.¡FELIZ DIA DE REYES!

.Y COLORIN, COLORADO ESTE CUENTO SE HA ACABADO.

.

Unas semanas después.

Yashiro se va a la cama con las palabras de Ren en su cabeza, recuerda lo sucedido mientras el sueño lo va venciendo.

—Tío Yuki, ¿crees que mi papi se enoje si te digo a ti papá? —Yashiro se quedó sin saber qué responder, por un lado se sentía honrado y emocionado por que Ren así le quisiera decir, pero por otro nunca hubiera deseado tener que tomar su lugar. Si otras fueran las circunstancias... Se arrodilló frente a él y lo besó en la frente.

—Campeón, estoy honrado de que pienses en mí de esa manera. Pero, yo nunca te voy a obligar a que me digas de alguna forma en específico, ¿por qué no me sigues diciendo tío Yuki, hasta que aquí —señaló su corazón—, y aquí —le puso un dedo en la frente—, te digan cómo quieres llamarme? ¿Te parece?

—¿Cómo lo voy a saber?

—Créeme, pequeño, tú sabrás cuándo es el momento y cómo me quieras decir.

Yashiro cierra los ojos y los vuelve a abrir, al ver que nada había cambiado parpadea creyendo que algo no está bien con su vista. Se lleva la mano a los lentes para acomodárselos y es cuando se da cuenta de que no los trae puestos pero aun así ve a la perfección. Se pellizca para saber si está despierto. Un dolor en su brazo le hace saber que sí. Pero la persona que se encuentra frente a él le indica que todo está en su imaginación.

—¿Es esto verdad o se trata de un sueño?

—¿Acaso un sueño no es real? A veces la realidad se nos presenta de la mejor forma para que podamos aceptarla y esta —levanta los brazos señalando a su alrededor—, es la tuya —responde su interlocutor.

—Pero esto no puede ser real. Tú no puedes estar frente a mí, Kuon.

—¿Y por qué no?

—¿Por qué estás muerto? —pregunta medio en ironía, medio en incredulidad.

—¿Y muerto no puedo venir a hablar contigo de un tema que nos atañe a los dos?

—Pero, si tú estás muerto, ¿dónde diablos nos encontramos? —preguntó pálido, tragando grueso, tratando de no responder a su pregunta. No sabe lo que dirá. Kyoko era su esposa y Ren su hijo. Ahora que le ha pedido matrimonio, ella y Ren serán suyos, como lo es él de ellos desde hacía mucho tiempo. Pero aun así, ¿cómo confesárselo?

—¡Cuidado con maldecir en este sitio! —dice bromeando—. ¿Acaso no sabes dónde estamos? —Kuon levanta sus brazos señalándole todo a su alrededor. Sabe que Yashiro está nervioso, porque voltea a todos lados tratando de reconocer el sitio. Abre los ojos grandes al darse cuenta de dónde están.

—Ajá, y hablando de eso, ¿exactamente dónde estamos? ¿Acaso esto es...?

—Sip.

—¿Cómo?

—¿Importa?

—No, pero es que...

—Te traje aquí porque aquí fue donde te confesé quién era yo en realidad. Porque aquí comenzó mi historia con ella. Y es precisamente de Kyoko de quien quiero hablar contigo.

—Kuon, yo...

—Gracias —Yashiro volteó a verlo extrañado, él esperaba que Kuon se sintiera ofendido, traicionado.

—¡¿Qué?! ¿No estás enojado? —Kuon le sonrió, fue tan sincera la sonrisa que le brindó que esta le llegaba a sus ojos. Pero después, Kuon se puso serio. Y con voz grave, continuó:

—¿Enojado? ¿Yo? ¿Por qué? ¿Por estar en la sala de parto, rompiéndote la cabeza literalmente, cuando mi hijo nació? ¿Por haber ido a buscar una medicina para sus encías, por todo Tokyo a las cuatro de la mañana cuando Ren no dejaba de llorar en su dentición? ¿Por haber velado a Ren hasta altas horas de la madrugada junto a Kyoko cuando le dio varicela? ¿Por haber ido a buscarlo al colegio cuando mandaron llamar a un pariente porque él había golpeado a un compañero? ¿O por defenderlo a ciegas? Dime por qué habría de estar yo enojado. ¿Por haber estado ahí cuando yo no pude? ¿Por amarlo como a un hijo? —Kuon lo miraba a los ojos, como tal vez nunca antes lo había hecho. Con cierta fiereza, con la plena seguridad de alguien que está diciendo la verdad.

