Hola queridos lectores ¿cómo están después de tanto tiempo?
No habrán creído que me olvidé de ustedes, es solo que 33 paginas de word llevan su tiempo y muy probablemente tenga algún que otro error, sepan disculpar.
Estoy muy feliz porque, queridos amigos, hemos superado los 200 reviews, jamás una historia mía ha tenido tantos comentarios así que no me queda más que agradecerles todo su apoyo incondicional a esta sencilla historia. ¡De verdad, muchas gracias!
Notas del Capítulo -antes o después de la lectura, es indistinto-
Dos personas mencionaron que el siguiente dibujo los ayudó a conocer mejor a los participantes de la semana de los mil vientos por lo que se los dejo en caso de que quieran un apoyo extra.
Como sabrán la pagina no deja mostrar links externos a la misma por que deberán reemplazar los tres asteriscos con puntos. Sé que es tedioso pero no no te da muchas alternativas que digamos.
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Ahora sí disfruten~
La danza de las Katanas
La nublada mañana que sobrevino a aquella espantosa primera noche de convivencia en la ostentosa mansión Retto encontró a los concursantes conglomerados en el comedor nuevamente, donde se disponían a desayunar.
Si bien aún se percibía tensión entre ellos, el hecho de haberse presentado la noche anterior y haber compartido un poco de ellos mismos para con sus enemigos había logrado generar cierta sensación de igualdad entre ellos, todos estaban en las mismas condiciones y poseían un conocimiento parcial de sus enemigos o eso se creía.
Dicho esto, cabe señalar que de ningún modo el desayuno fue más animado que la cena. La verborragia no reinó en ningún momento e incluso las breves conversaciones seguían siendo inusuales. Este estado de impenetrable apatía se intensificó cuando se encendió el monitor de la pared, exhibiendo un anuncio que exponía los nombres de los dos primeros contendientes y, por debajo de tal enunciado, los números de un reloj digital que no marcaban la hora sino que se trataba de una cuenta regresiva, misma que sin lugar a dudas indicaba el momento del día en que combatirían.
Faltaba poco menos de una hora para que Masago del País del Rayo y Tsujigiri del País del Hierro se enfrentaran y los concursantes apenas se estaban enterando. El samurái de cabello violáceo se puso de pie sin alterar su característico semblante serio mientras que el shinobi rubio absorbió su serenidad con cierta indignación aunque no dio muestra de ello.
-Una batalla entre espadachines –sentenció Rushi sin mirar a nadie en particular, ni siquiera a su oponente, para posteriormente encaminarse hacia la puerta del comedor– no podría haber pedido algo mejor.
-No te confíes samurái-san, no soy solo un espadachín –se diferenció el Jounin de Kumo, denotando cierta arrogancia al alegarse superioridad.
-No hay nada más en ti que me interese –arguyó el guerrero de del País del Hierro retirándose luego del comedor para recluirse en su cuarto, donde pasó el tiempo restante puliendo su katana.
En cualquier otra situación Hasaku se hubiese ofendido. Sin embargo, esta vez le pareció hasta divertido que el hombre de Mifune no tomara de conciencia del peligro que él representaba como enemigo. Estaría entonces en sus manos el hacerle ver su error una vez que ambos pisaran la arena de batalla.
-Es una lástima, esperaba ser el primero en luchar –protestó en voz alta Kirimaru, dirigiéndole una mirada funesta a su primer rival, quien difícilmente se dio por aludido.
-Vamos, vamos ya habrá tiempo para eso –mitigó el Shinkimori en intento por dispersar la innecesaria presión que esporádicamente se generaba– por lo pronto disfrutemos de la contienda de hoy –sugirió tomándose el asunto con calma.
-¡Ja! No habrá mucho que disfrutar, terminaré con esto en un santiamén –aseguró casi bravuconamente Hasaku para luego afirmar severamente– no hay forma de que un samurái represente un reto para un shinobi.
Está subestimando a su rival antes de la contienda –meditó Shikamaru para luego posar sus ojos sobre el pequeño ninja de Iwa con quien había sostenido una conversación cordial la noche anterior– Takumi-san tiene razón, este tipo es un idiota.
-Envidio esa confianza, debes ser realmente poderoso –opinó Araiguma exteriorizando su evidentemente equivocada apreciación sobre la situación.
Dos idiotas –se corrigió mentalmente el Nara mientras el Shinkimori sonreía más ampliamente, como burlándose en silencio de las deducciones de esos dos. Para el pequeño ninja de Iwa, el contemplar las interacciones de ese par equivalía a observar a dos chimpancés sacándose las pulgas mutuamente, y Shikamaru lo sabía perfectamente.
-Ya lo veras –exclamó soberbiamente el espadachín de Kumogakure para luego aconsejar– sería bueno que me prestes atención ya que, si ganas, seré tu próximo oponente.
Y mientras los argumentos lógicos morían estrepitosamente en la mansión Retto, en el palacio del Kazekage el clima era mucho más diligente. Maki y Temari habían acudido a distintas reuniones temprano por la mañana, mismas que se suscitaron ni bien fueron informadas de que la primera contienda se llevaría a cabo a las once de la mañana de ese mismo día.
Por un lado, la domadora de viento se congregó con sus hermanos en el despacho del Kazekage para intercambiar opiniones sobre el modo en el que se estaba llevando a cabo la semana de los mil vientos. Gaara se había dado a la tarea de realizar una investigación exhaustiva sobre las antiguas reglas que rigieron durante la anterior competencia realizada durante el mandato del segundo Kazekage; no obstante, los resultados habían sido bastante desalentadores. Las reglas en combate eran absurdas por no decir inhumanas y las sanciones al incumplimiento de las mismas eran brutales, era irónico comparar tal normativa con la impuesta por Sumire y notar que la anciana había sido más condescendiente.
Por otro lado, la especialista en tela tuvo una breve reunión en compañía de su equipo encabezada por Sumire donde también estuvieron presentes Naga y Reiko. Se les informó sobre los permisos y prohibiciones que tenían y se le adjudicó a Maki la permanencia en el campo de batalla para seguridad de los concursantes mientras que sus subordinados tendrían la misma función en las gradas, cuidando del bienestar del público.
Naga sería la tercera persona que, junto al árbitro, tendría permitido permanecer en la arena de combate en caso de que hubiese una emergencia que requiriese evacuación. Reiko simplemente estaría alerta y priorizaría la seguridad de los Kages ante cualquier eventualidad, convirtiéndose en una especie de guardaespaldas de apoyo. Además, habría tres Anbus en cada grada a excepción de aquella reservada para los concursantes donde habría cinco.
Cuando la reunión liderada por Sumire finalizó, la especialista en sellos se separó del grupo en busca de la Sabuko No. Quería ver que Temari estuviese tranquila antes de la batalla puesto que su asamblea había dado inicio tan temprano que ni siquiera había tenido tiempo de averiguar quiénes serían los concursantes que pelearían ese día.
Irónicamente, al divisar a su amiga y percatarse de su perturbadora estoicidad fue ella quien perdió la calma. Sin darse cuenta, la kunoichi de élite apresuró sus pasos desconcertando a la embajadora, quien detuvo su andar para dejarse alcanzar.
-¿Ya sabes quienes van a pelear? –fue lo primero que preguntó la ansiosa dama de ojos azules.
-Sí, él no luchará hoy –respondió la kunoichi de ojos verdosos con una media sonrisa que denotaba alivio puro.
-Siendo el genio que es le vendrá bien observar los combates antes de luchar –opinó Maki calmándose instantáneamente para luego acotar optimistamente– parece ser que, por ahora, tiene la ventaja.
-¿Hablan del primer encuentro? –Curioseó Ino llegando al hall del domo del Kazekage en compañía de su compañero de equipo. Luego de que la kunoichi de ojos celestes captara la atención de las damas agregó– ahora mismo Kiba está en una junta y Naruto con Kakashi, ellos se dirigen a la arena de combate.
Mientras el Inuzuka era uno de los guardaespaldas que estaba recibiendo una breve capacitación sobre el entorno en que se encontraría el Kage de su aldea, el Uzumaki conformaba la guardia que estaba escoltando a los Kages al campo de entrenamiento número setenta y siete en esos momentos.
-Una reunión absorbió toda mi mañana así que no tengo ni idea de quien competirá hoy –se excusó la Jounin de élite ante su ignorancia.
-Tengo entendido que será entre un samurái y un shinobi de Kumogakure –esclareció Chouji sin poseer los detalles y luego adicionó– Shikamaru debe sentirse aliviado de no ser el primero.
-Ellos son del grupo A, igual que Shikamaru –profirió la hermana del Kazekage insinuando que el vago de la Hoja no tendría tiempo de relajarse puesto que debería poner atención para recopilar la mayor cantidad de datos posibles.
-No vas a decirme que estás nerviosa por eso –exclamó de manera bromista la Yamanaka, dirigiéndole una mirada cómplice a Maki, quien de inmediato entendió la seña y actuó acorde a tal.
-Por supuesto que no estoy nerviosa –se desligó completamente la domadora de viento llevándose ambas manos a la cadera. La instantánea respuesta ante la provocación recibida les indicó a las jocosas damas que una demostración podría ilustrar mejor su punto de vista.
-Oh, Shikamaru, Shikamaru, es muy arriesgado, Shikamaru –dramatizó Maki entonando una voz extremadamente aguada y aniñada mientras se colocaba la mano en la frente en símbolo de preocupación.
-No temas mi princesa de viento –imitó Ino exageradamente, cumpliendo el rol del Nara, y extendiéndole la mano a Maki para se acercara a ella, la tomó por la cadera y levantó la cabeza en dirección opuesta a la Jounin para afirmarle cielo– yo te rescataré.
-¡Oigan! –Protestó la rubia de coletas apretando los dientes un tanto enervada mientras sus mejillas se tornaban rosáceas– Estoy aquí ¿saben?
No hace falta que lo recalque pero ni Maki ni Ino se vieron afectadas ante el reproche de Temari. Muy por el contrario, continuaron con su actuación como si nunca hubiesen escuchado la voz de su amiga en primer lugar.
-¿Pero cómo lo harás mi vago sexy? –Cuestionó la castaña simulando ser una afligida doncella en apuros y luego sugirió– ¿usaras tu sagaz intelecto?
-Precisamente, y luego construiré un castillo de sombras solo para ti –prometió la rubia galantemente tomando las manos de su cómplice entre las suyas.
-Oh Shikamaru –suspiró la kunoichi de Suna mientras Temari se cruzaba de brazos, indignada por el espectáculo que esas dos montaban.
-Oh Temari –respondió de igual modo la de Konoha mientras unía su mejilla con la de Maki para apreciar el enfurecido rostro de la dama de la arena y su vano intento por ocultarlo.
-¿Desde cuándo ustedes dos se llevan tan bien? –inquirió el Akimichi demasiado desconcertado como para poder disfrutar de la interpretación teatral de las damas.
-Están así desde nos complotamos para comunicarnos con Shikamaru anoche –reveló la Sabuko No con cierto hastío para luego soltar con certeza– francamente, son doblemente odiosas cuando están juntas –opinó, obteniendo risitas cómplices de parte de las kunoichis.
-¿Qué opinas tú Chouji? –Preguntó pícaramente la florista, precisando posteriormente– ¿Maki-san es doblemente odiosa cuando está conmigo?
-¡Ino-san! –Siseó la abochornada especialista en sellos, pero la mirada ladina que recibió como respuesta le indicó que sería mejor pedirle ayuda a otra persona por lo que, a modo de súplica, nombró a su mejor amiga– Temari…
-A mí no me mires, estoy demasiado ocupada pensando en mi castillo de sombras –se desligó rencorosamente la hermana del Kazekage.
Maki estaba en una situación por demás incomoda. No quería oír la respuesta de Chouji y mucho menos en frente de Ino y Temari. Difícilmente había sobrellevado el rechazo en la intimidad de su corazón como para tolerar una humillación pública. No obstante, la usuaria de tela no podía enojarse con la Yamanaka ya que sabía perfectamente que sus acciones no eran maliciosas, solo imprudentes.
-Claro que no, solo tú te vuelves doblemente odiosa y eso ya es mucho decir –explicó el robusto ninja esperando que, con aquella respuesta, su amiga se comportara apropiadamente, cosa que no estaba en los planes de la ninja sensorial.
-¿Implicas que Maki-san es una mala influencia para mí? –Inquirió con sorna la coqueta Chunin.
-¡¿Qué?! ¡No, nunca dije eso! –Se defendió el castaño ante la injuria proferida solo para ser interrumpido después cuando intentó aclarar las cosas– Yo no creo que Maki…
-¿Tú qué, Chouji? –Indagó Ino terminando con los rodeos de manera tajante para luego soltar una pregunta decisiva– ¿qué opinas sobre Maki?
