Capitulo #35: El lugar escondido
(Isabella)
Anoche, Edward llego tardísimo a casa. Habíamos discutido, otra vez y había preferido irse a otro lugar que seguir a mi lado soportando como yo me dejaba caer. No entendía todo mi dolor, yo no sabia como manejar todo esto y había preferido dejarme caer.
Pero esa noche me había dicho algo horrible, no he sabido como interpretarlo. Pienso que quizás haya sido algo dicho en medio de todo su enojo y su frustración por que la otra opción me era muy dolorosa.
Justo ahora hubiera preferido seguir revolcándome con cuanta zorra se me pusiera en frente a estar aquí con un vegetal. Ya no te conozco Isabella –.
En ese momento había salido de la habitación completamente enfurecido.
Sé que me estaba dejando llevar por el dolor, pero repito, no sé como manejarlo. Me había pasado la noche entera pensando en las palabras de Edward ¿En verdad deseaba su anterior vida?
Me dolía pensar eso.
No puedo perderte, nunca me lo perdonaría –.
Edward tenía razón, no podía seguir así cuando mi hija me necesitaba. No podía dejarlo cargar con todo solo éramos dos, convertidos en uno y ahora nos quedaba apoyarnos no dejarnos el uno al otro como si los papeles firmados y los juramentos hechos no valieran nada.
Y aun sin todo eso, nos amábamos y debíamos apoyarnos cuando mas nos necesitábamos.
Me levante de la cama y fui al baño a darme una ducha, vaya que ya la necesitaba luego de una semana sin bañarme. Al salir, me mire en el espejo encontrándome con el yo demacrado: profundas ojeras surcaban mis ojos y mis labios y mi piel estaban pálidos.
Suspire.
Tengo que salir, tengo que ayudar a Edward a encontrar a nuestra hija –.
Me puse ropa cómoda de pants con tenis, salí del baño y limpie el desastre de la habitación, abrí las cortinas y ventanas para que se ventilara todo y baje las escaleras. Me sorprendió notar que no había nadie en casa, encontré una nota en el refrigerador: Esme avisaba que había tenido que ir a la boutique de Alice.
Con mi esposo y mi suegro trabajando. Estaba sola.
A pesar de no tener ánimos, me prepare algo ligero de comer, pero mientras me alimentaba fui descubriendo el hambre feroz que tenia. Arrase con el refrigerador y varias cosas más de la despensa, aunque no es que estuvieran rebosantes de comida. Me asuste. Nunca había comido así.
Considerando que había acabado con la mitad de los alimentos que había, y lo que había dejado no serviría de mucho para la comida debía ir al súper para resurtir la despensa. No iba a dejar a la familia sin comer. Subí de nuevo las escaleras y tome mis cosas para salir.
Mí amado mercedes estaba en el estacionamiento, así que luego de abrir el gran portón de la entrada salí al supermercado. Ya ahí, surtí de nuevo la despensa: galletas, enlatados, carnes frías y verduras; me sentí como una verdadera ama de casa. Era bueno hacer algo normal en medio de todo lo que estaba sucediendo. Al ver que ya tenía todo completo me dirigí a las cajas, formándome en una de las filas vi a una niña y a su mamá, la pequeña sonreía feliz en el asiento delantero del carrito.
-¡Mami! ¡Mami! ¡Mami! ¡Mira! –gritaba la niña muy emocionada, viendo un conejo de peluche sobre un mostrador.
-Ya lo vi cariño.
-¡Me lo compras!
La mujer miro a la pequeña con ternura.
-Corín, no puedo comprártelo todo linda. Ayer fue la pelota y no puedo comprarte otra cosa Ok nena.
La niña asintió comprensiva y la mujer tomo su turno en la fila.
Suspire.
Deseaba que mi bebé apareciera pronto para poder enseñarle más cosas y sobre todo, verla crecer hermosa como era.
-Te voy a encontrar Renessme, juro que te voy a encontrar.
Cuando llegue a casa me dedique a acomodar las cosas compradas y limpiar un poco.
-¡Bella!
Me gire ante el grito agudo que escuché: era Alice. Me miro de arriba a abajo con el rostro horrorizado.
-Alice que sucede.
-¡¿Como puedes usar eso?!
Me reí.
-Quiero andar cómoda –me excusé.
-¡Puedes andar cómoda y a la moda!
