Epilogo
Elizabeth Grandchester era la niña más alegre y vivaz de todo Manhattan, pero si algo había logrado opacar su felicidad, eso había sido la llegada de su nuevo hermanito. Durante cuatro años Izzy había tenido la atención absoluta de sus padres, tíos y abuelos, pero ahora ya nada era lo mismo.
- No me gusta – Le dijo la pequeña a su madre frunciendo el ceño.
Candy estaba sentada en la mecedora con su bebé de tan solo unos pocos meses de edad en sus brazos. Jacob era un niño bastante inquieto y demandaba constantemente la atención de su madre.
Cuando la escuchaba hablar de ese modo, Candy solo sonreía y le acariciaba sus risos castaños. Izzy estaba celosa, pero eso era algo normal en una niña tan mimada como ella.
- ¿No podemos devolverlo? – Insistió la pequeña por enésima vez.
- Cariño, los bebes no pueden devolverse.
- Entonces nunca lo hubiesen traído.
- Ven aquí mi amor – Le dijo Candy. Izzy dudó un poco en acercarse, pero al final decidió ir a refugiarse a los brazos de su madre – No tienes que estar celosa de Jacob – Le dijo mientras le acariciaba el rostro – Él es un bebé ahora y necesita cuidados especiales.
- Yo también los necesito.
- Pequeña… siempre vas a tener todo nuestro amor.
A Izzy le hubiera gustado creer en las palabras de su madre, pero ya habían pasado una situación similar un año atrás cuando a sus abuelos se les había ocurrido traer un nuevo bebé a la familia. Claro que no era lo mismo, pues no vivían en la misma casa que ella, pero aun así, le molestaba no tener la atención absoluta.
Izzy sintió como unas manos fuertes la tomaban por detrás y la alzaban.
- ¿Cómo estas pequeña?
Terry había llegado temprano ese día. Hacia un par de años que se había convertido en el primer actor de la compañía Stanford, y su éxito ascendió considerablemente después de su primer papel como actor principal.
Claro que todavía tenía que lidiar con las molestas admiradoras que lo acosaban día y noche, pero afortunadamente, Candy había logrado controlar sus celos comprendiendo que solo era un trabajo.
- Papi, no quiero al bebé en casa – Volvió a quejarse Izzy – Creo que aún estamos a tiempo de devolverlo.
- No podemos hacer eso, mi amor – Le dijo Terry después de besar a su esposa y a su hijo – Pero te propongo algo.
- ¿Qué? – Preguntó la niña con curiosidad.
- ¿Qué te parece si vamos a dar un paseo por el parque? Solo tú y yo. Podemos llevar algunos juguetes y si quieres te compraré un helado.
- De acuerdo – Aceptó Izzy después de pensarlo por unos segundos. Le encantaba el helado, y Terry sabía que siempre podría sobornarla con eso.
- No vuelvan tarde – Les advirtió Candy cuando Terry y su hija salían de la habitación – Recuerden que hoy a la noche vendrán a cenar nuestros padres y los niños.
- Estaremos aquí a las cinco en punto – Prometió Terry antes de irse.
Candy sonrió y pensó en lo afortunada que era por tener una familia así. Aún recordaba el día en que al fin ella y Terry se habían convertido en marido y mujer oficialmente.
Flashback
Era un día soleado de verano, y un ambiente festivo se respiraba en Lakewood. El duque había querido celebrar el matrimonio en Londres, pero la guerra estaba en su momento más terrible, y además, es sueño de Candy siempre había sido casarse en ese lugar que tanto significaba para ella.
Allí en Lakewood Candy vivió su infancia, momentos lindos y otros no tanto, pero estaba segura que ese era el lugar donde quería formalizar su unión con el hombre que amaba. Y por supuesto, Terry haría cualquier cosa con tal de complacerla a ella.
La fiesta se realizaría en el jardín de la mansión de las rosas, rodeados únicamente por las personas que significaban algo para ellos. Sin duda alguna, lo que más feliz hacia a Candy era ver a sus seres queridos todos juntos y felices.
Annie por fin había logrado perdonar a Archie y comenzar una nueva vida junto a Félix. Ya no sentía vergüenza por la cicatriz que llevaba en el rostro, pues Félix no se cansaba de decirle lo hermosa que era. Por supuesto, una de las cosas que había completado la felicidad de Annie había sido conocer a sus verdaderos padres. Claro que nunca lograrían superar el amor que ella sentía hacia los señores Britter, pero se sentía bien conocer su origen, y sentirse tan querida. El enterarse que Harper era su hermana gemela la había shockeado un poco, pero no se había sentido devastada con su muerte, tal vez porque nunca habían sido exactamente hermanas. Ahora solo le quedaba esperar la fecha de su propia boda, que estaba segura sus padres no tardarían en confirmarla.
Archie era inmensamente feliz por todo lo que tenía. Quien iba a decir que aquel joven elegante y sobrio podría llegar a sentir tanto amor por ese bebé que ni siquiera compartía su misma sangre. No había tardado mucho en pedirle matrimonio a Karen y concretar esa unión en una pequeña capilla de la ciudad de Nueva York a escondidas de todos. Claro que no pudieron ocultarse de un fotógrafo entrometido que no tardo en vender la historia de la boda de la actriz a la prensa. La tía abuela estuvo al borde de un ataque de nervios al enterarse que su querido sobrino se había casado con una mujer como Karen, pero una vez más, no pudo hacer nada para evitarlo. Aunque sin duda alguna, el mayor problema que se había presentado para Elroy había sido la más reciente rebelión de Albert.
