Capítulo 35: Nuevas patadas.

Edward pov.

Joder…

¿No se daba cuenta de lo que sus susurros provocaban en mi entrepierna?

No era normal que quisiera enterrarme en ella como un puto animal en su estado. No era normal que quisiera follarla rudo y fuerte. No era normal que pensara en tirármela de esa manera cuando yo sólo le hacía el amor.

No, no era normal…

-Vamos, te acompaño…- susurré separándome de ella un poco, era irracional estar restregándome con mi mujer en la presencia de mi madre…

-Cla… claro- sonreí como un puto pervertido cuando escuché su voz nerviosa.

-Iré a buscar a tu padre- dijo mi madre mirándonos con una sonrisa pícara y vi cómo Bella se ruborizaba levemente.

Era adorable y tremendamente sensual…

-Vale- murmuré viendo cómo mi madre bajaba por las escaleras- Vamos- me puse al lado de Bella y le cogí la mano para ayudarla a subir.

Nos encaminamos hacia mi antigua habitación y entré en ella, maravillándome con su modificación…

Ahora en vez de haber una cama individual, había una cama de matrimonio justo en el centro de la estancia, con un dosel blanco.

-Es preciosa- susurró mi hermosa esposa tocando delicadamente la suave y fina tela.

-No más que tú- agarré su cintura y la acerqué a mi tan excitado miembro.

-Mierda…- susurró con los vellos erizados de su nuca.

Sonreí.

-Siempre he querido hacerte el amor en ese escritorio…- susurré señalando mi viejo escritorio, ahora totalmente reformado y pintado.

-Joder…- volvió a susurrar y se giró, quedando sus labios a escasos centímetros de los míos- ¿Te das cuenta que tus palabras me afectan más de lo que parece, verdad?- sólo pude sonreír y acercarme más a su boca- Estamos en casa de tus padres, Edward- susurró con voz ronca y mi entrepierna palpitó desesperada.

-¿Y tú te das cuenta de la provocación que eres para mí?- mordí su labio inferior y gimió sobre mi boca- ¿Te das cuenta que sólo quiero follarte duro y mi autocontrol se está yendo a la mierda?- sus ojos se oscurecieron a tal punto que se veían casi negros.

-Mierda…- susurró por segunda vez y metió su deliciosa lengua en mi boca sin previo aviso, gimiendo y llevando sus manos a mi entrepierna.

-Joder- susurré cuando sus manos agarraron mi miembro y me mordió la lengua con suavidad.

-Quiero que me folles duro y sin contemplaciones, Edward Cullen- su voz estaba cargada de deseo y fue lo único que me faltó para que la cogiera de la nuca y la besara con hambre.

Sus labios se acoplaban a los míos como si estuvieran hechos para estar juntos y su lengua luchaba con la mía por llevar el control. Sus manos nunca dejaron de apretar mi miembro y las mías, bajaron por su cuerpo, deleitándome con cada trozo de piel expuesta que tocaba…

Cuando no pudimos respirar más, nos separamos y la cogí en peso, haciendo que sus hermosas piernas se enrollaran en mis caderas.

-Te amo- susurré antes de dejar su trasero en el filo del escritorio y levantarle el fino vestido en el proceso.

-Y yo a ti- me sonrió seductoramente y atacó mis labios nuevamente mientras sus hábiles manos me quitaban el cinturón y la cremallera de mi pantalón- ¿Sabes?- gimió cuando dejó mis labios- He leído que el semen es muy bueno para que el útero esté preparado para el parto y yo quiero que mi hijo nazca perfectamente bien- se mordió el labio inferior y le besé con toda el hambre que sentía desde que la había visto con ese vestido y esos tacones…

-Por supuesto- sonreí torcidamente y le abrí las piernas, metiéndome en ellas- No sabes lo que provocas en mí…- su mano liberó a mi miembro de su liberación y saltó entre nuestros cuerpos.

-Oh, estás muy excitado…- susurró cerrando los ojos y tocando la gota perlada que decoraba mi glande…

Sonreí como un idiota viendo su cara de placer.

-Agárrate a mis hombros, princesa- le besé en la frente mientras le retiraba el tanga y me enterré en ella de una sola estocada.

-Oh, por DIOS…- gimió y mi boca se posó en la suya para que los audibles gemidos no se escucharan…

Embestí más fuerte en su interior, pero con mucho cuidado, pensando en su sensibilidad y en mi hijo.

