- Bulma, hija… ¿Quién es toda esta gente?

Al doctor Briefs se le acababa de caer el cigarro de la boca. Acababa de salir a tomar un poco el fresco aquel anochecer, cuando fue testigo de la llegada de la nave de su hija con la capacidad al completo. Atónito, observaba aquellas personas, aparentemente normales, aunque algo le decía que si estaban en compañía de su hija y su nieto, la normalidad sería la última de sus características destacables.

Cuatro mujeres desconocidas y de extraña belleza, tres hombres igualmente atractivos, una niña, un hombre mayor con barba y pelo canosos y una mujer de mediana edad. Tras ellos, Arien bajó de un salto, seguida por Trunks y Bulma, que guardó la nave en su cápsula antes de volverse y caminar hacia su padre.

- Son unos amigos de Trunks y Arien. – Dijo Bulma, adelantándose a la pregunta de su padre - ¿Te importa si les hospedamos en casa durante algún tiempo? Han tenido algunos problemas y su situación no es demasiado positiva en estos momentos… – Contestó Bulma, casi sin dar importancia a sus palabras. Acababa de escuchar la increíble historia de aquella gente de labios de su hijo, con algún que otro enérgico aporte de Arien. Lo cierto es que los hechos no la habían impresionado lo más mínimo. Estaba tan acostumbrada a las aventuras de Son Goku y sus amigos que ya nada parecía asombrarla. Simplemente les había escuchado con atención mientras pilotaba y había memorizado el nombre de todos los nuevos habitantes temporales de la Corporación Cápsula. – Te prometo que después te lo explicaré todo. – Suspiró la peli azul.

- Por supuesto que no me importa. – Respondió el científico, con una sonrisa. - ¿Crees que estarán cómodos, hija? Son muchos…

- Lo sé, papá. En caso de necesitarlo podríamos utilizar alguna cápsula vivienda colocándola en el jardín exterior. ¿Qué te parece? – Bulma puso los brazos en jarras y observó distraídamente el jardín junto a la casa, como valorando su tamaño.

- ¡Es una maravillosa idea! – Apreció, sonriendo, el doctor Briefs. Encendió otro cigarrillo y se dirigió a los recién llegados. – Por favor, siéntanse en su casa. Les hospedaremos aquí el tiempo que necesiten, y si precisan de algún tipo de ayuda no duden en pedírnosla. Mi mujer y yo estaremos encantados de tenerles en casa.

Mitad extrañados, mitad agradecidos, los ex-elfos, las ex-hadas y los ex-Dewins se miraron entre ellos, sonriendo, aliviados. La señora Briefs no tardó en salir al jardín, alertada por las voces de su hija y su marido y se dirigió sin vacilar hacia el grupo de jóvenes extrañamente vestidos y de rostros extremadamente atractivos. Tras ser informada por su marido, la eternamente sonriente señora tomó de las manos a Jack y a Gowen y los introdujo dentro de la enorme casa, invitando al resto a seguirla, con la intención de mostrarles la mansión y sus habitaciones.

Fan Fan echó prácticamente a correr al ver su alto rubio de ojos azules mirando hacia atrás y solicitando ayuda con los ojos.

Bulma se llevó una mano a la frente, abochornada por el comportamiento de su madre.

- En ocasiones es tan… impetuosa… impredecible… - Susurró la peliazul, provocando las sonrisas de los que quedaban en el exterior: Trunks, Arien, Narik y Ellyon. – Bueno, sólo hay que acostumbrarse a ella, supongo. Es inofensiva. – continuó, tratando de quitarle hierro al asunto. – Vosotros dos, – dijo dirigiéndose a Narik y a Ellyon. - ¿Vais a compartir habitación? - Ellyon notó como el rubor le inundaba las mejillas y miró a su compañero, la boca tan abierta por el desconcierto que dejaba a la vista sus afilados colmillos. – ¡No pongáis esa cara! Veníais tan abrazaditos en la nave que pensé que os haría ilusión la propuesta. Pero no os preocupéis, ¡no he dicho nada!

Trunks miró a Narik con compasión. Había estado tantas veces en el lugar que ahora ocupaba el pelirrojo que podía notar hasta el calor que parecía embargar al ex-elfo.

Caminaron por los conocidos pasillos de la mansión Briefs, escuchando el eco lejano de la excitada voz de la esposa del doctor, contentísima de tener en casa unos huéspedes tan atractivos. Llegaron al pasillo de las habitaciones de Trunks y Arien, y Bulma se detuvo frente a una puerta.

- Esta será tu habitación Ellyon. – dijo antes de abrirla y entrar en ella para subir persianas y abrir la ventana. Los impecables muebles, todos de color claro, brillaron al recibir en su superficie la luz solar. – Espero que no te moleste compartir el cuarto de baño con Arien. La suya es la habitación contigua a él. – Explicó Bulma, señalando una puerta lateral, junto a una cómoda.

- ¡Oh! No, no me importa. Muchas gracias, Bulma. – Se apresuró a contestar la morena.

- … ¿Sabes? Me resulta muy extraño oírte hablar con esa voz tan grave. – dijo Bulma, guiñando un ojo a Ellyon. Esta bajó su mirada al suelo y sonrió tímidamente. – Bueno, y ahora tú. – dijo dirigiéndose al pelirrojo. – Ven conmigo. Dejemos a las chicas descansar, estoy segura de que lo necesitan… - Comentó Bulma, dando una ojeada a las dos muchachas. Ellyon, descalza y únicamente cubierta por la gruesa casaca de Narik, se sonrojó instantáneamente, y Arien, completamente cubierta de barro y restos de sangre se encogió de hombros y se despidió de ellos haciendo un gesto con la mano. Trunks fue el último en salir, guiñándole un ojo a Arien antes de cerrar la puerta tras de sí. También estaba necesitando una buena siesta.

Ellyon caminó despacio hasta la ventana y tocó las cortinas. Las apartó y miró al exterior, pensativa.

Arien, la observó en silencio. No sabía si su amiga estaba del todo bien. Hacía sólo unas horas que había muerto por su culpa y eso no podía quitárselo de la cabeza. Suponía que a la morena le pasaría algo parecido. Pero en cambio, Ellyon parecía más concentrada en comparar el tamaño de las cosas que la rodeaban con el de sus propias manos. Estaba segura que cualquier momento amargo que hubiera habido en el pasado había sido borrado por la felicidad de ser humana por fin, y de poder sentir la vida en todo su esplendor, pero la culpa no abandonaba la mente de Arien.

- ¿Te encuentras bien? – Preguntó la castaña, preocupada.

- Sí. Es sólo que siento una sensación extrañísima. – contestó Ellyon. La morena se acercó a la cama y acarició con los dedos el dibujo tallado en la madera lacada de la cabecera. – Siento como si la cabeza me diera vueltas y también un hormigueo muy raro en las piernas. – concluyó. Arien sonrió y dio un par de pasos atrás, hacia la puerta de la habitación.

Creo que eso se llama cansancio. – respondió dulcemente. La sonrisa se borró de su rostro y titubeó, vacilando, antes de decidirse a hablar de nuevo. – Oye, Ellyon… Siento muchísimo lo que ha pasado hoy. El miedo me paralizó y no pude liberar a Orkan… Lo siento muchísimo. – La muchacha bajó la cabeza y miró al suelo.

- ¿Estás de broma, Arien? – Dijo Ellyon, entre risas. Arien levantó la mirada, extrañada por la reacción de la morena. – Has sido tú, en parte, quien ha conseguido acabar con Tumno. Tú llevaste la espada de Trunks, y sin ella nada de esto habría pasado. – continuó Ellyon, señalándose a sí misma. – Mírame. Soy humana – sonrió aún más abiertamente. – Y Narik también lo es. Y tenemos una oportunidad en el mundo. – hizo una pausa y se acercó a Arien. - Y todo gracias a ti.

La castaña le devolvió la sonrisa y ambas se abrazaron, cómplices en aquella extraña situación que las había unido casi hasta la hermandad. Se separaron, las dos mucho más tranquilas y con el corazón liberado de culpabilidad.

- Será mejor que durmamos un rato. – Dijo Arien. – Usa el baño tú primera, yo me ducharé después de ti. – Continuó, abriendo la puerta de la habitación.

- ¡No, no! Es tu baño, utilízalo tú primera, Arien. – Se opuso Ellyon.

- ¿Bromeas? ¿Has visto cómo voy de barro? ¡Lo dejaré hecho una porquería!

Una cantarina voz tarareaba una conocida melodía mientras el sonido de platos y de utensilios de cocina entrechocando acompañaban en una fusión de lo más rítmica.

Arien saltó los dos últimos peldaños de la escalera sin apartar la vista de las páginas del libro que leía ávidamente, y, cual robot, hizo su entrada en la cocina sin observar el camino que seguía. Al oír la voz y el jaleo de cacharros, la muchacha levantó la vista de su lectura por primera vez desde que salió de la biblioteca. Sus verdes ojos se iluminaron cálidamente al encontrarse con la señora Briefs, que, con su eterna expresión feliz, parecía preparar algún tipo de postre gigante, o varios de ellos.

- ¡Hola señora Briefs! – saludó la chica, alegremente.

- ¡Hola cielo! ¿qué tal has dormido hoy? – preguntó la joven señora, sin reparar en que ya eran más de las 5 de la tarde y que incluso habían almorzado todos juntos. Arien sonrió forzadamente y contestó:

- Bi… bien, ¡gracias!

La esposa del doctor volvió a centrarse en un bol con mantequilla, azúcar y tres claras de huevo, y puso en marcha el robot de cocina para batir aquella mezcla. Arien abrió una de las puertas de la enorme nevera y prácticamente metió la cabeza en su interior. Tenía muchísima sed y había pasado las dos últimas horas forzándose a no levantarse de su sillón, enfrascada en su interesante lectura, pero ya no podía más y notaba su propia lengua como si se tratara de papel de lija. Sus ojos pasearon por el contenido del refrigerador.

- ¿Qué buscas, cariño? – preguntó la señora Briefs, aún de espaldas. Arien se sobresaltó y sacó la cabeza de la nevera ipso-facto.

- ¡Oh! Estaba buscando un refresco de limón, pero no encuentro ninguno.

- Es probable que se hayan terminado y que quien se bebiera el último no se diera cuenta y no repusiera. Creo que en la despensa debe haber más de esos, cielo.

- Vale. Iré a buscarlos, entonces. – Dijo Arien.

Cerró la nevera, dejó su libro sobre el mostrador de la isleta central de la cocina y entró en la enorme despensa, que se comunicaba con la cocina mediante una puerta de cristal.

No habían pasado más de 5 minutos cuando Arien volvió a entrar en la cocina, cerrando la puerta tras de sí, y portando un paquete de 8 refrescos de limón. Los separó en la encimera, abrió la puerta de la nevera y los colocó con cuidado en uno de los estantes.

- ¡Oooh! ¡Qué lástima, Arien! ¡Con lo ricos que están esos refrescos de limón y ahora tendrás que esperar a que se enfríen! – Se lamentó sentidamente la señora Briefs.

- ¡Jaja! – rió Arien. – Es cierto. Al menos esperemos que no tarden mucho en hacerlo. – Contesto la muchacha, encogiéndose de hombros, y haciendo mutis por la puerta. A su espalda, llevaba su preciado libro y una de las latas de refresco que no había guardado en la nevera.

De vuelta a la biblioteca, Arien dejó sobre la mesa su libro y se acercó a la ventana con la lata de refresco. Hacía frío afuera, pero a ella siempre le había gustado tomar bebidas frías, independientemente de si estaban en invierno, como ahora, o en verano. Y en ocasiones aquella costumbre le había traído consecuencias no muy buenas: faringitis, resfriados, etc. Sonrió brevemente y sopló enigmáticamente sobre la lata, antes de abrirla y dar un primer sorbo.

Apartó la cortina que cubría los cristales y se sentó en el ancho alféizar interior del ventanal. Apoyó la espalda en el marco y subió los pies a la repisa. El vaho había comenzado a empañar el vidrio. Arien limpió con la manga el cristal para poder mirar al exterior.

En el jardín, un guapo joven pelirrojo parecía discutir con una muchacha morena de cabello largo. Arien creía estar segura de quién ganaría aquella discusión y dio otro sorbo a su refresco. El chico hizo de repente un gesto con los hombros, dejando caer los brazos pesadamente, a la vez que bajaba la cabeza, derrotado, y la morena, automáticamente, dio un pequeño saltito de alegría y le abrazó brevemente, para salir disparada hacia el interior de la casa. Narik se quedó afuera y suspiró pesadamente, antes de salir caminando despacio y desaparecer de la vista de Arien. Ella sonrió. Desde que volvieron de los pantanos, Narik y Ellyon no habían parado de discutir por nimiedades, y en casi todas las "batallas" era el ex-elfo el que perdía. Parecía que nada había cambiado entre ellos excepto el hecho evidente que ahora pertenecían a la misma especie.

