N/A: Un saludo a Marttha Cullen Dollanganger, quien empezó a leer el fic justo en su recta final :) no quise responder tus dudas porque se aclararían en los siguientes cap. Gracias por leer y por tus comentarios :
Advertencia: Lenguaje vulgar.
Capítulo 36
Un final feliz
Ya se había acostumbrado al silencio. 30 días a bordo de una nave en completo y sepulcral mutismo. Nunca fue muy hablador, tampoco muy callado, por lo que momentos así le incomodaban. Pero ahora era uno de los que preferían adoptar de modo indirecto ese silencio como respeto al luto de su príncipe. Y porque no decirlo, también suyo. Aun le costaba creer todo lo que había pasado. Jamás pensó que en solo horas dejaría de ver a una amiga y presenciaría un poder tan descomunal. De solo recordarlo se llenaba de ansiedad y un poco de miedo. Era inevitable, las exhibiciones de poder siempre lo alertaban, porque su sangre saiyajin así se lo exigía. Pero su sentido común le advertía que si hubiera estado él en el lugar del tirano, no se hubiera sentido muy feliz… se estremecía de solo recordarlo. Es que no todos los días presenciabas a dos seres tan poderosos luchar a muerte, o más bien, uno masacrar a otro. Al ser que se supone era el más fuerte de todo el universo.
Sus ojos negros viraban desde el espacio hasta sus compañeros de viaje. Todos lucían el mismo semblante. Sombrío. Cualquier señal de triunfo o júbilo se redujo a nada cuando socorrieron al príncipe de caer al vacío cuando el Campo T se desintegró junto a la nave nodriza del lagarto. Y cualquier alabanza se quedó atorada en sus gargantas cuando vieron el rostro del saiyajin heredero y ahora el más fuerte del universo. Quizás eran los únicos saiyajin que estaban cabizbajos en toda la galaxia, pero era imposible animarse siendo testigos indirectos del estado del príncipe. Goku suspiró por quizá la quinta vez en esa hora. Los primeros días fueron agotadores, lo que le era extraño ya que no había hecho ningún esfuerzo físico… suponía que era algo más allá que un desgaste corporal, quizá mental o emocional. Él entendía al príncipe, se sentía desanimado por lo mismo, por la muerte de ella. Él comprendía que el heredero no estuviera sonriendo con orgullo por ser el más fuerte, porque su pena por la pérdida de su mujer era mayor.
¿Qué haría él en el lugar del príncipe? No lo sabía, y no quería ponerse en sus botas tampoco. Imaginarse su vida sin Chi-chi lo descompensó en más de un sentido. No podía ni imaginar cómo lo estaba pasando el saiyajin orgulloso. De partida, el guerrero de estirpe real había despertado ese terrorífico poder por la muerte de ella, solo podía llegar a calcular el nivel de desesperación que debió sentir… cuando él vio la nave explotar, donde se supone que estaba su amiga, quedó de una pieza. Solo podía mirar los restos de nave y fuego esparcirse dentro del Campo, mientras miraba aquella destrucción pensaba en lo que no quería asumir. Que ella estaba allí, o mejor dicho, estuvo allí. Pero sus sentimientos se vieron opacados al sentir el inmenso poder del príncipe que no paraba de ascender. No podían oír lo que hablaban, o más bien el tirano balbuceaba, pero pudieron presenciarlo gracias al lente óptico integrado en la nave, el zoom y con un poco de maniobras técnicas, fueron de ayuda para ser testigos de primera fila de la muerte del ser que todos odiaban. Creyó oír que lo habían grabado, no lo recordaba en ese momento. Todo sucedió tan rápido… no recordaba detalles ni mucho menos algo que no fuera el príncipe y el lagarto. Llegó un punto en que se compadeció del tirano, y le resultaba extraño ya que el antiguo emperador del mal se había buscado ese desenlace. Pero era imposible no sentir lástima cuando la cara horrorizada del tirano parecía suplicarle a un príncipe de cabellos dorados. Cuando alguien intentó leer el poder del saiyajin, él se lo impidió. No necesitaban destruir rastreadores en vano, él podía sentir ese poder. El lagarto intentó defenderse, dar puñetazos y lanzar bolas de energía, pero todo fue en vano. Llegó un punto en que el lagarto se alejó del heredero, casi huyendo, para tener un chance de poder concentrarse. O eso pensó él. Asombrados vieron como el tirano elevaba su poder y se trasformaba, por un momento temieron por el príncipe, pero fue fácil comprender que fuera lo que fuera que había hecho el lagarto, no había servido de nada. Y no sirvió.
El heredero lo masacró. Le propició un golpe tras otro que todos en la tripulación celebraban a excepción de Laurel y él. Que seguían los sucesos en silencio, dimensionando lo grave de la situación, comprendiendo que esa bestia dorada había despertado por la muerte de Bulma. Algo lo hizo prevenir, intuición quizás o su don para los combates. Supo que el Campo T no resistiría mucho, y si eso se destruía, el príncipe no duraría mucho en el espacio a pesar de lo poderoso que era. Rápido se vistió con un traje térmico y especializado para la circunstancia, aun no terminaba el "combate" cuando ya había dado por muerto al lagarto, por lo que debía preocuparse por mantener con vida al heredero. Salió de la nave en cosa de minutos, con un cordón umbilical conectado al centro de la nave, se mantuvo cerca en caso de emergencia. No tardó en actuar, no se quedó más de cinco minutos en las cercanías cuando el príncipe aplastó la cabeza del tirano con sus propias manos. Se le revolvía el estómago al recordarlo. En cosa de segundos, elevó sus palmas y exterminó cualquier rastro del tirano o de su nave con un enorme halo de luz violeta. Y el Campo T desapareció junto a la nave. Cuando llegó al lado del saiyajin, éste todavía lograba mantenerse en su lugar gracias a su poder. Lo contempló maravillado y perturbado, su poder era envidiable… pero si tenía que pagar el mismo costo que el heredero, prefería seguir igual de débil. El color de sus ojos no fue lo que lo asombró o llamó más la atención, tampoco ver el rubio chispeante de su pelo flameado, fue su mirada perdida y la clara expresión de dolor. Fueron segundos que, para el saiyajin de cabello alborotado habían sido eternos y angustiantes.
Le susurró un par de cosas, algunas tonterías, pero él no lo oyó. Lo único que pudo hacer fue su trabajo, sujetar al saiyajin en estado ausente y guiarlo a la nave. Cuando entraron a la nave, el aura dorada seguía rodeando al saiyajin e hizo temblar la vaina. No alcanzó a decirle que se calmara, o que la batalla había terminado o siquiera pedirle órdenes. El príncipe volvió a su cabello negro y sin mirar a nadie caminó hacia su cuarto dentro de la nave. Cualquier sonrisa o felicitaciones, alabanzas o preguntas, fueron reducidas a nada al ver el semblante del heredero. Sus ojos negros jamás se habían visto así de apagados, su ceño no estaba arrugado y cualquier señal de enojo o rabia, pena o felicidad, lo que fuera, no se demostraba. No había ninguna expresión en su rostro. Entonces tuvo que tomar las riendas de la nave, a pesar de sentirse angustiado por la situación, alguien debía hacerse cargo del pelotón de saiyajin.
Gracias a Laurel no le fue muy difícil. Quizás en la nave quien más lo entendía era ella, y a la vez quienes podían solidarizar con el heredero eran ellos. Se encargaron de que nadie molestara al príncipe, a pesar de que a todas horas le llevaban alimentos que dejaban fuera de la habitación, éste no probó bocado alguno, y eran conscientes de que el saiyajin lo sabía, porque lo único que tomaba eran los líquidos. El príncipe no quería saber de nada ni nadie. Le había enviado unos reportes sobre las indicaciones de Vegetasei e incluso de la Tierra. Pero nada respondió… podía entender que, el príncipe estaba viviendo el luto a su manera. Que a él no le interesaba si la ceremonia de despedida de su mujer se hacía dos veces en la Tierra para esperarlo, o si el planeta Cold XX estaba hecho un caos por la muerte de Freezer y el OIC se estaba yendo a pique. El heredero no se pronunció al respecto, nada de lo que había pasado en ese mes de viaje le importó más que vivir su pena. O era lo que suponía, solo podía divagar sobre los sentimientos del saiyajin, el príncipe estaba completamente hermético, no sabía su estado físico ni emocional y solo podía suponer, inferir e imaginar. Tampoco se atrevía a ir a hacerle frente.
Lo entendía. Él también quería excluirse de todo y encerrarse en un cuarto a oscuras, no recordaba haber vivido una muerte aparte de la de su abuelito Gohan que lo crío en la Tierra. Y la muerte de su amiga lo transportaba a esos días, donde la pena era constante y las preguntas no tenían respuesta, y lo único que quería era compañía. Pero no tenía a Chi-chi con él, no podía refugiarse en sus brazos ni en mirar a su hijo, y pensarlos lo hacía sentir peor, era como si de modo inconsciente estaba bailando sobre la herida abierta y doliente del príncipe. Él podía refugiarse en su familia, y el príncipe en nadie. Porque la familia Real solo estaba pendiente de los beneficios que obtendrían de todo eso… le disgustaba pensarlo de ese modo, pero era así.
El primer decreto del Rey Vegeta, había sido que viajaran a Vegetasei cuanto antes, cosa que ya estaban cumpliendo cuando se los ordenó. Por lo que leyó, habían enviado escuadrones especializados al planeta Cold XX para aplicar fuerza y disciplina en todo el OIC, demandando el planeta como parte del Imperio Saiyajin al igual que la organización interplanetaria de comercio y todos los tratos que tenía la lagartija ahora les pertenecía. Nadie podía oponérseles, eran dueños absolutos de todo. Nadie en su sano juicio hubiera pensado que Freezer podía ser derrotado, y había pasado, y se lo harían saber a cada individuo del Universo, que ahora los dueños absolutos de todo, eran los saiyajin. De lo que menos habían preguntado era por el estado del príncipe, la Mano derecha del heredero supuso que lo que ni siquiera imaginaban era que Vegeta se encontraba pésimo por la muerte de su mujer, muerte que la realeza saiyajin no había siquiera presentado las condolencias correspondientes al Reino terrícola. Había hablado con su padre en privado al respecto, y tanto el consejero de la corona como él, estaban de acuerdo en que el Rey se estaba comportando como un verdadero idiota desconsiderado y podía suponer porque. Ya no necesitaban a los terrícolas.
Uno de los decretos que llamó su atención fue ese, el Rey exigió que todos los pelotones que estaban al servicio de los humanos se devolvieran al planeta. La alianza se había acabado. Los saiyajin habían cumplido con su parte, el tirano ya no les haría daño, y los humanos ya no tenían qué ofrecerles, pues ya se habían hecho con el sistema de encapsulamiento gracias a la princesa. Para ellos, la muerte de la humana no tenía ninguna importancia y no les afectaba en nada su perdida. No quería ni pensar cuando supieran que el príncipe no pensaba igual. Solo un saiyajin se había quedado, un saiyajin que presentó su renuncia al ejército de su raza y por el revuelo de denominarse como la raza más fuerte del Universo no prestaron mayor atención a su deserción, su hermano mayor. Había hablado con Raditz, las cosas en la Tierra no estaban del todo bien, al menos con la familia Real. Pero era comprensible, habían perdido a su hija menor y ni siquiera tenían sus restos para poder darle una ceremonia como correspondía.
—Ya le avisé al príncipe que estamos por aterrizar—murmuró una voz femenina a su espalda—por supuesto, no respondió.
—Gracias, Laurel—comentó sin despegar su mirada del vidrio reforzado. Ya podían ver el planeta rojo.
—Seguramente nos están esperando—susurró apoyándose de espaldas en la muralla—no creo que el príncipe esté de humor para soportar una celebración.
— ¿Celebración?—se preguntó a sí mismo ¿Serían capaces? Sí. Si no habían presentado siquiera las condolencias al Rey Hakase ¿Qué les impedía recibir al heredero como un héroe? Pero sabía que el príncipe no estaba ni estaría de ánimos para eso. Los reyes de Vegetasei no comprendían por lo que pasaba el heredero ni las circunstancias en que despertó ese avasallador poder, porque si lo supieran no estarían tan orgullosos. Lo único que tenía presente era que serían los dueños del universo completo gracias al futuro Rey.
