Capítulo 34. Incertidumbre.
Kaden seguía a cargo del orden de Labyrinth; luego de inspeccionar la ciudad para asegurarse que no hubiere mujeres adultas, él y sus hombres rodearon Goblin City, evitando así que las féminas lograsen ingresar. No era tarea fácil, en especial si debían cuidar de dañarlas. Sabían que estaban siendo manipuladas por un conjuro y tan sólo eran unas víctimas.
—Mi señor, estamos tratando de resistir en la puerta norte, pero, ya han dejado de ser simplemente arañazos y gritos. Ya hay quienes vienen a golpear con sus puños e incluso una tomó una vara. ¿Qué hacemos?
—No mucho, mi buen soldado. ¿Alguien salió herido?
—No, Su Majestad. Su sobrino tomó la vara y, doblándola con sus manos, con la misma ató a la mujer a un poste. —El rey sonrió con befa y orgullo, su sobrino era digno de su sangre.
—Muy bien, entonces. Pueden resistir un poco más. Necesitamos ganar todo el tiempo que podamos. Su Majestad Jareth ha dicho que en dos días, pero, presumo que, por la manera en que se ha sobrelimitado, le llevará un poco más.
—De acuerdo, mi señor. Con su permiso, volveré a mi posición. —Kaden sólo asentó con un movimiento de cabeza. Esperaba que ese flacuchento jactancioso se recuperara lo antes posible o él tendría que sacar a relucir sus garras y su esposa se enfadaría con él a causa de no haberla traído consigo. Suspiró para luego seguir dando ánimos y órdenes a sus hombres.
En el castillo, en el corazón de Goblin City, un poderoso fey se debatía con la fiebre como si de un niño pequeño se tratase. Junto a él, unos goblins encargados de cambiarle los paños húmedos y controlar cada pequeño cambio. Afuera de la alcoba, los dos mismos jóvenes guardias que le llevaron hasta allí.
—Sarah… Aquí estoy… —el rey murmuraba con su rubio y sedoso cabello sudado. Los pequeños goblins que le hacían de enfermeros, se observaban entre sí con inquietud, tal parecía que en sus sueños la joven tenía algún problema. Ellos esperaban que sólo fuera en sueños, no deseaban perder a su futura reina ni que su rey estuviera triste por algo como ello.
—¿Cómo sigue? —Alban se acercó preocupado a los dos custodios de diferentes razas.
—Sigue igual que antes, la fiebre no cede, mi señor —respondió el fey.
—Ha estado llamando a la futura reina en su sopor, mi señor —hizo ver el goblin—. Se lo oía preocupado. —Nuestra futura reina está teniendo una batalla diferente a la nuestra, más personal con su propio padre, pero, al menos, no está en una situación tan grave como la que hoy tenemos aquí… Al menos por ahora.
—¿Usted se puede comunicar con ella? —se asombró el guardia fey.
—Sí; pero, es todo cuanto puedo hacer.
—Comprendo —pareció desilusionarse—. Pensé que, quizás… si ella venía, él se recuperaría más pronto…
—No te aflijas, amigo —el soldado goblin acotó—, él está luchando lo mismo por recuperarse pronto si la está nombrando. Mientras la tenga en mente, nada lo detendrá.
—Tienes razón. —Sonrió orgulloso de su monarca—. ¿Qué hay del rey Kaden? —quiso saber dirigiéndose a Alban.
—Ya ha logrado reconquistar la ciudad, pero, dice que le será difícil mantener lejos la violencia, de seguir tan insistentes.
—Espero no sea necesario… —se lamentó el fey—. Ellas son nuestras mujeres, después de todo…
—El rey Kaden es tan buen monarca como el nuestro, mi querido compatriota, así que, estoy seguro que hará todo cuanto esté a su alcance por evitar ser brusco con las damas… —Alban suspiró con cierta incertidumbre—. Y… de ser necesario, tendré que recurrir a alguien de la familia de Su Majestad Jareth para que lo reemplace, en tanto él se recupera.
