Chicas! Después de muchísimo tiempo por aquí de vuelta! Estoy muy feliz y emocionada por retomar la historia. Sé que estuve ausente bastante tiempo pero ahora ya estaré con ustedes hasta el final... Que espero les guste.

Estos capítulos me gustan muchísimo, sobre todo por la historia que se irá contando.

Gracias por su apoyo. Leí todos sus comentarios y estoy contentísima por la aceptación de la historia y porque muchas de ustedes no olvidaron al capataz.

Ahora, sí, ¡a leer!


.:: Construyendo Fantasías ::.

Canciones:
- Say something (A great big world & Christina Aguilera)
- Broken (Lifehouse)


SEGUNDA PARTE

Capítulo 34

- Bella -

Charlie estaba arreglándose frente al espejo. Al compás de las agujas del reloj de pared fui acercándome paulatinamente hacia él. Con una soberbia casual que desconocía, se ajustó su corbata con delicadeza, acariciando a su vez, con ojos cálidos y enigmáticos, el fulgor de una sonrisa infantil. Todas las mañanas se acicalaba el cabello pero aquel día prefirió llevarlo limpio y seco para que asentara mejor bajo su sombrero verde oliva.

Lo vi. Él me sonrió como lo hacía cada vez que lo asaltaba de improviso en su dormitorio. Admiraba su uniforme: el sombrero elegante, la placa que brillaba reluciente al amanecer y que limpiaba cada noche para depositarla junta a sus gafas de sol.

Me acerqué danzarina inhalando la fragancia que impregnaba la habitación y que por una extraña razón me hacía sentir protegida y segura cada vez que caía en sus brazos. Podía funcionar como magia, artilugio o una simple predisposición del subconsciente, pero juré que aquel aroma varonil siempre significaría amor y protección en mi vida.

- Ven aquí, Bella -llamó Renée, de pie, en la entrada de la habitación-. Dejemos que tu papá se aliste para la ceremonia.

Con ojos dubitativos, volteé para decirle que no, pero la idea de que acabase la mañana para ver a papá en el estrado me puso de un ánimo estupendo y si lograba arreglarme con un vestido de tul –como el que tenía Renée en sus manos- sería más feliz y estaría de acorde a la situación.

Teníamos una mañana totalmente oscura en Forks. Con espesas y redondas nubes grises cubriendo el cielo, obstruyendo el paso de un sol que de seguro brillaba como ningún otro día. La ocasión lo ameritaba y la sonrisa de mi padre necesitaba una luz que la acompañase y que hiciese que todo resplandeciera.

Hoy el pueblo se vestía de gala. Era un aniversario más, mucha expectativa por las comparsas y desfiles y un profundo respeto por el nuevo Jefe de policías de Forks y futuro Sheriff del condado: mi padre Charlie Swan, el temido pero más noble hombre que haya conocido.

A la hora, luego de manejar por toda la interestatal 5, por fin habíamos llegado al centro del pueblo. Charlie había subido al escenario muy nervioso, no dejaba de mover su bigote, tratando de ocultar el rubor que teñían sus mejillas. Ser jefe del departamento de policía era obediencia, autoridad y seguridad. Para mí, esas tres cosas se concentraban en su mirada, tan profunda y oscura como el océano a medianoche; pero tan transparente que nadie podía atreverse a faltarle el respeto. En aquella fecha, fiesta principal del pueblo, se habían llevado a cabo durante tres días una serie de acontecimientos pintorescos y vistosos que se habían extendido por todo el territorio. Había disfrutado de cada ceremonia al lado de Annie, la hija del asistente de mi padre, Mark; Sin embargo, el motivo de mi orgullo era que Charlie se había convertido en héroe citadino, aquel que velaba por el bienestar de todos; aquel que hacía respetar la ley y aborrecía las injusticias.

Lo admiraba. Era mi héroe.

Y sigue siéndolo…

Su nueva estrellita brilló y él sonrió modestamente al compás de los miles de aplausos y gritos de júbilo. En el cielo, incontables luces de multicolores estallaron, iluminándolo y haciéndolo reír.

Pero de pronto… aquella luz se transformó en la áspera niebla de un día de invierno, previo a la navidad, semejante a la que se asomaba en la playa La Push. Incluso era mucho más fría y espesa que la sentía colarse entre mis huesos. Me vi parada frente a Charlie, con mi vestido de tul blanco y lazo azul. El seguía con su traje elegante pero me miraba aturdido, como animalito herido… muy herido.

Hasta en mis sueños… su recuerdo era tan doloroso…

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13.10.04

Abrí los ojos angustiada, con frías lágrimas cayendo tormentosamente por mis mejillas, con los sentimientos a flor de piel. Podía sentir la pesadez de mis párpados, hinchados, de tanto llorar. Volteé pero otro dolor desgarrador me detuvo: la espalda me dolía atroz y mi respiración era cada vez más errática.

El recuerdo de mi padre había sido tan vívido que tenía una sensación de hastío de mí misma y de dolor, mucho dolor. Era demasiada su tristeza que se había quedado impregnado en mi alma. Podía sentir su sufrimiento, era actual, estábamos conectados… quizá su corazón ya no quisiese latir más.

Tenía que ver a Charlie, estar a su lado y prometerle que recuperaría su casa. Solo por él sería capaz de atravesar estas frías paredes, ignorar la punzante opresión en mi pecho que me acusaba y salir en su búsqueda ni bien Alice apareciera por la puerta principal.

