Capítulo 37: CONFIANZA
Transcurría ya la mitad de Mayo; es decir, otras dos semanas en las que ni Harry, y mucho menos Hermione, dieron su brazo a torcer y se buscaron para disculparse. O al menos, así era en el caso de Harry. La castaña, por otro lado, aún estaba muy resentida por todo lo acontecido; en especial por la última escena en el ascensor. Y es que la inseguridad se había instalado en ella. Pero aun peor… el remordimiento.
Pues finalmente sentía en carne propia lo que le había hecho pasar a Harry sin siquiera notarlo.
Y ahora no sabía cómo acercarse. Que hacer o decir para confirmarle que su amor por él era más fuerte que todo y todos. Merlín, si tan sólo tuviera a su mejor amigo… Harry, para que le dijera que hacer. Para escucharla. Él siempre la había comprendido mejor que nadie, incluso ella misma.
Ya ni siquiera las palabras de Ginny y Luna podían alentarla a actuar. Necesitaba a Harry. Y demasiado tarde se dio cuenta de eso.
—… es increíble que después de todo lo que tuvieron que pasar para estar juntos, tienen su primera pelea como pareja y terminan con todo como un par de niños caprichosos… — gruñía entre dientes aquel día Ginny mientras "amasaba" con más fuerza de la necesaria la mezcla para un pastel de manzana para su esposo, en compañía de Hermione y Luna.
La castaña rodó los ojos con fastidio. Y ahí van de nuevo, pensó para sí.
— Seis años, ¡seis malditos años sin verse!, y de buenas a primeras lo vuelven a hacer de nuevo… — volvió a decir con exasperación.
— Y eso sin contar los siete que tuvieron que pasar para que al fin se dieran cuenta de que se amaban — comentó Luna con gesto distraído mientras repasaba la receta que les había dado la señora Longbottom.
— ¡Exacto! — exclamó Ginny levantando las manos con brusquedad, dándole la razón. Una bola de masa cayó en la mesa. Hermione la limpió con un trapo que tenía a un lado y le mandó una mirada ceñuda a su amiga; ya era suficiente con el sermón como para que ahora también se dignara a ensuciarle su preciada cocina. Crookshanks, viendo el lado bueno, se comía el pedazo de masa que había ido a parar al suelo, meneando feliz la cola.
— Aunque… — levantó la cabeza Luna, con la mirada perdida en algún lugar del antaño — fueron seis ¿no?, — interrogó a Hermione con la mirada. Ésta no contestó, mas sus mejillas se tiñeron de un suave rosado — sí, ¡fue en sexto!, — se contestó a sí misma — cuando supimos lo de la profecía y todo eso; y después, luego de que él se hubiera ido con Dumbledore a aquella misión suicida y nosotros nos quedáramos en el castillo… ¿Recuerdas? — miró ésta vez a Ginny.
— Cuando Hermione estaba más al pendiente de la llegada de Harry que de la propia batalla en el castillo… — murmuró para sí la pelirroja — Tienes razón. ¿Cómo no me di cuenta antes? — se reprendió, meneando la cabeza con consternación.
— Eso ya está en… — alcanzó a pronunciar Hermione.
— Y Harry fue en quinto, cuando fuimos al Ministerio, ¿recuerdas?… — continuó Luna, ignorando ambas a su amiga castaña. Ginny asintió luego de unos segundos — El pobre ni siquiera quería mirarte cuando caíste desmayada por aquella maldición — murmuró con pena.
— ¿Qué? — musitó débilmente.
— Neville me dijo que fue él quien tuvo que cerciorarse que seguía con vida porque Harry estaba casi petrificado por el miedo; incluso se olvidó de los Mortífagos que iban tras ellos — murmuró Ginny a la rubia cual secreto.
— ¿Pero entonces…? — volvió a decir Hermione, pasando la mirada de una a la otra.
— Quizás si no hubiera pasado lo de Sirius; no sé, él se hubiera arriesgado a declarársele antes, ¿no te parece?… — la cortó Luna sin darse cuenta. La pelirroja asintió. Parecía como si sólo estuvieran ella y Ginny en la cocina — Pero le dio miedo.
— Es entendible. Sirius era lo más cercano que tenía. Obviamente, Harry sabía que, si Voldemort se daba cuenta de sus sentimientos hacia Hermione, él iría tras ella; y como Herm era lo más preciado que tenía, no deseaba ponerla en peligro — profundizó.
— Aunque también intentó alejarla. A todos — recordó Luna.
— Menudo torpe. Por poco lo logra ¿eh?
— Pero para eso tenemos a Herm, siempre haciéndolo entrar en razón… — sonrió orgullosa la ojiazul.
Hermione, quien había escuchado en silencio ése intercambio de palabras entre sus amigas, ya no pudo continuar oyendo más y se dejó caer con pesadez en la silla que estaba a su lado, sintiéndose de repente mareada. ¿Desde quinto?, ¿desde quinto estuvo enamorado de mí y lo calló para mantenerme a salvo?, se preguntó sin poder creerlo.
Flash Back
Hermione estaba inquieta, desde el banquete de fin de curso de la noche anterior, hasta ése momento, Harry no había pronunciado palabra alguna. La plática que tuvieron poco después de que ella saliera de la Enfermería le parecía tan lejana ahora. A años luz del presente. Y ahí estaban sus amigos, tomando sus baúles y mascotas atravesando la barrera mágica hacia el mundo muggle, inconscientes de la muerte de un hombre valiente y entrañable que arriesgó todo por la vida de su ahijado. Ahí iban, sin saber que días atrás, en el mismo Ministerio de Magia, Sirius Black salvaba la vida de Harry Potter.
Y recién iniciaban las vacaciones. Merlín, dos meses de separación eran muchos días que tendría que soportar sin poder estar al lado de Harry. Si tan sólo le diera una señal de que todo estaba bien. De que se mantendría a salvo.
Mas aquel gesto distante y a la vez decidido, como si cargara con una enorme responsabilidad sobre sus hombros, la inquietaban. Sus ojos verdes esmeralda no sólo proyectaban la tristeza de haber perdido a alguien amado. Sino la angustia de quien sabía, pronto alguien más correría con la misma suerte.
— Herm, ¿vienes? — casi pegó un respingo cuando la llamó Ginny.
— Sí, sí. Ya voy — por un segundo sintió la mirada de Harry sobre ella; mas apenas lo volteó a ver, éste dio media vuelta abandonando el vagón. Suspiró apesadumbrada, tomando en brazos a Crookshanks y jalando su baúl con su mano libre. Le agradeció con una leve sonrisa a Ron, cuando éste se adelantó hacia ella tomando el baúl, entregándole su chiflada lechuza para que ella la llevara.
