Notas: Clare=NyoNueva Zelanda.
XXXV
― ¡Ya voy, espera un momento! ―Emily alza la voz avisando a su pareja que sigue afuera esperando a entrar. Gira hacia Arthur― Escóndete.
―La capa de invisibilidad se me quedó en el departamento de Scott. ―levanta las manos esforzando el sarcasmo, a lo que Emily mira para todas partes dónde podrá ocultar al inglés.
―Ven ―haciendo lo que hace, no es bueno, ocultar un hombre en su apartamento de otro hombre. Tomando del brazo a Arthur, cogiendo los papeles y los regalos, los mete a su habitación―. No salgas hasta que yo lo diga, ¿de acuerdo?
― ¿Gano algo?
―Una patada si no me haces caso. ―firme, cierra la puerta frente la cara británica, no muy relajada. Va al baño a mirarse en el espejo, se arregla todo lo posible, su cabello, su rostro, su forma de vestir, todo. Tan rápida que no se da cuenta que ha llegado a abrir la puerta a su novio, mostrando una sonrisa sorprendida, sin decir que hay una sorpresa más. Mentir, no la hacen sentir bien ni la mejor mujer del mundo.
Transcurren dos horas, Arthur ha estado escuchando detrás de la puerta de la habitación de Emily, escuchando las pláticas amorosas y socializadas. La vena le hierve al oír que el sujeto presente que no es él, menciona palabras lindas a la estadounidense, elogiando el rico almuerzo. Emily nunca le hizo un almuerzo, eso le enfada.
No se detuvo a escuchar, quería más. Una noticia le provocó una sonrisa, el novio de Emily se iba de viaje la próxima semana, un viaje de estudios por tres semanas aproximadamente a Manhattan. Él fuera de aquí durante días, podría reconquistar a Emily, ella estaría sola, confundida, buscando brazos masculinos que la acogen. Es un excelente plan, medio aprovechador, pero ¿qué hombre no lo haría? ¿Qué hombre no aprovecharía la gran oportunidad ante una mujer rubia de ojos azules y pechos grandes? Él no.
Luego del encierro de Arthur, vagando y sentándose en la cama, sintiendo el cobertor blanco bajo su cuerpo, Emily entró y lo liberó como cuan animal en cautiverio. Ella no estaba muy contenta, nadie en su lugar estaría contento, ni Arthur. Le pidió que se fuera, que no volviera más. Necesitaba estar sola, tranquila con su vida, que no la siga persiguiendo. No sabe cómo hacerle entender que lo de ellos es pasado, y ella no quiere. Únicamente mantendrán comunicación sobre el tema en juego, la historia de sus padres y el examen. Y en ese momento, Arthur recordó lo que tenía en mente hace horas atrás, al sentirse mal. Él también tiene cosas importantes que hacer. Al marcharse, Emily descansó lo suficiente para reunirse con su padre, no era su intención interrumpir su trabajo en la oficina, mas era necesario y urgente. El señor Jones pidió ir a la cafetería del trabajo, un lugar más apropiado y tranquilo, a Emily no le importaba mucho el lugar, sólo dejar fluir las palabras atoradas.
―Papá, debo decirte una noticia ―juntó las manos encima de la mesa de madera, vestida con un mantel, descendiendo y ascendiendo la mirada―. Arthur y yo no somos hermanos. ―enseguida, le contó lo del segundo examen.
―Bueno, es un alivio ―no podía no expresar la verdad, estaría mintiéndose si dijera que quería a Arthur como su hijo, sobre todo ante la historia romántica con su hija. Es un alivio, no quiere sonar mal, pero lo es. Relajó los hombros y sacó un pedazo del croissant, llevándolo a la boca―. Emily, ¿sabes? He querido comunicarme con su madre, ¿sabes algo de ella? Necesito hablar de esto y que no siga con el resentimiento, porque tú todavía quieres a Arthur, ¿me equivoco?
― ¿De dónde sacas esa tontería, papá? ―se asombra ante las preguntas y el querer encontrar a la desquiciada señora Kirkland, más aún a lo último escuchado.
―Pequeña granjerita heroica, no puedes engañar a tu padre ―surcó un poco los labios, cogiendo esta vez más manos de Emily―. Hija, no quiero que cometas el mismo que error que yo. Si amas todavía a Arthur, hazle caso a tu corazón…
―Pero yo estoy con otra per-
―Pero no lo quieres como a él ―le interrumpió con voz suave, tan comprensible―. Sé que no lo quieres dañar, lo mejor será que termines con él, antes de que las cosas se vuelvan peores.
―Me siento confundida. ―bajó los parpados y se mordió el labio inferior. Tenía un horrible dolor de cabeza que incluso tiene nombre: Arthur.
―Deberías estar un tiempo sola, para aclarar tu mente y tu corazón. Sabrás que hacer, hija. ―era un sabio consejo, lo que más anhela ella es estar sola, no ver ninguno de los dos chicos, el presente ni el pasado. Por suerte el presente se irá de viaje de estudios y reza para que Arthur no la moleste, necesita estar sola y pensar. Acoge las palabras de su padre, sintiéndose un poco mejor, alejando las manos a tomar un sorbo a su café.
―Bueno papá, la verdad no sé nada de esa señora, además ella no sabe que Arthur está aquí en el país. Pero si ella te ve, tal vez se volverá loca.
―Se volverá loca. ―no era tal vez, él lo reafirma, imaginando ya todo lo que podría ocurrir.