-Más fuerte, Edward, ¡más!- pidió frenética y no pude evitar sonreír por su ansiedad.

Aumenté el ritmo y nuestras pelvis chocaban en total sincronización.

Mis labios atacaron los suyos, adentrando mi lengua en su exquisita cavidad mientras mis manos la apretaban más contra mi cuerpo.

-Dios… eres increíble- susurré sobre sus labios y sus ojos se inyectaron en los míos con todo el amor y pasión que sentían en este mismo instante.

-Te amo- me susurró moviendo sus caderas, provocando que los dos sintiéramos más placer aún.

Muy pronto, sus paredes se contrajeron alrededor de mi miembro, apretándolo, asfixiándolo en su interior y me derramé en su cavidad a la vez que ella gritaba mi nombre como una enloquecida.

-Te amo- susurré pegando mi frente a la suya, sintiendo el sudor de nuestros cuerpos y la respiración errática de ambos.

-Creo que nunca me cansaré de esto- sonrió cerrando sus ojos y acercó sus labios a los míos para besarme suavemente- Gracias por complacerme en todo, mi vida- sonreí sobre sus labios al escuchar eso y la abracé con todo el amor que sentía por ella.

-Te amo más que a mi propia vida, princesa- sus pequeños brazos pasaron por mi cintura y me apretaron a su cuerpo, sintiendo la notable barriguita en mi torso- Te amo, hijo- mis manos se posaron encima de su vientre y ella suspiró con lágrimas en sus ojos.

-Te amo, mi amor- me sonrió cálidamente y abrió los ojos a la vez que sus deliciosos labios se posaban en los míos y se separaba un poco de mí- No creo que necesite media hora para ponerme un bikini, ¿no crees?- sólo pude sonreír torcidamente.

-Bueno… te ha costado mucho encontrar el perfecto- le besé una última vez antes de separarme de ella por completo y ayudarla a bajarse del escritorio que marcó mi adolescencia.

Se bajó el vestido y me sonrió.

-Nunca supe que querías hacerme el amor ahí- señaló el escritorio y yo le sonreí ampliamente.

-No era para menos- me acerqué a ella y puse mi boca en su oído- Ese cuerpo de infarto no me era desapercibido, mi vida- sentí cómo un rubor se extendía por sus preciosas mejillas y no pude más que sonreír como un auténtico pervertido.

Me encantaba su inocencia y sensualidad a partes iguales.

Le besé en la frente una última vez y me encaminé hacia mi reformado armario, ahora para dos, y lo abrí.

-Tienes más ropa tú en casa de mis padres que yo…- susurré mirando la multitud de conjuntos y zapatos de todos los tipos de tacón colocados perfectamente.

-Bueno… es que soy la mimada Swan, mi vida, no te olvides- me guiñó un ojo y me empujó con su deliciosa cadera en la mía, empujándome hacia un lado y adentrándose, literalmente, en el armario- Gracias, Alice- susurró para sí misma sacando un precioso bikini azul eléctrico- Es perfecto- me miró y me tendió el bikini.

-Lo es y lo serás más en tu perfecto cuerpo- me sonrió y no le hizo falta ponerse de puntillas para besarme porque aún llevaba esos hermosos tacones.

-No me dirás eso cuando engorde diez kilos más…- susurró cogiendo el bikini de mis manos y encaminándose hacia el baño, pero antes de que diera dos pasos siquiera, la cogí de la cintura y la atraje hacia mí.

-Siempre serás hermosa, peses cincuenta kilos o peses cien, me da lo mismo, te amaré igualmente, princesa- le besé en el tope de su cabeza y n

-Gracias, mi amor- me besó ligeramente en los labios y se metió en mi baño con su elegante andar- Ponte tu también un bañador, mi vida, quiero que te bañes conmigo- sonreí ante su invitación y me metí en el enorme armario y cogí un bañador negro.

Me lo puse y me giré cuando escuché la puerta del baño abrirse. La imagen más erótica y hermosa se posó ante mis ojos.

El cuerpo de Bella seguía siendo perfecto, con las caderas un poco más anchas y sus pechos más grandes. Sus curvas estaban más pronunciadas que antes y su hermoso vientre se alzaba con firmeza.

Ni que hablar de sus torneadas piernas en esos zapatos de tacón…

-Te juro que ya no te diré más que no te pongas tacones- susurré embelesado con su cuerpo y ella soltó una risilla.

