Los tesoros del barco hundido

Holaaa n_n aquí les traigo otro capítulo, para finalizar con la historia de Joe.

¡Vamos allá!

Lo primero que vio Joe al recuperar la conciencia: una sala abandonada con un piso inclinado hacia un lado.

Posteriormente se dio cuenta de que él no se encontraba en el suelo, sino flotando.

—¿Pero qué…?—al hablar, burbujas se escaparon de su boca.

Estaba en el agua.

Comenzó a desesperarse, se estaba ahogando y no podía hacer nada para evitarlo.

—¡Joe!—gritó Gomamon aproximándose a él rápidamente— ¡Tranquilo Joe! ¡Debes tranquilizarte! Solo piensa en… en aire fresco, ¡piensa en aire fresco!

Era difícil imaginar aire fresco estando ahogándose en el fondo del océano, pero debía confiar en su compañero, ¿no era la única opción que le quedaba?

—¡No funciona!—exclamó desesperado— ¡No recibo oxígeno!

Gomamon rodó los ojos.

—¿Cómo es que me estás hablando entonces si no tienes aire?

Aquella pregunta hizo a Joe reccionar. Perdió el pánico e inhaló. Sintió el aire entrar a sus pulmones.

—¿C-cómo pasó eso?—preguntó confundido.

—No tengo idea—contestó el digimon alegre—, pero hay muchos digimon terrestres ahí afuera, tampoco parecen tener problemas para respirar.

—¿Ahí afuera?

—¡Sí! ¡Es casi como una ciudad submarina! ¡Sígueme!

Gomamon guió a su compañero hacia el lugar mencionado. Todo el suelo se encontraba inclinado, incluso en el exterior. Miró a su lado, a la pared de la que había salido.

Fue entonces que se percató de que no era una estructura de un solo piso, sino que se levantaba varios más hacia las alturas, dos tubos oscuros eran difícilmente visibles en el tejado.

—Pero si esto es…—murmuró el humano.

—Un barco—finalizó Gomamon—, ¡es el Titanic!

Los ojos de Joe se abrieron como platos al llegar a la cubierta, aquello definitivamente era un barco.

Pudo ver la proa, las chimeneas, etc… pero lo más impresionante eran los habitantes de este: cientos de digimon terrestres charlaban y se desplazaban por el barco como si se tratara de algo completamente normal.

—¿Qué-qué hacen ellos aquí?—preguntó Joe confundido, sin entender como habían llegado ahí, como podían caminar y respirar, como era que no estaban muertos a causa de la presión…

—Viven aquí—contestó Gomamon—, algunos dicen estar aquí desde que el barco se hundió…

—¿Y por qué no se han ido?

—Porque no pueden.

—¿Por qué no? Es cosa de nadar hasta la superficie…

—¡Porque yo no quiero que se vayan!—respondió violentamente una voz femenina a sus espaldas.

Ambos, digimon y humano, se volearon para ver de quién se trataba para encontrarse con…

—¿Una sirena?—dijo Joe confundido.

—Señorita Mermaidmon para ti—respondió autoritariamente—, sean bienvenidos a mi barco: el inundible Titanic… que, paradójicamente, esta hundido.

—Vaya… es un lindo barco—elogió Joe sin saber muy bien que decir.

—Es bueno que te agrade—fue la respuesta de Mermaidmon—, al fin y al cabo no saldrán de aquí por mucho tiempo…

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque nadie sale de mi barco a menos que yo lo diga—espetó Mermaidmon con una sonrisa sínica—, a partir de hoy son mis tripulante y se quedarán aquí como tales, ¿entendido?

Pero Joe no quizo quedarse con los brazos cruzados.

—¡No!—exclamó— Es que… verás, nos encantaría quedarnos aquí… pero tenemos que encontrar a nuestros amigos y regresar a casa, no tenemos tiempo para quedarnos…

—Joe, no creo que le interese…—interrumpió Gomamon.

—¡Silencio Gomamon!—le calló— Por favor, solo dejanos ir, podremos volver de visitas algún otro día si quieres….

Joe estaba convencido de que la violencia no era necesaria y que con diálogo serían capaces de resolver sus problemas, pero al parecer Mermaidmon no opinaba lo mismo.

—Dejame pensarlo… ¡No! Ya les dije que nadie sale de este barco y ustedes no serán la excepción—concluyó esta—. Ahora más les vale comportarse, o tendré que tomar medidas mas estrictas.

"¿Y ahora qué?" se preguntó Joe "No puedo quedarme así, nuestros amigos nos están esperando…"

—Gomamon—susurró—, será mejor que digievoluciones, nos largaremos de aquí.