— ¿Has hablado con él? — le preguntó Ron en un murmullo cuando siguieron a Harry y Ginny entre la muchedumbre que se arremolinaba en las puertas.
— No desde el otro día — le respondió escuetamente.
— Se negó a ir a casa durante las vacaciones — comentó como sin querer la cosa, dedicándole una vacilante mirada.
Hermione se mordió el labio. Maldiciendo en silencio la testarudez de su amigo. No dijo nada.
— ¿Tú irás? — le interrogó Ron con un dejo de esperanza en la voz.
Harry no iría. Pero quizás, si ella iba, podría estar más informada con respecto a él. Aunque, si Harry no quería ir, era porque quería estar aislado; no haría mucha diferencia que ella estuviera con los Weasley.
Meneó la cabeza. Negándose. Y Ron asintió a su vez, entendiendo el motivo.
Alcanzaron a sus amigos esperando su turno en el límite de la barrera. Un grupo de Aurores les indicaban cuando debían pasar. Lo único bueno que había surgido de aquel fatídico día en el Ministerio era que al fin el Ministro había visto a Voldemort con sus propios ojos y ahora todos creían en su regreso, aumentando la seguridad en el mundo muggle y mágico.
Ron le devolvió su baúl a Hermione y tomó la jaula de Pig. Por el gesto desilusionado de Ginny, pudieron darse cuenta que había intentado hablar con Harry sin éxito.
— ¿Quiénes vendrán? — le preguntó Hermione a su amiga intentando distraerla un poco.
— Mis padres, los gemelos, Bill, Fleur… — le respondió mirando furtivamente a Ron. Éste frunció los labios al escucharla — Toda la Orden — agregó en un susurro.
Harry suspiró profundamente al oír lo último.
— Seguimos — señaló Ron, avanzando. Ginny se apresuró a seguirlo.
Harry se adelantó también, mas el firme agarre de Hermione sobre camisa lo detuvo a tiempo. Otro grupo de chicos les ganó su lugar.
— Necesito hablar contigo — le dijo Hermione de forma vacilante. Ron y Ginny atravesaron la barrera que los comunicaba con la estación de King's Cross sin darse cuenta que dejaban atrás a sus amigos.
Harry se giró hacia ella, mas su mirada se dirigió a la mano que aun sujetaba con firmeza su camisa, a la altura del estómago. Hermione los alejó un poco alejados de la muchedumbre, y él se dejó guiar por ella ciegamente. Dejando los baúles, la jaula con Hedwig y a Crookshanks ahí.
— Sé que los últimos días han sido un desastre… — empezó a decir la castaña, mientras los demás estudiantes pasaban por su lado sin prestarles atención — Desde aquel día en el Ministerio, — murmuró en un titubeo — has estado distante Harry. Y lo entiendo. O he intentado entenderlo… — repuso. Se mordió el labio, en ningún momento soltó el agarre sobre la camisa de su amigo — Pero ya te lo dije Harry. No estás solo. Si necesitas hablar. Desahogarte. Ya sabes que… — se calló cuando lo miró apretar la mandíbula, en un gesto de muda impotencia.
— Yo sólo… — musitó Harry. Sacudió la cabeza tratando de ordenar sus pensamientos. Hermione lo miraba con atención, la opresión de angustia en su pecho no había disminuido desde que había despertado aquella mañana en la Enfermería luego de la pesadilla en el Ministerio. Y el que Harry no hubiera pronunciado casi palabra desde aquel día, sólo la mortificaba más.
Tan sumida estaba en sus pensamientos que por poco pega un respingo cuando lo escuchó suspirar pesadamente, pero eso no impidió que si lo diera al sentir como una mano de Harry encerraba la suya con suavidad, y aquellos ojos verdes se posaron en los suyos.
— Sé que intentas ayudarme Hermione. Pero… hay algo que… — mordió sus labios, impotente. ¿Para qué decirle algo acerca de la profecía?, sólo la mortificaría aún más, pensó.
— ¿Qué sucede? — le preguntó con un dejo de preocupación, apretando suavemente su mano.
— Yo… — volvió a balbucear Harry, sin atreverse a decir lo que realmente quería decir. Pero ¿qué era aquello?, ni él mismo lo sabía. Por Merlín, ni siquiera tenía conciencia de sí tendría la voluntad de dejarla ir. Aquel último pensamiento lo hizo bajar la mirada, avergonzado por sus sentimientos; resignado a saber que jamás podría ser algo más que un amigo para ella.
— Harry… — insistió Hermione.
— Yo quisiera… — murmuró con la voz ronca. Tenerla tan cerca de él, con aquellos ojos mieles que expresaban preocupación y cariño, le provocaba un vuelco al corazón. ¿Cómo es que nunca se había dado cuenta de lo que en verdad sentía por ella?, se preguntó desconcertado. La mano le empezó a transpirar y Hermione se dio cuenta de ello, mas no hizo mención alguna.
— Harry, todo está bien. Lo sabes, ¿verdad? — lo miró con intensidad.
— No estoy muy seguro de eso ahora — consiguió decir, una mueca de pesadumbre en sus labios.
— Escucha… — le apretó la mano acercándose un paso más a él. La plataforma estaba casi vacía, sólo unos cuantos grupitos estaban rezagados dándose la última despedida del año.
— Me importa muy poco lo que pase éste verano conmigo… — la interrumpió Harry sin darse cuenta, armándose de valor — Si Voldemort va tras de mí, o mis propios tíos me echan a la calle como han deseado hacer siempre… — continuó, hablando con agitación, atreviéndose a mirarla a los ojos — Lo único que me importa eres… ¡son ustedes!… Es decir, Ron y tú, por supuesto… — repuso nervioso. Hermione lo miró con una mezcla de desconcierto y preocupación por sus palabras — Sólo prométeme que no te arriesgarás y te mantendrás a salvo, ¿sí? — le pidió finalmente, mirándola suplicante.
— ¿Yo?, ¿arriesgarme yo?… — le preguntó escéptica — Pero si eres tú el que siempre…
— Hermione, las cosas han cambiado, y lo sabes. Voldemort… — hizo una mueca de ira cuando nombró al asesino de sus padres, y al causante de que ahora no tuviera padrino y no pudiera albergar esperanzas con ella — Él ha vuelto. Fue tras Sirius porque sabía que era una debilidad para mí. Encontró la manera de hacerme daño. Y si algo… — calló en su discurso. Si algo le pasaba a ella nuevamente, ésta vez no tendría un motivo para seguir adelante, zanjó — Sabes a lo que me refiero… — la miró significativamente.