Lamentablemente mis músculos estaban entumecidos y no tenía ganas de nada.

Como respuesta, un golpe ensordecedor me estremeció y volví a sentir el peso de mis actos rodeada de un barullo poco común. Afuera había movimiento, y llegaban, cada vez con mayor fuerza, gritos fortísimos de mujeres y sonidos rasgados, como de pajuelas.

Era la realidad de la cárcel.

Y todo lo demás también era horrible: Edward... el folder... los policías, una camioneta negra observandome, un par de ojos azules siguiéndome...y la cárcel.

Oh, ya no quería despertar. Cambié de opinión… prefería mil veces evocar el recuerdo de mi padre recibiendo su medalla de Sheriff. Todo había sido tan sencillo de pequeña, sin preocupaciones ni sufrimiento; sin estar adolorida, echada en una fría cama de cemento y teniendo que soportar miradas hurañas y amenazadoras de mis compañeras de celda. Pero… así era la vida, tenía que despertar, luchar por un día más en esta carceleta...

Despertar podría, pero recordar ya no, ¡por favor! ¿Qué le costaba a mi mente dejar de acosarme con los recuerdos? ¿Qué precio tendría que pagar?

.

.

- Tiene visita.

"No quiero nada.", me dije a mi misma.

Por más que quise no escuchar y pretender dormir, no pude porque desde que había despertado, unas moribundas moscas no dejaban de vagar alrededor mío, describiendo círculo tras círculo y difusas líneas, ¿acaso no se cansaban nunca?

Tampoco tenía fuerzas para poner lentamente los pies en el suelo. La fría cama de cemento podría convertirse en mi aliada más justa en estos momentos.

- ¡Bella! Vamos Bella, hazme caso.

Ante los gritos, hubiese dormido un poco.

- Debes tomar tus pastillas. Podrías estar volando en presión alta.

"Quizá."

Me sentía vacía. A pesar del pequeño rayo de esperanza que quería nacer en mí y de las atenciones de mi mejor amiga. Había jurado levantarme de esta cama en cuanto Alice apareciera pero mis pensamientos habían quedado enterrados prematuramente en algún desierto inaccesible de mi alma.

Aquel silencio de medianoche había convertido a todas mis esperanzas en piedras hacinadas a lo largo del camino. Era una pesadez que no solo provenía del sueño inmerso en el que estaba, sino, del corazón sangrante que tenía dentro.

- Sé lo difícil que es esto. Verte aquí… ¡oh Bella! –sus brillantes ojos avellanas escanearon la celda, pasando por la cama de cemento, el piso frío sin pulir y las paredes llenas de gráficos y dibujos que no quise ni interpretar. Finalmente volvió su mirada a mí y noté que la invadía una profunda pena.

- Lo merecía Alice.

- ¡Nadie merece estar encerrada acá!

Me encogí de hombros. No me daba por vencida, pero en estos momentos, ya nada me importaba. Debía ser el ambiente tétrico de la carceleta.

Se apresuró a hablar:

- Jasper dice que conseguirá un habeas corpus para esta misma tarde. Mientras tanto Edward pagará tu fianza. Con eso saldrás libre y seguirás el juicio en la casa.

¿Él seguía insistiendo? ¿Con qué cara podía seguir aparentando frente a mí?

- ¡No! –Alcé la voz-. No quiero nada de Edward.

A simple mención de su nombre, levanté mi vista y la miré profundamente.
No... Él no.

- Bella…deja de ser tan testaruda. Bien sabes que todo esto es una trampa.

- ¿Y tú cómo lo sabes?

- ¡Él no firmó nada!

- ¿Te engañó con lo mismo? –le pregunté con sorna-. Edward siempre con sus mentiras. Desde un inicio me ocultó muchísimas cosas. Ya no sé que pensar.

- Hay muchas cosas que explicarte, Bella. Para eso tenemos que ir a casa.

La miré con profunda desconfianza. En estos momentos no quería nada ni a nadie. Rechazaría a quien osase en tocarme o abrazarme. ¿Para qué quería muestras de cariño de gente que no se preocupada por mí, que me hacía vivir entre mentiras, que me usaban a su antojo?

Lastimosamente era consciente de lo que me pasaba, me odiaba por ello, pero y aunque quisiese que todo fuera mentira me había convertido en una insensible; mis sentimientos habían desaparecido, había perdido todo atisbo de condescendencia. No había ningún cómplice en el que confiar. Me sentía sola en el mundo.

Alice notó mi rebeldía mas su semblante siguió consternado.

- Te pagaría la fianza Bells, pero nunca cargo efectivo. A esta hora ya están cerrados los bancos y Edward es el único que disponible de dinero.

¡No!

- Podría esperar hasta mañana.

- Bells… -pronunció mi nombre con cierta desilusión mas no me importó.

- ¡Pobre de ti Alice Brandon si Edward pone un solo centavo! ¡No quiero nada de él! No hasta que d…¿Qué te pasa?

El rostro de Alice se agitó. Rodeó con más fuerza los barrotes de la carceleta mientras que de fondo la puerta de madera golpeó el marco. Alguien estaba avanzando hacia nosotras en total silencio y se había mantenido callado todo este tiempo. Podía afirmar que no era el policía.

Alice volteó decidida. Sus ojos se abrieron y lo miró a fondo. El hombre misterioso estaba jadeante a su costado.

