Capítulo 36
Juego de manos
Entraron a la casa. Katniss se sentía algo nerviosa y ansiosa al mismo tiempo, las palmas de las manos le sudaban, aunque había anhelado ese momento durante todo el día.
Se fueron directo a la sala, la cual se encontraba iluminada por velas, y en esta ocasión, gracias a Dios, Johanna no les había dejado una caja de condones sobre la mesa de centro, sino se había limitado a colocar el regalo que Katniss había comprado para Peeta desde hacía un par de semanas.
― ¿Te parece bien si nos sentamos para que puedas abrir tu regalo?
― Claro ― sonrió, observando las pequeñas velas que estaban colocadas con cuidado de forma que alumbraban el lugar, manteniendo una atmósfera romántica.
― Espero que te guste ― tomó la caja y se la colocó sobre las piernas. Quería ver su reacción cuando lo abriera y se mordió un labio expectante, esperando a que Peeta lo hiciera.
Él comenzó a quitar la cinta con cuidado en uno de los extremos.
Ella rodó los ojos ― Puedes romperlo si quieres.
La vio de reojo y en sus labios se dibujó una sonrisa traviesa. El papel voló en todas direcciones ― Es más divertido así, pero a Effie siempre le ha gustado que seamos más cuidadosos.
― Cuando éramos niñas, Prim y yo siempre los abríamos de esta manera ― se acercó más a él, rozando su brazo ― ¿Qué te parece?
Peeta se quedó observando el estuche de madera por un momento, después con cuidado abrió los broches y levantó la tapa ― ¡Es un estuche de arte!
― Contiene 160 piezas, es para varias técnicas de dibujo y pintura ― se mordió una uña ― ¿Te gustó?
Con cuidado, el rubio volvió a acomodar las cosas que había sacado para observarlas mejor y colocó de nuevo los cajones interiores, después la puso sobre la mesa de centro y se giró hacia ella ― ¡Me encanta!
― ¿Sí?
― Es mi marca favorita, no sé cómo se te ocurrió, pero es justo lo que necesitaba, tengo que poner orden de nuevo en todas mis cosas. Aunque no era necesario ― le tomó una mano ― Sabes que tu sola presencia es más que suficiente y lo que hiciste en el parque… ¡uf! Jamás habían hecho algo así por mí ― la tomó de la nuca y la acercó a él ― Muchas gracias ― susurró sobre sus labios antes de besarla.
Poco a poco la fue recostando sobre el sofá, pero ella lo detuvo con una mano e hizo que se enderezara ― ¡Espera! Aún hay más.
― ¿Bromeas?
― Ella se puso de pie y lo tomó de la mano ― Vamos a la cocina.
Él frunció el ceño ― ¿A la cocina?
― Claro. No puede celebrarse un cumpleaños sin pastel.
Encendió la luz y sobre la mesa estaba un pequeño pastel, era sencillo con betún de chocolate adornado solo con chispas de colores, decía "Feliz Cumpleaños Peeta" con letras rojas y amarillas, y tenía una sola vela en el centro.
Katniss tomó un cerillo y encendió la vela ― Por cierto, el pastel lo hizo tu hermano Bannock, me dijo que era tu favorito.
― Betún de chocolate con pan de vainilla ― sonrió él.
― Así es. Pide un deseo antes de soplar la velita.
― Espera, ¿no piensas cantarme "feliz cumpleaños"?
― ¡Ya te canté hoy!
― Sí, pero no esa canción.
Las comisuras de la boca se le curvaron para arriba ― De acuerdo ― se aclaró la garganta y cantó la versión corta ― Ahora pide un deseo.
Él se sentó frente al pastel, cerró los ojos un momento y después apagó la vela.
― ¡Mordida! ¡mordida! ― le dijo ella entre risas.
― Odio que muerdan los pasteles directamente, me gusta más cortar una rebanada y morder solo ese pedazo.
― No seas aburrido, Mellark. Anda.
La miró de reojo con algo de desconfianza y después se acercó para morderlo, pero cuando estaba a punto de hacerlo, Katniss lo empujó ligeramente de la cabeza, haciendo que se manchara la boca y la punta de la nariz.