-¿ENSERIO?- se acercó a mí y pasó sus dedos por mi torso desnudo- Está muy bueno, Doctor Cullen- mordió su labio inferior y casi estaba consiguiendo su propósito, pero no…

-No, sabes que te lo digo por tu bien, pero me joderá que no te pongas esos preciosos zapatos- ella sonrió complacida y me besó suavemente en los labios.

-¿Sabes?- susurró sobre mis labios y me miró- Dentro de una semana y media tenemos un evento importante del señor Andrew- sus labios se acercaron a la comisura de mi boca y comenzó a dejar besos húmedos- Tenemos que vestirnos para la ocasión y en mi atuendo no pueden faltar los tacones…- mordió mi labio inferior y luego lo chupó, haciendo que un gemido saliera de mi boca, consiguiendo enloquecerme.

-Bella…- gemí cuando su lengua pasó por la línea de mi mandíbula y se coló en el lóbulo de mi oreja.

-Sólo quiero que accedas a un día más con tacones, nada más- su voz era demasiado sensual y lo siguiente que hizo provocó que un gemido gutural saliera de mi garganta.

Sus dientes atraparon el lóbulo de mi oreja y sus pequeñas manos a mi miembro…

-Si- dije sin pensar en nada más que mi miembro en su estrecha cavidad.

-Gracias, mi amor- me sonrió ampliamente y me besó rápidamente para quitarse los tacones sin ninguna dificultad y sacar unas sandalias bajas del armario.

-Juegas sucio, Isabella Marie Cullen- sonrió ante su nombre completo y se acercó a mí.

Sabía que en ese estado, podía conseguir lo que quisiese…

-Tengo que usar mis tácticas de mujer- me guiñó y me besó en los labios antes de girarse y coger una camisa blanca que se ajustaba perfectamente a su nuevo cuerpo- Sin duda, Alice, es la mejor- susurró mirándose en el espejo de pie que había al lado de la puerta.

-Si, lo es- la cogí por la cintura y la abracé- Has jugado con los instintos de un hombre casado y caliente, señora Cullen- sus ojos se oscurecieron a tal punto que se veían casi negros.

-Ha sido por una buena causa, cariño- iba a decirle que la llevaría a la cama para hacerle el amor, cuando unos golpes en la puerta nos sorprendieron.

-¿Edward? ¿Bella?- era mi madre.

-Pasa, mamá- me puse detrás de Bella para ocultar mi ya excitado miembro y entró mamá con una sonrisa.

-¿Qué tal?- no me pasó desapercibido su sonrisa pícara.

-Estupendamente- dijo Bella y mi madre la recorrió con la mirada.

-¡Hija! Estás muy hermosa- se acercó y le besó en la frente- Alice acertó de lleno- sonreí al saber que tenía toda la razón.

-Gracias, Esme- la voz de mi hermosa mujer era alegre, feliz y yo no pude más que sonreír más ampliamente.

-Venía para deciros de que Carliste y yo nos vamos- alcé una ceja.

-¿Y eso?- el perfecto culo de Bella se restregó contra mi excitada polla y me trague el puto gemido que estaba a punto de salir de mi boca.

-Me ha llamado un cliente y necesito ir ahora- ambos asentimos- No os preocupéis, estaré aquí para la hora de comer, he llamado a Caroline para que haga la comida ella, siento mucho que no os puede deleitar con algo mío- susurró con pena y Bella le cogió la barbilla.

-Esme, no te preocupes- la abrazó- No tenías por qué llamar a nadie, yo cocinado encantada- mi madre sonrió ante sus palabras.

-Nada de eso, querida, tú eres mi invitada y tienes que disfrutar.

-Vamos, Esme, sabes que me encanta cocinar- suplicó mi bella esposa.

-Otro día, ¿está bien?- le sonrió- Sólo quiero que tú y Edward disfrutéis del sol y la piscina, cariño- le apretó cariñosamente la mejilla y le besó en la frente- Hijo, cuídala- yo asentí y me abrazó, aunque yo me separé un poco de ella debido al problema de mi entrepierna…

-Por supuesto, mamá- le besé en ambas mejillas y se dirigió hacia la puerta.

-Volveremos pronto- nos sonrió maternalmente, como siempre, y salió de la habitación con su elegante andar.

-Bien, tengo vía libre para hacértelo donde quiera- le susurré en su oído, restregando mi enorme y dolorosa erección en su trasero. Ella gimió, lo que provocó una punzada en mi polla.