El jardín se quedó tranquilo entonces y Arien se levantó del alféizar y volvió a su cubil, rodeada de libros de biología. Posó su lata en la mesa y se sentó, abriendo seguidamente el libro que con tanto fervor había estado leyendo. Encontró la página en la que se había quedado y comenzó a leer.

- A veeer… ¡Aquí está! "Impacto de la genómica en la mejora de las plantas. Los estudios moleculares en especies modelo facilitan los estudios posteriores en especies de interés comercial o ecológico. Ejemplo de ello es Arabidopsis…" - Un ruido de pasos se oyó entonces en el pasillo de la mansión, como si alguien subiera las escaleras aporreando los escalones con botas de acero. Arien decidió no hacer caso y continuó leyendo – "… un tipo de planta herbácea que reúne una serie de características para ser un buen modelo experimental: pequeño tamaño, pequeño genoma, ciclo de vida corto, fácil de transformar. Gracias a estas ventajas un consorcio internacional finalizó en el año 766 la secuenciación del genoma de Arabidopsis en el que se han catalogado alrededor de 30.000 genes, muchos de función desconocida y…"

- ¡ARIEEEEEEN!

- ¡Woah! – Exclamó la muchacha tirando el libro y levantándose de la silla como un resorte. Tras ella, Ellyon acababa de entrar en la biblioteca como un elefante en una chatarrería.

- ¡Por fin te encuentro! – Gritó emocionada la morena, tratando de recuperar el aliento después de semejante carrera.

- … He estado aquí todo el día, Ellyon, y…

- ¡Ya, ya! ¡Tus libros! ¡Tus aburridos libros! – rió Ellyon. Sus fantásticos ojos parecían brillar con una luz especial.

- Me temo que no tenemos la misma opinión acerca de mis libros, Ellyon. Este de aquí, - continuó Arien, tomando el ejemplar sobre genómica entre sus manos como un tesoro – habla de cosas increíbles de las plantas. ¿Sabías que la Arabidopsis tiene 30.000 genes y muchos de ellos aún con funciones desconocidas?

El silencio invadió la biblioteca durante un momento y Ellyon sacudió su cabeza, agitando a la vez las manos.

- No tenía ni idea, pero Arien, - siguió la ex-elfa, y quitó el libro de las manos de la castaña, cerrándolo y dejándolo sobre la mesa. – tenemos que hablar de algo mucho más importante que la "Arapitecus"…

- Arabidopsis.

- Lo que sea. – Respondió Ellyon a la inocente corrección de Arien. – Tenemos que hablar del baile del doctor Briefs.

Arien puso cara de desánimo y miró su libro querido, abandonado sobre los demás. Ellyon sujetaba sus manos y la miraba con los ojos relucientes. Estaba segura de que en su propia mirada no había tanta ilusión como en la de ella.

Y todo había comenzado hacía sólo un par de días. Bulma les había dicho a todos que su padre cumpliría 60 años el siguiente viernes, y los directivos de la Corporación habían pensado en organizar una gran cena con baile de gala en honor a su presidente, algo que siempre venía bien como estrategia de marketing, y que además, en dicho baile podrían hacer una subasta para recaudar fondos para alguna ONG. Con la casa llena de huéspedes y tantas cosas por organizar Bulma había estado prácticamente ausente de la vida doméstica desde entonces, y Arien no sabía qué demonios significaba acudir a un baile de gala. Imaginaba que allí debía ir la crême de la crême de la alta sociedad de la Capital y los alrededores, y más tratándose del cumpleaños de alguien tan importante e ilustre como el doctor Briefs.

La castaña no sabía cómo abordar aquel tema con nadie, no sabía qué debía ponerse, ni cómo debía comportarse, ni siquiera sabía diferenciar entre el tenedor de carne y el de pescado y estaba segura de que en una cena de gala habría muchos más para escoger…

Arien se mordió el labio, apenada, y puso ojos de cordero degollado a Ellyon.

- Narik por fin ha accedido a ser mi acompañante en el baile. ¡No me lo habría perdido por nada del mundo! Y… ¡voy a ir con él! ¿No es fabuloso? – La morena comenzó a reír nerviosamente hasta que reparó en la expresión de Arien. - ¿A qué viene esa cara? – Preguntó Ellyon. Arien suspiró y se dispuso a explicarle a su amiga el motivo de sus desvelos. –

- Ellyon… Tengo miedo de ir al baile. – murmuró la castaña, bajando la mirada, avergonzada.

- ¿Qué…? ¿Pero cómo…? ¿Cómo puedes tener miedo de ir a un baile? ¡Te has enfrentado a un Mörk, cabeza hueca! – Bramó Ellyon, propinando un golpe en la cabeza a la ojiverde.

- ¡Auuuch! – Se quejó Arien, y se frotó el punto de impacto con la mano, alborotándose el cabello.

- ¡Me sacas de quicio! – Continuó reprendiéndola la morena. – Apuesto a que aún no has ido a mirar vestidos para la fiesta. – Murmuró Ellyon, cruzándose de brazos. Arien negó sin levantar la mirada de sus deportivas marrones y Ellyon bufó enérgicamente. - ¡Arien! ¡Sólo queda un día! ¡¿En qué estabas pensando?!

- Pues… La verdad, esperaba que se me presentara la posibilidad de esconderme debajo de alguna cama y que nadie me encontrara, jaja… - Rió nerviosamente Arien.

- ¡Es el abuelo de tu novio! ¡Cabeza de chorlito!

- ¡Lo siento! ¡Lo siento, de verdad! No sé en qué estaba pensando. Otra de mis geniales ideas… - Arien se tapó la cara con las manos, abochornada.

- Ni que lo digas… - Contestó Ellyon, añadiendo aún más sal a la herida. Arien se encogió aún más en su sitio. – Está bien, iremos juntas a comprar los vestidos. Bulma anda muy atareada organizándolo todo, supongo que agradecerá que nos las apañemos nosotras solas. Sólo necesitamos algo de dinero… - Murmuró Ellyon, pensativamente.

- … Cuando llegamos del futuro, lo primero que hizo Bulma fue llevarme de compras. Aquel día me hizo una copia de su tarjeta de crédito, por si algún día la necesitaba… Pero me da apuro usarla sin su permiso… Tengo que llamarla antes. – Dijo Arien.

- ¡Genial! Un problema menos entonces. – Exclamó Ellyon, contenta de disponer de suficientes recursos económicos. – Sólo nos falta saber dónde ir a comprar. Yo he estado mirando un montón de revistas de moda, pero no sé dónde deben estar esas tiendas…

- ¡Oh! No te preocupes por eso. Conozco un centro comercial donde Bulma es cliente habitual. Fue allí donde me llevó aquella vez. Recuerdo que en una de las boutiques vendían vestidos preciosos.

- Entonces… ¿A qué estamos esperando? – Gritó Ellyon, emocionada.

¡Tilintilin!

La campanilla de la puerta sonó, alertando a las dependientas de la boutique de que entraban nuevos clientes.

- Buenas tardes, señoritas. – Dijo educadamente una de ellas, que salió en seguida a recibirlas. – Me llamo Susie ¿Les apetece una copa de champán? ¿Un cóctel, quizás?

- Eh… no. Gracias. – Contestó Arien, apenada.

- A mí póngame un bloodymary, por favor. – contestó Ellyon. Arien la miró sorprendida y la morena se encogió de hombros. – ¿Qué?

- ¿Un bloodymary, Ellyon? ¿Qué demonios es eso? – susurró la castaña, entre dientes.

- No tengo ni idea, pero lo he leído en una revista, debe ser algo muy típico entre la alta sociedad…

Las dos muchachas siguieron caminando hacia el interior de la enorme tienda. Había muy pocos modelos expuestos, y la mayoría estaba en los maniquíes. Sobre un despejado y enorme mostrador de madera oscura, dos trabajadoras las aguardaban sonrientes.

- Buenas tardes, señoritas. Mi nombre es Berta. – Dijo una de ellas, una chica menudita con el cabello corto.

- Yo me llamo Roxanne. – Dijo la otra, más alta, rubia y con porte más masculino.

- El bloodymary, señorita. – Dijo una voz, acercándose a ellas. La tercera dependienta ofreció a Ellyon, de una bandeja, una copa con un líquido rojo intenso y una guinda ensartada en un palillo.

- ¡Muchas gracias! – Respondió la morena, tratando de sujetar su copa delicadamente.

- ¿En qué podemos servirlas? – preguntó Roxanne.

- Venimos de parte de Bulma Briefs. Necesitamos unos vestidos de noche. – Contestó Arien tímidamente.

- ¡Oh! – Exclamó Susie, abriendo muchísimo los ojos. – Las señoritas Arien y Ellyon, supongo. Las estábamos esperando. La señorita Briefs llamó hace un rato y nos informó sobre su visita. Pasen por aquí, por favor.

- ¿Bulma les ha llamado? – Preguntó Ellyon a Arien, en un susurro. La castaña se encogió de hombros y siguió a las tres dependientas, que las condujeron a la parte trasera de la tienda, donde había una sala semicircular con 3 probadores enormes y un perchero bastante alto para colgar los vestidos. En el centro de la habitación un lujoso sofá de estilo provenzal parecía invitarlas a sentarse, y, sobre una mesa de café, frente al sofá, unas tazas esperaban sobre sus platillos a ser llenadas con café o té, ambos recién preparados y dispuestos sobre una bandeja de plata.

- … Madre mía… - Murmuró Arien. De seguro Bulma les había pedido que las trataran bien.

- La señorita Briefs nos ha informado acerca del evento de la Corporación, una cena de gala con baile que se celebrará mañana por la noche. – Explicó Susie, con una sonrisa. Ahora estaba todo claro, por eso lo tenían todo preparado, sabían que la tarde de compras iría para largo…

- ¿Tienen en mente algún modelo en especial? – Preguntó Roxanne. Arien puso cara de póker. Ni siquiera sabía qué clase de vestido debía llevar a semejante acontecimiento. - … No pasa nada si no traen una idea. De aquí saldrán con un vestido, ya lo verán. – Continuó Roxanne, guiñando un ojo, cómplice.

- Este es el catálogo de vestidos de noche de esta temporada. Tómense su tiempo y mírenlo tranquilamente.

Las tres trabajadoras abandonaron la estancia y las dejaron a solas con el catálogo, el café y un platillo con pastas, que tanto Ellyon como Arien no tardaron en atacar, dejando de lado el catálogo.

- Pabefe gue do habafos gobido en sebadas. (*Parece que no hayamos comido en samanas) – Dijo Arien, con la boca llena de pasta de hojaldre con crema de arándanos. Ellyon asintió con la cabeza, y devoró un pastelillo de fresa que había en el centro del plato. Una vez hubieron saciado la gula, se limpiaron los restos de dulce, y Ellyon sirvió café, al tiempo que Arien rescataba el catálogo de entre los suaves cojines del sofá y comenzaba a ojearlo.

La mayoría de los modelos eran vestidos de alta costura de los principales y más importantes diseñadores del momento. Infinidad de colores, telas, escotes y cortes se mostraron ante sus ojos. Algunos más elegantes, otros más informales, otros más atrevidos… Las opciones eran prácticamente infinitas, y ni Arien ni Ellyon eran capaces de decidirse. Todos eran preciosos.

- Con permiso. – Dijo Berta, entrando en la sala de probadores y portando varios vestidos guardados en fundas negras. Los fue colocando uno por uno en el perchero con ruedas que presidía la sala, junto a las cortinas de los probadores. – Me he permitido traer algunos de los nuevos modelos del año que viene que aún no salen en el catálogo. Las fiestas de los Briefs suelen servir de escaparate de los más prestigiosos diseñadores, y siempre nos hacen llegar modelos inéditos para disponibilidad de las ilustres invitadas. – Explicó Berta, mientras se ponía de puntillas para colgar los vestidos en la barra más alta y que no rozaran con el piso.

- … Bueno eso de ilustres… - Comenzó a replicar Arien.

- ¿Han visto ya alguno que les guste? – Preguntó Roxanne, mientras abría las cortinas de los probadores y colocaba en el centro de ellos un escabel de terciopelo negro.

- ¡A mí me gusta muchísimo este! – dijo Ellyon, sonriendo. Su dedo índice señalaba un vestido rojo, con escote palabra de honor y con zonas con encaje y otras con lentejuelas brillantes.

- ¡Excelente elección! – Aprobó la rubia. Y abandonó la habitación en dirección al piso superior para buscar el vestido solicitado.

Ellyon dejó el catálogo en manos de Arien y terminó su bloodymary, mientras esperaba a que Berta le trajera el vestido.

- ¿Y usted? ¿No encuentra ninguno de su gusto? – Preguntó Berta.

- ¡Oh! ¡No, no es eso! – Se apresuró a responder Arien. – Son todos preciosos, es por eso que no me decido… Bueno, eso, y que no me veo vestida con uno de estos. – Sonrió la castaña, volviendo su atención al catálogo de nuevo. La dependienta la miró detenidamente llevándose una mano al mentón, pensativa. Cabello castaño claro, ojos verdes, figura no muy voluptuosa pero delgada, y piernas atléticas… Sonrió. Estaba segura de que el modelo que les acababa de llegar encajaría a la perfección en aquel cuerpo.

