Canción: Mamma mía/ Abba (versión de Meryl Streep)
-*El deseo de mi corazón*-
Neji había llegado a la casa de su tío con porte intranquilo, sabía que su reciente novia estaría por mantener una charla con su padre, acerca de su futuro y que sería algo serio. El padre de Tenten quería, a toda costa, que su hija tuviera un buen futuro con Rock Lee que era una buena persona y también un próximo empresario de éxito. Neji había estado hablando con su tío hasta ese mismo instante sobre cosas del trabajo y, ahora, se estaba dirigiendo, por las escaleras, hasta la habitación de Hinata en la primera planta. Ella estaba sentada en su aparador, con la puerta abierta. Neji tocó la puerta para llamar su atención y su prima volteó.
—¡Neji! —Ella se incorporó de su lugar y fue a abrazar a su primo a modo de saludo. Él le sonrió.
—Hola, Hina ¿Cómo estás?
—Muy bien; creo, de hecho, que en mi mejor momento.
Neji sonrió feliz por ella.
—Sí, nos hemos enterado, en el trabajo, que Naruto y tú están juntos desde algún tiempo.
—Así es… Y papá está contento…
—Todos estamos felices por ti —Neji se sentó en la cama y Hinata a su lado. Él se removió nervioso en su lugar, estaba pensando en las palabras adecuadas para contarle a su prima que él también tenía una relación, ahora. Había tenido otras parejas anteriormente, chicas lindas en la escuela secundaria, una más al comenzar la universidad, pero nunca había sido tan serio como para querer presentarlas. Tenten le daba una impresión distinta, no hacía ni siquiera veinticuatro horas de que estaban juntos y ya quería que todo fuera perfecto.
—Gracias —Hinata se veía adorable con una sonrisa dulce y las mejillas encendidas.
—¿Sabes? Yo también estoy saliendo con alguien…
—¿¡Qué?! ¿¡En serio?! —Hinata miró a su primo impresionada, no era que no pensase que él pudiera salir con alguien, sino que Neji era bastante reservado. Ella era tímida, le costaba socializar con las personas, pero Neji… Neji era serio y distante. Frío.
Él sonrió de medio lado.
—Sí, en serio. Estoy comenzando algo con la chica de El Refugio… Tenten.
—¡Vaya! Tenten me cae muy bien, es muy agradable ¡Me alegro por ti! —Hinata se acercó a él con suavidad para abrazarlo afectuosamente.
—Gracias. Ahora sólo nos queda comunicárselo a su padre… —Él rio por lo bajo de forma nerviosa, Hinata no notó el malestar en su timbre de voz.
—¿Ya darán ese paso? Es genial… Yo fui a conocer a los padres de Naruto hace poco. Son muy agradables… Y papá… Él está organizando una reunión con los tíos maternos para que Naruto pueda conocer a la familia…
—Bien, genial, Hina… Me alegro mucho por ti.
—También vendrá Shion ¿No quieres venir un rato? —Shion era prima hermana de Hinata, la madre de las Hyuga (Nana) había sido hermana de la madre de Shion (Miroku). Shion era muy similar a Hinata, ya que ambas se parecían mucho a la familia materna, físicamente ambas eran bajitas de enormes pechos, cabello lacio y de flequillo recto y ojos muy claros (aunque los tenían de diferente color) Shion tenía la cara un poco más redonda que Hinata y su melena era rubia en lugar de negra azulada, por lo demás: eran un calco. Neji siempre se había llevado bien con Shion, ella era dulce e inofensiva, también era algo ingenua como Hinata, tenía ese porte infantil. Sin embargo, cuando Shion cumplió los dieciséis años, Neji recordaba que se le había lanzado encima como si todo el pasado que habían vivido juntos no valiera. Shion había querido besarlo y había dicho muchas insinuaciones que, desde su punto de vista, no eran aptas para una señorita. Él la había rechazado como un caballero -sólo podía verla como a una prima, aunque ellos no compartieran sangre- y nunca más habían hablado. Él no se lo había contado a nadie.
—Bien… Me lo voy a pensar —habló dudoso.
—Podrías traer a Tenten —Le sonrió Hinata tiernamente.
Ya era pasado el mediodía cuando Karin se levantó remolonamente de su cama. Llevaba una camisa de pijama, cómoda y suave, de color lila y unos calzoncillos femeninos blancos. En su pierna se veía una pequeña cicatriz producto de la caída de la cual había sido víctima en su infancia. Ya casi no se notaba, apenas si se veía una marquita al prestar atención. Bostezó, se talló los ojos y se levantó, tomando sus lentes de la mesita de noche. Su mirada paseó hacia su ventana y, justo en frente, vio a Suigetsu. Él también tenía el rostro cansado propio de un recién levantado, ojeras bajo sus ojos violetas y el cabello despeinado. Su torso estaba desnudo y se le veía el elástico de un calzoncillo azul marino justo en donde la ventana terminaba. Él la miró también y le sonrió con timidez.
Ella levantó su brazo y sacudió la mano a modo de saludo y, él, al otro lado, pareció perder un poco de ese recato y se acercó a la ventana. La abrió.
Karin lo imitó.
—Buen día —gritó ella para ser escuchada, él se rio por lo bajo.
—Buenos días.
—Te veo en la acera —Le avisó Karin buscando en redondo alguna prenda de ropa. Encontró una falda corta de jean en el suelo, la tomó, se la puso y salió por la puerta directo a la salida de su casa. Nagato la miró desde la mesa en donde estaba desayunando. Su madre, Kushijo, la miró también extrañada.
—¿A dónde vas así, Karin? —Ella seguía despeinada, con la falda y la camisa de pijama.
