N/A: Muchas gracias a todos por vuestro apoyo. Gracias por leer, gracias por comentar esta historia... Cuando empezó iba a tener 10 capítulos pero ya veis... Los hemos sobrepasado con creces... Y todo gracias a vosotros... Nuevamente gracias por estar ahí, espero que os guste el final...
EPÍLOGO
Kurt estaba esperando en el aeropuerto a que los pasajeros del vuelo de Londres salieran, se veía nervioso. Llevaba un cartel rosa en sus manos, que estaba doblado pero, aun así, se notaba su forma de corazón. Cuando empezaron a salir las primeras personas, el castaño abrió la cartulina, mostrando unas letras escritas en él que decían "Blaine Anderson". Después de unos minutos vio a cinco personas a las que conocía muy bien, pero sobre todo a una que era muy especial para él. Sus miradas se cruzaron un segundo, haciendo que ambos sonrieran de una manera increíble. El moreno dejó sus maletas junto a sus amigos y corrió hacia su novio. Se dieron un abrazo en el que intentaban eliminar cualquier distancia entre ellos. Se apretaban fuerte, como sí debieran evitar que alguien los separara. Se besaron de manera intensa, con la lengua del ojimiel redescubriendo cada rincón de la boca de su amado.
– Chicos, os están sacando fotos. – Sebastian se acercó a ellos para advertirles.
– ¿Te crees que no me había dado cuenta? – Preguntó el ojiazul al separarse de su pareja y mirándolo con una ceja alzada.
– Yo sólo lo decía. – Se defendió Smythe levantando las manos y encogiéndose de hombros.
Mientras los otros cuatro miembros de los Warblers se marchaban en un taxi, Blaine se montaba en el coche de Kurt. Se dirigieron al apartamento que los dos compartían en una de las mejores zonas de Nueva York.
Habían pasado seis años desde que se conocieron y su vida había cambiado mucho en esos años. Tuvieron problemas, como cualquier pareja, pero supieron solucionarlos sin dañar su amor. Ambos fueron superando sus problemas y su amor pudo fortalecerse. Ahora eran una pareja que no dependían del otro. Se amaban y deseaban estar juntos, pero eran fuertes y decididos si en algún momento debían estar por su cuenta. Poco a poco habían borrado sus problemas de autoestima, sus inseguridades, su dolor y en ese momento eran felices.
El menor había dejado la universidad definitivamente. Para cuando llegó el momento en el que pudo volver, el grupo estaba de gira por Estados Unidos para promocionar su primer disco. Por eso decidió cambiar sus planes. A partir de ahí todo mejoró para él. Para su segundo single se volvieron uno de los grupos mejor considerados, tenían muchas fans y sus discos se vendían en muchos países. Su vida desde entonces se limitaba a giras, grabaciones, conciertos, sesiones de fotos... Y su novio. Si algo no había cambiado en esos años era lo que sentía por el castaño.
Por su parte, el ojiazul se había convertido en un diseñador muy bien considerado. Sus colecciones eran muy esperadas y creaban tendencia. Siempre que podía, viajaba junto a su pareja en sus giras, aunque a veces sus obligaciones le hacían quedarse en Nueva York. En contra de lo que pudiera parecer, esa vez había sido la que más tiempo habían pasado sin verse, algo más de dos meses.
Por eso pasaron la noche solos, en su habitación, demostrándose su amor de una manera única. A pesar de que Anderson estaba cansado por el viaje, no pudo dejar pasar una noche más sin sentir la piel de su enamorado.
Al día siguiente estaban desayunando, dándose de comer el uno al otro cuando sonó el timbre. Hummel se fue a abrir la puerta. Al poco tiempo, un pequeño de unos tres años corría hacia Blaine. El niño tenía unos ojos azules enormes y el pelo rubio, pero con los rizos rebeldes iguales que el ojimiel.