- Tengo una idea… - Murmuró la dependienta bajita. Se dirigió a los vestidos en las perchas y buscó uno de ellos. Abrió la cremallera de la funda y lo sacó de ella. Arien sólo alcanzó a ver el color: verde turquesa. Berta lo introdujo en uno de los probadores. – Pruébese este modelo. Es una novedad, nos ha llegado hoy mismo. Estoy segura de que le quedará como un guante.

Arien titubeó un momento, pero pensó que sería buena idea hacer caso a las dependientas. Ellas estaban acostumbradas a vestir a la gente con aquellos trapos y tenían muchísima más experiencia que ella. La castaña dejó el catálogo a un lado y miró a Ellyon, que tamborileaba con dedos sobre sus rodillas, impaciente por ver el vestido rojo. Arien suspiró, se levantó y se metió dentro del probador con la dependienta, que se ofreció a ayudarla a ponerse el vestido.

Susie preparaba las agujas en el soporte de su muñequera y suspiró distraídamente.

- Cómo me gustaría ir a un evento de ese tipo. Debe ser una maravilla… - Comentó, soñadora. Un gruñido de Arien salió de dentro del probador, manifestando su descontento. Susie pudo cara de extrañeza y Ellyon se apresuró a quitarle importancia a la reacción de su amiga.

- No te preocupes. Está algo preocupada. – Comentó la morena, susurrando.

- No estoy preocupada, Ellyon. Sólo estoy aterrorizada… el simple hecho de verme tratando de escoger el cubierto correcto me quita el sueño. Sentiré miles de ojos clavados en mí, estoy segura…

- Pero Arien, eso no debería darte miedo. Sabes perfectamente quién puede ayudarnos. – respondió Ellyon, ojeando nuevamente el catálogo e incluyéndose en el grupo de personas que necesitaba clases de modales en la mesa.

- ¿Ah sí? ¿Y en quién has pensado? – Preguntó la castaña.

- ¡Aquí está el vestido! En vivo es de un color más burdeos que rojo. Personalmente me gusta más que el de la foto. – Dijo Roxanne, entrando en la sala y desabrochando la cremallera de la funda del vestido que portaba.

- ¡Listo! – dijo Berta, abriendo la cortina del probador para dejar salir a Arien. La cara de la dependienta mostraba una amplia sonrisa, más que satisfecha por el resultado.

Unos pasos se oyeron y Arien salió del probador.

El catálogo se escurrió de las manos de Ellyon.

- ¿Lo habéis entendido todo bien? – Repitió la señora Briefs por enésima vez, tras haberles explicado de nuevo la función de cada cubierto y el orden en el que debían utilizarlos. Había accedido a explicarles algunas normas de decoro en la mesa y la paciencia de la amable señora parecía no tener límites.

- Eh… Sí. – Contestó Arien, no muy segura de lo que decía.

- Creo que sí. – Dijo Ellyon, a su vez.

Ambas se hallaban sentadas a la mesa de la cocina, delante de sendos servicios de vajilla completos, con su plato de servicio, plato de sopa, platillo de pan y mantequilla con cuchillo para la mantequilla, copas de vino blanco, tinto y agua, salsera, y el gran temor de Arien: los cubiertos.

A la derecha de su plato tenía el cuchillo de servicio, el de pescado y la cuchara sopera. A su izquierda, el tenedor de pescado, el de carne y el de ensalada. Delante del plato de servicio, colocados en horizontal se hallaban la cuchara de postre y el tenedor de pastel.

- De acuerdo, ¡comencemos! – Exclamó súbitamente la señora Briefs, haciendo que ambas muchachas se encogieran en sus sitios. La mujer del doctor tomó dos platos de ensalada y los colocó delante de ellas. La mujer había tomado la molestia de colocar una pequeña porción de ensalada en cada uno, para que pareciera más real y las muchachas se metieran en el papel. – El camarero pasará por detrás de vosotras y os pedirá que seleccionéis un tipo de pan para la cena. ¿Veis? Los traerá en una bandeja, y podréis escoger entre varios. Una vez hayáis hecho vuestra elección será el camarero quien coloque vuestro panecillo en el platillo del pan. ¿Entendido? - Ambas muchacha asintieron con la cabeza y la señora Briefs colocó un bollo de pasas en cada platillo. Las chicas tomaron entonces el tenedor de ensalada y miraron a la señora Briefs. - ¡Perfecto! – dijo ella. – Ahora el siguiente plato. – La rubia apartó los platos de las muchachas a un lado de la mesa y puso en su lugar un par de platos con filetes rebozados. Arien la miró, extrañada. ¿Se habría puesto a cocinar sólo para que en los platos hubiera contenido real? Conociéndola, seguro que sí. Las dos chicas tomaron entonces el cuchillo y el tenedor de carne, y la señora Briefs aplaudió su elección.

- ¿Qué está pasando aquí? – Dijo alguien desde la puerta de la cocina. Trunks estaba apoyado en el marco mirando con extrañeza a las dos chicas mientras su abuela ponía y quitaba platos de comida delante de ellas.

- Les estoy enseñando cómo usar la cubertería en las cenas de gala. – Contestó la señora Briefs. Arien bajó la mirada hasta el plato vacío que tenía delante y notó como se sonrojaba enormemente. La risa de Trunks la hizo volverse de nuevo hacia él.

- ¡Así que era esto lo que te pasaba todo el día! Y yo que pensaba que había hecho algo malo y que estabas enfadada conmigo… - Dijo el muchacho, pensativo.

- No las desconcentres querido. Esto requiere de memoria. – le reprendió la abuela, mientras ponía ante las chicas un pedazo de pastel.

- De acuerdo, ya me callo… ¿Os importa que me siente aquí? – Preguntó él, corriendo la silla que se hallaba justo delante de los platos que su abuela había retirado de delante de las chicas. Justo cuando Arien iba a preguntarle si no tenía otra cosa mejor que hacer, la abuela se le adelantó.

- ¡Por supuesto que no nos importa, cielo! ¿Quieres practicar tú también con ellas? – Preguntó la rubia, inocentemente. Arien sonrió y miró la expresión del rostro del muchacho.

- ¿Qué? ¿Yo? Eeeh… ¡No es necesario, abuela! Arien se sentará a mi lado así que… - La chica no podía creerlo, ella estaba allí esforzándose al máximo para no hacer el ridículo en aquella importante ocasión y a él no se le ocurría otra cosa que decir que su intención era copiarse directamente de lo que ella hiciera.

- ¿Así que qué? ¿Y qué pasará si me equivoco intencionadamente? Podría usar un tenedor, y luego soltarlo y usar otro, mientras disfruto viendo cómo intentas no parecer un idiota, cambiando de cubierto todo el tiempo. – Le retó la castaña. Ellyon miraba a uno y a otro sin abrir la boca. Arien observaba a Trunks con gesto de triunfo, mientras él le devolvía la mirada distraídamente.

- Pues, más te vale no hacer eso que tienes pensado. – Dijo tranquilamente el chico, pasando la mano por encima de los cubiertos de la chica y moviendo los dedos, como echando a suertes qué tenedor utilizar.

- ¿Ah sí? ¿y eso porqué? – Preguntó Arien, sin dejar de mirar la mano de Trunks. El muchacho tomó entonces un tenedor al azar, y resultó ser el de la ensalada. Se apoyó de nuevo en el respaldo de la silla y pinchó un pedazo de tomate con el tenedor.

- Pues, porque estoy seguro de que llevándote conmigo nadie hará el menor caso de lo que yo haga. Todo el mundo estará más pendiente del tenedor que decida usar la preciosidad de ojos verdes que me acompañará a la cena. – concluyó él, engullendo el trozo de tomate prácticamente sin masticar.

Arien sintió como sus orejas ardían y necesitó beber agua en aquel preciso momento. Trunks la observó dirigirse hacia la nevera masticando otro trozo de tomate y con una sonrisa triunfal en el rostro.

- Menos mal que Trunksy se ha dormido ya. De ese modo no le causará problemas a la canguro… Con este niño hay que estar preparada para cualquier contratiempo. – Murmuró Bulma.

- ¿A qué hora debemos estar allí? - Preguntó Trunks a su madre.

Los dos Briefs estaban en la habitación de Bulma y Vegeta. Trunks observaba a su madre maquillarse ante el espejo del tocador y Bulma se delineaba los ojos en negro con sumo cuidado.

- Los invitados deberían llegar antes que nosotros, los anfitriones. Una vez que hayamos llegado haremos un cóctel con aperitivos y luego pasaremos a la cena. En el hotel Capital City se han esmerado muchísimo con la preparación del banquete. Estoy ansiosa por ver cómo ha quedado todo. – Murmuró ella. Se separó un poco del espejo y observó cómo había quedado su maquillaje. Perfecto. Abrió un pequeño bote de carmín color rojo pasión con el que comenzó a pintar sus labios con la ayuda de un pincel.

Trunks se apoyó sobre el colchón y se concentró en los gestos de su madre. Le gustaba verla así. Bella y despreocupada. Jamás había visto a su madre del futuro arreglarse para un evento. Los androides acabaron con todo lo que Bulma había conocido. La empresa, los negocios… La vida. De pequeño, a Trunks siempre le había gustado imaginar cómo habría sido su madre si los androides no hubieran irrumpido en su vida. Miraba a la joven Bulma y le encantaba lo que veía. Tenía una madre poderosa, inteligente y hermosa. La peliazul se había puesto un vestido negro de lentejuelas brillantes y corte sirena, que realzaba su figura de forma espectacular. Trunks sonrió para sí. Era una mujer única.

Bulma se levantó de la silla y dio un último repaso a su aspecto, mirándose desde todos los ángulos. El vestido se cerraba en lo más bajo de su espalda, dejándola al descubierto de forma muy sensual.

- Estoy orgulloso de ti, mamá. – Dijo Trunks, de repente. – Siempre lo he estado.

El bote de carmín que Bulma sujetaba todavía, cayó suavemente sobre la repisa del tocador y la peliazul se giró, incrédula, para observar a su hijo. Los ojos azules de Trunks la miraban sin rastro de engaño o de mentira. Su atormentado hijo del futuro abría su corazón ante ella como jamás lo había hecho. La mirada de Bulma se enterneció y se acercó lentamente a su adulto hijo, tomándole del mentón y acariciándole el cabello.

- ¿Orgulloso de mí? – Preguntó la peliazul, suavemente. – La bondad nunca ha sido una de mis virtudes. Muchas veces me he planteado que quizás no merezco todo lo que me rodea. No heredé el carácter suave y amoroso de mi madre. Tampoco la paciencia y la dedicación de mi padre. Ni siquiera soy una "esposa" comprensiva y cariñosa. Al contrario, soy posesiva, celosa y visceral. – dijo Bulma, seriamente. Pero luego sonrió, suavizando el rostro. – Pero luego llegaste tú, y ahora cada vez que te miro estoy segura de que TÚ eres lo mejor que he hecho en mi vida. Contigo me sobra el poder, el dinero, la inteligencia. Contigo lo tengo todo. Mi vida está completa. – La peliazul sonrió cariñosamente. – Cada vez que te veo, veo lo mejor de Vegeta y de mí misma aflorar en ti, sin rastro de nuestras imperfecciones. Tú eres nuestra obra más perfecta, cariño. No lo olvides jamás. – Los ojos de Trunks comenzaron a nublarse por las lágrimas. Aquel intenso momento de sinceridad entre madre e hijo le superaba. Desde que vio a su madre del pasado deseó decirle lo que sentía, y no había reunido el valor hasta que la había visto frente a él, siendo simplemente Bulma, en todo su esplendor. Una lágrima se escurrió por su mejilla izquierda y Bulma la limpió amorosamente. – Si hay alguien que debe estar orgullosa, esa soy yo, hijo. Y mi yo del futuro, por supuesto. Te has convertido en un hombre bueno. Más que eso, te has convertido en un héroe.

Trunks no pudo evitar sollozar y amortiguó el sonido abrazándose fuertemente al vientre de su madre, enterrando el rostro en él, como cuando era pequeño.

Narik daba vueltas y más vueltas en el salón de los Briefs, esperando. La paciencia comenzaba a terminársele. Llevaba puesto un elegante esmoquin de color negro, con una pajarita del mismo color. Sus hermanos habían desaparecido, junto con las hermanas de Ellyon. Ellos habían optado por no ir al baile de gala en honor al Doctor Briefs, y habían aprovechado para visitar el parque central de la Capital. Aún habían tenido menos contacto con la civilización que Narik y Ellyon, y un acontecimiento así les daba un poco de respeto, de modo que habían rehusado asistir, y con ellos, Brann, Dart e Iskald, que prefería ser llamada Khaira, el nombre que le pusieron sus padres.

El pelirrojo había consentido en quitarse los collares por consejo del sastre de los Briefs. Sus pendientes los había sustituido por dos pequeños brillantes engarzados en plata, que emitían destellos en los lóbulos de sus orejas cada vez que Narik giraba sobre sí mismo.