—Sólo… Ya vengo… Tengo que hablar algo con… ¡Mamá, ya vengo! —Salió de la casa y miró hacia la casa de su vecino. Él venía caminando con las manos en los bolsillos. El torso desnudo, un pantalón de jean que dejaba ver parte de su ropa interior y descalzo.
—¿Pasa algo, vecina? —saludó con voz ronca debido al cansancio. El sol les pegaba de lleno en la cabeza, puesto que era mediodía y estaba más fuerte que nunca.
—Quería volver a agradecerte. Estuve hablando con… Con este hombre… Mi padre… Y, creo que las cosas podrían ir bien ¿sabes? Él nunca ocupará ni la mitad del lugar que mi madre ocupa pero… Eso no quiere decir que no podamos ser cercanos.
Él asintió con un movimiento de cabeza.
—Me alegro por ti. No tienes que volver a gradecer nada.
Ella le sonrió. Se sentía más agradecida de lo que podía expresar. Una parte de ella siempre había querido saber de quién provenía, quién era el hombre que había enamorado y abrumado a su madre. El hombre por el cual Nagato se había convertido, rápidamente, en el jefe de la casa. Avanzó con determinación y enroscó sus brazos alrededor del cuello de su vecino que se tomó aquel acto por sorpresa. Con suavidad, sintió cómo Suigetsu correspondía al abrazo envolviéndola por la cintura y hundiendo la cabeza entre su rostro y su hombro.
Ino estaba sentada a una mesa redonda, decorada de blanco con un hermoso centro de mesa que tenía la forma de dos cisnes entrecruzados, simulando un corazón, de vidrio. La mesa estaba casi vacía, aunque entraban ocho personas sentadas en círculo alrededor. Las sillas estaban revestidas con lienzos blancos atados con moños celestes, todo era hermoso, digno de una boda. Temprano había sido la recepción, luego la ceremonia en el registro civil, la ceremonia en la capilla, el desayuno en la residencia, la primera ronda de baile y luego el almuerzo. Ahora, se estaba llevando a cabo la segunda ronda de baile, luego llegaría la mesa de dulces, para cerrar la celebración con energías. La boda terminaría alrededor de las cuatro y media de la tarde, justo con la merienda.
Reiterando: La mesa estaba casi vacía, Ino estaba riendo tras haber escuchando un comentario divertido, mientras -en un espejito pequeño, de bolsillo- se retocaba el maquillaje.
—Eres más divertido de lo que pensé Sai —Con una sonrisa en el rostro levantó la vista guardando su espejito en el bolso y sus ojos celestes se cruzaron con los oscuros de su acompañante que también sonreía con sinceridad.
—Me agrada estar contigo.
Ino sonrió alagada y se tomó, con las dos manos, ambos extremos del corsé escotado de su vestido. Los movió un poco para acomodarse el elegante vestuario, sus senos se movieron sin control durante ese movimiento y Sai la miró directamente allí. Ella no lo pasó por alto, pero tampoco dijo nada.
—A mí me agrada que hayas venido. Invité también a mis amigas, pero todas están algo ocupadas. Con citas, con chicos, con padres… —Ino revoleó los ojos—. Me alegra que, al menos, alguien no me haya dejado sola.
—¿Estás enfadada con ellas por haberte dejado sola?
—¡Claro que no! —Ella rio, divertida por la ocurrencia del joven chico— Mañana tendré muchos chismes de los cuales enterarme.
Esta vez él rio por lo bajo.
—¿Te gustan esas cosas? Me haces acordar un poco a mi madre…
—¿Cómo es ella?
Él sonrió nostálgico. Desde que había huido de la casa de sus padres no la había vuelto a ver.
—Ella es dulce y es divertida. Siempre está de buen humor, a menos que… A menos que mi padre discuta con mi hermano o conmigo.
—¿Y eso sucede a menudo? —Él calló— No te preocupes, en todas las familias hay pleitos. Mi madre y yo no congeniamos y… Mi hermano, para ahorrarse disputas familiares… —Ino miró hacia ambos lados antes de bajar la voz y seguir hablando— adelantó su casamiento.
—Sí, en mi casa hay pleitos… Sobre todo mi padre no me tolera. Él me cree una mala influencia, un hombre sin futuro… Y mi hermano lo era todo para él. Siempre el bueno con las chicas, el sobresaliente en la universidad, el trabajador, el aplicado… Pero hace poco todo se fue al caño y nos fuimos de casa, después de que golpeara a mi padre… Nunca me había sentido con tanta ira como para agredirlo físicamente.
Ino se había quedado de piedra. Con la voz quebrada se animó a preguntar algo más.
—¿Por qué se enfadaron tanto?
—Él golpeó a mi hermano.
—¿Por qué?
—Porque mi hermano es bisexual. Y mi padre es un… idiota homófobo. No toleró ver a mi hermano paseando con su novio.
—Es difícil tratar con gente tan cerrada… Mi madre es así pero con la religión —Ino bebió un sorbo de champagne. Sai asintió y miró a Deidara que bailaba pegado a su mujer.
—Tu hermano… ¿Él va a ser padre?
Ino sonrió y se llevó un índice a los labios para hacerle entender que no podían hablar del tema ahí. Pero eso mismo contestó la pregunta de Sai que asintió despacio.
—¿Vamos a bailar? —preguntó Ino levantándose, tomándose la cintura del vestido para que no se le corriera. Sai le incorporó con ella y se dirigieron a la pista de baile improvisada, en el césped, decorado con flores lilas.
Sai colocó su mano en la cintura de Ino y ella pasó sus brazos alrededor del cuello de él.
—¿Así que tu padre cree que eres un chico malo? —preguntó ella con una sonrisa pícara.