Sonreí y seguí con lo que hacia.
De pronto sentí que me abrazaba por detrás.
-Te extrañe.
Me gire y yo también la abrace.
-Yo también.
Cuando Esme llegó preparamos la comida juntas mientras Alice hablaba de su boutique, Jasper, su noviazgo, etc. Podía pasar un tornado por la casa y Alice seguiría con su plática.
Carlisle llegó a casa y sólo faltaba Edward. Pero el tiempo pasaba y no pudimos seguir esperándolo, teníamos hambre así que comimos sin él. Intente llamarlo al celular pero no contestaba. Termino llegando después de las nueve de la noche, casi las diez.
-¿Donde estabas? –escuche preguntar a Carlisle, ya que yo estaba al teléfono con Charlie, que me daba noticias de Sue y la búsqueda.
-Hubo una emergencia –contestó mirándome con curiosidad.
-Sue sigue muy nerviosa –me decía Charlie.
-Supongo que es normal papá. La admiro tanto. Es hasta ahora que caigo en cuenta de todo. He sido tan cobarde.
-No linda no digas eso, Sue ya tiene su experiencia, además Leah ya es una mujer, en cambio Renessme...
Cerré mis ojos angustiada, rogando a Dios que mi bebé estuviera bien. Que no le hicieran daño.
-Lo siento cariño –se disculpó mi papá.
-¿como esta Seth? –cambie de tema
-Mejor, con el tiempo podrá hacer como si nada. Pero lamenta no poder ayudar en la búsqueda.
-Todos hacen lo que pueden. Papá escucha, tengo que colgar Edward acaba de llegar. Mañana voy a verlos ok. Te quiero.
-De acuerdo linda. Me alegra que estés de vuelta.
-A mi también.
Colgué el teléfono y mire a mi marido.
A pasar del abatimiento evidente en su mirada, se le notaba bastante cansado y también tenía ojeras, pero aun así seguía viéndose guapísimo.
-¿Tienes hambre? –pregunté acercándome a él.
-Creo que es obvio ¿no?
-Si. En seguida te preparo algo –contesté y me dirigí a la cocina para recalentarle lo de la comida.
Comió sumido en un absoluto silencio, y tampoco dijo nada al subir las escaleras para irse a descansar, sólo un simple buenas noches. Yo subí luego de recoger un poco la cocina y el comedor. Él estaba en la cama, con los ojos cerrados.
Suspire, seguro estaba muy enfadado conmigo. Me sentía tan avergonzada por mi comportamiento que en verdad no sabia si debía disculparme, decir algo o dejar las cosas como estaban.
Entre al baño para cambiarme, me sentía muy cansada a pesar de no haber hecho algo agotador que lo justificara. Sin embargo, analizando mejor la situación, no era cansancio lo que en verdad sentía, la cuestión era que las fuerzas me faltaban.
Este era el primer día que seguía con el curso de la vida, a sabiendas de que mi hija, ese hermoso angelito que había llegado a iluminar mi vida, no estaba ahí. El primer día que afrontaba el dolor a la cara, me informaba como iban las investigaciones y me daba cuenta que seguíamos como al principio: sin saber nada de ella. Era el primer día que afrontaba mi realidad y comenzaba a sobrevivir sin mi hija.
-Dios mío dame fuerzas –susurré.
Me cambie antes de salir a la habitación, Edward seguía dormido, así que fui a acostarme a su lado en la cama, deseando no haberme portado tan egoísta, si no lo hubiera hecho ahora Edward no estaría enojado conmigo y sus brazos me rodearían como tanto lo necesitaba ahora. No pude evitar derramar las lágrimas que provocaban el nudo que se mantenía en mi garganta, trayendo con ellas un sorpresivo alivio.
-No tienes que hacerlo sola –dijo mi esposo.
Y entonces sentí su brazo protector rodearme. Al sentirlo así, no pude evitar soltar todo mi llanto. Él me abrazo con fuerza y yo me aferre a él como mi salvador que era.
-Perdóname Edward –sollocé –perdóname por haber sido tan egoísta.
-Ya amor. Estoy aquí.
Lo mire, y él también tenia lagrimas en los ojos.
-Estamos… estamos juntos –susurré.
Él sonrió, pero esa sonrisa no le llegó a los ojos. Limpie las lágrimas de sus mejillas y lo bese en los labios...
.
.
.
