Capitulo 35
Bella POV
Los días pasaron rápidos, cuando quise darme cuenta, las navidades estaban cerca, muy cerca. Quedaban pocos días para que las clases se acabaran y dieran paso a los días de "descanso" y las fiestas navideñas. Mi cuerpo estaba molido, me pesaban hasta los pelos de la cabeza y me sentía gorda, aunque no había engordado mucho a lo largo de estas últimas semanas. Esperaba deseosa los días de descanso, necesitaba dormir muchas horas seguidas y no despertar todas las noches con horribles pesadillas sobre el aborto de mi anterior bebé. La última había sido demasiado real, Edward se despertó con un salto por culpa del chillido que pegué cuando un doctor al que no lograba ver la cara, clavó el bisturí en la piel de mi vientre.
Hoy me estaba sintiendo como un zombie. Edward me había propuesto o más bien obligado a que me quedara en casa descansando y no fuera a la escuela. Yo, como buena cabezona que era, me negué diciéndole que me encontraba bien. Ahora es cuando me arrepentía de ser tan terca en algunas ocasiones. Mis pies me estaban matando, mi espalda me estaba matando, los adolescentes me estaban matando, el hambre que estaba sintiendo en este momento me estaba matando, todo me mataba.
- ¿Te encuentras bien?
Alcé el rostro que estaba oculto bajo mis brazos que estaban apoyados sobre la mesa de la sala de profesores y vi a Demetri observarme con el ceño fruncido y la mirada preocupada.
- Sí – gemí.
- No parece que estés bien – apartó un mechón de mi cabello y lo colocó detrás de mi oreja.
Era un acto bastante inocente, pero para los ojos curiosos que allí había, sabía que iban a pensar lo que no era, porque nos habían visto así muchas veces a Dem y a mí, él apartando el cabello de mi cara antes de plantarme un beso en los labios. Ahora mismo que hubiese hecho él eso y que la gente pensará lo que no era, me daba igual, necesitaba comer, sí o sí, solo me preocupaba eso, llenar mi estomago.
- Pareces cansada – pasó su dedo índice por mis ojeras, que por más que intenté tapármelas con un poco de maquillaje, no fui capaz.
- Es que estoy cansada… y tengo hambre.
- Aun queda una hora para la comida, ¿no has desayunado bien? – inquirió divertido.
Demetri no sabía que yo estaba embarazada, de hecho nadie en la escuela sabía de mi estado. La ropa ancha y holgada que llevaba últimamente se encargaba de ocultar mi tripa, que empezaba a notarse según iban pasando los días.
- No, no es eso. Verás – me removí incomoda en la silla en la que estaba sentada, – he desayunado demasiado y ahora tengo hambre porque… porque… – pasé la mano por mi cabello de forma nerviosa.
¿Cómo se le dice a un ex al que le debes… bastante, que estas embarazada del hombre con el que te vio ponerle los cuernos?
El que tenia experiencia en estas situaciones era Edward… no yo. Aunque pensándolo bien, Edward lo había hecho fatal.
- ¿Por qué? – me animó a que continuara.
- Es difícil… - mordí mi labio.
- Deja de agobiarla – me cortó Rose.
Me giré para mirarla con el ceño fruncido. Una cosa es que se llevara mal con él porque no se creyó la versión de Demetri que le conté respecto a su mujer y otra cosa era que lo tratara así… delante de mí. Rosalie sabía que me molestaba como lo trataba en mi presencia.
- ¿Qué?, no me mires así – se sentó a mi lado y miró mis ojeras. – ¿Edward no te deja dormir? – rió.
Escuché como a Demetri le rechinaban los dientes y fulminé a Rose con la mirada.
- Lo siento – dijo sin una pizca de arrepentimiento.
- No te pases Rose – le advertí entre dientes.
- ¿Tienes hambre nena? – me preguntó ignorando mi comentario. – Estoy segura de que ese pequeñín – pasó una mano por mi vientre, la miré con los ojos abiertos como platos – está muerto de hambre – sonrió.
Le aparté la mano de un manotazo y me giré para mirar a Demetri. Sus ojos estaban fijos en mi tripa y su boca ligeramente abierta. No quería que se enterara así…
- Dem… - intenté.
- No es necesario que me des explicaciones – alzó sus ojos a mi rostro, no había dolor, solo asombro. – Si tú estás bien, yo estoy bien – alzó su mano y acarició mi mejilla con una suavidad, que mi labio inferior tembló.
¡Putas hormonas!
- Estoy bien – susurré con voz temblorosa.
- ¿Te cuida bien? – sabía de sobra a quien se refería.
- Sí – asentí.
- Me alegra oír eso – me sonrió débilmente y se levantó de la silla. – Nos vemos Bella – se inclinó para besar mi mejilla. – Enhorabuena – musitó en mi oído antes de darse la vuelta y salir de la sala de profesores.
Me quedé mirando la puerta por la que había salido Demetri unos segundos ensimismada en mi propio mundo, hasta que Rose habló.
- ¿Qué coño ha sido eso? – me giré con el ceño fruncido y la miré molesta por su comportamiento.
- ¿Qué ha sido el que? – me crucé de brazos.
- ¡Eso! – me señaló como si fuera evidente a lo que se refería.
- Rose, no te sigo – descrucé los brazos y me levanté para salir de allí.
- ¿Qué ha sido esos gestos que has tenido con… – piensa bien su nombre rubia o… – Demetri? – me preguntó siguiéndome.
- ¿Qué gestos Rose?
- ¡Joder Bells! Deja de tocarme los huevos – abrí la puerta y salí de allí. – Sabes a que me refiero, ¡deja de jugar conmigo! – rodé los ojos.