—Sí —Él rio bajito—. Aunque no es verdad —Negó con la cabeza con una sonrisa en el rostro.
—¿Y por qué sacó esas ideas?
Él se quedó en silencio unos segundos, antes de contestar.
—En mi adolescencia era muy vago, solía saltearme clases para ir a beber cervezas con amigos o… Usaba mi auto para correr carreras callejeras. Estaba todo controlado, pero a él no le gustaba. Tampoco estuve mucho tiempo haciéndolo, sólo un mes o dos… Pero a él le pareció inaudito… Y mi madre siempre me apañó (no la justifico, aunque se lo agradezco) eso sólo le generaba más frustración a mi padre —Se movieron lentamente para seguir el ritmo de la música—. Tuvimos un accidente. En el auto íbamos mi padre y yo… Irónicamente era él quien estaba conduciendo. Él se quemó la mitad de la cara con el motor del auto, no fue nada grave pero aún conserva las cicatrices, y yo salí volando por el vidrio parabrisas y me herí la pierna. También tengo cicatrices, pero a mí no me importan tanto como a él. Las mías no son tan visibles… —Hizo silencio, Ino sólo lo siguió escuchando— ¿Sabes? Lo entiendo, debe ser horrible tener esas marcas en la cara, pero de alguna forma me echó la culpa a mí de lo sucedido, tal vez porque íbamos en mi auto… O, tal vez, porque simplemente necesitaba desquitarse con alguien… El asunto es que eso agravó su ira contra mí… Y empezó a odiarme bastante más de lo que ya lo hacía, haciendo, al mismo tiempo que mi hermano sobresaliera positivamente y fuera el favorito. Dejó de ser el predilecto cuando se enteró de aquel episodio con su novio.
—…Tu padre… Eso… Suena horrible —atinó a decir la rubia sin saber qué más añadir. Él le sonrió sintiéndose culpable por haber hablado de esas cosas en aquella situación.
—Mejor sólo divirtámonos, Ino… No hace falta hablar de estas cosas.
Ino asintió, aunque la opresión en el corazón no se le fue ni se le hizo más leve. No sólo se sentía arrepentida por el trato que le había dado a Sai en el pasado, también sentía pena por la situación que había pasado el muchacho y, curiosamente, eso le daba ternura. Como si ella pudiera protegerlo, cuidarlo, repararlo…
Tenten caminaba nerviosamente por la sala de su casa. Estaba feliz por su reciente relación con Neji, tenía mucho que contarles a sus amigas, pero esa felicidad, en ese momento, estaba suprimida por un nerviosismo que le provocaba un nudo en el estómago y una taquicardia inusual. Le resultaba patético sentirse así por una simple charla; estaba esperando la llegada de Lee. Él también estaba empeñado en hacerle saber a su padre que no quería ninguna clase de relación con alguien impuesto.
Tocaron el timbre y Tenten se apresuró a abrir la puerta. Lee la miró sonriente del otro lado, no era una sonrisa sincera, era nerviosa y preocupada, igual a como ella lucía. La chica estaba con el cabello suelto y ropa para andar por casa, una camiseta holgada con la estampa de una banda de rock china y unas bermudas nada femeninas, de tipo pescador.
—Hola, Ten… —saludó el joven con su acento japonés algo oxidado.
—Gracias por venir —Agradecida lo abrazó cortamente para luego dejarlo entrar y cerrar la puerta tras su espalda.
—Sí, no te iba a dejar sola. A mí también me gustará que lo sepan de una vez por todas… Papá no deja de hacer planes para que nos juntemos todos… Quiere, a toda costa, que nos enamoremos o algo así…
—Sí… Estoy saliendo con alguien —susurró ella con las mejillas sonrosadas.
—¡Te felicito, Ten! Déjame adivinar… ¿Con el chico de pelo largo que es cliente habitual en donde trabajas?
Ella sonrió asintiendo.
—¿Era tan obvio?
—Los ojos de ambos brillaban siempre que se veían… Oye… ¿Y… Y Saku? ¿Ella está…?
—Está empezando algo con un chico… Lo siento —Tenten le palmeó el hombro para confortarlo pero él le sonrió con otra de esas sonrisas nerviosas.
—Está bien, me alegro por ella.
Ambos empezaron a caminar en silencio hasta el comedor, en donde el señor Ama leía el periódico y comparaba unos precios para la oficina. Al ver entrar a ambos muchachos su sonrisa se ensanchó.
—Ey ¡Hola! —el hombre dejó lo que estaba haciendo e hizo una seña para que los jóvenes se sienten frente a él.
—Papá… —La voz de Tenten se quebró a medio camino. Ambos se sentaron donde el señor de la casa les indicó— Tenemos que hablar.
Él asintió sin una pizca de nerviosismo en sus gestos. Les hizo una señal para que comenzaran a hablar.
—Verá, señor Ama… —susurró Lee tomando coraje— Nosotros sabemos que tanto usted como mi padre… Bueno, están entusiasmados con que nosotros congeniemos bien… Y es cierto, Tenten y yo nos llevamos de maravilla, ella es una chica estupenda, de las que casi no hay. Es trabajadora, optimista, es bonita y es muy agradable —La sonrisa de Tian Ama se ensanchó con orgullo— y es muy inteligente. Ella dedujo en seguida que mi padre y usted pretenden que nosotros iniciemos una relación amorosa.
—Bueno… —El hombre se movió inquieto en su asiento— Tampoco es que alguien quiera obligarlos, pero la química se nota y… Es inevitable que uno, como padre, quiera el mejor partido para su hija.
