Advertencias

Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally, su familia y algún que otro personaje más, que son originales míos.

Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.

La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.

Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea y al que comente

Capítulo 36

El atardecer comenzaba a avecinarse mientras el grupo caminaba por el cementerio directos a la salida. El silencio invadía a los presentes, y sólo se escuchaba el viento chocar contra las hojas de los altos árboles.

Una vez fuera del camposanto, todos se metieron en el coche del moreno, poniendo rumbo hacia la gran casa de madera. Aún había mucho que hacer.

-¿Qué haremos si intentan hacer el hechizo de nuevo? –La pregunta de la castaña rompió el silencio al entrar a la casa de los hermanos. Todos se pararon y observaron a la chica, esperando que la madre de esta contestara.

-No les daremos esa oportunidad. Todo está casi listo. Esta noche haré el conjuro para invertir el ciclo lunar, y dentro de cinco días podré sacar la estaca del cementerio. Vamos a acabar con ellos de una vez por todas.

-A partir de ahora, deberíais quedaros aquí, todos estamos en peligro.

-Stefan tiene razón, hija. –Respondió la rubia mirando a la chica con resignación.

-Está bien, pero nada de discusiones. –Añadió mirando con seriedad a Damon, quien respondió asintiendo mientras levantaba las manos levemente en señal de paz.

-Voy a preparar el conjuro de esta noche. Estaré abajo.

Vivianne posó la mano en el hombro de su hija unos segundos, para después, desaparecer escaleras abajo. Damon, sin decir nada salió de la estancia adentrándose en la casa, dejando a los dos amigos solos.

-Sally, gracias por lo que habéis hecho hoy por nosotros, y gracias por salvar a Damon.

-Sabes que no tienes que dármelas. –Los ojos de la chica se volvieron vidriosos ante la mirada de Stefan. Ambos se abrazaron con fuerza mientras la joven proseguía. –Ha sido horrible, Stefan, creí que ibais a morir de verdad.

-Tranquila, todo ha pasado. Fuiste muy valiente.

-Pensar que tendría que haberos matado... Cuando me puse delante de Damon me di cuenta de la verdad, de que no puedo huir de él. Lo amo con toda mi alma.

-Creo que Damon siente algo por ti. –Dijo Stefan con lentitud, no sabiendo muy bien si aquello estaba bien.

-¿De qué estás hablando?

-No soy yo quien debería decirte nada, pero algo en él ha cambiado. Hablé con él hace un tiempo y eso es lo que veo con claridad.

La joven se quedó paralizada asimilando aquellas palabras con incredulidad. Stefan la observó durante unos instantes.

-No te puedo creer, no puedo creer eso, no está bien...

-Olvídalo, ¿vale? Bastantes problemas tenemos ya como para ahora centrarnos en otras cosas, descansa Sally, lo verás todo más claro después.

Acto seguido, el vampiro desapareció del lugar dejando a la chica pensativa en la misma posición que al comienzo, para después, hacerle caso al chico y dirigirse a su antigua habitación donde durmió tras un largo rato de intensas preguntas en su cabeza.


Pasadas un par de horas, la joven bruja despertó en su habitación, se giró hacia el lado de la mesita de noche y miró el reloj digital. Eran las doce.

Sally se levantó de la cama y caminó hacia un espejo cercano donde observó su reflejo sin magulladuras ni rastro de golpes gracias a la sangre de vampiro. La muchacha se peinó un poco por encima y salió hacia el exterior con la idea de dirigirse al sótano.

En la pequeña mazmorra, Vivianne se encontraba recitando un conjuro mientras por sus manos derramaba un liquido plateado y algo espeso, que la mujer dejaba caer sobre un pequeño caldero negro. La menor no irrumpió en la estancia hasta que la mujer hubo terminado.

-¿Estabas haciendo el hechizo de la luna? –Preguntó adentrándose en la sala.

-Sí, ya está listo. Mañana será luna nueva.

-Mamá, nos has salvado a todos. No sé como darte las gracias por lo que has hecho después de lo ocurrido.

La rubia, tras limpiar sus manos de aquel líquido, se dirigió con una sonrisa triste hacia su hija, y mirándola a los ojos, prosiguió con ternura.

-Hija, yo haría cualquier cosa por ti, como cualquier madre con sus hijos. Sé que los aprecias y por ello, los salvaré las veces que haga falta; Son buenos.

-Gracias, eres una persona increíble, mamá.

Ambas se abrazaron con fuerza mientras Vivianne intentaba contener las lágrimas dentro de sus cansados ojos. Sally sin embargó lloró sobre el hombro de su madre en silencio durante varios minutos.

-Dentro de unos días todo habrá terminado, y por fin podrás ser feliz, cariño. No llores más, no sirve de nada. Voy a ir a dormir, estoy cansada hija.

-Claro, la habitación está al lado de la mía. La tercera al final del pasillo izquierdo.

-Mañana te veo.

-Descansa, mamá. Te quiero.

-Y yo a ti. –Se despidió la mujer con una sonrisa cansada mientras salía despacio de la sala.

La castaña observó a la mujer caminar con dificultad, y le extrañó. Su madre parecía realmente cansada cuando ella siempre había estado llena de vitalidad, sus fuerzas parecían ir menguando con el paso de los días.

Tras apartar aquellos pensamientos de su cabeza, la chica salió del lugar dirigiéndose al salón, donde se sirvió un pequeño chorro de Wisky en un vaso para después, dejarse caer sobre uno de los sofás, suspirando. Damon apareció segundos más tarde tras ella y se sentó a su lado con otra copa en la mano.

-Te estaba buscando. –Dijo el joven mientras miraba su vaso de cerca.

-No es buen momento para bromas ni cosas parecidas, te lo aviso.

El vampiro bebió un sorbo y logró reunir fuerzas para continuar hablando, con dificultad.

-Sólo quería darte las gracias por lo de esta tarde. Nos salvaste la vida. Me salvaste después de todo lo que ha pasado.

-Eres el hermano de Stefan, no puedo dejarte morir.

-Mírame a los ojos y dime la verdad, Sally, como antes lo has hecho.

-Yo no dije nada antes, después de todo te aprecio algo, pero ya está. –Respondió la joven algo nerviosa mientras trataba de aparentar indiferencia.

-Sabes que no es así. Tus ojos te delataron, sólo te he visto llorar de esa forma por Robert.

-No vayas por ahí, Damon...

-Dilo ¿Por qué te cuesta reconocer lo evidente?

-Vale, sí, te quiero, ya lo sabes, y no podría soportar que te pasara nada ¿vale? Me importas demasiado. –Contestó la joven con rapidez mientras miraba los ojos azul pálido del hombre, quien la observaba fijamente.

Cuando terminó de hablar, el joven sin pensarlo dos veces, agarró la cara de la chica con delicadeza y la besó con ímpetu sin poder resistir su impulso.

Sally sintió como su corazón se disparaba sin poder evitarlo, y se entregó a aquel beso sin poner resistencia, no pudiendo evitar las ganas tremendas que sentía de continuar besando a Damon.

Después de unos minutos, ambos se separaron y se miraron fijamente a los ojos. Ninguno pudo resistir las ganas de volver a lanzarse por los labios del contrario, y así lo hicieron, uniéndose de nuevo en un apasionado beso, pero la chica, dándose cuenta de que aquello no estaba bien, se separó y salió corriendo de la estancia llena de vergüenza.