Soltó la carcajada cuando lo vio embarrado, pero él no rio, por el contrario, se puso serio, tomó el pastel y lo colocó sobre la barra a un lado de la estufa sin decir una palabra.
― ¿Te enojaste? ― preguntó algo preocupada. Él no contestó ― Peeta yo…
Giró rápido y la tomó de la cintura, sorprendiéndola para después estampar sus labios en los suyos y embarrarla de betún.
El beso sabía a chocolate, y ella rio en su boca antes de corresponderle y dejarse llevar. Con sus labios y lenguas, comenzaron a quitarse los restos del betún, aunque no hacían más que esparcirlo más.
De pronto, Peeta la levantó para sentarla sobre la mesa. Ella abrió las piernas para que él se posicionara entre ellas y así poder continuar besándose, manteniéndose muy cerca.
El rubio le besó la mandíbula y bajó al cuello, dejando a su paso un rastro de chocolate que aún tenía en la punta de la nariz y continuó así hasta llegar a la clavícula.
― Vas a mancharme la blusa ― le dijo sin intención de detenerlo. La blusa que ella vestía era de un tono naranja mandarina, se cruzaba por el pecho y se amarraba por un lado con dos tiras.
― Tendré cuidado, pero si la mancho, el chocolate se quita al lavarla, no te preocupes.
― Espera ― sin pensarlo dos veces, jaló una de las tiras y abrió la blusa, dejando al descubierto su sencillo sostén color nude con encaje, y dejó que la blusa resbalara por sus brazos hasta quedar sobre la mesa.
Los ojos de Peeta brillaron como los de un niño que acaba de entrar a una dulcería ― Eres preciosa ― comenzó a besarle los pechos, mordiendo ligeramente la tela del sujetador mientras con sus manos subía la larga falda bohemia que traía puesta la castaña, y le acariciaba las piernas.
Katniss ya no estaba pensando, solo quería sentirlo más cerca. Lo tomó del cabello y tiró de él, lo justo para que volteara a verla ― Vamos a la habitación ― lo abrazó por la cadera con sus piernas.
Él no dijo nada, simplemente obedeció y la llevó hasta ahí, sin dejar de besarla durante todo el camino lo que provocó que ambos chocaran con varios objetos y rieran.
Cuando entraron, la recostó con cuidado sobre la cama. Ella empezó a desabrochar los botones de su camisa, pero él decidió ahorrar tiempo y se la sacó por la cabeza; después se inclinó sobre ella y continuó besándola al tiempo que acariciaba sus pechos, masajeándolos con las manos.
― ¿Puedo? ― preguntó casi sin aliento, cuando metió las puntas de los dedos dentro de las copas del sostén.
Con el corazón martilleándole, ella se apoyó en sus codos y se lo desabrochó.
Por un momento el tiempo se congeló, ambos se quedaron con la mirada fija y ella solo asintió levemente para darle luz verde. Con las manos un poco temblorosas, él tomó los tirantes y los deslizó suavemente por sus brazos.
― Eres perfecta… ― murmuró roncamente ― Completamente perfecta ― bajó de nuevo esta vez sobre los pechos, dejando besos con la boca abierta de forma que su aliento le calentaba más la piel si eso era posible, porque ya se sentía a punto de ebullición. Capturó un pezón entre sus labios y ella gritó sintiendo más cerca su orgasmo.
Lo tomó del cabello para mantenerlo en ese lugar y continuó gimiendo ante sus atenciones, era como si estuviera rodeada por una neblina de deseo que le impedía pensar y solo le permitía sentir e incrementaba la humedad entre sus piernas.
Sus labios se encontraron de nuevo, y en esta ocasión ambos gimieron cuando sus pezones rígidos quedaron aplastados bajo el firme pecho del rubio. La sensación de sentirlo piel con piel era indescriptible.
Él aun llevaba puestos los pantalones de mezclilla, y la tosquedad de la tela rozando su fina prenda interior, incrementaban su tortura. Se frotó contra él tratando de encontrar por fin su liberación y fue en ese momento cuando sintió la mano de Peeta.