Ambar había recibido un telegrama desde Madagascar, allí la necesitaban con urgencia, y ella no pudo negarse. Albert no estaba dispuesto a dejarla ir, así que hiso lo que le pareció lo mejor, se fue con ella. Hacía poco habían recibido noticias de ellos, se habían casado en una sencilla ceremonia en medio de la selva, y lo único que lamentaron fue no poder compartir ese momento con sus seres queridos. Pero ahora estaban allí, en Lakewood, para presenciar la boda de Candy y Terry.
Con Albert en África y Archie en Nueva York, solo había una persona que podía ponerse al frente de las empresas Andrey. Si bien Stear tenía otros intereses, aceptó con resignación ocupar ese lugar. Después de todo, cumplía con todas las condiciones que el consorcio demandaba, tenía una inteligencia superior y estaba prometido con una buena mujer. Seguramente, la tía abuela no tardaría mucho en anunciar el matrimonio entre Stear y Patty.
Los Leegan habían logrado sobrevivir a la bancarrota gracias a la ayuda de Albert, y ahora veían las cosas de un modo distinto. Ya no se dedicaban a despilfarrar el dinero y tomaban más en serio los negocios que realizaban. Eliza se había mudado definitivamente a Nueva York donde convivía con Sam, incluso estaban pensando en casarse.
Neil había sido condenado por el secuestro de Candy y llevado a prisión. Eliza y sus padres habían ido a visitarlo un par de veces, pero la actitud de él era poco alentadora, y habían desistido de hacerlo.
Eleanor y Max al fin habían decidido sacar a la luz su romance para evitar especulaciones, y ahora estaban felices de no tener que seguir escondiéndose para poder estar juntos. Hacía una semana que Max había abierto su club, el cual había resultado ser todo un éxito y tanto Eleanor como Candy estaban orgullosas de él. Pero Delfina era sin duda la que más había salido ganando en todo eso. Había encontrado en Eleanor y Max los padres que siempre había soñado, y no podía pedir nada más en la vida.
En cuanto a la familia de Terry, Richard había tenido tiempo de recapacitar el tiempo que estuvo alejado de sus hijos, dándose cuenta que de nada servía querer obligarlos a ser lo que él mismo quería que fueran. Cuando Candy le había contado los deseos de Terry por ser actor, no pudo negar que en un primer momento se sintió ofuscado, pero después de considerarlo detenidamente, decidió que ese sueño no tenía nada de malo, y en el fondo le gustaba que su hijo tuviera las suficientes agallas para hacerlo realidad. Todo eso también lo había hecho pensar en los propios deseos de Edwin, tal vez en la sociedad no sea bien visto ser homosexual, pero esos prejuicios debían terminar, y que mejor manera de hacerlo que aceptando a su propio hijo. No importaban las inclinaciones de Edwin siempre y cuando fuera feliz con las decisiones que tomara.
Candy y Terry estaban felices de ver como las cosas estaban tomando su rombo, y la culminación de todo era su propia boda. Candy vistiendo un precioso vestido blanco hecho especialmente para ella, bordado con perlas y cristales, y Terry, impecable con un traje negro que su padre había traído de Paris. No había mucha gente presente, solo su familia, amigos, e incluso los niños del hogar de Pony. Todos habían querido presenciar la felicidad de aquellas dos personas que tanto significaban para ellos.
Allí, parados frente al cura, prometieron amarse por el resto de sus vidas, una promesa que estaba dispuesto a cumplir pasase lo que pasase.
Durante su viaje de bodas a Europa, Candy sorprendió a Terry con una noticia que iba a cambiar sus vidas por completo.
- ¿Sabes una cosa? – Le dijo mientras observaban el mar desde la cubierta del barco – Tu padre cometió un acierto al decidir adelantar la boda un par de semanas.
- Estoy de acuerdo – Sonrió él.
- Porque nos hubiéramos visto envueltos en un problema cuando se dieran cuenta que nuestro hijo nació antes de tiempo.
- ¿De qué hablas? Nosotros no… - Entonces comprendió lo que Candy estaba diciendo - ¿Estás hablando en serio? – Ella asintió con la cabeza y Terry la tomó fuertemente entre sus brazos, riendo y festejando como un loco - ¿Cuándo lo supiste?
- Hace un par de días… aún no he ido a ver un médico, pero puedo sentirlo dentro de mí.
Y así fue como, al volver de su luna de miel, Terry obligó a Candy a ir a una revisión médica donde les confirmaron la feliz noticia.
Ocho meses después, nacía Izzy, la pequeña que alegraba cada día las vidas de sus padres con su sonrisa.
Fin de flashback
Como Candy había previsto, Terry e Izzy habían llegado una hora más tarde de lo que habían prometido, cubiertos de barro de pies a cabeza.
- Tienen cinco minutos para bañarse y vestirse – Sentenció Candy con menos severidad de la que hubiera querido. Sus padres no tardarían en llegar y no podían encontrarlos en ese estado.
Una hora después, Eleanor y Max estaban sentados en el comedor junto con sus hijos y nietos. Era increíble como habían logrado formar una familia cuando ambos se habían creído demasiado adultos como para hacerlo. Aparte de Candy y Terry, tenían a Delfina, quien se había convertido en una niña hermosa y alegre. Pero la noticia que más los había impactado, era saber que después de dos años de casados, Eleanor había resultado embarazada. Era una noticia que no se esperaban, pero decidieron tomarla de la mejor manera y cuando el pequeño Eric llegó a sus vidas, sintieron que todo valió la pena.
Allí sentados a la mesa, todos conversaban y reían. Esa era la familia que todos habían deseado, y era algo real. Nada más podían pedirle a la vida.
Bueno… ahora sí llegamos al final de esta historia. Espero no haberlas decepcionado con el epilogo y que les haya gustado.
En breve estaré llegando con una nueva historia que estoy armando y espero que les guste tanto como esta!
Besosssssssssssssssssss