—Papá —interrumpió Tenten con vergüenza—. Estoy enamorada… Y… Lee es fantástico…
—¿¡Qué?! ¿¡En serio?! ¡Vaya, los felicito! —El hombre se levantó con una sonrisa de orgullo en el rostro y fue a abrazar a Rock Lee con ahínco. Éste correspondió al abrazo con timidez, pero lo alejó en cuanto pudo, sin parecer brusco.
—No… Señor… No soy yo.
—¿Qué? ¿Quién…? —El hombre miró a su hija con el ceño fruncido, aún cerca de Lee, aunque sin provocar contacto físico.
—A mí Tenten me parece una chica fascinante, pero también estoy interesado en alguien más… No me apetece empezar una relación con su hija, ella me gusta mucho como amiga. No me agradaría perder su amistad.
—Papá, mira. Te he visto muy entusiasmado con tus ideas de que Lee y yo estemos juntos y consideré necesaria esta charla. Necesito decirte que estoy empezando una relación con un chico realmente maravilloso, que me gusta mucho y me respeta y me quiere. Me gustaría que le dieras tu bendición y que comprendas que Lee y yo sólo queremos ser amigos… No quiero que te enfades, pero…
—Ten… ¿Por qué me enfadaría? Es sólo que estoy un poco desconcertado —El hombre volvió a su sitio y se sentó a la mesa, frente a los dos jóvenes—. Creí que estaban interesados el uno en el otro, y que gracias a eso podrías mantener tus raíces chinas estando con alguien de tu misma patria. El chico con el que estás es… Supongo que es japonés.
—Sí, es japonés… —Tenten miró a su padre con algo de temor.
—Me gustaría conocerlo para… Para ver qué tal es el muchacho. Si a ti te gusta yo no puedo prohibirte que estés con él, ya estás grandecita, hija… Pero… Tampoco me gustaría que salieras con cualquiera.
Lee miró a Tenten apenado.
—Señor, puedo dar fe de que el muchacho es excepcional. Lo he tratado un poco y puedo asegurarle que no es para nada un pandillero, o un vago, o un desinteresado.
Tian Ama hizo silencio durante unos segundos. El timbre sonó en la casa, pero todos continuaron sentados en sus sitios.
—¿Y qué tal es? ¿Trabaja? ¿Estudia?
—Sí, papá, ambas cosas. También disfruta de hacer deporte y toca el piano —El señor de la casa se irguió en su asiento, prestando atención.
La señora Ama entró al salón comedor acompañada de alguien. La persona en cuestión era musculosa, de cabello largo amarrado en una cola de caballo baja y ropa de buena calidad: Unos pantalones deportivos y una musculosa negra que dejaba al descubierto sus trabajados brazos. Neji miró al padre de su novia, luego a ésta y luego pasó sus blancuzcos ojos al joven sentado junto a ella.
—Ten, vino tu amigo… —dijo su madre en voz baja, notando que su marido, su hija y el joven Lee estaban en asamblea.
—Eeeeh… —Tenten se levantó de su asiento como si ésta tuviera un resorte preparado para eyectar a la gente en emergencias. No estaba previsto que él fuera a su casa, no habían hablado sobre nada en todo el día— No… Él es… Él es Hyuga Neji, mi novio —aclaró apenada la joven, caminando a su lado y poniéndose roja como la sangre.
La mujer que estaba a un lado de Neji los miró impresionada pero rápidamente escaneó al muchacho y le hizo, disimuladamente, a su hija un gesto de admiración. El señor Ama se levantó de su asiento.
—Justo estábamos hablando de ti, muchacho —dijo el hombre acercándose. Neji era media cabeza más alto que el hombre. Tian le tendió la mano y Neji se la apretó para saludar—. Es un placer conocerte.
—Igualmente. Estaba deseoso de presentarme formalmente, lamento haber venido sin avisar, ya le he comentado un poco a su esposa… No estaba planeado esto, es solo que… Mi tío… —Miró a Tenten para hacerle entender que estaba hablando con ella, a pesar de que se estuviera disculpando, al mismo tiempo, con su suegro— está planeando una cena familiar y me ha pedido que invite a su hija, si ella gusta… —Volvió su mirada a su suegro que seguía frente a él— Si ustedes le permiten salir conmigo esta noche…
—¡Claro! —La que contestó fue la madre de Tenten, atrajo, inmediatamente la mirada de su marido se clavó en ella. Tenten también la miró.
—Gracias —agradeció Neji sonriéndole.
—Es un gusto haberte conocido, Neji. Cuando trajiste, el otro día, a Tenten, me dio mucha ilusión ver la alegría que tenía por haber estado contigo; me alegro mucho de que estén juntos y de que estén bien.
—Gracias, en serio —Neji le sonrió con más gratitud— ¿Quieres ir a conocer a mi tío? Estará Hinata —preguntó directamente a Tenten que estaba parada a su lado.
—Sí, sí… Me gustaría, pero no tengo nada qué ponerme… No quiero ir… —Se miró, su ropa no era apta y apenas si tenía alguna que otra cosita con algo de ornamentación—así…
—Me imaginé que dirías eso, así que te traje algo… No lo compré, es de Hinata, pero ella te lo presta encantada y… Dice que no le sirve, si te gusta puedes quedártelo. Es ropa nueva. Ella casi no la usó.
—¡Gracias! —Tenten lo miró agradecida. Aparte de novio fantástico, estupendo deportista y encantador cliente era hado madrino.
Gaara y Matsuri salieron de un restaurante de tres estrellas, económico, pero de buena calidad. Él la había invitado a comer y ella estaba absolutamente embelesada. Después de aquel tierno beso habían estado toda la noche hablando por WhatsApp. Habían consolidado una relación y Matsuri les había contado a todas sus amigas lo que le había ocurrido. Gaara era el hombre que ella quería para su vida, y Matsuri era la mujer que él había estado buscando de compañera. Sari se había puesto como loca al enterarse de que su amiga había olvidado por completo a su patán exnovio y se había animado a entablar una relación con el pelirrojo punk. Sin embargo, todas sus amigas habían opinado igual en un aspecto: El padre de Matsuri se pondría como loco.