― Déjame hacerlo ― suplicó con los ojos completamente negros de deseo.
No podía hablar, así que de nuevo asintió con la cabeza.
Los dedos de Peeta se colaron por debajo de la ropa interior a juego que traía, la falda estaba enrollada en la cintura, así que no era ningún estorbo entre los dos. Katniss gimió de nuevo y se aferró a él para que la besara, y el momento en que un dedo recorrió su entrada, arqueó la espalda y empujó con su pelvis para arriba, deseaba más.
Estaba derritiéndose, la piel le ardía, las terminaciones nerviosas le burbujeaban y comenzaba a recorrerla un hormigueo por todas partes.
― Peeta… ― suplicó en su boca.
El momento en que un dedo se deslizó en su interior, todo estalló. Ella cerró los ojos y lo tomó fuertemente de su brazo para que no lo moviera y lo mantuviera donde estaba hasta que los espasmos que recorrían su interior se calmaron y ella se hundió más en la cama. Fue rápido, pero era algo que no habían hecho antes y eso aceleró su orgasmo.
El rubio retiró su mano con cuidado y puso las dos a ambos lados de su cabeza, atrapándola contra la almohada.
― Eres increíblemente sexy, jamás me voy a cansar de repetirlo ― le sonrió ― Casi haces que me venga tan solo de verte a ti.
En ese momento ella reparó en él y que mientras ella había alcanzado su clímax, su novio no lo había hecho. Colocó la mano sobre sus jeans y sintió la erección.
― Haces que se me ponga muy dura ― habló de nuevo con la voz ronca.
A ella le gustó su forma de expresarse tan directa. Así que aprovechando que por su cuerpo aun la recorrían rastros de valentía y lujuria, le desabrochó el cinturón, abrió el botón y bajó la cremallera.
― ¿Qué haces? ― detuvo su mano cuando ella iba a introducirla en sus pantalones de mezclilla.
― Lo justo ― trató de liberarse y continuar.
― Katniss… ― de nuevo la detuvo y negó con la cabeza ― No es necesario, no me debes nada y no quiero que te sientas comprometida a hacerlo. Créeme que lo que ha pasado hasta ahorita… conviertes mis fantasías en realidad.
― No me siento obligada ― fijó la mirada en la suya ― Quiero hacerlo… claro solo si tú lo permites.
Soltó su mano, ella la introdujo en su bóxer y de inmediato lo sintió, aunque estaba duro, la piel que lo cubría se sentía suave y muy caliente. No sabía que hacer, así que tomó su erección con la mano y cerró los dedos alrededor.
Él lanzó un gruñido ― ¡Diablos, Katniss!
Pero la verdad, ella no sabía que hacer ― Yo… no… ― le sonrió apenada ― ¿Qué hago?
― Yo te enseño ― colocó su mano sobre la suya ― Solo aprieta un poco más y desliza la mano de arriba abajo. Aunque te advierto que no voy a durar mucho.
No lo estaba viendo directamente pues su mirada estaba fija en la de su novio, pero podía sentirlo.
El líquido que salió de la punta, Peeta lo esparció con su pulgar para lubricarse y también aprovechó la humedad que Katniss había dejado en sus dedos.
Ella hizo los movimientos como él le indicó, y acercó el rostro al suyo para besarlo, al tiempo que recorría su longitud.
De nuevo una mano se puso sobre la suya ― Me voy a venir ― y de pronto un líquido espeso y caliente le cubrió los dedos. Se sentía raro, pero no desagradable.
― Lo siento ― dijo él cuando abrió los ojos. Ella no había retirado la mano, no sabía que hacer, pero él la limpió con el mismo bóxer y después bajó de la cama de un saltó y corrió al baño por papel higiénico para terminar de limpiarla.
Katniss se dejó caer de nuevo en la cama y él se recostó junto a ella. Por alguna extraña razón no sintió la necesidad de cubrir sus senos, y así se colocó sobre él, abrazándolo por la cintura.
