Dislciamer: Ninguno de los personajes de Fullmetal Alchemist me pertenece.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno, como prometido, he aquí el Epílogo y final, por ende, de esta historia; que espero disfruten y hayan disfrutado. Para no perder la costumbre a estas alturas, quisiera agradecerles a todos. Tanto a aquellas personas que siguieron mi historia anónimamente como aquellas que se molestaron en hacerme saber lo que pensaban a lo largo de toda el fic, animándome a seguir escribiendo y mejorando. Muchísimas gracias, por todo y a todos. Y lo digo de corazón, por la oportunidad y la paciencia y el tiempo y los reviews a lo largo de toda esta historia Y, si no es mucha molestia, me encantaría saber qué les pareció. Ahora si, agradecimientos especiales al final. ¡Nos vemos y besitos!
Crisis de la mediana edad
Epílogo
Permaneció en la penumbra otro segundo más, codos en las rodillas y manos entrelazadas entre éstas, observando el lento y acompasado ascender y descender por entre los barrotes. El pequeño y casi imperceptible movimiento de algo colmándose de aire y vaciándose inmediatamente después, en una eterna constante, prueba de vida. Era relajante, debía admitir. Y, por una razón u otra, no se cansaba de hacer aquello; o de sentir curiosidad (como alquimista y ser humano) por el pequeño bulto de vida que era el foco de su actual atención: con su cuerpo de diminutas proporciones y su liso y brillante y aplastado cabello azabache, que indudablemente había heredado de él. Tenía sus mismos ojos también, negro ónice, aunque en aquel momento estuvieran cerrados tras párpados enrojecidos e hinchados y la pequeña mata de pelo que le cubría la frente.
Si lo pensaba, en realidad, sí era una especie de milagro (aún cuando Roy Mustang no fuera un creyente de ningún tipo, y hubiera dejado de serlo demasiado atrás, durante la guerra). Aún así, lo creía. Quería creerlo, al menos, que quizá –solo quizá- eso que los Alquimistas llamaban "La Verdad", "El Mundo", "El Universo", o quizá "El Todo" o quizá "El Uno" era tan capaz de entregar redención como desesperación ante la arrogancia. Quizá, solo quizá, esa que le había arrebatado los ojos una vez, que le había otorgado la oscuridad, era quien le había entregado aquella vida, aquella luz también. Y quizá –sabía- era estirarlo un poco también, o quizá no. De una forma u otra, quería creerlo. Quería hacerlo. Después de todo, no había sido fácil para ellos llegar a dónde se encontraban, llegar allí, y estar donde estaban ahora. No, había requerido mucho dolor, mucho sacrificio. Y aunque nada remediaría lo que ellos habían hecho con sus propias manos, quería creer que al menos habían hecho un buen trabajo en los años que le habían seguido. Habían trabajo duro, arduamente, codo a codo, hombro a hombro; cubriéndose mutuamente las espaldas y manteniéndose continuamente en el camino correcto. Ella (estricta y siempre leal Riza Hawkeye), lo había mantenido en el camino correcto (todo aquel tiempo) y eso era algo por lo que siempre le estaría agradecido. Por lo que siempre se sentiría en deuda, incluso entonces, incluso todos aquellos años después.
Bajando la mirada, miró su palma abierta hacia arriba, para luego cerrarla en un puño tenso. Sí, había sido difícil... Y aún recordarlo le causaba impotencia: La expresión de ella de comprensiva resignación, de calma aceptación, a pesar de que él había sabido perfectamente (aún cuando ella lo hubiera negado una y otra vez; que aquello, un bebé, no era una opción) que aquello era algo que él le había quitado. La posibilidad de una vida normal, segura, la posibilidad de una familia y un lugar al que regresar y la posibilidad de vivir largamente en vez de morir algún día como basura. Y aunque esa posibilidad no había desaparecido (y posiblemente nunca desaparecería) había querido hacerlo. Darle eso que él le había quitado, arrebatado, cuando la había arrastrado con él a la milicia y a Ishbal y a todo lo que les había tocado vivir (y sobrevivir) después también.
