Salvando a Draco Malfoy
de Dayspring
beta LatexoHPo
Capítulo 36. Cenizas, Cenizas, Todos Caemos.
―¿Has visto a Draco?― le preguntó Harry al primer ex Slytherin con el que se encontró.
Tenía grandes noticias qué compartir y estaba ansioso de encontrar a Draco. Ese día, durante su clase "especial", había logrado realizar un hechizo de nivel Inefable. "Exaudio" permitía a quien lo lanzaba escuchar cualquier conversación protegida por hechizos de privacidad. No era un hechizo muy conocido y era muy complicado de realizar… y esa era la única razón por la que el Ministerio no lo había prohibido por completo, considerando lo invasivo que era para la privacidad. Estaba satisfecho de sí mismo por haberlo aprendido, y sabía que Draco también estaría complacido. Aunque no era muy vocal con el mismo Harry, Draco estaba orgulloso de estar casado con un mago poderoso. Quizá lo compensaba, de alguna manera, por lo que había perdido al dejar sus poderes.
―Fue en busca de Snape. Algo sobre que se le había agotado la crema para las hemorroides― le dijo Crabbe en un susurro.
Harry frunció el ceño. Draco tenía bastante crema; la había visto por la mañana… ugh… en el baño. Entonces por qué Draco iría donde Sna… Oh. El asunto elfíco. Así le había llamado Draco.
―Harry, no le digas a los demás sobre el asunto elfíco. No es necesario decir nada. En realidad no significa nada― le había dicho Draco el día anterior justo antes de entrar al salón.
Draco era realeza, y porque no era realeza mágica o realeza sangrepura, estaba avergonzado de su estatus. Actuaba casi tan mal como Lucius, aunque no le había dado la espalda a los elfos diciéndoles que se fueran a la mierda. Sin embargo al negar su conexión lo acercaba. ¿Dónde estaba su astuto Slytherin que supuestamente debía usar todos los métodos disponibles para lograr sus metas? Poder, privilegio, prestigio estaban al alcance de su mano, y en lugar de ello estaba enojado porque su sangre no era pura. Harry no lo comprendía.
Que probablemente era la razón por la que Draco estaba hablando con Snape. Snape comprendía de esas cosas, no sólo por ser el Jefe de la Casa Slytherin por tanto años, sino por ser un Slytherin. Quizá Draco lo escucharía. Después de todo necesitaba una figura paterna desde que la Reina Arelia se había ofrecido a ser su nueva madre. Hmm. Nuevo giro al término "reina madre".
―¿Harry?
Salió de sus pensamientos para ver a Hermione observándolo.
―Hola, Hermione. ¿Has visto a Draco?
―Dijo algo sobre ir en busca de Snape cuando salimos de clases. ¿Todo está bien?
―Claro. ¿Por qué?
Ella se encogió de hombros.
―Draco parecía… diferente ayer. ¿Estás seguro de que lo único que sucedió con la reina elfa fue que vino a agradecerle?
Harry asintió, odiando esa mentira.
―Ella lo sorprendió, y a Draco no le gustan las sorpresas, eso es todo. Según él su cabello no estaba perfecto, su túnica no era la mejor, con sus ocho meses de embarazo parecía un hipogrifo, etc. Tú conoces a Draco.
―Estoy comenzando a hacerlo, y por eso creo que hay algo que no me estás diciendo.
Harry decidió ser lo más honesto posible.
―Si fuera por mí, te lo diría, pero no puedo traicionar la confianza de Draco, Hermione. Sólo te puedo decir que no tiene nada que ver conmigo y yo no veo en realidad cuál es el problema.
―Draco y sus dramas, ¿eh?― preguntó la chica con escepticismo.
―Claro. Estoy seguro que Snape está haciéndolo entrar en razón en estos momentos.
Hermione levantó las cejas, luego meneó la cabeza.
―Bien. ¿Los veré a ambos en la cena?
―Por supuesto. Quiero contarles a ti y a Ron sobre lo que aprendí hoy en clases.
Harry se apresuró por el pasillo. El laboratorio de pociones estaba en las mazmorras, y Harry aún no estaba seguro si era un nuevo laboratorio o el mismo en el que había pasado siete miserables años. Deseaba que Draco no hubiera sido excluido de Pociones, debido a su condición, porque si alguien sabía si se trataba de la misma habitación, sería Draco.
Se detuvo frente a la puerta cerrada del laboratorio y se preguntó si debía tocar. Luego tuvo la brillante idea de probar el nuevo hechizo que había aprendido. Sacando su varita, realizó el complicado movimiento y dijo el hechizo. Nada. Lo hizo de nuevo antes de darse cuenta que no estaba oyendo nada porque la habitación estaba vacía. Draco y Snape probablemente estaban fuera de la oficina.