—Sabes que sí—le quitó las palabras de la cabeza—es extraño…—Goku volteó hacia la hembra que miraba pensativa el azulejo—a pesar de que lamento lo que sucedió con ella… no dejo de pensar que ahora la grandeza del Reino Saiyajin llegará hasta los recónditos rincones de la galaxia, y eso es bueno—la Mano Derecha del príncipe desvió la mirada otra vez hacia el espacio, el planeta rojo se veía más y más cercano—… ¿Soy despreciable por pensarlo así? —volteó nuevamente hacia la hembra de pelo negro azulado, abrió los ojos sorprendido al ver sus ojos grises brillantes y con amenazadoras lágrimas asomarse.
—…—no sabía que decir. Nunca fue bueno con las palabras y mucho menos dando consuelo. Frunció el ceño molesto consigo mismo, ahora entendía porque los saiyajin se regocijaban en no tener emociones, eran incómodas. Ahora lo veía y comprendía porque Laurel se sentía de ese modo, ella era una de las tantas saiyajin que pensaba de la misma forma y ahora, ahora empezaba a cambiar, a ver las cosas de otra manera y se sentía mal por eso, porque sus costumbres se yuxtaponían a sus sentimientos nuevos ¿Era así también, como el príncipe se sentía?—no eres despreciable… es normal que quieras ver a tu pueblo en su gloria, también pienso que se vienen cosas buenas para el Reino pero el costo que se pagó… no me parece justo.
Laurel miró sorprendida al guerrero, no recordaba haber oído tan elocuente al hombre antes, tragó saliva con dificultad y suspiró intentando recuperar la calma—siento que una vez que pongamos un pie en Vegetasei, ella desaparecerá para siempre.
—No digas eso—soltó angustiado—no quiero seguir hablando…—se alejó de la ventana y apretó sus manos en puños.
—También lo piensas así, Kakaroto—miró por el rabillo del ojo a la hembra que ahora observaba hacia el espacio—seguiremos nuestras vidas, tú con tu esposa e hijo, yo… siendo la mierda de siempre. Y no se hablará más de ella, su recuerdo y su nombre e incluso ahora, será la última vez que hablemos de ella.
—Estás diciendo tonterías—dijo incómodo—debemos prepararnos para el aterrizaje.
— ¿No te parece irónico?—Goku frunció el ceño, de pronto la sinceridad de Laurel le molestaba—estamos acostumbrados a asesinar, a purgar y masacrar especies enteras… y aquí estamos, sintiéndonos extraños por la muerte de una humana débil que no conocemos hace más de tres años.
—Deberías llorar si lo deseas—contestó después de unos minutos en silencio. Laurel se tensó y volteó hacia él, pero el saiyajin comenzó a caminar de vuelta al centro de control, volvió a tragar en seco y mordió su mejilla interna ¿Llorar? ¿Eso la haría sentir mejor por perder a una amiga? Muchas veces perdió compañeros en purgas ¿Por qué ahora se sentía tan diferente? Cerró sus ojos unos segundos, esperaba tener razón, esperaba con todas sus fuerzas que al pisar la tierra roja de su planeta natal, ella se quedara en la nave con sus recuerdos.
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El retumbar del motor le daba migraña. Pero era en lo único que podía concentrarse. Ya no sabía si estaba despierto o en otro sueño, o si cuando estaba despierto seguía soñando, pero no importaba. Ya nada importaba. Buscaba desesperado algún momento en que ella no estuviera presente en sus recuerdos pero nada venía en su ayuda. En ocasiones, pensaba en su última batalla, intentaba sentirse orgulloso por eso, por ser superior pero su ego pronto era humillado por su angustia, la que le repetía que de nada servía todo ese poder si no pudo protegerla, entonces se escondía debajo de su almohada que aún tenía su olor. Su aroma lo perseguía por todas partes, y no le molestaba. Al contrario, inconscientemente buscaba cualquier rastro de ella, cualquier evidencia que demostraba que ella estuvo con él.
Se le hacía lejano-muy lejano-aquellos días en que compartieron juntos, días donde llevaban una relación amena para ambos-o eso suponía y quería creer-después de todo, cuando ella tenía algún problema lo decía y él debía escucharla. A momentos se preguntaba si había sido lo suficientemente bueno para ella, de inmediato se respondía "no", por algo ella ya no estaba allí. Había fallado en lo único que le prometió, protegerla. Se culpaba y mucho, no veía que la situación fue el resultado de muchos errores de ambos, no, él solo veía y se culpaba por sus propios errores. Sabía que no tenía caso pensarlo, pero era inevitable. Por las noches, cuando se acomodaba en su lado de la cama, era cuando más se cuestionaba y culpaba. Sentir su ausencia era difícil, demasiado.
Se maldecía por débil, por no haber tenido ese grandioso poder antes de que fueran invitados a esa estupidez de fiesta. Nada de eso hubiera pasado si la muerte del tirano se hubiera adelantado. Tenía muchísimos cuestionamientos que si los imaginaba de diversos modos cada uno daba un diferente resultado donde ella se mantenía sana y salva. Pero no tenía caso imaginar y soñar despierto, su realidad era otra.
Aunque intentó molestarse consigo mismo por pensar y sentir su muerte, no podía. Por más que tratara permanecer frío a lo que había pasado no lo conseguía. Era como si el haber vivido con ella en el último tiempo hubiera cambiado algo en él, como si ahora sus emociones fueran la mayoría en su cuerpo, como si predominaran… él sabía que lo que sentía por ella no era normal, para ningún saiyajin era normal tener sentimientos y más por otra persona que no fuera él mismo. Pero le había pasado y ya. Él se había enamorado de ella y no había más que analizar, y atribuía a sus sentimientos el que su muerte le afectara tanto. Podía ser humillante si lo pensaba, si cuestionaba su esencia a fondo ¿Cuándo él, el príncipe Vegeta, había sufrido por la muerte de alguien? Jamás, era él quien daba muerte al resto y ahora allí estaba, recostado a oscuras y sin comer hace días. Quizá era lo que merecía… después de haber sido una bestia con todo el mundo-incluso ella-no tenía derecho a seguir disfrutando de ella ni del amor que sentía hacia la princesa… ¿Pero porque ella debía pagar las consecuencias? Era la pregunta que no quería salir de su cabeza.
—Vegeta—abrió sus ojos lentamente al oír la voz de su consejero—estamos ingresando a la atmosfera de Vegetasei… disminuiremos la velocidad y desactivamos la seguridad de las ventanas…—frunció el ceño al oírlo ¿Por eso iba a molestarlo?—están esperándote con un banquete y todo el pueblo está allí…—entonces lo entendió. No respondió, pero el soldado comprendió su silencio y se fue, cosa que agradeció.
Si no estuviera tan apagado emocionalmente, se habría percatado de lo eficiente que estaba resultado su Mano derecha. Pero no tenía nada más en su cabeza que él y sus sentimientos. No quería ni podía pensar en algo más, mucho menos en alguien más que no fuera él y ella. Era por eso que no quería lidiar con nadie, y era por eso que comprendía las palabras del saiyajin. Era un alivio, pensó, que se tomaran esas atribuciones para que pudiera salir de la nave antes de llegar a la zona de despegue era una medida que no se le había ocurrido ordenar. Y era la mejor salida para evitar a la muchedumbre, a sus padres y a un montón de seres que no le importaban en lo más mínimo sus falsas alabanzas que camuflaban el miedo. Era probable que el resto de la tripulación supiera que él no quería lidiar con nadie, y seguramente sabían el motivo. Debería importarle, sabía que debía demostrar ser un saiyajin frío y cruel, pero estaba cansado de eso y más que cansado, no le importaba.
Había decidido permitirse sentir su luto, no aparentar que estaba bien y que nada le importaba, era lo mínimo que ella merecía. Por mucho que su orgullo se quejara al respecto, sentía que por esta vez, solo por esta vez, se permitiría sentir de ese modo. Se tomaría su tiempo para procesar, su vida continuaría después de todo, con apagarse por unos cuantos días no le afectaría… sabía que aunque se tomara esa "libertad" con sus sentimientos, su presencia no lo dejaría, que ella y sus recuerdos lo perseguirían constantemente y era por eso que prefería lidiar con ellos ahora y hacerse a la idea de sus sentires, construir una defensa absoluta y que cada vez que ella se apareciera en sueños o la imaginara, no le doliera. Poder seguir con su vida y acostumbrarse a su fantasma.
La nave se sacudió al atravesar la atmosfera, el príncipe se reincorporó lentamente de la cama sin dejar de masajearse la sien. Se quedó unos minutos afirmando su frente, como si se pudiera caer al alejar su mano. Podía sentir como la nave espacial descendía a toda velocidad pero no como siempre. Kakaroto había cumplido. Esperó unos minutos más, donde la distancia de la vaina espacial y la tierra no fuera tan excesiva. Abrió la ventana sin esfuerzo alguno, el viento rápidamente entró al cuarto sacudiendo todo a su alrededor a excepción del saiyajin que se mantuvo firme en su posición. El guerrero no tuvo problema alguno para salir por la ventana circular y lanzarse al vacío. Su cuerpo caía inmóvil, surcaba a menos velocidad que la nave, sus ojos negros vieron pasar la enorme vaina por su lado pero no se molestó en moverse para que esta no lo golpeara, fortuitamente eso no pasó.
Se dejó caer a la deriva por unos minutos, la velocidad de su caída hacía que su cabello se sacudiera descontroladamente, el aire le golpeaba fuerte en la piel y nada de eso importaba. Poco a poco el paisaje se fue aclarando para el príncipe, los árboles rojizos y la tierra rojiza, todo malditamente rojo. Nada azul… nada como ella. De pronto se molestó por estar allí, la ira contra él y todo lo que tuviera que ver con su especie se hizo notar. Por primera vez en su vida, sintió rabia contra su propia raza. Ella no habría corrido riesgos si se hubiera unido/casado con un humano u otra especie. Si ella no hubiera caído en sus garras, ella estaría bien… cerró sus ojos con fuerza, la rabia hacía estragos en su cuerpo y lo hacía pensar estupideces que en otro momento no habría siquiera imaginado. Abrió los ojos estando a veinte metros de distancia del suelo, elevó su ki y voló hacia el castillo que no estaba muy lejos.
De camino, evitó mirar el bosque y cualquier lugar que ella visitaba. Aunque era estúpido, después de todo el palacio fue el hogar de ambos y tendría que estar allí, con su ausencia persiguiéndolo constantemente. Rápidamente llegó a su habitación, pisó sigilosamente el mármol del balcón y fue ahí, cuando su ki ya no envolvía su cuerpo ni el ruido de la nave lo ensordecía, que notó el bullicio del pueblo. Volteó hacia atrás y notó la muchedumbre que rodeaba la entrada principal del castillo, rodó los ojos y caminó hacia los ventanales. Entró a su dormitorio sin respirar, como si al no hacerlo pudiera mantenerse libre de sus recuerdos. Se rindió segundos después, al darse cuenta de lo absurdo que estaba actuando su cuerpo. Pero fue un acto involuntario, su cuerpo reaccionó por su propia cuenta defendiéndose de un aroma… cuando él en su consciencia lo buscaba a cada segundo.
Miró el cuarto pensativo, no había ni una mota de polvillo en los muebles, ni una prenda que rompiera el orden y aun así él lo sintió poco acorde. Quizá era un desorden mental, quizás era un inconformismo que cargaba a cuestas y no lo notaba, quizá ahora todo se le haría de ese modo al no tenerla. Su vida había perdido el brillo. Ella se fue y se llevó mucho de él, y no había como recuperarlo. Ya no era el mismo, había cambiado y en parte se debía a ella en vida y ahora en muerte. Ahora era el ser más poderoso del universo y no sentía nada al respecto, no había dicha ni orgullo, porque entendió que ser el mejor no lo volvía inmune a perder lo que quería, lo que amaba. Su poder no había servido de nada cuando debió serle más útil que nunca, por eso ahora, ahora ya entendiendo que se había matado físicamente por tres años en la cámara de gravedad había sido en vano, lamentaba profundamente no haber disfrutado de ese tiempo con ella. Recordaba sus últimos reproches y le parecía irónico ¿Tenía que haberse dado cuenta que la había abandonado justo antes de perderla? ¿Qué clase de broma cruel era esa? Nada tenía sentido ni importancia ahora, el punto era que estaba solo y era su culpa.
