Ahí estaba Ralph frente a frente con su rival en aquella verde pradera, era primavera buena estación del año para morir pues podían cavar con facilidad los sepulcros, Albert tenía empuñada una espada que cegaba con su esplendor pues los rayos del sol se reflejaban en ella, Will e Isaac sostenían a Candy quien gritaba que no pelearan.
El que empezó el ataque fue el ofendido, Ralph hizo un movimiento para escudarse pero sintió la fuerza de aquel león embravecido por la afrenta, si era Albert quien con toda seguridad le asestaba el primer golpe, Ralph no quería defenderse pues a pesar de todo lo consideraba su amigo, la noche anterior meditó que si lo mataba de todas maneras Will, Isaac y Esteban irían contra él pues Albert sólo se cobraba por su terrible acto, tenía que decidir en ese momento si morir a manos de Albert o por los golpes que le daría todo el clan Andrew, Ralph miró a su hija ¿Por qué no había pensado en ella cuando cometió tal bajeza? ¿Por qué sólo pensó en satisfacerse en aquel momento? No se acordó que Candy estaba enamorada de Will, ahora ¿Qué sería de ella? aunque los Andrew siempre han sido justos y ella es inocente ¿La acogerían nuevamente en su familia? ¿Will la desposaría? ¿Ella odiaría a su suegro por matarlo? ¿Por qué simplemente no desapareció? Pero después de hacer suya a Candice su antiguo amor secreto no quiso apartarse de ella. Albert volvió atacarlo y el esquivó la espada y pudo dar un contragolpe haciendo que su rival se diera cuenta de su fuerza, era más joven que él y no se dejaría matar, estaba dispuesto a luchar y luego de eso improvisaría un escape llevándose a aquella mujer que le robaba el sueño, Ralph atacó a Albert pero definitivamente la altura de su agresor era ventajosa aunque era mayor que él su destreza con la espada, su estatura y sobre todo su sed de venganza harían que fácilmente acabara con él, a lo lejos escuchó a Candy gritar: ¡No lo mates Ralph! –El se distrajo por unos breves segundos y en ese momento sintió que algo penetraba su cráneo, cayó al piso, Ralph despertó de aquella terrible pesadilla-
-¡William me matará! ¡El me matará!-dijo tembloroso
Candy escuchó que su padre gritó y acudió a su lado-¿Qué te ocurre?
-Nada princesa, tuve un sueño terrible, creo que en la primavera nos alejaremos de Chicago, será lo más prudente
-Es mejor que descanses papá, acabas de tener una pesadilla y no es buen momento para hacer planes o tomar decisiones
A la mañana siguiente la familia Andrew estaba en el comedor, Albert se alegró de ver a su esposa con la cara lavada y peinada, se sentó con ellos.
-¡Qué bueno que decidiste acompañarnos! Candy ¿Qué pasó exactamente? ¿Qué te hizo salir de casa? ¿Y dónde te encontraste con Ralph?
Candy se llevó la mano a la cabeza y expresó: No tengo claro lo que me pasó, escuché que Anita me hablaba, seguí su voz y su silueta, me encontré con un animal salvaje y huí de él, me acuerdo que me caí y rodé, sentí un golpe en la sien y no supe más hasta que desperté cuando Constanza me aseaba
Will comentó: Creo que este invierno es el más terrible desde que vivo en Chicago, no debemos salir salvo alguna urgencia aunque junté suficiente heno en los graneros, temo que nos haga falta para alimentar a mis animales
Isaac intervino diciendo: Por eso aún no compré reses porque sabía que debíamos dejar pasar el invierno.
-Tienes la destreza de tu padre en cuanto al manejo de fincas-dijo Albert
-Si, de Henry
-Yo te hablaba del otro
-No conviví con él, todo lo que sé me lo enseñó mi papá Henry Day
Esa noche Albert intentó nuevamente intimar con su esposa y ella lo aceptó en su cama pero mientras la amaba a Candy se le vinieron algunas imágenes.
-¿Por qué me viene a la mente la cara de Ralph?
Pasó el crudo invierno, Ralph le vendió sus animales a Will pues él no podía ocuparse de ellos, entre Isaac y Rosy no pudo haber acercamiento pues todos estaban en la finca, Albert notó después de dos meses que Candy tenía nauseas matutinas.
-Has tenido retraso menstrual ¿Será que estás embarazada?
-¡Por favor Albert! ¿A mi edad? no lo creo, más bien pienso que ya dejé de menstruar porque me ha llegado la vejez
-Entonces ¿Por qué las naúseas?
-Han de ser bichos
-¿Dónde vas tan elegante? –importunaron sus padres a Will con esa pregunta
-A visitar a Candy, en todo el invierno no pude verla, Ralph siempre me la negó
Will pensó: La he extrañado, sus largos cabellos dorados y lacios, sus hermosos ojos verdes, su nariz perfilada, solamente la rebaso por 25 centímetros si 1.60 es lo que mide, definitivamente ya puedo cortejarla, dejé pasar una larga estación.