Recordando sus agonizantes lecciones de Oclumancia en la oficina de Snape con facilidad encontró el camino y encantó Exaudio. Fue recompensado con las voces de su marido y su profesor.
ooooo
―¿Profesor Snape?― preguntó Draco tocando la puerta.
―¿Estás en trabajo de parto?
―No.
―Entonces vete. Mis investigaciones ya han sido interrumpidas lo suficiente por tener que enseñarles este verano―. Draco se quedó donde estaba hasta que Snape levantó los ojos del pergamino en el que estaba escribiendo― ¿Qué sucede, señor Malfoy?
Draco entró, cerró la puerta y le pidió a Snape que realizara un hechizo de Silencio antes de hablar.
―Se trata de mi herencia, señor.
―Eres noventa por ciento elfo. Lidia con eso porque no se irá. Además, eres realeza. Estoy seguro que eso supera ser un sangresucia, incluso para ti.
Draco sonrió de medio lado.
―Así es, señor. Ese no es el problema.
―¿Entonces cuál es?―. Snape no se molestó en esconder su impaciencia.
―Es la parte de la "mula".
Snape parpadeó.
―Luces como una calabaza de tamaño humano, así que puedo decir sin dudas que eres completamente fértil.
Si Draco no hubiera estado tan preocupado, se habría ofendido.
―¿Y si hay otros… efectos secundarios?
Snape suspiró.
―¿Cómo cuáles?
―¿Y si… afectaturendimientosexual?― preguntó de golpe.
Snape aclaró su garganta, incómodo.
―Tienes ocho meses de embarazo. Es razonable que tengas… problemas de… uh… rendimiento sexual. Dile a Potter que tome duchas frías y te deje en paz.
Draco se sentó aunque Snape no le había ofrecido asiento.
―Yo puedo realizar… es sólo que no puedo dejar que Harry… lo haga. Me asusto cada vez que lo intenta.
―¿Y él lo intenta… a menudo?
―No. Él dice… dice que no le importa, que tomará tiempo para que supere la violación, si es que alguna vez lo hago.
―Él está en lo correcto. Vuelve en diez años si aún estás teniendo el mismo problema.
―Profesor― se quejó Draco― ¡Han pasado ocho meses! Ya debería haberlo superado.
Snape se acomodó en su silla, tamborileando sus dedos contra el escritorio.
―¿Quieres que te diga cuál creo que es el verdadero problema?
―Sí, señor.
De ninguna manera se habría acercado a Snape para hablar sobre temas sexuales si no quisiera su opinión.
―Culpa, señor Malfoy. La culpa mantiene el incidente frente a su mente y por eso no puede superarlo.
―Culpa porque yo…
―Sí. Usted le dio a Potter la poción que provocó que él lo violara. Pesa en su conciencia… la parte que determina lo correcto de lo incorrecto, en caso de que su padre nunca se lo haya explicado.
―No fue incorrecto― discutió Draco. Si no lo hubiera hecho, probablemente ahora tendría un hermoso tatuaje en el brazo.
―Tampoco fue correcto.
Draco se sobó la sien, un dolor de cabeza amenazaba con florecer.
―¿Y cómo me deshago de ésta… culpa?
Snape se encogió de hombros.
―Haz algo bueno, supongo. Apacigua tu conciencia. Muéstrale que sabes que actuaste mal y quizá se callará, permitiéndote disfrutar…― se estremeció― los afectos del señor Potter.
―¿Hacer algo bueno? Creo que podría…― frunció el ceño― ¿Tiene sugerencias, señor?
―Primero podría dejarme solo para terminar mis cálculos.
Draco se levantó de la silla.
―Gracias por su consejo.
Snape gruñó y tomó su pluma.
"Algo bueno" pensó Draco al dejar la oficina. Quizá podría invitar a Granger y Weasley para una cena privada. O podría…
―¿Harry?― sonrió al ver a su esposo apoyado contra una de las paredes del pasillo― ¿Qué estás haciendo aquí? Si viniste a ver a Snape, te sugiero que vengas después. Parece estar en medio de algo importante.
―Te estaba buscando. Tenía algo importante qué decirte.
―Me vendrían bien buenas noticias― dijo Draco alegre.
―Aprendí un nuevo hechizo hoy.
―¿Algo mortal?― preguntó el rubio dramatizando una risa malvada.
Harry sólo se encogió de hombros.
―Podría ser. Verás, aprendí a escuchar conversaciones privadas… como la que tuviste recientemente con Snape.