Chouji se encontraba terriblemente que acorralado. Había mentido una vez al haberse visto obligado a decidir si debería tener una cita con Maki o no y, sinceramente, su corazón no podría tolerar otra mentira de esas sabiendo que tal cosa conllevaba a que el brillo en los ojos azules de la castaña se apagara. Peor aún, si no decía la verdad ahora se arriesgaba a asesinar los sentimientos que Maki había dejado entrever.
Pero ¿qué debería hacer? Él no estaba listo. Sí, había entrenado arduamente, había hecho dieta perdiendo algunos kilos en el proceso, había cumplido exitosamente dos misiones de clase B en esas semanas, había encontrado una motivación que le daba frutos pero, aun así, no se sentía listo para enfrentar a Maki.
Para suerte o desgracia del Akimichi, según lo quieran ver, la reunión de los custodios de los Kages había terminado y, al percibir el olor de su novia, Kiba se había separado del grupo guardaespaldas con el objetivo de que sus amigos no se perdiesen de la única batalla del día.
-¡Ino! –Exclamó potentemente el bestial ninja al encontrarse aún distante mientras eliminaba la brecha que lo separaba de los demás– ¿Qué hacen aquí todavía? Ya es hora del primer combate.
-¿Ah? ¿Ahora mismo? –Preguntó seguidamente la Yamanaka sintiendo que se le estaba yendo la oportunidad perfecta– Kiba, no puedes ser más inoportuno –se quejó después.
-¿Eh? –masculló el Inuzuka sin comprender a la rubia para luego tomarla de la mano y tirar levemente de ella, incitándola así a ponerse en marcha.
-Estaba en plena labor de casamentera y tú vienes a interrumpir –protestó a viva voz para que el entrenador de perros entendiera la gravedad de sus acciones.
-¿Hablas de Chouji? –Cuestionó despistadamente el hombre de colmillos rojos en las mejillas para luego sugerir– déjalo en paz, lo resolverá cuando lo crea oportuno.
-Si yo hubiese mantenido esa filosofía contigo seguiría soltera –siseó la rubia sin sentirse conforme con el superfluo consejo que recibía.
-Hai, hai, solo vamos de una vez –mitigó el castaño, volteando levemente el rostro para observar que los demás shinobis aún seguían parados en el hall de entrada– ustedes también deberían ponerse en marcha.
-Maki-san ¿puedo decirte algo antes? –inquirió con cierto nerviosismo el Akimichi produciendo que los ojos de la Sabuko No se abrieran de par en par.
-Espérenme, yo también voy –le pidió la de coletas a los shinobis de Konoha para luego dirigirse a la kunoichi de élite al excusarse– de lo contrario Sumire vendrá a sermonearme.
-Hai, te veo después –concordó la castaña a pesar de saber que la rubia se ausentaba para darles el espacio que necesitaban.
Los siguientes minutos, tanto el ninja de Konoha como la kunoichi de Suna observaron las siluetas de sus amigos abandonando el lugar y solo se miraron a los ojos cuando la voz de Chouji resonó.
-Solo quería agradecerte por las píldoras que le diste a Shikamaru –manifestó el Akimichi intentando calmar la ansiedad que subía por su pecho.
-Oh cierto –recordó la Jounin cuando él señaló aquel evento y luego corroboró– esas eran las que querías ¿verdad?
-Esas mismas, las use para entrenar –comentó distendiéndose lo suficiente como para agregar– fueron un buen complemento a la dieta.
-¿Dieta? ¿Estás haciendo dieta? –preguntó seguidamente la castaña sin querer creer lo que oía.
-Sí, he dejado de lado las golosinas y alimentos calóricos por un tiempo –ratificó el robusto ninja entendiendo que, quizás, le fuese difícil notarlo puesto que su cuerpo no había cambiado significativamente.
-Pero ¿por qué? –Inquirió ella ensañándose en el tema, queriendo encontrar una explicación lógica a lo que, a su parecer, era una conducta absurda– tu alimentación era bastante balanceada, no era necesario que dejaras de comer lo que te gusta.
-Quiero bajar un par de kilos –sentenció él, ciñendo un poco la soltura con la que se había expresado anteriormente al percatarse de que Maki comenzaba a exasperarse.
-Pensé que te sentías cómodo con tu peso –alegó la ojiazul sintiendo que había malinterpretado todo acerca de Chouji.
-Lo estaba –aseguró con certeza el Chunin para luego agregar un tanto martirizado– pero no soy… estéticamente atractivo.
Tal pensamientos dejó a Maki boquiabierta durante de unos segundos y, siendo incapaz de responder, intentó hallar una respuesta lógica a la molestia que se suscitaba en ella. Ante los ojos de la castaña, la característica más sobresaliente del Akimichi acababa de ser aniquilada.
¿Acaso vi en él algo que no existe? –Se preguntó en silencio mientras sus ojos se clavaban en el vacío intentando dilucidar lo expresado por el bonachón– pensé que no le interesaba lo que pensaran los demás, que era genuino y sincero consigo mismo y que su amabilidad era algo innato –se reprochó para luego cuestionarse a sí misma– ¿tan necesitada estaba que me cegué de tal manera?
Maki estaba más decepcionada de sí misma que de Chouji, después de todo, ella era quien había imaginado atributos inexistentes. Se sumergió de lleno en la impresión que elaboró del Akimichi sin detenerse a dudar si algo de aquello era cierto, era demasiado bueno para ser verdad y aun así no vaciló ni por un instante. Durante el siguiente instante, solo un calificativo resonó en la mente de la especialista en tela: ingenua, había sido ingenua.
-Nunca creí que te interesara tanto las apariencias –soltó la Jounin de élite sin poder ocultar su disconformidad.
El robusto ninja primeramente se sorprendió. No entendía el motivo por el cual la dama de ojos azules se encontraba tan disgustada de repente. Sin embargo, no llegó a despejar la incógnita puesto que el movimiento de las agujas del reloj había obligado a Reiko a emprender la búsqueda de la Jounin y por esos momentos estaba dando con ella.
-Maki, aquí estás –acotó la oficial de policía sin percatarse de que estaba interrumpiendo una charla de suma importancia. Al dar a entender que la había estado buscando por todos lados era más que razonable presuponer que no había tiempo para detalladas apreciaciones. Por lo que posteriormente incentivó a la kunoichi de élite, quién no podía apartar aquella acusadora mirada del rostro del shinobi de Konoha, para que se dirigiera a la arena de combate– vamos se hace tarde.
-Sí, será mejor que ponga en marcha de una vez –acató Maki adelantándose en solitario.
-Tú también Chouji-san –pidió la rubia despertando al castaño del trance al que había sucumbido por el anhelo de comprender que diantres acababa de suceder– de lo contario no podrás encontrar a tus amigos, las gradas son demasiado grandes –apresuró la dama de ojos dorados encaminándose ella también.
Al llegar al campo de entrenamiento numero setenta y siete el viento se sentía voraz y cortante. La tribuna había sido removida por Naga para quedar de tal forma que el viento no molestara al público sin que la estructura refugiase a los contrincantes en lo absoluto.
Tal y como había sido comandado, Maki era la única especialista en tela que se encontraba en el campo de batalla. Su equipo había sido diseminado en distintos puntos de las gradas para proteger a los espectadores ante posibles desprendimientos o jutsus que se salieran de control y fueran arrastrados por el remolinante viento.
En el sector central del rocoso anfiteatro se encontraban los líderes de las aldeas que habían presentado a sus candidatos para la contienda, situada debajo de estos se hallaba Temari junto a Kankuro y en la parte más baja los familiares de los concursantes de aquel día.
En ese caso en particular, solo había un hombre rubio de unos cincuenta años, de barba alargada y portador las mismas marcas sobre y debajo del ojo izquierdo que Hasaku. Indudablemente ese era el líder del clan Masago y el padre del espadachín. El clan Tsujigiri, por otro lado, estaba prácticamente extinto. Habían servido noblemente al País del Hierro por generaciones siendo Rushi era el último de ellos.
En el sector izquierdo de los palcos se encontraban los miembros del concejo de Suna en la parte superior y, bajo ellos, los familiares y amigos de los participantes restantes. En el sector derecho, casi completamente aislados de los demás, estaban los ocho concursantes. Solo el equipo de Maki y Reiko tenía permitido desplazarse entre los dos sectores destinados al público que se encontraban debidamente separados del tercero, puesto que, incluso durante las contiendas, los participantes tenían prohibido comunicarse con sus seres queridos y cualquiera que no fuese a arriesgar la vida en el azaroso lugar.
Con Maki y Naga a sus espaldas, el árbitro se hizo presente en medio del despiadado vendaval para anunciar las reglas durante la batalla mediante un micrófono inalámbrico.
-Bienvenidos al campo de entrenamiento número setenta y siete, mi nombre es Shimo y seré el árbitro durante la semana de los mil vientos –resonó la voz del sujeto en los altavoces ubicados debajo de las gradas– las reglas son simples, una vez que hayan pisado la arena de batalla perderán el derecho a rendirse.
-Somos presa de nuestro rival y viceversa –acotó Takumi por lo bajo para que solo Shikamaru lo oyese– es un poco brutal pero no puedo decir que me desagrada.
-Se considera que han derrotado a su oponente si son capaces de incapacitarlo o asesinarlo –continuó el árbitro sin siquiera inmutarse por la magnitud de las reglas que estaba enumerando– sin embargo, si se caen del risco o alguien ajeno a la contienda milagrosamente burla la seguridad e interviene en favor de uno de ustedes también serán descalificados.
-También esperan que nuestras familias y amigos observen como somos aniquilados –profirió el Nara logrando que el Shinkimori observara el sector de la tribuna donde estaban sus camaradas– quieren hacer de esto un espectáculo grotesco.
-Los concursantes de hoy serán, del clan Masago, Hasaku-san y del clan Tsujigiri, Rushi-san –nombró el sujeto mientras Maki y Naga se apartaban de él para situarse una a cada extremo del campo de batalla– preséntese en la arena –ordenó Shimo provocando que ambos guerreros abandonaran las gradas y se situaran uno frente al otro a una distancia de no más de dos metros en el centro del risco.
-No te preocupes samurái, terminaré con esto pronto –prometió piadosamente el rubio de Kumogakure logrando arrancarle la primera y única sonrisa burlona que Rushi exhibiría puesto que inmediatamente se colocó el yelmo que completaba su característico uniforme.
-Veamos lo que tienes –invitó el samurái sintiendo la adrenalina recorrerle el cuerpo.
-¡Comiencen! –ordenó el árbitro retrocediendo apresuradamente para no verse envuelto en la disputa.
Mientras Hasaku retrocedía unos metros guardando su distancia sin apartar la mirada de su rival, Rushi desenvainó su katana esperando ser imitado. Primeramente, el samurái pensó que el shinobi poseía un estilo defensivo y estaba esperando a ser atacado para contraatacar. No obstante, poco tiempo después se percató de que eso no sucedería. Hasaku no le daría a Rushi la batalla de afiladas hojas de metal que él ansiaba con la facilidad que había previsto.
En lugar de si quiera pensar en utilizar su espada, el Masago retiró de uno de sus portashurikens trasero una serie de kunais cuyo filo redobló con la naturaleza elemental de su tierra natal. A pesar de la distancia, Maki podría haber jurado que escuchó rechinar los dientes de Naga a pesar de no haber sido un Raiton visualmente poderoso. Evidentemente, Hasaku era más talentoso de lo que parecía a primera vista.
Sin embargo y casi sin esfuerzo alguno, el Tsujigiri utilizó su katana para desviar todos y cada uno de los kunais, sorprendiendo a su enemigo y a la audiencia entera al envainar su katana con posterioridad, desarmándose voluntariamente.
-¿Qué se supone que hace? –indagó un tanto anonadado el Raikage.
-Rushi es, ante todo, un hombre honorable –profirió sencillamente Mifune sin lograr disipar las dudas y sin intensiones de hacerlo en verdad puesto que estaba seguro de que su katana hablaría por él.
-Pensé que esta iba a ser una pelea entre espadachines –reprochó el samurái sonando doblemente severo debido al casco.
-No hace falta que use lo mejor de mi ahora –estableció el shinobi rechazando la propuesta del hombre del País del Hierro– te venceré sin problemas.
-Oh entonces de eso se trata –soltó el individuo de la armadura para adoptar, posteriormente, una posición defensiva un tanto extraña al extender un brazo y retraer el otro a la altura de su pecho y, separando un poco los pies para garantizar su estabilidad, acotó– solo tengo que hacerme merecedor de tu espada.
El ego del Masago no le permitió tomarse en serio a un sujeto que se deshacía de su única arma para defenderse de un shinobi por lo que no dudó al invocar un Tanto de cuyo mango colgaba una cadena para mantener la distancia con el samurái e infringirle serias cortaduras en el proceso.
