Infiltradas

Viernes 20 de Junio, 09:00 horas.

Rachel y Quinn se encontraban en el Hospital Memorial de Nueva York pues, tras la corazonada de la morena, habían pedido permiso a Sue y Kate para infiltrarse en el centro. Tras hablar con el director y gerente del hospital, ya podían incorporarse a su plantilla; ambas se encontraban haciendo turnos como uno más del hospital.

Quinn: No me puedo creer que consiga meterme en estos follones; yo debería estar ayudando a San con la investigación –comentó apenada mientras se cambiaba en el vestuario femenino de médicos de la unidad de urgencias-.

Rachel: Este es nuestro segundo día Quinn. Además, aún nos queda mucho por averiguar aquí… Atraparemos al asesino desprevenido y nos ascenderán por el caso.

Quinn: Espero que tu intuición esté en lo cierto… No me acostumbro a llevar este uniforme azul, parece que voy en pijama –se quejó agarrándose la camisa del uniforme de médico-.

Rachel: Pues a mí me da mucho morbo verte de doctora –se acercó peligrosamente a su mujer-.

Quinn: Te veo las intenciones –se rio pícara-, pero tenemos cosas que hacer y puede que nos pillen.

Rachel: Aquí a estas horas no entra nadie –se acercó mucho más y comenzó a besar el cuello de su mujer, a la vez que introducía una de sus manos dentro de la camiseta de la rubia-.

Quinn: Rachel, no es buena idea…

Rachel: Relájate Quinn –soltó besando ahora los labios de la rubia, esos labios que nunca se cansaba de besar-.

El sonido de la puerta interrumpió el caluroso encuentro de las chicas, al parecer no era tan fácil montárselo en un hospital como hacían creer en las películas; había demasiada gente circulando por todos los pasillos y habitaciones como para poder tener un momento íntimo allí dentro.

Quinn: ¡Ya salimos! –gritó colocándose bien la camiseta y poniéndose la bata blanca-.

Rachel: Qué oportuna es la gente –espetó en voz alta-.

Enfermera: Doctora Fabray, Doctora Berry… El director me mandó buscaros, os quiere ver en su despacho enseguida –comentó tras golpear varias veces la puerta-.

Rachel: Hay algunas enfermeras aquí que dan miedo, son peores que Santana y ya es decir… –terminó de acomodarse el pelo y colocarse su tarjeta identificativa en la bata blanca-.

Quinn: Sólo hacen su trabajo Rach –se acercó hacia la puerta, la abrió y mostró su mejor sonrisa a la enfermera que las esperaba-.

Las chicas salieron del vestuario para subir a la última planta donde se encontraban los despachos; caminaron unos pasos hasta llegar al del director médico.

Director: Pasen chicas –dijo sonriendo al verlas llegar-. Las estaba esperando.

Rachel: ¿Nos mandó llamar señor? –preguntó educadamente-.

Director: ¿Cómo fue ayer la investigación? –preguntó curioso-.

Quinn: Estuvimos todo el día en el área de urgencias y mezclándonos con el personal de quirófano y de boxes… pero, por ahora, no hay nada sospechoso –comentó apenada-.

Director: El hospital es muy grande; necesitaría algún dato más para poder ayudaros.

Rachel: Urgencias es una zona muy transitada de gente… Van y vienen, creo que estamos en el sitio equivocado del hospital…

Director: No sé a dónde quiere llegar subinspectora Berry…

Rachel: Necesitaríamos movernos por las estancias o unidades de larga estancia. Allí el personal tiene más contacto con el paciente y estrechan algún que otro lazo, ¿no es así?

Director: Las unidades de larga estancia… Sí, claro que sí…Tiene usted razón señorita -dijo echándose hacia atrás en su costoso sillón de piel-.

Quinn: Enfermos que estén varios días ingresados o que estén bastante tiempo visitando al mismo médico.

Director: Ese tipo de casos se derivan a los médicos de cabecera, pero eso corresponde a otro tipo de centro sanitario… Las unidades de larga estancia son las correspondientes a las hospitalizaciones, pero quizás los pacientes con más contacto con su médico especialista, y con más controles, son los de la unidad de oncología, ya que tiene sus propias revisiones aquí en el centro.

Quinn: En las unidades oncológicas… ¡Claro! Allí, aparte de personal médico, hay psicólogos y voluntarios…

Rachel: ¡Empezaremos por ahí! Gracias señor por su ayuda –se levantó de la silla sobresaltada y estrechó la mano al director-.

Ambas se apresuraron en salir hacia la unidad de oncología y hospital de día. Al parecer, era un área muy grande; la más prestigiosa de toda Nueva York.