– Tío "Baine" – El pequeño se dirigió a los brazos del joven, que lo levantó sin dificultad.
– ¡John! ¡Qué grande estás! ¿Has crecido? ¡Y qué guapo! Por suerte te pareces a tu madre pero con ojos azules. – El moreno estaba muy sonriente y llenó la carita del menor con besos. Quería a ese niño mucho, era hijo de su hermano y de su mejor amiga.
– ¡Squirrel! ¿Qué tendría de malo que se pareciera a mí? Soy muy guapo... Más que tú. – Exclamó el mayor mientras le guiñaba el ojo al menor y cogía en brazos al pequeño.
– Ha sacado de su padre algo más que el color de ojos... A veces le veo gestos de Cooper... – Se quejó Jessica mientras entraba y le daba un beso en la mejilla a su cuñado.
La pareja se había casado hacía cuatro años. Blaine había sido el padrino de su hermano en la boda. Dos meses después se enteraron del embarazo. Kurt bromeó con la rubia porque no había perdido el tiempo en la luna de miel. Las cosas entre ellos no siempre habían sido perfectas, fue difícil compaginar el carácter narcisista de Cooper con los problemas de autoestima de Jessica, pero él poco a poco fue demostrándole que la amaba y ayudó a que se quisiera a sí misma.
Después de que la feliz familia les hiciera la visita, los chicos se quedaron a solas. El castaño estaba nervioso, tenía todo planeado. Puso un pañuelo sobre los ojos del moreno y lo llevó a una habitación de la casa. Hasta ese día era para invitados pero en esos momentos estaba preparada para que la ocupara un bebé. Las paredes estaban pintadas de un amarillo pastel, había una cuna blanca y varios muebles del mismo color para guardar ropa y otras cosas. Había un baúl de madera abierto, dejando ver un montón de juguetes. El ojiazul quitó el pañuelo y pudo ver la cara de sorpresa de su novio.
– Sé que probablemente me haya adelantado pero hablamos de aprovechar estos tres años sabáticos que os ibais a tomar para dar este paso. Simplemente pensé que cuanto antes empezáramos, antes tendríamos a nuestro bebé y más podríamos disfrutar de él o ella antes de que te fueras de gira otra vez. – Dijo el más alto.
– Kurt, es maravilloso, pero tardará mucho en venir el bebé. – Comentó el ojimiel.
– Nueve meses si elegimos una madre de alquiler. – Aclaró el mayor. El más bajo sacó una cajita de terciopelo de su bolsillo.
– Preferiría adoptar. Hay muchos niños deseando recibir el amor de unos padres. Sé lo que es estar solo siendo un niño y no me gustaría que nadie pasara por eso. Si yo puedo ayudar a uno o dos niños a encontrar su hogar, no me importará que no sean biológicamente de ninguno de nosotros porque serán nuestros hijos y les habría dado algo. Pero para eso debemos dar un paso antes. – Abrió la caja que contenía un anillo de compromiso. – No es que quiera casarme contigo sólo para que podamos adoptar, lo hago porque te amo y no quiero estar con nadie más. Pero me gustaría que fuera algo rápido para comenzar con los trámites cuanto antes... ¡Dios! – Pasó su mano por su pelo, despeinándose. – Te juro que quería hacer esto romántico y especial y ahora tengo la sensación de que es un trámite más para la adopción. – Se arrodilló. – A pesar de esta patética declaración... ¿Quieres casarte conmigo?
– Claro que sí. – Se besaron. – Y creo que tienes razón, nosotros podemos cambiarle la vida a algún niño que está sólo y perdido. Al final no hay manera de que tengamos un bebé de los dos, uno de los dos no sería biológicamente el padre y, sin estar casados, legalmente no sería nada.
Con el tiempo conseguirían sus objetivos, se casarían y tendrían dos preciosos hijos a los que amarían y apoyarían en todo. Pero esa es otra historia...
