Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia ^^

Link de deviantart: riny-san(punto)deviantart(punto)com


Notitas…

Y con la vuelta al cole, también vuelve un capítulo más del fic. Bueno ya sé que estáis deseando que le pateen el culo a Lidecorp pero como ya sabéis me gusta ir poco a poco y explicando cada detalle y sentimiento de la historia, para mi es algo primordial. Así que en este capítulo se aclaran un poco más los sentimientos de Squall y también los de Jenna. Y por supuesto he escrito una escena entre Squall y Rinoa que me apetecía un montón y como hacía un montón que no se ponían realmente románticos, pues ahí que la he puesto. Aviso también que el capi es larguito. Y dejado ilustración nueva en deviant, a ver si os gusta.

Espero no aburríos demasiado y ahora si…

A leer^^

IProOmise: Aaaaiisss Squall y Rinoa, te gusta? Pues ahí te dejo escena erótico-romanticona. Así que Jenna sigue cayendo mal, pobrecita, hay que pensar que estaba metida en buen lio pero ha confesado y ahora les ayudará. Bueno espero que este capi también te guste aunque no pasa demasiado, la verdad jeje. Un Saludo ^^

oryxyro: Holaaa! Espero que sigas el hilo jejeje. Buenos pos hay otra escenita tórrida entre los protas, como no. Tenía mono de escribir escenita jejej. Por lo demás no pasa mucho que digamos pero aun así espero que te guste. Un Saludito^^

LuKuran: Eeeeyyy no he tardado tanto no? Comunica a tus amigos que hay capi nuevo jejej. Pos naa que me encantó tu review anterior, cargadito de cosas buenas. Me alegra que pienses que las escenas entre Squall y Rinoa no son pastelosas, porque la verdad, no es para nada mi intención, no creo que vaya mucho con la pareja. Bueno en este capi hay otra escenita, como no jejej, necesitaba escribirla. Y se arregla un poquito más el tema de Jenna. Espero que te guste así que te dejo leer. Un Abrazooo!

PearlSnorlax: No he tardado tanto no? O a mí se me ha hecho más corto jejej. Me encanta que te gustase la confesión de Jenna, llevaba tanto tiempo con ella en la cabeza, me parecía algo primordial para que la historia avanzase Y bueno en este capi puedes leer lo que pasa con Squall tras enterarse de lo de Jenna y un regalito de escena romanticona, como no. Y a ver si me odiáis menos a Jenna jejejej, apiadaos de ella. Pues nada espero que te guste el capi. Un Besooorrr^^

Aedora: Heeyy aquí estoy. Siento que no te pareciese emocionante el capítulo anterior pero creo que esto debe avanzar poco a poco y no que de buenas a primeras vayan a pegar tiros a Lidecorp. Así que imagino que este capítulo tampoco te parecerá nada emocionante, aun así espero no aburrirte demasiado. Saluditos^^


TREINTA Y SIETE

Balamb, 21:00 h

Cuando Rinoa llegó a Balamb, los últimos rayos de sol aun despuntaban en el horizonte, dejando a la vista un último resquicio del sol de aquel día.

Jenna caminaba a su lado, en completo silencio y con la mirada perdida en las decorativas losas del pavimento. No sabía muy bien cómo actuar frente a Rinoa, era culpable de que Squall estuviese en esa situación y por el momento, era muy poco lo que ella podía hacer para ayudar.

- Rinoa…

La pelinegra, que iba un par de pasos por delante, paró en seco y se giró hacia Jenna.

- ¿Si?

- Es sobre Jared

A Jenna no le pasó inadvertido como Rinoa se tensaba al oír ese nombre.

- Hace días que no le veo pero debes tener cuidado con él. No va a parar hasta tenerte de nuevo. Habla de ti como un verdadero loco.

A Rinoa le envolvió un sentimiento de terror que casi la dejó paralizada.

- Siento contarte esto pero solo quiero que estés alerta. Puede anular tu magia

- Lo sé, créeme, cada vez que se acerca a mí me quedo totalmente bloqueada y el aire empieza a faltarme.

Jenna suspiró con aflicción.

- Es un brazalete que lleva en la muñeca izquierda, yo misma lo fabriqué… Lo siento

- Bueno en parte es un consuelo saber que ese estado me lo produce un objeto. Cuando lo conté, todos creían que estaba loca –sonrió-. Decían que no existe ningún objeto capaz de tal cosa. Ahora sé que sí.

Jenna volvió a disculparse y le explicó que con tan solo quitarle el brazalete o destruirlo, anularía el efecto.

- Necesito saber algo más –dijo esta vez Rinoa-. Jared… ¿me utilizó desde el principio?

La mujer observó el gesto acerado de la pelinegra y solo vio rencor en sus ojos almendrados.

- Nunca te quiso Rinoa

Jenna no vaciló, simplemente soltó aquello lo más rápido que pudo. La bruja debía saber la verdad.

- Una extraña obsesión hacia ti es lo que le hizo acerarse. No sé si sabes que Arzhul le crio.

Los ojos de Rinoa se abrieron de par en par, no tenía ni idea de aquello. Jared nunca le contó nada de eso, aunque ahora tampoco le parecía extraño. La comunicación entre ellos dos no era muy fluida.