-Dios… ¿puedes dejar de provocarme así?- se giró y me sonrió pícaramente mientras se acercaba a mí, dejando su boca en mi oído- Siempre he querido hacer el amor en una piscina- su voz era jodidamente caliente y no necesité nada más para besarla con hambre, mucha hambre.

Su lengua se enroscó en la mía, abrazándola, excitándola y luchando por llevar el control, deleitándome con su dulce sabor.

En ese momento, sonó el móvil de Bella.

-Joder…- susurró cerrando los ojos y separándose ligeramente de mí.

Bella se encaminó hacia su bolso y lo cogió con elegancia.

-Bella Cullen- sonreí ante la mención de su nuevo apellido- ¡Oh, Jacob!- mi sonrisa se ensanchó al saber quien era- Si, estamos muy bien- se escuchó una risa del otro lado- Si, ya está dando patadas como un futbolista, de momento está ganando su tío Emmett- sonreí ante la mención de mi hijo y me puse en su espalda, tocando su vientre y besando el tope de su cabeza- ¿Cuándo sería?- hizo una pausa- Bien… Edward está de vacaciones, o mejor dicho, vacaciones forzadas- sonreí ante su cabezonería- Así que nos acompañara, ¿te parece?- se escuchó un rotundo sí al otro lado del teléfono- Está bien, se lo diré, dale a Leah mucho besos- hizo otra pausa- Si, si, nos vemos en unos días, te quiero, Jake- y colgó.

-¿Qué pasa?- dejó su móvil encima de la cama y se giró para mirarme.

-¿Te acuerdas de que Jake y Leah se casan en cuatro meses, verdad?- asentí- Bien, pues quieren empezar con los preparativos ya.

-Por supuesto- le besé en su pequeña nariz- Si fuese Alice ya estaría todo preparado…- rodé los ojos y Bella rio.

-Si… pues quiere que le ayude a escoger las cosas- volví a asentir- Vendrás con nosotros, mi vida, si quieres- me sonrió y posó su boca en mi barbilla, inyectándome deseo con su mirada.

-Claro que sí, ¿cuándo quieren empezar?

-Dentro de unos días, me han dicho que cuando estemos libres.

-Bueno… ¿qué te parece después del juicio?- ella lo pensó- De todas formas, puedes ir mirando por internet las cosas y cuando vayas, comprar todo sin perder tiempo a mirarlo- Bella asintió- Además el juicio será en una semana, tampoco es tanto tiempo…- Bella me sonrió a la vez que asentía.

-Por eso me casé contigo, por ser tan perfecto- me sonrió traviesa y pasó su lengua por mi labio inferior.

-Tú sí que eres perfecta- la abracé y sentí una nueva patada de mi hijo en mi torso- Él o ella también opina lo mismo- le sonreí sobre sus labios y la besé una última vez antes de separarme de ella y mirar su espectacular cuerpo- Vayamos a esa piscina.

-Claro- dijo con voz sensual y la cogí de la mano y bajamos hacia el piso inferior.

Nos encaminamos hacia el porche y allí, dejamos nuestros zapatos y la camiseta de Bella encima de una silla y nos sentamos en el borde de la piscina.

-Está muy buena- Bella cogió un poco de agua con sus pequeñas manos y se echó en los brazos, nuca y torso, provocando un pequeño bultito en su vientre.

-Joder… mira- le señalé donde estaba un bultito sobresaliente y ella rio.

-Tu hijo no se esperaba el agua… se ha removido inquieto, lo he notado perfectamente- soltó una risilla y de nuevo, echó agua, con mucha delicadeza, en su torso, provocando que un nuevo bultito saliera- No es como si nunca me hubiera echado agua en el torso, mira cuando me ducho y no pasa esto…- tocó el bultito y éste desapareció levemente- Sin duda, se ha asustado.

-¿No te dolerá, verdad?- susurré mirando la marca de lo que parecían ser unas manitas en su piel.

-No, no me hace daño, cariño, no te preocupes- me besó ligeramente en los labios- Además tú estarás cansado de ver barrigas así- la miré directamente a los ojos.

-Si, pero entiende que no es lo mismo, es mi hijo el que está ahí dentro- ella asintió mientras sonreía.

-Lo sé, tu sobreprotección no tiene barreras- rodó los ojos y se levantó sin ninguna dificultad.

-Y con lo que alucino es que, aunque sea una barriga de casi trece semanas, te levantes y te calces los tacones como si fuese beber agua…- la miré con demasiada lujuria y ella sólo me sonrió seductoramente.