—Sí, eso será lo mejor, llegado el caso —el goblin convino.
Robert, sentado tras el escritorio de su estudio, una mano con un sobre, la otra con una carta; observaba con odio el papel en su mano y lo arrugó. ¡Esa zorra se había atrevido junto con ese monigote don juan tenorio! ¿Cómo osaba a desafiarle, cómo pretendía ganarle? Él llevaba una vida intachable, en cambio, ella estaba en boca de todos. No lo permitiría. Oyó la puerta de entrada y nervioso echó el bollo al cesto para dirigirse al hall.
—¡Oh, Sarah! ¡Ya estás en casa! —La recibió con una gran sonrisa.
—Sí, aquí estoy —respondió dándole la espalda y colgar su abrigo para darse tiempo de mentalizarse para que no notase que había llorado—. Siento haberme retrasado un poco. Sam y los chicos necesitaban hacer un trabajo práctico y me pidieron que les ayudase.
—¡Oh, no te inquietes por ello! ¿Qué son unos… veinte minutos? No hay problema. —Sarah giró para verle con sorpresa. ¿Desde cuándo era tan… contemplativo?
—¿Padre, te sientes bien?
—¡Claro! ¿Por qué lo preguntas?
—N-no… Por nada… Voy a cambiarme. Quiero estar cómoda. —Iba a retirarse hasta que escuchó la voz de su Robert de nuevo.
—Este… Sarah… Yo estaba pensando en que sería bueno que pidamos unas pizzas y veamos alguna película juntos. ¿Qué te parece, como cuando eras una niña? —Definitivamente algo le pasaba a su padre, ella pensó pese al cansancio que llevaba consigo.
—Yo… si gustas lo de la pizza estará bien, pero, en cuanto a la película… hoy… estoy algo cansada para quedarme hasta muy tarde. Quizás en otro momento. Lo siento.
—¡Entiendo! —Sonrió con compromiso—. Entonces, sólo pizza —acordó.
—De acuerdo —ella le correspondió con cierta pena iniciando su ascenso hacia las escaleras—. ¿Me avisas cuando llegue la pizza?
—¡Seguro! Descansa mientras tanto.
Robert regresó a su estudio, buscó el bollo de papel en el cesto y volvió a leerlo con más detenimiento, no debía dejarse llevar por el enojo quería ganarles, debía ser profesional.
"Estimado Dr. Robert Williams:
Se solicita que comparezca a la citación del día lunes 12 de diciembre del corriente año, a las 8 hs, en el Juzgado de la Familia N° 2, en consideración de lo ya mencionado en la carta documento anterior, sobre la patria potestad de la menor Sarah Peggy Williams; fruto de su unión con la Sra. Linda Marlene Harrison, la cual reclama sus derechos como progenitora de la misma. Téngase a bien en considerar que la menor en cuestión, ya está a poco de la mayoría de edad y, por ende, será tomada en cuenta su opinión sobre su preferencia.
Sin más que agregar, atentamente le saluda, su colega, Dr. Erwann Frederic Jones"
—¡Otro maldito jactancioso más! ¡Malditos rubios…!—Arrojó la carta al cenicero fallando irremediablemente a mantener la frialdad y la prendió fuego con su encendedor, viendo cómo se consumía el papel con el más auténtico odio. ¡Lo que le faltaba! ¡Que Linda fuera a por ese odioso abogado de la farándula! ¡Pero, claro, que seguramente ese imbécil de Jeremy se lo había presentado, de tantas veces que lo sacó de sus frecuentes escándalos! ¡Malditos rubios; malditos hombres ingleses!
N/A: Muchas gracias a todas por todavía estar ahí, pese a que me tardé tanto en regresar, RuzuChan Poly; Emelyn-Rose; Nuria y Fuyuka713. ¡En verdad, gracias, niñas! Este año estoy más metida que nunca en el tema de la literatura, y por eso a veces me veo complicada, así que, me gustaría que me sigan en face para saber su opinión sobre el resto de mis cosas :) Mi nick es Maribel Trescher. ¡Gracias!