- No, no tenía ni idea, la verdad.

- Arzhul está obsesionado con los Seeds, con vuestra manera de luchar, de vivir… supongo que a Jared le educó bajo esos mismo ideales. Y bueno, tu eres la bruja de Balamb, luchaste junto a esos Seeds que salvaron el mundo y te aseguro que tu historia de amor con el comandante del jardín de Balamb, nunca pasó inadvertida. Creo que todo forma parte de su plan descabellado de crear una raza de hombres perfecta.

Jenna no pudo evitar acompañar sus palabras con una especia de risa sarcástica.

- Y…

Rinoa vaciló durante unos instante ante el miedo de formular su siguiente preguntar.

- ¿Estuve en esos laboratorios?

Vio como Jenna asintió, al parecer, apenada.

- La primera vez fue unas semanas antes de que capturaran a Squall. Te hicieron varias pruebas, no tengo ni idea de que, ya os dije que mi trabajo, como el resto de los trabajadores, estaba restringido a mi área. Creo que estudiaron los efectos de tu sangre.

La segunda fue estando Squall ya allí.

- ¿Cómo es posible que no recuerde nada? Veo fragmentos pero apenas se distinguirlos de los sueños.

- Supongo que te suministrarían el mismo fármaco que a Squall. Te hace olvidar las últimas horas, como si no las hubieses vivido. En caso de recordar algo, simplemente parecen vagos recuerdos de un sueño –explicó con fluidez-. En el caso de Squall, la dosis suministrada era más alta, de ahí su amnesia de estos últimos meses. –Añadió adelantándose a la pregunta de la pelinegra-.

La mujer vio suspirar a Rinoa, tal vez no debía haberle contado todo aquello de golpe pero era la única manera que veía de ayudarle. Contarle la verdad era de lo poco que podía hacer en esos momentos.

Pocos pasos las separaban ya del portal pero antes de que cada una se fuese por su lado, Jenna habló por última vez.

- Creo que nada de esto importa ya Rinoa. Da igual lo que te hizo Jared, ahora estas con Squall, solo te pido que tengas cuidado. No parará hasta dar contigo.

Rinoa no supo que decir y simplemente asintió con gesto agradecido.

- Una cosa más. Necesito que le digas a Squall que jamás le engañé, ni le utilicé, es muy importante para mí. Por favor díselo, a ti te escuchará.

La pelinegra observó el semblante triste de Jenna y entonces comprendió como de enamorada estaba esa mujer de Squall.

- Lo haré, no te preocupes.

Jenna desapareció escaleras arriba y entonces una voz tras ella, llamó su atención.

- Rinoa

- ¡Señor Peeters! –exclamó girándose hacia el hombre-.

- ¿Buscas a Squall? Me ha dicho que si te veía, te dijese que está en la playa. Tu sabrías donde –le dijo a la pelinegra con algo de duda ante lo misterioso del mensaje-.

Ésta sonrió y agradeciéndole el mensaje, se alejó en dirección a la playa.

Ahora Squall era la mayor de sus preocupaciones. El que se hubiese marchado de aquella manera no deparaba nada bueno. Ahora tendría que lidiar con el carácter frio del muchacho, acostumbrarse a sus monosílabos como respuestas y esperar que aquella historia no le afectase más de la cuenta.

Caminó los pocos pasos que la separaban de la playa y sin dudarlo puso rumbo a aquel lugar al final de la playa, donde seguro le encontraría. Efectivamente enseguida distinguió la silueta del comandante sentado en el borde de aquella enorme roca.

- Sabía que te encontraría aquí

La mujer esperó una respuesta que nunca llegó. Miró al muchacho desde su posición, sentado de espaldas a ella y con sus piernas levemente flexionadas. Sus brazos descansaban en las rodillas y a juzgar por su gesto, parecía extrañamente relajado.

Se fijó que los músculos de su espalda se marcaban a través de la camiseta negra que llevaba puesta el chico y deseó refugiarse en ella.

La brisa marina de aquellas horas, la hizo estremecerse levemente y sintió como su piel se erizaba. Suspiró levemente y sin pensarlo un minuto más, se sentó tras el chico. Con sus brazos, rodeó la cintura de Squall y pegó su cara a aquella espalda.

- Squall, te necesito. No me dejes ahora… por favor.

La voz de Rinoa sonó rasgada y levemente desesperada. Últimamente sentía que le estaba perdiendo, que por más que ella hiciese, no podía acercarse a él.

- Lo siento… -susurró el agachando la cabeza-. Siento haberte dejado allí sola pero…

- No pasa nada, lo entiendo –dijo pegándose más a el-. ¿Quieres estar solo? Si es así, lo entenderé.

Hubo un momento de silencio y Rinoa entendió aquello como una afirmación, así que con cuidado, comenzó a soltar su cintura pero de pronto, las manos del chico la sujetaron.

- ¡No te vayas! –dijo con urgencia en la voz-. Creo que lo que menos quiero ahora es estar solo –añadió con tono algo sarcástico-.

La pelinegra le estrechó entre sus brazos y tras besar uno de los hombros del chico, se levantó.