Se dio un baño en modo automático, no tenía ni quería hacer nada más que volver a recostarse y divagar entre sueños e inconsciencia qué era real y que no. Recordarla y atesorarla, porque sería la última vez que se permitiría sucumbir a ese delirio emocional por su perdida; volvió a su dormitorio y se recostó en la cama, inmediatamente su fragancia lo golpeó, su aroma natural mezclado con esas esencias florares que ella acostumbraba a usar. Frunció el ceño incómodo, era un suplicio poder tener solo eso… su aroma y su recuerdo. Miró la almohada de ella y la vio-sabía que era una mala pasada de su cabeza, pero lo ignoró-admiró su puchero y sus ojos zafiro que miraban el techo intentando ignorarlo, sonrió al verla—no pongas esa cara, no cambiaré de opinión.
—Es fácil para ti decirlo—comentó refunfuñando—estoy harta de tener que pedir permiso para todo, solo quiero ver a mi familia—el príncipe frunció el ceño y bufó.
—Los viste hace tres meses—la joven rodó los ojos y volteó hacia él.
— ¿Cuándo entenderás que los humanos somos muy diferentes a los saiyajin?—lo entendía, más de lo que ella creía y ahora se daba cuenta, ahora que aquella discusión ya había pasado—quiero estar con mi familia y verlos hace tres meses no es suficiente, papá está delicado de salud y quiero pasar tiempo con él.
—Tiene que morir en algún momento—murmuró sin tino, después del silencio prolongado volteó hacia ella, donde la joven lo miraba con la mirada afligida y sus labios carmesí fruncidos.
—Para ti la muerte es algo natural—susurró desviando la mirada—no todos somos seres insensibles como tú—se equivocaba, lo supo en ese momento y lo sabía ahora. Siempre supo que si algo le pasaba a ella, él no sería indiferente y tuvo la mala suerte de probarlo. Cerró sus ojos, intentando acostumbrarse a esas alucinaciones, a aprender a lidiar con su fantasma. Sabía que al despertar ella volvería a estar allí pero quería descansar, al menos unas horas. Pronto tendría que ser él mismo y fingir que nada le importaba más que él y su poder, mentir. Mentir y actuar como si ella no lo persiguiera, por ahora la disfrutaría un poco más, se deleitaría con su aroma, su presencia y sus recuerdos, divagando entre lo real y el mundo de sus sueños.
—solo un poco más—susurró con un hilo de voz.
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El orgullo no tenía cabida en su pecho. Miraba ansioso como la nave donde venía su primogénito aterrizaba sobre el aparcado. Desde que le informaron esa maravillosa noticia que se sentía igual: su hijo había asesinado a Freezer, se había transformado en super saiyajin y no había dejado rastros del tirano ¿Cómo no sentirse orgulloso? Su retoño, el mismo que había vivido un tiempo con el lagarto cuando solo tenía cinco años, había hecho puré al desgraciado que había osado en darle órdenes y tratarlos como peones, pero eso había quedado atrás. Freezer había sido masacrado junto a sus leyes y ahora el imperio saiyajin tenía el dominio total y absoluto del universo. Partiendo por el OIC.
No se había demorado en enviar una flota al planeta Cold XX, para aplicar la fuerza de ser necesario y traer el orden y demandar la lealtad de todos. Nadie se rehusó ni se opuso. Habían exhibido el cortometraje que les habían enviado desde la nave que ahora aterrizaba, que aunque no se podía apreciar bien del todo, fue suficiente para que todos identificaran a su hijo y al lagarto en una lucha inútil donde el saiyajin consiguió la victoria desde el principio. Nadie ponía en duda el poder de su primogénito, nadie se les opondría jamás teniendo a Vegeta como líder. Era por eso que quería que la coronación se diera a como dé lugar.
— ¿Y Vegeta?—preguntó al ver como la puerta se abría y de ella salía el hijo menor de la Mano del Rey en vez de su hijo, seguido del resto de la tripulación.
—Alteza—reverenció la Mano derecha del príncipe.
— ¿Dónde está el príncipe?—Kakaroto tragó saliva con disimulo, se había encargado de dar un discurso de lealtad antes de bajar, donde los veinticinco saiyajin a bordo prometieron no decir palabra alguna sobre el estado del príncipe. Aunque no lo comprendían, preferían pasar desapercibidos para el saiyajin que ahora tenía más fama que antes. El saiyajin de melena alborotada miró a su alrededor y frunció el ceño al ver a la multitud aglomerada alrededor del castillo y de la zona de aterrizaje de la familia real.
—El príncipe se adelantó—murmuró intentando parecer calmado—no quería lidiar con la muchedumbre, usted sabe.
—Pero esto es diferente—dijo en tono de reproche—todo el pueblo quiere celebrar al Super saiyaijn—la reina a su lado miró a Laurel, quien observaba el suelo sin mirar a nadie, la madre de los príncipes sonrió maliciosa al ver su semblante. Podía suponer que su rostro apagado se debía a la muerte de la princesa, muerte que ella había celebrado más que nadie. Su Rey había pasado por alto esa baja, a él no le importaba más que el poder de Vegeta y ella en cambio, se había regocijado en su fortuna, su hijo por fin podría estar con una saiyajin de estirpe real.
—Padre—comentó Tarble, anormalmente serio—respeta la decisión de Vegeta—el Rey le frunció el ceño a su hijo, pasaron unos segundos y se volteó bruscamente ondeando su capa, se dirigió al pueblo y los invitó al banquete de bienvenida para el príncipe. El menor de los príncipes suspiró y miró a Kakaroto y a Laurel, quienes animados no se veían. Esperó que su madre siguiera a su padre y habló— ¿Cómo está Vegeta?
—… No lo sé—susurró agachando la cabeza—no pude verlo. Se encerró todo el mes de viaje—Tarble asintió y miró a Laurel, quien ahora que los reyes se habían ido, había levantado la mirada hacia él. Sus ojos se cruzaron unos segundos, pero el joven príncipe fue el primero en desviar la mirada. Podía suponer cuanto le afectaba a la saiyajin la muerte de su cuñada y aunque a él también le deprimió cuando lo supo, y empatizaba con su hermano, no podía evitar sentirse incómodo con el sentir de la saiyajin.
—Entiendo—asintió—están libres por el día. Buen trabajo—los soldados asintieron hacia él y no tardaron en dispersarse, Kakaroto se despidió y se fue volando rápidamente, intentando contener las ansias de ver a su familia. Tarble suspiró y antes de voltear notó que solo Laurel se quedó de pie a su lado. Sintió su cuerpo tensarse pero enmascaró aquello con su mejor cara de calma— ¿Ocurre algo?
—… Yo—la saiyajin agachó la mirada y Tarble no pudo evitar abrir los ojos en sorpresa al ver sus mejillas sonrojadas—… ¿Puedo hablar con usted, un momento?—el príncipe, como lo supuso, no tardó en asentir. Laurel sabía que no había un saiyajin más comprensivo e inteligente que el príncipe Tarble, él podía ayudarla a entender lo que sentía. Caminaron juntos hacia el palacio, pero no por el camino principal, el príncipe la guío a sus aposentos personales, excusándose con que así la bulla del comedor y los salones de la primera planta no les importunarían. Comiéndose los nervios que le provocaban pensar en estar a solas con Laurel.
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Sus pisadas resonaban en la piedra oscura y a veces en la alfombra, su capa escarlata se mecía de lado a lado remarcando sus movimientos bruscos y sin premeditar, pero no le importaba, podía todo el palacio enterarse de su humor, no le importaba. Él no toleraría ese comportamiento de su más grande orgullo, su primogénito. Aun no podía creer que su hijo mayor estuviera actuando de ese modo, a su parecer, Vegeta era el saiyajin más apto y aplicado de todos ¿Por qué su mayor orgullo, estaba recluido en su habitación hace dos semanas? No le encontraba sentido y no quería creer en las palabras mordaces de su mujer ni en las sin sentido de su hijo menor. No. Imposible, Vegeta jamás estaría actuando así por haber perdido a la humana.
Aunque su hijo fuera el legendario Super saiyajin, él era su padre e iría a hablar con él, la coronación debió hacerse hace mucho tiempo y no había podido hablar ni un poco con el príncipe heredero. No le quedaba más opción que ir y sacarlo de su reclusión voluntaria, a pesar de demostrar determinación, en su interior temía la reacción del saiyajin… Vegeta había sobrepasado el límite de poder de todos ¡Había asesinado a Freezer! Su más grande sueño, su hijo lo había cumplido. Perfectamente podía eliminarlo de un pestañeo si lo hacía enojar y lo creía capaz. Debía elegir las palabras que usaría, pero no era muy bueno hablando con elocuencia. Su mujer y Tarble se manejaban mejor pero él era el Rey, debía imponerse.
Se rascó el bigote al llegar a fuera del dormitorio de su hijo. Pensó unos minutos, se relamió los labios, suspiró y cuando se decidió a tocar, el pomo giró y la puerta se abrió. El Rey abrió los ojos asombrado y miró a su hijo de pie en el umbral observándolo. No pudo evitar sentir un calor extraño en su pecho al verlo, miró su semblante serio como siempre, desde que era niño que era igual, intentó no sonreírle, carraspeó su garganta y abrió la boca, pero el príncipe se le adelantó.
— ¿Qué haces aquí?—preguntó con su voz golpeada. El Rey alzó ambas cejas unos segundos y las frunció al siguiente. El príncipe cerró la puerta y su padre notó su traje azul de entrenamiento.
—Es lo que yo debería preguntar—reprochó, el príncipe se acomodó los guantes y pasó de largo por su lado—has estado encerrado dos semanas ¿Qué diablos pasa contigo?
—Ya estoy aquí—murmuró indiferente, como si su actuar fuera normal. El Rey frunció el ceño y se debatió mentalmente en preguntarle o no qué le pasó. Nunca habían hablado demasiado, solo de estrategias y misiones— ¿Los preparativos de la coronación están listos?—el hombre mayor abrió los ojos en sorpresa y sonrió exageradamente al oírlo. Por un momento temió que su hijo quisiera posponerlo, su actitud hermética y reservada lo hizo temer.
—Por supuesto—asintió siguiéndole el paso—solo hay que poner fecha.
—Perfecto. Mañana—el Rey miró por el rabillo del ojo a su hijo y sonrió torcidamente ¿Por qué temió? Su hijo jamás lo decepcionaría, la culpa la tenían su mujer e hijo menor que lo llenaron de dudas cuando Vegeta era el saiyajin más apto entre toda la población.
—Bien… pero ¿No debes elegir reina primero?—los pasos del príncipe se detuvieron en seco, el Rey tuvo que voltear hacia atrás para poder verlo a la cara. Su rostro no reflejaba emoción alguna, solo lo miraba fijamente, como si intentara procesar la información— ¿Qué? No pensarás que podrías coronarte sin reina a tu lado ¿O sí?—preguntó riendo, pero calló al ver el rostro impasible de su hijo.
—No—respondió con voz firme—no elegiré hembras. Estoy unido a la humana ¿No lo recuerdas?—preguntó entrecerrando sus ojos, mirándolo con suspicacia que incomodó al Monarca.
—No puedes coronarte sin mujer a tu lado—contestó intentando sonar seguro. Su hijo comenzó a caminar lentamente hacia él, el Rey tragó saliva de modo imperceptible y trató de no encogerse al verlo acechar. Reconocía esa mirada cruel, su hijo podía atacarlo en cualquier momento.
—Puedo hacer lo que me plazca—gruñó el heredero sin despegar sus ojos negros de los de su padre.
— ¿Es por la princesa que no quieres otra mujer?—preguntó frunciendo el ceño— ¿Realmente te afectó esa muerte?—fue en el momento en que vio a su hijo flaquear. Incómodo con la revelación, levantó la barbilla y supo que era la fibra donde debía atacar para poder hacerlo entrar en razón— ¿Qué crees que dirá tu pueblo al enterarse que, por tu mujer muerta no tomaste a otra hembra para dar herederos fuertes a la corona?
—Cállate—gruñó el príncipe exhibiéndole sus caninos—los de Tarble pueden ser los herederos al trono.
—Ya veo—asintió el Rey—entonces… ¿Te encerraste depresivo por ella?—no vio venir la mano del saiyajin en su cuello, y a pesar de la altura, el príncipe lo atajó sin problema. Lo inclinó hasta quedar frente a frente y lo acercó a su perfil a solo centímetros de distancia— ¿Qué… qué vas a hacer?