- Es mi amigo Rose – salí del edificio y me dispuse a ir a la cafetería, tenía que comer algo ya.
- Si tu hubiese visto Edward se… – detuve mis pasos y le corté antes de que dijera nada de lo que pudiese arrepentirse.
- Rose, soy lo suficientemente adulta para tener amigos y Edward es lo suficientemente mayorcito como para respetar mis amigos – le dije molesta, no por el comentario, sino por el hambre que me estaba haciendo pasar por su conversación.
- Vale – suspiró derrotada.
- Que tú no… lo tragues, no significa que yo sienta la misma antipatía por él. No me cansaré de decírtelo Rose, pero Demetri es un buen hombre.
- Que sí Bella, que sí, ahora vamos – cogió mi brazo dado por finalizada la conversación y tiró de mí.
¿Qué coño le pasaba?
¡La de las hormonas revolucionadas era yo!
- Rose – la llamé cuando nos sentamos en una de las muchas mesas vacías del comedor con una bandeja llena de comida. Me iba a poner como una foca… – ¿Tienes que contarme algo?
- ¿Yo? – se señaló con el dedo. – ¿El qué? – se metió en la boca un trozo de fruta y lo masticó lentamente.
- Nada – me incliné hacia la bandeja y pinché con el tenedor un pedazo de melón.
Era imposible que ella estuviera también embarazada.
Comimos en silencio, parecía que ambas estábamos demasiado hambrientas. La miré con los ojos entrecerrados cuando se metió el último trozo de fruta en la boca y lo saboreó lentamente, ¡incluso cerró los ojos!
- Rosalie – ella me miró con el ceño fruncido. – De verdad, soy yo, ¿no tienes nada que decirme?
- ¡Que no coño, Bells!
- Entonces – me crucé de brazos y me eché hacia atrás en la silla, apoyando la espalda en el respaldo. – ¿Por qué coño has comido como si alguien te fuese a quitar la comida?
- Joder Isabella, como estamos hoy. Tenía hambre, no me ha dado tiempo a desayunar porque Emmett me ha echado el mejor polvo del día y…
- ¡No! – le corté. – No quiero saber nada más – me tapé las orejas con las manos.
- ¿Te pone cachonda Bells? ¿Te pone cachonda escuchar guarradas? – me dijo con voz sensual y acariciando mi mejilla con el dorso de su mano, lentamente.
- ¡Déjame! – aparté su mano de una manotazo.
- ¿Edward no te da tanto como quieres Bella, como necesitas? – alzó de nuevo su mano y pasó sus dedos por mis labios, acariciándolos lentamente, sensualmente.
- Como sigáis así, me vais a volver loco.
- ¡Lárgate Mike! – exclamamos a la vez.
- Joder como están las mujeres hoy – alzó la mirada al techo y dando media vuelta se largó de allí.
Miramos como Newton se iba del comedor y después nos miramos fijamente, la una a la otra.
- ¿Es solo que tenias hambre? – le pregunté después de unos segundos, picándola.
- Sí, Bella, sí – rodó los ojos. – ¿Qué pensabas que… – abrió los ojos de par en par y tragó en seco. – ¿No pensarías que yo… que… podría… que yo…
- Sí, pensé que podrías estar igual que yo – le señalé mi vientre.
- ¡Estas de coña! – gritó. – Bastante tengo con una princesita y su… padre, como para ir a por un segundo – susurró tan cerca de mi cara que si me inclinaba un poco hacia ella, nuestros labios se podrían juntar.
- Rose, necesito mi espacio – le pedí apartándome un poco de su rostro.
Su cercanía me estaba poniendo nerviosa, no sabría decir exactamente la razón, pero las hormonas tenían mucho que ver en ello…
- Enserio, ¿Edward ha flaqueado en la cama? – rió apartándose de mi lado.
- ¿Por qué preguntas eso, exactamente?
- Te estabas poniendo nerviosa – murmuró sensualmente acercándose de nuevo a mí. – ¿Te pongo nerviosa Bells?
- ¡Oh dios! Claro que me pones nerviosa – alcé la mano y detuve su cara. – Me pone nerviosa que confundas las cosas – bromeé. – Lo siento rubia, pero soy mujer de un solo hombre – enfaticé hombre para que le quedara claro. – Además – añadí, – las rubias no son mi tipo – reí.
- ¡Oh! Hieres mi ego – se llevó la mano a su corazón. – Hubiésemos hecho una pareja perfecta nena, ambas nos complementamos perfectamente – se inclinó hacia a mí y besó me mejilla. – Ahora si me…
- Mamá – la interrumpió Liz con la voz temblorosa.
¿Qué hacía mi hija fuera de clase?
La observé reprendiéndola con la mirada. Tenia que estar en clase, pero tan pronto como me fijé en su rostro… endulcé mis facciones y abrí los brazos para que viniera a mí, se veía abatida y tiritaba ligeramente, eso por no comentar, que mordía su labio inferior evitando que éste temblara y sus ojos estaban cristalinos.
- ¿Qué ocurre? – le pregunté levantándome de la silla y abrazándola.
- Mamá – sollozó apretándome con sus brazos.
- Liz cariño, tranquilízate – Rose le acarició el cabello y me miró preocupada.
- Mamá – repitió por tercera vez.
Me senté llevándola conmigo, se sentó en la silla que antes ocupaba Rosalie y dijo:
- No me viene el periodo – sollozó.
Tiesa, tensa, nerviosa, acojonada, enfurecida… esos eran unos pocos sentimientos que estaba sintiendo en estos momentos.
