DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
LA HEREDERA
CAPITULO 35
Bella regresó al hotel con el tiempo casi justo para ducharse antes de que cerraran la cocina del restaurante.
Durante el último mes había ocupado cada día de la mañana a la noche. Para cuando la hora de irse a la cama llegaba, estaba exhausta y no tenía fuerzas para pensar en Edward. Por esa razón, no tenía la más mínima intención de cambiar su rutina.
Ese día había visitado la residencia, había supervisado las obras de la nueva ala de la clínica pediátrica en la que estaba colaborando, y se había hecho un tiempo para pasarlo con el pequeño Nahuel.
Bella había vivido el parto de ese niño de principio a fin, y era por eso que el pequeño era tan amado como si fuera su propio hijo. El hecho de que además fuese un pequeñín muy listo y simpático, era un plus.
En ese momento sólo quería cenar algo antes de encerrarse en su despacho para dar un vistazo a las cuentas del hotel.
Había bajado bastante de peso ya que este último mes había descuidado mucho su alimentación, pero tras la preocupación de sus amigos Charlotte y Mark, se obligaba a no saltarse las comidas, aunque no siempre lo hacía.
Entró al restaurante y se sentó en el sitio más alejado de la barra, su lugar preferido.
- ¿Qué te sirvo, Bella? – le preguntó Amun, el camarero que estaba tras la barra
- Mmm, lo que sea – dijo apática abriendo el periódico que había traído consigo desde la recepción
- ¿Lo que sea? ¿Y me aseguras que comerás lo que te sirva? – preguntó el hombre que también estaba preocupado ante la evidente pérdida de peso de la chica
Bella sonrió ante el atrevimiento del hombre.
- Sí, pero no te pases, eh
Edward estaba sentado en el reservado más apartado del restaurante.
Había llegado esa tarde al hotel y se había instalado. Para su fortuna, la recepcionista que le había recibido era nueva y no le había conocido. Fue sencillo alojarse sin que nadie se lo dijera a Bella. Fue sencillo también preguntar por Bella sin llamar demasiado la atención.
La chica le informó que Bella no pasaba mucho tiempo en el hotel, aunque acostumbraba cenar y desayunar en el restaurante del hotel.
Ya estaba pensando en retirarse resignado por no haberla visto.
Cuando al fin decidió que la buscaría a la mañana siguiente a la hora del desayuno, la vio entrar. Su corazón se aceleró al verla.
Estaba preciosa, tal como él la recordaba aunque quizás un poco más delgada.
Vestía unos vaqueros pitillo y un jersey azul que parecía muy abrigado. Sus Converse negras completaban su atuendo.
Tenía el cabello recogido en un moño flojo, que dejaba caer unos suaves mechones que enmarcaban su rostro.
La vio comer el sándwich y la ensalada que el camarero dejó frente a ella.
Inspiró profundamente bebiéndose el último trago de su cerveza para infundirse valor, cuando la vio dar el último bocado a su comida y el camarero retiró los platos dejándole una taza de café.
Cogió la carpeta que llevaba consigo para Bella y se levantó.
Se acercó a ella lentamente. No habló hasta que estuvo de pie detrás de ella.
Bella sostenía la taza entre sus dedos mientras leía el periódico.
- Hola, Bella – la saludó nervioso
La manó de Bella tembló derramando unas gotas de café antes de que depositara la taza en el platillo.
Bella inspiró antes de voltear la cabeza y mirarle.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó cuando al fin encontró su voz
- Bells, tenemos que hablar – dijo sentándose a su lado en la barra
Estar finalmente a su lado, lo conmocionó. La había echado tanto de menos que no sabía cómo había podido sobrevivir ese mes y medio desde que ella lo abandonara sin siquiera una palabra de despedida.
- No tengo nada que decir y no hay nada que quiera escuchar – dijo evasiva volviendo su mirada al periódico
Sus dedos temblorosos hacían tremolar las páginas.
- Te fuiste sin decirme una palabra, Bella – argumentó Edward acongojado – Necesito escuchar de tu boca las razones para dejarme así. Necesito que me digas por qué no me diste la oportunidad de defenderme de lo que pensabas que había hecho.
- Hay hechos que dicen más que mil palabras, Edward. ¿Crees que necesito tus palabras? – replicó molesta – ¿Crees que quiero escuchar tus disculpas o excusas o lo que sea que quieras decir? Pues no, no me interesa escuchar nada que venga de ti
- Pues yo sí tengo cosas que decir, y sí tienes que escucharme
- Te equivocas, no tengo que hacerlo – espetó cerrando el periódico y levantándose de su asiento
- Espera – rogó poniendo la mano sobre la suya para detenerla – Espera, por favor
Sentir su tacto en su muñeca la estremeció tanto como a él, al tocar nuevamente su piel.
Movió el brazo zafándose de su agarre y le miró con fijeza.
- De acuerdo – aceptó Edward – Si no quieres hacerlo por mí, ni por ti, al menos lo harás por la fundación. Es importante.
