Capítulo 36:

Después de que Quinn abandonó el comedor, Rachel se quedó con una extraña sensación en su pecho. Su actitud había sido extraña desde que realizó su examen, también es cierto que también era extraña los días anteriores pero por lo menos comprendía a que se debía, los nervios estaban haciendo mella en ella y la morena lo notaba aunque no sabía muy bien que hacer para ayudarla por lo menos procuraba estar a su lado, animarla y apoyarla en lo que podía, pero en esos momentos no entendía nada de lo que pasaba. Quinn ya había realizado el importante examen y saliese como le saliese tendría que estar levemente aliviada por quitárselo de en medio, pero en cambio estaba apagada, mustia y sin energía, como si el peso sobre sus hombros hubiese aumentado desde esa misma mañana.

El resto de la hora del almuerzo Rachel se la pasó meditando sobre aquello mientras jugaba con su comida ignorando las interacciones de sus amigos a su alrededor. Se encontraba nerviosa y angustiada sin saber que hacer para ayudar a su novia o por lo menos para averiguar que es lo que ocurría. Era evidente que no podía preguntárselo, Quinn se cerraría en banda y no diría nada e investigarlo por su cuenta era una posibilidad, pero muy peligrosa ya que si la rubia se enteraba no iba a estar muy contenta por que se inmiscuyese en sus cosas de esa manera.

Gruñó por lo bajo y se mordió el labio captando la atención de Santana que la miró de manera curiosa.

-¿Qué te pasa enano? ¿Quinn te ha prohibido visitar a tus familiares en el bosque? No te pongas triste mujer, he oído que los gnomos no tienen muy buena memoria, a lo mejor ya se han olvidado de ti –se calló durante unos segundos meditando- o quizás eran los peces los que tenían mala memoria… bueno, da igual, total pareces también medio pez –la miró detenidamente a los ojos- tus grandes ojos saltones no son normales –sentenció como si eso lo explicara todo.

Rachel se limitó a girar los ojos e ignorarla, no estaba de humor para las extrañas gracias de la otra ni mucho menos para aguantarla.

-No, en serio –dijo dándose cuenta del estado de animo de la otra- ¿Qué pasa? Estáis las dos raras hoy –preguntó mirándola seria.

La morena suspiró cansada y se restregó los ojos durante unos segundos dándose tiempo para responder.

-Hoy tenía el examen de Historia. Era muy importante para su media y lleva nerviosa varios días, pero ya lo hizo y parece que está aun peor que antes –le explicó.

Santana meditó durante unos instantes mientras fruncía el ceño pensativa.

-¿Sabes que tal le salió? –preguntó.

-Antes me dijo que bastante bien, pero no sé… -se mordió el labio- no la noté muy convencida.

-Entonces debe de ser que piensa que va a suspender –se aventuró a decir- Siempre le da el bajón después de un examen del que no está muy convencida aunque luego siempre aprueba y con buena nota –se encogió de hombros- ella es así.

Rachel sintió un gran alivio al escuchar las palabras de la latina. Era evidente que Santana la conocía mejor que ella, por lo menos en esos pequeños detalles. No le molestaba, no mucho al menos, era normal que se conociesen mas, los años de amistad se notaban y Rachel no podía hacer nada contra eso solo intentar conocer un poco mas a Quinn cada día que pasaba.

Por fin la hora del almuerzo llegó a su fin y la morena se levantó rápidamente recogiendo las cosas para después andar a paso ligero hacia la taquilla de Quinn. Quería verla una última vez, asegurarse que todo estaba bien e intentar formar esa sonrisa que amaba en el rostro de su novia.

Se detuvo en la taquilla apoyándose en ellas y mirando a su alrededor mientras la esperaba. Se encontraba nerviosa y se removía sin poder estarse quieta un solo instante, su hiperactividad hacia acto de presencia como solía pasarle cuando los nervios la invadían, pero de repente se quedó como una estatua, como si se hubiese congelado en aquel mismo instante mientras veía salir a Quinn del despacho de Holly, con la mirada dirigida al suelo y mordiéndose el labio mientras una sonrisa de suficiencia aparecía en el rostro de la profesora que no dudo en fijar la vista en la morena y guiñarle un ojo divertida.