-Cuando tenga la barriga hasta la boca, te quejarás porque no pueda moverme siquiera…- sonreí torcidamente ante sus palabras y me puse justo detrás de ella, pisándole los talones mientras bajábamos por las escaleras de la piscina.

-Ten cuidado- susurré cogiendo su cintura a la vez que bajaba con ella.

-No te preocupes, estás a mi lado y no me pasará nada- el agua ya nos llegaba por la cintura y sentí una nueva patada de mi hijo en mis manos- Auch, eso ha dolido…- sus manos se posaron sobre las mías y le acaricié el vientre con mucha suavidad.

-Madre mía… creo que sólo quiere dormir y está reflejando su fuerte carácter…- ella soltó una pequeña carcajada ante mis palabras.

-Ya… pues va a tener que dormir debajo de agua, porque no pienso salir de aquí hasta que esté completamente mojada- sonreí ante sus palabras y avanzamos dos pasos más, provocando que su vientre estuviera sumergido hasta la mitad.

-Eres imposible- susurré mientras sentía una nueva patada de mi hijo en mis manos.

-¿Yo?- mi esposa se giró y me miró pícaramente con sus pestañas mojadas al igual que parte de su cabello, simplemente hermosa.

-No, nuestro hijo, no para de dar patadas…- ella sonrió con una sonrisa maternal, la primera del día y yo sonreí como un auténtico idiota.

-Bueno… quizás salga tan gruñón como su papá…- se acercó a mí y me besó en los labios, degustando su cálido y dulce sabor.

Me separé de ella y la abracé con mucho cuidado, avanzado hacia el interior de la piscina, provocando que el agua nos llegara a la altura de pecho.

-Dios…- gimió- Está buenísima- cerró los ojos sintiendo el agua colarse por su cuello y yo sonreí.

-Tú sí que estás buenísima- posé mis labios en su cuello y le mordí levemente esa sensible piel.

-Edward…- sabía que era su parte más sensible y eso me enloquecía de sobre manera.

Me paré cuando el agua me llegaba un poco más del pecho. Mis manos agarraron su trasero y ella, inmediatamente, enrolló sus piernas en mis caderas, sintiendo su sexo en mi excitado miembro.

-¿Sabes?- susurró antes de dejarme un húmedo beso en la barbilla- Eres tremendamente insaciable y eso me pone- comenzó a hablar sucio y eso fue como un latigazo para mi entrepierna.

-¿Si?- la piqué y mordí su labio inferior, provocando que gimiera audiblemente- Tú eres la culpable, me seduces y me vuelves loco- ella sonrió coquetamente y sus manos bajaron hasta el cordón de mi bañador, quitando el nudo y bajándolo hasta mis rodillas.

-Dios, Edward…- agarró mi miembro entre sus pequeñas manos y comenzó a acariciarlo, provocando que cerrara los ojos y apretara más su trasero, acercándola a mí. El agua la ayudaba a deslizar el pellejo hasta el final…

-Mierda, Bella…- sentí que se acercaba más a mi cuerpo y que posaba su boca en mi oído.

-Me encanta lo que te hago sentir- bombeó más rápido y constante y yo me sentí desfallecer.

Sería mi muerte, sin duda alguna.

-Joder…- susurré y paralicé sus manos a la vez que deslizaba su braguita hacia un lado y la penetraba suavemente, sin prisas y con todo el amor del mundo- Voy a hacértelo lento, mi vida, para que disfrutes como la diosa que eres…- terminé de embestirla suavemente y ella arañó mi espalda con sus largas uñas.

-Mierda…- susurró cerrando sus preciosos ojos y gimiendo enloquecida.

Sonreí.

Comencé a moverme en su interior, con todo mi autocontrol, sólo quería enterrarme en ella, de nuevo, como un puto animal, pero esta vez no sería así, esta vez le haría el amor suavemente.

Mi pelvis chocaba con la suya, haciendo que mi torso de pegase a su abultado vientre, sintiendo una patada de mi hijo. Paré.

-¿Qu… qué haces?- gimió Bella abriendo sus preciosos ojos y moviendo sus caderas buscando fricción.

-Sh, estate quieta, se ha movido- dije parándola en seco.

-¿Y qué?- me miró con sus ojos llenos de pasión y amor, mucho amor- No es como si hubiera sido la primera vez.

-¿Ah, no?

-No- declaró ella como si nada- Si te lo hubiera dicho, hubiera parado como ahora y no quiero que pares- me encendieron aun más sus palabras, como si eso fuera posible…

-Eres increíble- negué sonriente y ella se movió en mi pene, sintiendo un placer inigualable.