―Y…ella no tiene idea que Arthur sabe la gran historia ―continúa explicando, que será complicado que él vaya a hablar con esa señora, cuando ella no tiene idea de lo que sucede a sus espaldas. Hay que tener cuidado―. Hablaré con Arthur. ―era lo único convincente para que la madre de Arthur sepa. Él tendrá que enfrentarla tarde o temprano, y su padre también quiere hacerlo. Todavía es un capítulo abierto, tiene que cerrarse con cualquier tipo de final, feliz o no. Estaría en contacto con Arthur, no en persona, pero lo estará.
Suspiró y su padre le sonrió.
― ¿Sabes? Al saber que Arthur supuestamente era tu medio hermano, no fue la reacción que esperabas, ¿verdad? ―dijo arqueando una ceja. Emily dudó creando muecas en la boca― Podría haber tenido un ataque, de hecho, lo tuve encerrado en mi oficina. Le dije a Esther que no entrara, que no me molestara ―exhaló, volviendo a tomar las manos de la rubia―. Lamento por todo lo que has pasado por mi culpa.
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Habló con Arthur al día siguiente, por teléfono, le dijo sobre el deseo de su padre, y Arthur le recorrió escalofríos por toda la espalda. De cierta manera entendía por qué el señor Jones quiere hablar con su madre, pero su madre no sabe nada de esto, Scott ha estado en contacto con ella omitiendo que él está aquí. No está preparado para enfrentarla, le gustaría hacerlo y decirle muchas cosas, todas sus mentiras y sobre su verdadero padre. Le dijo a Emily que le diera tiempo, mentalizarse para hablar con su madre, ella posee el carácter fuerte, no es nada fácil. Va tener que contarle qué hace aquí, que está al tanto de la historia de romance, todo el embrollo.
Y luego Arthur la visitaría. ¿Visitar? ¿A ella? Emily contuvo el aliento, lo recuperó y le volvió a decir que no quería verlo. Se sentía un disco rayado repitiendo siempre lo mismo. ¿Debería decirlo en hebreo? No quiere verlo, no quiere estar con él. No, no y no.
Sin embargo, sencillamente Arthur hizo caso omiso al siguiente día. Emily estaba demasiada cansada después de clases, se tiró a la cama. No quedaba muchos días para que su novio se fuera, estaría sola, y él deseaba pasar todos estos días con ella, la extrañaría mucho en el viaje. Se removió sonrojada, podía sentir su corazón latir por su novio, tenía sentimientos por él, debería mentalizarse en él y no el inglés.
Oye el timbre sonar. ¿Quién podrá hacer? ¿Acaso llamó telepáticamente a su novio para que la abrazara? Se levantó de la cama y caminó bostezando hasta la puerta de entrada de su hogar. Abrió la puerta, observando que ojos verdes la observaban.
― ¿Tú? ―Emily no sabía si fruncir el ceño o estar consternada.
―Sí, ves mi inglesa persona, ahora déjame entrar. ―ordenó Arthur, no era un "Hola, como estás, ¿puedo pasar?", estaba siendo agresivo para abrir la puerta.
― ¡No! ―ella reaccionó al instante poniendo todo su peso para cerrar la puerta. No quería verlo, se lo repitió. ¡Era un niño desobediente!
Arthur colocó el pie entre la puerta y el marco, para que no se cerrara. Él sonrió cuando Emily se detuvo. Ella miró su pie, luego miró a él. Hizo un mohín y le pisó el pie con tanto enojo que logró que Arthur se alejara quejándose, y así se cerró la puerta con seguro y todo hasta que estuviera bien protegida a no ser abierta de nuevo.
Se apoyó en la puerta respirando profundo, escuchaba las quejas de Arthur, que regresaría, que regresaría con algo mucho más grande.
―Que no sea un peluche gigante…―Emily rezó por ello. Después no lo oyó más, pero no abrió la puerta para verificar. Simplemente, fue a darse una larga ducha.
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― ¿Crees que debería olvidarme definitivamente de Emily? ―Arthur se dio por vencido en la puerta de Emily, no quería escuchar que no entraría y que no volviera a no ser que ella lo quisiera. Como ve las cosas con más racionalidad que la había perdido hace mucho tiempo, tan sencillo que ella no desea volver con él, aunque esté confundida. El beso del día anterior, dijo todo lo contrario, fue explosivo, caliente, su cuerpo se sentía derretir, quería arrancar pedazos de carne del cuello de Emily, así de apasionante fue. Emily no estaba muy confundida cuando lo besó, se dejó llevar, ella lo impulsó a que la tocara. En resumen, no le entiende. ¿Qué quiere ella realmente? ¿Qué quieren las mujeres? Más preguntas inundaron en su mente que tuvo que tirarse al sillón como cualquier cosa que no importaba, oyendo a Scott voltear a mirarle mientras cerraba las cortinas frente a la noche estadounidense.
― ¡Aleluya! ―exclamó irónico y con cierto tono de felicidad― Ella te lo dijo mil veces, por lo que me has contado, no quiere volver contigo, no lo hará. No te arrastres más, un hombre tiene el orgullo y el pecho lleno de vellos.
En el caso de Arthur, tenía vellos en el pecho, pero parece que se reniegan a salir más. Es mejor eso que parecer un hombro lobo.
―Se supone que es el hombre quien debe arrastrarse y suplicarle a la mujer. ―contestó, observando los pasos silenciosos de su hermano, muy bien vestido. ¿Saldrá esta noche?