- ¿Por qué no vamos a casa? Me muero de hambre.

Squall se giró por primera vez desde que ella había llegado y la vio sonreír mientras le extendía su mano. El no dudó y cogiéndola, se levantó junto a ella. La observó durante unos instantes como recogía, de manera inocente, un mechón de pelo tras su oreja sin perder esa hermosa sonrisa que tanto le tranquilizaba y entonces se preguntó, ¿qué haría si ella no estuviese allí? Con cuidado se acercó hasta ella y cogiendo aquel rostro entre sus manos, la besó con tal delicadeza que Rinoa creyó derretirse con aquellos labios. Sintió los pulgares del joven acariciar sus mejillas y su fuerte torso pegarse a ella hasta que no existió ni un solo milímetro de espacio entre ellos.

- Te quiero, Rinoa. No lo olvides –declaró el chico pegando su frente a la de ella sin soltar su cara-.

La pelinegra asintió satisfecha y volvió a besarlo sin dejar de acariciar la musculada espalda del hombre. Le necesitaba tanto que ni siquiera sabía cómo demostrárselo.


Jardín de Balamb, 21:45 h

Seifer se encontraba sentado en las escaleras de hall. Había decidido llamar a Squall, la manera en la que había abandonado el despacho tras enterarse de que Jenna estaba con Lidecorp no le había gustado nada, la verdad que nunca creyó que alguna vez se preocuparía tanto por ese maldito comandante.

- Tío ¿estás bien?

- Si

La voz de Squall sonaba extrañamente serena.

- A todos nos ha sorprendido lo de Jenna pero bueno, al fin y al cabo no le debías nada ¿no?

- La consideraba una amiga

La risa sarcástica de Seifer se dejó escuchar al otro lado del teléfono.

- Creo que ella te consideraba algo más o eso querría ella.

- Ya…

- Rinoa está contigo ¿verdad?

- Si, tranquilo

Antes de que Squall pudiese seguir hablando, Seifer le interrumpió.

- Ni se te ocurra apartarla de tu lado ¿me oyes? Te conocemos y tienes una manera muy extraña de proteger a los que te rodean. Solo conseguirás hacerla más daño.

Squall suspiró, últimamente era consciente de aquello pero el creía que era lo mejor, aunque todos a su alrededor le dijesen lo contrario. Hacía días que no se atrevía a tocarla de

manera más íntima. No podía borrar de su mente la expresión de Rinoa mientras golpeaba a esos soldados. Sabía que a ella aquello no le importaba y cuando la había besado esa tarde en la playa, había sentido su necesidad porque él también la sentía, incluso más que ella.

- Como la hagas llorar, juro que voy hasta donde estés y te pateo el culo hasta quedarme tranquilo.

Seifer escuchó como Squall reía al otro lado.

- Entendido Almasy. Diles a los demás que no se preocupen, mañana nos vemos.

Seifer se despidió y puso rumbo a la cafetería donde le esperaban los demás. El haber hablado con él le había tranquilizado en cierta manera pero la incertidumbre del no saber que debían hacer ahora, seguía martilleando su cabeza.


Apartamento de Squall, 21:45 h

Rinoa no sabía cuánto tiempo llevaba delante del espejo del baño cepillándose el cabello. Durante la cena le había contado a Squall toda la historia de Jenna, intentado no dejarse ningún detalle. Como esperaba, la reacción del muchacho había sido de lo más fría e impasible. La cercanía que había sentido hacía un rato en la playa se había esfumado de un plumazo. Aquella distancia que el chico comenzaba a poner entre ellos la estaba desgastando. Intentaba acercarse a él de manera cauta, dejándole espacio y siendo él, quien marcase el ritmo pero el miedo de Squall a perder el control con ella era demasiado grande. Sabía que Squall no soportaba la idea de haberle visto actuar de esa manera con los soldados pero lo que parecía no entender el, es que lo único que había hecho es defenderla y protegerla.

Así que una vez más, se estaba devanando los sesos por saber cómo debía comportarse con él. Le preocupaba la necesidad que tenía de estar con él, de que la rodease con aquellos brazos que tan protegida la hacían sentir y de que la tocase de esa forma que la hacía enloquecer, pero ni siquiera sabía cómo acercarse a él.

Desde el último ataque que tuvo Squall cuando entrenaban juntos y después el combate con esos soldados, en el cual presenció, el comportamiento casi animal del chico, no había vuelto a ser el mismo con ella. Era como si tuviese miedo de tocarla, pánico a perder el control con ella y hacerla daño de alguna manera que solo el imaginaba.

Rinoa sabía que lo único que ese hombre quería era protegerla pero tal y como estaban las cosas, ella no podía estar lejos de él.

Miró su reflejo una última vez en el espejo y vio que la herida de su pómulo comenzaba a desaparecer, en cambio el enorme hematoma de su espalda aún era visible y bastante doloroso pero se negaba a utilizar sus poderes, no en su propio cuerpo.

Dejó el cepillo, que ni si quiera recordaba sostener aun, sobre la encimera y se dispuso a salir del baño.