— Harry… — lo soltó de la camisa. Su rostro mostró completo desconcierto. Quizás algo de desilusión, pero Harry no quiso interpretarlo así.
— Por favor, prométemelo. Eres… eres mi mejor amiga, y no quisiera que te pasará algo — hubo algo en aquellas palabras que le oprimieron la garganta cuando salieron por su boca. El recuerdo del Ministerio estaba aún muy presente en su memoria. La imagen de Hermione inconsciente en sus brazos le arañaba el corazón. Carraspeó con molestia.
— Sabes que… — quiso alegar Hermione. Calló al ver sus ojos suplicantes. Hubo tanto en la mirada que compartieron, miles de palabras que no necesitaban ser pronunciadas para adquirir significado. Sólo ése gesto bastó para ambos — De acuerdo… — concedió con un asentimiento de rendición. Harry quiso sonreír, mas únicamente logró una mueca — Pero tú a cambio debes prometerme una cosa también… — se precipitó a convenir.
Harry asintió sin pensarlo un instante. Tanto así confiaba en ella. Ciegamente.
— Me escribirás al menos una vez por semana, ¿está bien?… — le entrecerró los ojos con claro ultimátum — Porque mira que, si no lo haces, ¡te juro que voy con tus tíos, te saco de ésa casa y te llevo a la mía así tenga que hacerlo a punta de varita! — le advirtió con un dejo de humor y amenaza.
Harry no pudo ocultar la sonrisa que surcó en sus labios cuando asintió. Hermione sonrió, sintiendo como el alma le regresaba al cuerpo al verlo sonreír.
— ¡Te voy a extrañar! — expresó la ojimiel, mirándolo con inmenso cariño.
— ¡Pero miren nada más a quienes tenemos aquí!… — rompió con la conexión una conocida voz que arrastraba las palabras.
Hermione chasqueó la lengua con desilusión y enojo al ver como el semblante de Harry se ensombrecía nuevamente, y sintió como la soltaba de la mano para girarse a enfrentar al Slytherin.
— Si no son otros que el Cara Rajada y su nuevo amorío — se mofó Malfoy a sus espaldas. Crabbe y Goyle, que como siempre acompañaban al rubio, rieron tontamente.
La castaña se colocó a un costado del ojiverde tomándolo del brazo por precaución, al mismo tiempo que miraba con seriedad al Slytherin; quien, como siempre, venía acompañado de sus gorilas.
— ¿Qué no andabas con Chang, eh Potter?… — le cuestionó. Harry se sintió enrojecer y evitó a toda costa la mirada de Hermione sintiéndose repentinamente incómodo — Hasta creí por un segundo que tenías buen gusto. Ya sabes, Ravenclaw, bonita, buscadora, un año mayor… — enumeró con los dedos. El gesto de arrogancia nunca abandonó sus rasgos.
Crabbe y Goyle soltaron risas tontas.
— Aunque, al parecer, empecé a juzgar muy pronto… — torció la boca mirando con desdén a Hermione.
— Harry… — le advirtió Hermione al sentirlo tensarse a su lado.
— ¡Cuida tus malditas palabras, Malfoy! — le advirtió éste a la vez con los dientes apretados.
—… si eres capaz de fijarte en una sangre sucia — escupió con asco.
— ¡Harry, no! — soltándose de su agarre con brusquedad, Harry se abalanzó contra Malfoy restando la distancia entre ambos en menos de un segundo, y tomándolo del cuello de la camisa le dio tal puñetazo en la mandíbula que sintió sus propios nudillos crujir por el impacto, mandando al rubio al suelo aullando de dolor.
— ¡NO LA VUELVAS A LLAMAR ASÍ! — vociferó fuera de sí, dispuesto a soltarle otro golpe si era necesario. Crabbe y Goyle se precipitaron a abalanzarse contra él, mas un rayo escarlata los mandó contra la barrera haciéndolos desaparecer junto a sus baúles. A los dos segundos Hermione ya estaba al lado de Harry reteniéndolo del brazo. Las personas que aún quedaban ahí, incluidos algunos Aurores se acercaron rápidamente al escuchar el escándalo.
— Aunque el año haya terminado, no olvides que soy Prefecta y puedo reportarte con Dumbledore, Malfoy — le advirtió Hermione al ojigris, cuando éste se incorporaba del suelo.
— ¿Y crees que me importa un poco lo que me pueda hacer ése viejo?… — se mofó limpiándose el labio con desdén — Si supieras Granger, si supieras lo que me espera… y lo que les espera — sonrió con insolencia.
Hermione arrugó el entrecejo, confundida por sus palabras. Harry apenas se daba cuenta que estaba hablando, sentía una profunda ira burbujeando en su estómago que le impedía pensar.
— El próximo año todo cambiará. Y ni ésa tonta insignia que llevas con tanto orgullo podrá detenerme. Mucho menos el anciano que tenemos como Director. O San… Potter… — lo miró con desprecio — Al fin te daré tu merecido — se rio entre dientes.
Hermione no pudo evitar sentir escalofríos ante sus palabras y el mensaje oculto en ellas. Mas ya no pudo cuestionarle nada, porque tomando su baúl, Malfoy se alejó atravesando la barrera sin atender a las réplicas de los disgustados Aurores. Lentamente la muchedumbre se fue disipando.
Aun después de que Malfoy hubiera desaparecido, Harry seguía resollando entre dientes y maldiciendo por lo bajo con rabia. Hermione, ligeramente aturdida por lo que había dicho Malfoy, hizo omisión de ello y se concentró en lo que había pasado anterior a eso.
— Debería de reprenderte por lo que hiciste ¿sabes? — rompió el silencio, girándose hacia Harry.
— ¡Pero si él…! — se giró hacia ella con indignación.
— Debería, pero fue muy valiente, y estúpido, lo que hiciste… — lo interrumpió — Gracias por defenderme, Harry — le agradeció, dándole un suave beso en la mejilla. El pelinegro la miró con los ojos dilatados de sorpresa, sintiendo su rostro desprender vapor.
— Yo… — balbuceó atolondradamente.
— ¿Qué pasó?… — apareció de nuevo Ron. Los Aurores maldecían molestos por no ser tomados en cuenta. El pelirrojo no se dio por enterado — Acabamos de ver a Malfoy y sus gorilas irse echando humo por las orejas hace un momento. Además, el hurón traía tamaño golpazo en el hocico que ni como disimularlo — comentó esto último con humor.
Pero nada registró el cerebro de Harry, y poco había entendido Hermione. La castaña nunca antes se había dado cuenta de lo hermosos que eran los ojos de su mejor amigo. Y el pelinegro nunca había apreciado cuán tersos y cálidos eran los labios de una chica.