―Pero no en esta situación. Ella no quiere, se cierra el tema. Olvídate de ella, sin examen o con examen, era predecible el final ―se detuvo a distancias de él, ocultando las manos dentro de los bolsillo de la chaqueta de mezclilla―. Tienes que despegarse de tus sentimientos pasados, tú estás aferrado a eso. Piensas que sin ella no serás nada, que sin esos pechos grandes, ese cuerpo curvilíneo, no serás nada. Hay muchas mujeres allá fuera, con mejor cuerpo, más bonitas y mejor personalidad ―quedó callado sin despejar los ojos en el menor, retomando el habla―. Vamos, el corazón se repone, es lento, pero se repone. Arriba. ―se acercó y agarró de las prendas del cuello a Arthur para alzarlo, éste hizo una queja por lo no tierno que fue.
― ¿Adónde vamos? ―preguntó arreglando sus ropas agarradas, dejándolas en su lugar.
―Una invitación, beberás, bailarás y conocerás a alguien ―esa era toda su explicación, cogiendo las llaves sobre la mesa―. De vuelta manejas tú.
―Pero me dijiste que bebiera. ―recordó siguiendo al pelirrojo salir del departamento, y luego oyó que bebiera agua. ¿Cuál era la diversión beber agua? Esa no era su duda más importante, sino la del examen. Scott insistió tanto con una segunda opinión, que finalmente aceptó. ¿Por qué? Él sabe algo, quizás no está seguro, quizás son sospechas como la suya, pero debe estar seguro de no cometer un error.
―Scott, ¿sabes que pudo haber ocurrido con el primer examen? ―dentro del auto, pasando las oscuras e iluminadas calles de Richmond, giró un poco su rostro al conductor― Mis pensamientos no me agradan.
―Puedo decir tus mismos pensamientos, pero otro día ―estaba calmado sin distracción, aunque miraba de reojo a Arthur por medio segundo. Éste suspiró y exclamó algo sobre Iggy y su comida para gato―. Tiene comida. Como su dueño no se preocupa de él…
―Me preocupo por él, sólo que…no he tenido tiempo. ―se hundió en el asiento, sabiendo que era una mentira. Tenía tiempo, mucho tiempo, pero su cabeza yacía en otra parte. Sus problemas incluso le afectan a su gato. Diablos, hoy, un milagro de no pensar en ella le sería excelente.
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Scott puede ser muchas veces demasiado autoritario, pero cuando al fin se encontraron con su novia era aún peor, sin siquiera consultar arrastró a ambos, y él que quería descansar del estrés de las últimas semanas ya que estaba mellando a su salud mental.
La poca iluminación, los cuerpos danzante al son de la interminable música, el latido de la melodía que parecía envolver sus sentidos haciendo inconscientemente entrar en un estado de euforia, decidió que era lo mejor estar aquí que en casa, a pesar de que se opuso de incontables formas, sin embargo ahora su cabeza no parece tener muchas cosas que pensar. Venditas neuronas espejo.
Fue a descansar un rato a la mesa donde se encontraba su hermano y la novia de éste, pero al estar cerca parecían demasiado absorto en su mundo, que no quiso explotar su burbuja, así que se acercó al bar, por algo de agua, podría beber algo mucho más fuerte, pero no le parecía buena idea perder la conciencia en este día, además debía ser el conductor de regreso, no sabía que podía hacer Scott si lo encuentra en estado deplorable, no quería dormir en la calle, y él y su novia…bueno, ella tendría que soportar todo y cargar a su hermano. Pero para su suerte, vendían bebidas sin alcohol. Entonces Se sentó en un taburete y pidió una cerveza sin alcohol. Mira a su alrededor, no hay muchas personas en el bar, eso es extraño ya que siempre es uno de los lugares más concurridos. Se dedicó a mirar a la gente que bailaba de aquí para allá, el lugar estaba atiborrado de gente, se perdió un poco mirando a la masa moverse como un solo ente, así que no se dio cuenta que alguien llamaba su atención, hasta que le tocaron el hombro, eso le asustó un poco y escuchó "Lo siento" un poco opacado por el sonido de la música.
―No, mi culpa estaba algo distraído ―dijo Arthur algo avergonzado.
La chica de cabello castaño y unos grandes y llamativos ojo verde se rió.
―De todas formas lo siento. Oye ¿vez a ese grupo de chicas locas e histéricas en ese rincón de allá? ―indicó la joven, Arthur asintió y efectivamente era un grupo de chicas de la universidad de Sakura, según indica la sudadera que una de ellas traía, esperaba no equivocarse― Bien, verás, hace un rato, ellas han estado observándote y según voto colectivo me escogieron para venir a avergonzarme y parecer una chica desesperada e invitarte a sentarte con nosotras ya que pareces un poco solitario.
― ¿Qué les hace pensar que estoy solo en este lugar? ―arqueó una de sus cejas.
―Bueno, yo no he estado prestando atención, pero una de las chicas parecía prendada de ti, así que te observó desde que llegaste ―se encogió de hombros―. Sé un buen chico y ven a divertirte un rato con nosotras, yo no muerdo pero no puedo asegurar por las otras. ―terminó en tono jocoso.
Arthur aceptó la invitación, no es que se pueda negar de todas formas, su ego de semental estaría manchado por negarse a semejante invitación. Las féminas parecían estar demasiado alegres, preguntaban diversas cosas, él habló de todo un poco, bailó un rato con algunas, la chica que al parecer estaba prendada de él parecía muy optimista y hablaba demasiado, de verdad en otro momento estaría más interesado, pero no hoy.