A Rosalie parecía resultarle divertido ya que no dejaba de sonreír que a mi hija no le bajara la regla, pero a mí, lejos de hacerme gracia…
- ¿Qué te hace tanta gracia? – le ladré mientras asimilaba lo que mi hija de dieciséis años me había dicho.
- Creías que yo podía estar… – señaló su vientre con su dedo índice. – Y mira tú por dónde, que la que puede que esté… – volvió a señalar su tripa. – No soy yo – rió.
- Rose – gruñí. – No me hace gracia – aparté a Liz de mi cuerpo y la miré ignorando las carcajadas de mi supuesta rubia amiga. - ¿Desde cuándo tienes… – no podía preguntarlo, no en voz alta.
Como Elizabeth estuviese embarazada, Jacob me iba a matar… y yo antes de que lo matara Jake, iba a matar a Tony.
¿Cómo se le ocurría dejar a mi pequeña embarazada?
Ese… pequeño y yo íbamos a tener una buena charla… y Liz, no se iba a librar tampoco.
- No lo sé – lloró.
- ¿Cómo que no lo sabes? – inquirí alarmada. – ¿No lo apuntas?
- Se me olvidó.
Joder… pasé la mano por mi cabello y miré a Rose, la cual, ahora estaba muy seria.
- Vamos – alargó sus manos hacia a nosotras.
- ¿A dónde? – le pregunté.
- Al baño.
…
Llevábamos dos largos minutos esperando a que el predictor nos diera un resultado y por el bien de todo el mundo, esperaba que fuese negativo. Mi hija todavía era muy joven para ser mamá y no estaba preparada para ello.
- ¿Por qué llevas un predictor en el bolso? – le pregunté a Rose apartando las imágenes de Liz con un bebé en brazos de mi cabeza.
- Tenias razón – me sonrió dulcemente. – No solo no he podido desayunar esta mañana gracias a las atenciones de Emmett, puede ser que yo… esté…
- ¿De verdad? – mis ojos brillaron por la emoción y una sonrisa se dibujó en mis labios.
- Sí – asintió con la cabeza.
- ¡Eso es fabuloso Rose! – la abracé sin soltar la mano de Liz de entre mi mano derecha.
- Bueno… – me respondió el abrazo. – Solo llevo unos días de retraso…
- ¿No tienes otro predictor? – negó con la cabeza. – Vaya…
- Mamá – me giré para mirar a Liz. – Ya han pasado los cinco minutos.
Su cuerpo temblaba, sus lágrimas caían por sus mejillas y su mano estaba muy sudada, síntoma de que estaba muy, pero que muy nerviosa. Igual que yo.
- Rose, haznos el favor – le pedí.
Rosalie se acercó al lavabo y miró el predictor.
- Negativo – dijo sin darse la vuelta.
- ¿Qué? – le pregunté acercándome a ella y tirando de Liz.
- Negativo – repitió.
- Liz – encaré a mi hija. – ¿Estás segura de que tienes un retraso? – asintió sin apartar la mirada del suelo. – No me fio Rose – me giré hacia ella. – Mira lo que pasó conmigo, vamos al hospital.
…
Yo sabía muy bien que la excusa que le había dado al director del colegio era buena. A Liz no le hizo falta actuar como lo habría hecho yo con su edad cuando quería librarme de alguna clase, su cara mostraba que no estaba muy bien, así que el director, nos dejó ir al hospital a que la revisaran… pero, Rose, no sé cómo, ni que le dijo, pero aquí estaba en la sala de espera con nosotras dos, a la espera de que Kate nos atendiera.
- Rose – la llamé. – ¿Por qué no le dices a Kate que te haga análisis de sangre y sales de dudas de si estas o no embarazada?
- Sería buena idea – me contestó.
- ¿Pero? – inquirí con una sonrisa.
- ¿Acabar con los nervios de saber si estoy o no embarazada? – preguntó… no sé si burlona o no, porque había algo extraño en esa pregunta que no supe descifrar.
- Eres masoca – reí.
- Lo soy – sonrió.
- ¿Estás segura de que no quieres saberlo?
- No, Bella no estoy segura de nada – la miré con el ceño fruncido cuando su voz tembló.
- ¿Qué ocurre Rose? – musité para que Liz no me escuchara.
-Nada – apartó la mirada de mí y clavó sus ojos en un punto fijo de la pared.
- Rose – susurré. – Soy yo.
- Luego Bells – me dijo antes de que la enfermera llamara a Liz.
Edward POV
Aparté la mirada del monitor al escuchar unos golpes en la puerta.
- Pasa – dije a… alguien.
La puerta se abrió lentamente y por la rendija, asomó mi madre la cabeza.
- ¿Mamá? – le pregunté sorprendido de verla allí y levantándome de la sillón. – ¿Qué haces aquí? – me acerqué a ella y besé sus mejillas.
- ¿No puedo venir a hacerle una visita a mi hijo? – inquirió indignada.
- Claro – le ofrecí la silla de enfrente de mi escritorio.
- Además hijo – se sentó. – No solo trabajas tú en este hospital.
- Papá está en una reunión – me senté enfrente de ella, en mi sillón.
- Lo sé, por eso me he pasado por aquí – sonrió maliciosamente.
- ¿Soy tu segunda opción? – inquirí divertido con una ceja alzada.
- No. Iba a venir más tarde de todas formas. Apenas te veo y eso que aun vives en casa – se quejó.
- Lo sé – contesté avergonzado.