Cuando salió a la habitación, la luz tenue de la pequeña lámpara de una de las mesillas, era lo único que alumbraba la estancia. Vio a Squall en el ventanal mientras hablaba por teléfono. Sus ojos viajaron por la ancha espalda desnuda del joven y se fijó en las sombras que se proyectaban entre los marcados músculos de ésta. No pudo evitar soltar un suspiro mientras se encaminaba hacia él.

Con sigilo, llegó hasta el muchacho y acariciando levemente su espalda, lo rodeó y se colocó frente a él. Justo en ese instante, colgó el teléfono.

- ¿Quién era? –preguntó apoyando su espalda contra el cristal-.

- Seifer…

Rinoa dejó escapar una leve sonrisa.

- Estaba preocupado ¿verdad? Parece mentira que en el pasado os odiarías tanto –comentó divertida-.

Squall dejó entrever una sonrisa haciendo que la pelinegra cayese rendida ante aquel gesto. Clavó su mirada en los azulados ojos de Squall y de nuevo, quedó cautiva de aquella claridad casi cristalina que los caracterizaban a causa del juego de luz que se reflejaba en su rostro. En ese instante deseó fervientemente lanzarse a su cuello y saciar su sed pero no era el momento ¿Por qué tenía que sentir aquello cuando más vulnerable estaba Squall? que era, ¿una especia de depredadora sexual? No, claro que no, pero necesitaba con urgencia demostrarle a Squall cuanto le necesitaba.

- Estás muy callada –dijo de pronto Squall mientras le tiraba del elástico de sus pantaloncitos cortos-.

Rinoa se sobresaltó con aquel gesto que no esperaba.

- ¿En qué piensas? –preguntó de nuevo frunciendo el ceño mientras eliminaba el espacio que separaba ambos cuerpos-.

La mujer se ruborizó levemente. ¿En serio quería saber en qué pensaba?

- No es nada –sonrió mientras apoyaba las palmas de sus manos sobre el pecho del chico-.

- ¿De verdad? – insistió el joven mientras acariciaba la cara de ella con sus nudillos-.

Squall vio como Rinoa cerraba los ojos ante el contacto de su mano. Se acordó entonces, de las veces que le había dicho que le necesitaba, que si se separaba de ella no sabría cómo continuar. Tal vez no la estaba prestando la suficiente atención últimamente pero el miedo al perder el control con ella, no se borraba de su mente.

Cuando Rinoa abrió los ojos ante la agradable caricia, vio que Squall la miraba con intensidad. No sabía que más decir porque la verdad era, que no quería decir nada. Con cautela, se pegó al cuerpo de Squall y poniéndose de puntillas, lo besó. Sin presión, sin querer recibir nada a cambio, simplemente una caricia.

Sintió las manos de Squall posarse en sus caderas sin dejarla marchar, cuando ella lo intentó y antes de que pudiese mirarlo, sus labios viajaron hasta el delgado cuello de ella donde depositó innumerables besos.

En el momento que esos labios rozaron la sensible piel del cuello de Rinoa, ésta no pudo evitar estremecerse de placer. Un leve gemido se escapó de su garganta y Squall supo al instante que ella deseaba aquello tanto o más que él. No tardó ni medio segundo en elevarla del suelo y llevársela a horcajadas hasta el borde de la cama, donde se sentó con ella encima.

No podía seguir ignorando la necesidad que ambos sentían. Prefería arriesgarse a perder el control que dejar que Rinoa creyese que la estaba rechazando.

- Llevo todo el día esperando esto –susurró ella mirando aquellos ojos azules cargados de pasión-.

La besó de nuevo y lo notó sonreír contra su boca.

- Solo tenías que pedirlo, jamás me negaría –comentó el sin apartar su boca de los labios de Rinoa-.

- Pensé que las chicas no tenían que pedir este tipo de cosas –contestó juguetona-.

La pelinegra dibujó la mandíbula del chico con su dedo índice para después besarle de nuevo. Primero el labio superior, luego el inferior, le encantaba besar a ese hombre.

Entre beso y beso se vio despojada de su camiseta y sujetador, quedándose tan solo con el diminuto pantalón negro. Squall recorrió con sus manos la fina cintura de la muchacha hasta que sus pulgares rozaron la cara exterior de sus pechos.

Rinoa se preparó para el contacto de las fuertes manos en aquella zona tan sensible pero el joven decidió desviarlas hasta su espalda, la cual recorrió de arriba abajo dibujando la línea de su columna vertebral.

- Hace tiempo que no estábamos así y desde el último ataque… no sé qué puede pasar –comentó el mientras acariciaba la cara de la joven-.

Rinoa meneó la cabeza de forma negativa y lo besó repetidas veces.

- Nunca me has hecho daño y no soporto que estés apartado de mí. Estamos juntos ¿recuerdas?

Squall la besó y volviéndola a coger de la cintura, por fin la tumbó en la cama. En aquel movimiento el chico aprovechó para quitarse el pantalón del pijama, la única prenda que llevaba. Rinoa sonrió mientras se mordía el labio inferior, ahora aquel cuerpo que la volvía loca, estaba completamente a su merced. Lo atrajo de la nuca y le permitió descargar todo su peso sobre ella, mientras lo besaba con intensidad pero sin ninguna prisa. Podía sentir cada parte de él, cada musculo rozando su piel, una y otra vez y pensó que podía estar así eternamente.