.
.
.
Una semana después...
Tome los papeles del escritorio, me los acababa de traer Lauren y tenia que revisarlos. Abrí la carpeta y como si hubiera abierto una cajita de música, un sonido emergió de ella, pero no era una combinación de notas, era un llanto, un llanto de un bebé. El llanto de Renessme.
Como acto reflejo, levante mi mirada, pero obviamente, mi bebita no estaba en mi oficina. Suspire resignada y seguí con lo mío.
El escuchar el llanto de Renessme había comenzado desde hacia un par de días, en un sueño donde al principio tenia en brazos a mi hija y corría por el bosque, luego veía a Marcus, él me miraba horrorizado y comenzaba a gritarme que corriera. De pronto, mi hija ya no estaba entre mis brazos... Edward me había tenido que despertar, por que gritaba desesperada.
Ahora siento que me estoy volviendo loca, por que siempre escucho el llanto de mi hija, siento como si estuviera llamándome, pidiéndome que la encontrara.
Escuche la voz de Lauren llamándome por el intercomunicador haciéndome volver a la realidad.
-¿Qué pasa Lauren?
-Señorita esta aquí una mujer que desea verla. Dice llamarse Atenodora.
Fruncí el ceño
-¿Atenodora?
-Si licenciada.
Entonces se escucho una voz detrás de la de Lauren.
-Dígale que soy la mujer que le avisó de su embarazo.
Mi secretaria aun no había dicho nada cuando me levante de mi escritorio y corrí a la puerta ¿Por qué?
Por que aquella mujer había tenido razón en todo, absolutamente todo. Dijo de la aparición de Demetri en la vida de Alice y la decisión que tendría que tomar, el accidente de Esme el peligro real que se encontraría... pero por sobre todo mi embarazo y el rechazo de Edward hacia nuestra hija. No sé, sólo quería un poco de esperanza.
Abrí la puerta y la deje pasar, la mujer sonrió satisfecha y entró.
-Lauren tráeme un café por favor, lo necesito.
Ella asintió y cerré la puerta. Me gire y mire a la mujer de cabellos blancos que miraba con curiosidad la foto en mi escritorio.
-¿Su nombre es Atenodora?
-Así es, utilizo el otro nombre sólo para la feria. Una anciana como yo tiene que ganar dinero de alguna manera –me miró –y ya sabe que no estafo a las personas ¿Cuantas de mis visiones se han cumplido?
-Todas –contesté al instante.
La mujer asintió, con una mueca de decepción en el rostro.
-Lo lamento mucho, has sufrido muchacha –dijo mirándome con pena. –Pero he visto que la muerte no ha triunfado. Esta vez.
Asentí con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra luego de notar su énfasis en la última frase.
-También sé que has estado buscando a tu hija.
-Usted sabe donde esta ¿verdad? –aseguré.
La mujer me miró.
-Me subestimas muchacha.
-Por favor, sé que usted me ayudará a encontrar a mi hija. Se lo ruego, no le pediría esto si no estuviera desesperada.
La mujer suspiro.
-He tenido visiones, tú estas en ellas, un hombre de aspecto tétrico y cierto bebé que deduzco es el tuyo. Por ahora ella se encuentra bien pero debo advertirte que no será por mucho tiempo. Está siendo victima de la ambición, la venganza y la codicia de un hombre cuyo rostro es tan sombrío como el alma misma. Debes ir a buscarla, a ella y a la mujer que por ahora la protege, antes de que sucedan cosas irreparables.
-¿Dónde empiezo?
-No conozco el lugar en el que se encuentran, sólo sé que es el último lugar que el sol acaricia con su resplandor antes de dar paso a la noche.
Bufe.
-¿Qué se supone que significa eso? ¿Es una trivia?
-No niña, te lo estoy diciendo en el sentido literal.
Me puse a pensar... ¿que lugar podría ser...? entonces vinieron recuerdos de mi niñez, cuando Charlie me llevaba la playa La Push con los Clearwater. La bonita playa de arenas blancas y aguas grisáceas en forma de media luna, el acantilado era visible desde aquel lugar y era el último lugar que tocaba el sol antes de esconderse...
Mire a la mujer agradecida.
-Gracias, mil gracias...
-Debes tener cuidado niña, estas personas son muy peligrosas.