-Venga- estaba ansiosa y eso me encantaba.

-¿Quieres más?- decidí jugar un poco con ella, pero ella, al parecer, no estaba para juegos…

-Edward Anthony Masen Cullen, quiero que te muevas como antes en este maldito instante, no me hagas decir groserías delante de mi hijo- tuve que sonreír como un condenado ante sus sucias palabras e hice lo que me pidió.

-Bien…- susurré antes de cogerla por las caderas y alzarla un poco para deslizarla en mi miembro, provocando un grito de placer.

Sonreí al ver su cara retorcida por el placer, con sus dientes atrapando su labio inferior y sus mejillas sonrosadas.

-Esto se siente jodidamente bien…- susurró bajando sus manos por mis brazos- Estás tan tonificado…- su mirada se clavó en la mía y ahí supe que jamás se iría.

-¿No ibas a hablar groserías delante de nuestro hijo?- gemí y embestí un poco más rápido, pero siempre con mucha suavidad.

-Cállate y sigue- sonreí y la obedecí.

Embestí un poco más, haciendo un ritmo constante y pausado, sintiendo todo el calor de su cuerpo envolverme como siempre lo hacía.

-Ed… Edward…- gimió y su boca se acercó a mi cuello, succionando y mordiendo donde más me gustaba, en el sitio exacto.

-Bella- gemí y busqué su boca para atacarla sin ninguna piedad mientras mis manos bajaban y atrapaban su trasero, sin vacilaciones, y ejercía fuerza para embestirla más profundamente- Eres tan jodidamente estrecha… joder… - susurré sintiendo cómo sus paredes me apretaban en su interior.

-Sigue, Ed… Edward, ¡si… gue!- gritó y arañó mis brazos cuando me sintió más profundamente en su cavidad- Ya cas… casi es… estoy…- embestí más rápido, sólo un poco y sentí cómo su clímax me envolví por completo, sintiéndola aun más estrecha…

-¡Bella!- grité descontrolado, mordiendo su labio inferior mientras mi orgasmo llegaba, justo después que ella.

Bella cayó en mi pecho y yo le besé el tope de la cabeza, aspirando su dulce aroma. Totalmente exquisito.

-Te amo- murmuré levantándole la barbilla y besándola suavemente en los labios- Eres mía- le recordé y ella asintió feliz.

-Soy toda tuya, Doctor sexy Cullen- me guiñó un ojo y me besó en los labios con todo el amor que sentía.

Me salí de su interior despacio y ella gimió cuando la punta de mi miembro salió por completo.

-Creo que nunca me acostumbraré a ese pedazo de carne pecaminoso- sonreí ante sus palabras y la atraje a mi cuerpo para abrazarla con todo lo que sentía por ella.

Su cabeza se quedó en el hueco de mi cuello y mi barbilla en su cabeza. Sus manos se enrollaron en mi cintura y las mías estaban en sus perfectas caderas, meciéndola al compás de la tranquila agua.

-Jamás me imaginé que hacerlo en una piscina fuera tan placentero- susurró haciendo círculos imaginarios en mi espalda, provocando que sonriera- Aunque contigo siempre es placer y amor a partes iguales, mi amor- besó mi cuello y se recostó aun más en mi pecho, como si fuera un bebé.

-¿Estás cansada?- ella negó con la cabeza y se separó para mirarme.

-No, pero me encanta estar recostada en tu fuerte pecho- me sonrió alegremente y me besó en los labios antes de volver a su posición anterior- Creo que tu hijo se ha tranquilizado mientras hacíamos el amor- sonreí.

-Espero por todo lo sagrado que no lo escuche…- susurré yo mirando a su vientre con temor, lo que provocó que ella soltará una enorme carcajada.

-Por Dios… te adorará igualmente, mi amor, además es bueno que nos escuche para que conozca nuestras voces.

-Bueno… me quedo tranquilo que le falta una semana para que su oído esté formado completamente- hice una pausa para besarle en los labios- Además que no escuchan hasta el final del embarazo, más o menos- ella asintió y me besó.

-Lo sé, mi amor, pero me encanta buscarte- me besó de nuevo y puse mis manos en su vientre, sintiendo una nueva patada- Creo que le gusta tu tacto y te responde así.

-Te amo- no pude decirle más porque estaba totalmente emocionado.

Todo saldría a pedir de boca, de eso estaba totalmente seguro…