― Definitivamente, el mejor cumpleaños de toda mi vida.
Ambos rieron y se quedaron así un rato más, solo disfrutando del calor y la compañía del otro.
...
...
Hace 3 años
― No te muevas o te voy a picar con el alfiler.
― No me estoy moviendo, lo que pasa es que tú eres demasiado lenta ― Haymitch tenía el brazo extendido hacia un lado, mientras Effie ponía unos alfileres para hacerle algunos ajustes al saco ― ¡Ouch! Lo hiciste a propósito.
― Lo siento, querido, cuando me llamaste lenta, quise ir más rápido y terminé pinchándote.
― ¿Se puede? ― comentó una voz a su espalda.
La rubia volteó y sonrió ― Adelante, cariño ― colocó el siguiente alfiler.
― ¿Qué pasa, muchacho? ― Haymitch le habló observándolo por el espejo.
Rye se sentó en el descansabrazo del sofá ― Quería pedirte ayuda con algo Effie.
― Espera, ya voy a terminar ― colocó los siguientes tres alfileres deprisa y le dio unas palmadas en la espalda a su esposo ― Listo.
― ¡Pudiste hacerlo más rápido desde el inicio, pero preferiste mantenerme durante una hora con el brazo extendido! ― se quitó el saco ― Tengo que ir con Chaff.
― Exagerado, a lo mucho fueron 10 minutos ― ella desató su alfiletero muñequera y lo colocó en su mesa de trabajo, antes de sentarse a un lado de Rye ― Dime, cómo puedo ayudarte.
― Necesito comprar un regalo de cumpleaños.
― ¿Sí? ― lo empujó con el codo ― ¿Alguien especial?
― Glimmer cumple años la próxima semana.
Effie apretó los labios por un momento, pero se forzó a seguir sonriendo ― ¿Tienes algo en mente?
― Tiene tiempo diciéndome cuánto le gustan tus aretes, unos plateados largos que tienen unos brillantitos.
― ¿Mis aretes Tiffany?
― Sí, esos. Quiero regalarle unos aretes así.
― Rye, esos aretes los tengo desde hace muchos años, me los regaló mi abuela, que en paz descanse ― sacudió la cabeza brevemente y le tomó una mano ― Lo que quiero decirte es que son muy costosos, pero quizás podamos encontrar algo parecido en otra tienda a un precio más accesible.
― Tengo dinero ahorrado, estoy seguro de que podré comprarlos.
Prefirió no empezar una discusión ― Bien, ¿qué te parece si mañana vamos al centro comercial y los buscamos?
...
...
― ¿Qué te pasa? ― Haymitch estaba recostado en la cama observando a su esposa.
― Nada, ¿por qué lo preguntas? ― se puso un poco de crema en las manos y después la esparció sobre su pierna derecha, la cual tenía apoyada sobre el banco del tocador.
― Porque te conozco. ¿Es por Rye? No te pregunté a qué vino a buscarte.
Ella suspiró y continuó con su tarea ― Creo que está muy entusiasmado con Glimmer.
― Lo he notado. ¿Y?
― Me preocupa que él está como…
― ¿Empelotado con ella?
― Una manera vulgar de decirlo ― apretó los labios ― Pero sí, y dudo mucho que ella sienta lo mismo.
― Son jóvenes, déjalos.
― Es que siento que… ― sacudió la cabeza ― Mira en la tarde Rye me pidió ayuda para comprarle un regalo a Glimmer de cumpleaños, pero al parecer lo que ella le pidió, fueron unos aretes Tiffany como los míos.
― ¿Y?
― Haymitch ― volteó a verlo ― ¿No escuchaste? Dije Tiffany.
― Aja.
― No conoces esa marca ¿verdad?
― Claro que sí, amiga ― dijo con voz fingida. Se enderezó y se echó el cabello para atrás ― Y el color de uñas de moda para este otoño es el rojo carmesí.
Ella rio y le dio un golpe en el pie ― Eres imposible. Tiffany, para tu información, es una de las marcas de joyería más costosas.
― Que le regale otra cosa entonces.