Yo asentí y en un impulso abrace a la mujer. Luego, fui y tome mis cosas y salí corriendo hacia el estacionamiento diciéndole a Lauren que cancelara todas mis citas.
.
.
.
.
.
Hacia rato que había llegado al acantilado, había tenido que dejar mi auto en la carretera, y apenas llegue a la cima me di cuenta de que en aquel lugar no se podría esconder nada ni a nadie, era un lugar a plena luz del sol visible para muchas personas, aun si se escondieran en el bosque ¿Dónde podría ser si muchas personas pasaban por aquí? Me jale el cabello desesperada.
¿Cómo había podido creerle a esa mujer? Seguro sólo se dedicaba a estafar a las personas. Yo la había dejado sola en mi oficina podía robarse lo que sea. Cuando me gire para irme de ahí, note un reflejo, era del otro lado a donde yo estaba, mas allá de la playa y estaba completamente segura de que no había sido el agua. Fije mas mi mirada en el lugar y volvió a suceder, era el reflejo de el vidrio de algún coche pasando por ahí.
Baje del acantilado y me dirigí hacia el otro lado para echar un vistazo. Cruce toda la reserva de la Push hasta llegar a un apartado mas allá de los bosques, era como una especie de playa privada ya que no había gente ahí. Deje del auto y seguí mi camino a pie, pasando unas enormes rocas puestas ahí por una extraña maniobra de la naturaleza, note que desde ahí se veía el acantilado, muy lejos. Busque las huellas de los coches, y al encontrarlas las seguí.
No llevaba el atuendo adecuado para una caminata, pero no me iba a detener por no arruinar las zapatillas de tacón o el vestido de diseñador con escote de corazón y tirantes anchos. Cerca de dos kilómetros después encontré una especie de casa abandonada...
Me metí entre los arboles y seguí caminando hasta ahí. No había señales de vida aun más que la de los animales que andaban por ahí. Entre a la casa llena de tierra y ramas de arboles por doquier, como si el bosque quisiera absorber aquel lugar y hacer que formara parte de la naturaleza. Conforme iba adentrándome estaba cada vez más obscuro, dudaba que alguien pudiera estar aquí. Pensé que tal vez los reflejos de luz habían sido producto de una imaginación en mi desespero por saber de mi bebé. Comencé a regresar, cuando mi pie se atoro en una de las ramas y sin evitarlo caí al suelo.
Maldije por lo bajo. Pero mi caída me había dado la oportunidad de descubrir una luz proveniente de una grieta en el suelo. Curiosa mire bien y me di cuenta que era una especie de sótano o desván, en el que la puerta se levantaba para dar paso a las escaleras. La luz era débil pero lo suficiente para dejarme ver por donde iba, las escaleras terminaron llegue a una especie de habitación, no entendí por donde podían haber entrado pero ahí estaban las dos camionetas negras, de las cuales deduje se produjo el reflejo que me había traído aquí.
Entonces como para aclarar mis dudas, una de las paredes comenzó a moverse dejándome ver el camino por donde entraban tan grandes vehículos, me escondí detrás de la escalera para poder observar sin ser descubierta; era por el bosque, un camino fabricado para permitir el paso y no ser vistos. La camioneta se estaciono y de ella bajo un hombre alto, de edad avanzada, piel blanca resaltada por el traje negro que lo envolvía, llevaba anteojos y una expresión dura en el rostro. Llevaba bastón y cojeaba al caminar.
Se abrió una pared del lugar contrario y de ahí salió un hombre joven a recibir al anciano.
-Padre –saludó respetuosamente.
El hombre no respondió y paso de largo como si el joven no le hubiera hablado.
-¿la mocosa sigue viva? –preguntó cuando paso al joven.
-Si, la mujer la mantiene tranquila.
La puerta se cerró detrás de él. Maldije, estaban hablando de mi hija y de Leah. Ahora que sabía que iba por el lugar correcto ¿Qué debía hacer? Tal vez lo mejor seria salir de aquí e ir a decírselo a la policía, eso seria lo mejor, para todos. Busque la manera de moverme silenciosamente para no ser interceptada y lograr salir pero de pronto escuche el llanto de Renessme obligándome a permanecer donde estaba, era como si me llamara para que la sacara de ahí de una vez por todas.