No obstante las intenciones del rubio, el guerrero de cabello violáceo no solo desvió todos los ataques gracias a la armadura ubicada en sus antebrazos sino que, además, en una maniobra osada logró enredar la cadena del Tanto en su brazo despojando al ninja de su arma de un solo y sorpresivo tirón.
Hasaku se preparó para que su propia arma fuese utilizada en su contra pero Rushi tenía otros planes, por esa razón no dudó en aventar el Tanto lo suficientemente lejos como para que cayera por el risco.
-¡Oi! –se quejó el muchacho de ojos azul verdosos ante la osadía del samurái.
-Usa tu katana –exclamó con calma el Tsujigiri, como dándole a entender que el encuentro no llegaría a ningún lado hasta que lo hiciera.
-¡¿Quieres ver katanas?! –Cuestionó el alto espadachín perdiendo la paciencia– ¡te daré katanas! –aseveró con fiereza extendiendo un pergamino de invocación y realizando los sellos de manos pertinentes para traer sus armas al campo de batalla.
Naga rozó la cicatriz de su ojo con los dedos y cerró los parpados con fuerza por un momento intentando dominar el palpitar de su piel.
La densa nube de humo blanco característica de los jutsus de invocación fue rápidamente arrastrada por el predominante viento autóctono, descubriendo doce docenas de katanas electrificadas, clavadas en la tierra.
Se podía ver la electricidad centellar en el frío metal por lo que Rushi ni siquiera intentó tocarlas, en cambio volvió a adoptar su posición defensiva y esperó el ataque de Hasaku que no tardó en llegar.
El Masago tomó una de las katanas y corrió al encuentro del Tsujigiri sabiendo que éste tenía la capacidad para eludir una ofensiva tan obvia por lo que dejó que la situación siguiera su curso con naturalidad. En efecto, el samurái se alejó del trayecto de corte que la katana del ninja marcaba solo para sorprenderse al ver como éste le arrojaba su arma y tomaba otra igual, acortando su tiempo de reacción y contraatacando con mayor eficiencia.
El hombre del País del Hierro se vió en dificultades. El shinobi de Kumogakure tomaba una katana, atacaba y se deshacía de ella para empuñar otra, siempre blandía la más próxima a él sin importar si estaba en sus espaldas o en las de su rival. Predecir el siguiente movimiento era imposible, luchar contra algo así era una locura.
Y lo inevitable finalmente sucedió.
Efectuando un arco perfecto que debería haber atravesado el más rígido metal, Hasaku realizó un corte descendente que fácilmente hubiese dividido el cuerpo de Rushi a la mitad. Y digo hubiese porque, contra todo pronóstico, el samurái detuvo el fatídico ataque apresando la hoja de la katana por sobre su cabeza utilizando tan solo las palmas de sus manos.
-Imposible –soltó el shinobi de un ojo verde y el otro celeste sin creer lo que veía desde las gradas– ese ataque debería haber puesto fin a este encuentro.
-No, te equivocas –discernió Kirimaru para luego explicar con cierta elocuencia– Rushi-san no pasó todo este tiempo esquivando milagrosamente los consecutivos ataques de Hasaku-san sino que estaba esperando ver una brecha.
-Pero su Raiton debería haber al menos triplicado el filo de su katana, ¿cómo es que la detuvo solo con sus manos? –inquirió Araiguma aun atónito por lo que veía.
-Al igual que Hasaku-san, no tomas el clima como un factor relevante –analizó acertadamente el shinobi de Kumo que contaba con la suerte de ser un mero espectador ese día– mantenerse en pie allí no equivale a vencer el desafío que el entorno implica.
Por su parte, Shikamaru aprovechó la conmoción del momento para buscar con la vista a la razón de aquella grotesca contienda. No tardó mucho en hallarla bajo el podio reservado para los Kages en compañía de su hermano. Solo unos instantes le tomó a la domara de viento el percatarse de que el muchacho de las sombras la observaba.
Casi inconteniblemente, una pequeña e infantil sonrisa se posó en los femeninos labios como si se hubiese olvidado por completo del brutal encuentro que estaba observando. Durante ese santiamén en la mente de Temari no había nada además de Shikamaru. Tal ternura y calidez llegó al Nara inmaculadamente, envolviéndolo en una esencia delicada y, honestamente, dudo que pudiese haber contenido aquella amplia sonrisa con la inconscientemente le devolvió el cariñoso gesto a la rubia. La voz de la embajadora aún no se desvanecía de los oídos del estratega.
En medio del caos, la sonrisa del otro purificó sus mundos. Así que aferrándose a esa sutil imagen que había mellado en sus ojos, dirigieron nuevamente su concentración al terreno de batalla.
-No entiendo a qué te refieres, Nishiki-san –confesó el aun confuso Hakuhei para luego exteriorizar su desconcierto– ¿por qué tendría que ser el clima un factor relevante? Es solo viento.
-La resistencia del viento desacelera los movimientos de la hoja de su katana y dispersa parcialmente su Raiton –indicó Takumi sin comprender como un Jounin podía ser tan ignorante por lo que seguidamente preguntó con marcada incredulidad– ¿realmente pasaste la academia ninja?
-Tienes una lengua demasiado afilada, enano –se defendió su coterráneo apretando el puño con fuerza. No obstante calmó sus ánimos al instante cuando el Mitsubachi palmeó su hombro para llamar su atención y acto seguido señaló a los Anbus detrás de ellos, quienes los observaban rigurosamente.
En la arena de combate, Hasaku comenzaba a frustrarse. Ninguno de sus ataques habían sido fructíferos y su chakra comenzaba a agotarse. Como si lo anterior fuera poco, su tendencia a enervarse con facilidad no le dejaba pensar con claridad.
Disolvió su jutsu de invocación guardando así sus katanas y miró fijamente a su oponente. El hecho de no poder ver el rostro de Rushi le molestaba por sobremanera.
El desgraciado debe estarse riendo bajo ese yelmo –pensó el rubio de Kumo considerando que la distancia que los separaba no era demasiado grande por lo que un ataque sorpresa podría funcionar– veamos si se ríe después de esto –completó su línea de pensamiento aferrándose a su estrategia principal variando solamente las proporciones.
Por esa razón, y volviendo a recurrir a un pergamino de invocación, el Masago se vió en la obligación de intentarlo una vez más. Si un arma parcialmente arrojadiza le había fallado, si el filo de su Raiton había sido insuficiente entonces combinaría ambos y, desplegando el pergamino, arrojó un millar de agujas shebon cargadas de electricidad.
El samurái no dudo en emprender una embestida que le hizo suponer al ninja que se trataba de un intento suicida por golpearlo antes de que las agujas se incrustaran en su cuerpo. No obstante, al ver como su oponente no solo llegaba a él sin dar muestras de estar herido sino que, además le encestaba un potente puñetazo en el estómago arrebatándole el oxígeno del cuerpo, el rubio comprendió que no tenía la menor idea de con quien estaba pelando.
-¿Es imposible como las esquivaste todas? –inquirió Hasaku, doblándose por el dolor en su abdomen.
-¿Quién dice que lo hice? –inquirió impasiblemente Rushi.
Tan solo entonces el ninja de ojos azul verdosos levantó la vista para percatarse de que, en efecto, las agujas habían penetrado incluso su armadura. Hilos de sangre se desbordaban del torso y extremidades del samurái sin que esto configurase un hecho relevante para el herido en cuestión.
-¡¿Es que nunca te mueres?! –Cuestionó el exasperado rubio mientras se reincorporaba por su orgullo.
-No subestimes a la katana más afilada de Mifune-sama –solicitó con firmeza el hombre del País del Hierro.
-Oh Dios… de acuerdo, tendrás tu duelo de espadas –accedió finalmente y por cansancio el Masago. El Tsujigiri primeramente se alegró, y sin exteriorizar tal emoción sostuvo la vaina que protegía su katana, preparándose así para luchar cuando el guerrero de Kumogakure estuviese listo.
Sin embargo, el alto shinobi tenía otros planes. Por lo que la desilusión alcanzó prontamente a Rushi al ver como Hasaku invocaba una katana, ciertamente más refinada que el centenar que había utilizado anteriormente, pero aun así no llegaba siquiera a rozar la calidad de aquella que aun colgaba en su espalda.
-¿Qué esperas? –Cuestionó altivamente el ninja al ver que el samurái había perdido interés en desenfundar.
-No, no me interesa enfrentarme a otra katana de baja calidad –señaló el hombre de cabello violáceo, dando media vuelta para alejarse un poco del rubio mientras argumentaba– no desenfundaré hasta que luches con la espada que llevas en la espalda.
-Como quieras –sentenció su oponente atacando de igual modo a pesar de que el honorable sujeto le estaba dando la espalda.
Rushi no había sentido la necesidad de ponerse serio con un espadachín que no tenía intenciones de dar lo mejor de sí en cada batalla. Dicho esto, cabe destacar que de ningún modo se quedaría inmóvil ante una actitud que considerase deshonrosa, por lo que no dudó en reaccionar ni bien percibió el instinto asesino de su rival junto al olor del metal que constituía su katana.
Giró levemente el rostro y aguardó el inminente ataque del Masago que buscaba perforar el centro de su espalda. Cuando faltaban apenas unos centímetros para que el filo de la hoja tocara su dorso, el Tsujigiri giró su cuerpo cuarenta y cinco grados, dejando así que la espada siguiera su curso. Una vez que ésta recorrió el trayecto que hubiese sido necesario para apuñalarlo de un extremo a otro, el samurái se encontró en posición de trabar el arma entre la armadura de sus antebrazos y la de su torso imposibilitándole al rubio retirar la misma.
No obstante, Hasaku no soltó su espada en ningún momento por lo que el Tsujigiri se vió en la necesidad separar un poco los codos de su torso y ejercer más presión en las extremidades de la hoja la cual comenzaba a doblarse al verse detenida en el centro por la espalda del espadachín. No pasaron muchos segundos antes de que el metal cediera ante la imponente fuerza del guerrero de la armadura y la katana finalmente se quebró.
El ninja no podía caer en cuenta de lo que acababa de suceder. El samurái había quebrado su katana con solemne naturalidad, como si de la más inofensiva ramita seca se tratase. Por esa razón y aun ensimismado en su asombro, no pudo siquiera pensar en defenderse hasta que sintió como Rushi lo tomaba desde el cuello para luego encaminarse hasta el borde del risco donde se convirtió en el único soporte que lo separaba de caer al vacío.
-No me hagas perder el tiempo –advirtió y por primera vez una emoción se vislumbró en sus palabras, para infortunio del rubio, se trataba de ira pura.
-¡Árbitro, esto no puede ser legal! –Siseó el desesperado shinobi dirigiéndose al mediador de la contienda.
-Mira chico, si te caes de ese risco ya sea porque te tropiezas, te tiras de cabeza o te dejan caer, estás descalificado, sin excepciones –arguyó sin mucho interés el ninja de Suna mientras Maki comenzaba a desplegar su tela, anticipándose al evidente suceso que de seguro acontecería en breve.
-Sayonara –se despidió el Tsujigiri encontrándose completamente listo para soltarlo seguidamente.
-¡Espera, espera! –Suplicó el atormentado Masago para luego aseverar ansiosamente– ¡pelearé con mi mejor katana, pelearé con lo mejor de mí!
-Bien –accedió el hombre de cabello violáceo, apartándolo del precipicio y dejándolo caer en el suelo, permitiéndole vivir con el único propósito de luchar con él apropiadamente.
Ambos se incorporan uno frente al otro. Parecía como si una nueva y completamente diferente batalla fuese a dar inicio allí.
El viento acaricio sus vainas cuando sus manos alcanzaron el objeto que tan celosamente protegía la más preciada de sus armas. Casi al mismo tiempo desenfundaron sus katanas con noble gracia y adquirieron una posición determinada.
Era más que evidente para cualquier que observara la situación, incluso teniendo nulo conocimiento sobre el arte de la espada, que la contienda se decidiría en el siguiente golpe. Sus espadas rectas apuntando al rival eran como dos caras de una misma moneda, el chakra azul emanado del arma de Rushi comenzaba a curvarse hacia el final y destellos amarillos emanaba la hoja del sable de Hasaku.
-Odio a este tipo –farfulló Naga sosteniéndose la mitad derecha de su rostro con la mano al sentir como su piel marcada se afiebraba a causa de semejante despliegue eléctrico.
Un noble vínculo de frío metal unía a los espadachines, sus ojos no mentían cuando indicaban que todo sería definido en un solo golpe.
Después del impulso necesario, sus katanas se encontraron a medio camino. El filo de sus hojas deslizándose chilló aun por sobre el silbido del viento y ambas espadas descendieron después del impacto, ambas estériles y completamente carentes de chakra.
El brazo con el que Rushi sostenía su magnánima arma se encontraba completamente paralizado por el abrumador Raiton del Masago. Sin embargo, era su oponente quien se había recibido la verdadera herida de relevancia. El pecho de Hasaku sangraba inconteniblemente por el corte que atravesaba su dorso desde su hombro izquierdo hasta la última de sus costillas derechas. El desbordante chakra de Tsujigiri imprimido en su hoja de acero había hecho mucho más que solo marcarlo.