—No vuelvas a decir estupideces—susurró el príncipe—no me molestaría ahorrar el trámite y quitarte ese collar ridículo de tu cuello—soltó bruscamente a su padre, el hombre tosió un par de veces y se acarició la piel bronceada de su cuello sin dejar de mirar a su hijo que retomaba su andada—iré a entrenar, quiero todo listo cuando salga mañana.
—… ¿Elegirás hembra?—preguntó ocultando el temor mientras lo seguía unos metros detrás del saiyajin más bajo.
—Me da igual—comentó el guerrero—elige tú—el Rey cerró sus ojos con alivio pero no se sentía conforme. Pudo ver que esa reacción de su hijo se debió a sus palabras y no había que ser genio para entender que al primogénito le había afectado la muerte de la humana, ahora podía asumirlo y no dejaba de molestarle. Al final, sabía que su hijo había aceptado por su orgullo-bendito sea-pero no dejaba de incomodarle— ¿Quedan técnicos del Rey Brief?—el aun Rey miró la espalda de su hijo y frunció el ceño, se apresuró y alcanzó su paso para poder verlo. Miró su mano derecha enguantada y notó la capsula entre sus manos ¿Pensaba usar la cámara de gravedad? ¿Para qué? Tragó saliva con disimulo, no quería pensar que el heredero siguiera incrementando su poder.
—No. Todos se fueron apenas se rompió el trato—murmuró mirándolo a la cara, intentando captar alguna reacción— ¿Para qué los necesitas?
—Mantenimiento—respondió sin mirarlo. El Rey frunció el ceño y desvió la mirada, su hijo lo confundía ¿Cómo podía actuar como si nada hubiera pasado? Hace unos minutos lo amenazó a muerte y ahora hablaban como si nada. Empezaba a cuestionarse si era buena idea que el príncipe se volviera Rey.
— ¿Para qué quieres seguir entrenando?—preguntó sin mirarlo—eres el guerrero más fuerte de la galaxia.
—Lo mismo decían de Freezer—respondió sonriéndole de lado, como antes, orgulloso y cruel. El Rey se contagió con su humor y asintió.
—Entrégale los planos de la cámara a los técnicos, allí podrán estudiarlo y producirlo en masa y a la vez estarán preparados para arreglar cualquier imperfecto.
—No—el príncipe se detuvo frente al elevador y presionó el botón sin mirarlo—no copiaran mi cámara, ya te lo dije antes. Consígueme los técnicos de antes, ofrécele más dinero, no lo sé—el príncipe ingresó al ascensor y las puertas cerraron rápidamente. El Rey frunció el ceño sin dejar de mirar su reflejo ¿Ofrecer dinero y no muerte? ¿Qué había pasado con su hijo?...
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Suspiró agotado, el maldito ritual había sido más largo de lo que pensó. Frunció el ceño molesto ¿Por qué había permitido que eso pasara? Ah claro, para no parecer débil. Odiaba que le ordenaran, pero la situación tenía un tinte diferente a orden. A pesar de saber qué sentía y pensaba, no quería que el resto lo supiera, no podía permitir verse vulnerable con nadie, por eso había aceptado desposar a Riander. Caminó a paso firme por el pasillo directo a su cuarto, quería quitarse la armadura real e ir a entrenar otra vez, había encontrado un perfecto refugio. Aunque no podía liberar su máximo poder, no quería arruinar la máquina sin tener quién la reparara.
Sentía una opresión constante en su pecho y solo amainaba cuando dejaba sus músculos trabajar. Ella seguía visitándolo por las noches, al menos ya no la veía siguiéndole por la habitación. Había decidido que ya era tiempo de dejar todo atrás, al menos el permitirse sentir su pérdida. Debía seguir adelante, era su realidad, él estaba vivo y ella no. Tenía un rol que cumplir y no podía aparentar ser débil o no adecuado para el cargo. Ahora era Rey. Tenía 30 años, era el saiyajin más fuerte del universo y era Rey ¿Debería sentirse bien con ello? Porque no sentía nada. Miró la punta de sus botas y se concentró en su camino, levantó la mirada hacia el frente al oír ruidos provenientes del cuarto de ella. Frunció el ceño confundido y sin pensarlo aceleró el paso.
Antes de llegar al dormitorio que estaba en frente al suyo, vio a una criada salir del cuarto con ropa de su mujer. Abrió los ojos como plato y ni siquiera lo pensó cuando le arrebató los vestidos de Bulma. Frunció el ceño a la criada que temerosa se fue rápido de su camino antes de poder pulverizarla o preguntar que hacía con las pertenencias de su mujer. Pero se distrajo al ver a otro par de criados arrastrar el tocador de su mujer. Alzó ambas cejas y vio a un sirviente extra portar una caja con todos los perfumes y cremas de la humana.
— ¿Qué mierda?... —susurró, los criados al verlo detuvieron sus movimientos justo antes de pasar por la salida donde habían abierto ambas puertas para poder sacar los muebles.
—Primo—levantó la mirada hacia la voz femenina y frunció el ceño— ¡Lo sé lo sé! Es extraño que lo diga ahora cuando somos hombre y mujer ¿No?—murmuró coqueta. El príncipe miró fríamente a la hembra saiyajin, aun portaba su traje de ceremonia. Al estar ya unido con la humana, no era posible realizar una Unión, por lo que tuvieron que festejar un rito en público, donde los invitados como testigos le daban el carácter de válido a la unión civil, era el único método para poder tener una nueva pareja y que los sabios del reino bendijeran con su aprobación. Riander le regaló una sonrisa torcida similar a la suya; la saiyajin era la hembra más fuerte de la nobleza, sobrina de su madre y por ende su prima, a la vez, su antigua prometida antes que decidieran proponer el tratado a los terrícolas.
No se extrañó al verla en el templo, no se molestó en preguntar qué hembra le habían elegido pero al verla allí supuso que su madre tenía algo que ver. Riander era de su misma altura y de la misma edad, su cabello era azabache con forma de estrella con picos largos y curvos. Su cuerpo era proporcionado para ser saiyajin y su piel era un poco más bronceada que la suya. Era una hembra atractiva, que cuando adolescente muchas veces usó para satisfacerse. Pero ahora era un adulto, y no sentía nada por esa hembra que sonreía seductoramente.
— ¿Qué estás haciendo?—preguntó, al ver que los criados volvieron a tomar las cosas de su mujer, ladró en alto— ¡Dejen las cosas donde estaban!
—Muévanlas—ordenó impasible la guerrera sin dejar de mirar a su Rey. Vegeta miró estupefacto a la saiyajin—este es mi cuarto ahora.
—No—gruñó adentrándose al dormitorio que no visitaba hace mucho tiempo—largo ¡Todos!—la servidumbre dejó las pertenencias de la princesa rápidamente en la entrada del dormitorio y no tardaron en huir de la habitación. Vegeta miró a la saiyajin y se cruzó de brazos aun con los vestidos en su mano—no vuelvas a desautorizarme—sentenció con su voz ronca. Riander sonrió y caminó meciendo sus caderas hasta el balcón, corrió la cortina y miró hacia afuera, como si el ahora Rey no la hubiera regañado. Vegeta ahora lamentaba haber permitido que decidieran a la hembra que tendría que soportar, Riander era la única saiyajin junto a su hermano que se sentía con esas confianzas, solo por ser familia. Además, ambos se habían criado juntos y la relación fue algo estrecha cuando eran jóvenes.
—No quiero las cosas que usó ella—murmuró sin mirarlo—apestan a humana y esencias asquerosas—Vegeta frunció el ceño y apretó sus manos en puños al oírla. Suprimió las ganas que tenía de asesinar a cada quien hablara de ella o hiciera alguna referencia a la humana.
—No serán tuyas de todos modos—contestó dando por terminada la plática—lárgate de este cuarto y no vuelvas a entrar.
— ¿Qué?—Riander volteó hacia él al oírlo y se apresuró por alcanzarlo antes que saliera del cuarto— ¿De qué estás hablando?
—Lo que oíste—murmuró sin mirarla—búscate otro dormitorio.
—Este es el cuarto que me pertenece por derecho—negó la hembra frunciéndole el ceño—no buscaré otro cuarto, debo estar cerca del tuyo y este es el indicado y lo sabes.
—No me interesa lo que opines—respondió dispuesto a salir del lugar que tenía su aroma más centrado que ningún otro.
—No es opinión, Rey Vegeta—gruñó la hembra—no me moveré de aquí.
—Es la última vez que lo digo, Riander—volteó hacia ella lentamente—búscate otro cuarto y la próxima vez que alguien entre en este dormitorio, no saldrá vivo de aquí—sentenció con su voz grave y amenazante. La Reina abrió los ojos sorprendida y no pudo decir ninguna palabra ni idea que tenía en mente. El príncipe salió del cuarto y sin mirarla susurró—que dejen todo como estaba, si hay un frasco fuera de lugar, te haré responsable—la advertencia quedó grabada en su piel y la saiyajin solo pudo mirar su espalda vigorosa cubierta por su capa escarlata mientras soltaba las prendas coloridas y las dejaba sobre el tocador, para luego salir de la habitación y adentrarse a su dormitorio. Frunció el ceño luego de unos segundos, miró el cuarto y bufó rendida.
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Dio una repasada rápida de la tela sobre su cuerpo, no muy interesado. Había pasado la tarde entrenando y ahora solo quería dormir, ordenaría que le enviaran la cena al dormitorio. Salió del cuarto de baño sin ninguna prenda que cubriera su desnudez, casi por inercia miró la cama esperando encontrarse con una Bulma ruborizada y mirándolo con picardía. Pero tuvo que fruncir el ceño cuando vio a Riander sonriéndole sugerentemente, recostada en su cama y completamente desnuda. Miró fugazmente su cuarto al notar la tenue luz de las velas, alzó una ceja asqueado por el escenario. Sus ojos negros volvieron a la saiyajin, miró su cuerpo expuesto unos segundos y desvió la mirada. Cero reacciones. Un pensamiento fugaz pasó por su cabeza, pero así como rápido llegó, rápido se fue.
Pensó-ingenuamente-que acostarse con Riander sería una buena opción, le serviría para liberar tensiones y olvidarla a ella. Ahora sabía lo estúpido que era pensarlo siquiera. No podía tolerar que alguien hablara de ella ¿Cómo iba a mirar y tocar a otra? No podía, su cuerpo no reaccionaba, Riander era atractiva pero no lo suficiente para hacerlo caer, no en esa etapa de su vida al menos. Cualquiera pensaría que había pasado mucho tiempo, otros dirían que era poco, era subjetivo pero para él, el tiempo no era relevante, lo único certero que sentía el Rey era que no era el momento, y no sabía cuándo lo fuera.
—Lárgate—ordenó mientras caminaba hacia su mini bar.
— ¿Disculpa?—preguntó aturdida la saiyajin al verlo caminar hacia sus licores, frunció el ceño y esperó por una respuesta. El ahora Rey se sirvió una copa de un alcohol rojo— ¿Vegeta?
—Lárgate—repitió volteando hacia ella. Los ojos negros de la saiyajin vagaron por el cuerpo desnudo del macho más fuerte del planeta, no, quizá de la galaxia y de solo pensarlo se excitaba. Miró frustrada que, su desnudez no provocaba a su Rey.
—Soy tu Reina—murmuró frunciéndole el ceño— ¿Qué clase de relación llevaremos si no copulamos la primera noche?
—No me interesa—contestó desinteresado—bájate de mi cama, y no vuelvas a entrar sin mi permiso.
— ¡¿Te estás escuchando?!—Exclamó molesta mientras se sentaba en la cama y empuñaba sus manos, su cola se mecía de lado a lado, dejándole ver que la había provocado—soy tu Reina, no puedes correrme así además—
—No—interrumpió el Rey—eres la reina de mis padres, no mía—Riander abrió los ojos en sorpresa, observó al saiyajin beber de un trago el líquido fuerte de su vaso y se puso de pie sin dejar de mirarlo.