Cuando el chico creyó que ya se había deleitado suficiente con aquellos labios, decidió que ya era hora de prestar atención a otras partes de aquel maravilloso cuerpo que descansaba bajo el. Besó sus mejillas, sus mandíbulas y acarició con su nariz el cuello de la joven hasta llegar a las clavículas. Desde ese punto fue dejando un reguero de besos, pasando por el centro de sus pechos hasta llegar hasta su vientre. Oyó reír a Rinoa, posiblemente a causa de su pelo haciéndole cosquillas en su piel. Dibujó con sus dedos los huesos de las caderas y por fin se deshizo de la única prenda que le quedaba a Rinoa. Lanzó aquel par de prendas hacia un lado de la habitación y Rinoa lo vio sonreír de medio lado cuando volvió a tumbarse sobre ella.

- ¿Te diviertes? –preguntó ella entre risas mientras enredaba una de sus manos en el suave cabello del joven y la otra se paseaba por la ancha espalda-.

- Mucho –contestó el para volverla a besar-.

La pelinegra pudo sentir entonces como el miembro de Squall rozaba su intimidad haciendo que sus caderas se elevasen contra el por mero instinto.

Los labios del hombre volvieron a traerla devuelta mientras acariciaba con delicadeza uno de sus pechos distrayéndola del contacto en su parte inferior.

- Squall…

Susurró su nombre a modo de súplica y el chico la entendió a la perfección.

Con lentitud se introdujo por fin en ella y vio como Rinoa gemía mientras mordía su labio inferior. Aquel pequeño cuerpecito se estremeció ante ese primer contacto y dejó que se amoldara a él, como siempre hacía.

El chico se irguió sobre sus brazos y miró a Rinoa con tanta ternura que esta creyó desvanecerse. Después la sonrió de esa manera que nadie había visto jamás y se inclinó para besarla con suavidad.

Comenzó a moverse sobre ella muy despacio, sin dejar de besarla en ningún momento. Rinoa podía sentirlo en toda su plenitud haciendo que en cada lento roce su cuerpo vibrase de placer. Le encantaba aquel ritmo y él lo sabía. Su cuerpo y mente podían permitirse el lujo de disfrutar mucho más de cada roce, caricia o susurro que ese hombre le proporcionaba.

Unos leves gemidos acompañados de algún que otro suspiro de placer, comenzaron hacerse dueños de la pareja. Squall la miró de nuevo y sin poder evitarlo, se deleitó con ese cuerpo perfecto que yacía bajo el y se estremecía con cada caricia. Su piel perfecta, tan suave al tacto de sus manos algo ásperas, era como una droga, imposible dejar de besarla. Y sus pequeñas manos arañando su espalda y pecho con cada suave embestida, le hacían casi enloquecer de placer. Toda ella era adictiva.

De pronto sintió como Rinoa lo cogía del cuello y lo atraía dejándole descargar todo su peso sobre ella y eliminando así, el espacio entre ambos cuerpo. El chico se detuvo en lo más profundo del interior de Rinoa, dejándose embriagar por la presión tan placentera que le proporcionaba la estrechez de ella.

- ¿Sabes que eres perfecta? –dijo en un sonido ronco mientras besaba el cuello de la chica-.

La pelinegra simplemente sonrió para después besarlo y moviendo sus caderas, incitó al muchacho a seguir con aquel vaivén de caderas. El peso de Squall sobre ella la hacía sentir extremadamente protegida a la vez que deseada y ese cuerpo, que era puro músculo, rozándose contra ella, le parecía la perfección absoluta.

Squall mantuvo aquel ritmo pausado y sensual hasta que aquellos espasmos de placer absoluto se adueñaron de ella. La oyó gemir y gritar su nombre mientras sus uñas se clavaron en su espalda arrancándole algo de piel en su trayectoria.

Besó a la mujer repetidas veces sintiendo como cada músculo de su intimidad palpitaba contra él, haciéndole perder el control minutos más tarde.

Rinoa oyó gruñir de placer al joven contra su cuello y sintió como su enorme cuerpo se relajaba por completo sobre ella. Sus caderas aún se movían, de vez en cuando contra él y se sorprendió de que ese placer extremo aun perdurara.

El chico por fin se irguió levemente sobre sus brazos mientras acariciaba las mejillas de Rinoa con su nariz y frente. Ésta sonrió al ver al joven tan cariñoso, parecía un gato frotándose contra su dueña.

- ¿Por qué no puedo dejar de besarte? –murmuró contra los labios de ella-.

La risa de la pelinegra se escuchó en la habitación y cogiéndole de las mandíbulas, lo miró.

- La verdad que eres encantador cuando estas así.

- Normalmente soy un capullo ¿no? –dijo algo serio-.

- Un poco –bromeó ella-.