Finalmente la noche terminó, fue el chofer como dijo Scott y despertó. La casa se escuchaba silenciosa, decidió que lo mejor sería comer algo afuera, no quería hacer ruido y bueno, su cocina no era de la mejor.
Después de comer algo en una pequeña tienda, decidió dar una vuelta por ahí. Entró a una librería, le encantó el orden que tenía y el olor a libro del lugar, se puso a ver los títulos buscando algo interesante para perderse un buen rato. Cerca de uno de los estante vio una cabellera castaña que le resultaba familiar, ¿de dónde? La chica se gira y lo mira un rato, al parecer tenía la misma impresión que él.
Ella parece acordarse y lo saluda por su nombre. Arthur saluda también, mas no hay forma que recuerde su nombre, es la misma chica que se le acercó ayer para que fuera a la mesa de su grupo de amigas.
―Soy Clare ―Arthur se sorprende un poco al escucharla―. Ayer no me presenté correctamente, y creo que olvidé decirte mi nombre.
―Debí pedírtelo apenas comenzaste a hablar. ―Arthur se siente algo avergonzado por su falta de modales y por lo que está sucediendo.
―No te preocupes, fuiste acaparado totalmente ayer, me alegra saber que estás de pie, mis amigas creo que no corrieron la misma suerte. ―agrega divertida.
Estuvieron hablando un rato, Clare era una persona agradable, podía hablar tranquilamente y de cualquier cosa. Arthur le pidió ayuda para buscar algo que leer, ya que para eso vino a la librería.
―La verdad, todavía no lo leo, pero me han dicho que es muy bueno y tiene buena crítica, si lo compras después podría prestármelo como un gracias por recomendártelo. ―menciona Clare con un libro en la mano, y con una sonrisa burlona.
―Muy presuntuoso de tu parte, pero lo llevaré, ya que pareces demasiado interesada en él.
Fueron por un café, el inglés estuvo toda la tarde con Clare, hablaron de todo un poco, estaba cómodo con ella, era una sensación distinta como cuando conoció a Emily, parece que estar con esta chica le tranquiliza de muchas formas.
Salieron unos pocos días más, no era una relación romántica, por lo menos por ahora le agradaba estar con Clare, era divertido ver a alguien que se ríe por el simple hecho de que algo le moleste, además siempre parece estarse riendo de él, pero después de tanto hablar entendió que no es que se ría de él, le divertía sus reacciones o las caras, cosa que no quitará el hecho de que se riera de él, pero si hacía lo mismo no le molestaba. Clara se divertía aún más y respondía mordazmente.
El día de hoy estaban en un pequeño restaurante de comida tailandesa, Arthur pensó que era más fácil pedirla a domicilio o para llevar, ya que tenían planeado ver Metrópolis, una vieja película alemana, pero la neozelandesa planteó y reiteró demasiadas veces que era mejor comer en el lugar, por el ambiente que debía asemejarse a la comida. Para Arthur, el sabor de las comidas era igual en cualquier lugar.
No obstante, ahí estaba sentado en la parte frontal del local, en las mesas del exterior. Clare estaba dentro escogiendo, viendo los platos. Arthur le dijo que le pidiera el menú al camarero, mas ella insistía en ver cuales platos tenían disponibles, porque si no tenían lo que ella quería, no escogería algo al azar. Arthur la dejó al fin y al cabo no ganaría.
Luego de los pocos minutos, fastidiada, por lo que asumió que el restaurante no tendrían lo que ella quería.
Entre comida y una conversación ligera salió el tema de relaciones. Arthur no se sentía extraño contarle algo como eso a Clare, ella se mostraba bastante confiable y esperaba que entendiera un poco, además es bueno tener una opinión desde afuera. Le contó un poco sus relaciones, incluso la que tuvo con la francesa y su aventurillas de una noche, el tema de Emily le costó un poco contarlo, no contó todo con lujo de detalles, pero lo suficiente para que comprendiera su situación.
―Tu vida es como una novela barata, típica película gringa con giros inesperados y sin sentido. ―opinó Clare, seriamente con ojos burlones.
―Ni que lo digas, pero bueno, estoy un poco confundido con Emily, sé que ella tiene un novio, pero sé que ella aún siente algo y…yo también. Sé que debo dejar las cosas como están. ―suspiró algo decaído.
―Creo que es normal que sientas algo, por como cuentas la situación creo que es porque no hubo un cierre normal a la relación, fueron circunstancias extrañas y no una decisión madura de una pareja. No sé si me explico. ―dijo dando el último bocado.
―No, entiendo a qué te refieres. Tal vez sea exactamente eso, pero ¿cómo cerrar algo que ella mantiene con llave? Ni siquiera puedo acercarme y hablar normalmente, es desesperante, no escucha. ―se ese momento, exasperó.
― ¿Qué harás? Tendrás que volver a Inglaterra tarde o temprano, además no creo que puedas arreglar todo en poco tiempo… En mi opinión, y lo digo sólo porque me caes bien; olvídala, deja las cosas como están, en algún minuto en el futuro tal vez se cierre todo y comprendas bien que es lo que sientes, y puedas vivir más tranquilo, pero por ahora piensa en el presente. Tenemos una película vieja que ver.
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Contó los días que pasaban. Hace días que Arthur no la ha llamado ni buscado, puede ser un milagro escuchado, pero de alguna manera la tienen incómoda. Se negaba a creer que deseaba verlo, que deseaba que viniera hacer escándalos pidiéndole que volvieran y terminara con su novio. ¿Por qué lo desearía? Ella misma le dijo que no quería verlo, que la dejara tranquila, que el único contacto sería por su padre y la madre de él. Arthur no la ha llamado ni para comunicarle de la reunión de sus padres, tal vez no ha hablado con esa señora… O sí habló y le escupió fuego.