Desde que me había enterado de que Bella estaba embarazada, dormía a menudo y pasaba más tiempo en su casa que en la de mis padres, donde actualmente, seguía "viviendo". Estaba pendiente de ella siempre que estábamos juntos e incluso cuando estábamos separados estaba atento a ella, le llamaba por teléfono, le mandaba mensajes…
- Además quería informarme de cómo esta mi futuro nieto – dijo sacándome de mi ensimismamiento. – ¿Qué tal está Bella?
- Bien – le respondí.
- ¿Solo bien? – alzó una ceja.
- Bueno, hoy parecía bastante cansada.
- ¿Y ha ido a trabajar? – su tono alarmado me asustó incluso a mí.
- Sí.
- ¡¿Y se lo has permitido? ! – gritó levantándose de la silla.
- No, claro que no se lo he permitido – le contesté molesto cruzándome de brazos. – Ella es muy cabezota – gruñí. – Por más que le he pedido, que le he suplicado que se quedara en casa, no me ha hecho caso – bufé.
- Es igual que tú – dijo por lo bajo apartando su mirada de mí.
- Yo no soy terco – me enfurruñe como lo hacía, hace mucho tiempo.
- Eres un cielo cariño – mamá se acercó a mí y acarició mi mejilla con su mano. – Sigues siendo igual de adorable que cuando tenias cinco años – se burló. – Pero espero que estés cuidando bien a Bella.
- Sí mamá – rodé los ojos ignorando sus comentarios.
- Edward hablo enserio. Espero que Bella esté en buenas manos – la miré fijamente sin entender por qué tanta preocupación.
- Mamá, ¿Tanya estuvo mal conmigo cuando estuvo embarazada? – le pregunté incrédulo.
- No, claro que no, siempre tuvo de todo. Pero quiero que hagas bien las cosas con Bella, se la ve una buena mujer y…
- Lo es – le corté.
- Y – prosiguió pero fue interrumpida de nuevo por la puerta.
- Adelante – dije.
La puerta se abrió lentamente y la cabeza de mi hermana se asomó por la puerta como había hecho mi madre minutos antes.
- ¡Estas aquí! – le dijo a mamá. – He ido al despacho de papá donde se supone que debías esperarme y…
- Tu padre está en una reunión – le interrumpió ella en tono seco.
- Ya lo sé mamá, vengo de allí – cerró la puerta de mi consultorio y se acercó a mi madre. – Podrías haber avisado guapa – se cruzó de brazos y la miró fijamente, desafiándola con la mirada.
Y yo miraba la escena entre divertido y asqueado, cada vez que se ponían así acababan gritando a todo el mundo que se les pusieran delante y… ¡estábamos en un hospital!
- Me he dejado el teléfono en casa y está más que claro que si no estoy donde tu padre, estoy donde tu hermano – se cruzó también de brazos y se giró hacía a mí.
Tragué en seco.
- Lo que te decía Edward, espero que estés tratándola bien y sepas mantener bien sus antojos.
- Ya te he dicho que no le falta de nada mamá – me quejé.
- Que adorable – se burló Alice mirándome cariñosamente. – Es tan tierno, cómo cuando tenia diez años – rió. – Eres una ricura cuando te enfadas hermanito.
- ¿Verdad que sí? – inquirió mamá mirándola.
- ¡Oh por favor! Callaos – me levanté del sillón y caminé hasta la puerta. – Si no os importa – cogí el pomo de la puerta – tengo pacientes que atender – la abrí y las invité con un ademán con la cabeza a que abandonaran la estancia.
- Edward, hijo – dijo mamá dulcemente. – Tu turno ya ha acabado, el único paciente que tienes que atender…
- Toc, toc – dijo Jazz tocando la puerta con sus nudillos. - ¿Se puede?
Quería decirle que no, que no entrara hasta que Alice se fuera. Cuando estos dos se juntaban eran peor que cuando lo hacían mamá y ella. Eran como el gato y el ratón, y no sabría decir quién era el gato y quién el ratón.
Además tenia trabajo que hacer.
- Claro Jasper – le respondió mi madre abriendo sus brazos.
- ¡Oh! ¿Estabais reunidos? – preguntó preocupado entrando al consultorio.
- No cariño – lo abrazó mamá. – Solo hemos venido a hacerle una visita. ¿Qué tal estas?
- Muy bien Esme, ¿y tú?
- Muy bien también. Haciéndole una visita al zoquete de mi hijo, que me tiene abandonada – dramatizó.
- Si, pasa mucho tiempo en mi casa – se quejó Jazz mirándome de reojo.
Rodé los ojos y volví a cerrar la puerta para dirigirme al sillón.
¿No iba a poder estar hoy tranquilo, para acabar de rellenar los informes?
Escuché parte de la conversación que las tres personas estaban teniendo en mi consultorio, mientras acababa de hacer mi trabajo. Me pareció de lo más extraño ver como Alice y Jasper se aguantaban el uno al otro… antes estarían discutiendo como si la vida les dependiese de ello, pero ahora, incluso casi acababan sus frases… dejé de pensar en ello, me tenia que concentrar en acabar esto y salir lo antes posible de aquí para ir a ver a Bella. Esperaba que se encontrara bien, sino…
- Señor Cullen – el intercomunicador me sacó de mi burbuja.
- Dime Ángela – respondí apretando el botón.
- La Dra. Denali le requiere en urgencias – miré el aparato que descansaba encima de mi escritorio con el ceño fruncido.
- ¿Te ha dicho para qué?
- No. Solo me dijo que debería de bajar… ya – me levanté rápidamente del sillón.
- No toquéis nada – les advertí a los presentes. – Ahora vuelvo.
- Edward tengo que hablar contigo.
- Después Jazz – le dije saliendo de la consulta. Me despedí de Ángela con la mano y anduve con paso rápido hacia el ascensor.