― Trataré de convencerlo mañana. Espero que desista una vez que vea los precios, pero sabes cómo es él, y Glimmer… no me malinterpretes, pero siempre que los veo juntos creo que ella se está tratando de aprovechar de él.
― ¿Lo dices por experiencia?
Effie le lanzó una mirada, se quitó la bata y agarró de nuevo el bote de crema.
― Espera. Ven acá, yo te ayudo con eso.
―Vaya, ¡Qué caballeroso! ― pero hizo como le indicó y se acercó a él vistiendo solo su ropa interior a juego color negro ― Retomando el tema, aunque me dé pena admitirlo, quizás si me comporté como Glimmer en preparatoria.
― ¿Le pedías a los chicos que te compraran cosas?
― No, eso no; pero… recuerdo un compañero que se llamaba Larry y era todo un genio en física, sabía que yo le gustaba, así que puede que me haya aprovechado de eso y me convirtiera en su compañera de laboratorio para que hiciera un proyecto muy grande que teníamos que entregar a final del curso.
― Chica mala ― se puso de pie y le dio un beso en el hombro, al tiempo que empezaba a colocarle crema sobre el vientre y a frotarla con movimientos circulares.
― ¿Crees que sea el Karma? ¿Qué me va a hacer pagar eso que hice, haciendo sufrir a mi niño?
― Sabes que no creo en esas cosas. Lo que sí creo es que estás celosa. Estás actuando como una mamá celosa.
― ¡No seas ridículo!
― Es la verdad ― la giró en sus brazos ― Deja al muchacho. Ayúdale con su regalo, pero evita que se gaste todos sus ahorros comprando unos estúpidos aretes, y deja que solo se tope con pared, las desilusiones son parte de la vida.
La rubia hizo un mohín, no le gustaba la idea de que Rye pudiera sufrir un desamor.
Haymitch la besó, pero ella no cambió su postura, entonces le besó el cuello y le lamió ese punto tras la oreja que era su debilidad y fue lo que bastó para que ella se relajara y se olvidara de todo por un momento.
...
...
La joyería de la que tanto hablaba Glimmer, en verdad sobrepasaba su presupuesto y por mucho. Ya no tenían un diseño igual a los aretes de Effie, pero el modelo más parecido tenía un precio de 5,000 dólares, lo cual, era ridículo. Así que fue a otra tienda con la rubia, y se decidió por unos aretes Swarovski de plata, también con un diseño similar a lo que estaba buscando y que para su suerte tenían un descuento del 50% y solo había tenido que pagar 65 dólares por ellos.
Estaban en la fiesta de Glimmer, Annie y Beetee; y Rye estaba esperando el momento adecuado para decirle a la rubia que lo acompañara a otro lado para poder darle el regalo en privado; pero no podía evitar sentir muchos celos al ver a la chica que tanto le gustaba, bailando con el idiota de Marvel.
Odiaba cómo le sonreía y le coqueteaba, y aunque no quisiera admitirlo, una parte de él sabía perfectamente que a ella le gustaba el otro trapecista, aunque albergaba la esperanza de poder conquistarla. Por esa razón, trataba siempre de ayudarla a estudiar y le horneaba el pan que quisiera y le daba coraje saber que Marvel no movía un dedo por ella y aun así la tenía al alcance de su mano.
― Glimmer ― la llamó en cuanto ella se acercó a una mesa por una bebida.
― Hola Rye ― le sonrió ― Te ves muy bien esta noche ― lo recorrió con la mirada. Y ese tipo de acciones era lo que le daba esperanzas.
― Tú también te ves muy hermosa.
― Gracias ― le batió las pestañas.
― Me gustaría darte tu regalo de cumpleaños ― agarró con más fuerza la pequeña bolsita que traía en las manos y volteó hacia los lados ― Pero en otro lugar.
― ¡Un regalo! ― el rostro se le iluminó. Lo tomó de la mano y se lo llevó entre las casas a un lugar apartado ― ¡No me digas que es lo que te pedí!
― Bueno… ― se rascó la nuca.