El samurái estaba asombrado, si bien su técnica había atravesado el chaleco táctico del shinobi para ocasionarle una lesión de gravedad que comenzaba a nublar su razón y en instantes lo haría perder el conocimiento, su katana había quedado intacta.
Era la primera vez que Rushi veía tal cosa, sus movimientos no habían sido erróneos por lo que no debería existir espada capaz de soportar tal coalición, incluso aquella que se encontraba electrificada debería haber cedido ante el golpe. Era evidente que no se trataba de una katana sobrenatural, si era muy superior al promedio pero nada fuera de lo natural. Por lo que al samurái no le quedó más remedio que reconocer que, si bien Hasaku no era el ninja más astuto del mundo, su habilidad con la katana era indiscutible.
El adolorido rubio cayó sobre sus rodillas intentando vanamente contener con sus brazos la sangre que tan impunemente se escapaba de su cuerpo. No obstante, el golpe más duro no se lo había llevado su cuerpo sino su ego. Por esa razón, no se asustó cuando vió al samurái acercarse a él aun empuñando su katana, era un shinobi después de todo y estaba listo y dispuesto a morir en manos de su rival, pero antes de que todo se oscureciera quería entender lo acababa de suceder.
-¿Cómo es que perdí? –balbuceó el Masago sintiéndose mareado. El Tsujigiri se inclinó y respetuosamente se retiró el casco de la cabeza antes de hablarle.
-Peleaste bien y eres un buen shinobi, pero nunca fuiste rival para mí –profirió el samurái con voz apacible esbozando una mirada piadosa que relajó por completo a su malherido contrincante– verás, no solo soy una katana, soy la más afilada de todas ellas.
La vista del shinobi de Kumo se tornó borrosa pero antes de que la luz se extinguiera por completo sonrió ante la afirmación del samurái, como si estuviese feliz de haber sido derrotado por alguien tan poderoso como él.
-El ganador del primer encuentro, Tsujigiri Rushi –anunció el árbitro segundos después de que Hasaku perdiera el conocimiento.
Inmediatamente después, el equipo médico se hizo presente en la arena de combate para auxiliar al ninja caído. En vencedor se reincorporó y, después de inclinarse ante los Kages, también fue trasladado a inmediaciones del pabellón médico.
-Parece ser que tu chico es poderoso, Mifune –elogió la Mizukage al apreciar el desempeño del samurái desde un nivel más crítico al tener ciertas nociones del arte de la espada gracias a los espadachines de la Niebla.
-Rushi no siente dolor, no siente ira o miedo al momento de luchar –caracterizó el líder de los samuráis– es el arma perfecta, leal e infalible, y está orgulloso de serlo.
-Por otro lado, el padre de Masago Hasaku no se ha inmutado en lo más mínimo a pesar de haber visto como su hijo era derrotado –comentó el Tsuchikage con cierta aprensión ante un posible deseo de venganza.
-Aunque Hasaku haya perdido su padre está orgulloso porque, al menos sobre el final, su hijo luchó dignamente –esclareció el Raikage disipando cualquier posible duda al respecto y, observando al Kage pelirrojo, curioseó– ¿qué opinas tu Gaara?
La esotérica expresión en el rostro del Sabuko No y su penetrante mirada de no se apartó del campo de batalla incluso después de que los concursantes del día y los futuros participantes fueran retirados del mismo. Nada referente a la semana de los mil vientos le agradaba en verdad. Hubiese preferido casarse con una mujer que no amaba a tener que soportar semejante espectáculo en su aldea, sin embargo, estos eran pensamientos que no podía compartir con libertad.
-Ambos han combatido dando todo de ellos, como Kazekage no podría pedirles más –exclamó dando a conocer su apreciación sobre la contienda para luego realizar una salvedad– sin embargo, es la mano de mi hermana la que se está poniendo en juego aquí así que esperaré ver mucho más de Tsujigiri, Mifune.
-Así será –aseguró el líder de los samuráis sin siquiera inquietarse.
-Dejemos que descansen por ahora –suavizó Kakashi mientras observaba como el Nara y los demás eran escoltados nuevamente a la mansión Retto– ya habrá tiempo para preocuparse por eso más adelante.
Cuando el combate terminó, el murmullo de la audiencia dando su opinión al respecto no se hizo esperar. La dirigente de la policía civil divisó en medio de toda la concurrencia a dos chicas que creía ausentes, por lo que no dudo en acercarse a ellas.
-Por un instante pensé que no habían venido –soltó Reiko sonriendo sutilmente, captando la atención de la castaña y pelinegra.
-Se nos hizo tarde –confesó un tanto apenada Yukata para luego revelar– anoche me quede a dormir en la casa de Yakumo y para cuando terminamos de platicar era demasiado tarde.
-Yukata me ayudo a ordenar mi apartamento y perdimos noción del tiempo –agregó la Kurama dando a conocer que el tiempo había empolvado su hogar.
-Una noche de chicas suena como una buena bienvenida –congratuló la rubia simpáticamente y luego se percató de que los líderes de aldeas se ponían de pie– parece que los Kages ya se retiraran, lo siento debo irme ahora.
-Nos vemos después, Reiko-san –se despidió la dama de ojos pardos.
-Sayonara –exclamó la pelinegra y, en compañía de su amiga, se retiraron con el resto de los espectadores.
Poco a poco el campo de entrenamiento número setenta y siete e inmediaciones del lugar se fue silenciando. Abajo del infernal risco, una multitud esperaba poder ver más de cerca a los misteriosos participantes, no obstante, estos fueron rápidamente trasladados a la mansión Retto.
Una vez más se les había prohibido interactuar con sus amigos y familias, tendrían que contentarse con un rápido y silencioso vistazo por esta vez. Hasaku pasó la noche en el hospital donde no se le permitió ver a nadie fuera del equipo médico. En el mismo lugar pero en una habitación diferente, se le practicaron las curaciones pertinentes a Rushi.
Y junto con los concursantes la muchedumbre se dispersó lo que facilitó, a aquellos que se habían separado, el reencontrarse.
-Temari, Maki –nombró sucesivamente Ino estirando su mano en el aire para delatar su posición y consecutivamente se abrió paso entre las personas seguida por Chouji– fue difícil encontrarlas –se quejó una vez que se encontró más cerca de las damas de la Arena.
-No me extraña, hay demasiada gente por todos lados –comentó la especialista en sellos para luego reafirmar su exclamación al revelar– tanto es así que Reiko tuvo que ayudar a los Anbus para descomprimir el lugar.
-No es para menos, la gente de Suna quiere ver a los candidatos de la semana de los mil vientos antes de que luchen ya que, después de la batalla de hoy, probablemente sea su única oportunidad de verlos –soltó el Akimichi dura pero sinceramente. El bonachón no se equivoca en nada, pero la naturalidad con la que había pronunciado tal enunciado logró generar ciertos escalofríos en Ino.
-¡No digas eso! –Ordenó la Yamanaka espantada para luego recordarle con mayor desesperación a cada palabra– Shikamaru está entre ellos, Chouji y él…
-Él va a ganar –exclamó la Sabuko No con una serenidad que impacto a todos los oyentes.
-Temari –masculló la kunoichi de Konoha aun pasmada ante la reacción de la hermana del Kazekage.
-Porque sabe que de lo contrario le patearé el trasero –aseguró la mujer de ojos verdosos recuperando su habitual semblante desafiante y autoritario, mismo que calmó la ansiedad de la florista instantáneamente.
-Hai, él ganará sin dudas –concordó la ninja médico colocando una sincera sonrisa en sus labios en señal de apoyo hacia su ausente amigo. Tras haberse serenado, Ino no tardó demasiado en darse cuenta de que la tensión no solo la había invadido a ella sino que, tras haber presenciado la batalla del día, estaba presente en todos sus amigos por lo que no dudo en sugerir– creo que todos necesitamos alivianar un poco de estrés ¿qué les parece si vamos por los demás y buscamos una casa de té o algo por el estilo?
-Suena bien, Reiko ya no debe tardar y Gaara tenía la agenda libre esta tarde –accedió la domadora de viento anhelando un respiro de todo lo que involucrase la semana de los mil vientos por una tarde– ¿qué dices Maki? –invitó posteriormente al haber vislumbrado un destello de duda en su amiga.
La usuaria de tela meditó la situación por un segundo. Estaba claro para ella que preferiría no ir pero también era evidente que la razón por la cual ansiaba evitar tal reunión era Chouji. Su orgullo reñía con su templanza. Sin embargo, en el corazón de una mujer como Maki, tal batalla estaba decidida de antemano.
-Si seguro, no me vendría mal un postre –manifestó de buena gana la castaña, desorientando momentáneamente a Temari, quien esperaba encontrarse con alguna excusa tonta.
-¿Hay algo que quieras decirme? –corroboró la rubia de coletas al sentir que algo no iba del todo bien.
Quizás en privado, la dama de profundos ojos azules le revelaría porque estaba tan incómoda y si algo en su estado anímico era generado por la charla que mantuvo con el ninja de Konoha antes de la pelea de los espadachines.
Ciertamente lo haría. De haber sido esas las circunstancias, Maki no dudaría en decirle lo frustrada que se sentía por haberse hecho ilusiones tan fácilmente y lo difícil que le resultaba aceptar que al final de cuentas solo eso eran, ilusiones.
Pero se encontraba frente a Chouji y vacilar no era un lujo que ella estuviese dispuesta a darse. Por lo que esbozó su más pacífica mirada y con una sutil sonrisa en los labios negó al mover su cabeza con lentitud de un lado a otro.
-¿Cuándo he rechazado un postre? –alegó la kunoichi de élite esperando engañar a la Sabuko No.
En condiciones normales, tal superfluo argumento no habría convencido a Temari pero éstas no eran condiciones normales y Maki lo sabía. Sabía a la perfección que la artimaña con la que había contentado a Ino era precisamente eso, una artimaña diseñada para que la desesperación ajena no entrara a su ya muy preocupado corazón. Sabía también que la razón por la cual su amiga había aceptado con tanta rapidez la invitación de la rubia de la Hoja se vinculaba con la imperante necesidad de desviar la atención de tal tema de discusión con presteza. Pero, por sobre todas las cosas, la castaña sabía que la domadora de viento la necesitaba allí, en esa reunión y ella no podía negarle tan poco a una persona que apreciaba tanto.
-Es verdad, gomen –se disculpó la hermana del Kazekage para luego mitigar– debí imaginar cosas.
-Solo queda avisarle a los demás –enunció entusiasta la Yamanaka para posteriormente asegurar– de seguro Kiba no tardará en encontrarme y él está con Kakashi-sama y Naruto.
-Yo iré por mi hermanos, no pueden estar lejos –se responsabilizó la Sabuko No comenzando a buscarlos con la mirada.
-Entonces yo iré por Reiko, Yakumo y Yukata –sentenció Maki fundamentando después– así ahorraremos tiempo.
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De un modo u otro, la Yamanaka se las arregló para concertar una reunión informal que logró incluir al Kazekage y sus hermanos, uno de sus compañeros de equipo, la líder de la policía civil, una Jounin de elite, una Chunin de Suna, la ex secretaria del Kazekage y los guardaespaldas del Hokage. Irónicamente, el único que se abstuvo de asistir fue precisamente el protegido de Naruto y Kiba.
El Hokage había planificado su tarde y nada lo haría cambiar de opinión. Durante su anterior visita a la Aldea de la Arena, el peliplateado había dado con una pequeña pero surtida tienda de libros, donde había obtenido una magnífica obra literaria dentro del género erótico. La única diferencia entre esta vez y la anterior era que, ya sea por un abrupto cambio hormonal que favoreció al Hatake, obra del desino o simplemente misericordia de parte de su futura esposa, Anko había consentido la compra realizada y había motivado al Rokudaime para que efectuara una nueva adquisición.
Por tal motivo, sería absurdo para el ninja copia siquiera dudar sobre si debería acompañar a sus shinobis y los de Suna o pasar una provechosa tarde seleccionando literatura que luego disfrutaría en compañía de la Mitarashi.
Por otro lado, el destino elegido por los shinobis terminó siendo una importante cafetería, misma que se vió forzada a acondicionar su más amplia mesa circular para que todos los comensales pudiesen agruparse en un mismo lugar.
Gaara y Naruto fueron de los primeros en tomar asiento, encontrándose uno junto al otro, comenzaron a conversar mientras los demás se ubicaban. Temari se sentó junto a su hermano pequeño y Reiko se posicionó adyacentemente al Uzumaki. Kankuro no dudó en tomar el último lugar disponible junto a la oficial de policía mientras Yakumo se incorporaba junto a la embajadora de Suna y Yukata se sentaba junto a la especialista en Genjutsu. Cuando Maki tomó asiento junto al marionetista, Ino apresuró a Chouji para que se acomodara junto a la kunoichi de élite, tomando para sí misma el lugar bacante al otro lado del Akimichi. Naturalmente, Kiba se situó junto a la florista, quedando también junto a Yukata.