No me llevó más de tres minutos estar en urgencias. Caminé hacía el mostrador y pregunté por Kate. Después de que me dijeran en que Box se encontraba, caminé hacia allí, pero me detuve en cuanto vi a Rose en la sala de espera. Casi corrí – no lo hice ya que estaba prohibido – hacia ella y me paré justo enfrente suyo.
- ¿Qué ha pasado? – inquirí alterado mirando hacia todos lados.
Escuché como los engranajes de mi cabeza hacían su trabajo y me quedé blanco cuando vi la cara de Rose llena de preocupación y llegué a la conclusión, de por qué Kate me había llamado.
Algo había pasado con Bella.
- ¿Qué le ha pasado? – la cogí de los hombros sin darle tiempo a contestar a mi primera pregunta y la levanté de la silla donde estaba sentada. - ¿Qué le ha pasado a Bella? – la zarandeé un poco.
- Nada, joder, Edward – se quejó apartando mis manos de sus hombros con un par de golpes. – A Bella no le ha pasado nada – comenzó a frotarse los hombros. – ¡Bruto! – me mató con la mirada.
- Entonces… - miré de nuevo hacia todos lados. - ¿Qué haces aquí?
- Porque he acompañado a Bella – me volvió a asesinar con la mirada cuando abrí la boca para volver a preguntarle por ella. De todas formas… ¿qué hacía yo allí hablando con ella, pudiendo entrar en el box y mirar que ocurría con Bella y Kate? – Es Liz – añadió rápidamente.
Me giré y salí de allí como un rayo escuchando como Rosalie me llamaba, pero no me iba a detener. No era Bella la que estaba mal, pero quería a Liz como si fuese mi propia hija, en el poco tiempo que la había conocido, ella misma me había enseñado a quererla y yo había aprendido a hacerlo.
Toqué la puerta con los nudillos y esperé a que me dieran permiso para entrar, no quería encontrarme a Liz en una situación… vergonzosa. Si Kate estaba ahí… sería por algo respecto a su… intimidad.
En cuanto oí la voz de Kate, entré al box, acojonado, porque no sabía lo que me iba a encontrar, pero suspiré aliviado al ver que las dos estaban bien. Tras echar un rápido vistazo a todo y todas, me acerqué a ellas y puse una mano en el hombro de Bella, dándole apoyo. Estaba sentada al lado de Liz en un par de sillas mientras Kate hablaba con ellas.
Por favor que sea una infección de orina – me repetía mentalmente una y otra vez desde que había entrado ahí.
- ¿Qué ocurre? – inquirí mirando a Kate.
- Será mejor que… - iba a matar a Tony como hubiese dejado a Liz embarazada. - ¿Edward?
- ¿Qué?
- Siéntate por favor, tenemos que hablar contigo.
Definitivamente lo iba a matar…
- ¿Qué ocurre? – pregunté mirando de reojo a Liz.
- ¿Puedo… puedo esperar afuera? – inquirió Liz con la cabeza cabizbaja.
- Claro cariño, vete con Rose a la sala de espera, dile que ahora salimos.
Esperamos a que Elizabeth saliera del box antes de que Kate hablara.
- Os voy a echar la bronca por igual – advirtió. – A ti – me señaló, - por no hablar con Tony seriamente sobre todo lo que hace. ¡Es tu hijo Edward! Necesita saber que limite tiene que poner en esas situaciones, y a ti – señaló a Bella, pero antes de que dijera nada, la interrumpí.
No me estaba enterando de nada y por mi cabeza sólo pasaban las mil formas de matar a mi hijo.
- Espera, me he perdido. ¿De qué me estás hablando?
- Tu hijo no deja de… hacerlo con su hija. Haz el favor de ponerle un límite, ya que Bella no parece saber ponérselo a Elizabeth y así nos evitaremos sustos, como éste. No es nada agradable y menos para una mujer embarazada y eso me conduce a ti – miró a Bella. – Necesitas reposo y controlar a Liz, no es bueno, como he dicho antes, estos "sustos" – hizo las comillas con sus dedos – no son buenos para ti. El bebé siente todo lo que tú sientes, estas cansada, solo hay que verte, necesitas reposo…
- Ahora lo tendré, cuando acabé el…
- No – le interrumpió igual que Bella había hecho. – Lo necesitas ya, no vas a ir a trabajar, te voy a dar la baja…
- Pero…
- No – volvió a cortarla. – Bella, he leído tu informe, no te viene bien que te estreses y que desgastes así energías. Necesitas descanso.
- Eso le he dicho yo – dije sentándome en la silla que había estado Liz y cogiendo la mano de Bella.
- ¡Tú cállate! – Kate alzó la voz. – Tú tienes tanta culpa como ella. ¡Dios Edward, eres médico! No solo basta con que se lo digas, oblígala. No hay riesgo de que te ocurra lo mismo que… que tú último embarazo – suavizó la voz. – Pero necesitas cuidarte.
- Lo haré – suspiró Bella agachando la mirada a sus manos.
- Claro que lo harás, empezaras hoy mismo.
No nos dejó replicar más. Ambos quedamos con las cabezas cabizbajas por sus riñas mientras rellenaba la baja de Bella.
- Cuídate Bella – nos despedimos de Kate en la puerta del box. – Y tú habla con Tony, Edward.
- Esta misma tarde.
Caminamos hasta la sala de espera donde Rose y Liz hablaban tranquilamente.
- Dile a Rose que lleve a Liz a clase, tú te vienes conmigo – le dije a Bella.
- Yo llevaré a mi hija a la escuela – me dijo en tono enfadado.
Detuve mis pasos y también los de ella.