Fin Flash Back
— ¿Herm?… ¡Hey!, ¿Hermione? — les tronaba los dedos frente a los ojos Luna. Ginny, al otro lado de la mesa, la veía con preocupación.
— Para eso ya, Lu, empieza a exasperarme. Además, van cinco minutos y nada. Yo digo que mejor le echemos agua — sugirió la pelirroja, cual si fuera lo más obvio.
— Parece petrificada. ¿Y si…? — respingó alarmada.
— ¿Ves a algún basilisco cerca?… — la cortó Ginny, rodando los ojos. Luna negó lentamente — Entonces no está petrificada, ¿está bien?
— Entonces, ¿qué le pasa? — regresó a ver a la castaña. La pelirroja se encogió de hombros.
Flash Back
Tal como le había pedido a Harry, las cartas entre ellos fueron semanales; eran tan comunes que incluso Hermione se encontraba a sí misma algunos sábados sentada frente a su ventana contemplando el cielo en busca de Hedwig cuando creía que se hacía demasiado tarde, impaciente por recibir noticias de su amigo. No obstante, la correspondencia con Ron se vio disminuida al grado de recibir sólo tres cartas durante todo el verano; si es que se les podía llamar así al párrafo y medio que le escribía su amigo, en los cuales decía siempre lo mismo: "Yo estoy bien, ¿tú cómo estás?, Ginny, mamá, papá, Fred, George… te mandan saludos". Parecía que le hablaba más de los saludos que enviaban que acerca de él. Pero, en fin, así era su amigo. Siempre apartado.
En cambio, Harry era distinto. Para ser una semana lo que transcurría entre una carta y otra, tenían mucho que contarse…
Como:
"… y Dudley me está molestando como no tienes idea, se ha vuelto más insoportable que nunca, la verdad ya empieza a fastidiarme. Te lo juro, una más y saco la varita. Y no, ni empieces a regañarme Hermione, me sé toda la tontería ésa de "prohibida la magia fuera del colegio"; lo haré sólo para asustarlo, ya te había mencionado lo miedoso que es respecto a nuestro mundo. Muchísimo más después del encuentro con los Dementores.
En fin, el miércoles tía Petunia también se molestó conmigo. ¿Por qué?, por la razón más absurda jamás inventada. ¿Te puedes creer que ahora no puedo siquiera estar en mi habitación sin haber avisado antes?; me pasé más de una hora escuchando toda clase de comentarios. Lo único bueno es que como "yo tengo la culpa de todo", a Hedwig lo ignoran completamente y me da libertad de enviarlo contigo.
No vas a creerlo, pero éstos días que pasa contigo, no sé, juraría que lo noto más alegre. No como los pasados veranos. ¡Creo que también te extrañaba!"
Y otras veces era ella quien terminaba expresando sus sentimientos:
"… no la culpo, de verdad. Soy su única hija, y es natural que se preocupe. Pero no puedo evitarlo; es simplemente que ellos quisieran que no regresara a Hogwarts por todo el peligro y yo me niego. Hogwarts es mi hogar; tú mejor que nadie me entiende.
¡Merlín, en buena hora se me ocurrió pagar la membresía al Profeta!, no tienes idea de los problemas que me causa. Y el peor es papá, se ha vuelto tan sobre protector. ¿Puedes creer que el otro día lo escuché decir algo acerca de comprar un arma como protección?; ¡si vivimos en el lugar más seguro del mundo!, no hay asaltos ni nada por el estilo. Pero obviamente él piensa que con ésa arma detendrá a los Mortífagos si llegan a aparecer; y como es tan terco, pues ni para que intentar hacerlo entender.
Las cosas están más difíciles ahora. Más que nunca. Me hacen tanta falta. Los extraño mucho.
¡Te echo mucho de menos Harry!"
Fin Flash Back
— ¡¿Pero qué demonios les pasa?! — les espetó Hermione a sus amigas levantándose de un brinco; por su rostro escurría el agua que Luna le había lanzado.
— ¿Qué te pasa a ti? — le preguntó a su vez Luna con preocupación.
— Si, hace rato te estábamos hablando y no decías nada. Hasta parecías petrificada — comentó con un dejo de inquietud Ginny.
— ¿Pues que esperaban?, ¡ustedes me ponen así! — les recriminó, apartándose el cabello húmedo de la cara.
— ¿Nosotras? — se apuntaron entre sí con desconcierto.
— Si, ustedes con sus comentarios acerca de Harry y de mí. ¡Ustedes! — tomó una toalla limpia cerca de la estufa y se secó el rostro.
— Bueno… — murmuró Ginny sin entender nada — ¿Segura no le arrojaste también el jarrón? — le comentó por lo bajo a Luna ante ése exabrupto de su amiga. Ésta tuvo el descaro de pensárselo unos segundos para después negar.
Regresaron a ver a Hermione cuando notaron se quedaba mirando fijamente por la ventana tras el lavadero.
— No estoy muy segura — concedió Luna con un encogimiento de hombros.
— No me diste con ningún jarrón Lu… — le dijo Hermione serenamente — Aunque gracias por dudar — replicó con sarcasmo.
— ¿Nos dirás que te pasa? — le preguntó Ginny sin rodeos.
— Es Harry — explicó mordiéndose el labio.
— Eso es obvio… — rodó los ojos la pelirroja — El punto es: ¿qué hay con eso?
Hermione suspiró pesadamente, casi con rendición.
— Que ya no estoy enojada — musitó minutos después, frunciendo el entrecejo.
— ¿Y? — la alentaron a que continuara.
— Y, — se giró hacia ellas — que finalmente comprendo lo que él sintió durante todos estos años al estar separados. Entiendo sus celos por Will. Incluso sus dudas acerca de mis sentimientos.
— ¿Cómo así? — le preguntó Ginny, confundida.
— Fue hace días, cuando me lo encontré con otra mujer… — empezó a decir.
— ¡¿QUÉ ÉL QUÉ?! — chilló Luna entre la incredulidad y la indignación. Ginny emitió un gemido de abrumadora sorpresa.
— No es lo que piensan. O al menos, no así. Es sólo… — suspiró con amargura — Yo malinterpreté las cosas y Harry me hizo darme cuenta de lo vulnerable que podemos volvernos cuando olvidamos actuar con conciencia y nos dejamos guiar por los celos. Merlín, — se llevó las manos a la cabeza con exasperación — de sólo recordar lo que sentí, quería partirle la cara a ésa tipa y darle una buena patada en los bajos a Harry por hacerme "eso".
— Me temo que no estoy entendiendo nada… — le dijo Ginny — ¿Qué hay del malentendido en Hogwarts?, ¿tú no sentiste, tú sabes, celos? — le preguntó titubeante.