Quinn: Podemos preguntar al psicólogo del centro de oncología. Él sabrá más o menos con qué tipo de patologías psicológicas cuentan los pacientes.

Rachel: ¿Y si es un miembro del equipo? –preguntó-.

Quinn: Tendremos que ir descartando y, si quitamos a la mayoría de los pacientes, habremos avanzado algo.

Rachel: Tienes razón amor –se acercó a su mujer para abrazarla-.

Quinn: Guarda las formas Rachel, que estamos en un hospital infiltradas.

Rachel: Lo siento doctora Fabray.

Quinn: Tenemos que pasar desapercibidas. Espero que el psicólogo quiera colaborar…

Rachel: Seguro que lo conseguiremos.

Las chicas llegaron, tras un largo recorrido, hacía el área oncológica. Abrieron con mucho cuidado las puertas e iban caminando por todos los pasillos de aquella unidad. Por allí, varios enfermos cruzaban con sus goteros; otros simplemente no se podían ni levantar de sus camas… El personal de enfermería circulaba con varios sueros y citostáticos; otros simplemente se quedaban con los enfermos dándoles el apoyo que necesitaban en esos momentos tan duros.

Quinn: Esto es horrible Rachel –comentó con tristeza-.

Rachel: Lo sé cielo. Toda esta gente enferma…

Médico: ¿Os puedo ayudar en algo? –preguntó un atractivo doctor-.

Quinn: Soy la doctora Raven y ella es mi compañera… la doctora… Kent –soltó mirando a Rachel-.

Médico: Soy el doctor Milton, jefe de la unidad de oncología –se presentó estrechando las manos de ambas chicas-. Pero pueden llamarme Charles –dijo esta vez sin apartar los ojos de la rubia-.

Rachel: Verás señor Milton… –recalcó con intención su apellido-. Hemos venido porque estamos haciendo un estudio sobre el comportamiento y los estados de ánimo de las personas que sufren algún tipo de enfermedad cancerígena –explicó de repente dejando a la rubia perpleja-.

Charles: Interesante –se sorprendió por las palabras de la morena-.

Quinn: Mi compañera ha querido decir que necesitamos información sobre sus pacientes y hacerle un pequeño cuestionario a todo el personal.

Charles: Me parece perfecto. Avisaré a todo mi equipo para que esté al tanto de todo. Mientras… pueden echar un vistazo a nuestras instalaciones. Por cierto, ¿de qué especialidad son? –preguntó al darse cuenta de la poca información que tenía sobre aquellas chicas-.

Rachel: Soy neuróloga y mi compañera es…

Quinn: Psiquiatra –contestó lo primero que se le vino a la cabeza-.

Charles: Una neuróloga y una psiquiatra… qué extraña combinación para una investigación…Y, ¿desde cuándo trabajáis aquí? Porque puedo tutearos, ¿no? -sonrió y dirigió su mirada hacia la rubia-.

Rachel: Nos incorporamos hace un par de días. El director del centro está al tanto y nos dio vía libre para esta investigación.

Charles: Aquí no sé si vais a poder recoger mucho material. Mejor id a preguntar a nuestro psicólogo de planta; está al final del pasillo, la puerta que se sitúa a la derecha –explicó aún no muy convencido-. Yo ahora tengo mucho trabajo, pero estaré a vuestra disposición.

Quinn: Gracias Milton.

El médico oncólogo se fue por el pasillo hacía su despacho mientras una inquieta Rachel miraba preocupada a su mujer.

Quinn: ¿Qué ocurre Rach? –preguntó al notar la mirada penetrante de su mujer-.

Rachel: No me gusta ese tipo.

Quinn: ¿Crees que tiene algo que ver con el caso? –preguntó extrañada-.

Rachel: El caso no, pero no me gusta cómo te miraba… Ni la forma que tiene de coquetear contigo.

Quinn: Tonterías Rachel –espetó al notar los celos de su mujer-.

Rachel: Le estaré vigilando.

Quinn: Cambiando de tema cielo, ¿por dónde empezamos? Esto es muy grande… –dijo echando un vistazo a la planta-.

Rachel: Creo que deberías hablar con el psicólogo mientras yo voy hacia la unidad de trasplantes –observó el área que se encontraba a continuación de donde se situaban-.

Quinn: ¿Por qué tengo que hablar yo con el psicólogo? –preguntó enfadada-.

Rachel: Tú te acabas de presentar como psiquiatra, Quinn. Lo más lógico es que vayas tú a hablar con él; no creo que le quiera contar mucho a una neuróloga –explicó cargada de razones-.