Y no en el buen sentido.
Gaara la había tomado de la mano dulcemente, lo más dulcemente que le salió. Se sentía torpe con ella, nunca había paseado de esa manera con nadie y, de hecho, lo ponía muy incómodo que la gente lo mirara al pasarles por al lado, Matsuri contrastaba mucho con él; estaba vestida con vestido veraniego corto, con volados violetas, el color era muy claro, en amarillo con detalles lilas, sus sandalias eran de plataforma lo que por poco hacía que ella lo pasara en estatura a él. Iba maquillada levemente y se veía hermosa con largas pestañas en sus ojos negros. A diferencia de ella, Gaara iba vestido con una camiseta negra, de mangas cortas, con una estampa de una banda de punk poco conocida, sus pantalones eran verdes con cuadros negros, un cinturón de tachas impedía que éstos se le cayeran. Del cinturón colgaban algunas cadenas decorativas y estaba calzado con botas militares negras. Su cabello rojo estaba en picos, sus cejas absolutamente depiladas y sus ojos delineados de negro. El contraste entre ambos era notorio, no parecían pegar juntos ni aunque les pusieran pegamento.
Un flash incomodó a Gaara en su perfil. Ignoró completamente aquel acto aunque Matsuri entrecerró los ojos.
—¿Notaste eso?
—Sí. No le des importancia, por favor —pidió él un poco harto. Hacía tiempo que no le sucedían esas cosas; en una época, cuando él tenía unos quince años, lo perseguían totalmente, era el descarriado de la familia, el que les daría más dinero a esas personas al conseguir alguna primicia.
Había habido un mini escándalo cuando se filtró una fotografía suya fumando con un grupo de chicos en un callejón. Su padre se había gastado muchísimo dinero para retirarlas de todos lados.
—¿Qué fue? ¿Un relámpago?
—No… Era… Era una cámara.
Matsuri se paró en seco en la calle con los ojos muy abiertos.
—¡No puede ser! Mi padre va a matarme —Matsuri buscó con la mirada a su alrededor y justo en ese momento se vio otro destello de luz.
Matsuri se escondió en el pecho de su novio y él la abrazó algo atolondrado, Matsuri sintió como el corazón de Gaara se aceleraba.
—Tenemos que hablar con tu padre, Matsu. Esto no cesará… Yo… Esto me ha pasado antes, me ocurre por ser el hijo de alguien famoso. Tal vez si mi padre se retira de la política esto se calme un poco, pero mientras tanto… Pensé que… Estabas al tanto y…
—¡Está bien! No quiero que esto sea un impedimento para nuestra relación, es sólo que no quería comentárselo a mi padre todavía. Él es muy… recto —habló ella ahogada por la tela de la ropa de Gaara.
—Vamos Matsu, no podemos quedarnos acá para siempre.
Ambos volvieron a su posición inicial, tomados de la mano y empezaron a caminar más rápido.
Llegaron en pocos minutos a la casa de Matsuri, parados en la puerta estaban ambos padres de ella. Matsu se apresuró a soltar la mano de su novio.
—Matsuri ¿en dónde estabas? ¿No te ibas con unos amigos?
La madre de ella se acercó a los chicos con ojos desorbitados, mirando al pelirrojo con expectación. El hombre detrás de ella no parecía de buen humor.
—Eeh, más bien con un amigo, mamá…
Gaara carraspeó algo molesto y miró hacia otro lado. Sin embargo, sintió la mirada de su novia encima. Él siguió evitando el contacto visual con cualquiera de las tres personas que tenía alrededor.
—¿Matsu? —preguntó la mujer queriendo indagar.
—Bueno, más bien con mi novio, mamá… Es reciente… Muy reciente.
—¿Novio? —La voz grave del padre no se hizo esperar.
—Hola ¿qué tal? —saludó Gaara. No olvidaba la vez que había conocido a su nuevo suegro. Gritando y peleando con Matsuri, esa vuelta le había dado la impresión de que era capaz de golpearla. No era un hombre fácil.
—¿Cuál es tu nombre?
—Gaara Sabaku No.
—¿Sabaku? ¿Como el famoso economista?
—Sí, es mi maldito padre, lamentablemente…
Los padres de Matsuri se miraron entre sí impresionados.
—¿Trabajas? ¿Estudias, muchacho?
—No, por ahora, aunque tengo ganas de empezar algo —mintió. No tenía ni idea de qué hacer con su futuro. Por ahora, no necesitaba preocuparse por el dinero o los estudios, pero sabía que en algún momento tendría que hacer algo por su vida.
—Pasa, muchacho, conozcámonos —el hombre empezó a caminar hacia su casa y su esposa lo siguió murmurando que prepararía unos pastelillos para la merienda. Gaara y Matsuri intercambiaron una mirada de extrañez.
Kiba estaba tendido en su cama comiendo helado de vainilla, llevaba el torso desnudo y unos pantalones deportivos, un ventilador pequeño lo apuntaba directamente a la cara. Akamaru estaba a su lado, en el suelo, olisqueando y lamiendo el casco de la motocicleta, Shino estaba sentado contra la puerta de la habitación, en el piso.
—Tendríamos que salir a algún sitio antes de que acaben las vacaciones —expresó Shino acomodándose sus, innecesarios, lentes de sol.
—Ya tendremos tiempo, hoy no tengo ganas.
—Cuando reinicien las clases en la universidad no se podrá más, Kiba.