— La verdad no, — confesó pensativa — era más bien dolor lo único que registraba mi cabeza y corazón. En cambio, ése día en el Ministerio, cuando vi a Harry con aquella mujer, fue como si me sintiera impotente, insegura… Como si ni siquiera tuviera la certeza de que él me amara, y necesitaba que me dijera cuanto lo hacía para poder confiar en él — exteriorizó.
— Que es lo que ha estado sintiendo Harry todo éste tiempo — completó la pelirroja.
— Exacto — asintió Hermione.
Luna las miró pensativa, analizando lo dicho.
— ¿Y todo esto de que más te sirvió? — le preguntó.
— Para darme cuenta como he menospreciado mi relación con Harry. Como antes, en el pasado, él hubiera sido la primera persona a la que acudiera cuando estaba en problemas, teniendo la seguridad de que ahí estaría. Pero como de pronto toda aquella confianza que sentía por él, ahora se desvaneciera. No lo sé… creo que extraño a mi mejor amigo — meditó.
— A Will — apuntó Ginny con amargura.
— A Harry — le corrigió Hermione con una débil sonrisa.
— Entonces ¿no lo amas? — le preguntó Luna confundida. Por el gesto en el rostro de Ginny, ella pensaba lo mismo.
— Si lo amo. Merlín, ¡no concibo una vida sin él!… — exclamó con pasión — Es sólo que… — se mordió el labio.
Luna y Ginny la esperaron en silencio. Era obvio que su amiga estaba en un dilema emocional y ésta vez ellas no podían hacer nada más que escuchar. Dejar que se desahogara y ella misma se diera una respuesta.
— ¿Desde cuándo nuestras vidas se volvieron tan complicadas? — se lamentó.
— Más bien, ¿desde cuándo sus vidas han sido normales? — no pudo evitar bromear Luna.
Hermione las miró con una sonrisa en los labios, más tranquila.
— ¿Y ahora en que piensas castaña? — la miró suspicaz Ginny.
— Nada. Sólo me preguntaba qué diría Harry si voy a verlo ahora y acabar de una vez con éste asunto de la pelea — comentó como quien no quiere la cosa.
Luna y Ginny compartieron una mirada de emoción.
— Entonces ¿eso quiere decir…? — empezó a preguntarle la rubia. Hermione negó, haciéndola bufar exasperada.
— Necesito tener un buen discurso antes de ir. Ésta vez seré yo quien dé el primer paso. Si después de esto debo esperar a que Harry dé el segundo para retomar nuestra relación. Bueno, si lo hace, significa que si le importa. Si no, pues… no lo sé — frunció el entrecejo con pesadumbre.
— ¡Por supuesto que lo hará! — replicó Luna muy segura.
— ¡Claro que sí!… — apoyó Ginny. Hermione les sonrió con agradecimiento — Aunque, ¿y si simplemente vas y…? — le sugirió, con impaciencia por verlos juntos de nuevo.
— No, — meneó la cabeza la ojimiel — debemos pensar con claridad. Ya hemos actuado por impulso muchas veces y nunca hemos terminado bien. Ésta vez tenemos que hacerlo correctamente. De otra forma, nuestra relación fracasara y no pienso permitirlo. No podemos poner nuestro amor en riesgo… — hizo verles con sabiduría — Por eso ésta vez será la definitiva. Ya no soy capaz de otra despedida. Enfrentaremos esto de frente. No huiré. O haré una tontería. Ésta vez corregiré los errores del pasado — finalizó con determinación.
Luna sonrió con entusiasmo. Orgullosa por la determinación e inteligencia que proyectaba su mejor amiga.
— Ay, la vida de los solteros es taaan complicada — comentó de pronto Ginny con un suspiro y jugando con la sortija de matrimonio en su dedo anular.
Luna le enarcó las cejas con escepticismo ante lo dicho. Hermione rodó los ojos.
— Uy sí, y como tú ya eres toooda una señora — satirizó la castaña de manera mordaz. Ginny le entrecerró los ojos con gesto ofendido.
— Al menos yo tomo las riendas de la situación cuando todo se sale de control, no vengo y me escondo en mi casa — le espetó con satisfacción.
— ¡Yo no me escondo! — saltó indignada. Sus mejillas se sonrojaron.
Ginny y Luna se miraron entre sí para después soltar un sarcástico "Aja" sincronizado.
Y del otro lado de la historia, estaba Harry. Quien lejos de pensar siquiera en darle una disculpa a Hermione, o buscarla, optaba por lo más sano y estúpido del mundo: ser indiferente a la situación.
Después de todo, él no había tenido la culpa de nada, sino el alcohol. Fue el quien había hablado, se justificaba cada día con testarudez. Además, tampoco era su culpa que Cloe anduviera tras de él desde hacía meses. Y que él recordara, jamás le confirmó nada a Hermione acerca de la rubia. Ella fue la que empezó a hacer suposiciones. Pues bien, si quería jugar el papel de la celosa indignada, que lo hiciera. Después de todo, él lo había sido por mucho tiempo. Un poco de escarmiento no le caería nada mal, pensaba de manera infantil.
Ya suficiente decepción había pasado en su vida. ¿Qué valía una más?
Y cruzándose de brazos, como un escudo a la responsabilidad de sus actos, es como todo el mundo lo veía ahora.
Pobres Aurores novatos. Ellos eran los que más sufrían con su hostilidad. Ya era una costumbre que recibieran vociferadores citándolos a las cinco de la mañana y que Harry los tuviera entrenando hasta bien entrada la tarde. Apenas y les daba un receso de media hora para el almuerzo y la comida. Ni hablar de cuando se demoraban, aunque sea un minuto más del plazo estipulado. Sólo se ganaban otra hora de entrenamiento en la cual los ponía a correr en una pista de obstáculos mientras maldiciones aturdidoras volaban a diestra y siniestra.
Tanto era su mal carácter que, si no hubiera sido por Ron, quien habló pacientemente con los alumnos y reprendió a gritos al ojiverde, los jóvenes aprendices a Aurores se le hubieran ido encima en más de una ocasión.
Y eso no era todo, lo peor de todo es que entre más le daba vuelta al asunto, su muralla de orgullo caía en pequeños pedazos cada día al recordar aquella desastrosa noche. La vergüenza regurgitaba en su estómago como si fuera un volcán a punto de ebullición. Y no podía hacer nada contra ése sentimiento; no cuando la terquedad le ganaba a la razón.
Aunque, tal vez un golpe a la realidad le haría ver de una vez por todas… Tal como el que acababa de recibir hacia dos minutos por parte de su amigo Ron.