Quinn: Teníamos que haber hablado antes sobre las identidades.

Rachel: Es lo que tiene la improvisación… pero no ha quedado tan mal.

Las chicas se separaron. Quinn se dirigió hacía el despacho de aquel psicólogo de planta esperando poder sacar la información que necesitaba. Nunca le había gustado actuar, pero hoy tendría que hacer el gran papel de su vida y meterse en la piel de una de las doctoras que tanto veía en las series de televisión; debía parecer una auténtica profesional.

Rachel, por su parte, se adentraba al área de trasplantes. El cambio de un lugar a otro era abismal; al menos este lugar estaba más aséptico y apenas había pacientes circulando por los pasillos.

Rachel: Disculpe señorita, me gustaría hablar con el coordinador de trasplantes –preguntó acercándose al mostrador de aquél lugar-.

Enfermera: El coordinador de trasplantes se encuentra en la unidad de oncología. Es el doctor Milton; se encarga de ambas unidades –le explicó sin apenas mirarle a la cara, ya que estaba más concentrada en su papeleo-.

Rachel: ¿El coordinador es la misma persona?

Enfermera: Así es; suele pasar en varias unidades del hospital. Las secciones, que conectan entre sí, las lleva una misma persona.

Rachel: Gracias señorita. ¿Le importaría que echase un vistazo por aquí?

Enfermera: Está usted como en su casa –sonrió mientras grapaba unos informes y los archivaba-.

Parecía ser el día de suerte de Rachel al encontrase con esa enfermera que le dejaba caminar a su anchas por la zona, ya que el día anterior tuvo muchos problemas para circular por urgencias y quirófanos debido a que la gente desconfiaba de ella. Quinn, por su parte, estaba teniendo una charla amena con el psicólogo de la unidad; no le fue tan difícil hacerle creer que era psiquiatra del centro, aunque algunas veces no entendía algunos términos empleados por ese hombre.

Psicólogo: Me parece muy interesante su estudio señora Raven –le sonrió simpático-.

Quinn: Gracias, por eso me gustaría que me facilitase algunos de sus archivos sobre los pacientes, sobre todo, de aquellos que sean más problemáticos.

Psicólogo: No es fácil tratar con éste tipo de pacientes; tú ya me entiendes… pero la mayoría sufren depresión, estado de ansiedad… Tengo por aquí algunos pacientes que no se adaptaban al perfil normal ante estas situaciones –le explicaba mientras buscaba entre sus archivos-.

Quinn: Me gustaría, si fuese tan amable, echarle un vistazo a esos informes.

Psicólogo: Aquí están –espetó dejando un gran archivador encima de la mesa-. Estos son los casos desde que entré aquí, hace ya cinco años. Espero que le sirvan.

Quinn: Muchas gracias doctor –agradeció estrechándole la mano-. Ha sido un placer conocerle –dijo a la vez que cogía el archivador-.

Psicólogo: Espero que me vaya contando cómo va el estudio, ya que nadie se interesa por estas cosas en esta unidad –mostró algo de enfado-.

Quinn: ¿Lo dice por el doctor Milton? –preguntó curiosa por saber más cosas de aquel extraño hombre-.

Psicólogo: Él sólo se preocupa de su imagen y de su economía. No creo que preste mucha atención a los pacientes –contestó algo apenado-.

Quinn: Entiendo… -se quedó pensativa-. Ya le diré algo –le sonrió a la vez que salía de aquel despacho-.

Charles: Hola señorita Raven –saludó simpático mientras se acercaba por detrás-.

Quinn: ¡Qué susto me ha dado! –exclamó al no esperarse al doctor-.

Charles: Siento haberla asustado… ¿Tiene lo que busca? –preguntó de manera coqueta-.

Quinn: Sí, aquí lo tengo. El personal de este hospital está siendo muy agradable –soltó con una falsa y forzada sonrisa-.

Charles: Si quiere, puede acompañarme a mi despacho y le ayudo con lo que necesite… –se le insinuó-.

Rachel: Va a tener que ser en otro momento Doctor Milton –apareció por el pasillo e interrumpió la escena-.

Charles: Hola de nuevo doctora…

Rachel: Kent, Doctora Kent –espetó enfadada al ver el comportamiento del doctor-.

Charles: Eso Kent. Le decía a su compañera que si quieren puedo ayudarles en su investigación.

Rachel: Ya tenemos lo más importante, doctor, y tenemos algo de prisa… Pero gracias de todas formas –comentó sacando a su mujer de ese lugar-.