Oyó pasos en la escalera y se acercó a ella para recibir con una sonrisa a su acompañante. Lo cierto era que estaba muy nervioso. Narik había tenido la intención de quedarse con sus hermanos, pero Ellyon le había insistido muchísimo, y no había podido decirle que no. Tampoco podía dejarla ir sola, sin acompañante. Probablemente aquella sería la primera y última cena de gala de ambos, de modo que el pelirrojo decidió complacerla, aunque a regañadientes.

La sonrisa se borró de su rostro cuando al pie de la escalera apareció Trunks, con los ojos enrojecidos y frotándose las mejillas.

- ¿Qué te pasa a ti? – Preguntó Narik, con total falta de tacto. Trunks le miró brevemente y apartó los ojos en seguida.

- Nada. – respondió, serio y con la voz tomada. Narik le observó ponerse la chaqueta de su esmoquin y le oyó sorberse la nariz.

Pero toda su curiosidad se borró cuando volvió a oír pasos en la escalera, y en el hueco de esta, apareció una preciosidad morena ataviada con un estrecho vestido de raso burdeos que dejaba a la vista un generoso y elegante escote.

Ellyon entró en el salón y lo primero que vio fue la cara anonadada del pelirrojo, al que, estaba segura que si le pinchaban no le saldría sangre.

- Hola. – dijo, tímidamente. – Ya estoy lista.

- … … Jo. – Fue la frase que Narik acertó a decir en aquel momento. Tenía la sensación de que su cerebro se había vuelto gelatina. Estaba seguro de que aquella visión no se le iba a borrar de la retina en años. Tragó saliva y se acercó a ella. Ahora estaba seguro de que no podía dejarla ir sin acompañante,… es decir: sin él.

- Ellyon, ¿sabes si a Arien le falta mucho? Mi madre ya está casi lista y deberíamos comenzar a sal… - La frase de Trunks murió en su boca a medio pronunciar. Acababa de girarse y toparse de lleno con la morena… y su escote. - … … Jo. – Repitió el semisaiyajin, apartando la vista decorosamente y poniéndose colorado.

- Si que estáis elocuentes. – Murmuró Ellyon, sarcástica. Narik hizo una mueca ante el comentario y Trunks permaneció con los ojos clavados en el techo.

Unos tacones se oyeron bajar con energía por la escalera. Trunks estaba seguro de que no podía ser Arien. En efecto, era Bulma la que descendía con paso firme en un perfecto equilibrio sobre los tacones de aguja que se había calzado y que sonaban imponentemente. Trunks sonrió.

- Mi padre debería ver esto. – Dijo el semisaiyajin, refiriéndose a su madre.

- Ni me lo nombres… - Contestó Bulma. – Como siempre que sabe que la Corporación organiza algún tipo de evento, ha desaparecido por varios días… Ya estoy acostumbrada a ir sola a estos sitios. De hecho, me es más cómodo así. Creo que me daría un infarto si tuviera que controlar el carácter de tu padre en un sitio así. ¡Y eso que él es de la realeza! - Los tres rieron ante el comentario de la peliazul. Bulma soltó el bolso sobre la mesa del comedor y se acercó a su hijo para colocarle correctamente las solapas del esmoquin y la pajarita, algo torcidos. – Estás arrebatador. – Susurró la peliazul en su oído. Trunks sintió como sus orejas comenzaban a arder. - ¿Quién falta? Nosotros deberíamos salir ya para llegar antes que mis padres.

- Sólo falta Arien. – Respondió Trunks.

- Voy a avisarla. – Dijo Ellyon, amablemente. Se acercó al hueco de la escalera, aparentando que iba a subir para ir a buscar a la castaña, pero se detuvo al pie, se aclaró la garganta y bramó: - ¡ARIEEEEEEN! ¡MUEVE TU CULO AQUÍ AHORA MISMO! ¡TE ESTAMOS ESPERANDOOO! – Narik se tapó los oídos y Trunks se encogió en su sitio. La voz de Ellyon distaba mucho de ser tan cantarina como lo había sido cuando era un hada. Pero el grito surtió efecto y la voz de Arien se oyó en seguida en el pasillo superior.

- ¡Ya voy!

Unos tacones sonaron de nuevo en la escalera, titubeantes, en absoluto tan convincentes como los pasos de Bulma, y Arien hizo por fin su aparición en el salón.

Llevaba el vestido de color verde turquesa. La mitad superior estaba formada por un corpiño, cubierto en el lado izquierdo por una fina tela de gasa con pequeñas y delicadas incrustaciones, que se ceñía a su cuerpo como un guante. La tela se extendía hasta formar una manga en el brazo izquierdo y formaba una estrecha falda de corte sirena con una raja que se abría un poco más arriba de la rodilla derecha. Llevaba unos zapatos stilettos del mismo color que el vestido.

Se había recogido el cabello en la parte más alta de la cabeza y le caía en cascada sobre la espalda, con algunos mechones cayendo sobre sus hombros. Llevaba los ojos delineados en marrón y la máscara de pestañas era negra, resaltándolas y dándole una mirada felina. Los labios los había pintado simplemente con brillo y las mejillas estaban resaltadas en tono melocotón.

Trunks había echado raíces en el suelo. Si Ellyon le había impactado, la visión que tenía delante le había absorbido por completo.

- ¿Qué tal estoy? – Preguntó Arien a Bulma, no muy convencida.

- … … Jo. – volvió a decir Narik. Ellyon rodó los ojos, exasperada y le dio un golpe en el brazo, para sacarlo de la ensoñación.

- Estás preciosa, cariño. ¿Ves como quedan muy bien los ojos resaltados y los labios en color natural? ¡Te lo dije! – Comentó la peliazul, triunfante. – Bueno, no perdamos más tiempo. El coche nos espera fuera. – Concluyó la heredera de la Corporación, tomando su bolso de encima de la mesa y dirigiéndose a la salida del edificio.

Narik ofreció su brazo caballerosamente a Ellyon con una pícara sonrisa en el rostro, y ella lo sujetó sonriendo nerviosamente. Ambos salieron del salón dejando a Trunks y Arien solos.

- ¿Estás bien? – Preguntó la castaña, preocupada por la expresión del rostro de Trunks. Parecía asustado.

- Eh… Sí, si… Ejem… Estoy bien. – Se apresuró a contestar él. Para él, Arien era la muchacha más linda del mundo, por mil motivos, obviamente. Pero en aquel momento no era capaz de creerse lo hermosa que se veía vestida como una auténtica dama. Arien le sonrió dulcemente, mirándole de forma felina, y Trunks sacudió la cabeza, obligándose a reaccionar. Si continuaba mirándola, terminaría por llevarla en brazos a su habitación en lugar de acudir a la fiesta. El muchacho carraspeó y le ofreció el brazo, algo ruborizado por sus propios pensamientos. Arien se acercó más a él y se agarró suavemente.

...

Los flashes de las cámaras que fotografiaban a la heredera de la Corporación Cápsula, vacilaron al abrirse las puertas del coche que transportaba a un atractivo desconocido de ojos azules y mirada amenazadora, al que acompañaba una muchacha también anónima con un espectacular vestido que fue la sensación de la noche. Del mismo auto salieron dos desconocidos más, un atractivo y alto muchacho pelirrojo, con los ojos de un color muy extraño, y una muchacha morena y con ojos violetas, con un vestido rojizo con un escote de infarto. El aspecto de las dos mujeres desconocidas que entraron en el hotel prácticamente sin dejarse fotografiar, no tenía nada que envidiarle al atuendo que había escogido Bulma Briefs, que posó durante unos minutos, sonriente, ante los reporteros de las principales revistas de actualidad, ciencia y del corazón, unidos en la misma causa. Dar todos los detalles de la fiesta que se organizaba en honor al ilustre Doctor Briefs.

Arien respiró aliviada una vez cruzó las acristaladas puertas del hotel. Pero cuando miró a su alrededor de nuevo se puso tensa. El Hall estaba abarrotado de gente. Algunos periodistas, con pases de prensa, tomaban nota de los testimonios de algunos de los invitados más importantes: científicos, empresarios, ejecutivos. La Jet Set se hallaba reunida en el Hotel más antiguo y lujoso de la Capital del Oeste.

Narik estaba convencido de que la primera opción que tuvo: no ir al baile, habría sido la más acertada, y Ellyon comenzaba a pensar lo mismo.

Antes de llamar más la atención, Trunks se introdujo en el salón principal del hotel, preparado para el aperitivo, tomando de la mano a Arien y seguido por Narik que se aseguró de no soltar a Ellyon en todo el trayecto.

El bullicio también estaba presente en aquel lugar, pero no había ni cámaras, ni reporteros, ni periodistas, y por fin pudieron respirar tranquilos.

- Definitivamente, esto no es lo mío. – Dijo Trunks, visiblemente nervioso. Arien le miró y acarició su brazo para reconfortarle. Primera cosa que no le gustaba de aquel modo de vida: la falta de intimidad y el poco respeto hacia los demás.

El metre se acercó a ellos en seguida.

- Buenas noches caballeros. ¿Me permiten saber sus nombres por favor? – Dijo educadamente, con un marcado acento extranjero.

- Trunks Briefs.

Al escuchar el apellido, el metre le observó con curiosidad. Desde que habían recibido la lista de invitados había sentido curiosidad por saber quién era aquel "señor T. Briefs" que destacaba entre los demás. No sabía que hubiera más Briefs aparte del doctor, su señora y su hija. Debía tratarse de algún familiar desconocido. Como fuera, debía tratarle con suma cortesía. Buscó el nombre en una tableta digital y en seguida lo encontró. Había cuatro asientos reservados en la una de las mesas principales.

- Por aquí, por favor. – Dijo, indicándoles con un elegante gesto que le siguieran.

Lo hicieron a lo largo de prácticamente todo el salón, hasta situarles en una pequeña mesa con cuatro asientos en el medio de la cual podía leerse el letrero "T. Briefs".

Aquella mesa parecía haber estado despertando una expectación inusitada, ya que en cuanto los cuatro amigos se situaron alrededor, la mayoría de las personas que les rodeaban les miraron con curiosidad.

Nadie sabía que hubiera un Briefs desconocido, y el aspecto del muchacho estaba llamando terriblemente la atención de todos. En especial de las féminas de la sala.

Aunque Narik tampoco pasaba desapercibido, y qué decir de Arien y Ellyon. Los hombres de su alrededor parecían sacar radiografías de sus características corporales.

La mirada amenazadora que el joven Briefs dirigió a los curiosos fue suficiente para alejar su atención de forma tan directa. Eso y que Bulma hizo su entrada triunfal como si se tratara de una gran estrella de cine.

Tras ella, el anfitrión y su mujer entraron sonrientes y saludando calurosamente a amigos y conocidos del gremio y de los negocios. La señora Briefs pronto se vio rodeada de mujeres de mediana edad que en seguida comenzaron a hablar con ella y a reír.

El doctor se vio inmerso en una interesante conversación en seguida y el metre dio la orden para que comenzara el cóctel.

Arien suspiró aliviada en cuanto sintió que la mayoría de las miradas se alejaban de ella, aunque no todas. Dejó su pequeño "clutch" de raso verde sobre la mesa y miró a Narik. El pobre permanecía con su cara de perrillo asustado, incapaz de relajarse.

- Parece que ya ha pasado lo peor. – Comentó Trunks. Una camarera les acercó una bandeja con canapés. El aspecto era muy apetecible y todos se dieron cuenta del hambre que tenían.

Las bandejas de montaditos y canapés fueron sucediéndose sin parar, y Trunks y Narik comenzaron a pensar que quizás no había sido tan mala idea ir a la fiesta.

Bulma se acercó a ellos en cuanto tuvo la oportunidad. Su mesa era justo la contigua, algo más grande y con más sillas a su alrededor. La peli azul parecía estar disfrutando al máximo del ambiente.

- ¿Habéis tenido algún problema al entrar? – Preguntó la científica a su hijo, con gesto preocupado.

- Ninguno, mamá. Hemos podido escabullirnos bastante rápido. – contestó el semisaiyajin.

- Mejor. – suspiró aliviada la mujer. – Había dado instrucciones precisas de que a vosotros no se os acercara ningún periodista a haceros preguntas. – Guiñó un ojo y sonrió de forma autosuficiente, orgullosa de que todo hubiera salido a pedir de boca. Ante la mirada interrogante de su hijo, Bulma se explicó mejor: - Todos estaban deseando ver el rostro del joven Briefs. – La peli azul señaló brevemente el letrero que presidía la mesa, y guiñó un ojo. – Eres la sensación de la noche, cariño… Bueno, tú y todos vosotros. – concluyó.

- … Podías haberme avisado… - dijo Trunks mirando disimuladamente a su alrededor. Ahora le parecía estar sintiendo cientos de ojos curiosos clavados en su persona. Bulma frunció el ceño ligeramente.