Yashiro se lleva la mano al cabello y se rasca la nuca, mientras agacha la cabeza y la mueve de un lado a otro, avergonzado. Él, a todas esas cosas no les ha tomado la importancia que se debe. Nunca ha llevado la cuenta. Solo sabía que lo tenía que hacer.

—Yo...

—Yuki, ¿me enojaría acaso por haber estado al lado de Kyoko como amigo y mánager? Consolándola cuando desfallecía de dolor, cuando estaba tan rota que no sabía yo si ella podría levantarse al día siguiente. ¿Por convertirte en el padre que Ren necesitaba? O, ¿por Kyoko?

Yashiro levanta la cabeza de golpe, la sangre se le ha ido al suelo. Pero Kuon lo sigue mirando a los ojos. No hay sonrisa en ninguno de los dos rostros.

—Kuon, yo...

—Yuki... —Kuon lo vuelve a interrumpir. Hasta ahora su diálogo más largo ha sido de catorce palabras. De seguir así comiéndoselas, engordaría—. Aunque no me creas, todo esto lo sé porque he estado viéndolos, velando por ustedes. Me he quedado más tranquilo porque sé que Kyoko y Ren no solo tienen a mis padres y a todos los demás, incluyendo al Sho —hizo una mueca de incredulidad—. Y eso que no quiero admitirlo, pero el chico se ha portado excelente con ellos.

Yashiro sonríe al recordar cuando Sho le contó la primera vez que tuvo que cambiarle los pañales a Ren, haciéndole jurar que jamás le diría a nadie. "Secreto entre hombres", había dicho.

—Sí, el chico ha cambiado y mucho. Me alegro decir que para bien. En realidad quiere mucho a Ren. Ha sido un tío estupendo. Y con Kyoko, bien, aceptó que nunca podría ser nada más que un amigo para ella y así se ha comportado. Ha madurado mucho. Me ha asombrado.

—Sí, pero no es de él de quien hablamos. Sino de ti. Porque sé que contigo al lado de mi familia, ha sido más fácil para ellos. Sé que es a ti a quien Ren quiere llamar "papá", sé que para él soy un vago recordatorio en boca de alguien más, solo una imagen, una foto —Yashiro quiso interrumpir, diciéndole que nunca dejaría que Ren lo olvidara, que jamás quiso suplantarlo, pero Kuon menea la cabeza negativamente mientras levanta una mano—, aunque ese "alguien" sea un ser amado o quien me haya amado.

—Pero te fallé —agacha la cabeza.

—¿Me fallaste? ¿Cómo?

—Te dejé morir, Kuon —Kuon suspira, sonríe con tristeza, a pesar del tiempo que ha pasado, su mejor amigo se sigue sintiendo culpable.

—Yuki, ya es hora de que te perdones en verdad. Porque no hay nada por lo que sentirse culpable, yo no tengo nada que perdonarte, al contrario te debo todo. Con respecto al accidente y mi muerte, eso no fue tu culpa, no habrías podido salvarme de ninguna manera. Fue un accidente. Una cruel ironía del destino si así lo quieres llamar. No culpo a nadie, porque ¿a quién debo culpar? ¿Al hombre que por esquivar al niño me atropelló? O ¿al niño que se le soltó de la mano de su madre o puede ser a ella que debería haber tenido mejor sujeto a su hijo? Dime, Yuki, ¿a quién de los tres puedo o debo culpar? Porque yo no sé, pero lo que sí sé es que al que no puedo hacerlo es a ti. Mucho menos tú que nadie, que me sostuviste en tus brazos mientras me iba, tú que me diste el valor para soltar esa vida mientras me dabas la tranquilidad de que cuidarías a mi familia.

—Te traicioné —las manos de Yashiro están hechas puños.

—Nunca —una sola palabra hizo que Yashiro levantara la mirada, tenía los ojos acuosos.

—Claro que sí, yo, a Kyoko...

—¿Crees acaso que debería estar enojado porque te has enamorado de ella? Crees que me has traicionado porque la amas tanto como yo, pero no es así —no era pregunta, sino una afirmación. Yashiro sigue tragando grueso pero lo enfrenta, enfrenta esa verdad que tanto temió.

—Sí, Kuon. Me enamoré profundamente de ella.