- ¿La fundación? ¿Mi fundación? – inquirió interrogante – ¿Acaso tú y tus abogados habéis encontrado algún resquicio legal por el cual también podréis arrebatármela?
- Claro que no. Nunca lo haría.
- Sí, claro. He escuchado muchos "nunca" y muchos "siempre" de tu parte, Edward.
- Por favor, Bella. Si no quieres escucharme, al menos lee esto – dijo entregándole el sobre que llevaba
Bella tomó la carpeta que él le entregaba mirándolo sarcástica.
- La última vez que recibí un sobre así, me fui a la cama siendo bastante menos rica
- No te va el sarcasmo, Bells – replicó – Llévatelo y léelo. Es importante – dijo levantándose de su asiento y abandonando el bar
Bella estuvo unos instantes de pie en su sitio mirando hacia la puerta por donde Edward había salido.
Después de unos instantes salió del bar y se encerró en su despacho del hotel.
Sentada frente al escritorio miraba el sobre como a una bomba a punto de explotar en cuanto se decidiera a abrirlo.
Finalmente se decidió y lo abrió. Lo primero que encontró dentro, fue un documento legal.
No podía entender lo que significaba. Hasta donde entendía, Edward había donado a la fundación la totalidad de sus acciones de Swan Investments.
La Fundación Marie Dwyer era la propietaria del cincuenta por ciento de las acciones de Swan. No lo creía posible. Pensó en llamar a Royce pero no le parecía una hora prudente para molestar a su abogado. Lo hablaría con Edward. Al fin y al cabo era de él de quien necesitaba una explicación.
Buscó en el sobre y encontró también un ejemplar de la revista TIME. Eso sí la hizo temblar.
En la portada y bajo el titular "Isabella Swan. Conocemos realmente a La Heredera", había una foto suya.
Era una foto que le habían sacado para un artículo sobre modelos y actrices que habían comenzado muy jóvenes sus carreras, que la revista había publicado dos años antes.
Con prisa buscó el artículo en las páginas centrales.
Era un artículo de siete páginas, con fotos, entrevistas y copias de diversos documentos.
En él encontró todas y cada una de las portadas escandalosas que había protagonizado a lo largo de los años.
Junto a cada una de las portadas, había una detallada explicación de la realidad.
Desde una entrevista a su gran amigo Jacob Black y su novio, donde explicaba la razón para aquella primera exclusiva, además de la certeza de que nada de lo que se había dicho era cierto, así como el interés de Bella de ocultarlo para no perjudicarles a ellos; hasta su último escándalo, donde constaba la denuncia policial que la había eximido de todo cargo sobre posesión de drogas.
Había también un largo apartado sobre la fundación y la labor que allí llevaban a cabo.
Rosalie, Jacob, Mark y Jessica, además de un par de profesores de la universidad, eran las principales entrevistas. Todos ellos habían participado de una u otra forma en algún artículo denigrante sobre Bella, y todos estaban allí desmintiéndolos.
Se pasó las siguientes dos horas leyendo el artículo al completo y analizando cada detalle.
Sin dudas había sido requerido mucho trabajo de recopilación para ponerlo a punto, y sin dudas alguien lo habría leído y releído para evitar que se filtrara ni una sola palabra o interpretación que no fuese cierta.
Ese alguien seguramente había sido Edward.
Guardó los papeles en el sobre y salió del despacho rumbo a la recepción, donde se encontró con Tia.
- Buenas noches, Tia
- Buenas noches, Bella. Creí que ya te habrías retirado
- No, aún no. Tia, ¿puedes decirme en que habitación se hospeda Edward Cullen?
- Edward Cullen – dijo la chica accediendo al ordenador – Oh – sonrió – Es ese bombón que llegó hoy a la tarde – Bella arqueó una ceja haciéndola sonrojar – Lo siento. Habitación 615.
- Gracias, Tia.
Edward estaba sentado en una de las butacas de su habitación con un vaso de whisky en las manos.
Había esperado que Bella le buscara al ver los papeles, pero ya pasaban más de dos horas y no tenía noticias suyas.
Dejó su vaso sobre el bar, dispuesto a irse a la cama, cuando en la puerta sonaron dos suaves golpes.
Bella estaba allí cuando abrió.
- Hola, Bells – susurró
- Tenemos que hablar – sentenció Bella entrando a la habitación sin esperar a ser invitada.
Nuevo Capi. Al fin el reencuentro:
Gracias a todos por seguirme.
Adelanto del próximo capítulo:
- ¿Estás donando tus acciones a la fundación?
- Sí – asintió
- Pues no las acepto – refutó incómoda – No sé a dónde pretendes llegar con esto pero no me interesa
- No vas a rechazarlas
- Desde luego que sí. ¿Crees que me manipularás con ello?
- ¿Que te manipularé para qué?
- No sé – reconoció embarazosa – Para lo que sea que pretendas
Besitos y nos seguimos leyendo!