Sacando conclusiones más racionales del extraño a Arthur, es posible que sea por estar sola. Su novio no se encuentra, se ha ido de viaje de estudios. Pensó que estaría mejor sola y despejaría su mente, pensar y analizar sus sentimientos por ellos dos.
Al tirarse a la cama, abraza la almohada donde comparte con su novio. Su calor sigue ahí, su aroma, los recuerdos viendo películas juntos mientras comían papas fritas y hacían guerras con ellas. Lo suave y cariñoso que era. Por otra parte, las imágenes de Arthur la golpeaban. Los últimos besos, el último. El último fue devastador, ni siquiera su novio lo besaba así queriendo morderlo sin importarle que las uñas de él se clavaran en su piel, o que fuera violento. Sakura le diría que estaba loca, creería que era masoquista por estar viendo deprimentemente el record de ver mil veces 'Pesadilla en la calle Elm.'
No podía soportarlo más, podía llamarlo ahora, disfrazando su ansiedad con la pregunta de la señora Kirkland. No obstante, hace algunos días atrás vio a Arthur con otra chica. Se le veía feliz, más feliz que nunca, más que estos días infernales. Tan sólo ella caminaba por las calles para sentirse despejada luego de clases, y lo vio. Sintió una apuñalada, no aquellas de infidelidad, porque no tenía ningún derecho de reclamar, Arthur era libre y podía salir con quien quisiera. La apuñalada era relacionada con palabras, con sus sentimientos. Arthur le había dicho que la quería, que la seguía amando, ¿entonces por qué sale con otra chica si dice todo eso? Tenía ganas de matarlo, pero no podía, no tenían nada, no eran pareja. ¿Cómo podría actuar? Quizás Arthur se aburrió de esperarla y buscar, buscó a otra chica y eso fue toda la solución. Si es así, por lo menos debió comunicarle que no la molestará más ya que está saliendo con otra persona. No le molesta que lo haga, ella también se encuentra con alguien. Entonces que no esté jugando sin advertirle, sin decirle nada, sin hacerle la desconocida durante las dos semanas.
De todos modos, Emily no lo soportó. Engañarse a sí misma, mencionar una y otra vez que su corazón pertenecía a su novio, no iba con ella y el dolor le punzaba. Si Arthur se olvidó de ella y está con otra chica, lo entenderá, pero necesita decirle su confusión, lo que siente y después olvidarlo. Tener vidas separadas.
Respiró tan hondo que sintió ahogarse mirando el número del departamento donde vive Arthur. ¿Cómo demonios llegó hasta aquí? Subconsciente. Pero ya está aquí. ¿Debería pelear por Arthur? No, sólo le dirá lo que siente, si está en una relación, se hará a un lado.
Decide golpear suavemente la puerta, no se demora en abrir y aparece un desconcertado y adormecido Arthur. Debió despertarlo… ¿a las diez de la noche?
―Emily… ¿qué haces aquí? ―no es la reacción que esperaba de él.
Emily desvió la vista, sonrojada, disimulando mirar la sala.
― ¿Estás solo?
―Ah, sí, no hay nadie. ¿Por qué? ―Arthur se fija que Emily se muerde el labio. Ella se abalanza sobre él, dejando que ambos entren al departamento, mientras ella le sostiene el rostro con las manos, capturando su boca. Cierra la puerta con una de sus piernas, sin detenerse a degustar lo que detuvo hace muchos días atrás.
Se separa, intentando calmar su latido y el deseo de continuar sin importar el qué dirán. Agarra la camiseta de Arthur, éste con los pómulos rojos le observa atónito.
―Lo siento, lo siento ―de repente la voz de la estadounidense se agudizó―. Yo…te traté mal, te hice sentir mal, te dije que no quería volver contigo pero tú me hacías caso omiso… Créeme que a mí también me dolió todas esas palabras y verte volver otra vez ―baja y sube la vista azul, no puede creer que sus ojos estén lagrimeando―. No puedo verte más así, tampoco verme así… No quiero que seas uno de ellos…, y entiendo que estos días no he sabido nada de ti.
― ¿Entiendes qué?
Antes de responder, inspiró medio calmando los nervios.
―Que no quieres saber nada mí, que obedeciste en alejarte, que no deberías estar detrás de alguien como yo, tan…ególatra e infantil… Cualquier chica es mejor que yo, son más maduras y humildes…
―Yo nunca quise saber nada de ti…
―No me mientas, yo te comprendo ―presiona los parpados y el londinense no ha quitado su vista de ella, sorprendido por todas sus palabras. En verdad se olvidó de ella, debía estar pendiente del asunto de sus padres para solucionar el problema que todavía los mantenía como una historia no bien cerrada ni concluida. Todo por estar mucho tiempo con Clare―. Si estuviera en tus zapatos, hubiera terminado conmigo e ir en búsqueda de una chica que valiera realmente la pena luchar por ella. Recuerdo los días de escuela, cuando te buscaba…, me doy cuenta que algunas veces fui muy tonta, y que en varias situaciones debiste pensar terminar conmigo, pero no lo hiciste. Debiste amarme mucho y tener paciencia de oro.
―Emily… ―quiere interrumpirle corregirle puntos, más ella se le adelanta.