—Bueno… Tampoco es un martirio, encontraremos tiempo.
—Sólo queda un mes de vacaciones….
—Shino, mierda ¿Qué pasa? ¿Te gusto? ¿Te quieres declarar? Descansemos tranquilos en casa ¿A dónde quieres llevarme? ¿A un hotel? —Kiba se incorporó un poco y miró a su amigo con desinterés.
—No seas idiota, Kiba.
—Pero ¿qué te pasa? Estás raro desde hace algún tiempo…
—Me voy a ir.
—Pues vete, pero no sé por qué te enfadas… —El castaño se pasó una mano por el cabello alborotándolo.
—No, no que me voy de aquí. Me refiero a que voy a irme del país.
Kiba se lo quedó mirando con el ceño fruncido, esperando que su amigo continuara, porque no comprendía bien qué estaba pasando. Y, aunque el corazón se le aceleró un poco debido al nerviosismo que empezó a sentir ante la presunta partida de su amigo de la infancia, se quedó con temple apacible.
—¿Qué? ¿De vacaciones o…?
—No —negó él con su voz grave—. Por la beca que me asignaron Europa.
Kiba se quedó en silencio procesando lo dicho.
—Ya sabes… —continuó Shino temiendo perder la oportunidad—. La misma que tú solicitaste, con la intención de que los dos viajáramos a perfeccionarnos más en nuestra carrera universitaria. A ti te llegó la contestación negativa al poco tiempo de solicitarla y la mía tardó casi un mes más en llegar… Y me aceptaron, así que... No puedo desperdiciar esta oportunidad laboral.
El silencio se hizo más fuerte entre ambos. Kiba se había llevado ambas manos a la cabeza y no miraba a su amigo. Shino se acomodó los lentes con el índice, sólo para hacer algo, ya que se encontraba nervioso e intranquilo. El muchacho se levantó y se sentó a un lado de Kiba, esperando una respuesta por su parte. Había sido su mejor amigo durante tantos años que sentía que al alejarse, éste estaría perdido. Kiba podía dárselas de ser simpático y con confianza en sí mismo, pero era una persona que necesitaba apoyo para no derrumbarse.
—Mira… Sé que será duro al principio empezar una vida sin amigos, pero podremos seguir estando en contacto y…
Kiba se levantó y salió de la habitación con paso firme, dejando la puerta abierta y tomando, al pasar, una camiseta. Shino se quedó sentado sobre la cama, con Akamaru mirándolo fijamente sin entender lo que ocurría. El muchacho soltó un bufido y una cabeza femenina se asomó a la puerta.
—¿Shino? ¿Y mi hermano? —Hana entró a la habitación. Estaba vestida como para andar por casa. Con una camiseta sin mangas, de color blanco, atada sobre el ombligo y un short verde agua corto. Estaba descalza.
—Acaba de irse… Pensé que no estabas —admitió Shino; ahora que Hana se estaba mudando, no era fácil encontrarla en la casa de su madre, a menos que fuera en horario de trabajo.
—Estoy sin electricidad en mi casa nueva, aún hay que hacer varios arreglos y hacía mucho calor así que vine con el aire acondicionado —Hana se sentó al lado de Shino— ¿A dónde fue Kiba?
—No lo sé, no parecía feliz… Le dije lo de la beca.
—¿En serio? —Hana sonrió con mucha alegría, lo miró a los ojos directamente, feliz— Te felicito, Shino. Es muy maduro que hayas hablado directamente con él. Sé que te costó pero fue lo mejor.
—Sí… Pero es muy orgulloso, no va a perdonarme que a él no lo hayan aceptado y a mí sí.
Hana negó.
—No es eso lo que le cuesta, él teme perderte, Shino. Has sido su único amigo durante toda la vida.
Shino tiró la cabeza hacia atrás nervioso.
—Sí, puede ser…
—De verdad, te agradezco que se lo hayas dicho ahora… Tendrá tiempo para reponerse antes de que te vayas —Ambos se miraron a los ojos agradecido el uno con el otro. Hana volvió a sonreírle.
—Gracias por el apoyo, Hana.
Ella se inclinó hacia él y dejó un pequeño beso en los labios de él antes de retirarse por la misma puerta por la que había salido su hermano.
Sakura llegó al bar en donde se encontraría con Sasuke, era un lugar pequeño, tenía luces rojas aunque, por el horario, estaba casi vacío. Había tres o cuatro mesas cuadradas, de color caoba, con dos sillas enfrentadas y había una cantidad grande de taburetes en la barra, donde un barman limpiaba un vaso de wiski y lo guardaba bajo la barra.
Sasuke esperaba nervioso, sentado en una de las mesas, tomando jugo de naranja, la llegada de Sakura. Se había vestido con la mejor ropa que había encontrado, se había tomado diez minutos para peinarse y se había puesto perfume. Era demasiado para dejarla. Él quería dejarla por las buenas, pero Sakura tenía algo extraño en su persona que lo hacía sentir muy nervioso. Ella lo vio y avanzó hacia él, Sasuke la miró y se removió en la silla. Sakura iba vestida con unos pantalones de jean, una camiseta rosada y unas botitas marrones.
—Hola —saludó cansada, se notaba que había estado caminando rápido, estaba agitada. Llevaba su cabello corto, rosado, atado en una goma y los ojos débilmente delineados, resaltando su hermoso color verde. Sasuke tragó saliva.
—Hola, Saku —Le sonrió queriendo sonar simpático. Tenía que empezar con su monólogo «No eres tú, es que no estoy preparado. Eres demasiado especial para mí y no puedo controlar la situación, siento que voy a lastimarte o que voy a salir lastimado…» y todo lo demás.