En ese momento la chica se lanzó a sus brazos y lo besó.
Rye estaba seguro de estar en el paraíso, si es que ese lugar estaba lleno de ángeles como ella que besaban así.
Se separaron antes de poder profundizarlo más.
― Bien, ¡Qué esperas! ― extendió las manos ― ¡Dámelo!
Él colocó la bolsita en sus manos.
― ¿Swarovski? ― preguntó en cuánto vio el logo plateado impreso en la bolsa.
El rostro le había cambiado por completo, ya no sonreía, lo que hizo que él sintiera un nudo en el estómago.
― Como los aretes de Effie ya no había, así que te busqué el modelo más perecido que encontré en otra tienda.
Ella abrió la pequeña caja de terciopelo ― Son bonitos, aunque yo quería unos Tiffany ― clavó la mirada en la suya ― Y no me hubiera importado que fueran más pequeños.
― Yo todavía tengo el recibo de compra de los aretes… supongo que puedo regresar a la tienda que te gusta tanto y tratar de conseguir unos.
― ¿En verdad? ― de nuevo esa sonrisa que le encantaba ― ¿Harías eso por mí?
― Claro.
― Conservaré estos aretes que son lindos, y no puedo esperar a ver los otros que vas a comprarme ― se acercó a él y esta vez solo le dio un beso en la comisura de la boca ― Muchas gracias, Rye ― le dijo antes de marcharse de nuevo a la fiesta.
...
...
Al día siguiente de la fiesta, Rye estaba parado frente a la gran carpa con una pequeña bolsa de joyería Tiffany en una mano y 225 dlls menos en su cuenta de ahorros. Había regresado al centro comercial, esta vez solo, y compró unos sencillos aretes de plata, redondos y pequeños, que alrededor traían impresa la marca de la joyería.
Sonrió, estaba seguro de que a Glimmer le encantarían y desde que salió de la tienda no había dejado de pensar en la reacción que tendría la chica en cuanto se los diera, ¿lo abrazaría? ¿lo volvería a besar? No podía esperar más, así que entró y se fue directo a la pista donde esperaba encontrarla entrenando a los perritos; lo que nunca esperó encontrar fue a la rubia en brazos de Marvel, besándose.
― ¡Glimmer! ― le gritó. Sentía rabia.
Marvel se separó de ella y cuando lo vio comenzó a reír. Ella por su parte enfocó la mirada en la bolsa que traía en sus manos.
― Rye… yo.
No esperó a escuchar cualquiera que fuera la excusa que pensaba darle, salió de prisa de la carpa, sentía rabia.
― ¡Rye! ― le gritó otra voz.
Él no hizo caso y se fue directo a su casa.
― ¡Rye, espera! ― llegó Delly corriendo a su lado ― ¿Estás bien?
Exhaló, cerró los ojos un momento y después le contestó ― Perfectamente ― bajó la mirada hacia la bolsa que traía en las manos y se la tendió ― Toma, te compré un regalo, espero que te guste.
― ¡Gracias! ― exclamó una emocionada Delly.
Tomó uno de sus rizos y se lo colocó tras la oreja ― Seguro se te verán bien.
Se metió a su casa y se fue directo a su habitación, sin saber que una semana después regresaría a la joyería a comprar un pendiente para la misma chica que minutos antes le había roto el corazón.
Hola!
Qué les pareció el capítulo?
Advertí que las cosas se iban a calentar un poco entre esta pareja. Espero les haya gustado
Y ya empiezan a ver que fue lo que pasó entre Glimmer y Rye. Y sí, los aretes que tenía Delly el capítulo anterior, fueron los que Rye había comprado para Glimmer.
Próximo capítulo, boda de Finnick y una sorpresa hayffie.
Necesito ideas para la boda, así que si ya tienen en mente algo, no duden en dejármelo saber.
Muchas gracias por leer y gracias por sus comentarios: 0catita, claudiacobos79, Brujita22, Carla, AbyRegal4Ever123, 75everything, Ilovehayffie, BrendaTHG, blankius, atalinunezz1, F.
saludos
Marizpe