—Primero no me dejas usar el cuarto que me corresponde y ¿Ahora no me follarás? ¿Qué sigue?—preguntó intentando conseguir una respuesta, provocarlo, lo que fuera. Pero el Rey ignoró por completo a su Reina—lamento no ser tu Reina polvo espacial—soltó mordaz y demasiado rápido para notar que el cuerpo del guerrero se había tensado y los pelos de su cola engrifado—pero soy tu Reina saiyajin y la oficial. Es nuestro deber y no puedes hacerme a un lado por tu mujer muer—el saiyajin cruzó la alcoba en segundos, sujetó de la garganta a la hembra interrumpiendo su catedra. Riander miró angustiada el rostro del Rey; Vegeta le frunció el ceño y exhibió sus caninos, sus ojos negros no reflejaban más que odio y rencor, sus gruñidos hacían vibrar la sangre caliente de la hembra y a pesar de temer por su vida, no recordaba haber vivido antes un momento más excitante que tener al Rey desnudo amenazándola de muerte.
—No vuelvas a hablar de ella—exigió en un susurro amenazante—no te refieras a ella con tu sucia boca ¿Entendiste?—la hembra no podía respirar, sentía como el aire se escapaba de sus pulmones, como su rostro se enrojecía a causa de la presión y sus ojos ardían suplicantes. A pesar de que quizá su cuerpo estaba pasando por los últimos segundos de vida, no pudo evitar sentirse humillada. Él estaba actuando de ese modo por ella. Por la humana que le arrebató a su primo desde hace años ¿Cómo no sentirse mal al respecto? Su ego de mujer se vio masacrado y dolía más que su garganta. Pasaron unos segundos eternos, donde el Rey le gruñó a centímetros de su rostro y luego la soltó violentamente, la hembra cayó al suelo de bruces y tosió fuertemente, escupió y gimió, intentando amainar el dolor—lárgate de mi cuarto. No quiero que vuelvas a entrar sin mi autorización.
—Soy… tu reina—susurró con dificultad—estás actuando como una bestia por una muerta.
—Cuidado—sentenció el Rey moviendo su cola, la reina levantó la mirada llena de rencor y observó al saiyajin que en altura la miraba con desprecio—podrías ser la siguiente muerta si sigues fastidiándome.
Vio como la hembra rabiosa, recogía su bata y se cubría su desnudez en ella con rapidez, esperó que saliera y suspiró. No quería delatarse de ese modo pero no pudo evitarlo. Quizá ella se había vuelto su punto débil. Se acercó al mini bar otra vez y se sirvió otra copa, casi podía oír su voz diciéndole que ese alcohol apestaba y que no le dejaría besarla si lo bebía. Sonrió amargamente y bebió el contenido de un trago, no sabía cuánto tiempo estaría muerto en vida, al menos así la acompañaría…
(…)
Su cabeza daba vueltas, entrecerraba y abría sus ojos a momentos pero no conseguía abrirlos del todo. Oía diferentes ruidos como melodía ambiente sin embargo no podía identificarlos. Su cuerpo estaba pesado, había un malestar constante que la mareaba incluso estando somnolienta. Frunció el ceño molesta y abrió sus ojos zafiro de pura irritación consigo misma, no alcanzó a cuestionarse nada, lugar ni época nada. Su cuerpo se activó apenas abrió sus ojos con más fuerza y al momento en que respiró y exhaló, vomitó jugos gástricos. Su cuerpo se encorvó al regurgitar, sentía su garganta arder por el esfuerzo y el sabor ácido y desagradable colarse en sus papilas gustativas. Expulsó lo que había en su estómago durante unos segundos, respiró agitada y limpió su boca y barbilla con el dorso de su mano. Miró asqueada su piel blanca ensuciada con verde amarillento, no lo pensó mucho y se limpió en la falda de su vestido. El olor del vómito llenó cada metro cúbico de la esfera personal, arrugó su nariz intentando no olfatear el aroma que le daba más asco.
Miró el espacio reducido y frunció el ceño a pesar del palpitar constante de su sien, observó el pequeño asiento y los controles, miró de soslayo el vómito en el suelo que había salpicado sus zapatos y al verlo volvió a marearse. Se apoyó en el respaldo de la silla acolchada y oyó el zumbido de un gas, lo busco perezosa con la mirada y notó debajo de la pequeña portezuela un disparador de spray. Desvió la mirada al entender que era el culpable de despertarla. Abrió los ojos como plato e intentó sentarse, pero su cuerpo se sentía tan débil que no pudo mover más que sus brazos. Sollozó molesta de su propia debilidad. Había recordado todo lo ocurrido y lo primero que quiso hacer fue corroborar el tiempo que faltaba para aterrizar. Si la máquina de gas la despertó era porque quedaba poco tiempo supuso.
Había algo mal, no sabía qué pero el malestar de antes había vuelto y más fuerte que nunca. Quiso pensar que se debía a su dolor de estómago, creyó que al viajar dormida no le afectaría el tiempo y se equivocó. Si Zarbón había cumplido y la había enviado a la Tierra, había pasado dos meses en un sueño inducido ¿Era normal sentirse así? No podía moverse, le costaba abrir los ojos y lo único que podía pensar era en el deseo de seguir vomitando, pero no había nada más en su estómago. Pero su cuerpo no estaba de acuerdo y al minuto después volvió a vomitar.
—Regístrese—se oyó por el comunicador mientras escupía y se afirmaba el cabello—nave del OIC, regístrese ahora mismo.
Frunció el ceño al oír la voz virtualizada, volvió a secar su barbilla con su mano y posteriormente pasarla por su falda. Sentía sus ojos arder por el esfuerzo y a la vez por haber dormido tanto. Intentó reincorporarse en la silla y hablar pero su voz estaba oxidada y solo un murmullo débil salió de su boca.
—Repito—dijo la voz—identifíquese, no podemos permitir su aterrizaje si no se identifica.
—Soy… soy y-yo—susurró apenas audible, esperó unos minutos pero la voz repitió el mismo mensaje. Frunció el ceño ¿Ni fuerzas para hablar tenía?—soy yo—repitió con más fuerza.
—Sea claro—respondió la voz. Bulma suspiró agotada, el olor de su propio vómito, el estar encerrada y su agotamiento le pasó la cuenta. No recordaba haberse sentido así de mal antes.
—SOY YO—repitió con todas sus fuerzas—BULMA BRIEF, HIJA MENOR Del rey…—su voz se apagó y volvió a vomitar jugos gástricos que era lo único que había en su estómago. Entre arqueadas y regurgites, pudo oír ruidos a través del micrófono. Frunció el ceño molesta, iba a hablar cuando oyó como una voz computarizada le daba la bienvenida y le indicaba que ahora el sistema de aterrizaje de la Tierra se haría cargo de su descenso. Suspiró aliviada y se dejó caer en el respaldo, cerró sus ojos unos segundos, completamente cansada. Miró el vidrio con forma circular que servía de ventana, sonrió débilmente al ver la masa azul que le daba la bienvenida, volvió a cerrar sus ojos y se durmió.
Se sobresaltó en su puesto al oír la portezuela abrirse y constantes gritos y murmullos a su alrededor. Frunció el ceño al sentir la luz del lugar golpearle la piel y los ojos, no fue capaz de sentarse. Intentó mover sus manos hasta los bordes de la nave para ayudarse a salir, pero no lo consiguió. Sin embargo, una mano fuerte alcanzó a tomar su muñeca y la jaló hacia fuera de la nave. Antes de poder analizar lo que ocurría fue abrazada por alguien que no le vio el rostro. Entrecerró sus ojos, confundida, la mano que la sacó de la nave no era quien la sostenía en sus brazos gentiles que intentaban contenerla con fuerza. Cerró sus ojos agotada, poco a poco los murmullos se fueron amainando y pudo identificar las voces y lo que decían—es ella—sollozó una voz avejentada—es mi Bulma—entreabrió sus ojos con lentitud, sintió un peso en su espalda. Otro abrazo ¿Qué pasaba?—mi nena…
—Oh dios mío—sollozó una mujer—no puedo creerlo—Bulma pudo identificar la voz casi a los segundos después, intentó girar su rostro para poder verla, la mujer rubia la ayudó sin saberlo y la volteó hacia ella—mi niña está viva—gimió sin dejar de llorar. Bulma frunció el ceño al verla en ese estado, su madre volvió a abrazarla y su padre la rodeó nuevamente, miró de soslayo su cabello lila y armó su rompecabezas.
—Mamá—susurró sintiéndose asfixiada, intentando separarse—vomité—dijo como excusa valida, pero sus padres no se dieron por aludidos—apesto—siguió diciendo.
—No puedo creerlo—murmuró una voz grave y varonil. Miró hacia el lado y vio a un sorprendido Raditz que cubría su boca con su mano grande. Entonces supo que quién la sacó de la nave fue él—no entiendo nada…
—No hay nada que entender, Raditz ¡Mi hija está viva!—exclamó llena de júbilo su madre. Al oírla, la princesa frunció el ceño y volteó hacia ella.
— ¿Vi… viva?—preguntó confundida—claro… que lo estoy—sentía que si la soltaban, caería al suelo en cualquier momento. Ahora agradecía que no dejaran de abrazarla.
— ¡Es cierto!—oyó un grito, sus ojos zafiro buscaron el origen de la voz femenina y pudo ver en la entrada de la zona de despegue a su hermosa hermana sujetando el borde de su vestido largo y totalmente agitada—estás… estás—frunció el ceño al ver su estado pero antes de poder decir una palabra la joven corrió hacia ella y se sumó al abrazo familiar— ¡Bulma!—gritó la ahora Reina y rompió en llanto. Fue ahí, en ese instante que la princesa reaccionó y despertó de su trance mental y físico. Sacó fuerza de donde no tenía y se forzó a mirar a todos a su alrededor. Todos, desde sus padres, Raditz y los técnicos la miraban sonriendo, otros llorando o incrédulos-en el caso del saiyajin-. Fue el llanto de su hermana quien la hizo entrar en razón ¿Qué rayos pasaba?
—No entiendo—comentó apenas audible entre los sollozos de su familia— ¿Qué ocurre?
— ¡Tight!—chilló la voz aguda— ¡no corras así! Me dejaste atrás—dijo Jaco, entrando agitado a la zona de despegue, se detuvo en la entrada e intentó recuperar el aliento, levantó la mirada y vio a la familia real abrazados y llorando—oh por el Rey galáctico—susurró— ¡Bulma, estás viva!—se alegró y corrió a paso suave hacia el grupo.
La joven abrió los ojos asombrada, al oír al patrullero, intentó alejarse de su familia y poco a poco sus padres y su hermana entendieron el mensaje, pasaron unos minutos donde sus familiares no querían alejarse de la princesa pero terminaron rendidos a los empujones sutiles de la científica. Bulma miró sus rostros enrojecidos y sus ojos hinchados de tantas lágrimas y se preocupó— ¿Qué… qué pasó?—su familia dejó de rodearle y fue en ese momento que cayó al suelo de rodillas, Raditz fue lo suficientemente rápido para alcanzar atajarla entre sus brazos firmes. La joven miró el suelo algo mareada, y vio las botas del saiyajin, y como si le hubieran lanzado agua en la cara, recordó a su esposo— ¡Vegeta!—exclamó preocupada—debo hablar con él, comuníquenme con él—pidió afirmándose de la armadura del saiyajin. Raditz frunció el ceño a la joven y miró a su mujer. Tight, mientras se secaba las lágrimas, miró a su padre. El ex monarca miró a su esposa pero la rubia no se dio por aludida, la mujer rubia sin dejar de llorar miraba a su hija menor.
— ¡Primero debes ver un doctor!—dijo la voz sensata del patrullero—te ves fatal… ni siquiera puedes sostenerte en pie—Bulma le frunció el ceño y sintió como la mano del saiyajin en su cintura, la levantaba y con su otra mano la pasaba debajo de sus piernas para cargarla.
—Pero quiero hablar con Vegeta—murmuró terca—él no sabe que estoy acá…
—Claro que no lo sabe—respondió Jaco adelantándose al resto—te dieron por muerta y al mes siguiente él ya se casó con otra y se coronó pfff menudo ex esposo tenías, si yo fue—la voz de Jaco fue interrumpida por un golpe en la cabeza de la rubia. El patrullero le frunció el ceño y antes de poder quejarse notó su metida de pata. Volteó hacia la princesa, y se calló de inmediato.