No podía ignorar ese llamado. Mire a mí alrededor preguntándome como iba a hacer para entrar. Pero la puerta se abrió nuevamente y de ella salieron dos hombres que se dirigieron a una camioneta y subieron en ella para luego salir nuevamente al exterior. Al parecer no había tenido que utilizar nada más que sus cuerpos para abrir la puerta, por lo que fui a probar mi suerte y di gracias al cielo.
Detrás de aquella puerta había un pasillo en el que no había nadie, entré y pasé por el hasta llegar a una puerta que conducía a una habitación en la que había un televisor sobre el que estaban muchos hombres atentos viendo un partido de fut-boll.
Me gire viendo a mi alrededor y me di cuenta de que había pasado dos puertas por desapercibidas, ya que estaban camuflajeadas por las paredes de madera. Intente abrir una, pero no pude al parecer estaba cerrada con seguro.
Entonces escuche una voz proveniente de adentro
-¿Qué? se te olvido la llave esta vez –era la voz de Leah con un tono burlón.
-¿Leah?
-¿Bella?
Oí pasos del otro lado.
-¿Bella eres tu? –ahora estaba mas cerca.
-Leah, oh gracias a Dios estas bien –respire aliviada.
-¡No te preocupes por mi tienes que llevarte a la niña, rápido!
-¿Dónde esta Renessme Leah? ¿Dónde esta mi hija?
-En la otra habitación. Ya no me han dejado verla Bella pero Stefan asegura que esta bien.
-¿Quién demonios es Stefan?
-No importa tu ve por la niña.
-Y tú.
-Yo no importo ve por Renessme.
Camine hacia la otra puerta, y esta se abrió fácilmente. Dejándome ver una cuna blanca de barrotes con una bebe ahí. Un hombre se inclinaba sobre la cuna ya que la estaba alimentando con una mamila que sólo Dios sabría si había sido lavada correctamente. Mire alrededor para encontrar algo con que golpearlo en la cabeza, encontré un bloque de madera y aproximándome lentamente a el lo golpee y este cayó.
Renessme se asustó pero yo la arrulle un poco y la tome entre mis brazos
-Ya bebé, tranquila mi amor. Mami esta aquí, mami regresó y no dejaré que nada te pase lo prometo –susurré con dulzura.
Tome su manta y la arrope con ella para salir de ahí inmediatamente, pero apenas cruce la puerta escuche un grito de un hombre:
-¡Se escapa!
Reuniendo todas mis fuerzas corrí empujando la puerta que me había traído hasta aquí. Sin embargo apenas llegue al inicio de las escalera me intercepto un hombre blanco, intente volver atrás pero allá ya venían los otros detrás de mi.
-No tienes escape –me dijo burlándose.
Fingí darme por vencida tirándome al suelo, pero sólo me arrodille un poco para tomar tierra del suelo y aventársela al rostro. El hombre me llamó de una manera que estaba muy lejos de describirme, pero no me importo, lo avente lejos de mi camino y seguí.
Pero mi suerte no duro mucho. Apenas abrí la compuerta que me había llevado hasta aquel lugar, un hombre estaba ahí esperándome.
-¡Sorpresa! –dijo con una mirada de loco que me dio miedo.
Me asuste y grite asustando a Renessme. Alguien me tomo de la cintura mientras el hombre maniático me arrebataba a mi bebé de los brazos. Ese fue el dolor más grande que he experimentado en toda mi vida.
-¡No! –grité histérica, tratando de retenerla mientras el acido volvía a corroer mi corazón.
Entonces alguien puso un paño tapando mi nariz y mi boca, apenas olisquee el aroma repugnante, comencé a dejarme ir sin desearlo.
-No se lleven a mi hija –rogué ya casi sin fuerzas.
No se lleven a Renessme, por favor, por favor –.
Ese fue el ultimo pensamiento que tuve antes de que el manto negro callera sobre mis hombros.
..
..
..
Comencé a estar consciente, pero no quería abrir los ojos. No quería convertir mi desgracia en realidad… aun no…
..
..
..
..
..
..
..
((Narrado 3a Persona))
Esme llego a casa, como todas las tardes antes que el resto de los integrantes de su familia. Pero con el paso del tiempo le extraño la ausencia de Bella. Ella ya debería estar ahí en casa con ella, ofreciéndose a ayudarla con la comida.
Sin embargo, seguía sola.
Escuchó el portón de la entrada siendo abierto y se relajó.
Ya viene –pensó –quizás me cuente que fue lo que la retrasó.