Lentamente Quinn alzó la cabeza cuando ya se encontraba completamente fuera del despacho y sus ojos se cruzaron con los de Rachel cambiando automáticamente su expresión a una de terror absoluto mientras que Holly veía la escena detrás de Quinn no perdiéndose ningún detalle de lo que ocurría sin eliminar esa sonrisa de su rostro.

Se quedaron quietas sin saber que hacer, Rachel aun congelada en su sitio con la boca ligeramente abierta del asombro y una mueca de dolor en su rostro. En cambio Quinn se debatía internamente en que hacer a continuación y cuando por fin se decidió dando un paso en dirección a su novia, Rachel recobró el movimiento de sus músculos y salió corriendo sin mirar atrás.

Quinn se quedó a medio paso viendo como su novia huía de ella y sintió como su corazón se encogía mientras dirigía su mirada al suelo de nuevo y una angustia se apoderaba de ella.

-Ya nos veremos –susurró Holly en su oído con una pequeña risa.

La rubia gruñó apretando los puños con fuerza y comenzó a caminar de nuevo perdiéndose por aquellos pasillos.

El día no había pasado nunca tan lento como en esos momentos, ni siquiera cuando se quedó embarazada y en la calle, esto se sentía mucho peor o por lo menos en esos momentos lo hacia, quizás porque era lo mas reciente que le estaba pasando pero definitivamente este era un mal día para Quinn.

Desde el instante en el que Rachel había echado a correr y cuando ella por fin reaccionó dispuesta a hablar con la otra, la estuvo buscando por todos los sitios, llamándola, enviándole mensajes, todo había resultado inútil y su desesperación aumentaba a cada minuto que pasaba sobretodo cuando en vez de ir directamente a casa después de las clases donde la morena no podía evitarla tuvo que ir a trabajar.

En el trabajo las cosas no habían resultado mucho mejores. Su mente se encontraba en otro lugar y se notaba, se había equivocado con algunos pedidos, tropezado consigo misma y con otras personas y hasta tuvo que dar un gran salto para no pisar en el último segundo a un niño gateando por el suelo, aunque por lo menos, milagrosamente después de esa extraña pirueta no se le habían caído todos los platos que llevaba en las manos.

Terminó su turno agotada, física y mentalmente solo con ganas de llegar a casa y tumbarse en la cama, con Rachel a su lado dándole esos mimos que tanto necesitaba pero sabía que hoy no sería uno de esos días y que en cuanto entrase por la puerta, la tormenta estallaría.

Se bajó del coche lentamente observando la casa frente a ella, parecía como si toda su determinación anterior de hablar con Rachel se iba esfumando poco a poco y el miedo ocupaba su sitio haciéndose dueño de todo. ¿Qué iba a hacer si la morena la dejaba? ¿A dónde iría? Y sobretodo ¿Cómo haría para sobrevivir después de tenerla?

No era lo mismo que antes. Antes de este año Quinn nunca había pensado en estar con Rachel, ni siquiera era capaz de soñarlo siendo consciente que no era algo que se merecía, pero ahora la había tenido, la había amado como a ninguna otra y sin saber muy bien en que momento se había vuelto adicta a ella, en el buen sentido. La convivencia después de que su madre la echase solo había incentivado ese sentimiento. Siempre que la necesitaba estaba allí apoyándola y se había acostumbrado a sus abrazos y sus besos, sus caricias y susurros y no creía ser capaz de simplemente dejarlo atrás.

Estuvo mas tiempo del que pretendía frente a la puerta perdida en sus pensamientos pero de repente se dio cuenta de algo extraño. No se oía nada en el interior. Frunció el ceño mientras miraba la hora cerciorándose de que no era demasiado tarde y no lo era, justo en esos momentos la familia Berry debería estar cenando hablando animadamente del día que habían tenido y riendo sin cesar. Siempre estaban riendo y con bromas, era algo que la había sorprendido al principio pero que fue fácil acostumbrarse, aunque no fue tan fácil empezar a formar parte de esas interacciones debido a que simplemente ella no sabía como hacerlo, pero después de un tiempo fue metiéndose poco a poco y en esos momentos ya se sentía una mas, aunque a veces seguían sorprendiéndola.

Cogió aire y abrió la puerta encontrándose todo en penumbras, miró a su alrededor y se encaminó al salón donde solían reunirse después de la cena a ver alguna película pero cuando llegó solo se encontró a Evan y a Ben, acurrucados en el sofá viendo una película antigua la cual no reconocía.