—Lamento haber llegado tarde. Estuve tan pendiente de que me llamaras o me enviaras un mensaje que me parece loco haberme tardado —sonrió ella, despreocupadamente. Ese simple comentario hizo que Sasuke se inquietara más.
—No pasa nada. Podría esperar aún más… —No supo por qué dijo eso pero lo dijo— ¿Te pido algo? ¿Zumo? ¿Gaseosa? ¿Agua?... ¿Algo con alcohol?
Sakura miró lo que su acompañante bebía.
—Lo mismo que tú, está bien.
Sasuke llamó al barman y pidió bebida para Sakura. En cuanto el hombre llegó con la bebida la charla se reanimó.
—¿Y cómo estuviste, Sasuke? —preguntó ella— ¿Por qué tan desaparecido? —Tomó su sorbete y aspiró la bebida por ahí.
—Tuve bastante trabajo —mintió. Había estado muy pendiente de Sakura, pero no había querido verla por cobarde.
—Debió haber sido cansador.
—¿Y tú? A estas alturas ya debes estar preparándote para iniciar la Universidad de nuevo… —preguntó él, queriendo sacar tema de charla antes de dejarla oficialmente. Ella puso una mala cara. Como si quisiera evitar el tema, eso no le pasó por alto al moreno.
—Sí, ya empecé con los preparativos.
—No pareces muy entusiasmada, pensé que te apasionaba la medicina.
—Bueno… —Sorbió otro poco— Mi tía materna ha sido médica toda su vida y siempre me ha encantado lo que ella hace, así que desde pequeñita le decía a todo el que me preguntase que quería ser doctora… La verdad es que, cuando cumplí los dieciséis o diecisiete años, dejé de interesarme por eso, pero tampoco sabía qué seguir de mi vida, así que, todos me presionaron un poco para que siguiera la carrera de medicina. Y, ahora que hace un par de años que estoy con esto, no me siento muy cómoda… Pero supongo que debe ser normal, una etapa o algo así…
Sasuke la miró ceñudo.
—No, no creo, Sakura… Simplemente es algo que no te gusta ¿No has pensado en otra cosa?
—Ya estoy grande para cambiar de carrera, Sasuke.
Él rio.
—¿Grande? Sakura… Tienes veintiún años, es cuando debes decidir y probar… y fallar. Tienes que arriesgarte.
Ella sonrió sin gracia, por compromiso.
—Supongo que tienes razón, pero siento que pierdo el tiempo. No puedo dejar toda mi vida, mi estabilidad y ponerme a bailar… No sé a qué clase de vida me podría llevar eso.
—¿Bailar? —Sakura se ruborizó al darse cuenta de lo que había dicho y bajó la cabeza. Sasuke sonrió al notar lo hermosa que se veía con ese gesto— ¿Te gustaría bailar?
Ella se animó a mirarlo, pero no habló hasta varios segundos después.
—Sí. Hasta he considerado la opción de solicitar alguna beca pero… es una locura —rio como si hubiera dicho un chiste—. Es absurdo.
Sasuke estiró su brazo sobre la mesa y tomó la mano de Sakura que lo miró a los ojos con ternura. Él le devolvió la misma mirada.
—Hazlo, Saku. Anímate. Arriésgate. Eso te hará feliz.
—No lo entiendes, Sasuke. Jamás bailé en mi vida. Quiero ser profesional pero no tengo un entrenamiento previo, hace años que quiero bailar pero es mucho más complicado de lo que uno cree… Además ¿Qué futuro puedo tener como bailarina? Hay que ser muy buena para triunfar ¿Y si no lo logro?
—¿Y si sí lo lograrás y no lo sabes? Sakura, si no te funciona siempre podrás retomar la carrera de medicina, o buscar otra más. No hay apuro para estudiar. Puedes tener cincuenta años y estudiar igual, eso no importa, mientras tú te sientas cómoda.
Sakura bajó la vista apenada, los ojos se le habían humedecido debido a la pena.
—He estado mirando en Internet… Hay una… hermosísima escuela de danza en París y he mandado solicitud para una beca… Pero fue un arrebato de locura. Nunca envié el video clip que me pidieron… Sólo… Sólo el formulario y mis datos.
—Tienes que enviarlo, Saku… —Sasuke buscó algo en su teléfono celular.
—¿Ahora? Sasuke no estoy preparada para algo así…
—Aquí dice que las inscripciones cierran en dos días… Tienes que enviarlo ahora, o no llegarán a verte.
—Pero no tengo nada, ni escenografía, ni micrófonos, ni bailarines extras... Ni una canción en mente... Bueno sí tengo una canción, pero aún no lo pensé bien.
—Sakura, tranquila, para apoyarte estoy yo… —Sakura lo miró nerviosa. Sasuke tomó su teléfono celular otra vez y marcó rápidamente— Itachi, necesito que me ayudes con algo… Sí… ¿Aún tienes ese amigo que está iniciando en la producción de televisión? Necesito que te preste una cámara que grabe en HD y algún micrófono que tome bien el audio… Sí, te hablo en serio… Déjame, Itachi, hazme caso, maldición… —hizo silencio—Sí, y te necesito a ti también, bien vestido. No preguntes, adiós.
Marcó nuevamente y llamó otra vez.
—Suigetsu… Necesito que te vistas de forma decente y te aparezcas por El Refugio lo antes posible. Avísale a Karin que la necesito también, a ella y a la gente que consiga. Que vayan predispuestos a hacer lo que sea… ¡Suigetsu estás loco! No te estoy proponiendo eso… No… —Sasuke bajó la voz— No es una orgía… ¡Vengan! Adiós —Miró a Sakura nuevamente—. Solucionado. Vámonos.
