Hola hola ke tal van? espero ke biien y que esten disfrutando de los ultimos capitulos de esta linda historia jeje

Y ahorita le respondere a Milu-Cullen: haz acertado nena jeje la historia de Bella y Alice es en el mismo tiempo en cambio la de Rose no jeje esa ya es otra cosa jeje pero eso ya pronto lo veras jeje.

Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capítulo 35

—Domingo, dos de la madrugada. ¿Qué he hecho, Edward?

Sin decir nada, Edward accionó el siguiente mensaje. Esta vez era la voz de un hombre.

—Maldita zorra, si escuchas esto, quiero que sepas que te encontraré. Quiero lo que es mío —se oyó un sollozo sofocado—. Me cortó la cara. Me ha hecho trizas la cara por tu culpa .Voy a hacerte a ti lo mismo.

—Es Timothy —murmuró Bella.

—Ya me lo imaginaba.

—Se ha vuelto loco, Edward. Me di cuenta esa noche. Ha perdido el juicio.

Edward no lo dudaba, después de lo que había visto en el despacho de Thomas Salvini.

—¿Necesitas algo de aquí? —al ver que ella se limitaba a mirar a su alrededor con expresión aturdida, Edward la agarró de la mano—. Nos preocuparemos de eso más tarde. Vámonos.

—¿Adonde?

—A un lugar tranquilo donde puedas sentarte y contármelo todo. Luego haremos una llamada.

El parque era verde y umbrío. Las extensas copas de los árboles parecían contener el empuje del calor opresivo de julio. Hacía días que no llovía, y la humedad parecía suspendida en el aire como un enjambre de avispas.

—Tienes que dominarte cuando vayamos a la policía —le dijo Edward—.Tienes que tener las cosas claras.

—Sí, tienes razón. Y tengo que explicártelo todo.

—Creo que he juntado bastante bien las piezas del rompecabezas. A eso me dedico.

—Sí —ella se miró las manos, sintiéndose inútil—. A eso te dedicas.

—Perdiste a tu padre cuanto tenías diez años. Tu madre hizo lo que pudo, pero no se le daban bien los negocios. Intentó llevar la casa, criar a su hija sola y dirigir el negocio de antigüedades. Luego conoció a un hombre, a un hombre mayor, competente y próspero, económicamente solvente y atractivo, que la quería y estaba dispuesto a aceptar a su hija.

Ella dejó escapar un suspiro trémulo.

—Supongo que así es, en resumidas cuentas.

—La niña quiere una familia, y acepta al padrastro y a los hermanastros como su familia, ¿no es cierto?

—Sí. Echaba de menos a mi padre. Charles no lo reemplazó, pero llenó un vacío. Fue muy bueno conmigo, Edward.

—Pero a los hermanastros no les hizo mucha gracia su nueva hermanita. Una chica brillante y siempre dispuesta a complacer a su padre.

Ella abrió la boca para negarlo, pero volvió a cerrarla. Era hora de afrontar lo que había intentado ignorar durante años.

—Sí, supongo que así es. Yo procuraba no estorbarles. No quería molestar a nadie. Ellos estaban en la universidad cuando nuestros padres se casaron, y, cuando volvieron y empezaron a vivir en casa otra vez, yo me fui a la universidad. No puedo decir que estuviéramos muy unidos, pero parecía que...Yo siempre sentí que éramos una familia bien avenida. Ellos nunca se burlaron de mí, ni me trataron mal. Nunca hicieron que me sintiera desplazada.

—Pero tampoco querida.

Ella movió la cabeza de un lado a otro.

—No hubo ningún conflicto hasta que mi madre murió. Cuando Charles se replegó sobre sí mismo y se apartó de la vida, ellos se hicieron cargo de todo parecía lo más natural. El negocio era suyo .Yo sabía que siempre tendría trabajo en la empresa, pero no esperaba ningún porcentaje. Hubo una escena cuando Charles anunció que iba a dejarme el veinte por ciento de la empresa. A cada uno de ellos iba a dejarles el cuarenta por ciento, pero eso no pareció importarles.

—¿Se enfadaron contigo?

—Un poco —luego suspiró—. La verdad es que estaban furiosos —reconoció—. Con su padre y conmigo. Pero a Thomas se le pasó enseguida. A él le interesaba más la parte contable de la empresa que el trabajo creativo, y sabía que ésa era mi especialidad. Nos llevábamos bastante bien. A Timothy le sentó peor el reparto, pero dijo que me cansaría de la rutina del trabajo, que encontraría un marido rico y se lo dejaría todo a ellos de todos modos —todavía le dolía recordar aquello, el modo en que su hermano se había mofado de ella—. El dinero que me dejó Charles está inmovilizado. Me proporcionará réditos hasta que cumpla los treinta años. No es mucho, pero, para mí, es más que suficiente. Charles me llevó a la universidad, me dio un hogar, me proporcionó una profesión que adoro. Y, al mandarme a la facultad, me dio también a Alice y a Rosalie. Allí fue donde las conocí. El primer semestre estuvimos en el mismo colegio mayor. Parecía que nos conocíamos de toda la vida. Son las mejores amigas que he tenido. Oh, Dios, ¿qué he hecho?