—Yuki, no es que yo quisiera compartir a Kyoko, no, para nada, de estar vivo y hubiera sucedido esto, no lo estarías tú —esta vez sonríe al decirlo, pero a Yashiro se le enchina la piel, algo en esa frase velada la siente más como una amenaza, aunque de haber estado Kuon vivo, él jamás se hubiera enamorado de Kyoko—. Pero no lo estoy, estoy muerto y ustedes no. Y ella no debe vivir su vida sola. Ninguno de ustedes. Yo no quiero eso para ella, ni para Ren o para ti. ¿Quién mejor, que el único amigo verdadero que tuve en mi vida adulta, para que cuide y haga a mi familia feliz? Así que, ¿quién mejor que tú para estar a su lado y hacerla feliz?

Yashiro se queda helado. No era fácil para él aceptar del todo lo que Kuon le estaba diciendo.

—Kuon, créeme, esto nunca lo planeé. Pero... Yo...

—Es muy fácil enamorarse de Kyoko —termina la frase por él.

—Sí —lo mira a los ojos sin dudar—, la amo. Los amo a los dos. Mucho, son mi vida entera. Nunca fue antes de que tú... —No pudo terminar la oración.

—Lo sé.

—Fue muy difícil para mí aceptarlo.

—También lo sé.

—Yo, me tomó años comprender que lo que sentía por ella era amor. A Ren fue fácil porque lo amé desde antes de nacer, pero ella estaba prohibida para mí. Era como un tabú y romperlo... Romperlo fue... —Kuon levanta la mano, interrumpiéndolo nuevamente.

—Sé que has dejado de lado tu vida por, en cierta forma, vivir la que hubiera sido la mía, al lado de mi familia. Sé que esto tal vez no te permitió tener la propia, pero soy egoísta y de cierta manera me alegra que haya sucedido así. He venido porque no quiero que sigas viviendo mi vida truncada, quiero que vivas la vida plena y feliz que te mereces, al lado de ellos.

Yashiro abre los ojos ante su declaración

—¿Cómo? ¿Por qué?

—Porque así has estado al lado de Kyoko y Ren. Has sido el padre que no pude ser. Nosotros siempre hemos sido tu familia. Y tú la mía. No habría podido pedir a nadie mejor que tú para ser el cabeza. Mi mejor amigo. Un increíble hombre. Porque ahora mi familia es tuya, Yuki. No puedo dejarla en mejores manos que las tuyas. Gracias a ti, a mi hijo no le ha hecho falta un padre, porque te ha tenido a ti. Y no es que no sienta tristeza de no estar a su lado para verlo crecer, para que él sepa quién soy yo y cuánto lo amo. Convivir día a día con él. Pero estoy tranquilo porque estás tú a su lado. Porque a través de ti, él sabrá que lo amo y siempre lo haré y que por eso lo dejo a cargo del mejor padre que podría tener, claro, después de mí... —le sonríe mientras una lágrima escapa de sus ojos. Kuon se la quita con la palma de la mano.

De sabrán los dioses de dónde, Kuon saca una rosa roja, como la primera que le regaló a Kyoko y se la ofrece a Yashiro, quien la toma sin saber qué hacer con ella. Ante la cara de estúpido, perdón, de estupefacción de Yashiro, Kuon ríe.

—No es para ti, es para ella. Dásela mientras le platicas todo esto. Para que ella sepa que en realidad soy yo. Y, Yuki, otra vez, gracias —Kuon le da la espalda y se aleja. Levanta su mano derecha para despedirse pero no se voltea.

—No, Kuon, gracias a ti por entenderme —entonces Kuon se voltea y le dirige una mirada maliciosa.

—Pero cuando Kyoko vuelva a mí, entonces será completamente mía.

Es el turno de Yashiro de reír a mandíbula batiente. Kuon fue el primero y a su manera será el último. Yashiro acepta, porque lo que su amigo no sabe es que ese período intermedio será largo, muy largo y feliz. Dichosamente feliz.

—Hasta siempre, Kuon...

.


N.A. Hace poco, me reuní con unas personas muy importantes para mí, allí nos dimos cuenta que la vida de los demás aunque parezca perfecta no lo es, pero lo que sí es perfecto es que vale la pena vivirla a plenitud. Que no hay que alejarse de todos aquellos que son importantes para uno, que no existe nada mejor que una palabra amable, un fuerte abrazo o un "estoy aquí para cuando me necesites".

Por eso, como siempre, les deseo lo mejor de lo mejor para este año nuevo que recién comienza, que siempre estén esas personas cerca de ustedes, que les alegren el día a día. Sonrían siempre aunque a veces crean que no hay motivo para hacerlo, porque del otro lado habrá una persona que agradecerá esa sonrisa.

Un fuerte abrazo.

Que Dios los bendiga.

kikitapatia