- Oh no… ¡¿Qué haces acá?!

No había escuchado las palabras del guardia indicándole el camino, ni cuando le abrieron la puerta. O mis gritos fueron tan escandalosos o me estaba volviendo sorda. Definitivamente estaba perdiendo todas mis facultades.

- Hola Bella –logró decir el tipo en lo que cabía su porte acalorado. Parecía que había corrido un par de cuadras o que había estado en una pelea.

- ¿No deberías estar en Seattle colocando ladrillos?

Jacob sonrió entre dientes.

- Por favor Alice. ¿En que mundo vives? Son solo tres horas de vuelo en jet hasta acá. Y para tu información estoy en Chicago desde hace dos días.

- ¿Quién te dejó pasar?

- Es hora de visitas –respondió burlón, luego me miró, con aquellos intensos ojos negros-. Bella, espero no te moleste que haya venido a verte ni que tampoco sea una indiscreción pero Riley me informó lo que te había sucedido recién esta mañana. He tratado de venir más temprano pero los asuntos que tenía que tratar aquí eran delicados y no podía postergarlos. En cuanto he podido, he venido y me he apersonado con el sheriff.

- No te preocupes –afirmé, encogiéndome de hombros. ¿Hasta dónde llegaría mi humillación? Tendría que preguntárselo, al menos Jacob se veía sincero, pero… ¿podría equivocarme otra vez? ¡Por supuesto!¡Y era el colmo que después de tantas veces tropezar, aun no sabía cómo caer!

Alice estaba en una guerra de contacto visual con Jacob.

- ¿Cómo es que tú has entrado tan fácilmente y Edward lucha por hacerlo?

Oh…

- Porque cuando supe la verdad, ordené que no lo dejen pasar –la interrumpí.

Ella volteó a mirarme herida.

Lo siento Alice, pero el dolor por haber sido traicionada es horrible.

- Supuse que algo así estaba pasando. Cuando llegué solo encontré a Jasper hablando con el poli. Ahora entiendo…

Como respuesta automática, Alice empezó a marcar su celular mientras que lanzaba frases hirientes al aire. No le presté atención, porque la sensibilidad de mi corazón empezó a hacer revuelo en lo más profundo de mí ser. Había evitado pensar en Edward… Había bloqueado por instinto todos los sentimientos buenos y malos que sentía hacia todo aquel que me rodeaba. Me había protegido, había construido un mecanismo de defensa tan alto que había tomado decisiones que en otra circunstancia no hubiese sido la correcta.

Dentro de toda mi confusión, estaba consciente de que nunca había sido el mejor momento para una pelea con Edward. Yo estaba desesperada, afligida y confundida. Este percance debió haber sido en privado, en casa, pero jamás pensé que la policía iría a capturarme de aquella manera. El procedimiento habitual no era este. Debía existir coima. Chang debía estar detrás de todo esto.

- ¿Cómo te encuentras Bella? -lo sentí apenado.

- Gracias por venir Jacob. Lamento que me veas en esta situación… -agaché la cabeza- jamás pensé que sucedería.

- Yo tampoco Bella. Sé que todo esto es una injusticia, que estás pagando los platos rotos de otra sarta de estúpidos que se creen superior por tener dinero y que pueden hacer lo que quieran con las personas –con mucha suavidad y tino, acercó su dedo índice a mi mentón y lo levantó para así mirarme a los ojos. Brotaba sinceridad de los suyos.

- Me reconforta saber que tú me crees inocente.

- Siempre confié en ti Bella. Te lo dije en Seattle. Si me hubieses permitido más tiempo… ya sabes –me guiñó el ojo derecho con picardía-, te lo hubiera hecho saber más.

Me sacó una sonrisa ante la incredulidad de Alice que hablaba acaloradamente por el celular.

- Entonces me perdí de una gran cena.

- Oh sí, de las mejores, no lo dudes.

Volvió a sonreír, esta vez mostrando sus dientes perfectamente delineados. Definitivamente era apuesto y muy simpático; y a pesar de mantenerse en forma, seguía conservando el rostro demacrado, tal como lo recordaba en Seattle hace un par de meses. Algo debía de pasarle. ¿Se había hartado de realizar un trabajo que no le daba satisfacción? ¿Por qué tuvo que convertirse en ingeniero si realmente tenía otros intereses? Sin embargo, fuera cual fuera la respuesta, Jacob seguía manteniendo viva la adrenalina y la ironía con que tomaba la vida. Sus profundos ojos azabaches lo delataban.

Un sonido como radio me interrumpió. En ese instante, Alice recibía un mensaje que la hacía ponerse furiosa. Rodó los ojos y se transformó; antes que digiera algo, Jacob se precipitó a hablar, como si leyera la mente:

- Ya pagué tu fianza, Bella.

¡Oh mierda! ¡Abrí los ojos y mi mandíbula de seguro cayó al suelo después de tamaña confesión! Alice por poco y da pataletas en el suelo o quizá lo hizo, no lo sé, yo solo atiné a mirarlo sin creérmelo. Estuve varios minutos sin habla. Incrédula, aferrándome a los barrotes grises de la celda.

- No podía permitir que pases una noche más acá. Este lugar es horrible, no lo sabré yo.

- Prometo pagarte todo –balbuceé apresurada. Alice me lanzó una mirada endemoniada.

- ¿Acaso estás loca?

