haces aquí, no estas vivo-.
Quería acabar con todo, simplemente descansar, pero había algo en su rostro de trapo que me impedía seguir adelante. -Lo he decidido, no merece la pena seguir esperando por un milagro, nada va a cambiar. Morir ahora o dentro de cien años de soledad…Esto será más rápido-.
El silencio era abrumador, su sonrisa no desaparecía.
-Osito…-Dije suspirando, girándome hacia él y alzando el tono. -No puedo más. No puedo ser alguien normal, no me siento bien siendo un monstruo…No soy más que una paria incluso de mi propia sangre, una anomalía que nunca debió de existir-.
Las estrellas iluminaban sus ojos, casi más brillantes que la luna.
-¡Y que quieres que haga! Si no hago esto no me queda nada. Revisar trampas, intentar leer…Ya ni siquiera poder coger cosas de la basura nunca más, ¿¡Sabes lo que eso significa?! No más hilos para tejer, vuelta a pasar hambre, cada cosa que no pueda reparar estará perdida para siempre sin que pueda conseguir un sustituto. ¿Y todo para qué? ¡Para seguir escuchando solo mi voz una y otra vez durante años! …Odio mi voz, pero es lo único que puedo usar para no tener que soportar el silencio. Esto será lo mejor, una vez que lo haga, ya no tendré que preocuparme más-.
Sabía que no le gustaba, pero a pesar de todo se estaba manchando de arena.
-Estoy harta, Osito, harta y cansada de todo. No quiero seguir con esta vida. Mírame, chillándole a un peluche como si eso fuera a cambiar algo…Soy patética-.
El viento frío de la noche empezaba a correr más rápido, haciéndome estremecerme y temblar. En ese momento los pequeños brazos de Osito parecían…Tan cálidos.
-… Hablas de esperanza. Precisamente es algo que ya no me queda. El año pasado un poco, hace cinco bastante aún, pero ya no-. Me pare unos segundos, mirándole a los ojos. Lentamente me iba acercando a él. -Pero aun así me cuesta. Supongo que tiene que ver con ese estúpido deseo de seguir viviendo, ¿no?- No me encontraba con muchas fuerzas en ese momento, apenas pude alzarlo del suelo y darle un leve abrazo. -No quiero seguir adelante, pero supongo, que simplemente no tengo opción-.
Dios, que cortos me están saliendo últimamente. Supongo que es lo que tiene tener muchas cosas que pensar afuera de esta historia. Pero bueno, al menos sigo avanzando. Espero que os haya gustado y pasad un buen día.