―Te preguntarás qué hago aquí, a estas horas ―sonríe débil―. Reflexiones, ¿sorprendente, no? Sé que ahora no seré correspondida, pero vine ―vino con la mente totalmente racional―. Tú eres mi mitad, Arthur, no hay más mitad que la tuya. Sé que es tarde, pero te quiero. Pero si estás con otra persona, lo entenderé y me haré a un lado…
No alcanza a terminar propiamente tal, Arthur la acaba de pegarla a su cuerpo, presionando sus labios en los de ella. Emily corresponde, percibe una mano detrás de su nuca para que no escape. No quiere escapar, quiere estar cerca, que su cabello se desordene y que su cuerpo transpire. Será su noche, pensó que Arthur no le correspondería, que todo terminaría aquí y cada quien por su camino. Todavía la sigue queriendo, pero ella sabe que lo que está haciendo es una tremenda traición. Su novio está de viaje, y ella aquí poniéndole los cuernos.
Una vez que la puerta de la habitación de Arthur se cerró y se selló, para Emily fue un sueño de no desear despertar. Sin embargo, el sueño despertó, y se dio cuenta que el sueño se destruyó ante el brillo del sol tocar su cara. Arthur estaba a su lado, dentro de las sábanas. Ambos sentados intentando mirar al otro.
Emily lo había abrazado creyendo que todo estaba bien. Arthur no estaba bien después de lo que ocurrió. No era culpa de ella, no era su culpa, era de los dos. Luego él suspiró.
―No debió ocurrir, Emily, seré sincero ―la garganta se le presionó, no podía mentirle a la americana que deseaba estar junto a ella. Debía decirle sus sentimientos encontrados―. Anoche, me di cuenta que ya no siento lo mismo por ti.
Ahora la miró. Emily frunció el ceño ante la confusión.
―Me dijiste que me querías hace unos días atrás…
―Sí, es cierto. Pero ahora no, todo cambia, Emily.
―Es… ¿por esa chica? ―la pregunta asombra a Arthur, ¿cómo ella manejaba esa información? Enseguida, ella le contó lo que vio hace días atrás. ¿Era su novia? ¿O estaba en la conquista?
―No ―respondió para todas las preguntas―. Salgo con ella; me olvido de ti, pero en algunas ocasiones te recuerdo, y con habernos acostado, no sentí lo mismo que antes. No te sentí, no me sentí amarte. De hecho, no me siento bien haberlo hecho contigo. Perdón, pero…
―Entiendo. ―entendía, lo hace. Estando con otra fémina debió olvidarla, contando las semanas de que él estaba desaparecido y que ella simplemente no quería verlo, que la dejara tranquila.
―Necesitaba pensar y que lo nuestro ya terminó hace mucho tiempo ―él inglés prosiguió―. Fui idiota ante mi actitud contigo, fui un inmaduro creyendo que todavía seguía enamorado de ti. Era capricho, seguía en el pasado.
Emily sólo acertaba con la cabeza. Todo terminó, él tiene razón, sólo que ella sí sintió sentimientos anoche. No podía decir mucho en estos momentos, deseaba regresar a casa.
― ¿Quieres que te lleve a casa? ―le ofreció Arthur mientras terminaba de vestirse. Emily exhaló dándose cuenta que también debía arreglarse si quería irse a casa.
―No, estoy bien.
― ¿Segura que estás bien?
―Sí, por supuesto que sí ―alistada, se levantó y arregló su cabello―. ¿Cómo no podía estarlo?
―No me lances sarcasmos, Emily ―Arthur frunció el entrecejo, no le agradó el comentario de la americana, si se sentía mal, que lo dijera, no tenía por qué ser así. Emily pasó alrededor de la cama donde yacía él, éste se puso de pie para al menos ir a dejarla a la puerta―. Es lo mejor, tú estás con tu novio, sé feliz con él. Yo seré feliz, si tú estás feliz. No quiero que te arrastres a mí, como yo lo hice. No gastes lágrimas por mí, no lo merezco.
― ¿Qué hay de nuestros padres? ―desvió el tema, cada palabra gastada de Arthur le hacía mal efecto― Papá quiere hablar con tu madre.
―Primero iré despacio, ya sabe que estoy aquí, después…tal vez en unos días más, hablaré todo el asunto ―respiró hondo, sólo pensarlo se le erizaba los vellos. Se dirigió a la puerta de la sala, listo para abrir y despedir a la rubia, mas ésta no se encontraba del todo bien―. Emily, ¿en serio estás bien? Si te sientes mal, puedo darte unas tabletas…
La aludida negó con la cabeza baja, estaba dispuesta a irse.
―Cuidado en la calle, no te distraigas.
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Se encuentra sentada en su cama, se siente culpable, parece que cuando trata de hacer algo, lo empeora todo. Sólo hace unos cinco minutos le colgó a su novio, no estaba segura como hablarle, lo mejor será contarle todo y tratar de explicarle cuando vuelva, si él decide terminar, sólo tomara las consecuencias de sus actos, ya que no hay forma de que sea feliz si tiene todo ese caldero en la cabeza. El problema es que estará afuera unas semanas más.
Los días pasan normalmente, se siente algo sucia por lo ocurrido con Arthur, no obstante lo entiende demasiado bien, además era lo que ella quería. Por Sakura supo que Arthur le presentó su "amiga", a ella le agradó la chica. Sakura le habló mucho de ella y que era gracioso ver a Arthur y ella juntos, siempre hablaban entre sarcasmos y entre líneas, se llevaban muy bien. Quizás Emily fue algo masoquista al escuchar todo lo que decía su Sakura, pero quería estar segura que Arthur estaría bien y si esa chica era lo suficientemente buena para él. Sakura no notó nada extraño en Emily, bueno, por teléfono era difícil darse cuenta de algunas cosas, pero así finalmente supo el nombre de la chica, era de la misma universidad que su amiga, distintas facultades, que Clare era una chica bastante conocida en la facultad por el simple hecho de que su imagen contrastaba mucho con su personalidad, ya que se veía muy tierna, activista pro-animal, con una personalidad cínica y brutalmente honesta para el gusto de algunos.