Sí, yo tampoco puedo creer mi cambio de decisión, Alice Brandon. Pero saldré libre tal como quería y no por el favor de Edward.

- No –le murmuré-… Gracias Jake. Te lo pagaré.

- No es necesario Bella. Ya te lo expliqué una vez: tengo dinero y si lo empleo para una buena causa es mi problema ¿no?

¡Pues toma esa Cullen! No eres el único que tiene efectivo.

- Supongo –musité con dificultad, un torrente de lágrimas amenaza por fluir. Sea como sea, le pagaría hasta el último centavo.

- Ni creas que dejaré que te vayas con él sola –apuntó sobresaltada-. Tenemos que hablar.

- Alice…

- Ya regreso. Voy a tener un intercambio de palabras con Jasper. Será mejor que no te alegres tanto Bella Swan –apuntó-. Si sales de acá, ¡iremos directamente a tu departamento a tener una conversación muy seria para que entiendas todo de una buena vez!

"Si sales de acá", repetí mentalmente. No había duda de que Alice estaba furiosa por la intromisión de Jacob y mucho peor había sido que le ganase la partida a su primo Cullen. Y yo por el momento tampoco estaba en la lista de sus personas favoritas.

Igual, a mí seguía sin importarme nada. Porque muy a pesar de todo, yo continuaba presa y arrinconada -totalmente indefensa- en mi maldita cárcel mental. La peor que pudiese existir porque tus pensamientos, sentimientos y demás dejan de pertenecerte, se extinguen, para dar pase a miedos y frustraciones que solo tu mente puede crear… y por más fuerza que tuvieras, nada ni nadie podría combatir contra ello… si la mente te domina, te vuelves vulnerable, presa de ti misma…

Y esto para mí, era un luto que no podía solucionarse aunque se buscase la salida con insistencia.

Después de media hora, Jacob, muy caballero, me extendió su brazo. Lo rodeé y sentí confort y un ligero escalofrío ante la suavidad de su casaca de cuero negra que chocaba contra mi piel. Él sonrió vivazmente y salimos de la delegación con rapidez. En cualquier otro caso, yo debería ser la viva imagen de la felicidad, pero me encontraba cansada. Tenía el alma gastada y casi ya no tenía lágrimas.

No sé si ganaría esta vez mi corazón.

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.

Jasper y Alice decidieron dejarme tranquila. Oportunamente, cuando puse un pie en la calle, me estaban esperando al lado del Mercede Benz de Jasper. Por supuesto que registré todo la zona de parking en busca de alguna señal que me inquiera que Edward estaba ahí. No era el momento de verlo.

Decidieron llevar a Jacob también. Agradecí internamente que no sacaran el tema a colación y que solo se limitaran a explicarme las acciones que habían hecho. Hasta entonces tampoco había cuestionado a Jasper como abogado, sin embargo, al ser su amigo de seguro era cómplice suyo… ¡No sabía ya que pensar! Alice me mataría si le diese la espalda.

- Mira Bella. El Habeas corpus lo presenté a las pocas horas que te detuvieron. Me sirvió de mucho tener los documentos en contra de la empresa en la que laboraste, ya que demostré que estabas dispuesta a participar en el juicio. Así que el juez vio la predisposición y aceptó la solicitud de comparecencia. Además le hice entender por escrito que la forma en que te arrestaron no había sido del todo legal, puesto que no habían cumplido con las formalidades y requisitos que se exigen legalmente.

- ¡Por supuesto que no era legal! –Intervino un muy afectado Jacob-. ¡Traerla a la fuerza de esa manera sin siquiera dejar que se explique!

- Definitivamente fue un atropello. Si deseas Bella podríamos denunciarlos.

- No… no sé… -dije confundida.

- Tú estabas detenida sin ningún derecho constitucional, Bella –apuntó mi amiga, como haciéndome entrar en razón-. Es más, se negaban a dar información sobre tu caso. ¡Eso es abuso de autoridad!

Asentí. Sí, por supuesto, todo había sido un abuso. Estar tras esos barrotes sucios había sido la peor experiencia de mi vida; empero preferí omitir mis comentarios. Hacerlos solo significaría revivir y casi sentir que aun estaba en la celda, rodeada de mujeres con gestos ceñudos; los pisos y las paredes astrosas, compartiendo mi pena en soledad…

¿Qué diría Forks si supieran que la hija del jefe Swan estaba siendo enjuiciada por encubrir estafas?

- Lo que sí debemos hacer mañana mismo Bella es presentar tus documentos al juzgado. Desde ayer lo tenemos todo planeado con Edward –levanté la mirada y ubiqué sus ojos por el espejo retrovisor, él esperaba mi reacción-. En fin, el secretario del condado es un viejo amigo de la universidad, así que gracias a él, hemos podido conseguir información confidencial.

- ¿Y el recurso de amparo? –preguntó Jake.

- Ya lo presenté. Ayer estuvimos haciendo los trámites –la profundidad de sus ojos azules pedían que creyera en él y que dejara todo en su poder. Él intuía mi predisposición a callar y evitar cualquier ayuda que me vinculara con Edward– Cuando lleguemos a tu departamento te explicaré con más detalle, solo nos falta que firmes los papeles en la que declaras haber sufrido acoso laboral y…

- Quiero viajar a Forks y ver a Charlie –lo interrumpí casi con brusquedad.