Squall pellizcó su cintura dándole un toque de atención por el último comentario y ésta se retorció levemente bajo su cuerpo mientras soltaba otra carcajada. El joven aprovechó para hacerse a un lado y dejarla más espacio, aunque no tardó mucho en atraerla hacia su pecho. Rinoa sintió al instante como el fuerte brazo la rodeaba de la cintura sin posibilidad de escapatoria. Sus rostros quedaron a escasos milímetros y sus labios se rozaron una y otra vez, sin ninguna prisa.

- No me voy a ir a ninguna parte, Comandante –bromeó la joven con voz sensual sintiendo que el chico no la dejaba casi espacio para moverse-.

El castaño rio de medio lado ante la obviedad del comentario, esa mujer era suya y de nadie más. La miró con intensidad para después besar su frente de manera protectora.

- Siento haber estado tan distante, de verdad. Solo quería protegerte y no me daba cuenta de que lo único que necesitabas era que estuviese a tu lado –comentó con seriedad-. Y lo de hoy… me ha sobrepasado, no me esperaba algo así –añadió realmente dolido mientras retiraba un mecho de ella de su cara-.

- Lo sé y lo entiendo –se apresuró a decir mientras intentaba calmarlo con sus besos-. Pero todo ha ido bien ¿no? El virus no…

El joven negó con la cabeza.

- No he notado nada, hacia tiempo que no me sentía así. Tal vez lo que me dio Wexford es más efectivo de lo que le creía, mañana se lo comentaré.

De pronto el móvil de Rinoa interrumpió aquel momento tan íntimo y la joven no pudo evitar suspirar de manera molesta. Squall la soltó muy a su pesar y la observó ponerse su camiseta de tirantes y las braguitas que el mismo, había lanzado hacia un lado de la habitación.

- Selphie… -dijo enseñando el móvil a Squall-. Seguro que está preocupada.

El muchacho suspiró y se sentó en el borde de la cama.

- Dile que estoy bien, de verdad –dijo mientras se ponía el pantalón del pijama y se dirigía al baño-.

Cuando descolgó, la vocecita de su amiga se escuchó al otro lado. Realmente estaban preocupados y necesitaban saber si Squall estaba bien. La pelinegra la tranquilizó diciéndole que ahora el estaba mejor y que mañana hablarían. Cuando dejó el móvil de nuevo en la mesilla de noche, se dirigió al baño donde encontró a Squall bebiendo agua del lavabo.

- Querían saber cómo estabas –comentó ella pegándose a la espalda del muchacho-.

Aún no había saciado su necesidad de tocar ese magnífico cuerpo. Así que no dudó en rodearlo por la cintura y disfrutar un rato de los músculos de aquel duro abdomen.

- Si, lo sé, Seifer me ha comentado que Selphie especialmente estaba en modo alarmista.

Rinoa rio y supo que aquello posiblemente sería verdad, cuando ocurría algo en el grupo era la primera en sacar las cosas de quicio. Esta elevó entonces la mirada para encontrarse con la de Squall a través del espejo pero sus ojos se detuvieron en el hombro del muchacho al que abrazaba. Vio que tenía un arañazo reciente y sus uñas encajaban a la perfección en la herida.

- ¿Yo te he hecho esto? –preguntó entre la sorpresa y la vergüenza mientras acariciaba la marca-.

Squall se giró levemente para mirarse el hombre y sonrió a la mujer de manera sensual.

- Eso parece.

- Lo siento, no me he dado cuenta –se disculpó avergonzada mientras le soltaba y le daba la espalda-.

- Oye, no pasa nada, eso significa que te lo has pasado bastante bien ¿me equivoco? –preguntó cogiéndola de la cintura-.

Rinoa se ruborizó levemente y haciendo un ademán de cabeza, comenzó a caminar en dirección a la cama con el chico pegado a su espalda y rodeándola por la cintura.

- He de confesar que lo de antes ha estado bastante bien –comentó divertida mientras ambos se sentaban en la cama-.

Rinoa enseguida pasó sus piernas por la cintura del chico quedando frente a él y esas fuertes manos no tardaron mucho más en comenzar a acariciar sus muslos.

- ¿Bastante bien? –dijo el mientras le mordía en el cuello-.

La pelinegra se removió entre risas ante el cosquilleo que eso le produjo pero para nada abandonó la postura que mantenía.

- Ha sido genial… ¿te vale?

Vio enarcar una ceja al chico.

- ¿Fantástico, maravilloso? –siguió bromeando ella-. Creo que tu arañazo en la espalda lo dice todo.

Squall la miró fijamente y tras pasear su lengua por su labio inferior se inclinó hacia delante y la besó de aquella manera pausada que la enloquecía. ¿Por qué esa noche él estaba extremadamente sensual? Si seguía así, Rinoa no podría resistirse más. Sintió sus manos recorrer su espalda y pararse en su cintura para después apretarla con necesidad. De pronto sintió una urgencia inminente en aquel beso y Rinoa se alarmó levemente.

- Estas bien ¿verdad? –preguntó rompiendo el beso y cogiendo la cara del chico entre sus manos-.

Éste simplemente asintió y atrayéndola de la cintura, la abrazó refugiando su cara en el cuello de ella. Rinoa acarició su nuca y espalda durante un rato, como si fuese una bestia que necesitara que la calmaran.