—… ¡te estás comportando como un verdadero cretino y lo sabes bien!… — le seguía vociferando fuera de sí el pelirrojo, queriéndosele ir encima.
Estaban en la sala de reuniones del cuartel de Aurores, acribillándose con la mirada sin importarles en medir el volumen de voz; al fin de cuentas así había sido diseñada la sala, para que nadie escuchara nada en el exterior; y considerando que no había ninguna junta señalada para el día, pues bien, eso sólo les daba más incentivo a sacar todo lo que traían dentro.
— ¡Sabes que fue tu maldita culpa, pero no lo quieres aceptar, Harry!… — le volvió a recriminar — ¡LA DAÑASTE!, ¡LE ECHASTE EN CARA UN MONTÓN DE ESTUPIDECES Y NO TE IMPORTÓ SIQUIERA LO QUE ELLA SENTÍA O POR LO QUE ESTABA PASANDO!… ¡¿Crees que no hubo un motivo valido para llegar a ésa maldita cita?, ¿de verdad lo crees?!… — le escupió de nueva cuenta, queriendo rodear la mesa. Bufó furioso cuando Harry le sacó la vuelta. ¡El muy cobarde!, pensó irritado.
— No te metas Ron, ¡es asunto de ella y mío! — le espetó con fastidio.
— ¡Lo que tenga que ver con Hermione siempre va a ser asunto mío, completo idiota!, ¡ES COMO MI HERMANA!, ¡LA AMO COMO TAL!… — le gritó en la cara — ¡Ya la vi sufriendo por ti en más de una ocasión!, ¡y la perdí por tu culpa durante seis años!… ¡No voy a dejar que pase de nuevo! — soltó sin medir en lo que decía.
Soltando un bramido de furia, Harry saltó sobre la mesa barriendo con todo lo que tenía alrededor y se abalanzó sobre él tirándolo al suelo, atizándolo un puñetazo en el estómago. Aquello no amedrentó a Ron, quien, usando la ventaja en peso y estatura, lo empujó por el pecho arrojándolo contra una silla. Ni todo ése ajetreo logró perturbar el silencio fuera de la sala.
— ¡CIERRA EL MALDITO HOCICO Y NO HABLES SIN SABER A MENOS QUE QUIERAS QUE TE MUELA A GOLPES, IMBÉCIL! — le vociferó el ojiverde desde el suelo, aniquilándolo con la mirada.
— NO LO HARÉ PORQUE, AUNQUE TE PESE, ¡SABES QUE ES LA VERDAD!… — le gritó a su vez el ojiazul respirando agitado — ¡POR TU CULPA LA PERDÍ!, ¡FUE POR TI, MALDITO DESGRACIADO! — le recriminó con vehemencia. Sus ojos azules brillaron por lágrimas de coraje. Harry se incorporó con brusquedad dándole una patada a la silla que había volcado y se le acercó, encarándolo.
Ambos resollaban entre dientes como bestias salvajes.
Y antes de siquiera pensar en lo que hacían, o darse tiempo de tranquilizarse, dos puños volaron en el aire impactándose contra el que tenían en frente. El de Ron estrellándose contra la mejilla del ojiverde y el de éste chocando contra su mandíbula. Luego de eso sólo fueron golpes, empujones, patadas, caídas, rodillazos, volcaduras de sillas, tropiezos contra la mesa, bramidos enardecidos, e hilos de sangre brotando de sus cortes y nudillos. Una representación perfecta de lo que era una pelea entre hermanos. Dónde con cada golpe sacaban frustraciones, recriminaciones, culpas…
— ¡Si no hubieras sido tan estúpido hace años y tan estúpido ahora, ella seguiría aquí!… — le echó en cara Ron en algún momento, cuando ambos cayeron al suelo por el dolor y el cansancio — ¡Pero no!, ¡hay va de nuevo el señor Harry Potter a armar su circo con su maldito temperamento del demonio!… — satirizó. Harry lo regresó a ver, apoyándose en sus manos para impulsarse y detenerse sobre sus rodillas; un hilo de sangre corría sin parar desde su nariz hasta caer por su barbilla, manchándole la túnica — ¿Qué querías con esto eh?… — le preguntó directamente — ¿Qué sintiera lo mismo que tú?, ¿qué sufriera al igual que tú?… ¡¿Qué, maldición?! — se exasperó nuevamente.
— ¡Que entendiera que por más amor que pueda sentir por ella, no puedo seguir sacrificándome por ello sin recibir nada a cambio! — bramó con vehemencia, sus ojos verdes lo contemplaron con reclamo por no ponerse de su lado.
La sala se sumió en el silencio después de aquel lamento. Sólo se escuchaban sus jadeos de cansancio y dolor por la pelea más grande que alguna vez hubieran tenido en sus vidas. Cada músculo de sus cuerpos se quejaba de sobremanera, mas no era otro que el corazón el que más pesaba.
Ron volvió a bufar con exasperación.
— ¿Nada a cambio?, ¿de verdad crees que no recibes nada a cambio?… — lo contemplo con incredulidad — Merlín, Harry, tú sí que eres ciego… — suspiró con cansancio, apoyando la espalda en una silla para mirarlo bien — ¡Ella regresó por ti!, ¡ella te dejó entrar en su vida de nuevo!… ¡Por Dios santo, ella abandonó sus miedos por ti!… ¿Y así es como intentas hacerla sentir segura?, ¿armándole una escena de celos y luego insinuándole que puedes estar con cualquier otra sin importante un carajo sus sentimientos? — le espetó.
Harry sintió como el rubor subía a sus mejillas tiñéndolas de vergüenza. Escuchar lo que él tanto había estado tratando de no afrontar, era aún más abrumador que darse cuenta de ello finalmente. Sólo le confirmó lo que ya sabía. Y no pudo evitar sentirse más idiota.
Se pasó una mano por la cara, empapándosela de sangre, y no pudo importarle menos. Ni siquiera el dolor que sintió cuando cubrió su nariz con una mano y le dio un brusco giró para acomodar el hueso roto, mitigó el remordimiento que recorrió su cuerpo al rememorar la mirada de desilusión que le lanzó Hermione aquel día en el ascensor.
Escuchó a su amigo pelirrojo quejarse cuando quiso ponerse en pie y lo miró de reojo sintiéndose aún más avergonzado al observar todo el daño que le había hecho.
— Y para que conste, ése último puntapié que me diste… — comentó Ron limpiándose la sangre que salía por su labio — ¿Estás bromeando?, — lo regresó a ver con burla — ¿un puntapié?, eso es de gay — se rio.
— No más que la cachetada que me diste — le soltó limpiándose la escasa sangre que terminaba por salir de su nariz y dedicándole una sonrisa vacilante.