- No es conveniente que viajes Bells –dijo Alice.

- No me importa, mi papá está grave y no puedo dejarlo solo. No otra vez, Alice.

- Si la fiscalía sabe que viajaste…

- ¿Iré presa otra vez? Después de ver a mi padre vivo, no me importaría tanto. Tengo que hablar con él y prometerle que todo estará bien.

Me abracé a mí misma y preferí mirar hacia la carretera. Alice se agestó pero empezó a coordinar lo de mi pasaje desde su celular. El ambiente estaba frío, con espesas nubes enmarcando el cielo, pronóstico de lluvia sin duda, reflejo de lo que sucedía dentro de mí. ¿Sería este mi destino? Cuando firmé aquel contrato de trabajo, ¿acaso firmaba mi sentencia de muerte? Ahora veo que las casualidades no existen y que el destino siempre se interpone ante tus planes, tus proyectos, tus sueños, tus metas… ante tu vida. El destino existe, inconsciente e inconstante, y tú misma eres la dueña…

Una cruda realidad que no hubiese querido exponer. Reconozco que merecía pasar por una situación así. Hasta cierto punto, yo había sido cómplice y culpable, pero no por ello, merecía pagar una condena injusta, de la yo también había sido víctima. La rabia me carcomía el cuerpo porque mi voz al lado de la de ellos, no era nada. No servía. Me hacían sentir como una niña pequeña e indefensa; y lamentablemente me odiaba por eso…

- Yo viajaré contigo Bella –dijo Jacob con determinación-. Imposible dejarte sola en estas circunstancias.

Lo miré extrañada. Alice detuvo lo que estaba haciendo. Fue algo inesperado e innecesario para él. Debía decírselo, sin embargo, sentía cierta protección a su lado. En esos momentos el mañana me parecía tan lejano. Sentía que iba a sufrir toda la eternidad. Que el dolor nunca se iría.

Pero… existía algo, una imagen, que me hacía odiarme aún más: tras los barrotes, Edward me miraba triste, a la vez molesto por no darle una oportunidad; y mi corazón en bandejita aturdido. Nuevamente se retorcía, sufría porque confió, se ilusionó y terminó hecho pedacitos.

- Gracias Jake.

.

.

El viaje a Forks fue intenso para Jake, quien se portó muy bien al ayudarme en la mayoría de cosas indispensables para el viaje. Yo, prácticamente no me di cuenta de nada, solo que subí a dos aviones, hice una escala y llegué al Hospital Estatal donde estaba internado mi padre.

Cuando lo vi, olvidé momentáneamente todo lo ocurrido en Chicago y me dediqué cien por ciento a él. Se veía tan demacrado por la recaída que había sufrido hace dos días, respirando por un tubo, indefenso. Jamás se imaginaría que su hija podría estar envuelta en tanto problema por simplemente querer tenerlo vivo, conmigo. Ese mismo día, conversé con los doctores y busqué la mejor manera para pagar los gastos hospitalarios a pesar que Jacob insistía en cubrir la mayor parte de ellos.

Felizmente logré ubicar a Jenny en Seattle para decirle que no viajara y que me esperara en el Hospital. En cuanto la vi, la abracé como nunca y no pude evitar soltar algunas lágrimas. Ella siempre hiperactiva empezó a dar saltitos de emoción pero todo cambió cuando empezamos a hablar de Charlie. Cada fibra de mi ser tocó fondo y ya no pude controlar el llanto.

- Tranquila Bella. Él va a mejorar. No sabe nada de lo que Edward les ha hecho…

Y todo me llegó de golpe. Estaba en Forks, recorriendo los mismos lugares que recorrí con Edward aquellos días… ¡Maldita sea! ¡Si ya me encontraba mucho mejor! Mientras más evitas los recuerdos, es peor. Sé que en ese momento el dolor de la desilusión es tan fuerte que piensas que morirás y evitas todo pensamiento relacionado a él; puedes estar así por días e incluso semanas pero cuando una sola fibra de tu ser rompe la armonía y se abre la herida, todo el peso del pasado, de tus errores y engaños, cae de pronto como una bomba atómica, destrozándote y lo peor, destrozando a tu ya herido corazón.

Y eso me pasó…

Tendría que en algún momento hablar con Edward, actuar con madurez, no dejar que mis impulsos me vuelvan a traicionar.

A la siguiente noche, luego de haber dormido abrazada a la almohada por horas, Jenny intervino por mí y exigió dar una vuelta con Mark; quien también se había encariñado mucho con Jacob. Ese pequeñín tenía gran facilidad de hacer amigos y como su padre estaba en Seattle trabajando, se entusiasmaba muchísimo el tener con quien conversar y jugar. Decidimos ir a comprar al supermercado de la zona. Según ella, necesitaba salir de esa casa, despejar mi mente y empezar a tomar decisiones, hacerme responsable de mi vida nuevamente porque ninguna depresión podría acabar conmigo.

- Tú puedes Bella, sé que puedes.

Con Jake nos divertimos un poco aquella noche. Logró entenderme, y me contó varios pasajes de su vida, sobre todo de niño cuando perdió a sus padres. También me contó que la mayor parte de su tiempo la pasaba en los aeropuertos, esperando el vuelo comercial y cuando se podía, el único jet privado que tenía. En Chicago no tenía residencia fija ya que la mayor parte de su vida la pasaba entre Los Ángeles y New York encargado de los negocios con Emmett y cuando tenía que salir de la ciudad para supervisar algún proyecto prefería alquilar un piso u hospedarse en el hotel más cercano a la obra.