Charles: ¡Hasta la próxima! Y si necesitan algo estaré a su entera disposición.

Quinn: Gracias doctor –agradeció mientras caminaba hacia la salida-.

Rachel: Me gustaría meterle una bala por el culo al doctorcito –refunfuñó por lo bajo-.

Quinn: ¿Qué haces Rachel? ¡Hemos perdido una oportunidad de saber más cosas sobre él! El psicólogo me ha dado algunas pistas sobre ese hombre.

Rachel: No quiero que sospeche. He descubierto que maneja la unidad de trasplantes y eso es algo que no me cuadra mucho…

Quinn: ¿Crees que el doctor es el asesino? –preguntó incrédula-.

Rachel: Es una posibilidad Quinn.

Quinn: Creo que los celos te están nublando el juicio.

Las chicas salieron con toda la información recogida hacia comisaría, al menos allí no tenían que seguir fingiendo como en ese hospital. Analizar toda la información que Quinn había recogido les podría llevar fácilmente un par de días, tiempo que emplearían en comprobar informaciones y oxigenarse de los pasillos de aquel centro.

Comisaría de Nueva York, 13:00 horas.

Quinn: Estoy agotada –comentó dejando todos los archivadores sobre su mesa-.

Santana: ¿Has salvado muchas vidas doctora Fabray? –bromeó-.

Quinn: No estoy para coñas San. Estar en un hospital agota física y mentalmente.

Santana: Y encima traes trabajo a casa… –señaló los informes que tenía sobre la mesa-.

Rachel: No molestes más San… ¿Vosotras que habéis averiguado?

Santana: Por ahora, no mucho más que vosotras.

Rachel: Sacaremos algo de estos archivos, estoy segura.

Quinn: Esta noche tenemos teatro Rachel –resopló volviendo a mirar la pila de archivadores-.

Rachel: Pero…

Santana: ¡Eres tonta Berry! –exclamó mientras pegaba una colleja a la morena-.

Rachel: ¿Por qué me pegas? –preguntó mientras se acariciaba la zona dolorida e la cabeza-.

Santana: Por si se te pasa por la cabeza cancelar lo de la obra…

Rachel: ¡Ni de coña San! Sólo pensaba en el concierto de Charlie.

Quinn: ¿Qué pasa con lo de Charlie? –preguntó extrañada-.

Rachel: Que es muy tarde y tenemos que ponernos a trabajar; no sé si vamos a poder ir.

Santana: Tu amiga te necesita y tú pensando en trabajo… ¡No cambias enana!

Las chicas se pasaron parte de la tarde leyendo informes y comparando casos. Se habían planteado adelantar todo lo posible en esas pocas horas para poder seguir con los planes que llevaban en mente. Rachel había conseguido una lista con los pacientes trasplantados y otra lista con los que estaban en espera; papeles que resultaron ser más importantes de lo que pensaron en un primer momento.

Quinn: Coinciden tres personas en la listas –explicó agotada poniéndose la mano en el cuello-.

Rachel: Será mejor que dejemos los papeles por hoy –miró su reloj-. Son las 19:00 y tenemos que llegar a casa, dar de cenar a los niños y llamar a la canguro.

Quinn: Tienes razón, es tardísimo y éste caso nos absorbe mucho tiempo. Los niños estarán preocupados porque no pasamos tiempo con ellos.

Rachel: Tengo el presentimiento de que vamos por el buen camino y seguro que averiguamos algo pronto. No te agobies.

Quinn: Espero que estés en lo cierto cielo.

Las chicas llegaron a casa encontrándose a una sonriente Charlie jugando con los niños. Lucy intentaba aporrear una guitarra, porque más que tocar parecía que la estaba torturando, mientras la rubia ponía caras raras a Jason para que le sonriera.

Quinn: Le encantas a los niños Charlie –sonrió al observar la escena-.

Charlie: Y a mí ellos –comentó acariciando la cabeza de Lucy-.

Lucy: ¡Mamás! –exclamó al oír a sus madres hablar-.

Charlie: Os echa mucho de menos… ¿Tan difícil es el caso? –preguntó preocupada-.

Rachel: Más de lo que te imaginas –espetó con su hija en brazos-.

El pequeño Jason, al escuchar la voz de su mamá, alargó sus bracitos pidiendo algo de atención.

Quinn: Hola amor –agarró al pequeño y le besó la cabeza-. Veo que la tita Charlie te ha bañado.

Charlie: No tenía mucho que hacer y me apetecía hacerlo…

Lucy: También me preparó chocolate –sonrió contenta-.