—Joe, no sé si sea una buena idea... ¿por qué crees que ninguno de esos digimon no ha escapado? Ella debe de ser muy fuerte…

—¡Vamos Gomamon! Ikakumon es mucho más grande que esa sirena, estoy seguro de que podremos hacerlo…

—Pero…

—Vamos Gomamon, ¡rápido!

El digimon suspiró.

—Está bien—dijo no muy convencido—. ¡Gomamon digivolves a…. Ikakumon!

La digievolucion de Gomamon no pasó desapercibida para Mermaidmon, quien se volteó frustrada hacia sus tripulantes.

—¡¿Qué creen que hacen?!—gritó furibunda— ¡Regresen aquí de inmediato!

—¡Lo siento!—respondió Joe mientras se alejaban— ¡Intentamos hacerlo por las buenas!

Mermaidmon dejó escapar un pequeño gruñido. Ya lo había dicho ella misma: nadie escapaba de su barco.

—¡Te dije que funcionaría Ikakumon!—celebró Joe en el lomo de su compañero.

—¡Es cierto! No creí que fuera tan…

Pero el digimon no alcanzó a terminar la frase, ya que un gran arpón se ancló en él y comenzó a arrastrarlo de vuelta al barco.

—¿Qué está pasando?—preguntó Joe confundido.

—¡No puedo… avanzar!—exclamó Ikakumon.

No pasó mucho tiempo hasta que Ikakumon no pudo seguir luchando y fueron arrastrados a las profundidades.

El par aterrizó bruscamente en la cubierta, Ikakumon retomando su forma de Gomamon.

—Se los advertí—dijo una sonriente Mermaidmon—, nadie escapa de este barco y ustedes no serán la excepción. Me obligaron a ponerme más estricta.

Mermaidmon los arrastró atados a sus cadenas, llevándolos al interior del barco, hacia las celdas.

El par quedó encerrado tras los barrotes metálicos, sin posibilidad de escape.

—Genial—murmuró Joe—, ¿ahora cómo se supone que saldremos de esta?

—Te dije que no funcionaría—respondió su digimon.

—¿Ustedes también intentaron escapar, no?—preguntó una voz rasposa a su lado.

El par se volteó para encontrarse con un anciano sentado en el suelo, con una enorme barba que tapaba su cara casi por completo. Se quedaron tan atónitos que con contestaron.

—Yo igual intenté hacerlo alguna vez…—comenzó a decir— ¡qué decir una vez! ¡Cientos de veces! Ya perdí la cuenta de las veces que tuvieron que reparar los barrotes de mi celda… No importaba cuanto lo intentaba, ella siempre volvía a atraparme.

Joe miró al anciano tristemente.

—¿Quién es usted?—preguntó— ¿Cuánto tiempo lleva aquí?

El digimon suspiró.

—¿Cuánto tiempo? No lo dé, ya perdí la cuenta. Tal vez años, décadas, siglos… ¿quién sabe? Estoy aquí desde que el barco se hundió—respondió de forma melancólica—. Soy Babamon, mucho gusto.

—Si lleva tanto tiempo aquí… debe de conocer una salida, ¿no?—preguntó Gomamon.

—¿Creen que estaría aquí si conociera una salida? ¡Por supuesto que no! Estaría zarpando los océanos en busca de mi amada Rosemon…

¿Rosemon?

—Espere un minuto… ¿dijo Rosemon?—preguntó Joe.

—Sí.

Joe volteó la mirada hacia su compañero.

—¿Una Rosemon con la que compartió una historia de amor mientras este barco aún flotaba?—preguntó Joe.

—¿Y sacrificó su vida para que ella pudiera vivir después de que el barco se hubo hundido?

—SÍ, ¡sí! ¿Cómo saben todo eso?—preguntó el digimon entusiasmado.

—Bueno… conocimos a una anciana que nos contó esa historia cuando naufragamos cerca de su isla—contó Joe.

—¡Sí, y llegamos aquí porque ella nos había encargado buscar a un tal Mistymon!

Babamon se puso de pie entusiasmado, energizado súbitamente por la noticia.

—MI querida Rosemon me recuerda… ¡ella me recuerda!—exclamó con alegría, para después voltearse de nuevo hacia el par— Tenemos que salir de aquí, ¡tengo que volver a verla!

—¡Pero usted dijo que no conocía una salida!—excalmó Gomamon.

—Y eso es cierto—respondió Babamon—, pero tengo que volver a ver a mi amada y haré lo imposible para hacerlo. ¡Ah!

Tras ese grito, Babamon golpeó los barrotes con su bastón. Lo hizo una vez más, y luego otra, así sucesivamente hasta destrozar la celda.

—¡Rápido! ¡Acompañenme a la cubierta, si hacemos esto juntos tal vez podramos conseguirlo!