Pero para su sorpresa quien entro por la puerta que daba al garaje no fue Bella, si no su marido.
-Carlisle ¿Qué haces aquí tan temprano? –preguntó, dando a notar su decepción.
-¿Pero que manera es esa de recibir a tu marido? –bromeo Carlisle.
Esme sonrió disculpándose.
-Lo siento cariño, es que Bella no ha llegado.
-Tranquila linda –dijo él acercándose a su esposa –seguro se retraso con el trabajo en la oficina y no ha podido comunicarse con nosotros.
Ella asintió, tratando de tranquilizarse. Pero había algo en su corazón que le decía que las cosas no iban del todo bien.
-Dices que estamos solos ¿verdad? –insinuó él inclinando el rostro y besando a su esposa.
Desde que Esme había recuperado la completa movilidad de sus piernas no habían podido volver a hacer el amor, puesto que su esposa se había puesto tan activa como siempre con los preparativos de la boda.
Y justo cuando pensó que todo iba a mejorar, habían secuestrado a Renessme.
Aunque los policías decían que no se trataba de un secuestro por dinero, ya que no habían llamado aun para pedir el rescate.
Tomo a Esme por la cintura, queriendo ya arrancarle la ropa; Esme correspondió a su beso sin pudor, desabrochando los botones de la camisa de su esposo y acariciándolo con una pasión avasalladora.
..
..
..
..
Esme no había sido la única intranquila de la familia. Edward también lo estaba.
Por alguna razón no dejaba de pensar en su esposa.
No es como si ella alguna vez le diera tregua y pudiera dejar de pensarla, pero de algunas horas para acá lo hacia con preocupación, temía por ella.
Después de llamarla al celular una docena de veces, decidió llamar a la oficina. Allí Lauren –la secretaria de Bella –le había dicho que su esposa había salido de emergencia y que no sabía si volvería ya que había pedido que cancelara todas sus citas.
Eso poco ayudo a que Edward se tranquilizara. Prácticamente había atendido a sus últimos pacientitos de manera automática, por que no conseguía pensar en nada que no fuera Bella.
Intentó llamar a la mansión, pero le había contestado una Esme jadeante y sin darle tiempo de decir nada murmuro un:
-Estamos ocupados.
Y volvió a colgar.
El plural no le paso desapercibido y se bloqueo ante de que su mente llegara a la conclusión de por qué estaban ocupados.
Intento convencerse de que todo estaba bien, después de todo Bella podía estar preparando algo para hoy (Su cumpleaños).
-Hola Edward –saludo Irina desde la puerta.
El se giro en su silla para ver a la mujer que le sonreía de manera coqueta. Con Irina siempre había sido así, ella había intentado agradarlo de alguna manera, gustarle… en algún tiempo el pensó en aceptar sus insinuaciones pero se dio cuenta de que Irina no era alguien con quien podría tener una relación pasajera. Por lo que la había mandado al diablo, muy sutilmente.
-¿Irina que haces aquí? –preguntó sorprendido.
-Visitándote –contestó ella mientras entraba al consultorio y cerraba la puerta detrás de ella, poniéndole seguro sin que Edward se diera cuenta.
-¡Vaya! Pues gracias.
-Tus pacientitos te extrañan.
Él sonrió.
-Ya los veré de nuevo, estoy trabajando en eso –dijo satisfecho consigo mismo.
Un día antes de su boda había hablado con el arrendatario de un local que le había gustado para poner su consultorio. Por ahora el hombre se negaba a venderlo, pero Edward estaba lejos de darse por vencido.
-Nunca dijiste por que abandonaste el hospital –dijo ella, sentándose en el escritorio y cruzando la pierna.
-Necesito más ingresos –respondió con simplicidad.
A Edward nunca se le dio el gusto por andar publicando su vida. Recordaba mucho una frase que Carlisle solía decirle cuando era niño "Entre mas ruido hace la carreta es que mas vacía esta." Por lo que no le gustaba dar a notar lo que levaba en su carreta y siempre de cosas buenas.
-¿En que andas metido Cullen? –pregunto ella sensualmente.
-En un negocio bastante bueno –contestó mientras se levantaba de la silla delante de su escritorio.
Sin embargo, Irina no estaba dispuesta a dejarlo ir sin haber disfrutado de la experiencia de Edward, por lo que lo detuvo en su camino y lo beso.