- Si lo hubiera hecho no habrías querido venir. – se defendió ella. – Y sabiendo que de todos modos ibas a atraer la atención irremediablemente en cuanto cruzaras aquella puerta, me pareció innecesario preocuparte de más. – La científica se acercó aún más a su hijo y susurró en su oído: - eres el ejemplar más apuesto de todos los asistentes. – Trunks, se sonrojó irremediablemente y desvió la atención de los invitados para centrarla en el mantel blanco que cubría la mesa. – No seas tímido, hijo. Deberías estar acostumbrado a llamar la atención con ese físico que tienes.

- Pero mamá…

- Shh – siseó Bulma. – Tengo que irme ya. Chicos, no sé si podré estar pendiente de vosotros a partir de ahora, tengo que cerrar algunos contratos con otras empresas, y aprovecharé esta noche. El licor suele ser un buen aliado para los negocios. – Dijo Bulma, dirigiendo su mirada de uno a otro. – Portaos bien, y sobre todo, disfrutad de la fiesta. – La científica les guiñó un ojo antes de darse la vuelta y dirigirse hacia un pequeño círculo de gente elegante, que conversaba no muy lejos de allí.

El aperitivo dio paso a la cena. Las mesas estaban elegantemente decoradas y las vajillas y cuberterías estaban compuestas por infinidad de piezas. Arien y Ellyon suspiraron aliviadas al descubrir que el menú consistía en ensalada de Foie, una especie de crema de vichyssoise cubierta por una fina capa de mousse desconocida y langosta acompañada de otros frutos del mar, como ostras o percebes, para lo cual conocían perfectamente los cubiertos adecuados. El aspecto de las ostras distaba mucho de ser apetitoso, así que en la mesa del joven Briefs ni las tocaron. Trunks agradeció enormemente que las raciones fueran considerables. Pudo comerse su langosta, la mitad de la de Arien y más de la mitad de la de Ellyon. Narik tuvo suficiente con su propio plato.

Arien miró a su alrededor, casi todo el mundo estaba concentrado en la cena. Estaba siendo un éxito y todo estaba delicioso. A diferencia de lo que había creído, nadie le prestó atención durante la cena, algo que agradeció enormemente. No soportaba que la miraran mientras comía. En la mesa contigua, el resto de los Briefs compartían velada con un par de parejas, íntimos amigos del doctor y su mujer. La peli azul reía en aquel momento a causa de alguna broma o comentario que su padre acababa de hacer y dirigió la vista hacia ellos, encontrándose con los ojos de Arien. Se sonrieron y Bulma le guiñó un ojo, cómplice.

Llegó el momento de abandonar el comedor y dirigirse al salón de baile. Estaba situado en la sala contigua al comedor y habían colocado varios servicios de bar y buffet libre a lo largo de él. En un extremo, había un pequeño escenario en el que tocaba una pequeña orquesta, y el doctor Briefs y su esposa abrieron el baile, seguidos casi en seguida por otras parejas.

Los cuatro amigos se refugiaron en la penumbra de una de las esquinas, tratando pasar desapercibidos entre la multitud. Pero no era nada fácil, teniendo en cuenta que al evento asistían algunos de los trabajadores de la Corporación Cápsula, y entre ellos algunas mujeres de la planta donde Bulma tenía su despacho, aún con la imagen de Trunks muy presente en sus retinas y en las cámaras fotográficas de algunos móviles. Los ojos azules y el físico de aquel desconocido con nombre ilustre parecían levantar pasiones alrededor de ellos, y sus tres compañeros no eran menos.

Narik ya era el objeto de deseo de más de una invitada, algunas de ellas incluso le había guiñado el ojo, pícaramente. Y en cuanto a Ellyon y Arien, no podían quitarse de encima las miradas que las recorrían de arriba abajo, tanto de hombres fascinados por su belleza como de mujeres entre curiosas y envidiosas.

Pero parecía que el círculo se cerraba alrededor de la pista de baile y ellos quedaban al fin fuera. Ellyon quiso aprovechar para ir a buscar algún refresco, y Arien quiso acompañarla, de modo que dos muchachos se quedaron solos, para placer de los ojos de la mayoría de mujeres que les rodeaban.

- Oye Narik, - Dijo Trunks, - ¿qué tienes pensado hacer a partir de ahora?

El pelirrojo recorrió con la mirada todo alrededor suyo y finalmente miró a Trunks, sonriendo melancólicamente.

- Tu abuelo nos ha ofrecido un puesto en la Corporación, a mí, a Ellyon y a nuestros hermanos. – dijo Narik, sorprendiendo a Trunks con aquella revelación.

- ¿Qué? ¡No tenía ni idea! ¡Eso es genial, Narik! – Respondió el semisaiyajin. En la situación actual, era lo mejor que les podía pasar. Su abuelo era plenamente consciente de que tendrían multitud de dificultades para adaptarse a la vida de los humanos normales, y seguro que se había ofrecido para facilitarles un poco las cosas. Era un gran hombre, su abuelo.

- Hemos rechazado la oferta. – Contestó Narik, con sus ojos ambarinos fijos en los azules de Trunks.

- ¿Qué? Pero, ¿por qué? – La segunda sorpresa en menos de un minuto, y no era tan grata como lo había sido la primera. Narik suspiró y sonrió al pelilila, que le observaba sin comprender.

- Ni yo ni mis hermanos seríamos capaces de vivir siempre en la ciudad. La tecnología no está hecha para nosotros y no tardaremos mucho en mudarnos a algún lugar tranquilo, quizás algún pueblo de montaña, con pocos habitantes, donde podamos vivir de la naturaleza y en el que la tecnología sea la justa para hacer más cómodo el día a día. – Hizo una pausa y puso una mano en el hombro de Trunks. Sus expresivos ojos parecían hablar por sí mismos. – Sigo siendo un elfo, Trunks. Y Ellyon sigue siendo un hada. Es nuestra esencia. Es como nacimos y estamos fuertemente arraigados a la naturaleza. Necesitamos vivir cerca de ella. No podría vivir siempre en un lugar desde el que no se ven las estrellas, o desde el que no puede verse el sol esconderse en el horizonte.

Era un argumento muy comprensible. Y nadie podía forzarles a vivir una vida que se habían ganado a pulso de un modo en el que fueran infelices. Merecían vivir su vida humana tal y como desearan. Trunks sonrió, comprendiendo.

- De todas formas, si algún día necesitáis ayuda de cualquier tipo, no dudéis en hablar con mi madre o con mi abuelo. – Dijo el semisaiyajin. Narik sonrió aún más abiertamente.

- Lo sé. Y lo tendré en cuenta. Eres una buena persona, Trunks.

...

- ¡No sé qué pedir! ¡Hay tantas cosas! – Se lamentó Ellyon, que junto a Arien, aguardaba su turno en el servicio de bar. Varios camareros servían las bebidas a los invitados, bebidas que iban desde agua fresca, hasta mojitos o combinados con o sin alcohol. Arien pidió un refresco de limón, muy frío. – Me encantaría otro bloodymary, estaba bastante bueno, pero ese zumo de tomate no tiene pinta de estar muy frío. – continuó Ellyon, señalando los botes de zumo individuales que se alineaban sobre la mesa de servir de los camareros.

Las miradas recorrían los cuerpos de las dos chicas y Arien comenzaba a sentirse incómoda. Allí, con Ellyon y tan lejos de los chicos, se sentía intensamente observada y no le gustaba en absoluto. Bufó, mirando de soslayo.

- Pide un bloodymary, Ellyon. No te preocupes por la temperatura. – susurró la castaña. Ellyon, la miró con las cejas levantadas, sin entender muy bien el mensaje y Arien le insistió con la mirada, de modo que pidió su roja bebida al camarero, que le fue servida al momento.

Tal como Ellyon había supuesto, la bebida no estaba fría, únicamente el hielo que flotaba en el líquido la enfriaba, y acabaría por derretirse y echar a perder el coctel. Arien la agarró de la muñeca y la llevó a la parte más posterior de la sala, desde la que podían ya ver a Narik y a Trunks, que estaban distraídos con su propia conversación.

- ¿Y ahora qué? Ya sabía que esto no era lo que a mí me gustaba… - se quejó la morena, tras dar un sorbo a su bebida.

- Hada o humana, la cuestión es quejarse Ellyon. – le reprendió Arien. Ellyon le sacó la lengua, admitiendo que no tenía una personalidad nada fácil. Arien suspiró. – Anda, dame eso. – dijo, refiriéndose a la copa de Ellyon. Se intercambiaron las bebidas y Arien sujetó la copa de coctel en sus manos, cerró los ojos un momento y los abrió, soplando a la vez sobre la superficie del vidrio. Este se empañó, como si acabara de salir de un congelador y el contenido parecía tener escarcha flotando. Arien le devolvió su copa a una Ellyon atónita que no se creía lo que acababa de ver.

- Pe… Pero… Tú, ¿cómo… has hecho eso? – preguntó tartamudeando. Los ojos se le iban a salir de las órbitas. Su cóctel estaba ahora como recién salido de un refrigerador.

- No lo sé, pero puedo hacerlo. – confesó Arien, encogiéndose de hombros. – Orkan susurró algo en mi oído antes de irse, y desde aquel día puedo hacer cosas así, y más cosas. – Explicó la castaña, sonriendo tímidamente. – Simplemente las pienso, y ocurren, sin más. – concluyó, chasqueando los dedos.

- ¿Qué? Arien, ¿sabes lo que significa eso? ¡Orkan te dio parte de sus poderes! – exclamó Ellyon con efusividad. Arien se puso un dedo en los labios e indicó a su amiga que bajara el tono de voz. – Lo siento. – susurró la morena. – Y, ¿qué otras cosas puedes hacer? – preguntó Ellyon con curiosidad.

- Pueees… - dijo Arien, pensativa. Miró a su alrededor. Justo a su izquierda un grupo de chicas miraba sin pudor a Narik y a Trunks. Entre ellas parecían estar repartiéndoselos, o echándoselos a suertes. Arien frunció el ceño, algunos de los comentarios que le llegaban acerca de los chicos, o incluso acerca de ellas mismas no le estaban gustando nada. Miró a Ellyon e hizo un gesto con la cabeza señalándole el grupo de muchachas. Ellyon asintió en silencio y las miró disimuladamente. Arien cerró los ojos un instante y las faldas de las chicas se levantaron furiosas, víctimas de la fuerza de un extraño viento que parecía afectarles sólo a ellas, y mostrando su ropa interior. Gritaron, y miraron a su alrededor, incapaces de comprender lo que acababa de pasar. Asustadas, se miraron entre ellas y optaron por alejarse de allí, ya que no sabían quién les había levantado la falda.

Ellyon comenzó a partirse de la risa. Sin duda, Arien nunca sería una persona normal.

- ¡Míralas! ¡Allí están! – dijo Narik, alertado por una escandalosa risa que venía de la parte posterior de la sala. Trunks miró hacia allí y vio a Ellyon riendo a todo pulmón, y a Arien, tratando de que su amiga no fuera tan escandalosa. No pudo evitar reírse al verlas. - ¿Qué le pasa a Ellyon? – preguntó Narik, extrañado. - Espero que eso no sea efecto del alcohol. No quiero ni pensar lo pesada que puede llegar a ponerse estando borracha. A veces ya es insoportable estando sobria…

Trunks soltó una carcajada con el comentario de Narik, y desvió la vista hacia el otro lado de la pista de baile. En una zona sombría parecida a donde ellos se encontraban, una muchacha morena con el pelo muy liso y en media melena, con un vestido de color rosa pastel y unas gafas de pasta negras, observaba con timidez todo a su alrededor. Nadie la acompañaba, estaba sola en aquel rinconcito, y paseaba la mirada por los asistentes a la fiesta con aire apesadumbrado. Era Nina, la becaria de su abuelo.

Trunks frunció el ceño. Segunda cosa que no le gustaba de ese estilo de vida: la falsedad y la manía de prejuzgar a los demás antes de conocerlos.

- ¿Me disculpas un momento? En seguida vuelvo, Narik. Tú, ve a buscar a las chicas, no vaya a ser que se pierdan. – Dijo Trunks. Narik le miró extrañado.

- ¿A dónde vas? ¿No decías que no tardaríamos en irnos de aquí?– preguntó. Trunks, que ya había comenzado a alejarse de allí, se giró brevemente.

- A saludar a una amiga.

Debía haber rechazado la invitación. O echarse atrás en el último momento. Podría haber dicho que estaba enferma, que se encontraba mal, incluso que había ido a ver a sus padres al pueblo.

Nadie la habría echado en falta, nadie habría preguntado por ella. Había sido una cena tan aburrida, en aquella mesa en la que nadie tenía un tema de conversación inteligente. Todo había sido temas triviales, banales e incluso frívolos. Aquel no era su mundo. Su lugar estaba dentro del laboratorio, junto a su mentor, no en aquella fiesta, aunque fuera en su honor.