Su cabeza ha estado en todos lados, pero llamaron desde el hospital para confirmar su cita, fue durante la mañana al médico, un chequeo normal. Se sentía algo insegura siempre al venir al doctor, ahora esperaba su examen de sangre, esperaba que no estuviera con la glucosa muy alta, ha comido demasiada comida chatarra en estos días, en realidad, dos semanas.
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Se encuentra nerviosa, sus uñas no van a sobrevivir el día de hoy. Mal hábito que volvió a adquirir al entrar a la universidad, esperando al inglés, sentada. Había llegado demasiado antes pero no podía evitarlo. Al ver a Arthur llegar, lo nota algo molesto. Debió interrumpirlo o tenía alguna cita previa.
― ¿Llegué tarde? ―pregunta el británico mirando su reloj de pulsera, tomando asiento en frente de ella.
Emily sacude la cabeza. ―No, yo llegué antes.
Arthur se siente medio confundido, percibe a la americana algo aturdida y preocupada, ojalá sea algo importante, debe regresar a casa, tiene que hablar con Vladimir y llamar a Clare. Su plan no es pasar una tarde con Emily, tiene cosas que hacer. Como ella no dice nada, él carraspea la garganta para apresurar las cosas.
―Acá estamos, ¿qué deseas decirme? ―no hace ningún comentario respecto al semblante de Emily, si es referente a la reunión de adultos de sus padres, la tendrán. Esta semana se ha puesto a pensar en cómo hablar con su madre sin alterarla, mañana podrá comenzar sin inconvenientes.
―Hoy tuve mi chequeo y… ―no sabe cómo decirle, únicamente espera que la entienda. Respira hondo totalmente tensa ante la observación confundida de Arthur, éste se da cuenta que Emily se ha puesto inquieta, incluso tiene una mueca en el rostro de pánico. Debe ser muy terrible para que Emily se muestre de esa manera, las películas de terror la dejan como estatua y si le soplan, se asusta. Esto es peor. Quiere imaginarse a dónde va todo esto. La tensión se transfiere, cuando Emily, incapaz de hablar, le desliza un papel doblado por la mesa. Arthur lo toma y lee rápidamente.
―Emily, yo… ―todo el oxígeno se le escapó con una exhalación, sintiendo el mundo detenerse.
―Déjame hablar, por favor ―levanta una mano para enseguida bajarla―. No creas que sea para atarte, no soy de esas chicas que con un bebé atará al hombre que le gustas. No es así, no es como si yo lo estuviera planeando. Sin embargo, no espero nada de ti, si no quieres hacerte cargo, lo entiendo. Sólo quiero que lo sepas. ―se toca la punta de sus cabellos, desesperada por tratar de explicarle. En cualquier momento le dará un dolor de cabeza.
Arthur baja el examen recibo y se toca el rostro, todavía sin poder asimilar el presente y el futuro complicado que va a tener.
―Pensé que te cuidabas.
―De hecho, me cuidaba ―hace un leve movimiento de cabeza―. Con tantas cosas en la cabeza, olvidé tomar los anticonceptivos por días, ni siquiera sé dónde los guardé. Y no fue después de que…ya sabes ―suspira―. Bien, como dije, te entenderé…
Arthur no sabe qué pensar, es una escusa bastante simplona, pero así s Emily por cosas fuera de la lógica. Su vida emocional parece siempre afectar todo su funcionamiento y olvida cosas muy básicas. Ve en el rostro de niña que aún conserva la rubia, demasiado joven para algunas cosas; la desesperación, pánico y angustia, lo único que quiere es que él confié en ella, que no era esto lo que buscaba, y Arthur le cree, sabe que Emily primero muerta que hacer algo tan poco digno a su parecer. Y por sobre todo, él tiene responsabilidad. ¿Creía que se cuidaba? Esa misma noche debió preguntarle y no guiarse por la tentación, o ir por uno de los preservativos de su hermano en alguna parte del departamento. Por las hadas…
―Aguarda, no te me adelantes ―de repente Arthur la detiene, no la escuchó totalmente, se había sumergido en sus pensamientos, sin embargo tiene el conocimiento de lo que habla su antigua novia―. Es evidente que me haré cargo, no te voy a dejar sola. ―y le aclara para que se calme un poco.
― ¿Y-Y-Y tu novia? ―se siente sorprendida, había venido con la visión distinta, la que mencionaba hace segundos atrás.
―No es mi novia, sabes que es una amiga especial, bueno, una relación libre. Ella lo sabrá, de todos modos ―se acaricia el hombro derecho tratando de mostrarse calmado, aun así, el tema lo lleva a otro universo paralelo, para decirle de alguna manera. No desea que Emily se sienta ofendida―. Emily no quiero preguntarte, pero es lo mejor. ¿El bebé es mío? ¿Estás segura que no es de tu novio? ―es la duda crucial.
―No es de él ―asegura, Arthur la ve bastante segura de lo que dice y confirma―. Las fechas no concuerdan desde la última vez que tuvimos relaciones, y no lo he visto, sigue de viaje. Si fuera así, tendría un mes de embarazo.