Gradualmente, el entorno se volvió bullicioso. Las múltiples conversaciones que se suscitaban esporádicamente, confluían entre sí y se mimetizaban con otras. La quietud reinó solo cuando la mesera hizo acto de presencia para tomar el pedido de la mesa, y se esfumó con ella.
-La última vez que estuve aquí no tuvimos oportunidad de conversar –acotó Naruto estableciendo el contraste entre aquella ocasión y la actual– así que cuéntame, Gaara ¿qué tal va todo en Suna?
-No voy a mentirte, la administración está pasando por tiempos difíciles –confesó el menor de los Sabuko No, creyendo que estaba sosteniendo una plática cerrada sin sospechar que Temari y Yakumo estaban prestando atención– el papeleo siempre se mantuvo en un nivel tolerable pero empeoró drásticamente cuando mi secretaria decidió tomar vacaciones.
-Renunció –corrigió la Kurama, refiriéndose a ella misma en tercera persona.
Tanto los ojos del rubio como los del pelirrojo se posaron en la castaña, cuyo semblante serio le dio la pauta al Uzumaki de que se trataba de un tema delicado para ambos.
-Yo no he aceptado ninguna carta de renuncia –exclamó el domador de arena con indiferencia, ganándose a cambio una mirada iracunda por parte de la dama de ojos pardos.
Resultaba frustrante para Yakumo que sus palabras carecieran de relevancia frente a Gaara. Sin importar lo que ella dijera, él no iba aceptar ningún argumento proveniente de ella salvo que éste coincidiera con sus intereses. Pero, ¿cuáles eran los intereses de Gaara? La Kurama no tenía ni idea y dudaba de que él mismo lo supiese con certeza.
-Pues entonces le has dado vacaciones permanentes –sentenció la Kurama, irritada por la calma con la que el Sabuko No se tomaba un tema que para ella era tan delicado.
-Claro que no, la administración colapsaría –profirió el Kazekage con liviandad, desestimando la idea de inmediato.
-Coincido, por lo tanto deberás contratar a una asistente nueva –sugirió a modo de mandato la usuaria de Genjutsu, su ceño fruncido y su beligerante mirada mellaron en su interlocutor.
-¿Acaso no me has escuchado? –inquirió el pelirrojo perdiendo la paciencia y escondiendo lo mejor posible su disgusto alegó– yo ya tengo asistente.
-¡Eres tú el que no escucha! –acusó Yakumo indignada por lo absurdo de aquella riña que no los había llevado a ningún lado.
-Vamos, vamos, tranquilícense –pidió el rubio de la Hoja actuando como mediador en una contienda que no tenía fin– de seguro podrán llegar a un acuerdo si lo hablan con calma.
Ambos bosquejaron una expresión de desagrado en el rostro, mostrándose reacios hacia aquella sugerencia.
Hablar era la palabra clave. Algo tan sencillo se había vuelto imposible para Yakumo y Gaara. Sus puntos de vista habían chocado de una manera tan violenta que ya ninguno de los dos estaba dispuesto a escuchar al otro, ninguno iba a ceder con facilidad.
Ninguno estaba dispuesto a mancillar su orgullo y reconocer que la administración de Suna no era el problema, que el puesto de secretaria tampoco era el tema de discusión sino el hecho de que compartieron un vínculo único que no fue alterado ni por la distancia entre ellos ni por las discusiones que protagonizaron. Se trataba de un vínculo tan asombroso como maldito, mismo que no permitía que ninguno de los dos continuara adelante sin mirar atrás.
-Me parece buena idea –opinó Temari, consintiendo la medida propuesta por el Uzumaki– es lo mínimo que pueden hacer, se lo deben al otro.
-De acuerdo, mañana por la tarde en mi oficina –señaló el shinobi de ojos aguamarina de mala gana, corroborando posteriormente– ¿te parece bien?
La Kurama tenía miedo de lo que pudiese llegarse a tratar en aquella conversación. Estaba aterrada por la posibilidad de no ser capaz de contenerse y mostrar debilidad frente a Gaara una vez más. Si antes tal exposición era sinónimo del amor que le tenía, ahora estaba segura que quebraría su orgullo.
No obstante, ¿cómo podría negarse? Eso, sin dudas, se traduciría en cobardía y ella había dejado atrás esa faceta, la había aniquilado al ganar autoconfianza en los entrenamientos y ver los frutos de estos al convertirse en Genin de Suna. Un retroceso hubiese sido imperdonable.
Desamor, incertidumbre, ira, frustración y ahora miedo. Era una mezcla de sentimientos demasiado poderosos para un cuerpo tan frágil y su embravecida alma estaba lastimada y agotada como para lidiar con ellos. Era cuestión de tiempo antes de que algo oculto dentro de ella despertara.
Justo donde empezamos –exclamó una espeluznante y familiar voz sin decir nada más.
¿Ido? –cuestionó mentalmente la genin sin poder creer que se tratase de él. Ella recordaba haber atacado y destruido aquel maligno alter ego por lo que era imposible. ¿El estrés le estaría jugando una mala pasada? ¿Se estaría imaginando cosas? ¿O sería en cambio Ido una especie de fénix oscuro capaz de renacer desde sus propias cenizas?
-¿Qué dices tú, Yakumo? –cuestionó Naruto trayendo a la castaña de vuelta a la realidad.
-¿Eh? Sí, mañana por la tarde ¿verdad? –Accedió ella de manera torpe y despistada, llamando la atención de los hermanos Sabuko No que participaban en la conversación– si está bien.
-¿Estás bien? –indagó Yukata incorporándose a la plática al ver el inconsistente y perturbado temple de la especialista en Genjutsu.
-Hai, solo me distraje por un segundo –argumentó la Kurama con una sonrisa amable que buscaba sosegar a los demás mientras ella misma recobraba la compostura.
-Oh –masculló la pelinegra un tanto asombrada pero se distrajo rápidamente al ver las increíbles maniobras que la empleada del lugar hacia para no derramar nada de las cargadas bandejas que portaba– mira, ahí viene la camarera.
Repentinamente y de manera inexpresiva, la embajadora de la Arena se puso de pie sin palabra de por medio mientras la mesera entregaba los deliciosos postres. Instintivamente, Maki, Reiko, Yukata y Yakumo la imitaron al abandonar sus asientos, expectantes del siguiente movimiento de la rubia de coletas, quien se veía por demás sorprendida. Las damas no apartaron su inquisidora mirada de la kunoichi de ojos verdosos ni por un instante pero poca fue su paciencia al percatarse de que ésta no haría comentario alguno.
-No te preocupes por él, lo hará bien –alentó la pelinegra refiriéndose a Shikamaru y su desempeño en las futuras contiendas una vez que la empleada del lugar se hubiese retirado.
-Él es lo suficientemente listo como para eludir un combate tan brutal como el de hoy y salir airoso –añadió la castaña de marcas en las mejillas animando a su amiga en lo que creía era el tema que la aquejaba por aquellos momentos.
-Además se ha preparado para esto, ha entrenado hasta el cansancio –agregó la joven de ojos pardos, cuyas visitas al bosque Nara se hicieron frecuentes después de la visita de Maki a Konoha por lo que podía dar fe del duro entrenamiento al que se sometió el estratega.
-Su rumbo está definido y está aquí para seguirlo porque sabe que no es imposible –reconfortó la rubia, tan convencida como las demás de que Shikamaru estaría bien si no perdía de vista su objetivo.
-Uhm, gracias –exclamó Temari aun pasmada por el razonamiento de sus amigas– pero… solo quería ir al baño –reveló con posterioridad, provocando que las cuatro se sentaran instantáneamente.
-Claro, por supuesto –exclamó un tanto apenada la antigua secretaria de Gaara mientras esbozaba una sonrisa nerviosa.
-Siempre lo supe, fue solo por si acaso –se excusó la Chunin de la Arena descaradamente a pesar de saber que no engañaba a nadie.
-Que bochornoso –se quejó la oficial de policía con sinceridad mientras intentaba aplacar el leve rubor en sus mejillas, producto de haber perdido la calma tan rápidamente.
-Nos precipitamos, no hay nada de malo en eso –mitigó la Jounin, quitándole importancia al tema mientras la Sabuko No se ausentaba momentáneamente.
-Temari no es una persona débil –resolvió Gaara queriendo dispersar la consternación que parecía haber dominado a las presentes– no va a dejarse intimidar solo porque vio a dos espadachines enfrentarse.
-De igual modo mantendrá la calma cuando lo vea luchar, así ha sido siempre –garantizó Kankuro entonando la impetuosa y tenaz naturaleza de su hermana, esa misma con la que no siempre estaba de acuerdo– así lo ha decidido.
-Lo sabemos –alegó Maki mientras posaba su mirada en la copa aquel helado que había ordenado, misma que abundaba en crema batida y era adornada por una cereza– pero aunque lo digas mil veces…
-Es natural que se preocupen por ella –exclamó el Uzumaki rompiendo con aquella atmosfera al entender a la perfección los sentimientos de las kunoichis– no importa que tan fuerte sea tu amigo, a veces es necesario cerciorarse de que todo marcha bien.
-Incluso cuando Naruto, Shikamaru, Chouji y yo éramos niños teníamos eso en claro –manifestó Kiba recordando su infancia con una sonrisa en los labios que dejaba entrever sus pronunciados colmillos, de esas que Ino bien hubiese podido calificar como sensual.
La mayor de los Sabuko No volvía a su asiento por esos momentos pero permaneció en silencio esperando que de esa forma continuaran los relatos sobre un pequeño y seguramente adorable Shikamaru.
-Éramos unos niños demasiado traviesos –confesó el Akimichi de manera risueña al conmemorar los problemas en los que se habían visto envueltos– pero, por lo general, Shikamaru tenía un plan de escape.
-El problema era cuando el Iruka-sensei nos atrapa y peor aún si Tercero se nos adelantaba –estableció el Inuzuka, recostando su espalda en el respaldar de su silla; y relajadamente dirigió una picara y cómplice mirada a rubio para curiosear– tú sabes de eso ¿no?
-Ni que lo menciones, nos regañaba todo el tiempo por saltarnos las clases –explicó a los demás el hijo del cuarto Hokage con marcado hastío al relatar– vaya que eran largos sus sermones.
-Suena a papá –comparó Gaara ya que esa era la única faceta de Rasa que él había podido vislumbrar.
-Si le agregas un semblante despectivo, una mirada arrogante y no te olvidas que sus sermones eran pronunciados en un tono de voz bastante más alto que el normal, entonces sí, se parece a papá –concordó la domadora de viento puntualizando las diferencias.
De haber estado prestando atención a la conversación de seguro hubiese aportado algo puesto que también se trataba de su padre. No obstante, Kankuro estaba demasiado ocupado observando la porción de tarta de fresas que Reiko había ordenado, pedido que él no había dudo en imitar.
El marionetista recordaba a la perfección la preferencia de la dama de ojos dorados por los frutos del bosque, entre ellos las fresas. Por tal razón, pensó que sería una buena idea cederle aquella fresa que decoraba el tope de la porción y resaltaba de entre la crema pastelera. Así que, con extremo cuidado, extendió sus hilos de chakra sobre aquella pequeña fruta y la trasladó hasta el platillo de Reiko, donde la dejó caer junto a la de ella, removiendo un poco la perfecta capa de crema que adornaba su postre por el impacto de la fruta.
-¿Qué demonios haces? –Inquirió la oficial de policía dirigiéndole una mirada más agresiva que curiosa.
-Te la regalo –respondió el titiritero a modo de explicación sin comprender porque ella se mostraba tan disgustada, imaginándose que de seguro ella lo había malentendido pero su explicación disiparía toda su confusión y aprensión.
-No quiero tu fresa, Kankuro –estableció la rubia ensartando la fruta con su tenedor con el propósito de dejarla en una orilla del plato.
-¿Entonces me la das? –Preguntó Naruto interesado en la fresa recubierta de crema.
-Sí, puedes tenerla –concedió ella extendiéndole el tenedor, a lo que el rubio tomó la fresa con los dedos para degustarla con posterioridad.
-Gracias –exclamó el shinobi de ojos celestes antes de llevarse el mencionado fruto a la boca.
-¡Oi! ¿Por qué la cedes tan fácilmente? –Siseó el castaño sintiéndose ofendido ante la liviandad con la que ella se deshacía de su obsequio.
-¿De qué hablas? –Cuestionó Reiko aun a la defensiva para luego alegar mediante lo evidente– Tú tampoco no la querías.
-No, eso no era así –difirió Kankuro, exasperándose al no ser capaz expresarse adecuadamente– pensé que te gustaban las fresas.