Los dos alzaron la vista al sentirla y ella se quedó clavada en su sitio sin saber muy bien que hacer, a fin de cuentas eran padres de Rachel, no suyos y quizás la otra les había contado y en ese momento estaban odiándola al igual que su novia.

Pero sus temores fueron rápidamente eliminados cuando Ben le sonrió con compasión y murmuró:

-Está en su habitación.

Quinn asintió lentamente y mientras sentía la mirada de los dos hombres clavada en ella comenzó a ascender por las escaleras.

Llamó con suavidad a la puerta de la habitación de Rachel y esperó pacientemente. Después de unos segundos en los que no escuchó nada volvió a insistir.

-Déjame en paz –dijo Rachel desde el otro lado de la puerta.

A la rubia se le retorció el estomago al oír la voz ahoga por los sollozos de su novia. Era evidente que estaba llorando, seguramente llevaba llorando desde esa misma mañana y ella no había tenido oportunidad de hacer nada al respecto.

-Rachel por favor, déjame explicarte –le suplicó.

-¡No quiero explicaciones, no quiero nada! Vete a dárselas a quien le interese –se calló durante unos segundos ahogando un sollozo- como a Holly.

Quinn suspiró pesadamente apoyando la frente en la puerta cerrada y cerrando los ojos intentando contener las lágrimas que amenazaban con deslizarse por sus mejillas.

-No ha pasado nada con ella, te lo prometo –susurró derrotada.

-No… no te creo… -los sollozos al otro lado cada vez eran más fuertes y aquella confesión hizo que el corazón de Quinn se rompiese un poco más.

-Nunca te he dado motivos para desconfiar de mi –intentó razonar con ella.

-¡Vi su cara Quinn! Vi su cara cuando saliste y conozco esa expresión, te tiene, sé que te tiene –Rachel se alteraba cada vez mas.

-¡Me tiene pero no de esa manera! Me bloquee en el estúpido examen y no fui capaz de responder una sola pregunta. ¿Crees que yo quería pedirle nada? ¡No! Pero no tuve otra opción, necesito esa nota y ella ha accedido a dejarme hacer unos trabajos y ayudarle con algunas cosas para compensarlo. ¡Nada más!

Después de aquella confesión solo escuchó el silencio al otro lado de la puerta y supo exactamente porque Rachel no decía una sola palabra.

-No me crees… -susurró derrotada- No merece la pena que siga aquí si ni siquiera confías en mi… -una solitaria lágrima se deslizó por su mejilla ya sin poder evitarlo pero rápidamente la limpió, no podía derrumbarse en esos momentos, tenía que ser fuerte.

Cogió aire ahogando el sollozo que amenazaba con salir y sin decir nada mas se dirigió a su habitación, preparó una mochila con las cosas más importantes que podría necesitar y en silencio y mirando al suelo abandonó aquel hogar.

Ben y Evan vieron como salía por la casa con una triste expresión en sus rostros pero no hicieron nada para detenerla, no era su cometido al fin y al cabo.

Se subió a su coche y se dirigió al único lugar que le quedaba.

-¡Hey! –dijo Britt emocionada cuando abrió la puerta de la casa de Santana pero al ver sus ojos rojos y su inmensa tristeza se acercó a ella y la abrazó con fuerza- Tranquila… -le susurró al oído.

Quinn en esos momentos, al sentir los fuertes brazos de su amiga rodeándola dejó que todo se viniese abajo y comenzó a llorar y a llorar aferrándose a ella.

Los minutos pasaron y ellas no se movieron ni un solo centímetro hasta que la voz de Santana se oyó en el interior.

-¡Britt! ¿Qué te lleva tanto tiempo? Como sea otra vez ese testigo de Jehová intentando abducirte le pateare el culo tan fuerte que… -sus palabras se apagaron en cuanto se asomó por la puerta y vio a su novia con su mejor amiga abrazándola con fuerza- ¿Qué pasó? –preguntó asustada.

Britt negó lentamente con la cabeza indicándole que no era el momento y guio a Quinn hacia el interior sin soltarla un solo instante.

Quinn caminó por inercia sin ni siquiera alzar la vista para ver a donde tenía que dirigirse, no tenía fuerzas para hacerlo de todos modos.