- Bella, amor – me puse frente a ella. – Has oído a Kate, tienes que descansar – acuné su rostro y besé suavemente sus labios, ignorando las miradas curiosas de las enfermeras.
- Lo sé, pero llevaré a Liz al colegio y…
- No – la corté. – Rose se llevará a Liz y tú vendrás conmigo a casa.
- No voy a dejar que Rosalie se ocupe de mi hija – se quejó apartando mis manos de su cara con un empujón.
Aquí venían… ¡benditas hormonas y sus cambios de humor!
Suspiré y volví a la carga.
- Amor, a Rose no le importara y…
- ¡No estoy invalida Edward! Solo embarazada – dijo entre dientes.
- Lo sé, por eso necesitas reposo Bella. Últimamente no duermes mucho, necesitas hacerlo – acaricié su mejilla.
Bella cerró los ojos ante mi roce y suspiró. Me encantaba verla así, era igual que cuando le hacía el amor y le decía una y otra vez lo feliz que era por tenerla en mi vida.
- No quiero que Rose cargue…
- No va a cargar con Liz, solo la llevará al colegio y tú vendrás conmigo a casa – le interrumpí.
- ¿Y quién irá después a por ellos? – abrió los ojos y los enfocó en mí. – Edward tengo que ir al colegio, Seth y Liz no tienen como volver a casa.
- Jasper irá a por ellos en cuanto salgan – traté de tranquilizarla. – Deja de pensar en cómo volverán, eso es lo de menos, ahora lo importante es que tú vayas a descansar – me incliné lo justo para besar su frente. – Ahora vamos a decirle a Rose, que ya se pueden ir.
Nos pusimos en marcha de nuevo y nos acercamos a ellas. Le dijimos que volvieran a la escuela, que yo iba a llevar a Bella a casa ya que Kate le había dicho que tenia que descansar y le había dado la baja hasta nueva orden.
Después de despedirnos de las chicas y Bella le advirtiera a Liz que iban a hablar en casa muy seriamente, nos dirigimos hacía mi consulta. Esperaba que todo el mundo se hubiese ido, pero al parecer ser, mis pequeños ruegos no llegaron a los oídos de los grandes y tuve que encontrarme no solo con las tres personas que ya había dejado allí, sino que se les había unido a la "fiesta" mi padre.
- Hola Bella – saludó mamá en cuanto la vio entrar a la estancia.
- Hola Esme – dijo sin ganas.
- ¿Qué te pasa corazón? – inquirió mi madre abrazándola.
- Edward… - ni siquiera le dejó terminar la frase mamá.
- ¡¿Qué le has hecho? ! – soltó a Bella y me enfrentó.
- Nada – intenté defenderme.
- ¿Y por qué está así? – gruñó.
- Porque está cansada y necesita descansar.
- ¡Oh! – se giró para mirarla. – Bella, no tienes muy buen aspecto – observó. Pasé por al lado de mi madre para sentarme en una de las sillas. Todos se encontraban de pies. – Será mejor que vayas a casa a descansar – observé a Bella que apartó la mirada de mi madre y la clavó en mí. – Vamos a casa, yo te llevo.
- Mamá – me levanté de la silla y me situé al lado de Bella. – Yo la llevo a casa…
- No puedes – me cortó papá. – Tenemos una urgencia y te necesitamos.
- Pero papá, ya he acabado mi turno y ya hablamos sobre las urgencias – me quejé como si tuviese ocho años.
No me importaba atender una urgencia, pero ahora me resultaba más urgente llevar a Bella a casa y obligarla a descansar, porque sabía que por ella misma no lo iba a hacer.
- No te preocupes Edward, yo la llevo a casa y la ayudo – dijo mamá.
- Sí, porque a mi todavía me quedan un par de horas para salir – añadió Jazz.
- Y yo… bueno yo… - era raro ver nerviosa a Alice… pero ahora mismo estaba muy nerviosa y no le veía sentido.
¿Por qué Alice se ponía así cada vez que hablábamos algo relativo a Bella?
Sabía que Bella y ella no congeniaban porque no se habían dado una oportunidad para conocerse, pero Alice ya había hecho algunas cosas por ella muy amablemente y sin quejarse. Simplemente no lo entendía…
- Puedo coger un taxi y…
- ¡No! – dijimos todos a la vez, incluido mi padre.
- Te vienes conmigo, yo te llevo a casa y cuido de ti mientras Edward ejerce su trabajo – dijo mamá.
- Esta bien, Edward tenemos que irnos ya – me dijo papá en cuanto su busca sonó.
Me despedí de Bella rápidamente, ya que la urgencia que tenia que atender parecía ser bastante grave. Mi padre y yo salimos corriendo dejándolos a todos ellos en mi consulta.
- Es una niña de nueve años… – comenzó mi padre a decirme lo que había pasado y como venia la niña, en estado crítico.
Me preparé tan mentalmente como pude para la situación que se me presentaba. Dejé de lado a Bella y su estado cansado – no tan de lado, pero lo suficientemente como concentrarme en mi trabajo, – y me centré en la niña a la que tenia que salvar la vida.
Bella POV
No sabría decir por qué razón o la razón exacta de por qué Esme, la madre de Edward, me ponía tan nerviosa. Era una fantástica mujer, una gran mujer, cuidaba de sus hijos como una buena madre lo hace, quería a sus personas cercanas tanto que no le costaba demostrarlo con acciones, pero yo, yo me sentía como una adolescente cuando estaba a su lado, como si tuviese de nuevo dieciséis o diecisiete años y empezara a conocer a la madre de mi novio. Prácticamente era lo que estaba haciendo, empezaba a conocerla ahora, pero no entendía porque me ponía tan nerviosa.