Por una extraña razón, me sentía más conectada con él que con ningún otro amigo que haya tenido en mi corta vida. Porque eso de encontrar amigos buenos y sinceros en esta época era muy difícil ya que los chicos solo piensan en llevarte a la cama.

Sorprendentemente él llenaba un vacío en mi pecho que me reconfortaba. Por supuesto que no se comparaba a lo que sentía por Edward, pero al menos, me permitía poder pensar en otras cosas que no fuese su engaño.

Para Jenny, mi nuevo "mejor amigo" Jacob era de confiar, pero igual no le quitaba la mirada de encima. Creo que en su cara tenía el letrero de "chico rebelde" tatuado y Jenny era dueña de una intuición que daba miedo; claro que cuando Jake se encargó de todas las bolsas, manejar el carro y jugar con su hijo, su concepto cambió ligeramente.

Y así fue como mi amistad con Jacob subió otro escalón. Esta vez uno muy grande, en donde ambos empezamos a conocernos sin intermediarios, sin hacer caso a las opiniones del resto, siendo nosotros mismos. Una que otra vez intuía cierto acercamiento un poco más íntimo por parte de él, pero yo lo dejaba pasar desapercibido. No me encontraba preparada para dar partida a aquellos sentimientos.

Casi todos los días, conversaba con Alice por teléfono para mantenerme al tanto de todo respecto a la estafa de la empresa, el cual salía en todos los noticieros de la ciudad. Siempre trataba de mencionar a Edward pero no hacía hincapié, solo dejaba muy en claro su total fastidio ante la situación absurda que estaba viviendo. Para ella, yo era una miedosa que negaba todo, escondiéndome sin enfrentar lo que tenía que enfrentar. En una sola palabra: cobarde.

- ¡Les dije que se encerraran en tu departamento, leyeran el folder y discutieran lo que quisieran con tal de no darle el gusto a Richard! ¡Y también le dije al bruto de mi primo que se deshiciera de esa joya! ¡Y los dos me ignoraron y ahora están como están pues!

- Alice… por favor –le pedí- déjame resolver el tema de Charlie aquí, iré a hablar al banco y pediré alguna prórroga… algo se podrá hacer todavía.

- Si hablaras con Edward entenderías todo y podrías resolver esto más fácil.

- Por eso mismo, si él no firmó nada, entonces el banco debe de saberlo, ¿no?

Mi mejor amiga suspiró tras el teléfono con impaciencia.

- Ya tenemos un plan Bella. No lo dañes, regresa y conversamos mejor.

- No se pierde nada intentando.

Rugió tras la línea, me la imaginaba apretándose el puente de la nariz, conteniendo una sarta de insultos, muy a su estilo. Por fin, resolvió:

- Deja que traiga a Charlie a la ciudad, le hará bien. Aquí están los mejores cardiólogos.

Le agradecí el gesto pero por el momento, mi padre no podía movilizarse. La recaída había afectado también su sistema nervioso central y prefería que se quedara aquí en Forks. Además, aquí, estaba aislado de los problemas de Chicago y prefería que así estuviese hasta que todo haya pasado. No me perdonaría si su corazón se detuviera para siempre si se enterara de todos los problemas judiciales en los que estaba metida.

Jamás.

Hacerme presente en el banco al día siguiente no sirvió de nada. El administrador no quiso entrar en detalles sobre los adjudicadores de sus propiedades en remate. Muy déspota se comportó y prácticamente me alentó a salir del local "por las buenas" porque "yo no tenía nada que hacer ahí ya que había perdido el dominio de propiedad en cuanto se venció la última cuota de la hipoteca". Cosa que por supuesto era mentira, yo tenía plazo para seguir pagándola, debía dos meses ¡pero no era motivo suficiente para que me quitaran MI casa!

¡Todo era culpa de él! ¡De Edward! Él hizo que el banco agilizara los papeles.

Tranquila Isabella, podría haber sido Richard.

No lo sé.

Jacob también intentó razonar con los tipos esos, explicándole la delicada situación de mi padre así como la de mi salud pero ni se inmutaron. Simplemente no les importaba a quien habían dañado o a quién habían dejado en la calle, moribundo.

- ¡Esos tipos no tienen corazón! ¡No deben tener hijos ni padres para que traten a una persona así! –exclamaba Jenny mientras íbamos de regreso al colegio de Mark.

Esa noche Charlie respondió a los medicamentos y, según los cardiólogos, en cuanto recuperara el sentido podría dársela de alta. Billy y Rachel pasaron la noche con nosotros y prometieron cuidarlo y supervisar que tomara todas sus pastillas. Difícilmente quería desligarme de Charlie, si fuera por mí, me quedaría a su lado hasta que abriera sus ojos negros y me reconociera… pero debía a la vez, solucionar mis problemas judiciales para sentirme en paz y tener libre albedrío con respeto a su situación.

Por suerte, Jacob trajo comida china de un restaurante cercano al hospital y logró hacer que nuestra última noche fuera más relajada. En sí, yo estaba más tranquila al saber que Charlie respiraba por si solo y que su ritmo cardiaco ya estaba estable, así que me di la libertad de disfrutar de una plática más animada con mis amigos.

Aun así, sentía una profunda tristeza en mi corazón.