Él se sorprendió al sentir los labios de la mujer sobre los suyos, sin embargo no la retiró.
Despues de la desaparición de su hija, Bella apenas y había regresado de su letargo. No había querido presionarla a que tuvieran relaciones. Pero ver a su esposa todos los días: bañándose, cambiándose de ropa, masajeando su cuello para calmar el cansancio, deslizando las medias por las piernas perfectas. Y lo peor, tener que ver la sensual y excitante lencería que ella había usado al abrir el cesto de la ropa sucia, e imaginar como de habría visto en su cuerpo, como seria poder quitársela con sus propias manos.
Todas esas pequeñas cosas habían despertado su pasión y Bella la había acrecentado con sus detalles: como la manera en que lo despertaba por las mañanas –ya que ella se levantaba primero –susurrando con su dulce voz: Despierta amor, te esperan tus pacientitos.
Abrió los ojos y tomo las muñecas de Irina para detener las manos que intentaban desabrochar su cinturón.
-¿Qué pasa? –Preguntó ella frustrada – ¿No te gusta? ¿Lo estoy haciendo mal?
-No, no es eso Irina, eres buena en lo que haces –la tranquilizo, y ella sonrió satisfecha –pero no puedo.
Irina rió como si le hubiera contado un chiste.
-¿Me vas a venir con el cuento de que eres impotente?
Edward frunció el ceño, el era todo, menos impotente. Quiso demostrárselo a aquella mujer, pero él no la deseaba él deseaba a otra mujer muy diferente a ella.
-Kim me dijo que tú y ella estuvieron juntos antes de que te fueras. Por Dios Edward si te acostaste con esa zorra dudo que tengas dificultades conmigo.
Lo cierto es que Kimberly le había mentido a Irina sólo por que el director de la Institución –el doctor Laurent –en la que trabajaban, había rechazado a la enfermera y aclarando que su corazón le pertenecía a la pediatra McCarthy.
Ella, rabiando en contra de la doctora y, a sabiendas de que siempre le había gustado el medico pediatra Cullen inventó aquello para hacerla enojar.
Edward al escuchar a Irina no fue capaz de esconder su mueca de desagrado.
-Es mentira ¿Verdad? –concluyo Irina al ver el rostro de Edward.
Él asintió una vez.
-Lo siento tanto –murmuro llena de vergüenza.
Se giró y tomó su bolso para irse, pero Edward la detuvo tomándola de la muñeca.
-Irina, no me mal interpretes por favor.
-Lo siento Edward, es que tu siempre me gustaste y jamás te fijaste en mi a pesar de que andabas con muchas chicas.
-Lo sé Irina –dijo él, luego tomo su mentón y le levanto el rostro para mirarla –pero te aseguro que si no puse mis ojos en ti no fue por que no seas bonita.
Ella apenas sonrió.
-No tienes por que mentir. Ahora no me puedes decir que no quieres tener problemas en la institución.
Edward sonrió.
-No es eso Irina. Con la que no quiero tener problemas es con mi esposa.
Ella lo miro sorprendida. Lo último que se hubiera esperado era eso. Pensaba que le diría que se volvió gay, que dudaba de su sexualidad, pero ¿eso?
-Dios debo ser en verdad despreciable –murmuro queriendo estar en su departamento par desbordarse a llorar…
..
..
.
..
…
Bella escuchaba pasos a su alrededor, alguien estaba ahí. Pero ella se reusaba a abrir los ojos, si quiera a moverse. Sintió una respiración en su oído y luego una voz ronca y asfixiada le hablo:
-No eres buena actriz –le susurró.
Tomo los cabellos de Bella y la obligo a erguirse en la silla, haciendo que ella jadeara de sorpresa y abriendo sus ojos miró al hombre de piel pálida y ojos claros que le recordaron a alguien en especial.
-Hola sobrina –le dijo el hombre.
Bella frunció el ceño
-¿Cómo me dijo?
El hombre rió.
-Ahora resulta que tienes amnesia.
Hola hola. Aca de nuevo. Falta poquitito para el final y espero poder completarlo este fin de semana.
Esta es mi primer semana de clases y ya me he dado cuenta que se va a poner peor jajaja .
Zeelmii: Te extraño nena y te agradezco tu paciencia y tu lealtad... aunque ya mero se acaba jejeje.