Bulma, que aun la cargaba el saiyajin, miró el vacío completamente ida en las palabras de su amigo morado. La habían dado por muerta ¿Por eso su familia estaba llorando de ese modo? Frunció el ceño confundida ¿Qué había pasado en ese lapsus? Lo primero que pasó por su cabeza era querer saber el estado del príncipe pero al recordar las crueles palabras de Jaco se contradijo mentalmente y se dio la respuesta sola, él estaba bien y con otra mujer. Sintió su pecho comprimirse y sus ojos arder, pero no había nada que caer por sus lagrimales. Estaba tan agotada que no podía ni siquiera llorar a pesar de que su pecho dolía más que su cuerpo entero e incluso que sus dolores estomacales—no le digan nada—susurró sin dejar de mirar el vacío.
Raditz, quien caminaba hacia el palacio, volteó hacia la reina para oír su opinión. La hermana mayor no tardó en dejarse escuchar—Bulma, él debe saberlo de todas maneras.
—Hija, es mejor que hablen las cosas—murmuró su padre siguiéndole el paso con calma al saiyajin—deben enviar un informe a Vegetasei y—
— ¡NO!—exclamó llamando la atención de todos. El saiyajin detuvo su paso justo en el umbral de la entrada—él está con otra mujer, no tiene por qué enterarse que estoy aquí. No tiene sentido—dijo con las pocas fuerzas que le quedaban—quiero ir a mi cuarto…
—Pero Bulma—murmuró su hermana—el protocolo dicta que—
—POR FAVOR—pidió alzando la voz—déjenme por primera vez decidir algo por mí misma—apoyó su rostro en el pecho duro del saiyajin y escondió su mirada de su familia—no quiero que él sepa. No quiero verlo… es la excusa perfecta para alejarme de él—susurró con su voz apenas audible.
—Pero…—murmuró la mayor.
—Déjenla descansar—habló su madre recuperándose del ataque de llanto—por ahora hagan lo que pide, luego conversamos mejor las cosas—Raditz no esperó más platica y la llevó a su dormitorio.
Antes de que el saiyajin pusiera un pie en el escalón, volvió a dormirse. Abrió sus ojos lentamente a la hora después, estrechó sus ojos al mirar a su alrededor. Lo primero que vio fue el dosel de su cama, cerró sus ojos nuevamente, aliviada, suspiró sintiendo como su cuerpo se relajaba. Frunció el ceño al sentir las náuseas otra vez, iba a moverse para poder acomodarse y así amainar un poco las molestas arcadas pero su brazo inmóvil se lo impidió. Volteó confundida hacia su brazo derecho y notó la aguja clavada en su vena pegada con cinta adhesiva a su piel. Siguió con su mirada el cable que procedía de la aguja, y notó la bolsa de suero que colgaba de un pedestal delgado y de fierro.
— ¿Cómo te sientes?—intentó girar hacia la voz, pero el movimiento la mareó. Cerró sus ojos y se movió con lentitud—has estado dormida.
—Quiero ducharme—murmuró al sentir el aroma de su vestido sudado y con vómito—quítame esto por favor.
—Lo siento—dijo su hermana mientras se acercaba a la cama—debes estar un poco más con el suero, estabas deshidratada—sintió el peso de su hermana en la colchoneta y abrió los ojos lentamente—estuviste dormida dos meses sin alimento ni agua.
—Pero los saiyajin siempre lo hacen—dijo frunciendo el ceño.
—Pero no eres saiyajin—respondió con calma—y los humanos no tenemos esa resistencia física…
—Quiero quitarme este vestido, apesta. Quiero una ducha—sollozó con voz infantil. Tight sonrío con nostalgia al verla, por fin veía un poco de su carácter. Llevó su mano hasta la de la joven y la cubrió con las suyas con suavidad, la princesa la miró escondiendo su asombro— ¿Realmente me dieron por muerta?
—… Hicimos una ceremonia—dijo sintiendo un nudo en su garganta— ¿Qué fue lo que pasó?
—… primero respóndeme algo—susurró desviando la mirada— ¿Qué fue lo que les dijeron?...
—Que un soldado de Freezer te secuestró—murmuró, Bulma contempló en silencio su rostro ensombrecido—y que cuando el antes príncipe, te fue a buscar, se enfrentó al soldado y lo mató—la princesa sintió su estómago revolverse al oír las palabras de la rubia ¿Zarbón había sido asesinado por Vegeta? La culpa fue de inmediata—y por venganza, Freezer destruyó la nave en que se supone tú viajabas.
—Ya veo—asintió después de unos minutos—… Zarbón no se equivocó después de todo, aunque se equivocó de protagonista.
— ¿Qué quieres decir? ¿Zarbón fue quien te secuestró?
—No me secuestró—contestó cerrando sus ojos—me fui por mi propia voluntad… Vegeta había aceptado ser el sucesor del lagarto, yo no lo soporté y quise irme—Tight abrió los ojos en sorpresa, sintió la mano de su hermana apretar la suya y prefirió callar y no juzgarla—Zarbón me envío a la Tierra para que no resultara herida si es que luchaba con él... —al recordar las palabras de Jaco, le fue imposible pronunciar su nombre. Su pecho volvió a doler y frunció el ceño incomoda con la sensación.
—Ya veo…—asintió la rubia—lamento mucho lo que pasó con ese soldado, pero al menos gracias a él estás a salvo.
—…—Bulma sintió sus ojos humedecerse, no sabía qué decir. Al final todo había sido una seguidilla de malas decisiones y ahora allí estaba, sola y sintiéndose enferma— ¿Qué pasó con Freezer?
—El Rey Vegeta lo eliminó—dijo con voz amargada—ahora es el Rey. Y el OIC le pertenece al imperio Saiyajin. Suspendieron el trato con la tierra apenas sucedió. Después de todo, su alegato fue que Freezer ya no era un problema para ningún Reino y que no necesitábamos protección y tú estabas muerta. Fueron unos idiotas—confesó con rabia contenida.
Entendía el enojo de su hermana mayor, pero ella conocía a los saiyajin y sabía era más que esperable su reacción. Si Vegeta había derrotado al tirano y eran dueños del OIC, no necesitaban a rastras un reino pequeño como el suyo, menos si ella no estaba viva para engendrar sus herederos. No eran relevantes y los saiyajin se deshacían de lo que no les servía. Miró el techo del dosel sin verlo realmente, con su mirada perdida pensó en cómo debió sentirse él cuando venció al lagarto… seguramente feliz, era lo que siempre quiso después de todo. Ahora debía estar más orgulloso y soberbio que nunca. Cerró sus ojos intentando contenerse. No era solo que no había confiado en él lo suficiente como para creerlo capaz de asesinar al tirano, no, lo que le dolía y afectaba enormemente era el conjunto de todo. El resultado de su torpe decisión era nefasto, pero solo para ella. Él la había reemplazado y ella se retorcía en su miseria al pensarlo. Siempre supo que él no la amaba, pero creyó que la relación que habían construido en esos años era lo suficientemente buena para ambos como para por lo menos respetar su supuesto luto, ahora veía lo equivocada que estaba. El respeto no existía en ese planeta, y él menos que nadie lo profesaba. Su pecho dolía tanto, no recordaba sentirse así antes. Quería llorar, romper en llanto, frustrarse, maldecirlo, maldecirse, gritar… lo que fuera. Pero nada salía de su boca ni de sus ojos. Estaba apagada, muerta en vida. No podía reaccionar y tampoco tenía las fuerzas como para poder hacerlo.
Debería estar aliviada pensaba, se había librado de él y sin consecuencias graves ni para su reino ni para ella. Estaba bien-dentro de todo-solo debía descansar y su vida continuaría como siempre, ignorando esos tres años que vivió con él. Pero no podía sentirse así, por mucho que le viera lo positivo a la situación, sus sentimientos no apoyaban su razón. Ella lo amaba, y haberlo perdido de ese modo le dolía demasiado, más incluso que saber que sus sentimientos nunca fueron mutuos. No era justo pensaba, ella había dejado su alma con él y no la había recuperado. Le dolía todo el cuerpo, el alma y más. Jamás pensó que de todo el daño que él le había hecho, este sería el peor. Un daño que no dejó huellas en su piel, pero si una profunda herida en su alma. Él la había cambiado… y ella allí estaba, agonizando en vida por un amor que nunca le correspondieron y que encima, él no merecía. Y era por eso que debería esta aliviada, él fue un imbécil, por mucho que después se haya redimido con ella, eso no borraba el daño que le hizo y lo que podía hacerle si se enfurecía. Al final, había huido de monstruos y había salido ilesa, debería estar conforme con eso. Pero nada consolaba su corazón, ella, la científica que siempre se jactó de ser la mejor e inteligente, sufría como cualquier otra mujer despechada y rechazada.
Abrió sus ojos lentamente, entendiendo que en ese momento no había lagrimas que derramar, no con compañía al menos-se felicitó mentalmente por su fortaleza, era lo positivo que podía rescatar de su experiencia con él. La había vuelto fuerte-soltó la mano de su hermana y le sonrió—es lo mejor que pudo pasarnos. Ahora somos libres de esos salvajes… a todo esto ¿Raditz se quedó?
—Si… no le pusieron problema—confesó sonrojada—como estaban histéricos con lo del príncipe y el OIC, no tomaron en cuenta que un soldado presentara al renuncia.
—Vaya… lo de ustedes va en serio—dijo sonriendo—quiero comer…—no sentía hambre, pero apenas soltó eso último, su estómago se retorció en un vacío doliente que la hizo espantarse ¿Cómo no había notado el hambre que tenía? —oh rayos, Tight tengo mucha hambre—pidió suplicante—quiero comer algo… lo que sea.
—Es que debes hidratarte antes—murmuró afligida—por lo menos un par de horas más.
— ¡No!—exigió frunciéndole el ceño, como si fuera una discusión muy importante-cosa que espantó a la rubia-sus labios se torcieron y sollozó alzando la voz de modo infantil— ¡Quiero comidaaaaa! Llama a mamá… quiero verla—Tight suspiró y le sonrió. Se puso de pie acomodando su falda y negó con su cabeza meciendo sus cabellos dorados.
—Está bien…—susurró agotada por las emociones vividas en las últimas dos horas. Caminó hacia la salida y antes de girar el pomo dorado de la puerta, su hermana menor habló.
— ¿No han dado aviso de mí, verdad?—preguntó seria. La Reina volteó hacia ella y miró sus ojos zafiro que no se despegaban de su cuerpo.
—… no—murmuró mirándola fijamente, sorprendiéndose mentalmente por la determinación que reflejaba la menor— ¿Realmente no le dirás?
—No—dijo con firmeza—entiéndeme y respeta mi decisión por favor—murmuró con su voz quebrada—no viviste tres años con él… no quiero volver a eso, por favor—era cierto que el último tiempo junto a él no fue como en el principio, pero tampoco fue ameno. La plática con Zarbón y los besos que le dio en la nave la hizo entender algo que había querido ignorar desde hace tiempo: ya no quería ser la muñeca de nadie. Y ser la mujer de él, era ser su muñeca perfecta siempre dispuesta para él. Y ya no más, no volvería a ser la mujer de nadie.
—… está bien—susurró desviando la mirada con culpa, recordando involuntariamente aquella época donde se alegró que fuera su hermanita menor la que viviera el calvario junto a los saiyajin. Sentir su mirada llena de angustia y algo más, la hizo rememorarlo y sentirse fatal. Antes no fue una hermana para ella, ahora lo sería. Si la menor no quería saber nada del saiyajin, lo respetaría y la protegería para que se sintiera bien. Tendría que convencer a Raditz, pero era sencillo hacerlo estando a solas—iré por mamá.
La princesa asintió y le sonrió agradecida. Se recostó agotada, como si solo esos minutos de plática con su hermana mayor le hubieran significado un gran esfuerzo y su cuerpo ya no pudiera rendir más. Suspiró pesadamente, sentía su corazón latir fuertemente, como si aún oyera las palabras del patrullero, como si aún no las asimilara. Tragó saliva con dificultad, había un nudo molesto en su garganta y solo podía intentar permanecer bien. No quería llorar, no quería y no merecía sentirse así por él, ni él sus lágrimas. No era que no viera su error, pero a su parecer lo que hizo no era motivo para olvidarla así como si nada. Sus ojos se humedecieron al pensarlo ¿Ella… no significó nada para él? Porque para la princesa, que él fuera el más fuerte lo volvía aún más inmune a las órdenes de los demás, por ello, que él aceptara una nueva mujer a su lado no tenía excusa de peso para la humana. Pero sabía que no había excusa ni que él se hubiera molestado por buscarla tampoco, después de todo lo único que le importaba al saiyajin era la grandeza de su imperio y cualquier mujer le serviría de vientre de alquiler.