Nina chasqueó la lengua y se cruzó de brazos, mirando la salida. ¿Por qué no? Podría salir de allí sin ser vista y sin que nadie reparara en que ya no estaba en el baile. Pero no debía hacerlo. Sentía que no era lo correcto. Le debía demasiado al doctor Briefs como para hacerle un desplante así, aunque jamás se diera cuenta.

- ¡Hola! – dijo una voz familiar.

Nina se giró hacia la voz, segura de que no se dirigía a ella, y se encontró con un par de ojos azules que la miraban, risueños. Su boca se abrió pero no pudo articular palabra.

- Hola. – logró contestar, por fin. Ante sus ojos, el apuesto señor T. Briefs, la sensación de la noche, se había dirigido a ella. Recordaba perfectamente lo amable que había sido con ella, y también recordaba lo histéricas que se habían puesto las muchachas en la central al enterarse de que ella, Nina, había tenido contacto directo con semejante dios griego. Ni que decir que ella no tenía ni idea de que aquel muchacho era un miembro de una de las familias más influyentes e importantes del mundo. Había estado convencida desde el principio de que se trataba de un trabajador de la Corporación, quizás alguien relacionado con el espionaje o la investigación de campo. Su atractivo aspecto invitaba a hacer volar la imaginación y la de Nina podía llegar a ser efervescente.

- ¿Has venido tú sola? – preguntó Trunks.

- Sí… - Contestó Nina.

- Y… por lo que veo no te lo estás pasando demasiado bien ¿eh? – Dijo él, amablemente. Nina rió tímidamente.

- No. No me gustan esta clase de eventos. – Explicó la becaria.

- Ya somos dos. – confesó en voz baja Trunks, acercándose al oído de Nina para que sólo ella pudiera oírle, y provocando que la piel de la chica se erizara. – No creo que tarde mucho en irme, bueno, tanto de la fiesta como de… de la ciudad. – explicó el semisaiyajin. – Como no sabía si iba a volver a verte he querido despedirme de ti en persona, y… agradecerte de nuevo todo lo que hiciste por mí… Ya sabes, el estudio de laboratorio y todas las molestias que te tomaste. – los ojos de Nina se abrieron como platos.

- ¡El lodo! ¿Tuviste algún problema con eso? – Preguntó de repente, todo su interés y vitalidad renovados.

- No, todo solucionado. Ya no existe ese lodo tan peligroso. No te preocupes. – La muchacha respiró aliviada y Trunks sonrió de nuevo. – Bueno, creo que ya es hora de irme. – dijo, tras echar una ojeada al rincón donde Narik, Ellyon y Arien trataban de escabullirse por una puerta lateral. Arien le hacía gestos con los brazos, gestos no demasiado femeninos… - Oye, Nina… Quería decirte algo… - La becaria abrió mucho los ojos, interesada en lo que aquel amable, apuesto e inteligente muchacho tenía que decirle. – No dejes que te pisotee nadie. Me refiero a los de las oficinas… - Nina bajó la mirada, abochornada, Trunks no lo permitió y la obligó a mirarle a los ojos. – Tienes más talento, eres más inteligente y mejor persona que muchos de los que hay aquí hoy reunidos, y eso, el doctor Briefs lo tiene muy presente. Está al corriente del estudio que hiciste fuera de horario laboral, Nina. Y está orgulloso de los resultados que obtuviste. – La muchacha se sonrojó enormemente.

- ¿Tú… tú le dijiste lo que había hecho? – preguntó, con voz temblorosa. – Pero, ¿no se ha enfadado conmigo por haber usado el material de laboratorio? – preguntó de nuevo.

- El material está para usarlo, Nina, no para tenerlo de adorno. Además, debes conocer al doctor lo suficiente como para saber que él jamás se enfadaría por algo así. La ciencia es su vida.

Tenía razón. Aquel atractivo muchacho salido de la nada tenía toda la razón del mundo. Y de hecho, si ella estaba trabajando en tan privilegiado lugar era porque el doctor había removido cielo y tierra para traer a su cercano equipo de laboratorio a una jovencita de un pueblo muy pequeño del oeste, que había presentado un proyecto final de estudios impresionante. Incluso se había hecho cargo de sus gastos. La Corporación pagaba el alquiler de su estudio y sus dietas, y ella podía enviar a sus padres prácticamente su sueldo íntegro, un sueldo para nada miserable. Y aquello había permitido pagar las deudas que habían provocado la orden de embargo de la granja familiar y recuperar la vida de su familia. Le debía todo al doctor Briefs. Debía sentirse orgullosa, y segura de sí misma.

Nina comenzó a sonreír honestamente.

- Muchas gracias, Trunks. – murmuró la muchacha.

- De nada. – Respondió él. – Tienes una sonrisa muy bonita, deberías enseñarla más a menudo. – concluyó Trunks. Nina se sonrojó de nuevo y apartó la mirada de los ojos azules. Trunks se inclinó sobre ella y le dio un beso en la mejilla, a modo de despedida. Nina volvió a mirarle con los ojos casi fuera de las órbitas, y se llevó una mano a la mejilla que el muchacho acababa de besarle. – Adiós, Nina. Cuídate.

Sintió miles de ojos clavados en su persona, ojos que hace un momento ni siquiera se habían fijado en que ella estaba allí. Estaba segura de que al día siguiente recibiría cientos de llamadas procedentes de las oficinas centrales.

- No ha estado tan mal, Trunks. – se quejó Arien. – No seas exagerado.

Trunks se había colado en la habitación de Arien y se había dejado caer bocabajo sobre la cama, como si se tratara de un árbol recién talado.

- Esto no es lo mío, Arien. – se defendió el muchacho.

- Además, ni siquiera bailaste ni una sola canción conmigo. – Añadió Arien, con cara de pena. Trunks levantó el rostro del colchón y la miró, incrédulo.

- Arien, yo no sé bailar. – aclaró. Creía que la muchacha comprendería el motivo por el que tanto Narik como él habían pactado largarse pronto de la fiesta. Aparte de estar cansados por la tensión acumulada durante todo el aperitivo, la cena y parte del baile, querían ahorrarse la ineludible petición que cualquiera de las dos podía haberles hecho en cualquier momento: un baile.

Él, Trunks Briefs, hijo de uno de los últimos y más sanguinarios miembros de una especie de guerreros, bailando un cha cha cha… No, no era una buena imagen mental…

- Tampoco hace falta saber mucho. El resto de invitados bailaba sin tener mucha idea, había gente mayor que se marcó un tango, ¡jajaja! Creía que a una de las señoras más mayores se le iba a salir la dentadura en uno de las vueltas. Además, bailar es una cura antistress de lo más efectiva, lo he leído esta mañana en una revista de plantas… Bueno era de plantas pero hablaba de más cosas, y por eso decía lo del baile. ¿Sabías que muchos atletas de élite utilizan el baile como deporte complementario?... – prosiguió ella, desde el baño. Se había descalzado los tacones y se estaba quitando las horquillas del pelo, todo ello a la vez que no dejaba de añadir argumentos. Trunks suspiró, Arien no se callaría hasta que bailara con ella.

- Está bien. – Susurró el guerrero, para sí mismo. – Está bien… - Se levantó de la cama, hizo crujir su cuello a ambos lados, llevó sus manos hacia delante con los dedos entrelazados para estirar los brazos, tal como hacía cuando se preparaba para un duro entrenamiento, dio unos cuantos saltos de calentamiento y sacudió la cabeza, antes de acercarse a la puerta del baño, justo cuando Arien salía distraída por su propia retahíla.

- … Y el resto de músculos trabajan cuando ¡Oh! – gritó Arien, cuando Trunks la agarró con firmeza de la cintura con el brazo izquierdo. Sujetó la mano izquierda de ella con su derecha y la miró a los ojos, con una mirada inquisitiva. Su acción había tenido el efecto deseado. Se había hecho el silencio. Arien le miraba y respiraba entrecortadamente.

- Y… ¿Ahora qué? – Preguntó, dubitativo.

- ¿Qué? – dijo ella, sorprendida por aquel cambio de actitud.

- ¿Cómo se empieza? – volvió a preguntar el muchacho, sonrojado.

- … Pues… no lo sé. Creo que la gente daba pasos en círculos, y las mujeres levantaban un poco la falda para no pisársela. – Trunks memorizó esas instrucciones y dio sus primeros pasos de baile sin música, por la amplia habitación. – Y luego se cogían sólo con una mano, se estiraban y ellas giraban por debajo del brazo de ellos. – Siguió explicando Arien, Trunks realizó aquel movimiento torpemente. - ¡Ay! – exclamó ella, al tropezar con el pie de él.

- ¡Lo siento! – se disculpó Trunks.

- Y luego volvían a girar hacia el otro sentido. – continuó Arien. Trunks sonrió, la chica quería que continuara, de modo que Trunks se sacó un nuevo paso de baile de la manga y levantó a Arien de la cintura, dándole un par de vueltas. La volvió a dejar en el suelo, y continuó con los giros normales. En aquel momento la risa de Arien ya comenzaba a oírse por toda la habitación.

- ¿Y ahora qué? – Preguntó Trunks, aparentando preocupación.

- Se tocaban la nariz.

- ¿Qué?

- ¡Sí! El uno al otro. Y daban un giro y una palmada por encima de la cabeza y luego se tocaban su propia nariz… - El ritmo del absurdo baile que Arien se estaba inventando se intensificaba por momentos y ahora era Trunks el que no podía parar de reír, acompañando a la contagiosa risa de Arien.

- ¿Qué viene después? – Continuó él.

- ¡Se abrazaban y se iban corriendo hacia allí! – Trunks comenzó a reír antes de ejecutar el paso que venía a continuación, y corrieron de un lado a otro del cuarto, sin parar de reír como locos. – ¡Y se ponían una mano en la cabeza! ¡Y daban un salto en el aire, como las bailarinas!

- ¡Ja ja ja! – Aquello era demasiado para Trunks, le dolía la tripa de tanto reír y tuvo que parar. Arien siguió con su ridícula escenificación.

- Y luego se acercaban al balcón y los chicos sujetaban a las chicas por la espalda, dejándolas caer como hojas en el viento.

- ¡¿Qué dices?! – Exclamó Trunks, limpiándose las lágrimas de la risa y corriendo a sujetar a Arien que ya sacaba medio cuerpo fuera de la puerta, hacia la terraza, dejándose caer de espaldas. Arien notó las manos de Trunks en su espalda, sujetándola firmemente y sonrió, feliz. Había sido el mejor baile de su vida… Bueno, en todo caso, el único y el más divertido. La muchacha miró distraídamente desde su posición hacia la izquierda del balcón, y lo que vio le hizo abrir los ojos como platos. - ¿Narik? ¿Ellyon? – susurró. Trunks, intrigado, se asomó un poco para mirar al balcón de la habitación contigua y aguantó la respiración como pudo para no hacer ruido.

En la terraza contigua, Narik abrazaba a Ellyon de un modo que distaba muchísimo de ser fraternal. La morena le correspondía, poniendo el alma en ello. Acariciaba el rojizo cabello del ex-elfo, mientras él enterraba el rostro en su oscuro cabello. Ambos parecían estar aceptando sus sentimientos más ocultos, aquellos que tenían que ver con la existencia del otro, con su compañía, con su amor. Y no parecían haber escuchado el jaleo que se había montado en la habitación de al lado, en la que dos cabezas acababan de esconderse, dejándoles solos.

- A ver… Tengo la lista por aquí… La escribí hace más de un mes. – dijo Trunks, palpando en los múltiples bolsillos de su acostumbrada chaqueta azul. El encargado del departamento de recambios terminaba de completar la ficha que Trunks había rellenado previamente.

- ¿Y dice que son piezas para una KTM 350 EXC-F? – Preguntó el hombre.

- Exacto. – confirmó Trunks.

- … ¿De este año? – preguntó de nuevo el dependiente.

- Eh… Si. Es que… tuve una caída bastante aparatosa y… - se excusó Trunks. Por fin, tras buscarla durante casi 5 minutos, la lista con las piezas que necesitaba apareció del fondo de un bolsillo interior. – ¡Aquí está! Veamos… Necesito un basculante nuevo, un amortiguador trasero, un manillar, un sistema de frenos completo, y un depósito… y, ahora que lo pienso, me llevaré también un chasis.

- … … Aparatosa es poco, chaval. Destrozaste la moto. – comentó el dependiente antes de dirigirse a la parte trasera a buscar las piezas.

Por su parte, Arien, se hallaba ante una réplica exacta de su propia moto, en la zona de exposición. Ya casi no recordaba lo bonita que le había parecido aquella moto cuando era pequeña. Nueva era una preciosidad, todo brillaba casi con luz propia, las barras de la horquilla, el amortiguador, las llantas… todas las piezas que ella recordaba haber visto casi siempre oxidadas relucían flamantes ante sus ojos.

Por fin, tras más de un mes de aventuras, de momentos buenos y momentos horribles, había llegado el día de hacer lo que habían venido a hacer desde un principio: comprar los recambios que Trunks necesitaba para reconstruir la moto de Arien.