No se separó del hombro de Britt hasta que sintió como sus suaves manos la empujaban suavemente para que se sentara, en ese momento se dio cuenta que estaban en la habitación de Santana. Abrió sus ojos bañados en lágrimas y al ver la expresión confusa de sus amigas no pudo hacer nada más que taparse el rostro con sus manos y seguir llorando con más intensidad.

Rápidamente sus dos amigas la abrazaron con fuerza dejando que se desahogue el tiempo que creyese oportuno.

-¿Qué pasó? –volvió a preguntar Santana preocupada después de que Quinn consiguió estabilizar sus emociones y dejar de llorar.

-Rachel… y yo… -las palabras en su cabeza estaban totalmente formadas pero al llegar a su boca parecían desaparecer y no era capaz de decir nada coherente.

-Tranquila… -le susurró Britt acariciando su hombro con dulzura y sonriendo cálidamente.

Quinn cogió aire con fuerza y por fin consiguió explicarles todo lo que había pasado.

Sus dos amigas se quedaron mirándola en silencio cuando terminó, Santana alzando levemente una ceja y Britt con expresión confundida. Quinn miró a la latina durante unos instantes con detenimiento queriendo saber lo que pasaba por su mente y cuando la otra alzó aun mas la ceja supo exactamente lo que pensaba.

-Perfecto –gruñó Quinn levantándose de la cama- Tú tampoco me crees –cogió su mochila que había acabado en el suelo dispuesta a irse.

-Hey, hey, hey –Santana rápidamente la detuvo- Yo no he dicho nada –se excusó.

-No hace falta, te conozco –respondió fulminándola con la mirada.

-Mira tranquilízate –hizo que se sentase de nuevo en la cama.

-Lo último que necesito es que mis mejores amigas tampoco me crean –murmuró con amargura.

-Yo te creo –aseguró Britt haciendo que las otras dos la mirasen.

-Gracias Britt –susurró Quinn agradecida.

-No es que no te crea –comenzó a hablar Santana después de sacudir levemente la cabeza- es que me parece muy extraño el comportamiento de Holly, yo si fuese ella hubiese aprovechado la situación –aseguró.

Quinn meditó aquellas palabras durante unos instantes y después les confesó algo que no le había contado a Rachel.

-Ella… me dijo algo mas… -comenzó a decir después de un largo suspiro.

-¡Lo sabía! –exclamó Santana y la fulminante mirada de las rubias hizo que se callase y escuchase.

-No es lo que te crees –le aseguró Quinn.

"-¿No te preocupa lo que diga Rachel si se entera que estas aquí? –preguntó Holly con una sonrisa traviesa en su rostro.

-No estoy haciendo nada malo –espetó Quinn a la defensiva.

-No, pero a lo mejor tu noviecita no piensa lo mismo.

-Rachel confía en mí, se lo explicaré y lo entenderá –aseguró Quinn.

-¿Estas segura? –preguntó escéptica alzando una ceja.

-Completamente –afirmó.

-Bueno… ya lo veremos –la sonrisa de Holly aumento aun mas- Mañana te diré los trabajos que tienes que entregar y te advierto que no van a ser fáciles.

-Podré con ello.

-No esperaba nada menos –susurró."

-¡Esa puta! –exclamó Santana de repente haciendo que Britt y Quinn la mirasen confundidas- ¿Es que no lo veis? Todo esto es un plan para destrozar vuestra relación.

-¿Qué dices Santana? –preguntó sin entender.

-Cuando saliste de su despacho hizo algo para que Rachel pensase que había pasado algo, hizo que desconfiase y así rompiese contigo –al oír las últimas palabras el aire de repente no llegaba a los pulmones de Quinn, sentía como el corazón le palpitaba contra el pecho con fuerza y tuvo que hacer un gran esfuerzo para tranquilizarse.

-No es culpa de Holly –aseguró Quinn cuando volvió a respirar con normalidad- ella en realidad se ha portado bastante bien, independientemente si tiene algún plan oculto no habría pasado nada si Rachel confiase mínimamente en mi… -susurró destrozada.

Santana y Britt se miraron durante unos instantes y luego dirigieron la vista a Quinn que miraba al suelo con el dolor invadiendo todo su cuerpo.

-Lo siento mucho… -susurró Britt abrazándola de nuevo.

-Y yo Britt… y yo… -murmuró Quinn cerrando los ojos y dejando que aquella seguridad la tranquilizase.


Sois todas unas mal pensadas xD