- ¿Te encuentras bien cariño? – íbamos en su coche de camino a mi casa cuando me sacó de mi ensimismamiento.
- Sí – susurré casi sin voz.
- Deja de temblar, no te voy a morder – miré hacia su dirección, Esme sonreía amplia y amablemente dándome una tranquilidad que hasta ahora, a su lado, no sabía que tenia. – Relájate – me guiñó un ojo y miró hacia la carretera.
Lo intenté, lo intenté por todos mis medios, pero me resultaba imposible, al menos, dejé de temblar de cuerpo entero, ahora solo me temblaba la pierna derecha y me sudaban las manos.
Para mi suerte, llegamos rápido a casa, muy rápido, no sé qué problema tenia esta familia con el coche y presionar el pedal del acelerador hasta que tocara la moqueta, pero Edward, Rose y Emmett, que era con los que había montado de momento, conducían de la misma forma, como lo acababa de hacer Esme.
Bajé del coche y me preparé para despedirme. Esme ya me había acercado a casa, así que ya podía entrar y descansar hasta que mis hijos regresaran del colegio. Me sorprendió que ella también se bajara. La miré inconscientemente con el ceño fruncido, por supuesto ella me vio y en cuando se fijo en mi frente arrugada, me mostró una amplia sonrisa mientras se acercaba a mí.
- No creerías que te iba a dejar sola, ¿no?
- Bueno… yo… pensé…
¡Deja de tartamudear y de ponerte nerviosa, y respóndele algo racional!, me reprendí mentalmente.
- No pienses que te voy a dejar sola – cogió mi brazo y tras cerrar el coche con el mando a distancia, me guió hasta la puerta principal de la casa. – Voy a cuidar de ti como dije antes hasta que Edward o Jasper vuelvan.
No le respondí nada, no veía la forma de hacerlo, seguía nerviosa y para soltarle cuatro palabras sin sentido, prefería quedarme calladita. Así que, me enfoqué en mi bolso y saqué las llaves, las cuales desaparecieron de mi mano en un abrir y cerrar de ojos. Esme me las había arrebatado.
No tenia fuerzas ni para quejarme, ni para pelear y comenzar una estúpida discusión por culpa de las llaves… las hormonas - ¡malditas hormonas! – volvían a la carga e intenté y logré mantenerlas a raya.
Abrió la puerta de casa y me invitó a pasar delante de ella, no lo dudé y entré. Fui directa hacía las escaleras, la cama me llamaba a gritos.
- Bella – me detuve en el primer escalón y me giré para mirar a Esme. – No conozco tu casa. ¿Puedo andar como si fuese la mía propia? – la observé un tanto anonadada ignorando su pregunta. Edward tenia muchos rasgos físicos igualitos a los de su madre. – Quiero decir, ¿me das permiso para enredar y cotillear la casa y buscar todo lo que necesito para que tú te encuentres a gusto y cómoda mientras estás en tu cama? – y esa sonrisa que mostraba… Edward tenía esa misma sonrisa para algunas cosas y la misma sonrisa de Carlisle para otras…
- Claro Esme, siéntete como en tu propia casa – le contesté unos segundos más tarde.
Me giré y comencé a subir de nuevo las escaleras con ella a mis espaldas.
- ¿Tienes tu propio baño en tu habitación? – me preguntó colocándose a mi lado.
- Sí.
- Te voy a preparar un baño – dijo entrando a mi habitación después de mí. – Vete quitándote la ropa cariño.
Como si fuese una orden directa a mi cabeza, lo hice. Me quedé desnuda en apenas un par de minutos, tapé mi desnudez con una bata de franela. No quería sentirme tan "expuesta" ante ella.
- Ya esta Bella – me dijo bajo el marco de la puerta del baño de mi habitación.
- Gracias Esme – susurré avergonzada.
- No tienes por qué darlas – se apartó de la puerta y dejó que entrara al baño.
Había encendido un par de velas perfumadas, la bañera estaba medio llena y el agua parecía estar caliente, ya que emanaba vapor. Me metí en la bañera después de cerciorarme que Esme no estuviera presente y de quitarme la bata. El agua, como había percibido, estaba caliente, la temperatura perfecta. Me acomodé en la bañera lo mejor que pude, apoyé la cabeza en el borde donde Esme había colocado una toalla doblada para ello y cerré los ojos dejando que el calor del agua, el silencio del baño y el olor de las velas, me inundara.
Después de salir de la bañera, secarme el cuerpo y el pelo, echarme crema y vestirme, Esme me obligó a tumbarme en la cama. Me cocinó y no me dio de comer porque le robé el tenedor antes de que pinchara en las pechugas de pollo que me había hecho. Cuando acabé de comer, me obligó de nuevo – este debía ser el fuerte de la familia, obligar a una lo que no quiere hacer, yo prefería estar haciendo todo lo que me quedaba por hacer y preparar los exámenes para el final del trimestre, pero no, Esme tenía otros planes para mí, – a meterme en la cama y echarme una cabezadita. Bueno, a la cabezadita no pude negarme, estaba molida y necesitaba cerrar los ojos todas las horas posibles que pudiera e intentar no tener pesadillas, cosa imposible, ya que no había estado haciendo otra cosa por las noches que tener pesadilla tras pesadilla.
Y aquí estaba, tumbada en la cama mirando al techo, con las ventanas cerradas y las cortinas corridas. Pensando en nada en particular y esperando que mis ya pesados parpados, se cerraran y rezando que por una vez, las pesadillas desaparecieran.