Miró en dirección a la recepción. El semisaiyajin la saludaba con la mano, sonriendo, y haciendo gestos de que tenían todas las piezas disponibles. Arien sonrió. Podría conducirla de nuevo.

Podría volver a sentir el viento en la cara, la sensación de libertad, la velocidad, la…

- Disculpe señorita.

- ¡Déjala, Nash! Ella la ha visto primero. Si, como dicen, es la última que queda de este modelo, lo lógico es que se la lleve ella si quiere, para eso la ha visto antes.

Dos voces, muy arraigadas en la mente de Arien, resonaron una y otra vez en su cabeza. La muchacha se giró poco a poco, temblando.

- ¿Se encuentra bien? – Preguntó la voz masculina.

Su padre, Nash y su madre, Lilu, ataviada con una graciosa gorra, ambos en la flor de la juventud, la miraban preocupados, sin entender qué era lo que podía estar pasándole a aquella muchacha.

- Sssi…. Si. No se preocupen. Sólo estoy algo mareada. – contestó Arien, tartamudeando.

- ¡Oh! ¡Pobrecilla! ¿Quieres un poco de agua? – Le ofreció Lilu, echando mano de prisa a una enorme bolsa que colgaba de la parte trasera de un cochecito de bebé. – con la niña, siempre traigo agua de sobras.

Arien sonrió. Les miró a los ojos. Su padre, con sus eternas cicatrices en el rostro y su tez morena. Su madre, con sus enormes ojos verdes y su actitud eternamente preocupada por todo y todos a su alrededor. Ya era capaz de mirarles. Ya era capaz de sostenerles la mirada.

Su alma estaba curada. Trunks la había sanado, y también había logrado que en aquella época, aquella familia permaneciera unida y feliz, lejos del dolor y la muerte que provocaron los androides.

El color volvió al rostro de Arien y sonrió a Lilu.

- ¡No se preocupe! Ya me encuentro mucho mejor. Creo que estoy un poco baja de tensión, eso es todo. – Se excusó Arien. Lilu se detuvo en su búsqueda de la botella de agua y miró fijamente los ojos de Arien.

- Estoy segura de que te he visto antes. Tu rostro me es muy familiar… - Arien bajó la vista, sonrojada. Lilu se acercó a ella, y siguió mirándola, entrecerrando los ojos. Arien contuvo el aliento, su madre estaba a sólo un paso de ella, observándola con atención, sin saber que aquella muchacha que le despertaba tanta curiosidad era en realidad alguien increíblemente cercano – Tus ojos… - Continuó la cantante. - Yo conozco esos ojos… - Murmuró.

- ¡Lilu! ¡Céntrate! – Le exigió Nash, sacándola de su ensoñación. – Disculpe usted. Es que nos gustaría saber si tiene pensado comprar esta moto. – Explicó el joven padre de Arien, señalando la que ella había estado mirando con tanta atención.

- ¿Qué? ¡Oh, no! Sólo la estaba mirando, ¡ja, ja! – Rió ella.

- Entonces no le importará que la compremos nosotros, ¿verdad? – continuó Nash.

- ¿Qué? – Arien se quedó congelada. Por eso le parecía tan familiar aquella moto. Por eso había estado tanto rato mirándola. Aquella era justamente SU moto. Era la moto que su padre compró, la de la exposición. Sonrió, y volvió a mirarla, antes de dirigirse nuevamente a la pareja. – Por supuesto que no. Estoy segura de que se les hará muy felices…

Lilu y Nash se sonrieron entre sí.

- ¡Muchísimas gracias! – exclamó Lilu.

- No hay de qué. – contestó ella, antes de comenzar a alejarse de ellos. Al pasar por la parte delantera del carrito, no pudo evitar echar una ojeada a su interior. Una niña dormía plácidamente, ajena a todo, feliz por saberse segura y querida. Ella misma. Arien. – Tengo que irme ya. Espero que la disfruten muchísimo.

- Gracias de nuevo. – dijo Nash. Y en seguida centró su atención en la moto de exposición, haciéndole mil y un comentarios a Lilu, que le escuchaba paciente y sonriendo.

Arien se acercó a Trunks limpiándose el sudor de la frente. El chico la estrechó en un cálido abrazo.

- Lo he visto todo. Has sido muy valiente, Arien. - La muchacha suspiró sobre el cuello del chico y apretó aún más su abrazo.

- Aquí tiene sus piezas señor. – dijo el dependiente del departamento de recambios, ofreciéndole a Trunks una cápsula Hoi Poi. – Y aquí está la otra cápsula que…

- ¡Sí! ¡Gracias! – le interrumpió Trunks, arrebatándole la segunda cápsula al dependiente. – ¡Adiós!

- … Eh… ¡Adiós! – Contestó el hombre, extrañado por el comportamiento del muchacho. – ¡Que vaya bien señor!

Ambos comenzaron a alejarse de allí, cogidos de la mano, y Arien no pudo resistir la curiosidad.

- ¿Qué había en esa segunda cápsula, Trunks? – preguntó la castaña.

- Pues… No tenía pensado decírtelo aún, pero… - Trunks se llevó la mano a la cabeza, ruborizado. – Ya llevo tiempo pensando que quizás estaría bien acompañarte de vez en cuando en tus incursiones a la montaña, dependiendo a qué sitios tengas pensado ir, más que nada para asegurarme de que estás bien, y… Bueno, tu moto no es que tire demasiado, la verdad. – Arien puso los brazos en jarras y miró con dureza a Trunks.

- Trunks, es una "persona" mayor, no te metas con ella. – le reprendió.

- Ya, ya, - Se defendió el chico, levantando las manos en son de paz, - es por eso que había pensado que si tu moto no puede llevarnos a los dos, quizás estaría bien ampliar la "escudería", ¿no? – La cara de Arien mostraba que no acababa de entender lo que el chico le estaba diciendo.

- ¿A qué te refieres? – preguntó.

- Ven conmigo. – dijo Trunks, sin más explicación. Cogidos de la mano, abandonaron la zona de las motos de enduro, y entraron en la de las motos de viaje, por la que caminaron hasta situarse delante de una enorme moto de color negro, preciosa, del triple de cilindrada que la moto de Arien. - ¿Qué te parece? ¿Te gusta?

Arien observó un rato la moto. Era una KTM 990 SM T, completamente negra, con el manillar anchísimo, y unos neumáticos que parecían el doble de gruesos que los de su pequeña moto, y el doble de estables. La chica miró a Trunks, sorprendida y comenzando a comprender y él le guiñó un ojo alzando en la mano la enigmática cápsula que el dependiente le había dado en último lugar.

Y al fin, llegó el día. La máquina del tiempo se hallaba con todo listo para emprender el viaje de regreso, aguardando en el jardín exterior de la casa. Bulma había vuelto a recargarla de energía y había realizado las comprobaciones necesarias antes de dejarla lista para el viaje.

Como despedida, los Briefs habían vuelto a organizar una barbacoa familiar y habían invitado a todos los amigos de Trunks y Arien. Los guerreros Z, los ex-dewins las hermanas de Ellyon, los hermanos de Narik y la familia de Trunks conversaban animadamente sobre los pasados acontecimientos y algunos de ellos daban consejos a la pareja acerca de su futuro, la mayoría provocando los sonrojos de los dos.

Tanto Arien como Trunks habían cargado ya en la nave sus respectivos equipajes, bastante más voluminosos que en su llegada, por lo que habían tenido que utilizar bastantes cápsulas Hoi Poi para poderlo guardar todo. Ya vestidos con ropa más informal, él con su ropa preferida: camiseta negra, pantalones anchos grises, botas amarillas y chaqueta azul, y ella, con uno de los numerosos conjuntos que Bulma le había comprado, unos shorts denim, una camisa de cuadros blancos y azules, y unas zapatillas de deporte de color azul.

Ambos tenían la sensación de que ahora eran personas diferentes de las que fueron cuando llegaron hacía más de un mes. Habían madurado, se habían conocido aún más, mutuamente, y habían pasado extrañas y trepidantes aventuras.

Trunks había conseguido alcanzar el siguiente nivel de poder, se había ganado el respeto de su padre y había perdido la timidez tan suya al tratar a Arien más íntimamente. Era ya un hombre completo, preparado y con la experiencia suficiente para cualquier imprevisto o peligro en el futuro.

Arien, no había dejado de ser la jovencita valiente y alegre que siempre fue, aunque había madurado respecto a sus sentimientos y convicciones, tanto con Trunks, como con sus recuerdos del pasado. La visión de sus padres en su mente ya no la atormentaba. Estaba segura de que descansaban en paz, y ahora tenía la conciencia tranquila para afrontar el futuro con ilusión.

- Arien, pequeña. – Dijo el doctor Briefs, durante las despedidas. La muchacha se estaba dirigiendo a todos y cada uno de los presentes y ahora le tocaba el turno al simpático abuelo de su Trunks. – Estuve realmente preocupado de que en el futuro pudiera faltarte material o cualquier cosa que consideraras necesaria para adentrarte en tus estudios de biología… Porque, si no me equivoco, esa es la intención ¿cierto? – La muchacha miró de soslayo a Trunks, que en aquel momento estrechaba la mano de Ten Shin Han, sonriendo. Estaba segura de que él le había explicado a su abuelo su talento para con las plantas. – Todo científico necesita una buena base para poder prosperar en su carrera y sus estudios, - prosiguió el doctor, buscando en el bolsillo derecho de su bata blanca una cápsula que ofreció a la muchacha - de modo que he guardado en esta cápsula todo aquello que he considerado necesario para tus progresos. Tendrás computadoras, un equipo de laboratorio completo, herramientas y lo mejor, una copia de todos y cada uno de los libros de mi biblioteca. – Arien se tapó la boca, atónita. Aquello sí que era una verdadera sorpresa. Emocionada sonrió al doctor, que le devolvía el gesto con amabilidad. – Te pasabas tantas horas allí encerrada que pensé que la echarías de menos. – La chica tomó la cápsula en sus manos como si se tratara de un tesoro, y miró al científico, con los ojos húmedos por las lágrimas.

- Muchísimas gracias. – susurró. Y sin poder evitarlo, abrazó fuertemente al doctor Briefs, provocando su sonrojo y haciéndole estallar en risas.

Por otro lado, las dos señoras Briefs, Bulma y su madre, hacían ruborizarse al apuesto guerrero del futuro con sus consejos, provocando las risas de quien les rodeaba.

- ¡Oh! ¡Casi se me olvida! – Exclamó la rubia. – No olvides que debes ser muy paciente durante el embarazo de Arien.

- … ¡¿Arien está embarazada?! – Preguntó sorprendido el pequeño Gohan. Trunks negó enérgicamente con la cabeza y levantó las manos, en gesto defensivo.

- ¡Para nada! ¡Son solo estupideces de mi abuela! – exclamó el guerrero.

- ¡No son estupideces! – prosiguió la señora Briefs, reprendiendo a su nieto. – Algún día se quedará embarazada y tendrás que saber muchas cosas sobre el embarazo, hijo. Aunque no te preocupes, – sonrió la feliz mujer, - he hecho que tu abuelo añada un par de colecciones completas de libros sobre embarazos y bebés, así no os faltarán los conocimientos. - El tono rojizo del rostro de Trunks ya rozaba el encarnado. Sabía que le iba a tocar soportar momentos embarazosos con su abuela, pero aquello rozaba la locura. - ¡Oh! ¡Y otra cosa más! – Trunks suspiró y se armó nuevamente de paciencia para terminar de escuchar el discurso de su abuela, a fin de cuentas, no sabía si volvería a verla algún día. - ¡El sexo durante el último mes del embarazo favorece el parto y…!

- ¡Suficiente, abuela! – La detuvo el chico. - ¡Creo que podremos apañarnos solos! ¡No te preocupes! – El sudor del rostro del muchacho ya era más que evidente, y su abuela se dio por satisfecha, sin dejar de sonreír, tal como acostumbraba.

El último comentario de la esposa del doctor había provocado más de un sonrojo, no sólo a Trunks, de modo que las conversaciones se retomaron para cubrir un tupido velo sobre la situación. Trunks volteó para encontrarse con su madre.

- ¿Estáis seguros de que lo lleváis todo? – preguntó la peli azul. No podía disimular la pena que sentía en aquel momento. Pese a haber sido consciente siempre de que su querido hijo del futuro algún día debía volver a su tiempo, no podía evitar sentir un gran vacío en su interior. Y es que aquella segunda visita le había permitido descubrir el gran corazón que su hijo poseía, y que ya le había dejado entrever en su anterior viaje, y la gran persona que era. Orgullosa y triste, Bulma trataba de centrar su atención en detalles triviales, para no pensar demasiado en la partida de su sufrido vástago, convertido en un hombre de bien y un gran guerrero.

- Sí, mamá. No te preocupes. – sonrió el muchacho. Bulma sonrió tímidamente, mostrando en el gesto parte del dolor que sentía y Trunks se acercó a ella. Acarició el rostro y el cabello de su madre con dulzura, y la peli azul se arrojó a sus brazos sin poder evitarlo. Trunks la abrazó fuertemente y besó su cabeza. – No te preocupes por nada mamá. A partir de ahora, todo irá bien.