Rachel: Os tiene muy mal acostumbrados –posó a su hija sobre el sofá y comenzó a hacerle cosquillas en la barriga-.

Lucy: Para mamá –dijo riéndose intentando salir de los brazos de su madre-.

Charlie: Chicas, me tengo que ir ya. Es muy tarde y he quedado para la prueba de sonido con Amber –se excusaba mientras recogía sus cosas-.

Quinn: Gracias por venir a cuidarles –se acercó a su amiga para dejarle un beso en la mejilla-.

Charlie: No es ninguna molestia. Es más, adoro venir y estar con ellos –sonrió-. Al menos me hacen olvidar por unos momentos…

Rachel: Puedes venir cuando quieras –se acercó a ella para abrazarla, al sentir que le cambiaba el gesto-.

Charlie: Os espero esta noche –dijo a modo de despedida-.

Broadway, 20:45 horas.

Las chicas hacían su entrada en uno de los mejores teatros de Broadway. Como habían sido invitadas al estreno, se vistieron con algo más acorde al evento; de ahí que optasen a ponerse vestido largo para la ocasión. Una multitud de fotógrafos y periodistas, de todos los medios, se encontraban reunidos en la puerta del teatro para recoger entrevistas y realizar las mejores fotos de la noche.

Rachel: Yo no sabía que la obra fuese tan importante –susurró en el oído de su mujer-.

Quinn: No te enteras nunca de nada Rach –sonrió-.

Rachel: ¡Mira! ¡Allí está la actriz, esa tan guapa! –exclamó observándola posar para los fotógrafos-.

Quinn: Yo no sé qué perra te ha entrado ahora con esa chica… –soltó celosa-.

Rachel: Después de verla en carteles por toda la ciudad, impresiona verla a pocos metros de ti –explicó sin apartar la vista de la joven actriz rubia-.

Quinn: Tengo curiosidad por saber cómo es la madre de Emily. Lucy no para de hablar de ella y quería agradecerle lo de las entradas…

Rachel: Por aquí tampoco la veo. Estará ocupada ultimando los últimos preparativos –comentó tirando de su mujer para entrar dentro-.

Las chicas caminaron por el gran teatro buscando el sitio que les correspondía por las entradas.

Rachel: Son estas.

Quinn: Perfecto, estamos que nos comemos el escenario –espetó emocionada-.

Rachel: Desde aquí no perderemos detalle de nada Quinn.

El teatro comenzó a llenarse; en pocos minutos la obra iba a comenzar. La gente iba murmurando toda clase de rumores sobre la actriz principal y el resto del elenco, incluida la famosa directora. Las luces se apagaron haciendo que todo el mundo se callara; los juegos de luces y la apertura del gran telón granate daban el pistoletazo de salida a esa gran obra.

Quinn: Ha sido increíble, ¿verdad? –dijo ilusionada-.

Rachel: Nunca llegué a pensar que algún día iba a gustarme este tipo de obras –comentó contenta con el resultado-. Ha sido una experiencia única.

Quinn: La madre de Emily es guapa, ¿verdad?

Rachel: ¡Bah! Normalilla…

Quinn: Espero que lleguemos a tiempo al local de Amber –miró su reloj-. No me gustaría dejar tirada a Charlie.

Rachel: La obra se ha alargado más de lo normal. Y encima la masificación de periodistas no ayudaba…

Quinn: ¿Tú crees que Charlie está bien? –preguntó cambiando de tema-.

Rachel: No –contestó tajante-.

Quinn: Parece que se le ve bien…

Rachel: Ella siempre ha sido así, se guarda el dolor. Es muy parecida a ti en ese aspecto.

Dolor que no tenía nada que ver con el que sentía Sue, que se encontraba en su casa viendo la televisión tumbada en el sofá intentando reposar por los fuertes dolores que le causaban aquellos días del mes que tanto disgustan a la mayoría de las mujeres. Chocolate, televisión y reposo.

Ensimismada en aquella posición, se alteró al escuchar el sonido de la puerta. Se levantó del sofá justo en el momento en el que su programa de televisión favorito llegaba a la publicidad.

Sue: Espero que sea importante –dijo para sí misma enfadada-.

Otro sonido de la puerta hizo que Sue se diera más prisa en llegar hasta la entrada para abrir.

Sue: ¿Quién es? –preguntó cerca de la puerta-.

Alejandra: Soy Alejandra, señorita Sylvester –gritó de forma divertida-.

Sue: Al fin se digna a presentarse –susurró mientras quitaba el cerrojo de la puerta-.


Se acerca la recta final...

¿Os hace una maratón para terminar? 1/6

Abrazos!