…
Sentí que la cama se hundía a mi lado, me acurruqué mejor y cerré más fuertemente los ojos, no tenia ninguna gana de abrirlos, aun quería dormir, estaba muy cansada.
Sentí como unos labios calientes se posaban sobre mi cara y besaban aquí y allí, recorriéndome la parte derecha del rostro. Intenté apartar con la mano la pequeña molestia que estaba causando que mis ojos se fueran abriendo poco a poco, pero me detuvo otra mano.
Abrí los ojos un poco cuando escuché la floja risa de…
- Despierta dormilona – susurró Edward en mi oído.
- Tengo sueño – le contesté cortando un bostezo.
- Pero tienes que cenar, luego podrás seguir durmiendo.
- ¿Qué hora es? – acabé de abrir los ojos y miré hacia la ventana.
No me había fijado pero el cuarto estaba sólo alumbrado por la luz de la lamparita de la mesilla.
¿Tan tarde era?
¿Tanto había dormido?
- Las nueve – rodeó mi cintura con su brazo y me atrajo hacía su pecho.
- ¿Qué? – inquirí apartando su brazo y sentándome en la cama. - ¿Por qué no me has despertado antes? – le reprendí.
- Porque estabas preciosa durmiendo – susurró sin apartar sus ojos de mí.
Lo miré más atentamente. Había venido a despertarme como siempre hacía, pero había algo en su mirada que me decía que él no estaba bien. Me tumbé de nuevo en la cama y lo miré más fijamente a los ojos, estudiándolos.
Su verde mirada estaba apagada e incluso tenía los ojos cristalinos. Alcé la mano y acaricié su mejilla con la palma de la mano. Edward cerró los ojos fuertemente y suspiró acercando su cara más hacía mi mano, hacia mi caricia.
- ¿Qué ocurre? – pregunté en tono suave.
- Na… da – se le rompió la voz.
Me resultaba tan raro ver a Edward en ese estado. Nunca lo había visto así, si lo había visto decaído y triste en algunas ocasiones cuando volvía del trabajo, pero nunca tan apagado como ahora.
- Edward – lo llamé para que abriera los ojos, cosa que no hizo. - ¿Qué ocurre?
Pasó su brazo por mi cintura y sin abrir los ojos, me pegó a él y enterró su cara en mi cuello.
- La he perdido – susurró con voz ahogada.
- ¿A quién? – le pregunté con el corazón alterado y asustada.
- La urgencia que tenía – me apretó en su abrazo. – Era una niña… la he perdido, no pude hacer nada por ella – hundió más su cara en mi cuello.
Su cuerpo estaba temblando, incluso podía sentir mi cuello húmedo, pero no sabía decir si era por su hálito o por las lágrimas. Lo apreté con mí y besé sus cabellos.
- Estaba muy crítica, no pude hacer nada y… y… ¡dios!
- Edward – cogí su cara con mis manos y lo aparté de mí. Sentía el mismo dolor que él por esa perdida, pero no quería verle tan derrotado, me dolía verle así. Le obligué a que me mirara a la cara antes de hablar. – No ha sido tú culpa cariño. Tú mismo has dicho que estaba muy mal, tú solo has hecho lo que has podido amor.
- Pero…
- No – le interrumpí. – Nada de peros. No sé que le habrá pasado a la niña para ir en estado crítico, pero tú has hecho lo que has podido, no te culpes, tú has hecho todo lo que ha estado en tu mano para poder salvarla – le dije tan sinceramente como pude.
Nos quedamos mirándonos largos minutos a los ojos. Los suyos comenzaban a tener esa chispa de vida que había desaparecido hoy, los míos… comenzaban a estar cristalinos, sentía unas ganas de llorar inmensas.
- Te amo – susurró dejándome helada.
Nunca, jamás me había dicho que me amaba.
Mi corazón se paró y después se saltó un par de latidos antes de ponerse a correr como loco. Nerviosa, no sabría decir si era la palabra exacta para describirme en este momento, pero frenética, venia muy bien conmigo ahora mismo.
- Te amo más que a mi vida – añadió al ver mi mutismo.
Sonreí sin poder evitarlo. Las comisuras de mis labios se estiraron hacia arriba para dibujar una deslumbrante sonrisa en mi todavía adormilado rostro.
Me acerqué a Edward y besé sus labios castamente.
- Y yo a ti – volví a juntar nuestros labios. – Te amo Edward – y volví a juntar nuestras bocas en un beso devastador.
Hola! tarde, tardísimo, pero aquí estoy, cumpliendo :-P. Excusas... bueno, diré que ando con menos tiempo libre... por eso la tardanza.
Espero que hayáis disfrutado del capitulo y que no me castiguéis por el retraso dejándome sin vuestros comentarios que son el motor de que esto siga adelante.
Como siempre, muuuchiiisimas gracias por vuestros reviews, alertas, favoritos y por leerme, bienvenidas a las nuevas lectoras.
También quiero agradecer (no por su existencia como me ha dicho ella ¬¬) a tlebd, que como ella bien sabe, es uno de los pilares más importantes de mi vida. Nena, sin ti estaría perdida en muchas ocasiones, igual si que tengo que agradecer tu existencia... perra! jajaja. Ya sabes cuanto te quiero! Ah! por supuesto, gracias por tu ayuda con el capi. También quiero agradecer a silves y a Yzza por aguantarme también, jijiji, todo el mundo sabe que la vida no es fácil, por eso agradezco que hayáis entrado en la mía facilitándome muchas cosas que yo creí complicadas ^^.
Y ahora con tanto "lloriqueo" me despido hasta el próximo capitulo. Espero poder escribir tan rápido como pueda.
Un abrazooooo!