-Mi porción tiene suficientes fresas como para necesitar las tuyas –dictaminó la líder de policía esperando que así los infructuosos intentos del Sabuko No llegaran a su fin. Poco sabía ella que, para su desgracia, apenas estaban empezando.
-Entiendo –soltó el marionetista meditando por un momento la situación. Ante sus ojos era evidente que Reiko tenía un buen punto, ¿por qué una tarta de fresas necesitaría una extra cuando su centro esta relleno de ellas? Diferente sería si habláramos de algún otro tipo de fruto del bosque.
-Eso se ve bien, Maki –pronunció Ino en aquel momento, induciendo al titiritero a mirar a su lado para encontrarse con la especialista en tela a punto de degustar su estéticamente llamativo helado; ese que además de poseer tres sabores diferentes, tenía galletitas semi trituradas y cuya cumbre era revestida por crema batida y una perfecta y brillante cereza.
Una cereza –se repitió mentalmente Kankuro y, sin ser capaz de pensar en nada más, no dudó en secuestrar tal fruto de la cuchara de la Jounin de élite con sus hilos de chakra justo antes de que ésta diera el primer bocado.
Maki no tardó en darse cuenta que solo había crema batida en su boca pero no supo reconocer el paradero de su cereza hasta que escuchó a Reiko quejarse.
-Kankuro, deja de arruinar mi tarta de una vez –ordenó la rubia duramente al ver como la cereza robada terminaba de arruinar la crema pastelera de su postre.
-Reiko –nombró el Uzumaki esbozando una mirada suplicante, propia del más tierno de los cachorros callejeros huérfanos, y antes de que la especialista en sellos pudiese reaccionar la voz de la oficial se volvió a escuchar.
-Claro, puede comerla –permitió la dama de ojos dorados mientras un aura oscura y densa emanaba de la kunoichi con marcas en las mejillas.
-Kankuro –nombró Maki, casi lúgubremente, sin quitar la vista de su profanado postre– ¿te atreviste a tocar mi helado? –inquirió dirigiéndole mirada sombría, mientras la tela de su rollo comenzaba a desplegarse por sí sola, como si buscara a una víctima para saciar la ofensa proferida a su dueña.
-Solo fue una… –iba a minimizar el titiritero, más se abstuvo de hacerlo al ver la mirada funesta en aquellos azules ojos.
-Estás, por demás, muerto hermanito –señaló la mayor de los hermanos de la Arena, dando a entender que no tomaría parte para evitar la venganza de Maki.
-¡No lo digas como si no te interesara lo que vaya a sucederme! –Se quejó Kankuro, molesto ante el abandono de su consanguínea.
-Lo que va a sucederte se llama karma –definió Reiko con calma, provocando que Temari relacionara tal palabra con un escenario muy diferente al actual.
"Yo soy tu karma" le habría dicho Shikamaru a Temari en alguna de sus ya habituales discusiones. Esas simples palabras resonaron en los oídos de la rubia de coletas como si las estuviese escuchando nuevamente en ese instante. Y al recordar esa ocasión en particular, le fue imposible contener aquella amorosa sonrisa. Incluso en medio de tan ajetreada disputa, él sabía cómo hacerla sentir especial.
-No te enojes Maki –pidió el bonachón al ver que nadie tenía planeado intervenir en favor del marionetista– mira, toma una de las mías –ofreció simpáticamente, buscando compensar su perdida– mi ensalada de frutas trajo muchas.
La furia de Maki hacia Kankuro entró en receso para dar paso a la indignación hacia Chouji. Entendía que se había equivocado con él, que toda la magia que logró embelesarla con premura había sido ficticia, algo ideado por su mente para fastidiarla. Pero hasta ahí llegaba su responsabilidad y consecutiva culpa.
El hecho de que Chouji estuviese intentando sosegarla, aprovechándose de los sentimientos que él sabía ella le profesa mediante una de esas acciones amables, similares a las que primeramente lograron confundirla, le parecía atroz.
Sin embargo, aún más terrible que el método era la razón. Porque, ante los ojos de Maki, el Akimichi solo tenía un motivo para evitar el incipiente conflicto que evidentemente estaba por gestarse entre ella y Kankuro y esa era servir como un exitoso mediador.
Todos aman al héroe que detiene conflictos apelando a la amabilidad y auto sacrificio, y si lo que cede el héroe es algo de su agrado es doblemente noble. Por lo que, mediante una simple cereza y apelando a aquel interés amoroso que la castaña había demostrado, el robusto sujeto iba a quedar como el héroe del pueblo ante los ojos de todos. Inaceptable.
-No gracias, perdí el apetito –soltó ella con completa estoicidad, deshaciéndose momentáneamente de sus belicosos sentimientos hacia Kankuro para levantar su maltrecho orgullo y ponerse de pie.
-¿Te vas tan pronto, Maki? –Preguntó Yukata al ver que la castaña no presentaba interés en darle una segunda probada a su helado y, mucho menos, volver a sentarse.
-No, solo iré al tocador un momento –se excusó la dama de ojos azules calmando las sospechas de todos los presentes a excepción de Temari. Al cruzar miradas, la domadora de viento no puedo evitar asentir. Aquel fugaz gesto había sido suficiente para que Maki le hiciera saber a su amiga que ya no volvería a la mesa y ésta, a su vez, había consentido tal medida.
-Le debes un helado nuevo a Maki, Kankuro –reprochó Yukata un tanto encrespada ante el desconsiderado comportamiento del castaño.
-¡Solo fue la cereza! –se defendió el titiritero considerando que estaban haciendo mucho escándalo por poca cosa.
-Pero… esa la mejor parte –opinó Yakumo quedadamente, sumándose a la opinión de la pelinegra de manera más sutil.
-Bien, le compraré uno nuevo cuando regrese –accedió de mala gana el shinobi de la cara pintada ante la señalización de las kunoichis de Suna.
-Yo no contaría con eso –exclamó tranquilamente Temari para luego asegurar– Maki no regresará.
-¿A qué te refieres con que no regresará? –Cuestionó Kiba sin comprender como es que ella sabía tal cosa.
-Ella se ha ido –reafirmó la embajadora de la Arena serenamente.
-¿¡Qué dices?! –Inquirió Ino escandalizada mientras su compañero de equipo se ponía de pie apresuradamente.
-¿Acaso no puedes sentirla? –Preguntó la rubia de coletas adelantándose a los sucesos venideros, esperando plantar los cimientos para que lo inevitable ocurriese.
La Yamanaka no dudó en concentrarse para hallar el chakra de la Jounin de élite y no mucho tiempo después la encontró.
-Está a tres calles de aquí en dirección sur –exclamó en voz alta la ninja médico para luego atinar a pedirle a su amigo que se encargara del asunto– Chouji…
No obstante, se silenció apenas volteó la mirada ya que el bonachón no se encontraba a su lado sino en el umbral que conectaba aquella habitación con la consecutiva, donde se encontraba la salida.
-¿Qué? –preguntó con impaciencia el Akimichi, un tanto molesto al haber sido detenido.
-Oh, nada –se corrigió la florista incentivando después– ¡ve, apresúrate!
Chouji no necesitó una segunda orden para ponerse en marcha. Pocas veces había estado tan desesperado y habría dado cualquier cosa porque sus piernas se movieran más aprisa. Él sabía perfectamente que si Maki se había ido así no era por su altercado con Kankuro, mucho menos por una estúpida cereza.
Ni siquiera su baja autoestima y modestia pudieron impedir que el Akimichi se percatara de que el problema era él. La forma en la que ella había reaccionado esa mañana antes del combate y como ahora mismo había cambiado por completo su actitud ante su intervención en el asunto de la cereza solo reforzaba su teoría de que, lo que repugnaba a Maki, no era la actitud de Kankuro sino él mismo y su maldita idea de ofrendarle un reemplazo a su fruta.
Sabiendo esto y contra toda posibilidad de que ella quisiera hablar con él en ese momento, Chouji siguió corriendo tras la castaña porque sentía que si la dejaba ir estaba vez ya no había vuelta atrás. Por segunda vez en el día después de que Ino lo acorralara, el robusto shinobi experimentaba la ansiedad y temor de que Maki ya no quisiese volver a verlo jamás. La paciencia de la especialista en sellos era como una bomba de tiempo y la única pregunta que el Akimichi podía formular era ¿ha detonado ya?
-¡Maki, espera! –Ordenó el ninja de Konoha al divisar la espalda de la aludida, quien se volteó asombrada de verlo pero prontamente dirigió la vista al frente y siguió caminando, ignorando así al bonachón. Aun hiperventilando, éste trotó los pasos que le faltaban hasta posicionarse junto a ella y entonces inquirió– ¿por qué huyes?
-No huyo –corrigió la Jounin de Suna, dirigiéndole una dura ojeada que reprobaba el término elegido por el Akimichi y luego corrigió casi altaneramente– simplemente no tengo deseos de estar con tanta gente en estos momentos.
-Ya veo –soltó el castaño sin quitarle la mirada de encima. Se veía extremadamente molesta y claramente estaba evitando un contacto visual pero, aun así, él cuestionó– ¿con quién quieres estar?
Los ojos azules de la dama se abrieron de par en par. Esa pregunta podría parecer sencilla pero su respuesta era por demás compleja. Nuevamente, sintió que Chouji estaba manipulando sus sentimientos para obtener lo que quería.
¿Es que ahora necesita que refuerce su ego? –se preguntó en silencio la encolerizada kunoichi sintiéndose frustrada y usada.
-¿Por qué te interesa? –Preguntó ella deteniendo por completo sus pasos para dedicarla una mirada cargada de odio y seguidamente cuestionó con marcada ironía– ¿Me complacerás si te lo digo al igual que complaces a todo el mundo para que no piensen mal de ti?
-¿De qué hablas? –Inquirió él, aturdido ante la incipiente ira de la castaña– Desde esta mañana estás enojada conmigo y, aunque no tengo la menor idea de qué es lo que hice para disgustarte, te agradecería que me lo dijeras –exclamó de manera conciliadora.
-Olvídalo –profirió ella sin interés en caer en absurdos e inútiles debates. Después de todo, no había razón por la cual ellos tuviesen que llegar a un acuerdo, no es como si fueran amigos, ni hablar de algo más cercanos que eso. Así que, cansada de gastar energías en él, sugirió– solo sigue con tu estúpida dieta, estoy segura de que las personas te aceptaran con mayor facilidad cuando seas esbelto.
-Mi dieta no tiene nada que ver con la forma en la que la gente me ve –aseguró Chouji con tanta naturalidad que logró gestar dudas en Maki sobre si se trataba o no de una mentira, confundiéndola aún más. Y sin darle tiempo a sobreponerse, el shinobi cuestionó– ¿de dónde sacaste una idea así?
-Tú mismo lo dijiste ¿recuerdas? –Mencionó ella pero la incertidumbre en el rostro del Akimichi le indicaron que tenía que ser más específica– Te quejaste de que no eras estéticamente atractivo.
-Ah es eso –exclamó con soltura el castaño relajándose de repente al comprender donde estaba el meollo del asunto.
-Pensé que eras genuinamente amable, que lo eras porque querías serlo, porque estaba en tu naturaleza el comportarte así y resulta que lo haces solo porque es socialmente aceptable, es repugnante –atacó la castaña despiadadamente, sin darle tiempo al robusto ninja de defenderse.
-Maki –nombró con calma el Akimichi, enervándola aún más sin saberlo mediante su temple sereno.
-¡No! No quiero seguir con esta conversación –se negó la Jounin de élite sintiendo que ya se había desahogado lo suficiente como para no tener que volver a tratar el tema ni verlo en lo que le quedaba de vida– no tengo nada más para decir.
-Espera un segundo –ordenó Chouji apresando su brazo al ver que ella atinaba a marcharse.
-¡Suéltame! –exigió Maki ante el inesperado arrebato del tranquilo shinobi de la Hoja.
-No hasta que me escuches –se negó el bonachón sin intensiones de dejarla ir hasta aclarar semejante mal entendido.
-Suéltame Chouji –repitió ella amenazadoramente con una calmada pero sanguinaria mirada de advertencia mientras la tela de su rollo comenzaba a desplegarse detrás de ella una vez más.
-¿Vas a atacarme? –Preguntó el Akimichi sin mucho interés en que tan letal pudiese ser, esclarecer la confusión en la que estaba envuelta la dama de marcas en las majillas se había convertido en prioridad para el Chunin– Adelante, pero mientras lo haces diré lo que tengo que decir te agrade o no.
-Tsk –rechistó la especialista en tela desviando la mirada y frunciendo un poco más el entrecejo. Ciertamente no quería escucharlo, no quería que la siguiera enredando en sus artimañas pero, a su vez, no podía atacarlo. Simplemente, no era capaz de hacerle daño.