No había esperado menos de ella, tampoco. No de la siempre juiciosa, autocrítica, realista y severa-consigo-misma Hawkeye. Ni siquiera entonces, ni siquiera cuando todas las probabilidades habían parecido indicar que jamás sucedería. Y, no lo negaría, lo habían pensado. Después de todo, ¿cómo podía ser posible para personas como ellos cuando habían tomado tantas vidas, con sus propias manos? ¿Hijos de alguien, hermanos de alguien más? ¿Cómo era posible para personas como ellos, personas que ni siquiera tenían el derecho de elegir cuándo morir, de tener algo como aquello? ¿Un atisbo de normalidad, siquiera? No, no había parecido posible. No para ella y no para él y aún así lo había matado saber que no podía compensarla por todo lo que le había robado. Y entonces había pasado, como si nada. Cuando menos lo habían esperado e inclusive cuando ya se habían resignado a aceptar que quizá –solo quizá- aquello era intercambio equivalente: El no poder concebir por las vidas que habían tomado; había sucedido. Y finalmente había creído comprender, después de años, qué era aquello de lo que tanto hablaba Hughes. Sí, finalmente lo había entendido...
—Deberías dormir —una voz calma, proveniente desde la entrada de la habitación, lo sacó de su estado de ensimismamiento. Sonriendo arrogantemente, miró en dirección a la dueña de la voz en cuestión, la cual permanecía de pie y cruzada de brazos, con una expresión de ligera preocupación en el rostro. Como siempre, Hawkeye se preocupaba por él antes que por ella.
—Pensé que habíamos acordado, teniente, que no serías mi asistente puertas adentro.
Riza espiró calmamente —Y pensé, general, que había quedado en claro que continuaría cumpliendo mi deber siempre que considerara que me necesitaras.
Roy sonrió y asintió —Te necesito a mi lado, como siempre.
Negó calmamente con la cabeza —Me temo que en este momento lo que necesitas es dormir. Después de todo, mañana será la ceremonia de asunción como Fuhrer y es mi obligación asegurarme de que arribes en tiempo y forma.
—¿Eso crees, aún después de todos estos años? ¿Qué no soy capaz de cuidarme por mi mismo?
Riza sonrió suavemente —Sabes perfectamente que confío en tu juicio, de lo contrario no habría accedido a seguirte. Aún así, creo que ocasionalmente necesitas que alguien te recuerde tus prioridades.
—Lamento haberte despertado —se disculpó.
—Lamento informarle, general, que en ésta ocasión no puede adjudicarse el logro —dijo, con la misma calma y suave expresión y la ligera curvatura de los labios.
—¿Otra vez? —inquirió, alzando ambas cejas.
—Eso me temo —asintió, cerrando los ojos, y aún permaneciendo de pie en la entrada, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Le diré a Havoc que deje de contar ridículas historias de terror.
Riza asintió —Ya se lo he dicho yo.
Roy suspiró —Quizá deba reconsiderar a los subordinados que elegí como mi equipo, ahora que seré Fuhrer.
—¿Eso crees? Yo creo que son buenos subordinados, aún cuando ocasionalmente holgazanean y procrastinan.
Roy sonrió arrogantemente —Me pregunto de quién habrán aprendido eso.
Riza espiró larga y tendidamente —Sí, me pregunto de quién lo habrán hecho, general —claro sarcasmo en sus palabras.
—Por cierto, teniente, una vez sea Fuhrer la ascenderé.
—Con todo respeto, general, pero me temo que ya cubrí todos los puestos posibles en lo concerniente a usted.
El moreno miró la arandela dorada en el dedo anular de ella con una sonrisa de autocomplacencia en los labios. Sí, debía admitirlo que ya lo había hecho, cubrir todos los aspectos de su vida, eso era. Un ascenso era solo una mera formalidad más —Aún así, lo haré.
—Entiendo —y entonces dio un paso al interior, su expresión tornándose en una de ligera preocupación—. ¿Sucede algo?
—Si algo fuera a pasarnos... —miró la cuna delante de ambos—. ¿Qué sucedería si fuéramos eventualmente juzgados por los crímenes que cometimos en Ishbal?
Riza comprendió. Sí, ambos lo sabían. Ambos habían tenido y aún tenían siempre esa posibilidad presente —En ese caso, general, alguien tendrá que explicarles por qué sus padres hicieron lo que hicieron.
—Nos odiarán —afirmó, mirando el bebé que aún era incapaz de comprender el mundo al que había advenido.
—Aún así, general, no me arrepiento de haber tomado las decisiones que tomé. De seguirte. Y de morir a tu lado, de tener que hacerlo. Después de todo, prometimos hacer de Amestris un lugar mejor para las siguientes generaciones. Quizá, algún día, lo comprendan. Por qué tomamos las decisiones que tuvimos que tomar y, en caso de hacerlo, por qué los dejamos solos antes de tiempo.
—¿Eso crees?