Ella fue la estúpida que cedió a sus sentimientos, sentimientos que desde un principio nunca debieron salir a flote. Abrió sus ojos lentamente cuando oyó la puerta, no quiso mover su cabeza, quería evitar cualquier molestia relacionada con sus nauseas constantes. Logró ver entre la tela traslucida la figura de su madre y su hermana junto a un tercero que desconoció. Frunció el ceño molesta con la idea de visitas como la de algún consejero.
—Cariño—murmuró su madre acercándose a la cama con sus manos apoyadas en el regazo de su falda— ¿Cómo te sientes?
—Tengo hambre—respondió una vez que la mujer corrió la tela delicadamente con su mano y se sentó a su lado—quiero bañarme, está vez si aceptaré la ayuda—pidió suplicante, segundos después se fijó en el hombre que estaba detrás de su hermana mayor, pero el rostro ensombrecido de Tight llamó más su atención que el extraño que no alcanzó a estudiar— ¿Pasó algo?
—Te hicieron unos exámenes mientras dormías—murmuró sonriéndole dulcemente a su hija. Bulma asintió expectante, la mano de su madre acarició la suya y la envolvió entre sus dedos con suavidad. La joven miró a su hermana y notó que la rubia estaba inquieta. Frunció el ceño al ver a la mayor perturbada, su hermana había estudiado demasiado bien su futuro rol como para titubear y dejarse ver en ese estado, inevitablemente se preocupó.
—… ¿Me dirás que tengo?—preguntó frunciendo el ceño, ya molesta con las pausas incómodas. Su madre sonrió y tomó su mano, besó con cariño el dorso suave y luego lo acarició—mamá… estás preocupándome.
—Oh no—negó la mujer—tranquila, no debes alterarte. Ya bastante mal lo pasaste en ese viaje horroroso de dos meses que hiciste en esa navesucha…—comentó indignada con una mueca en sus labios rosa coral.
—Mamá por favor—exigió impaciente— ¿Qué pasa?
—Oh, lo siento cariño—susurró recuperando la seriedad—… pues, aparte de deshidratada y con inanición, eh… tienes un embarazo de dos meses—soltó con rapidez. Bulma sintió que las palabras se quedaron flotando en el ambiente. Abrió su boca lentamente, si antes le costó procesar lo que Jaco le dijo, su madre le había ganado con creces al patrullero. Las palabras de su madre no entraban en su cabeza, se quedaban atoradas en su oído pero no las comprendía. Miraba el rostro preocupado y a la vez ansioso de la mujer, luego a su hermana que ahora la observaba y su rostro dibujado por la preocupación y estrés la distrajo por unos segundos. Sintió una punzada en su pecho que no logró comprender, las palabras de su madre su mente no las procesaba pero su cuerpo sí, y era como si al revelar su estado, el ser que crecía en su interior quisiera llamar su atención, haciéndole reaccionar y entender las palabras que decía su madre, provocándole una ola de mareo que la hizo cerrar sus ojos unos segundos.
Al abrirlos, lo primero que vio fue a Raditz entrar por la puerta de su cuarto sin siquiera tocar, el saiyajin la miró serio y se acercó a su hermana sin decir palabra alguna. Luego miró al hombre que no conocía, vio su delantal blanco y reparó en el maletín que cargaba en su mano avejentada, un doctor, supuso. Volvió a mirar a su madre, quien la observaba afligida por su silencio.
— ¿Cariño?—preguntó temerosa. Tight se acercó a la cama justo antes de que Raditz llegara a su lado, cosa que al saiyajin le incomodó pero supo disimular con una leve mueca en sus labios— ¿Estás bien?
— ¿Qué… qué fue lo que dijiste?—preguntó después de unos minutos de tenso silencio.
—…—la mujer agachó la mirada unos segundos, intentando recuperar fuerzas que no sentía en ese momento, saber que su hija estaba viva había sido la mejor noticia de su vida. Ella respetaba la decisión de la pequeña de sus hijas, pero no sabía qué podía pensar ahora la menor con esa información y temía que se lo tomara mal—… eh… linda—comenzó diciendo mientras acariciaba su mano—estás embarazada.
Se quedó sin aire unos segundos, segundos donde su sangre se le subió al rostro y sintió su pulso detenerse. Alcanzó a abrir la boca para hablar, para negar y discutir aquella tontería y refutarlo con pruebas científicas de que ella se cuidaba para que eso no pasara. Pero su voz quedó en su cabeza y solo un sonido extraño se escapó de sus labios. Recordó casi al instante a Iris y esa tarde en la consulta, aquella vez que se quedó sin implantes subcutáneos y ella ingenuamente-imbécil-pensó que él no saldría de la cámara de gravedad ¿Cómo había sido tan estúpida? Y lo peor vino después, cuando el saiyajin se apareció esa noche por su cuarto y se revolcaron como si no hubiera mañana y así sucesivamente todo el puto viaje al planeta Cold XX. Estúpida, idiota, tonta, boba. No tenía más insultos que se le ocurrieran, se sentía la mujer más imbécil del planeta y quizá del universo ¿Cómo pudo ser tan irresponsable? Cubrió su boca con su mano libre, dejó ir el aire y el gritito que quiso salir a flote pero ése último lo suprimió con su palma y solo un chillido agudo se sintió en el cuarto.
Tight frunció el ceño afligida al ver a su hermanita, sintió su estómago revolverse y se subió a la cama sin siquiera sujetar su falda o medirse en frente de los demás. Gateó hasta la cabecera y la abrazó, Bulma se apoyó en su hombro y lloró. La Reina sintió sus ojos humedecerse y lo único que pudo hacer fue refugiarla en su abrazo y besar su frene perlada. Raditz frunció el ceño incómodo por la demostración, miró al doctor quien desviaba la mirada igual o peor que él. Sin mucho cuidado le dio un suave codazo que hizo que el profesional se tambaleara a un lado, el hombre miró asustado al saiyajin y el guerrero solo movió su barbilla hacia la puerta. El doctor no tardó en entender y se dio media vuelta para dejar a la familia a solas.
La madre de las jóvenes cubrió su boca y cerró sus ojos, aunque le agradara ver que sus hijas se llevaban bien ahora, era imposible no sentirse mal al verlas así y sollozó en silencio. Para nadie era una desgracia ese embarazo más que para la princesa y era por eso que no podían saltar felices por la noticia. Tight justo había llegado a su lado a decirle que apoyaran a la menor en su idea de no decirle al Rey Vegeta joven que ella estaba sana y salva, cuando les dieron los resultados de los exámenes. Ambas sabían que la menor no lo estaba pasando bien y que posiblemente sus decisiones eran respuesta de su despecho y era comprensible. No había procesado del todo la noticia, aun se sentía mal físicamente y ahora le decían lo del embarazo, pudieron esperar, sí, pero optaron por ser honestos con ella desde un principio. Por mucho que quisieran ignorarlo, Bulma no era una niña y que estuviera embarazada era la prueba más evidente. Ella merecía saber porque se sentía de ese modo.
—Bulma—habló Raditz, algo incómodo al interrumpir a las hermanas. Tight se alejó lo suficiente para que su hermana pudiera mirar a su pareja. La princesa tenía el rostro rojo por el esfuerzo del llanto y sus ojos zafiro resaltaban más que nunca al igual que su cabello y el carmesí de sus labios—debo decirle al Rey Vegeta que esperas a su heredero—Tight abrió los ojos como plato y su madre exclamó afligida al oírlo. Raditz frunció el ceño molesto ¿Por qué actuaban como si fuera el villano? Él estaba en lo correcto y a pesar de ya no trabajar para el ejército saiyajin, seguía siendo uno y le debía lealtad a su imperio.
— ¿De qué estás hablando?—sollozó la princesa frunciéndole el ceño.
—Sé que estás molesta porque el Rey tomó a otra mujer—murmuró acercándose—pero tú eres su mujer y su unión es más válida que el compromiso civil que pudo haber teni—
—No—interrumpió la joven, mirándolo con rencor. Raditz se sintió nuevamente como el enemigo de la sala—yo no soy su mujer.
—Bulma—murmuró serio—las leyes saiyajin dictan que—
—NO—exclamó alejándose de Tight—a mí tus leyes me importan un bledo—se apresuró en decir mientras secaba sus lágrimas—yo no volveré a ese planeta y no le dirán nada a Vegeta porque no hay nada que decir.
— ¿Qué quieres decir, cariño?—preguntó su madre frunciéndole el ceño y temiendo por su respuesta.
—Eso—dijo la joven agachando la mirada—no hay nada que decir ni que hablar. Yo no tendré este bebé—ignoró las miradas de indignación o reproche que pudieran darle, no quiso prestar atención a sus reacciones. Lo único que pensaba la princesa era en corregir su error y evitar a toda costa que algo como un hijo, la obligara a volver a Vegetasei.
—Bulma—murmuró su hermana—no puedes estar hablando en serio—dijo con tono comprensivo—estás molesta ahora, cuando pienses bien las cosas puedes tomar una decisión pero—
—NO—negó meciendo sus cabellos turquesas—no tengo nada que pensar. Yo no tendré el hijo de un asesino—Raditz se tensó al oírla, frunció el ceño y apretó sus músculos intentando relajarse, pero aun así su voz sonó golpeada.
—Es el heredero del Imperio Saiyajin de quien estás hablando—gruñó el guerrero—no tienes derecho a acriminarte con él. Es una traición al Reino.
—Es mi cuerpo—dijo entre dientes, oír la terquedad del saiyajin le recordó a él y eso la molestó más—tengo todo el derecho a decidir lo que quiera. Yo lo pariré, no tu imperio.
—Bulma—dijo afligida la Reina—piensa un poco antes, te puedes arrepentir de esto.
—No dejaré que esto quede impune—gruñó el saiyajin—si te atreves a ponerle un dedo encima al príncip—
— ¡RADITZ POR FAVOR!—gritó la Reina sorprendiendo a los presentes. El guerrero guardó silencio automáticamente ante la demostración de autoridad de su mujer—no estás ayudando con tus demandas absurdas—el saiyajin abrió los ojos con sorpresa y escondiendo lo que le afectaron sus palabras—guarda silencio un momento—exigió—no se trata de tu imperio, se trata de mi hermana y mi sobrino—Bulma sintió una opresión en su pecho al oír la palabra "sobrino", sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente y comprendió ahí, que si dejaba pasar más tiempo con aquello en su vientre, su determinación flaquearía.
—Cálmense todos—habló su madre llamando la atención—antes que nada, Raditz, cariño—el saiyajin frunció el ceño a la madre de su mujer y se sonrojó al oírla, no lograba acostumbrarse a esos tratos—entiendo que sientas lealtad por tu pueblo, pero tu pueblo no fue leal con mi hija ni mi reino—comentó con elocuencia y seriedad que sorprendió a los jóvenes—sé que el Rey no podía quedarse sin una compañera, pero fueron sus respuestas para mi reino lo que me hace decir esto. Si mi hija no quiere volver para ser la Reina del imperio saiyajin, por favor acepta y respeta su decisión y danos tu voto de lealtad, así como nosotros te hemos dado el apoyo para que estés con mi hija Tight a pesar de que Jaco es su Rey—Raditz quedó mudo. Contempló estupefacto a la mujer mayor y luego a las hermanas que miraban igual de sorprendidas a su madre. El saiyajin suspiró y sin decir palabra alguna desvió la mirada, rendido ante las palabras de la ex Reina—gracias, cariño.
Bulma miró a la pareja de su hermana y suspiró con disimulo—mamá, no te molestes en convencerme de lo contrario—sentenció desviando la mirada.
—Si estás tan segura ¿Por qué escondes tu rostro?—preguntó con falsa inocencia. Bulma frunció el ceño y evitó prestarle caso, conocía las técnicas de manipulación de su madre—tu hermana no puede tener hijos ¿Te lo habíamos dicho?—la princesa volteó hacia su madre presa del asombro, miró a su hermana esperando encontrar alguna prueba de su mentira, pero solo encontró tristeza en su mirada. Miró al saiyajin quien incómodo y tenso desviaba la mirada—se ha hecho tratamientos pero no funciona. No te pido que quieras conservar a tu bebé por el reino—agachó la mirada al oírlo otra vez "bebé", la presión en su pecho creció—te pido que hagas lo que realmente quieres, lo que sé que tú harías.