Ron meneó la cabeza soltando una corta carcajada. Harry sonrió con más seguridad.
— Fui un idiota ¿no? — volvió a hablar el pelinegro, contemplando el suelo. Sentía una abrazante sensación en su mejilla izquierda y estaba seguro que aquella sustancia pegajosa que sentía era sangre de algún corte.
— Si, lo fuiste — concordó Ron pasándose una mano por la ceja haciendo un gesto de dolor. Su mano quedó untada de su propia sangre.
— ¿Qué se supone que haga ahora?… — le preguntó tímidamente — Ella de seguro no querrá volver a hablar conmigo — musitó apesadumbrado. Hizo el intento de incorporarse, mas una quemante sensación en sus costillas lo retuvo tal como estaba. Optó de momento por permanecer sentado en el suelo.
— Discúlpate — señaló Ron, como si fuera lo más obvio del mundo.
— No es tan sencillo — replicó Harry.
— Si lo es. Ustedes son los que complican todo… — le espetó con cansancio — Mira, ella es… berrinchuda, lo admito. Pero tiene el corazón más grande sobre la faz de la tierra, y eso todo el mundo lo sabe. No se negará a escucharte por muy enojada que esté… — lo intentó animar — No es como tú — le señaló con gracia.
Harry soltó una suave risa, que se transformó en un quejido adolorido por su labio partido.
— Tienes un buen gancho — le comentó masajeándose con suavidad la barbilla.
— Tengo que tenerlo. Créeme, con Fred y George en casa no me quedaba de otra. Ése par… — gruñó con molestia de sólo recordar las palizas que le daban cuando entraba a su cuarto sin permiso, o en varios casos, cuando se aburrían al no tener nada que hacer — Oh, y tú pateas fuerte — quiso darle un punto bueno a su amigo, palpándose su pantorrilla, en donde él le había pegado.
— Gracias… Supongo — murmuró inseguro.
Se giraron a ver al otro y se sonrieron con algo de vacilación. La pelea anterior estaba en el olvido… no así los golpes que habían recibido.
— Harry…
— Dime.
— Yo… lamento lo que dije acerca de Hermione… que tú tenías la culpa… — lo miró avergonzado — Pensé que, si lo decía, te ayudaría a reaccionar. No lo pienso realmente — le aseguró.
Harry no dijo nada, sólo asintió aceptando su disculpa. La verdad sea dicha, ésas palabras fueron las que más pesaron. Sobre todo, porque la misma Hermione lo había dicho con anterioridad.
— Tal vez tengas razón… — murmuró quedamente. Ron no lo alcanzó a escuchar — Es sólo que, no lo sé, me siento inseguro cada vez que surge algo y ella es incapaz de confiar en mí para buscar ayuda… — exteriorizó el ojiverde — Antes…
— Antes sólo nos tenía a nosotros. Éramos muy unidos. En especial ustedes dos, y se comprendían tanto sin siquiera pronunciar palabras… Pero luego ella se fue Harry. Enojada. Dolida. Con tanto rencor y dolor, que perdió toda la confianza que tenía por ti…
— Gracias — murmuró irónicamente.
— No lo digo con mal fin. Merlín, ¡eres tan sentimental, hombre!… — dramatizó. Harry desvió la mirada, sintiendo que las mejillas se le sonrojaban nuevamente — Lo que trato de decir es que ella encontró todo lo que tú no le diste con William. Él se convirtió en su mejor amigo, aunque nos pese a ambos.
— Y es lo que no entiendo. Se supone que somos novios, ella debe de…
— Hey, pero tampoco puedes mezclar una cosa con otra… — arrugó el entrecejo Ron — Son escenarios completamente diferentes, hermano. Una cosa es amistad. Otra es un noviazgo. Tú ya tienes la última. Sólo te falta recuperar lo que ya tenías con ella.
— Entonces debo volver a ser su amigo, ¿eso es lo que quieres decir?… — lo regresó a ver desconcertado.
— Y pensaba que te había perdido por completo — sonrió con gracia su amigo.
Harry rodó los ojos.
— Hay veces en que un sólo gesto que haces puede acabar con toda la sabiduría que en ocasiones muestras ¿sabes? — le dijo.
— ¿Cómo que…?… — lo miró confundido. Unos segundos después: — ¡Oye! — se mostró indignado.
— Sólo bromeo Ron. "¡Merlín, eres tan sentimental, hombre!" — lo imitó con una vocecita satírica.
Ron lo fulminó con la mirada.
— No te golpeo nada más porque ya estás hecho puré — replicó con satisfacción.
Harry no dijo nada. Su mente repasaba todo lo que "el sabio Ron" había dicho anteriormente. Sorprendiéndose ante la verdad en cada palabra. Ron tenía mucha razón. Necesitaba recuperar la confianza de Hermione. Necesitaba traer a su amiga de vuelta. Sólo si recuperaba su confianza, podrían vivir sin malentendidos, sin dudas e inseguridades. Ya era tiempo de que dejaran de ser infantiles.
— Oye, bueno, ya te hice entrar en razón ¿verdad?… — le preguntó Ron momentos después. Harry asintió — En ése caso, no sé tú, pero a mí me duele todo. Yo digo que mejor vamos a que nos curen — se incorporó cojeando un poco al apoyarse en su pierna derecha.
— ¿La Enfermería? — sugirió Harry, apoyándose en la mesa con una mano y sosteniéndose un costado con la otra. Seguramente tenía una costilla rota, pensó.
— Ni loco. Ahí está ésa viejilla fea que me cae mal. Además, sus pócimas saben a rayos. ¿Recuerdas ése día que me dolía el estómago?, — su amigo asintió — ni loco vuelvo a ir. Por su culpa me la pase todo el día en el baño, y no precisamente vomitando — aclaró estremeciéndose.
— ¿San Mungo?
— No, no quisiera encontrarme con Padma… — meditó — Además, desde cuarto año que me alucina. No quisiera que se vengara por no haberla sacado a bailar en el baile de Navidad.
— ¿La Madriguera? — lo miró con algo de cansancio. Ninguna de sus ideas le agradaba.
— ¿Seguro no te golpeaste la cabeza?… — lo miró como si se hubiera vuelto loco — Ahí está mamá, por supuesto que sería el último lugar que pisaría ahora. No, yo voy con Luna. Tú podrías ir con Hermione, capaz y hasta se puede compadecer de tu aspecto y se reconcilian más fácilmente… — señaló con un dejo de picardía — Pero dile que te asaltaron o algo, no quiero morir tan joven y sin haber vivido — se apresuró a añadir.
— Contigo no se puede… — sonrió sin poder evitarlo el ojiverde — Anda, vete. Yo iré a casa — declaró.