—Háblame de ellas.

Ella intentó dominarse y continuó:

—Alice es muy inquieta. Cambiaba de carrera con la misma facilidad con que otras cambian de peinado. Hizo toda clase de cursos absurdos. Cateaba los exámenes o sacaba sobresaliente, según le daba. Es atlética, impaciente, generosa, divertida y obstinada. Durante su último año en la facultad trabajó en un bar para pasar el rato, y decía que se le daba tan bien que tenía que montar uno por su cuenta. Se compró un local hace dos años. El M.B 's, un pub junto a la avenida Georgia, cerca del límite de la ciudad.

—No me suena.

—Es un bar de barrio. Los clientes de siempre y un poco de música irlandesa los fines de semanas. Si se monta algún lío, suele resolverlo ella sola. Si no consigue intimidar a la gente a gritos, la deja en el suelo de una patada. Es cinturón negro de kárate.

—Recuérdame que no me meta con ella.

—Tú le caerías bien. No dejo de decirme que sabe defenderse. Nadie sabe defenderse mejor que M.B. Alice.

—¿Y Rosalie?

—Rose es una preciosidad, ya lo viste por el dibujo. Pero la gente no suele ver más allá de eso. Rosalie se aprovecha de ello cuando le interesa. Le repugna, pero se aprovecha de ello —Bella dejó que afloraran los recuerdos mientras miraba revolotear a las palomas—. Se quedó huérfana muy joven, más joven que yo, y se crió con una tía que vivía en Virginia y que esperaba que se portara bien, que fue A de cierto modo, que demostrara cierta actitud. La actitud de una Hale de Virginia.

—¿Hale? ¿Los de los grandes almacenes?

—Sí. Tienen dinero, montones de dinero. Un dinero tan antiguo como para tener el lustre que proporciona un siglo o más de prestigio. Como era guapa, rica y de buena familia, se esperaba de ella que recibiera una buena educación, que se relacionara con la gente adecuada e hiciera un matrimonio conveniente. Pero Rose tenía otros planes.

—¿No posó para un...? —Edward se interrumpió, carraspeando.

Bella se limitó a alzar una ceja.

— ¿Para un póster desplegable? Sí, cuando todavía estaba en la facultad. Miss Abril de la Liga de la Hiedra. Lo hizo sin parpadear siquiera, con intención de escandalizar a su familia y, como ella decía, para explotar a los explotadores. Recibió su herencia al cumplir los veintiún años, así que le importaba un comino lo que pensara su familia.

—Yo no vi la foto —dijo Edward, preguntándose si, dadas las circunstancias, debía lamentarlo o alegrarse—, pero sé que provocó un gran revuelo.

—Eso era lo que ella pretendía —los labios de Bella se curvaron otra vez—. A Rosalie le gusta armar escándalo. Trabajó de modelo durante un tiempo porque le divertía. Pero no acababa de satisfacerla. Creo que todavía está buscando su vocación. Se dedica con ahínco a las obras benéficas, y viaja por capricho. Se llama a sí misma «la última diletante», pero no es verdad. Hace un trabajo increíble con niños marginados, pero no le da publicidad. Es tremendamente compasiva y generosa con los desfavorecidos.

—La tabernera, la niña bien y la gemóloga. Menudo trío.

Aquello hizo sonreír a Bella.

—Supongo que sí. Nosotras... No quiero que esto suene muy raro, pero nos reconocimos. Fue así de simple. Pero no espero que lo entiendas.

—¿Quién mejor que yo podría entenderlo? —murmuró él—.Yo también te reconocí en cuanto te vi.

Ella alzó la mirada y se encontró con sus ojos.

—Saber quién soy no ha resuelto nada. Mi vida es un desastre. He puesto a mis amigas en peligro y no sé cómo ayudarlas. No sé cómo detener lo que he empezado.

—Dando el siguiente paso —él alzó la mano de Bella y le dio un leve beso en los nudillos—.Vamos a volver a casa, recogeremos la bolsa del dinero y llamaremos a un poli amigo mío. Encontraremos a tus amigas, Bella —Edward alzó la mirada al cielo y vio que las nubes comenzaban a cubrir el sol—. Parece que por fin va a llover.


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byee