- Por cierto, hay algo que Jenna me ha pedido que te diga –recordó de pronto sintiendo la necesidad de decírselo cuanto antes-.

El castaño se despegó de su cuello y la miró de manera interrogante. Rinoa suspiró y se dispuso a hablar.

- Me ha dicho que nunca te engañó, Squall. Esa noche no te utilizó para acercarse a ti, ella realmente te buscó porque te necesitaba. Está enamorada de ti –explicó con algo de pena-

Vio como Squall apartaba la mirada al escuchar aquello y al parecer no le impresionó demasiado.

- Te quiere y mucho –dijo con algo de sarcasmo al ser ella la que le dijese aquello-. Necesita tu perdón más que otra cosa.

El chico suspiró exasperado y bajó la cabeza en un gesto de agobio.

- Oye sé que esto es duro, a mi tampoco me resulta fácil decirte algo así y más cuando estuvisteis juntos pero lo que siente por ti es sincero.

- Yo te quiero a ti, no lo dudes nunca y ella jamás podrá interponerse entre nosotros ¿vale? –dijo acariciando la mejilla de ella con sus nudillos-.

Necesitaba decirle que ella era lo más importante en ese momento y que nada ni nadie le harían dudar de sus sentimientos.


Squall se desperezó entre las sabanas y la brisa fresca de la mañana acarició su cuerpo semidesnudo. Estiró uno de sus brazos y comprobó que Rinoa no estaba a su lado. Algo sorprendido se irguió y vio que ya eran las diez de la mañana. Hacía días que no descansaba la noche entera. Se desperezó por segunda vez y con agilidad, se levantó de la cama y fue directo a la ducha.

Cuando acabó de ponerse la camiseta blanca de manga corta y llegó al salón, pudo divisar a Rinoa intentando alcanzar en vano, uno de los vasos del armario de la cocina. Éste no pudo evitar sonreír al ver la escena y con rapidez, se aproximó a ella. Colocándose tras su espalda, levantó un brazo por encima de ella y cogió el vaso. Tras besarla en la mejilla, lo dejó en la encimera.

- Gracias –sonrió ella-.

- Lo siento, aún tengo la costumbre de dejarlos en esa balda –se disculpó dándose cuenta de que Rinoa no los alcanzaría jamás debido a su altura-.

- No te preocupes

Rinoa era consciente de que apenas llevaba allí unos días y que el muchacho aún no se había acostumbrado, en algunos aspectos, a tenerla allí.

El chico la observó durante unos segundos y después se recostó sobre la columna que había tras él.

- Ayer no te dije nada pero siento lo de Jared –habló Squall con esa voz tan serena-.

Rinoa lo miró de manera inquisitiva.

- Siento que te engañara. No puedo ni imaginar cómo te sientes.

- Bueno Jenna…

- No se acerca ni de lejos. Ella esta arrepentida y lo que me contaste ayer… la creo.

Squall desvió la mirada para después posarla de nuevo en Rinoa.

- En cambio Jared… ¡Joder, está completamente loca!

- Lo sé.

La pelinegra dejó caer su mirada hasta el suelo al recordar los últimos meses junto a ese hombre.

- No sé cómo no me dí cuenta. Los últimos meses con el fueron un maldito infierno, todo el día discutiendo, haciéndome la culpable de todo lo que le pasaba… fue horrible.

Rinoa dejó el vaso sobre la encimera y volvió a enfrentarse a la mirada del joven que tenía en frente.

- Rinoa, no tenía ni idea. Cuando os veía juntos no parecía…

- Ya… No quería que nadie se diese cuenta. La verdad que me moría de ganas de acudir a ti, de contarte como me sentía… de que me protegieras… como siempre –añadió casi en un susurro-,…pero desapareciste.

De pronto la muchacha sintió como el Squall tiraba de su brazo y la refugiaba contra su pecho.

- Lo siento, no debí dejarte, nunca –dijo mientras besaba esa pequeña cabecita que se mantenía bajo su barbilla-.

Rinoa irguió su cabeza hasta esconderla en el cuello del chico mientras se aferraba con más fuerza a la fuerte espalda.

- Te echaba tanto de menos… -confesó ella-.

Todo el mundo sabía lo mucho que Squall había sufrido en aquel lugar pero ¿y esa mujer? Se había sentido abandonada y rechazada. Y no pudo imaginar el dolor que sentiría al enterarse de que la persona que más había querido, había desaparecido para siempre.

- No pienso abandonarte nunca ¿me oyes? –prometió el mientras estrechaba aquel abrazo-. Y mucho menos que Jared te haga el menor daño… pienso arrancarle los pulmones en vida –añadió con sarcasmo-.

Rinoa dejó escapar una risa seca al oír el comentario pero antes de que dijese nada, el móvil de Squall, los sobresaltó.

El castaño bufó y besando la frente de Rinoa, miró quien llamaba.

- ¿Jenna? –se sorprendió-.

El chico se quedó un rato mirando la pantalla mientras el móvil seguía sonando.

- Piensas contestar ¿no? –dijo Rinoa con el ceño fruncido-.

Squall la miró y por fin descolgó.