Draco palideció y miró con más atención a Harry; porque no había notado los hombros tensos y los ojos enojados. ¡Cielos! Estaba perdido, ¿no es así? Quizá no. Quizá Harry no había escuchado todo.
―Sé que no debería discutir nuestra vida privada con Snape, pero…
―¡Corta la mierda, Malfoy! ¡Te escuché! ¡Tú… tú me hiciste violarte! ¿Cómo pudiste? Oh, cierto, ahora recuerdo: ¡Pudiste porque eres un maldito Malfoy que no tiene más moral que su jodido padre mortífago!
―Harry, por favor, déjame explicarte.
―¿Explicarme cómo me convertiste en tu jodida perra? Siéntate, Harry. Échate, Harry. Vincúlate conmigo, Harry. Déjame cogerte, Harry. Deja de lado toda tu vida por mí, Harry.
―Harry, yo…
―¡No! Ya no uses mi nombre. Mis enemigos no tienen derecho a usar mi nombre.
―No soy tu enemigo. Yo…
―Bueno, de seguro no eres mi amigo o nada más. No, me retracto. Eres mi maldita perra de crianza… ¡al igual que tu abuela cuando parió a tu padre!
―Harry…
―¡Cierra la boca y NO me llames así! No, estoy equivocado. ¡No soy como tu abuelo, tú lo eres! Me usaste y me encerraste en una jaula de una vida que no quería. ¿Pero sabes qué? No voy a morir como ella lo hizo. De hecho, ahora seré como tu abuelo. Voy a dejar que tengas este bebé y luego voy a quitártelo y nunca miraré atrás. Muere desangrado… ¡ve si me importa!
―Harry…
Draco se estremeció cuando una varita casi le saca un ojo.
―No. Digas. Mi. Nombre. ¿Entiendes?―. La varita no se movió ni un milímetro. Draco tragó en seco y asintió―. No estoy seguro de con quién estoy más asqueado… ¿contigo o conmigo? Después de todo, sabía que eras un maldito idiota desde el principio. Jugaste conmigo muy bien, ¿no es así? ¡Me volviste el tonto más grande de todo el planeta!
―No era sobre ti. Nunca fue sobre ti…― murmuró Draco, asustado de decir tanto.
―Eso es cierto. Porque eres un maldito bastardo egoísta que sólo piensa en sí mismo. ¿Por qué no recordé eso? ¿Por qué creí que tú me am… que yo te importaba?
―La magia no miente, Harry―. La varita se movió frente a su rostro otra vez―. Potter, la magia no miente.
―¿Qué diablos se supone que significa eso?
―El vinculo. Fue…
―¿Cómo diablos fingiste eso? Hermione querrá saberlo.
―No fingí…
―Probablemente me diste la ceremonia equivocada. ¿Qué hiciste en realidad? ¿Te di mi alma? ¿Me hiciste firmar con sangre y luego me diste una poción para olvidarlo? Después de todo, te encanta colarme pociones.
―Har… Potter, cálmate y escúchame. Yo…
―¿No te dije que te callaras la boca? No quiero escuchar más de tus mentiras. ¿Acaso te reíste cuando te conté lo cansado que estaba de ser manipulado por Dumbledore, la Orden y todo el maldito mundo mágico? No sabía que estaba hablando con el maldito amo de los titiriteros. Me enfermas. Me haces sentir físicamente enfermo. Al verte me dan ganas de vomitar. Cielos, quiero matarte en estos momentos, pero no puedo, ¿no es así?―. Suspiró y guardó su varita―. Lárgate de aquí, Malfoy, antes de que olvide que estás esperando a mi hijo.
―Si sólo me dejaras…― la varita volvió más rápido que las palabras de Draco.
―Corre, Malfoy― le advirtió Harry, su tono era peligrosamente vacío. Sus ojos brillaban de manera inquietante en el pasillo en penumbra, recordando a Draco a un gato que había encontrado en una de las jaulas de Lucius en la Mansión Malfoy. El gato había estado tan salvaje, que había roto su propio cuello intentando escapar. Los ojos esmeraldas se habían congelado, abiertos ante la muerte, la locura aún claramente visible.
Draco se estremeció y dio un paso atrás.
―Pot…― lo intentó de nuevo, decidido a ser escuchado. No sabía lo que quería decir, sólo sabía que tenía que intentarlo.
―Corre ahora, o no seré responsable de lo que suceda a continuación―. Las palabras fueron un siniestro susurro silbante que parecía hacer eco en las paredes vacías de las mazmorras.
Draco, alarmado al ver a Harry temblando pero la varita apuntando a su garganta completamente estable, hizo lo único que podía.
Corrió.