-Crees que mágicamente me volví complaciente pero no es así, sigo siendo yo mismo –aseguró el castaño con cierta desesperación al sentir que ella no le estaba prestando atención en verdad.
-Sí, seguro –concordó la ojiazul con punzante sarcasmo.
-¿Recuerdas cuando te dije que no eras mi tipo? –preguntó el Akimichi comprendiendo que debería abordar su argumento por otro lado. Debería exponerse por completo para que ella le creyera y, a estas alturas, era ecuánime que así fuese.
-¿Cómo olvidarlo? –respondió ella cabizbaja pero aun a la defensiva, sin dirigirle la mirada ni por error.
-Pues era verdad, eras demasiado para mí, no hubiese sido justo –argumentó Chouji tomándola por sorpresa, y al sentir como Maki dejaba de oponer resistencia y ver como levantaba la mirada para corroborar la veracidad de sus palabras en sus ojos, el bonachón soltó su brazo para continuar– es por eso que en este último tiempo estuve entrenando más duro que nunca, me puse a dieta y tomé toda misión que me ofrecieron –los ojos azules de Maki se abrían más y más a cada palabra, como si no quisiera perder detalle de lo que escuchaba– no me importa lo que opinen los demás, soy yo quien sabe que mereces algo mejor de lo que soy ahora pero si me importa lo que tu pienses.
-¿Qué demonios dices? –fue todo lo que pudo averiguar la especialista en sellos escuchando con claridad como su propio corazón retumbaba con fuerza dentro de su pecho.
-No es una excusa, no dejaré de entrenar y aspirar a misiones más importantes, ni dejaré de hacer dieta hasta estar a tu altura –garantizó el Akimichi ensimismado en su desesperación al sospechar que el establecer sus metas antes de llegar a ellas podría prestarse a confusión, como si se tratase del argumento de un derrotista que por decir lo que quería se excusa de seguir persiguiéndolas.
-Idiota –lo insultó Maki sin pensarlo dos veces. Aún estaba molesta y no quería dar el brazo a torcer pero ahora era diferente porque también estaba feliz aunque no por eso dejó de preguntar con impotencia– ¿cómo pudiste pensar que eso me importaría?
-¿Eh? –Masculló el ninja de Konoha confundido para luego indagar– ¿No es lo que toda mujer quiere?
La castaña suspiró profundamente sabiendo que debería armarse de paciencia. El robusto shinobi era todo un caso y requeriría lo mejor de ella para tratarlo, pero se trataba de un esfuerzo que ella estaba más que predispuesta a hacer.
-No Chouji –corrigió con serenidad la usuaria de tela para luego dirigirle una mirada piadosa a la hora de exponer– tener un corazón gentil como el tuyo en un mundo como éste que solo sabe criticar es valentía pura y viéndote me dan ganas de proteger un corazón tan fantástico y puro como ese –confesó un tanto sonrojada pero sin intensiones de dar marcha atrás, debía decir lo que realmente le interesaba, era ahora o nunca– No me importa la cantidad de misiones cumplas, cuán poderoso te vuelvas o qué tan atractivo puedas llegar a ser, nada de eso me importa y ¡sí, quería tu cereza!
-Oh… –fue todo lo que pudo pronunciar él, encontrándose igual o más ruborizado que ella. Una mujer tan maravillosa como la que se encontraba ahora frente a sus ojos abriéndole su corazón era una excentricidad de esas que aparecen una vez en la vida. Repentinamente recordó a su padre, quien en alguna ocasión lo habría alentado sobre encontrar el amor a pesar de su peso. Parecía casi idílico que le llegara de esa manera pero no era momento para pensar en todo aquello, sino de remendar su error– supongo que deberé llevarte algunas cerezas después para que me perdones –exclamó sonriéndole ampliamente.
-Es lo mínimo que puedes hacer –decretó Maki simulando estar ofendida sin lograrlo del todo al soltar alguna que otra media sonrisa– después de todo, ya sabes dónde conseguirlas.
-Hai –profirió él observándola con dulzura.
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Nadie lo dijo en voz alta, pero no fue sino hasta que presenciaron el primer combate que los concursantes comprendieron cuán peligrosa la semana de los mil vientos era. Incluso una persona educada y respetuosa como Rushi podía convertirse en un temible enemigo llegado el momento y tal hecho no hizo más que generar aprensión entre ellos.
Durante la tarde el hombre del país del Hierro se reincorporó a la mansión Retto. Su contrincante, por otro lado, tendría un que descansar un poco más antes de reponerse.
Sintéticamente, el samurái reveló a sus potenciales enemigos que el aislamiento continúa incluso en las instalaciones médicas. Informó sobre la prohibición de recibir visitas y hablar con alguien ajeno al personal médico y como los Anbus lo escoltaron de vuelta a la lujosa morada de igual modo que lo habían hecho la primera vez.
Después de eso nadie más habló del tema. Los shinobis se dispersaron, algunos se recluyeron en sus alcobas mientras otros evitaban el contacto con sus semejantes al circular por las habitaciones de la casa sin asentarse en ninguna en particular. Parecían perros enjaulados, esperando desatar su ansiedad en aquel colosal y letal risco.
La camaradería entre Shikamaru y Takumi debía pasar de ser percibida y ambos lo sabían a la perfección. El hecho de que alguien se enterase de que su relación era más bien cordial podría tentar a alguna mente sagaz para planear una ruptura en su relación que lo beneficiara o hiciese que alguno de los dos rompiera las reglas de la casa, invocando la ira de Sumire.
Por esa razón y aprovechando que nadie había divisado la laguna normativa en la reglas de la casa, sus conversaciones se limitaron a una por día, durante la noche y en el balcón. Se trataba de un acuerdo tácito y ninguno de los dos sentía la necesidad de ratificarlo oralmente. El presentimiento es un buen guía cuando el ambiente se torna confuso.
Esa noche, el Nara observaba el cielo desde aquel poco iluminado balconcillo al igual que lo había hecho la noche anterior. El Shinkimori no tardó mucho en encontrarlo, ni siquiera se molestó en buscar en más de dos sitios antes de dirigirse a aquel palco.
-Con que aquí estabas, debí suponerlo –mencionó el pequeño shinobi de Iwa como si así no hubiese sido.
-La batalla intensificó la tensión entre los participantes así que vine a tomar un poco de aire fresco –manifestó el estratega de Konoha mientras el ninja de pelo violáceo retiraba una cajetilla de su bolsillo para invitarle un cigarro igual que el azabache lo habría hecho la noche anterior. Shikamaru aceptó el tabaco e incineró la punta la hierba seca utilizando el encender que años atrás hubiese pertenecido a su sensei.
-Veo que encontraste tu encendedor –exclamó Takumi al recordar que la noche anterior no había sido capaz de dar con el objeto en cuestión. No obstante, cuando el vago de la Hoja se lo extendió para que prendiera su cigarro este lo rechazó– no gracias, te lo agradezco pero me gusta el olor de los cerillos quemados –argumentó utilizando un fósforo en su lugar.
-Eres un hombre muy extraño –no dudo en calificar el domador de sombras ante la explicación del shinobi de ojos rosados.
-¿Te lo parezco? –curioseó de manera jocosa el Jounin de la Roca ante semejante afirmación, sin sentirse ofendido ni por un instante.
-Indudablemente lo eres –aseveró el ninja de la Hoja para posteriormente exponer– sin embargo, en mi experiencia, he visto que las personas peculiares son también las más interesantes.
-He de decir entonces que tú también eres un hombre peculiar –devolvió el cumplido el Shinkimori– dime ¿qué esperas encontrar en ese cielo?
-¿Eh? ¿De qué hablas? –Inquirió seguidamente el pasmado Nara ni se comprender.
-Oh vamos –incitó Takumi sabiendo que su interlocutor sabría perfectamente de qué hablaba si pensara un poco en ello y, con el propósito de ayudarlo a comprender, señaló– cuando cruce esa puerta mirabas al cielo con anhelo, solo te faltaba suspirar.
-Quería pensar que estaba nublado para negar que, en realidad, se trata de una noche sin luna –profirió Shikamaru sintiendo que solo la luna de Suna podría compensar la carencia de interacciones con la embajadora de la Arena que había sufrido desde que pisó esa árida tierra.
-No sé qué obsesión tengas con la luna pero eso no es técnicamente correcto –corrigió acertadamente el perspicaz shinobi– es un mes sin luna llena por la presencia de una luna negra, ya sabes el sol está demasiado cerca de la luna así que la oculta por completo pero eso no significa que la luna no esté allí, solo no puedes verla.
-Esa es una excelente manera de verlo –soltó el ninja de una coleta pensando análogamente entre ese fenómeno y su situación con Temari desde que la semana de los mil vientos había dado inicio– otra vez me siento cansado –confesó después.
-Fue un esfuerzo muy grande el que hizo Rushi-san hoy, indudablemente es poderoso, pero nos dejó más trabajo a nosotros –acotó el hombre de Iwagakure repasando aquel golpe final.
-¿Te refieres al momento en que sus katanas chocaron? –corroboró el Nara solo para asegurarse de que estuviesen hablando de lo mismo.
-Precisamente, ambas iban con la misma intensidad pero, de algún modo, Rushi-san ganó –estableció el Shinkimori partiendo de la premisa para luego desmenuzar los hechos que la componen– no puedo evitar pensar que el Raiton de Hasaku-san se disipó un poco por el viento pero sé que eso no lo es todo.
-Es cierto que el viento ha sido un factor decisivo en ese momento, pero además Rushi tenía la ventaja, técnicamente hablando –opinó el moreno asombrando a su oyente.
-No sabía que supieras de espadachines –exclamó el maravillado Jounin del País de la Tierra.
-No tengo la menor idea sobre espadachines –reveló el ninja del País del Fuego para luego especificar– sin embargo, tú viste pelear a Hasaku-san, lo viste aventarle todas las armas que tenía a Rushi-san antes de pelear con su katana.
-Sí, pero no entiendo a lo que te refieres ¿cuál es el punto? –inquirió Takumi considerando que todo eso fue un adorno a la pelea principal que se gestó después.
-Si fuera yo, y siendo el cobarde que soy, le tendría más miedo a un hombre que ha entrenado toda su vida con una sola katana que a uno que tiene diversas armas porque, en el tiempo en que le lleva al segundo aprender a utilizarlas decentemente a todas, el primero ya habrá dominado el empleo de una sola –comparó Shikamaru tomando por ejemplo el perfecto Taijutsu de Rock Lee.
-Especialización ¿eh? –Resumió el Shinkimori para pasar a razonar en un nivel aún más detallado– sí, creo que ese fue un factor decisivo aunque difícilmente el único.
-¿Qué tienes en mente? –Averiguó el Nara, curioso de la línea de pensamiento que su compañero estaba haciendo.
-A pesar de que su estatura era menor a la de Masago, Tsujigiri lo levantó del cuello con facilidad y lo arrastró hasta el borde del risco sin siquiera esforzarse –expuso como primer factor de relevancia el pequeño ninja– por otro lado, y aun considerando el viento como un factor desfavorable para el uso de agujas shebon enriquecidas con Raiton, nuestro samurái recibió el ataque sin dar muestra de ello, difícilmente creeríamos que Hasaku-san dio en el blanco de no ser porque Rushi-san aseguró que así fue.
-Fuerza y resistencia –sintetizó el hombre más inteligente de Konoha para luego ir más allá al unir esta idea con la anterior– si ponemos todo junto diríamos que su fuerza redobló la potencia de su excelsa técnica y que su resistencia logró absorber el impacto paralizando solo su brazo derecho por encontrarse este más cerca del impacto.
-De haberse tratado de cualquier otro contrincante, el Raiton de Hasaku hubiese llegado sin dudas al corazón de su oponente, terminado con su vida en un instante –completó aquella teoría el avispado ninja, y sin contener su emoción, pronunció– por Kami-sama, ahora estoy más emocionado que antes, pensar que convivimos con gente así.
-Realmente estás loco –calificó el moreno sin haber llegado aún a acostumbrarse a la naturaleza combativa del joven de cabello violáceo.
-No negaré que lo estoy pero al menos no es por amor –se defendió el de la Aldea de la Roca con una mirada picara que combinó a la perfección con aquella sonrisa ladina que le dedicó.
-¿Huh? –masculló un tanto desconcertado el de la Hoja.
-Solo digo que si vas a intercambiar miraditas con Suna-hime durante todos los combates deberías ser un poco más discreto al menos –sugirió Takumi disfrutando al observar que su provocación lograba ruborizar al estratega.
-¡Oye! –se quejó Shikamaru abochornado, sin poder negar el hecho de que no había sido para nada prudente durante la pelea de espadachines.
-Lo que no entiendo es porque estamos en medio de la semana de los mil vientos si ella te corresponde como lo hizo hoy –se preguntó en voz alta y sin ninguna reserva el Shinkimori.
-Takumi-san –llamó nuevamente el avergonzado Nara.