Sasuke se levantó de su lugar y tomó del brazo a Sakura para que se levantara también. Ésta así lo hizo. Sasuke se fue a pedir la cuenta, pagó por ambos y regresó con la chica que lo estaba esperando en silencio y cabizbaja, sumida en sus pensamientos.
—¿Vamos? Nos encontraremos en la puerta de tu casa… Y de ahí, haremos la canción que pensaste… ¿Cuál es?
—No… yo… Bueno, pensé en un clásico… Pero no tan viejo… Quiero decir, la mayoría enviará el clip de Flashdance… Y yo pensé que algo más divertido y dinámico podría ir bien… Así que… —Sakura empezó a hiperventilar nerviosa.
—Ey, tranquila…
—Pensé en Mamma mía… La versión de la película de Meryl Streep. El baile tiene bastantes gestos con el rostro. Se gesticula mucho lo cual es importante para la danza y… entonces… pero ni siquiera tengo preparada la coreografía, Sasuke.
Sasuke tomó su celular tras recibir un WhatsApp.
—Suigetsu acaba de confirmarme que Karin, Naruto y su novia, Hinata, irán a ayudarte. Entre todos se nos ocurrirá la coreografía que necesitas.
Extendió su mano y Sakura la tomó entrelazando sus dedos. A su lado se sentía más segura. Tomó aire, inspirando fuerte, y ambos salieron del bar. Al recibir sobre su piel los rayos del sol, Sasuke se inclinó un poco para dejar un beso sobre la cabeza de Sakura.
Neji estacionó su auto en la puerta de la residencia Hyuga. Tenten estaba sentada a su lado, se había trenzado sus rodetitos y llevaba puesto el hermoso vestido que Hinata le había entregado. Ya estaban dando las ocho y media de la noche. Estacionado frente a la casa, había otro auto.
—Ya llegaron… —suspiró Neji un poco nervioso.
—¿Quiénes serán, además de tu tío?
—Los tíos de Hinata, ella, mi otra prima Hanabi, Naruto… y nadie más.
—Bien… —Tenten abrió la puerta y bajó.
La enorme casa intimidaba un poco. Neji apretó la mano de su novia y ambos caminaron hacia la casa. Neji tocó timbre. No pasó mucho hasta que una pequeña figura abrió la puerta. A ojos de Tenten era una versión más pequeña de Hinata, salvo por el cabello castaño, era idéntica. Era su hermana menor: Hanabi, la había visto por El Refugio varias veces. Estaba preciosa, vestida con un vestido blanco con brillos, que hacía resaltar sus ojos aperlados. La joven adolescente les sonrió a ambos.
—¡Neji! Llegaste… Pasa, te estábamos esperando.
Neji pasó y Tenten tras él, aún tomados de la mano. Se encaminaron hacia el comedor y allí vieron a todo el mundo sentado a la mesa. No estaban comiendo nada, aún, sólo charlaban. Hiashi Hyuga, estaba sentado en la cabecera hablando con su ex cuñado que estaba a su derecha, al lado de éste había una hermosa mujer rubia de ojos muy claros y, a su lado, una chica hermosa, casi idéntica a Hinata en porte y actitud. Estaba sentada con la cabeza hacia abajo, de forma tímida. Su cabello era rubio platinado, llevaba un flequillo recto igual al de su prima y sus ojos también eran curiosamente pálidos, aunque no blancos, sino de un violeta muy claro. Su tez era pálida y hermosa, sin ninguna imperfección. El parecido con la mayor de las Hyuga era evidente. Frente a ella estaba Naruto, a su lado, Hinata, y en el lugar vacío a la izquierda de Hiashi, iba Hanabi. Sólo quedaban dos lugares vacíos, uno frente a Hinata, al lado de la prima, y otro frente a Hiashi, en el otro extremo.
—Hola —Saludó Neji llegando. Las miradas de todos los presentes volaron hacia él.
—¡Ey, Neji! Estábamos esperándote, ven… —Naruto le hizo una seña para que se acercara y Neji alzó su mano. Desde que Naruto comenzó a trabajar en la radio, se habían vuelto algo más cordiales. Neji no podía decir que tuvieran una relación de amistad, pero, al menos, eran cercanos.
—Hola, Naruto… Hola, a todos… —Neji señaló a Tenten, de forma incómoda—. Ella es… Tenten Ama, mi novia… Es originaria de China, estudia abogacía y trabaja en una cafetería cerca de aquí… —Se aclaró la garganta—. Él es mi tío Hiashi Hyuga, propietario de la radio Konoha's Rock.
—¡Me acuerdo de ti! —Le sonrió Hiashi a Tenten, ella le devolvió la sonrisa— estuviste en la fiesta que dimos. Bienvenida.
—La que nos abrió, es mi prima Hanabi Hyuga —Tenten asintió viendo cómo la jovencita se sentaba en su lugar— A Hinata y a Naruto ya nos conoces bien —Naruto levantó su dedo pulgar a modo de saludo y Hinata le sonrió—. Y ellos son los tíos de las chicas, Kame Dorei y Miroku Dorei, su esposa, la hermana de la mamá de Hanabi y Hinata. Y, por último, ella es Shion Dorei, la hija del matrimonio.
—Hola, es un placer… —Saludó Tenten.
Después de las presentaciones, Neji se sentó en el extremo libre y Tenten a su lado, entre Neji y Shion. La comida empezó a transcurrir tranquilamente. Neji se movió incómodo mirando de Shion a Tenten. Aún recordaba cómo la rubia se le había querido lanzar hacía algún tiempo atrás, temía que le dijera algo a su novia.
Sin embargo, ella no estaba interesada en buscar a Neji nuevamente, se había propuesto a conquistar a alguien más. A quien tenía en frente.