Era por Edward.

.

.

.

- Acabo de aterrizar Alice –respondí somnolienta-, Jacob me trajo en su avión.

- Haré como que no escuché eso y dime de una vez por todas si decidiste que hacer respecto a Edward. Él te necesita.

No contesté nada, aun no sabía si estaba preparada, me faltarían las palabras correctas para conversar con él. Sin embargo, a la vez, me parecía estar contrarreloj, que no podía dejar escapar más tiempo y que debía ser una chica madura e inteligente y hablar de una vez por todas con Edward.

Estando en mi departamento, conversé con Leah y le conté detalladamente lo que pasó. Ella por supuesto que apoyaba la decisión de no hablarle más, pero era una respuesta directamente desde la herida que abría su corazón, porque, apenas Jacob entró a mi piso, ella salió de inmediato de mi departamento excusándose de ir a ordenar los papeles que mañana presentaría al juzgado de menores. Por supuesto que lo dijo al propósito y por más que insistí en que se quedará, ya que Jacob no tenía la culpa de nada, fue en vano. Leah era testaruda y Seth fue su excusa esta vez. Últimamente, el pequeñín se estaba acostando temprano y había dejado de asistir a sus clases de Taekwondo luego de la escuela. Supuse que todo esto se debía por la abrupta aparición de su padre en su vida.

- ¿Cuándo crees que tu amiga Leah deje de mirarme de mala manera? –Me preguntó la tarde siguiente después de que la aludida le lanzó una mirada asesina al llegar a mi edificio con Seth de la mano-. Ella no sabía de mi existencia hasta aquella vez que vine a verte con Sam cuando estabas en Italia. Se armó la grande ese día...

- Con Leah es impredecible. No creo que te odie, pero no serás su persona favorita durante mucho tiempo. Haberla conocido cuando eran unos críos debió afectarla mucho.

- ¡No era para tanto!

- Eres amigo de Sam –me encogí de hombros-. Sabrá Dios que cosas habrán hecho juntos que te conoce muy bien.

- Todas son blasfemias, Bella. Lo puedo jurar –puso una carita de perrito desahuciado.

- Sí claro, Jake –le dije con ironía.

Él rodó los ojos.

- En serio.

Al regresar al departamento, escuché tras de la puerta el sonido insistente del teléfono, pensé que era mi padre y por eso tiré todas las bolsas y fui directo a él. Me llevé una desilusión que se notó en mi rostro de inmediato.

- ¿Quién era? –preguntó Jake abriendo una bolsita de papas Lays.

- Alice –respondí-. Está con Emmett y vienen para acá. Quieren hablar de Edward.

- Insisten con eso, ¿eh?

Lo miré fijamente con el corazón palpitándome a mil. Eran los nervios de la anticipación, del rencuentro con esa parte de mi pasado muy escondido en mi mente, aquel que logré bloquear para evitar cualquier sentimiento de pérdida y dolor. En estos días, había insistido en que no quería comprender ni saber nada de él, todavía quería procesar bien las cosas, volver a sentir y expresar cariño. Quería dejar de ser la perra fría que afloraba cada vez que alguien insinuaba alguna pizca de sentimiento.

Sinceramente era la primera vez que me sucedía esto y lo odiaba.

Jacob se me acercó extendiendo sus grandes brazos para apretarme contra sí. Me besó la frente y estuvo un buen rato sobándome la espalda en señal de apoyo. Debió leer las mil expresiones de mi rostro.

- Todo estará bien, Bella… -agregó- ¿Sabes? De una cosa si puedo estar seguro y es que Edward es incapaz de hacerte daño –me separé un poco de él, lo suficiente para verlo a los ojos-. Cuando quiere una cosa, lo quiere de verdad. Eso sí, tiende a sobreprotegerlo y ser muy celoso... –sonrió levemente-. Bueno, tú debes de saberlo mejor que yo. El punto es que si tú eres lo más preciado para él, nunca te lastimaría…

- Jake…

- Solo una cosa, Bells. No le digas que lo defendí, ¿ok? Mayormente suelo ser un poco molesto con él.

- Y él contigo.

- Quizá cree que trato de seducirte.

Sonreí entre dientes. Su tez morena se iluminó. Me tomó de la mano y me llevó hacia la mampara. Corrí un poco las cortinas para ver el cielo. Recién eran las siete de la noche pero ya se notaban pequeños puntos de luz blanca parpadear a lo lejos y una hermosa, redonda e impresionante luna llena. Su luminosidad hizo que se me aclararan los pensamientos.

- Tienes razón. ¿Cómo no lo había pensado antes? –Dije en broma, limpiandome las lágrimas-. Te rompería la cara.

- Eso es porque usted señorita no me ha visto pelear. Practiqué Taekwondo con Emmett desde los 10 diez años. Ya te harás una idea –me guiñó el ojo, tocándose a la vez sus bíceps.

- Te concedo el privilegio de la duda.

Y él estalló en carcajadas. Era tan fácil conversar con él. Era todo risas y buen humor.

- Pues no estaría nada mal, Bella.

- ¿El qué?

- Conquistarte –aclaró.

- Jake… pensé que ya habíamos hablado de ello.