- Que quieres…

- Buenos días a ti también. Le he contado todo a mi hermana. En breve vendrá un taxi a recogerlas. Se van Winhill y no volverán hasta que todo esto acabe. Me gustaría que os despidieseis, nada más. Estamos abajo.

Squall no pudo decir nada porque Jenna colgó el teléfono rápidamente. Éste miró algo incrédulo la pantalla y después lo guardó en el bolsillo trasero de su pantalón.

- ¿Y bien? –preguntó Rinoa-.

- Linet y Ada se van a Winhill, me ha dicho que bajemos a despedirnos.

- Pues vamos –dijo la pelinegra arrastrando de la mano al chico-.


Cuando salieron a la calle, Linet estaban sentadas en el muro que daba a la playa mientras que Jenna jugaba con la pequeña Ada en la arena.

La pareja se acercó y enseguida Linet se levantó y se abrazó a Squall.

- Todo esto es verdad ¿no? –dijo con voz asustada-.

- Me temo que sí, lo siento. –contestó mientras la separaba de él-. Pero en Winhill estaréis bien. Soldados de Esthar estarán con vosotras allí y cualquier problema que surja, lo sabremos. Esteréis bien protegidas.

- Aun no puedo creer que mi propia hermana… pero está muy arrepentida, me ha dicho que os ayudará en todo lo que pueda. Creedme que ella quiere acabar con esa gente tanto como vosotros.

Rinoa vio la aflicción en la mujer y por inercia, acaricio su espalda para tranquilizarla. Squall se había quedado mirando a Jenna, todo el mundo se fiaba de esa mujer y ¿porque a el le costaba tanto?

- Creo que debería ir a hablar con ella –dijo de pronto el muchacho-.

- Está deseando que lo hagas –confesó Linet-.

Rinoa y la mujer vieron como Squall saltaba el muro con agilidad y caía sobre la arena.

- Es un gran hombre –dijo Linet observando los pasos de Squall-.

- Pues deberías verle sin camiseta –bromeó Rinoa-.

Las dos mujeres rieron con el comentario.

- En serio, Rinoa cuida de él ¿vale? Él es importante para nosotras –dijo Linet con seriedad-.

- Lo haré, te lo aseguro. No pienso dejar que nadie me separe de él de nuevo.


Cuando Squall llegó hasta Jenna, la pequeña niña correteó alrededor de él mientras le sonreía para después alejarse de ellos y seguir jugando.

- Jenna…

- Puedes seguir odiándome, creo que puedo acostumbrarme. Realmente nunca has sido amable conmigo –sentenció la mujer dándole la espalada al joven-.

Squall suspiró algo exasperado. Era difícil mantener una conversación civilizada con tanto sarcasmo de por medio.

- Rinoa me contó anoche lo que le dijiste.

- ¿Qué estoy perdidamente enamorada de ti? ¿Y qué me siento como una mierda por haberte tenido que hacer todas esas cosas? –volvió a decir con ironía acusada-.

- ¡Oye!

Squall la cogió del brazo y la giró para que lo encarase.

- Estoy intentado arreglar las cosas –dijo Squall soltando su brazo-.

- Tal vez soy yo la que no puede arreglar las cosas. Me siento avergonzada Squall, dolida, arrepentida y siento tanto miedo que no se si podré dormir de nuevo por las noches.

El castaño se sorprendió al ver a aquella mujer así. Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas pero las limpió con rapidez mientras desviaba la vista hasta Ada para cerciorarse de que no la había visto. Quería, o más bien debía, ser fuerte por su familia pero por dentro se estaba resquebrajando en mil pedacitos.

- Ven aquí

Squall no lo dudó y cogiéndola de la muñeca la envolvió entre sus brazos. Jenna se quedó inmóvil, sin decir una palabra y sin apenas poder respirar. Sintió una de las manos del joven acariciando su nuca y la otra su espalda. Cuando reaccionó, sus brazos se movieron hasta rodear la ancha espalda de ese soldado. ¿Así que era eso lo que sentía Rinoa cada vez que ese hombre la abrazaba? Jamás se había sentido tan protegida entre unos brazos.

- En el jardín estarás segura, te lo prometo. Pero necesitamos que nos ayudes.

- Lo haré –dijo la chica separándose de Squall y limpiando sus lágrimas-. El taxi está aquí –añadió señalando el coche-.

Jenna llamó a su sobrina y volvieron junto a Rinoa y Linet. Se despidieron de nuevo y Squall se agachó junto a Ada.

- Y tu enana, pórtate bien ¿vale?

La niña asintió y se abalanzó al cuello de Squall para después besar su mejilla. El chico sonrió y vio como Linet y Ada se metían en el coche para marcharse de allí.

Los tres habían sentido un gran alivio al saber que lejos de Balamb estarían más seguras y protegidas en todo momento.

Ahora debían volver al jardín y empezar a poner en marcha un plan para acabar definitivamente con esos malditos laboratorios.


Finitoooo. Larguito ¿no?. Espero que os haya gustado y no mataros de aburrimiento jejejej. Como siempre gracias y espero vuestros reviews

Hasta la próxima ^^

Ilustraciones: riny-san(punto)deviantart(punto)com