-¿Será que tu intelecto es más lento para los asuntos del corazón? –se cuestionó el shinobi de ojos rosados examinándolo con la mirada sin saber en verdad cuánta razón tenía.
-Mendokusei, Takumi –se quejó el ninja táctico y, logrando finalmente captar la atención de su interlocutor, admitió sus errores– estás en lo correcto, fui lento y descuidado, no solo con ella sino que conmigo mismo, por eso no pude evitar esta competencia y por poco tampoco logro inscribirme.
-Es todo un problema –suspiró el Jounin de la Roca sabiendo que no había salida fácil en una situación así– supongo que por ahora lo único que puedes hacer es concentrarte en esto ya que las cosas se pondrán difíciles de ahora en más.
-Es verdad, el estrés en la mansión se incrementará exponencialmente con el advenimiento de los enfrentamientos –concordó el azabache para luego manifestar– no es momento para desmotivarme por lo que ya pasó.
-Precisamente, y con toda esa tensión no sería raro que, antes de que termine nuestra convivencia, alguien haga algo estúpido que derive en un castigo ejemplificador –estimó el shinobi de cabello violáceo previendo un posible conflicto fuera de la arena de batalla.
-Ese tipo de comportamiento es más plausible en alguien que ha perdido su batalla ya que la idea de que no tiene más nada que perder estaría latente –consideró en voz alta estratega.
-Para los organizadores de este evento somos solo perros de caza encerrados en la misma jaula –ejemplificó el shinobi de Iwa– solo están sentándose a ver quién muerde primero.
-Me preocupa más quien muerda en segundo lugar y que harán con él –opinó el de Konoha sabiendo que, quien deba defenderse, muy probablemente sea alguien que aún tiene posibilidades de ganar y estas se verán atenuadas al momento de desarrollar jutsus para protegerse de su agresor.
-No tiene sentido pensar en eso ahora, por lo pronto vayamos a dormir –incentivó el Shinkimori a lo que el Nara estuvo de acuerdo– ya es tarde y no sabemos quién luchará mañana.
-Concuerdo, solo una última cosa, evita llamarla Suna-hime cuando la veas o te decapitara de inmediato –advirtió el Nara dando a entender que se trataba de una mujer sumamente peligrosa.
-Elegiste una mujer interesante –opinó Takumi sobrellevando su sorpresa inicial ante el consejo de su camarada– no esperaría menos de ti.
Y así, sin poder ver la luna ni despejar sus dudas, a Shikamaru no le quedó otra alternativa más que emprender una noche de descanso.
Durante la mañana del día siguiente y, exactamente a la misma hora que el día anterior, el monitor del comedor se encendió exhibiendo los nombres de los concursantes que batallarían aquella mañana junto al respectivo reloj de cuenta regresiva.
Los habitantes de la mansión Retto difícilmente habían cenado la noche anterior debido a la impresión que les dejó el primer encuentro y poco se habrían atrevido a ingerir durante las primeras horas de la mañana por temor a tener que luchar en breve. No obstante, una vez que fueron informados sobre el combate del día aquellos que no se enfrentarían en el campo de entrenamiento número setenta y siete se sintieron libres de desayunar con tranquilidad.
-Parece ser que finalmente es mi turno –manifestó con soltura el Shinkimori mientras su rival se abstenía de hacer comentario al respecto.
Shikamaru finalmente vería que era capaz de hacer su nuevo camarada.
Reviews~
danu: busqué y corregí la falta de ortografía que mencionaste, gracias por señalarla ^^
Se nunca se acordaran de los nombres y más con la rapidez con las que caeran en los enfrentamientos pero las aldeas son faciles xD hay tres de iwa dos de kumo un samurai y shikamaru y kirimaru a quienes ya conoces jajaja
creo que voy a abrir una subasta para la cabeza de sumire a ver quien la quiere asesinar xD
no te distraigas de los parciales mujer! te deseo suerte en ellos. Espero que te gusten las peleas aunque no son nada fuera de este mundo, viste que no soy muy buena para relatar escenas de acción, pero bueno haré lo mejor que pueda.
Besitos y exitos en los parciales!
anamicenas: ah querida, yo no creo que me queden ni dedos para morder xD Kankuro tenía razón cuando hace 20 millones de capitulos dijo que Sumire debería retirarse de una buena vez. Entre tu cheat sheet y el dibujo le pondras rostro a cada participante y te daras una buena idea de las peleas, lo que viene barbaro porque las peleas es lo que peor describo.
Rushi es bastante duro, el se considera a sí mismo la katana más afilada de Mifune y vive y muere por su amo y su nación, lo cual es un punto de vista un tanto diferente a la de un shinobi. Si habia bastantes de Iwa, eso es porque quería que solo hubiese uno de Konoha y uno de Kiri, bueno la razon de Shinkimori es un poco más que solo pelear por pelear pero no mintio cuando dijo que lo hacia por amor a la batalla, solo que no es la unica razón. Hakuhei si lo hace simplemente para darle celos a Kurotsuchi, a quien, dicho sea de paso, no le interesa en lo mas minimo lo que haga él xD
Ah si, Itezora es sin dudas el mas molesto de todos, cuando trato a Temari como deposito de semen se fue todo al demonio. Lo unico bueno que hará Kirimaru en todo el fic es ganarle a ese tipo xD
Ino se consiguio trabajo como promotora oficial de ShikaTema, ¿qué no hace esa mujer? jajaja Tanto Takumi como Shikamaru son del tipo analitico pero sus inteligencias difieren un poco, si tomamos a Shikamaru como el perfecto jugador de shogi Takumi sería el perfecto jugador de Go.
Gracias a vos por leerlo con tanta atencion, me encanta escuchar tus apreciaciones sobre lo que ocurre y tus opiniones sobre las actitudes de tal o cual personaje. Gracias tambien como siempre por comentar. Besitos y que estes super bien.
Tem querida: aww~ me alegra que te gusten mis chicos jajaja Si ambos van a pelear con garras y dientes para enfrentarse en la Sumire, Sumire, la deberíamos enterrar en una duna de arena y dejarla ahi hasta que se le pase lo odiosa. No estas muy acetada en la teoría sobre Takumi vs Kirimaru pero si tenes razón en ese presentimiento, algo raro pasará cuando esos dos se enfrenten y por supuesto, Shikamaru estará allí analizando todo.
El de Kumo que la trato como deposito de semen bien debería morirse allí mismo pero bueno... cosas que pasan. Ino esta de casamentera XD acordate que no vi Harry Potter porque me aburrí a la mitad de la primer pelicula pero me imagino que tambien debe ser una vieja de lo más insportable. Odialos a los dos pero un poquito mas a Kirimaru pls xD
Me alegra que te haya gustado el cap gracias como siempre por leer y comentar!
Besitos y que estes super bien!
loveotaku17: Eso, eso! anima a Shikamaru! Sumire es odiable xD Ino es casamentera oficial, promotora de ShikaTema, ChoujiMaki y GaaYakumo. Se adueño de unos cuantos titulos. Aww tan tierna al preocuparte por mi ^/^ muchas gracias pero me enfermaría si dejara de escribir jaja Gracias por todo el apoyo y la ayuda y por supuesto por seguir la historia y comentarla, significa mucho para mi. Besitos y que estes super bien!
karo aoi chan: Hola corazón! Ah para ser sincera tenía medio cap escrito desde el año pasado, por eso habia actualizado tan rapido jajaja
Sus peleas se harán más interesantes conforme vaya escalando en el torneo por lo que la primera puede resultarte un poco aburrida.
Sii veras más GaaYakumo a lo largo de la semana de los mil vientos, tambien verás más ChoMaki. Si Gaara es virgen aun, podría mostrar algun lemon de él en un cap de relleno más adelante, lo consideraré seriamente.
Gracias por comentar, publicaré tan pronto como me sea posible. Besitos y que estes super bien!
Temari13: Hola querida antes que nada, no creo que para vos signifique mucho pero para mi fue super emocionante y es que vos escribiste el comentario numero 200 de este fic. Jamás tuve tantos comentarios en un fic así que me sentí super feliz al leer el tuyo.
Ahora si, te cuento que no fueron dos caps seguidos sino que fue un cap por semana como hacía antes ~ah, los buenos viejos tiempos. Pero bueno, solo me fue posible porque los caps los tenía preescitos desde el año pasado xD
Eso, eso! apoya a Shikamaru con todas tus fuerzas que lo necesitara :)
Sumire sigue vivita y coleando, y además se dedica a molestar a los demás porque es una vieja de mierda pero bueno. No le des ideas a Shukaku que despues me anda reclamando jajaja
Habrá GaaYakumo y ChoMaki a lo largo de la semana de los mil vientos así que atenta!
Muchas gracias, yo tambien te deseo lo mejor e intentaré publicar lo más pronto posible.
Muchos besitos y que estes super bien!
Haruka: Hola querida, nunca me olvido de mis lectores así que te recuerdo perfectamente. Me alegra saber que no es que la historia te resultó aburrida en algun punto sino que te viste envuelta en responsabilidades de la vida cotidiana.
Ah~ que bueno que te gustaron a pesar de que todos fueron preparatorios para la semana de los mil vientos. Si Chouji se portó mal, pero solo siguió su propio razonamiento sobre lo que era mejor para Maki. Lo cual no significa que Maki se haya rendido :D Gaara aprenderá con un poco de sufrimiento de por medio, pero aprenderá al fin y al cabo. Kankuro no esta mal encaminado, solo es un poco tosco al momento de hacer las cosas lo cual provoca apatía en Reiko. Ino y Kiba son demasiado sexies, no lo pueden evitar jajaja
Lo unico triste entre Shikamaru y Temari es que durante la primer etapa de la semana de los mil vientos no podrán verse pero no necesitan tal cosa para saber que el otro esta a su lado incondicionalmente.
Si es por mi no te contengas de decir todo lo que quieras que a mi me encanta leer los reviews con opiniones sobre las cosas que van pasando, pero tampoco te fuerces en hacerlos largos si no es tu estilo, solo escribe todo lo que quieras ni mas ni menos :)
A mi no me gusta Sakura en sí pero bueno, es tan secundaría que ni siquiera creo que aparezcan en el siguiente relleno. Sasuke y Hinata estan planeados para el siguiente relleno, lo unico que sabemos de ellos hasta ahora es que estan en la boda de Karin y Suigetsu en Kirigakure, apareceran cuando vuelvan de la boda haciendo sus apreciaciones sobre la misma.
Gracias por volver a leer y comentar, me alegra que no te hayas olvidado de mi historia ^^ Besitos y que estes super bien.
aika kaze: jaja te tomé por sorpresa xD Temari y Shikamaru podrán verse despues de los cuatro primeros combates ya veremos como les va. Gracias por comentar. Besitos y que estes bien.
Cuarm SW: Hola, querida y muy bienvenida al fic! Puede que sea un poco egoista de mi parte pero a mi también me alegra que hayas dado con este fic y mucho más que te haya gustado como para lerte la infinidad de capitulos que tiene. Me emociona saber que pensas que soy buena escritora aunque aun tengo cosas que mejorar pero de a poco uno crece. Ah~ si, mis rellenos no fueron bien recibidos pero aun faltan más así que ya he dicho que a quién no le gusta lo puede saltear, de todas maneras siempre hago alguna acotación si lo sucedido en un relleno deriba en algun cap. Pero en si, los rellenos tenian la funcion que señalaste que es completar la historia y evitar que se cansen. Que bueno que te gustaron mis OC's he trabajado bastante en ellos para que todos cumplan el rol que les asigné. Si todavía tengo errores en la edición word puede ser una maldición a veces pero no es enteramente su culpa, a mi tambien se me va algun que otro dedazo.
La semana de los mil vientos si la inventé, el cortarse el cabello cuando un hombre te rompe el corazón es una realidad dentro de la cultura japonesa antigua. No te quiero aburrir asi que, en resumidas cuentas, los samurais se cortaban el pelo cuando perdian su estatus social, con el tiempo esa practica se fue expandiendo hacia las mujeres con otro tipo de connotación. Si una mujer se corta el cabello cambia su apariencia física y nunca lo hacen porque sí, por lo que la mayoría de veces el motivo detrás de todo es el de renunciar a su propio pasado. Por eso mismo Reiko se lo cortó. Sobre Sasuke y Hinata me tendrás que disculpar pero aparecerán recien el siguiente relleno que será inmediatamente despues de la semana de los mil vientos, allí se despejaran todas las dudas que planteaste al respecto así que lamento no poder decirtelo ahora pero ya te enteraras. Muchas gracias, hace feliz saber que te gusta mi historia, te agradesco tambien el review y espero que hayas tenido una lectura agradable. Besitos y que estes super bien!
Himawari no hana: aww muchas gracias! me alegra saber que te gustó y emociona pensar que esperas algo medianamente decente de mi ^^ muchas gracias tus comentarios, besitos y que estes super bien!