- No te olvides de ser feliz, hijo mío. No cargues el peso del mundo sobre tus hombros. – le aconsejó ella, derramando algunas lágrimas. Aquel era el miedo más profundo que Bulma sentía. Su hijo era una persona demasiado sacrificada y temía que se responsabilizara tanto de la seguridad de la humanidad que no dedicara tiempo suficiente a su propia felicidad.

- No lo haré, mamá. – contestó él, en un susurro. Sin querer desvió la mirada a Arien, que charlaba animadamente con las hermanas de Ellyon. Bulma se separó de él y sonrió al ver el destello en la mirada azul de su joven guerrero.

- Cuídala siempre, hijo mío. Cuidaos el uno al otro. – Trunks volvió a mirar a su madre, sin rastro de sonrojo. – Os necesitáis mutuamente más de lo que creéis.

- Lo sé. – Respondió él. - Jamás dejaré que le pase nada malo. – Le aseguró el chico, seriamente. Bulma suspiró, tratando de no llorar, y pensó en algún comentario que liberara su mente del dolor que sentía, y pronto lo encontró.

- Y ten muy en cuenta el consejo de tu abuela respecto a los partos…

- ¡Mamá! – Se quejó el muchacho, completamente fuera de juego con aquella salida de su madre.

...

Unos brazos rodearon la cintura de Arien y la obligaron a girarse. Encontró muy cerca de ella un par de ojos ambarinos que la miraban, risueños. La muchacha se lanzó al cuello del alto muchacho y le abrazó fuertemente, dejando los pies colgando. Narik la levantó del suelo aún más y besó su mejilla con cariño, antes de depositarla con cuidado de nuevo en el piso.

- Nunca seré capaz de agradecerte suficiente lo que tú y Trunks habéis hecho por nosotros. – Confesó el pelirrojo, con una melancólica sonrisa. Arien le devolvió el gesto y golpeó suavemente el pecho del arquero con el puño.

- Para hacerlo sólo tienes que ser feliz. Eso es lo que más me gustaría en el mundo, Narik. Sed felices los dos. – Concluyó la muchacha, tomándoles de las manos a él y a Ellyon que se había acercado a la pareja. La morena la abrazó fuerte, con los ojos cerrados.

- Tú también, cariño. – susurró la antigua hada. – Prométeme que lo harás. Prométeme que te cuidarás y que cuidarás también de Trunks.

Arien trató de no llorar pero la emoción era demasiado grande. Estaba segura que jamás volvería a ver a Ellyon, y sentía un dolor insoportable en el pecho al pensarlo. La morena y el pelirrojo se habían introducido muy adentro en su corazón, demasiado como para no sentirlo romperse en pedazos al despedirse de ellos.

Trunks se acercó al grupo, y Narik palmoteó con afecto su espalda, fuertemente.

- Pórtate bien con ella, ¿eh, granuja? Cuídala muchísimo. – Dijo el pelirrojo. – Si no lo haces ten por seguro que lograré encontrar el modo de viajar al futuro sólo para patearte el culo a gusto. – Concluyó Narik, sonriendo. Trunks rió ante el comentario antes de recibir el abrazo de Ellyon.

- Tú y yo podríamos haber llegado a algo ¿no crees? – comentó la morena en tono de broma.

- ¡Ellyon! – la reprendieron a la vez Narik y Arien.

- ¡Estoy seguro! – Respondió Trunks, algo ruborizado, y recibiendo las atónitas miradas de su novia y del pelirrojo.

- ¡Si no lo oigo no lo creo! – murmuró Narik. - ¿Quién eres tú y qué has hecho con Trunks? – Bromeó el pelirrojo. Ellyon rió, divertida y abrazó de la cintura a su amado arquero, que la miró sonriéndole cariñosamente. Trunks soltó una carcajada.

- Lo mismo puedes aplicarte tú, Narik. Con una diferencia: mis patadas pueden ser un millón de veces más fuertes que las tuyas.

Las despedidas fueron concluyendo, y llegó el momento de subir a la nave. Arien trepó por la escalera situada cerca del vehículo para facilitar el acceso y se coló con habilidad en la cabina, con cuidado de no tocar nada.

Trunks dirigió una última mirada a todos sus amigos. No quería decirles adiós. De algún modo, estaba seguro de que les volvería a ver.

Con aquel pensamiento y una orgullosa sonrisa en los labios, Trunks se dio la vuelta hacia la nave, encarándose directamente con alguien de quien no se había despedido, y a quien hacía varios días que no veía.

Creía que no le volvería a ver. Que no tendría la oportunidad de despedirse de él. Ya estaba acostumbrado a su forma de ser, a sus desplantes, a su carácter y a su temperamento.

Creía que ya no le volvería a ver más y que aquel esbozo de aprobación que le había dedicado tras la batalla contra Tumno, habría servido también de despedida.

Pero allí estaba, vistiendo su armadura de saiyajin, con su dura e implacable mirada, vivo reflejo de la suya propia, en silencio, y en actitud orgullosa. Con los brazos cruzados y cortándole el paso hacia su máquina del tiempo.

Todos los asistentes guardaron silencio, temerosos de que el orgulloso guerrero pudiera romper la armonía de aquella despedida a medias que todos estaban ofreciéndole al valiente muchacho, deseosos de que no fuera la última vez que le vieran.

Bulma se adelantó varios pasos, preocupada por su hijo. No estaba dispuesta a permitir que su amado príncipe destruyera el corazón de su sensible vástago. Pero la dura mirada que Vegeta le dedicó fue suficiente para detenerla en su avance, y obligarla a aguardar el desenlace de aquel último encuentro entre padre e hijo.

Tras conseguir que todos permanecieran inmóviles, el príncipe volvió de nuevo la gélida mirada a los ojos azules de su hijo, y se acercó a él hasta quedar a sólo un paso del chico.

Para mirarle debía levantar la cabeza. Su hijo era casi diez centímetros más alto que él. Su porte, imponente, con un físico digno de un guerrero de la realeza, por no hablar de su fuerza e inteligencia, habían evolucionado muchísimo desde la primera vez que le vio.

El cabello, obvia diferencia entre un guerrero puro y el guerrero que era su hijo, fue durante un tiempo motivo de rechazo de Vegeta hacia Trunks. Demasiado humano. Demasiado poco saiyajin.

Sangre de su sangre, sin embargo, aunque otra cosa más le había mantenido alejado de su hijo del futuro, y no había sido su comportamiento, ni su sensibilidad, ni el color de su cabello.

Sus ojos. Aquellos dos zafiros que parecían arder con el fuego heredado de su dinastía mostraban de aquel hombre en el que se había convertido su joven vástago más de lo que cualquier saiyajin era capaz de mostrar con sus negros orbes.

La valentía, el ímpetu, la impaciencia, la ilusión y el ardor de la juventud hacían brillar como auténticas gemas aquellos fantásticos ojos que Trunks poseían. Pero ya no lo hacían con tristeza o culpa, tal como solían hacer la primera vez que Vegeta le miró a los ojos. Ya no había miedo en ellos, ya no había dudas, ni tormentos.

En aquella azul mirada, ardiente, tan expresiva como la de Bulma, se habían fusionado lo mejor de las dos razas. La saiyajin y la humana. Aquel muchacho era el orgulloso portador de su propia herencia, de su dinastía. El último guerrero.

Y darse cuenta de aquello casi en el último momento, era lo que había movido al orgulloso príncipe hasta los pies de aquella nave, justo antes de que el chico que ahora le miraba con aquel fuego, se marchara, quizás para no volver.

No podía dejarle ir así. No aún.

Trunks nunca había sido iniciado en el arte de la guerra. Nunca había sido aleccionado por un maestro cómo lo fue el mismo Vegeta por su padre.

Y ahora ya no había marcha atrás. Pero sí que había algo que Vegeta aún estaba a tiempo de hacer, antes de perder la oportunidad para siempre.

Levantó la mano derecha y la posó sobre el hombro de su hijo, haciendo fuerza hacia abajo para obligarle a arrodillarse. Trunks lo hizo, sin saber qué le estaba pasando a su padre y qué demonios estaba haciendo, guardando silencio.

Vegeta levantó la mano izquierda y de ella estiró el dedo índice.

- Honor y orgullo. Esas son las bases de nuestra cultura. Esa es la raíz del poder que mueve nuestro mundo. Todo saiyajin se siente orgulloso de pertenecer a esta raza, la más poderosa del universo, y luchará contra cualquiera que trate de herir su honor, o el de cualquiera de sus congéneres. – El orgulloso guerrero guardó silencio un instante y levantó el dedo corazón. – Lucha y guerra, son lo que te hará más fuerte. El poder de un saiyajin es infinito, y el placer de la batalla le otorga el don de evolucionar durante ella. Aprovecha ese don, y jamás dejes que nadie te venza. – Trunks miraba a su padre prestándole toda su atención. Sabía lo que Vegeta estaba haciendo, y jamás, en toda su vida, había sentido tantísimo orgullo como en aquel momento. Arien observaba todo en silencio desde la cabina de la nave, observando con respeto lo que Vegeta estaba haciendo. Al igual que Bulma, que no podía aguantar las lágrimas que rodaban por sus mejillas como auténticos torrentes. Vegeta miró hacia arriba, girándose levemente, hasta localizar a Arien. Ella dio un respingo y se puso tensa instantáneamente, pero el guerrero devolvió la mirada a su hijo y levantó un tercer dedo, el anular. – La sangre. Eso es lo que nos mueve. La familia, la herencia, el orgullo, son intocables. Protege a los tuyos con tu vida. No permitas jamás que su honor se vea mancillado y haz probar el sabor de su propia sangre a todo aquel que intente hacerles daño. – Vegeta volvió a mirar a Arien brevemente, antes de seguir hablando. - Esa es la esencia de un saiyajin. – El moreno se inclinó sobre su hijo, - y esto, es para que no lo olvides jamás. – dicho esto, propinó un fortísimo puñetazo en el estómago a su hijo que le obligó a encogerse en el suelo. Bulma sintió la necesidad de arrodillarse junto a su hijo, pero cuando comenzó a acercarse una mano sujetó la suya, y ella se giró para mirar a quien la detenía. Yamcha, sonreía, y negaba con la cabeza, tratando de tranquilizarla. No muy convencida, la peli azul volvió a centrar su atención en su joven hijo. Trunks, respirando entrecortadamente, no emitió ni un solo sonido de dolor al recibir semejante golpe. Recuperó el aliento y se enderezó hasta quedarse en la misma posición en la que estaba antes. Su padre aún le apretaba el hombro. – Levántate, príncipe Trunks, heredero de los saiyajins.

El muchacho obedeció a su padre y ambos se miraron con profundo respeto. El orgulloso padre dirigió una mirada ya no tan dura a Bulma, una mirada llena de tranquilidad, y ella le sonrió, profundamente orgullosa de lo que Vegeta acababa de hacer. Aceptar a su hijo, y hacerle heredero de una dinastía antigua y poderosa, como si se tratara de un guerrero de sangre pura.

Sin mirar a nadie más, Vegeta levantó el vuelo y se alejó de aquel lugar, dejando a los presentes profundamente sorprendidos por su comportamiento.

Bulma se zafó de la mano de Yamcha, que ya no la sujetaba tan firmemente y corrió a abrazar a su hijo, aún consternado por lo que su padre acababa de hacer.

- No puedo creerlo – susurró el chico en el oído de su madre. – Está orgulloso de mí, mamá.

- Por supuesto que lo está. – afirmó ella, sin rastro de duda en la voz.

Tras aquel sorprendente acontecimiento, se sucedieron los últimos abrazos, llenos de emoción, y Trunks se elevó en el aire para introducirse en la cabina, donde Arien le esperaba llorando, profundamente emocionada. La chica abrazó su cintura y enterró el rostro en su cuello.

- Soy tan feliz por ti… … Te quiero muchísimo, Trunks. – sollozó la muchacha.

Él sonrió, mirándola con profundo cariño. Su sangre, su familia… Las palabras de su padre aún resonaban en su mente, llenas de significado. Suspiró, cerrando los ojos y levantó la mano para despedirse de todos sus amigos.

El júbilo explotó entre los asistentes, que se habían quedado cohibidos con una mezcla de respeto y temor ante la acción de Vegeta, y se despidieron de ellos a gritos, deseándoles un buen viaje y que todo les fuera bien.

Arien se soltó de su abrazo y les sonrió, aún con lágrimas en los ojos. Agitó los brazos con energía y lanzó besos cargados de sentimiento a todos, especialmente a Bulma, los señores Briefs, Narik y Ellyon.

Ambos ocuparon sus sitios, y la transparente compuerta esférica de la cabina se cerró poco a poco, mientras los motores de la nave comenzaban a rugir.

De repente el doctor Briefs recordó algo importante y gritó, antes de que la cabina se cerrara por completo:

- ¡Os he instalado un sistema estéreo!