Joe y Gomamon se miraron confundidos. Finalmente asintieron debían intentarlo.

—Gomamon—llamó Joe en un susurro—, ¿crees poder digievolucionar de nuevo?

—No lo sé Joe—contestó su compañero—, estoy cansado…

—¿Y cómo se supone que lleguemos a la superficie?

Gomamon se quedó pensativo.

—¿Qué te parece una marcha de peces?

Mientras tanto, Babamon se aproximaba sigilosamente al fin de la cubierta, seguido por sus nuevos compañeros de escape.

—Gomamon, creo que ahora es el momento—indicó Joe.

Su digimon y ejecutó el ataque.

Lamentablemente la reciente llegada de la horda de peces no pasó desapercibida para Mermaidmon.

—¡¿Pero qué…?! ¡Ustedes de nuevo!—una vez más la expresión furibunda de Mermaidmon se alzó hacia ellos. El grupo se apuró en subirse a la improvisada balza de peces.

—¡Babamon! ¡Sube rápido!—gritó Joe.

—¡Alguien debe distraerla! ¡Los aclanzaré inmediatamente!

—Pero…

—¡Hagánlo!

Joe asintió. Los peces, dirigidos por Gomamon, comenzaron a nadar hacia la superficie. Joe mantuvo la mirada fija en Babamon.

—¿Tantas veces intentando escapar y dejas que esos niños huyan sin ti? ¡Ya sabes que no podrás derrotarme!—gritó Mermaidmon.

—¡Recibiré mi venganza por haberme separado de Rosemon!

Babamon se abalanzó sobre Mermaidmon, pero ella se deshizo de él rápidamente.

—Tanto tiempo en la celda te ha oxidado—criticó ella—. Ahora no te entrometas, tengo unos tripulantes que atrapar.

Mermaidmon se preparó para arrojar su arpón.

—¡Gomamon! ¡Tenemos que ir más rápido!

—¡Estamos a toda velocidad!

Joe miró hacia atrás con nerviosismo, era cuestión de segundos para que Mermaidmon disparara.

Finalmente ella lanzó su arma.

Joe cerró los ojos, no quería ver…

Pero el golpe nunca llegó.

Joe se permitió entreabrir uno de sus parpados, para encontrarse con Babamon sosteniendo forzosamente el arpón a unos metros de distancia de ellos.

—¡Babamon!—gritó preocupado por su reciente amigo— ¡Gomamon detente!

—¡No!—gritó Babamon— No lo hagas. Alguien tiene que salir de este barco y al parecer no seré yo…

—Pero Babamon…

—Díganle a Rosemon…. Que la amo, y que en ningún momento paré de pensar en ella.

Una lágrima se escapó del ojo derecho de Joe mientras veía a Babamon fragmentarse en datos.

Finalmente estos volvieron a tomar la forma de un collar de zafiro, con forma de corazón.

—El corazón del mar…—dijo Joe, reconociendo el objeto de la película con tristeza.

La balza de peces siguió avanzando hacia la superficie, sin poder ser alcanzados por el arma de Mermaidmon.

Mientras tanto Joe lloraba, sabiendo que de haber sido como otro de sus amigos aquella historia hubiera tenido un final feliz.

Y ahí estaban ellos ahora, frente a Jijimon contándole como el amor de su vida se sacrificó para que ellos pudieran volver.

—Esto… esto fue lo único que quedó de él—dijo Joe tendiéndole el collar a la anciana digimon.

Ella lo tomó en sus manos y se puso a llorar. Pumpkinmon fue inmediatamente a confortarla con un abrazo.

—Lo sentimos mucho—se disculpó Gomamon—, él… él era un buen hombre.

—Lo sé—concordó Jijimon—, el mejor de todos. Pero ahora… ahora él ya no está aquí.

Un pequeño silencio surgió en el lugar. Joe supo que ya no tenía nada que hacer ahí.

—Vámonos Gomamon…

—Pero…

—¡Vamos!

Gomamon asintió silenciosamente. Joe tuvo que hacer de tripas corazón para no voltearse hacia la digimon.

—¡Espera!—gritó la digimon rompiendo los esfuerzos del humano por no mirar atrás— G-gracias por encontrar a mi amado—contestó con una sonrisa nostálgica—. Más les vale cuidarse de ahora en adelante, él sacrificó su vida por ustedes y más vale valorarla de ahora en adelante.

Joe asintió con una sonrisa triste y continuaron su camino al mar. Listos para zarpar una vez más en busca de sus amigos.

...

Weno, y ese fue el cap n_n

¿Qué les pareció? Dejen reviews y ya nos leemos en el siguiente ;*