— Pero que no pase de hoy el que vayas con Hermione — le advirtió. Asintiendo cansado, Harry Desapareció del lugar.
Ron sonrió con gusto al ver que su plan había dado resultado. Y pensando en lo feliz que se pondría Luna por lo bien que había salido su petición, y en la posible recompensa que recibiría, se Apareció en la casa de ésta con una enorme sonrisa en los labios.
—… ¿entonces crees que irá tras ella? — le preguntaba Luna a Ron momentos después mientras le limpiaba las heridas con alcohol.
Ron se estremeció. Estúpidos muggles y sus inventos aún más idiotas, mascullaba para sus adentros.
Y él pensando que recibiría una recompensa. ¡Ja!, a menos que fuera masoquista, dudaba que el hecho de recibir abrasante e irritante alcohol en cada una de sus heridas le resultara placentero. Por suerte la hinchazón en la pierna ya estaba como nueva gracias a un toque de la varita de Luna. Sólo quedaban los cortes en sus brazos y rostro; además del gran hematoma en la espalda que le había ocasionado una caída sobre la mesa.
Ron hacía una mueca cada que Luna le aplicaba alcohol. Ya le había preguntado al menos diez veces porque le aplicaba ésa cosa del infierno (como él había mencionado), y sólo recibía una mirada ceñuda de su novia excusándose con: "Es para que no se infecte". Que no se infecte, ¡mis polainas!, pensaba Ron reprimiendo las lágrimas de dolor en sus ojos.
— S-si… — musitó el pelirrojo mordiéndose los labios y cerrando fuertemente los ojos al sentir como le limpiaba casi en cámara lenta el corte en su ceja — Y-yo creo que s-s-sí. Se veía m-muy decidi-dido… ¡Ay, ay, ay, ay!, ¡Luna!, ¡no me pongas ya ésa cosa, por favor!… — le suplicó en un chillido de dolor haciendo el ademán de alejarse de su alcance. La rubia lo tomó con firmeza del rostro para que no se moviera.
— Quieto. Necesito curarte bien o te pondrás peor de lo que estás… — le reprendió con suavidad. Ron soltó un sonidito de queja y rendición — Ay, Ronnie, te molió a golpes — lo miró con pena.
— ¿Él a mí?, ¡ja!, hubieras visto como lo dejé yo — señaló hinchando el pecho de orgullo. Como quien dice que se acaba de pelear con un bravucón y salió ileso. Luna meneó la cabeza. Hombres, pensó.
— Pues espero que no tan mal como tú, porque si todo se arregla con Hermione, nuestra amiga no medirá en el daño que te hace cuando venga a buscarte, Ronald — comentó como sin querer la cosa aplicándole una buena cantidad de alcohol a un nuevo trozo de algodón.
Ron pasó saliva con dificultad, abriendo los ojos como platos. Tal fue el miedo que lo embargó que ya no sintió el alcohol que Luna aplicaba sobre el corte a un costado de su ojo.
Mientras tanto, en la casa de la mencionada, Hermione permanecía sentada sobre su cama sin poder concebir lo que veían sus ojos. Después de todo, había pasado ya un mes sin tener noticias de su amigo Will, y ahora se encontraba con aquella carta tirada bajo su cama. Mil y un preguntas surgían en su interior, pero la principal era una: ¿Desde cuándo y cómo llegó hasta ahí la carta?
Con manos temblorosas abrió el sobre, descubriendo la fecha que marcaba el día de su partida.
Ahogó el nudo en su garganta cuando sus ojos repasaron la elegante caligrafía de su amigo. Y empezó a leer…
"Para mi querida Jean:
Antes que nada, me disculpo por no haber hablado contigo frente a frente. Pero traté de decirte adiós una y mil veces más; y siempre se quedaba en eso. En meros intentos.
Ahora ya estaré lejos; te sentirás decepcionada y molesta conmigo por no despedirme; pero no quería alargar más ésta agonía. En mi vida ya he tenido suficientes despedidas como para querer llevarme una más, sé lo que se sufren con cada una; y por ése motivo quise ahorrarnos ésta.
Lo último que quiero es verte llorando por mi causa. Ya lo sabes.
Sólo quiero que sepas que mi decisión de regresar a Irlanda es completamente mía; nada más interfirió en mi decisión. Extraño demasiado mi hogar. A mi familia. Y estar otro día alejado de ellos no podría soportarlo.
No quiero que sufras por mi causa Jean, ésa nunca fue mi intención. Y quiero que sepas, que, a pesar de estar en diferentes lugares, tú siempre, ¡siempre estarás en mi mente!, jamás te olvidaré Jean. Porque si bien te conocí como Hermione, tú siempre fuiste mi Jean. Aquella mujer fuerte y llena de energía capaz de mover montañas con tan sólo proponérselo.
Creo nunca te lo dije; pero estoy orgulloso de ti. De las metas que te propusiste y lograste con creces. De haber creado ésa maravillosa ley llamada "P.E.D.D.O.". Tienes un futuro muy prometedor; pero tendrás que abrir un poco tus fronteras ya que no sólo los elfos necesitan tu ayuda, lo sabes. Existen miles de criaturas que necesitan tu apoyo. Así que no dejes que nada ni nadie interfiera en tu objetivo. Sé siempre la Jean que fue y será siempre mi mejor amiga. Valiente, intachable, tenaz y fuerte.
Siempre serás mi amiga. Nunca lo olvides; sin importar que. Es una promesa. Sin embargo, la promesa que hice de permanecer a tu lado constantemente no podré cumplirla literalmente. Lo digo de ésta forma porque si bien no estaré en cuerpo, mi alma siempre estará contigo. Nunca estarás sola, Jean; puedes acudir a mi cuando quieras. Recuerda, en Irlanda tienes un hogar.
Por último, te lo repito: esto no es una despedida. Es únicamente un Hasta luego. Sé feliz. Más de lo que eres ya.
Con todo el amor del mundo.
William Reeves.
P.D. No te culpes por nada. Lo intentamos, no funcionó. Ahora es tu momento de ser feliz. Busca a Harry; cásense, formen una familia y ten tu propio cuento de hadas. Te lo mereces. Eso y más. Después de todo, si algo me enseñó el conocerlos a ambos, es que su amor no tiene fronteras."
Hermione sonrió, sintiendo como una lágrima de nostalgia corría por su mejilla. Y ahí estaba de nuevo Will para ayudarla; que ilusa había sido al pensar que se había ido para siempre.
Suspiró, doblando el pergamino y guardándolo entre sus tesoros más preciados.
Era momento de dejar el pasado atrás… Iría a buscar su final feliz.