Arthur suspira pesadamente, se imaginaba algo así, lo más probable que cuando Emily no estaba con su novio, se sintió aún más confundida, y lo buscó creyendo tener algo más claro. No está seguro, la mente es algo complicado de entender.
Un hijo, todavía no procesa del todo esto, pero tendrá que hablar con Clare, sabe que ella no presentará ningún problema, agradece desde el fondo que la castaña sea tan amplia de mente, que cuando le dijo lo ocurrido con Emily, ella sólo lo miró y le dijo "Idiota, te dije que sólo necesitabas hablar para aclarar tus sentimientos, no llevar las cosas tan lejos, pero me alegro que se solucionó". No obstante, Vladimir sería otra cosa.
― ¿Tienes hambre? Desde ahora comerás por dos. ―sonríe un poco después de la pesada conversación, debe poner en su cabeza el pensar por el hijo que tendrá.
Emily acierta cohibida, en serio que no esperó una reacción así. Antes de que Arthur pida algo para comer, ella le pregunta:
― ¿Tú madre sabe que estás aquí?
―Sí, pero dame tiempo para enfrentarla, no quiero que me escupa fuego ―responde revisando su billetera―. Se pondrá peor si le digo que la madre de su nieto, es su ex-nuera.
―Gracias, Arthur. ―Emily presiona los labios pero los hace sonreír. Sus mejillas se han colorado, después de tantas cosas que han pasado, lo único que quiere es cerrar su historia con Arthur, y tal vez la única forma de cerrar sería que sus padres hablaran. Imaginarse a la señora Kirkland con su actitud de odiarla por resentimiento del pasado, hay probabilidad del rechazo de su nieto. A lo mejor, no querrá conocerlo, y esto les haría daño a Arthur y su hijo. Tienen hablar lo antes posible.
Distraída, levanta la mirada al percibir una suave temperatura en sobre sus manos, por encima de la mesa. Las manos de Arthur abrazaban las suyas.
―Siempre voy a estar contigo. ―el británico le regaló una sonrisa más. Emily rió un poco al escuchar que Arthur golpearía a cualquier hombre que le hiciera daño, que él sería el árbitro. Acto seguido pidieron algo para beber y hablaron trivialidades formando una amistad, de a poco. Emily preguntó si Arthur quería sus cosas de vuelta, la sudadera, las cartas, el collar, todos los obsequios. Él la miró atónito, incluso enojado. ¿Por qué tendría que devolver lo que a ella le pertenece? Son sus cosas, ya no son de él, debe quedárselas. Si no las quieres, las puede tirar a la basura, él no tiene problemas. Emily negó, simplemente las guardaría.
Arthur quedó pensando en darle una lista de las cosas que Emily tendrá que eliminar de su menú diario, como primer punto el café. Ahora, ¿cómo volverá a Inglaterra y cómo hablar con su madre? Scott lo matará, Vladimir, no quiere imaginar.
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Emily se alegra de haberle contado a Arthur enseguida, sentía un peso menos, tendría que hablar con su novio apenas llegara. Estaba decidida con esa última conversación, ya sabría cómo enfrentar y decidir de mejor forma. Se siente algo mal con todo esto, de algún modo le cuesta aceptar que está embarazada, si no fuera por la prueba de sangre se hubiera enterado dentro de un mes más tarde.
Saca la llave de su departamento y siente que la cerradura no gira, intenta nuevamente pero no hay caso. Con un poco de fuerza tira la puerta saliendo inmediatamente la cerradura, esto es malo. Entra con cuidado…
Todo su departamento está desordenado, sus cajones abiertos de par en par en su habitación, el teléfono está desconectado. Se estaba asustando. Sin hacer mucho ruido por si aún hay alguien, retrocede para llegar a la puerta salir hasta la tienda más cercana o un lugar con gente y llamar a la policía.
Llega a la puerta, sin darse cuenta la agarran desde atrás. Comenzó a patear con desesperación, la mano de la persona tras ella tiene un pañuelo que pone sobre su boca y nariz, si lo que aprendió de todas las películas que ha visto, está totalmente perdida.
Su vista empieza a nublar, no se perdería en la inconsciencia, sin por lo menos darle un buen golpe. Se retuerce en los brazos en el matón, hasta que su mente se va a negro.
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Endemoniado, Arthur entró en el pánico nivel inalcanzable salieron del departamento de Scott, a subirse a la moto y llegar al de Emily. La puerta yacía cerrada pero abierta. Tan rápido como fue recibida una foto de Emily, inconsciente amarrada de pies y manos a una silla, con los ojos y la boca vendada a su teléfono, rápido salió a averiguar si era cierto luego de haber intentado llamarla al teléfono. Al entrar, vio todo hecho un desastre, y eso le hizo pensar que no era una broma.
― ¡¿Emily, estás ahí?! ―la buscó en la cocina, en el tocador y en las dos habitaciones. Nada, ella no estaba en el departamento. ¿Dónde podría estar? ¿Quién haría esto en primer lugar?
De repente, reaccionó al tono corto de mensajería en su móvil. Lo revisó.
"Es hora de jugar, Kirkland."
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N/A: Bien, perdí un poco el hilo de la historia, trato de retomarla. Próximo capítulo, el tan codiciado psicópata hace su aparición. Ahora empiecen a pensar :3
Traté de que Emily hiciera un "mea culpa" y eso y lo otro. Me costó, estaba demasiado fuera en dónde iba...
No comentaré nada más, tengo sueño. ¡Besos!