Asintió firmemente —Así es. Lo hago. Y aún así, no creo que debas concernirte con esa clase de cuestiones ahora. Después de todo, finalmente alcanzamos lo que dijimos que haríamos. Puede que pasen años antes de que nos juzguen por las atrocidades que cometimos en Ishbal.
Asintió, con una sonrisa —Mañana me convertiré en Fuhrer.
—Y por eso, general, creo que debería dormir. Ahora.
—Ah... De saber que casarme contigo sería casarme con mi trabajo, lo habría pensado dos veces —bromeó, aunque no del todo.
Hawkeye sonrió calmamente —¿Acaso no es por eso que te casaste conmigo, general?
Apoyando ambas manos en las rodillas, se puso de pie —Sí, supongo que sí, teniente. ¿Vamos a dormir?
—Sí, antes de que despiertes a Royle.
—Me ofendes, teniente —sonrió, continuando deliberadamente con el uso de su rango—. No haría tal cosa.
—No, general. Simplemente le gusta despertarlo cada vez que llega a casa.
—Admito que soy una persona muy apegada a mi familia.
Riza sonrió suavemente —Sí, resultó toda una sorpresa para nosotros también, general —refiriéndose evidentemente a ellos y a sus subordinados también.
Tomando el pomo de la puerta, ingresó a la habitación que compartían —¿Acaso mis subordinados y propia esposa me tienen en tan baja estima?
—Solo en ocasiones, general.
Mirando la cama, no se sorprendió de ver a un perro negro y blanco aovillado entre ambas almohadas y a una infante de tan solo dos años y tupido cabello rubio, acurrucada en medio de la cama, un poco más abajo de donde se encontraba durmiendo Black Hayate. Suspirando, comprendió que sería otra de esas noches —Ah... Cama abarrotada otra vez, ¿no es así?
—Eso me temo. Elizabeth tenía miedo.
Suspiró —Sí, hablaré con Havoc sobre las tontas idiotas de terror mañana en la oficina —después de todo, dormir tres y un perro en una cama no era particularmente lo más cómodo.
Riza asintió —Sino lo haré yo misma.
—Quizá a ti te haga más caso, ya sabes que te temen... respetan —se corrigió, aclarándose la garganta— más.
La rubia frunció el entrecejo —Quizá lo respetaran más, general, si actuara más como su superior en vez de cómo su cómplice —lo regaño, volviendo al uso deliberado de rangos, adelantándose y metiéndose en su lado de la cama, cubriendo a la pequeña niña de corto cabello desmechado con las sábanas—. Y por favor, duérmete ya. Mañana será un largo día.
Largo, en efecto. Pensó, con una sonrisa arrogante en los labios antes de cerrar los ojos también. Después de todo, sería el primer día del resto de sus vidas. El primer día estando en el lugar al que había aspirado alcanzar, la cima. Y aunque aún tenían y tendrían mucho trabajo que hacer, no podía obligarse a arrepentirse. No entonces, cuando cada decisión que había tomado lo había llevado hasta donde se encontraba.
Se volteó a ver a ambas rubias acurrucadas en la cama junto a él y Black Hayate. Sí... Pensó. No entonces.
No cuando estaba en el exacto lugar en que quería estar.
No, ahora.
No cuando todo finalmente tenia sentido, tal y como el mismo Hughes le había asegurado que sucedería.
Sí, todo finalmente tenía sentido.
Y eso estaba bien también.
¡He aprendido esto en el campo de batalla! ¡Vivir con la mujer que amas es una felicidad que puede existir en cualquier lugar! ¡Pero es la mayor felicidad que te puedas imaginar! ¡Haré cualquier cosa por conseguir esa felicidad! ¡Voy a sobrevivir!
Después de todo,
ninguno necesitaba nada más.
Lo que hecho aquí... ¡Tomaré todo lo que he hecho aquí para mi mismo! ¡Y voy a sonreír cuando esté delante de ella! La voy a hacer feliz...
No realmente.
Agradecimientos especiales: HoneyHawkeye, Bibiene Von Heiwa, Lucia991, inowe, Darkrukia4, Rukia Kurosaki-chan, fandita-eromena, Andyhaikufma, Guest, Hoshiisima, Alexandra-Ayanami, Rinsita-chan, laura-eli89, HaruD'Elric, Natsumi Anko, mariana garcia, Dulce Locurilla, LaertesDiMarcini, Eli Lawliet, GiEricka, imarbu18, Wanderer Black, Guest, Beli, chemestryfan, Alee´Orellana, DarkUzumakiC, Fher-n-n, Furuya-kun, Thetis27, y Zero03.