—No quiero… tenerlo mamá—susurró sin mirarla al borde de las lágrimas—no me pidan que lo tenga…
—… ¿Es por despecho o porque no quieres ser madre?—la joven no respondió. Su madre se acercó más y tomó su mano, frunció el ceño al sentirla fría—no sé qué pasó entre él y tú, solo puedo imaginarlo y no te pediré que me lo digas—murmuró mirando su rostro escondido entre la almohada y su pecho—pero quiero que te preguntes ¿El bebé tiene la culpa de lo que él hizo o lo que pasó?—la joven le quitó su mano rápidamente y cubrió su rostro. Podían ver como sus hombros se sacudían en su sollozo silencioso—déjennos—susurró la mujer a la pareja. Tight frunció el ceño disconforme, pero pronto cedió a su petición. Raditz en cambio, en menos de cinco segundos ya estaba saliendo del dormitorio.
Su madre la envolvió en un abrazo cálido, de esos que al sentir el contacto uno cree que cualquier problema no es lo suficientemente grave como para sentirse mal. La joven sollozó entre su pecho, confundida y angustiada. Ella no estaba lista para algo que no quería, y por muy egoísta que resultara, estaba cansada de hacer cosas sin quererlo y no estando preparada para ello. Había tenido bastante de eso con él, y no quería que lo último que la obligara a hacer fuera lo más importante de su vida, un hijo. No se veía como madre ni con un niño a cuestas, no lo quería. Pero las palabras de su madre resonaban en su cabeza y sabía que la mujer lo había hecho con esa intención, provocarla y hacerla sentir culpable y dudar. Podía entender que dentro de los sentimientos y pensamientos de su familia, abortar no era algo que vieran con buenos ojos. Pero ella no era como sus padres o hermana, ella era algo retorcido. Ya no era la niña de hace tres años, era una mujer que había aprendido a madurar hasta cierto punto y que ahora solo quería y velaba por ella misma, y un hijo no estaba en su plan. Era egoísta, lo sabía y era por eso mismo que sabía que no estaba lista para ser el ejemplo de otro ser. Muy en el fondo-quizá no tanto-estaba el despecho, quien le gritaba con rabia que lo último que podía hacer era dejarse un "recuerdo" así de él. Ya bastante le había hecho en su vida para también marcarla a ese punto. El rencor empezaba a dominar sus células, exigiéndole borrar cualquier rastro que él pudo haber dejado en su piel y lo que crecía en su interior era la huella más notoria y preocupante. Cambiaría su vida, nuevamente por su culpa y era lo que más odiaba. Poco a poco fue reconociendo cada sentimiento negativo que despertó en ella al saber que esperaba un hijo de él, y se sorprendió al comprender lo mierda de persona en que se había convertido. Y aunque sabía que había tenido un importante precursor, era su carácter débil quien había permitido que eso pasara. Sí, se sentía débil e impotente y odiaba sentirse de ese modo.
Era difícil tomar una decisión en ese estado, pero a pesar de todo lo malo que pasaba por su cabeza, la idea de ser una mierda de persona quedó dando vueltas. Ella no quería ser igual a él, no quería volverse una perra fría sin sentimientos ¿Realmente sacrificaría a un inocente por despecho y egoísmo? Su madre tenía razón, el bebé no tenía la culpa de lo que su padre le había hecho ni de en lo que la había convertido y más aún, no tenía la culpa de su propio error. Ella fue quien se descuidó y si ahora estaba dudando de ser o no madre, se debía exclusivamente a su irresponsabilidad ¿Iba a huir de su mayor error?
No. No podía dar vuelta la página sabiendo que había cometido aquel descuido y había huido cobardemente. Además… no quería volverse en un monstruo, no quería ver a lo que crecía en su vientre como "eso", como el "ser", no. Quería verlo como lo que era, su hijo. Quería ser mejor, quería ser mejor persona para él o ella, quería ser un buen ejemplo y protegerlo, debía empezar por hacerlo de ella misma. Cerró sus ojos dejando ir las últimas lágrimas de indecisión y rabia, apretó fuerte a su madre con las pocas energías que tenía y suspiró, dejando ir toda la angustia previa—no quiero que él lo sepa…—susurró apenas audible.
— ¿Qué cosa, bebé?—preguntó su madre con un tono amable en su voz, mientras le acariciaba la cabeza, pasando sus dedos largos y finos por las hebras suaves de su pelo.
—… lo de mi bebé…—susurró con dificultad mientras sus mejillas se sonrojaban—no quiero que sepa nada—sintió el pecho de su madre inflarse y retraerse en un profundo suspiro. Cerró sus ojos con culpa, sabía que la había preocupado y causado un mal rato, agradeció que su padre no estuvo allí, al pensar en su padre se tensó ¿Qué le diría sobre su situación?
—Si es lo que quieres, lo respetaremos—respondió su madre y le besó la frente—no te dejaremos ir nunca más, cariño—Bulma abrió sus ojos lentamente al oírla, recién entraba en cuenta que su situación nunca fue solo suya, había arrastrado a sus padres y hermana en su tortuosa relación. Al haber actuado de ese modo hace unas horas debió dejar más que claro que bien no lo pasó en Vegetasei. Era un poco injusto, lo sabía, porque al final los primeros meses fueron horribles pero los últimos años no. Al menos no del todo, pero él siempre hacía que todo se viera mejor a su lado. Realmente estaba enferma. De todos modos ya estaba, su familia comprendía que no quisiera volver y con eso estaba bien. Quería estar bien.
—Tengo hambre—murmuró conteniendo el suspiro—y apesto.
—Oh cierto—recordó la mujer separándose de su hija—traeré al doctor para que te revise y así puedas comer pronto. Llamaré a la servidumbre para que te ayuden a bañar—la joven asintió y casi suplica porque se quedara al sentir su ausencia mientras la mujer se bajaba de la cama.
— ¿Es verdad que… Tight no puede tener hijos?—preguntó antes que su madre se alejara de la cama.
—Si—asintió borrando la sonrisa de su rostro—no queríamos preocuparte, por eso no te contamos.
—…Entiendo—susurró recostándose con calma para evitar nauseas indeseables—no hay mal que por bien no venga, supongo—susurró cerrando sus ojos.
—Exacto—sonrió su madre, conforme con haber conseguido que su hija cambiara de opinión. Más tranquila, caminó hacia la salida—me apresuraré, no quiero que mi nieto te ponga mal—Bulma abrió los ojos bruscamente y la miró pero su madre cerró la puerta antes de que pudiera decir alguna palabra. Sonrió levemente, estaba casi segura que ahora su madre saltaba de felicidad y pronto todos se unirían al festejo. Suspiró y cerró sus ojos, sentía que no había descansado nada, como si dos meses en sueño inducido no le bastaran ¿Sería culpa de su hijo el agotamiento constante? Frunció el ceño al pensarlo, su hijo…
Su mano libre de aguja se movió involuntariamente sin siquiera premeditarlo. Se posó con suavidad sobre su vientre plano cubierto por las cobijas y su vestido sucio. No respiró, como si al dejar de hacerlo pudiera oír mejor cualquier señal de que algo vivo crecía en su interior. Pero no hubo respuesta. Rodó los ojos molesta consigo misma, tenía dos meses de embarazo, era imposible que el bebé pateara o algo así. Un hijo… sus dedos arrepollaron las cobijas sobre su vientre, e intentó calmarse. Su corazón latió con violencia, tanto que le dolía. En unos meses su abdomen crecería ¿Estaba lista para algo así? Tenía 19 años, sabía que había mujeres incluso más jóvenes que habían sido madre ¿Por qué ella no? Soportó tres años de sexo saiyajin ¿Cómo no podría soportar un embarazo?
Había sido un día extraño y aun no terminaba. En horas se enteró de tanto… se quedó sin esposo y con un hijo, parecía una broma cruel. Sabía que no estaba sola, que su familia la respaldaría y que la aventura que ahora enfrentaría no sería sencilla, pero debía intentarlo. Quería ser fuerte, quería ser una madre digna para su bebé y para eso debía madurar. No podía permitir sentirse derrotada nunca más por nadie, ni siquiera por él. Mucho menos él. Sería madre y las madres eran fuertes, debía serlo y proteger a su bebé—mi bebé—sintió sus mejillas sonrojarse al decirlo en voz alta, de pronto el despecho y él se quedaron atrás. No había tiempo para pensarlo más, debía enfocarse en ella y en su hija o hijo—lamento haber dicho esas cosas—susurró con un nudo en su garganta, era extraño estar allí hablando sola, pero aunque no lo viera, algo en su interior la animaba a hacerlo, a pensar que su bebé la oía y que merecía aquella disculpa—te protegeré, lo prometo—susurró cerrando sus ojos mientras un par de lágrimas se deslizaban por su mejilla.
Antes de dormir otra vez, acarició su vientre y se rindió. Quedando en su memoria aquella promesa que cumpliría a toda costa. Sonriendo al pensar en él, en su bebé. Solo eran ella y su bebé.
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Gobernando en tu corazón continuará en su secuela "Vuelve a mí"
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N/A: Antes de publicar el capítulo, tenía todo un discurso planeado para decir y ahora me quedé en blanco. No saben cuanto ha significado para mí este fic. Lo he dicho antes, jamás pensé que mi primer fic después de haber vuelto a leer en FF, tendría esta popularidad que GTC posee. Nunca lo pensé ni ambicioné a eso. Es por eso que les pido disculpas ante mano, por todos los errores que cometí y que espero no repetir. GTC fue el fic con el que volví a escribir, me equivoqué mucho tanto en la historia como en detalles técnicos de ortografía o redacción, pero aprendí también y cuando miro los primero capítulos veo el progreso que ha tenido y no me siento conforme pero si aliviada de ver que progresamos. En un año y medio, GTC se volvió mi dolor de cabeza, no supe manejar la llegada que tuvo y falté a mis propios sentimientos para no molestar al lector, no pensaba comentarlo pero lo diré y el detalle más importante fue que Bulma se enamorara de él. Desde que se me ocurrió esta historia, jamás pensé que Bulma sintiera algo por él. Pero no estaba lista para entender que entre gustos no hay nada escrito y falté a mi creatividad y eso hizo que le perdiera el respeto a la historia. Pero luego nos reconciliamos y ahora puedo decir que a pesar de todo, estoy feliz de haber terminado este fic.
Me costó demasiado escribir el cap, no pensaba hacerlo esta semana pero me dije y me impuse, que ya no podía seguir aplazándolo, si no lo terminaba entre estos días, el final estaría para fin de año y no quería que eso pasara. Sé que puede resultar algo cliché, pero repito que este fic estaba planeado de ese modo desde el comienzo y aunque un lector adivinó la idea general (que no quedan juntos y él se casa con otra) no me atreví a cambiarlo, era lo que me había impuesto y planeado y prefiero dejarlo así, además era la forma para poder entrelazarlo con su secuela.
Debo reconocer que tengo miedo, miedo de terminarlo y dar "complete" a la historia, pero debe pasar y no hay nada más que decir al respecto. GTC me guío de vuelta al mundo de fanfiction y le agradezco por eso, ustedes lo convirtieron en el fic con más rw y se los agradezco. En un año y medio GTC consiguió todo eso. No sé cual es el poder que tiene esta historia, pero no puedo mantenerme indiferente a ella y ahora, completamente nerviosa les digo gracias ¡Muchas, infinitas y totales gracias! Por acompañarnos en esta travesía y darnos su apoyo, gracias a cada lector que se preocupaba y me preguntaba por el fic (aunque a veces me molestaba que GTC acaparará toda la atención xDDD) gracias a quienes dejaban rw, aquellos que acosaban la caja de comentarios dejando uno y otro y otro pidiendo por la conti plz xD y gracias a los miles de lectores silenciosos, porque sí, GTC lo leen miles de personas y de muchos lugares del mundo ¿Pueden creerlo? la dicha que siento de ver marcadores desde EEUU, Italia o incluso de Japón o Corea del Sur? sí, GTC logró eso.
Nuevamente ¡Gracias! gracias por su apoyo, por todo.
Lamento por el final y por mis errores y sé que es egoísta pedirlo, pero espero que me acompañen con "Vuelve a mi", secuela que publicaré a fin de año.
Gracias y despidámonos de GTC :)
Adiós.
5 de Noviembre, 2016.