- ¿Sabes Bella? He visto a Sam y no quiero seguir su ejemplo. Sé lo afectado que está y lo bien que le acentuó tener un hijo. Primero se sorprendió, yo también lo haría, creo que incluso huiría… bueno no… este… -me miró de reojo muy apenado. Se notaba que para él, ser sensible no estaba en su record-. En fin Bella, lo que quiero decir es que… yo también quiero sentar cabeza. Tener un motivo por el cual luchar y dejar de ir a la deriva.

- Todos tenemos un motivo para luchar Jake.

- No, no lo tengo. Solía ser un tipo… -hizo una pausa para pensar bien lo que iba a decir-: yo solía no entablar ningún tipo de compromiso con nada ni con nadie… Pero desde que vi a Sam como papá me ha hecho pensar en cómo estoy manejando mi vida. Claro que a Sam lo tomó por sorpresa todo este asunto, pero lo veo feliz. No puedo decir lo mismo de Emily… Mmmm pero supongo que lo entenderá.

- Lidiar con Leah no es tan fácil…

- Debe ser… Pero ser padre de un momento a otro… -hizo un gesto como de dolor- tampoco.

Le di la razón. Él hizo otra mueca y dejó de abrazarme. Aproveché ese segundo para relajarme y empezar a arreglar la casa, pero el tratar de separarme un poco solo hizo que ejerciera más presión alrededor de mi cintura.

- No –murmuró- Bella no solo es eso. Estoy empezando a sentir… Mmmm… quiero decir… -nervioso, se revolvió el cabello, hasta que finalmente decidió acercarse más y sujetarme el mentón con delicadeza-: A final de cuentas… todo se resume a una cosa: ¿quién no quiere que lo quieran?

¡Caray! ¿Cómo era posible que siendo un chico grande, musculoso e intimidante podía trasmitir tanta ternura? ¿Es que acaso el mundo estaba lleno de personas necesitadas de afecto?

Jacob era de aquellos chicos que no se comprometían. De aquellos que tienen cierto grado de aberración hacia las relaciones serias. Que prefieren andar libres por la vida para conquistar a cuanta mujer se les presente. Es un tipo de vida, puedo reprocharlo y negarme rotundamente a salir con alguien así ya que son difíciles de cambiar; pero aun así respeto sus opciones con tal que no me hagan daño. Sin embargo Jake quería cambiar… las ganas que tenía por ser una mejor persona se notaban y me pareció tan tierno que lo aceptase.

- Me estoy enamorando Bells –me miró con firmeza, sin parpadear. Me estremecí.

- No Jake… todo será a su tiempo…

Sus ojos cafés se apagaron como un cachorrito triste.

- ¿Sigues enamorada de Edward, verdad?

Y otro bombazo cayó.

¡Qué tal pregunta! Por más daño que me hiciese, nunca dejaría de amarlo, era una conexión muy profunda... solo que… de todas las personas en el mundo, jamás pensé que él podía hacerme daño.

De pronto, Jacob se volteó y me dio la espalda, mirando hacia el exterior. No me había percatado que Alice estaba abriendo la puerta e interrumpió su momento. Ni bien entró se instaló en mi salita. Emmett apareció por detrás con cara de pocos amigos; me saludó brevemente moviendo la cabeza y se acercó a Jacob.

Algo estaba sucediendo. La última vez que el grandulón estuvo en mi sala tenía mejor aspecto y un sonrisa que brillaba por sí sola, pero esta vez ni me saludó, es más ni siquiera quiso mirarme a los ojos; más bien su escaneo visual a mi hogar me provocó náuseas. ¿Qué pasaba?

- ¿Todo bien chicos? ¿Por qué la prisa? –miré a Jake.

Un silencio sepulcral se instaló en la habitación. Alice tomó asiento y se apretó el estómago en una clara señal de preocupación. Sacó de su bolso una botella azul de agua y bebió desesperada. ¿Qué cosa pasaba? ¿Qué era aquello que los perturbaba de tal manera?

Después de varios minutos, por fin el grandulón se dignó a hablar:

- No era mi intención venir hasta acá. Después de lo poco cortés que has sido con mi hermano, pero ya no sé qué hacer.

- ¿Qué está sucediendo, bro? –inquirió Jacob sin perturbarse.

¿Poco cortés?

- Bella, tenemos que hablarte de Edward -intervino Alice con la voz entrecortada. Sus ojos estaban rojos de lo que tanto había llorado-. O más bien, de su madre.

- ¿Su madre? –Pregunté extrañada. La mujer rubia hermosa del portarretrato. La esposa de Carlisle quien falleció cuando Edward era un niño… Elizabeth Masen.-, ¿a qué te refieres Alice?

Me contestó con una mirada perturbada.

- Tía Elizabeth… apareció… -agregó-, y Edward está muy mal.

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¡Hola de nuevo chicas!

Bueno, primero que nada no me maten... por favor, tienen que esperar a leer lo demás! Pero por lo pronto, ¿alguien se apunta para cachetear a Bella? Sugerencias, comentarios, cachetadas, amenazas y demás para Bella son bienvenidos :D! Si dan ganas de zarandearla...

Muchas gracias a todas por estar pendiente del fic, les agradezco infinitamente! Espero sigan conmigo en esta historia, no me abandonen y las chicas nuevas, todas sean bienvenidas a esta pequeña historia de amor de Edward y Bella. Ya saben que estoy para escucharlas y/o leerlas porque su opinión es muy valiosa para mí. Nos leemos en los reviews ;)

¡Miles de besos y abrazos! ¡Las quierooooo!

Lu.